Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > El Joven Secreto (El Joven Guardaespaldas #2)
El Joven Secreto (El Joven Guardaespaldas #2)

El Joven Secreto (El Joven Guardaespaldas #2)

Autor: : Herondducks Author
Género: Romance
Leer previamente "El Joven Guardaespaldas". Las cosas se han complicado un poco para May: Samuel actúa extraño, su padre es igual de intolerante y ahora ni dentro de ella misma se siente a salvo. El carácter fuerte de la chica rica parece ir desvaneciéndose, pero a la vez, la rebeldía aumenta vertiginosamente, deparando un futuro incierto que puede convertirse en catastrófico.

Capítulo 1 Hipnosis .

El nivel de hipnosis que me genera el simple hecho de que me esté observando fijamente a los ojos, sonriendo y tomando mi mano es inmedible. Si ya me siento así por dentro, no quiero ni imaginar cómo debo verme por fuera, obviamente acompañada de un notable rubor en mis mejillas que me pone evidencia.

El contacto con su cálida mano me incomoda y el travieso movimiento de sus dedos sobre la palma de mi mano me estremece, dando origen a un extraño cosquilleo en mi estómago y despertando un inmenso odio hacia su persona por confundirme de esa manera.

Comienza a bajar los últimos escalones y me lleva con él, dándome la espalda. Al contemplarlo con mayor atención veo que viste una camisa roja en cuyo cuello y puños se fragmentan delicadas líneas oscuras. Los zapatos y el pantalón que lleva pertenecen al mismo tono: negro grisáceo.

Una canción melosa da su inicio y la voz ronca de un cantante masculino invade el lugar mientras él me conduce al centro del salón, que ahora simula ser una pista de baile ocupada por otras dos parejas adultas.

De un segundo a otro, se voltea de un tirón haciendo que mi cuerpo choque con el suyo a causa de semejante movimiento repentino de su parte, luego del cual solo hace una mueca graciosa como si se lo esperara y recorre con sus ojos todo el contorno de mi figura tapada con la tela negra del vestido. Trago saliva y él da un paso hacia mí. Lleva su mano izquierda a la parte trasera de mi espalda hasta bajarla a mi cintura y posicionarla allí. Por instinto, me sostengo de su hombro y él aprovecha ese momento para unir ambas manos libres entre sí, pegándome más a su cuerpo y comenzando a moverse bajo el ritmo de la música.

Tomo una bocanada de aire y apoyo mi cabeza en su hombro, notando cómo las otras dos parejas que nos acompañaban desaparecieron de mi vista y ahora somos el único punto de atención de todas las personas que llenan esa amplia sala, que casualmente pertenece a la casa en la que vivo. Esos cientos de invitados, en su gran parte familiares y otros desconocidos nos rodean, formando un enorme círculo a nuestro alrededor, dedicándonos miradas fijas de las cuales algunas reflejan ternura y sonrisas amables, mientras que otras desentendimiento y ojos entrecerrados, que esperan una explicación razonable de parte de la única pareja que baila bajo un ritmo lento delante de sus ojos, como si esa fiesta fuera su boda y ellos sus invitados de honor.

May: ¿Por qué hacés esto?

Susurro y lo siento reír en mi oído, gesto que me enfurece. Para empeorar las cosas y, como si disfrutara de mi estado, acerca su rostro aún más hasta pegar su mejilla a la mía y obligarme a sentir su respiración sobre mi cuello, logrando que la típica brisa fría aparezca nuevamente en mi espalda, al igual que sucede cada vez que estoy nerviosa.

Miro una por una las apariencias de toda esa gente, tratando de encontrar un rostro conocido y creo haber perdido las esperanzas cuando finalmente reconozco a Mía al costado de las escaleras. Al notar la dirección de mi mirada, sonríe y me dedica un guiño. Me muerdo el labio, rodando los ojos mientras la imagen que aparece ante ellos cambia debido al breve giro con el que Samuel me lleva. Parpadeo con fuerza y suelto un breve suspiro esperando aliviarme un poco, intentando pensar que quizás me tomo todo demasiado en serio y exagero las cosas cuando en realidad no son tan complicadas como parecen cuando la figura de mi padre se dibuja delante de mí. Permanece de pie a pocos metros, con el brazo apoyado en una de las columnas llegan hasta el hecho, formando un puño irrompible cuya imagen da terror y hace que los extremos de sus dedos se vuelvan blancos por aplicar tanta fuerza. La expresión de sus ojos y la ira que estos transmiten me impone a tragar saliva otra vez. Aunque, de todas formas, algo me relaja y es el estar prácticamente "pegada" a Samuel y no sola. Ese pequeño alivio se desvanece cuando veo a mi padre despegándose de la columna y comenzando a caminar hacia mí a pasos decididos que inmediatamente borran todas las ilusiones proyectadas.

Capítulo 2 Conocidos en común .

La música que hasta ese momento retumbaba en el amplio salón parece haberse traspasado a otro plano muy lejano de aquel en el que me encuentro parada, pero Samuel sigue moviéndose, por lo que asumo que la canción no terminó.

A pesar de sentir la presencia de mis nervios, cuyo aumento es todo lo contrario a lo gradual, no muevo ni un músculo, sino que me quedo inmóvil, como si lo que mis ojos vieran hubiese logrado congelar mi cuerpo por completo. La seriedad de su mirada y la firmeza de los pasos de mi padre no parecen querer cesar al igual que mis ganas de soltar a Samuel en ese momento. Mi mente piensa en miles de cosas a la vez y aun así...no sé cómo actuar. ¿Debería irme? Si lo hiciera, ¿no sería un escape? ¿Desde cuándo escapo de mi padre en vez de provocarlo el triple? Pensar en eso me lleva a cuestionarme a mí misma: ¿Por qué tendría que escapar si no tengo la culpa de que el joven que me acompaña esté en mi casa? Aun si pudiera encontrar respuesta a todas esas preguntas, me faltaría una por completar: ¿A dónde se supone que vaya?

Justo cuando me encuentro entrometida en ese lío que armé