Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > El Jardín de la Inocencia
El Jardín de la Inocencia

El Jardín de la Inocencia

Autor: : Luna Jasmi
Género: Romance
El guardián despiadado del camino que une a los dioses y los humanos, siempre ha vivido solo y por generaciones esto no ha sido una molestia. Pero nadie quiere estar solo por la eternidad, a pesar de que esto puede repercutir en la importante tarea como defensor del jardín de la inocencia. Todo cambió cuando conoce a una hermosa joven que por accidente caen sus dominios y ven ella un escape de la soledad. Pero el nunca haber experimentado sentimientos, estos son confusos y tendrá que aprender de ellos... pero, su amor ¿será correspondido?

Capítulo 1 01

En un mundo que no es nuestro, ubicado en los sueños, el hombre vivía en armonía con los dioses por miles de años. Pero la maldad se apoderó del corazón del hombre y así pierde su inocencia.

Al ver corrompida la esencia del hombre, los dioses deciden romper lazos con ellos, ya que no cuidaban los regalos que les entregaron. Pero decidieron dejar un pedazo de este paraíso en la tierra, para que el hombre regresa el camino de la pureza, donde todos podían ver sus maravillas y riquezas, sólo desde la distancia, ya que, al ingresar a este bosque sagrado, la muerte sería su castigo.

Para ello, determinaron los límites del bosque con un haz de luz rojo y para proteger sus riquezas nombraron a un Guardián. Él sería por siglos la imagen de la muerte ante el hombre, aunque jamás nadie lo ha visto, solo a sus víctimas afuera de la línea roja, dejando solo sus cuerpos sin vida.

Es así como el hombre nombró al lugar de los dioses como el jardín de la inocencia.

...

En un poblado a 50 km de los límites del jardín de la inocencia, una joven se preparaba para un viaje con esperanzas e ilusiones de su boda que se aproximaba. La despedían afuera de su casa su prometido y madre, antes de subir al carruaje, siendo escoltada por varios guardias, además de ir con su dama de compañía.

- Si el clima es favorable, espero regresar en 2 días - dice Verónica

- Pequeña, cuidado en el camino, existen muchos bandidos por los alrededores - le contesta su madre.

- Madre, soy fuerte y ya he realizado viajes sola y más largos que esté. Además, voy con Felicia, ella sabe defenderse ante algún atrevido - Verónica ríe divertida

- Déjame acompañarte mi amor, el camino que realizarás es peligroso - dice Roberto - Tengo miedo de perderte, no me perdonaría si algo te llegase a ocurrir

Verónica mira Roberto con ternura.

- No puedes venir, sabes que no podemos estar juntos hasta que seas mi esposo, el vestido de novia que me dará mi prima, es el más hermoso que nunca he visto.

- Pero te aseguro que no lo veré, sólo quiero acompañarte para saber que estás bien.

- Mi amor, aún te quedan cosas por hacer aquí, mi padre llegará mañana. Por otro lado, la escolta que me diste es bastante grande.

- Señorita, es momento de marcharnos si es que queremos llegar antes de la puesta de sol - interviene Felicia

Verónica toma las manos de Roberto y las besa.

- Volveré en 2 días, cuida de mi madre y no te preocupes, regresaré.

- Que Dios te proteja hija mía. Adiós - se despide la madre de Verónica.

Verónica sube el carruaje en compañía de su doncella y se despiden desde la ventana, pero está saca la cabeza y grita desde el carruaje muy feliz.

- Regresaré en 2 días, no empiecen la boda sin mí.

Verónica tiene 21 años, es hija de una acomodada familia que encontró fortuna en la venta de especias. Su belleza es indudable, tiene grandes ojos grises muy expresivos, lo que le daban una apariencia dulce, su cabello castaño oscuro era largo que le llegaba hasta la cintura con suaves ondulaciones, lo que le permitía realizarse hermosos peinados. Su delgadez no ocultaba sus delicadas curvas que eran llamativas a pesar de los vestidos poco reveladores que le obligaba a usar su padre, protegiendo los atributos de su adorada hija y para evitar que su prometido tuviera pensamientos lascivos con ella antes del matrimonio.

De muchos pretendientes, quién fue digno de cortejarla era Roberto. Ellos se conocían desde la adolescencia y sus padres eran buenos amigos. No existía mejor combinación que unía a los negocios familiares con el amor.

Roberto era alguien serio y determinado. Su presencia imponía respeto, debido a que era alto y de espalda ancha, sus ojos marrones por lo general demostraban madurez, pero siempre eran tiernos al ver a Verónica, ya que desde que la conoció, ha estado enamorado de ella y con cada gesto adorable y romántico que él realizaba, no muy tarde, ella le entregó su corazón. Ahora su boda se aproximaba y con ellos, todas las ilusiones de una vida feliz.

El carruaje sigue su camino por el borde de un acantilado y abajo del él, se encontraba el jardín de la inocencia. La emoción de ver tan bello lugar desde la lejanía, hizo saltar de alegría a Felicia, quién apremia a su señora para que lo vea.

- Mire señorita, se puede ver desde aquí el jardín.

- Si pudiera sólo tener una de esas flores doradas del jardín para adornar mi cabello, sería la más envidiada de todas - decía Verónica con un tono soñador.

- Yo me conformaría con ver una criatura mística. Mi padre una vez me dijo, que vio un pájaro con plumas que cambiaban de color.

- Tú crees que sea verdad todas esas cosas que venden en el mercado de joyas. Dicen que son piedras del jardín.

- No lo creo señorita, estafadores existen en todas partes y el Guardián del jardín no dejaría vivo a nadie quien se atreva a cruzar la línea roja

- Dice que los mata de forma horrible. Mi futuro suegro dijo que uno de sus trabajadores encontró a un desafortunado fuera de la línea roja - Verónica le hablaba con tono macabro a Felicia - lo encontraron destajado en cinco pedazos. La familia tuvo que unir sus miembros para colocarlo en el féretro.

- Señorita no me diga esas cosas, me da mucho miedo - decía asustada Felicia.

Verónica no se detenía y seguía asustando a Felicia y hablaba con voz misteriosa.

­­ - Dicen que tampoco perdona a los niños que entran en sus territorios, es un ser maldito que los Dioses no quisieron tenerlo cerca y por eso le dieron tan malvada misión. Algunos dicen que es un monstruo con cuerpo de elefante y cabeza de León

- Por favor señorita, no continúe - dice Felicia suplicante y llorosa - no quiero escuchar más esas cosas, me dan mucho miedo y ahora que estamos tan cerca de jardín, pienso que podríamos caer en él, eso me causa pánico.

Verónica reía de manera traviesa.

- Pensaba que eras más valiente. Además, no tienes por qué temer, primero tendríamos que caer en sus terrenos antes de que el Guardián venga hacia nosotras.

Mientras miraba aquellas jóvenes el hermoso paisaje de tierras prohibidas, en otro lado muy cercano a su carruaje, estaban dos hombres hablando.

- Se está acercando una caravana, traen una gran cantidad de guardias, deben ser muy ricos

- Qué bien, hace días que no teníamos diversión. Por lo general sólo transitan campesinos por aquí.

- Creo que son 20, contando al conductor

- Será muy fácil derrotarlos.

Aquellos hombres eran bandidos de los caminos y les dan una señal a sus hombres, un total de 50 bandidos que venían armados con armas artesanales.

- Ya saben qué hacer, matan a los valientes, los que quieran correr que se vayan

- Si encuentran mujeres y si son bellas, el primero seré yo - decía uno de los bandidos

- ¡¡¡VAMOS MI GENTE!!!

Los bandidos salen corriendo por las pendientes del acantilado, lugar estratégico para encerrar a sus víctimas y eliminar las posibilidades de escapar.

- ¿Por qué nos detenemos? Hay mucho ruido afuera - dice Verónica preocupada, al notar que su carruaje no avanzaba y gritos se escuchaban.

Felicia mira por la ventana y regresa rápidamente hablando con apuro.

- Señorita, son ladrones, están atacando y tenemos que salir de aquí.

Bajan rápidamente del carruaje. La batalla entre los guardias y bandidos era ardua y la sangre teñía el camino. Ya se podía ver algunos caídos y lastimosamente eran más guardias de la escolta de Verónica que algunos de los ladronzuelos.

Uno de los bandidos ve a las mujeres que estaban aterradas al lado del carruaje.

- Pero miren qué premio encontramos aquí, unas hermosas muñequitas con vestidos de princesas.

- Señorita corra lo más que pueda - Felicia en su desesperación, empuja Verónica para que corra detrás del carruaje.

Verónica asustada, corre al borde del acantilado, pero escapar sin caer por él o sin que un bandido la atrape, era casi un milagro.

Verónica escuchaba a la distancia, como Felicia gritaba mientras los bandidos la golpeaban y quitaban sus prendas rudamente, sosteniéndola con firmeza para impedir que huya.

Uno de aquellos hombres se acerca lentamente de manera desafiante en donde se encontraba Verónica mirando estupefacta lo lo estaba ocurriendo con Felicia, y con tono burlón le habla.

- Princesa, no tengas miedo, te trataremos muy bien

- Exactamente, te enseñaremos algo que tu mamá no - reía otro de los hombres de manera desagradable

- Pero no queremos hacerte daño, ven para que te diviertas con nosotros

- Exacto, como tu amiga que está gozando con nuestros hombres

La escena de Felicia era tan horrible que, Verónica nunca imaginó que la conducta humana fuera tan cobarde. Hombres miraban la escena esperando ser el próximo, mientras otros robaban los caballos y saqueaban a los cadáveres. Verónica miraba desesperadamente entre los bandidos y el acantilado y reflexionaba: "Si me dejase atrapar por estos hombres, podré regresar con Roberto, quizás él me rechace por no ser pura. En ese caso prefiero morir y siempre dejarle el recuerdo de quién era yo"

Verónica se acerca al borde del acantilado y mira hacia abajo.

- Cuidado niña, no querrás caer y ser comida de buitres - dice uno de los bandidos

- Preferiría morir antes que unos bastardos como ustedes me toquen.

Sin decir más y antes de que uno de los bandidos pudiera detenerla, Verónica salta por el barranco. Mientras caía podía ver como Felicia se despedía a través de sus ojos desde la distancia.

La escena ocurría de manera lenta y podía ver momentos de su vida mientras pensaba.

"Mi vida fue buena, les agradezco. Perdóname madre, perdóname padre, perdóname Roberto mi amor... por ser cobarde"

Mientras caía, el cielo se abría para ella y colores brillantes envolvían su cuerpo, la preocupación pasó y luego a nada. Todo se volvió negro.

Uno de los bandidos miraba por el barranco a la joven que yacía en el fondo.

- Chica estúpida, deberíamos ir a buscar su cuerpo y cobrar un rescate a su familia

- Olvídalo, está completamente en los terrenos del jardín, si la caída no la mató le dará el toque final el Guardián.

El líder de los bandidos grita dando una orden para que todos salgan del lugar. Nuevamente uno de los bandidos vuelve a mirar por el acantilado el cuerpo de la bella joven, pero ya no se encontraba ahí, sólo un rastro de sangre que dejó su caída.

- Realmente el Guardián es implacable - decía el bandido con asombro y regresa con los suyos.

Capítulo 2 02

La noticia de la tragedia en el camino, corrió rápidamente a oídos de la familia de Verónica.

- NO, MI NIÑA QUÉ TE HICIERON - Grita Ana, la madre de Verónica

Roberto estaba desesperado y tomaba su cabeza entre las manos, tratando de no enloquecer con aquella noticia, puesto que era su mayor miedo.

- Dónde está Verónica, ¿se encuentra bien? Porque nadie dice nada - pregunta angustiado Roberto

- No lo sabemos señor, sólo encontramos a su dama y algunos de los cadáveres de los hombres que las escoltaban - respondía un guardia.

- Esos malditos, secuestraron a mí Verónica - continuaba diciendo Ana

- Tengo que salir ahora a buscarla - Dice Roberto.

Antes de que pudiera salir por la puerta, entras Felicia a la casa acompañada de guardias. Se encontraba aledonica, con la mirada perdida y con notorias marcas de golpes. Roberto inmediatamente, toma a Felicia por los hombros y la sacude.

- Felicia dime dónde está Verónica. Responde niña.

Uno de los hombres detiene a Roberto y le aparta, ya que la joven estaba aún conmocionada por lo vivido.

- Señor por favor, trátela con delicadeza. Ha sido brutalmente atacada y su honra ha sido manchada.

- Por favor Felicia. Necesitamos saber dónde está Verónica, si tú nos ayudas podremos rescatarla - decía Ana.

- No pueden ayudarla - responde Felicia

- ¿Por qué dices eso? - pregunta Roberto

- ¿se la llevaron esos bandidos? - dice Ana

- Ya no pueden ayudarle - continuaba diciendo Felicia con la mirada baja.

La madre de Verónica abraza a Felicia, llora y continuaba diciendo.

- Por favor mi querida niña, dinos dónde está Verónica

Felicia comienza a llorar, estaba aterrada y temblaba.

- Ella está muerta

Roberto siente como las fuerzas de sus piernas son succionadas por el suelo y se esfuerza por no caer, pero aquello le hace tambalearse.

- ¿Qué estás diciendo niña? ¿Dónde está Verónica?

- Ella quería ser pura, no dejó que la tocarán. Se lanzó por el acantilado.

La madre de Verónica llora y acaricia Felicia en el cabello.

- Ahora estás a salvo, ya todo pasó - Ana les habla a las criadas - lleven a Felicia a una recámara y llamen a un médico.

- Debo salir a buscar a Verónica, si ha caído por el acantilado puede ser que esté mal herida y necesita ayuda - decía Roberto de manera desesperada.

- Mi señor, sí ha caído en donde encontramos la caravana, ella no podría... - El guardia que estaba a su lado dudaba de continuar su relato

- ¿Qué dices? No podría ¿qué?...

- Sobrevivir. Ha caído en los terrenos del jardín de la inocencia

Por la puerta llega corriendo el padre de Roberto al enterarse de la noticia.

- Hijo, vine apenas lo supe. ¿Dónde está Verónica? ¿ella se encuentra bien?

- La última vez que la vieron ha caído por un acantilado, en los terrenos del jardín de la inocencia.

Ante lo que dice Roberto queda perplejo, esto era como una sentencia de muerte.

- Hijo, iré con los hombres a buscar su cuerpo. Quédate aquí y consuela a su madre.

- Padre, ella está viva, lo sé.

- No quiero que veas una escena que no puedas borrar de tu cabeza - se lo decía a su hijo mirándolo con compasión.

- No todos los niños que por error han entrado a los terrenos del Guardián, fueron asesinados.

- Pero Verónica no es una niña, ella... - el señor Leduc no puede terminar de completar la frase, ya que es interrumpido por Roberto

- ¡ELLA ES PURA, ES UNA BUENA MUJER! - se lo grita su padre

- Lo sé hijo, ella estará bien - Le hace señas al guardia que estaba a su lado para recibir apoyo

- Sí señor, la dama tiene que estar bien. Partiremos ahora a buscarla - decía el guardia, mientras llamaba al resto de sus compañeros para iniciar la búsqueda.

Todos salen de la casa y preparan a los caballos. Ya varios hombres los estaban esperando para iniciar la búsqueda. Todos, excepto Roberto, sabían que era una tarea inútil, pero por él lo ayudarían para que así pueda calmar su angustia que pronto sería un duelo.

***

En los terrenos del jardín de la inocencia, se encontraba el Guardián junto con su amigo y sirviente, viendo una joven que yace en los aposentos del protector del jardín.

- Realmente es una joven de exquisita belleza. Aunque no entiendo porque la has traído hasta aquí.

- Probablemente morirá, pero no he visto el aura del pecado en ella como para dar fin a su existencia - le responde el Guardián

- ¿Curarás sus heridas y la enviarás fuera de esta tierra?

- Sí

- Espero que lo hagas, primera humana que traes después del niño - lo decía Jadurus mirando al Guardián con sospecha

- Lo sé

-No tengas compasión y mucho menos cariño al humano, la última vez que has tenido sentimientos, no salió bien.

- Ya lo sé

- Recuerda lo que ocurrió con el niño, la maldad del hombre está en el interior de él. Aunque en un comienzo se vean puros.

- QUE YA LO SÉ - grita el Guardián sin paciencia - no tienes por qué seguir hablando de él, cometí un error hace mucho tiempo y aún me atormentas con eso.

- Lo digo por tu bien, recuerda qué eres nuestro protector nunca más quiero verte de esa forma.

Jadurus sale de la habitación, mientras el Guardián limpia las heridas de ese extraño ser que, por generaciones sólo ha visto desde lejos.

- Espero que tu corazón se mantenga puro, para que mi deber no tenga que terminar con tu vida.

***

Ya era de madrugada y la búsqueda en los límites del jardín bajo el acantilado continuaba.

- Hijo, los hombres están cansados, deberíamos parar, en la mañana la búsqueda será mucho más fructífera y tu suegro llegará para ayudarnos en esta tarea - se lo decía a Roberto

- No puedo detenerme, vayan ustedes, que los hombres descansen... los veré en la mañana

- Hijo, si estás cansado y con poca luz, sólo te estás agotando en vano, además qué...

- Padre - le corta - Sólo te pido que me entiendas, no voy a renunciar a la mujer que amo, sólo me queda buscarla... No me rendiré hasta que la encuentre

Uno de los guardias que estaba en la búsqueda llega corriendo para informarles.

- Señor, los hombres encontraron un chal de la señorita - le entrega el objeto a Roberto

- ¿Dónde lo encontraron? Llévenme

Se dirigen al lugar y Roberto examina el área. Después de unos minutos logra distinguir en los terrenos del jardín, huellas en el barro, al borde del río y la marca de que algo contundente se hundió ahí.

- Padre ¿lo puedes ver ahí? - Roberto mostraba insistentemente la zona - Ella salió de ahí...

- Hijo, probablemente el Guardián se la llevó

- ¿Escuchaste padre lo que has dicho? El Guardián no se lleva nadie, ¿por qué lo haría? él sólo los mata y arroja sus cuerpos fuera del haz de luz rojo - Roberto se dirigía con paso firme para cruzar el límite del jardín. Su padre lo toma firmemente a un centímetro de que su pie toque el lugar y lo aparta con violencia, haciéndole que le mire de frente, para darle un bofetón y gritarle asustado.

- NO SEAS ESTÚPIDO, ¿EN QUÉ ESTABAS PENSANDO? entiendo tu dolor y desesperación, pero muerto no lograrás nada.

Roberto queda estupefacto, mira su padre y lo abraza.

- Papá, lo siento no estaba pensando, por favor perdóname – comienza a llorar Roberto.

- Está bien, Será mejor que ambos descansemos y sigamos

- Si papá, gracias

Los hombres que estaban en la búsqueda, se reúnen para marcharse, esperando que por la mañana la búsqueda tenga frutos, o que al menos, Roberto Leduc corte su insistencia al comprender que su prometida, ya no era parte del mundo de los vivos.

Capítulo 3 03

Ya habían pasado 3 días desde el incidente. La búsqueda de Verónica continuaba, pero todo era en vano. Uno de los hombres por descuido tropezó y su pie entró en los límites del jardín de la inocencia, antes de que pudiera tomar conciencia de lo ocurrido, su pie fue amputado de manera limpia y recta, fuera de esto, no había nada más que contar.

El padre de Verónica se unió a la búsqueda y sólo por él y Roberto, la comunidad seguía ayudando en un rescate que ya todos sabían que, no tenía sentido.

Desde el jardín de la inocencia dos pares de ojos observaban cómo seguían la búsqueda.

- ¿No crees que sería magnánimo de tu parte entregar a la mujer a los que la están buscando? - pregunta Jadurus al Guardián.

- Aún no

- ¿Y cuándo esperas a hacerlo?

- A su tiempo. Aún no despierta.

- ¿Acaso espera que vea tu linda cara?

El Guardián se aleja del lugar y se dirige a la cabaña a una velocidad que no era humana, recorriendo 50 kilómetros en 1 segundo.

Dentro de la habitación de una pequeña cabaña, ubicado en los terrenos más profundos del jardín de la inocencia, la joven que era buscada por todos, se encuentra recostada en múltiples sábanas de exquisitas seda y satén que estaban dispuestas en el suelo, con los ojos abiertos mirando sus manos como si la viera por primera vez. Su atención es captada por un apuesto hombre que ingresa a la habitación con una espada en su mano y que la deposita en el umbral de la puerta. Él era alto, con largo cabello negro qué caía como una cascada sedosa sobre su amplia espalda. Su cuerpo era esbelto y musculado, muy simétrico, casi llegando a la perfección, su hermoso rostro lo decoraban sus ojos grises que demostraban que habían visto más que cualquier otro mortal, pero a su vez, tenían la delicada luz de la inocencia de un niño pequeño. En definitiva, aquel hombre era un ser divino, puesto que era un semidiós.

Se acerca a la mujer que lo miraba y que por fin había despertado.

- Te he traído hasta aquí para cuidar de tus heridas hasta que estés bien. Mi nombre es Aeolus - la mujer lo miraba sin entender, así que continúa - estás en los terrenos del jardín de la inocencia, qué es como tu gente le dice a mis tierras. Soy el Guardián y protector del jardín ¿Cuál es tu nombre?

La mujer lo seguía mirando sin entender, pero finalmente sonríe. Aquel hombre no sabía si realmente ella le comprendía, o no le hablaba porque no podía hacerlo.

- ¿Puedes hablar? no temas, no te lastimaré.

La joven sonríe y extiende los brazos esperando ser cargada como si fuese un niño pequeño en espera de ser levantado por su padre. Aeolus se acerca y se sienta al lado de ella, la toma suavemente desde los hombros para poder colocarla en posición sentada. Jadurus ingresa por él umbral de la puerta al ver la escena.

- Creo que no habla, el golpe del acantilado la tiene que haber dejado estúpida.

- Creo que aún está aturdida por el golpe - lo decía mientras acomodaba el cabello de la mujer y vuelve a hablarle - ¿puedes entender lo que digo? - la mujer seguía mirándole sonriente, pero ahora prestaba más atención a aquel conejo que estaba al lado del hombre.

Era un conejo color café claro, como cualquier otro, con la excepción de que este tenía unos pequeños cuernos en la cabeza de color rojo brillante al igual que sus ojos, del mismo tamaño que sus orejas peludas, y sus patas traseras eran muchos más grandes y fuertes que las de un conejo normal.

-¿Qué miras niña? no te culpo por maravillarte al ver tan digno espécimen como yo. Soy Jadurus y tú debes de tener un nombre.

- La llamaré por ahora Clara, hasta que recuerde su nombre – decía Aeolus mirándola tranquilamente.

- No deberías ponerle un nombre, es como tener una mascota, deberías entregarla a los suyos

- Te agradezco la opinión que nadie te ha pedido, y te agradecería más que salgas de aquí

- No quería perturbarlo con mis palabras mi señor - sonríe Jadurus de manera maliciosa, da una reverencia y sale de lugar

- No te preocupes por ese amargado - se lo decía nuevamente a la joven que lo miraba de forma inocente - siempre ha sido un viejo gruñón. Cuando te encuentres mejor te llevaré afuera, ahora descansa - le acaricia el cabello y la recuesta delicadamente cubriéndola con las sábanas. Ella lo ve salir de la habitación y antes de dormir le regala una última sonrisa.

Afuera de la cabaña está Jadurus esperándolo. Aeolus se acerca al viejo conejo.

- ¿Aún sigues aquí?

- Ahora entiendo porque tu instinto de protección del jardín no se activó con esa mujer

- ¿Y cuál sería tu argumento? - Aeolus lo mira interrogante

- Al tocar el suelo después de la caída, sentiste su aura de pecado, pero el golpe reinicio su mente y con esto su aura - se lo decía pensativo y de manera sabia.

- Continúa, por favor - Aeolus escuchaba sorprendido

- ¿Ahora si quieres saber lo que pienso?

- He dicho que continúes - responde molesto el Guardián.

- Ella reinicio su vida y es como un recién nacido, su memoria y su pasado han sido borrados, por eso ya no sabe hablar, dudo que sepa caminar o hacer cualquier cosa, es el motivo del porque no está sorprendida al verme o al verte a ti.

- Eso es bueno, está libre del humano corrompido

- Eso es pésimo - decía Jadurus con su sabiduría característica - Sí recuerda quién es y cuál es su pasado, ¿tu instinto de protección seguirá intacto y darás fin a su vida? o ¿la dejarás vivir para que te haga compañía?

- Nada asegura que su aura de pecado regresé a ella

- Así como se fue, así también puede regresar.

- Sólo el tiempo lo dirá - Aeolus le da la espalda para marcharse, pero Jadurus insiste

- Deja a la mujer, no cometas otra vez el error que por poco te transforma en un humano totalmente

- No necesito de tu preocupación, si me hablas así, significa que nunca me has conocido

- Te conozco más de lo que tú crees - Aeolus no lo siguió escuchando y se marcha dejándolo solo, pero Jadurus lo miraba preocupado mientras se alejaba - Es un error y lo sabes mi querido amigo.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022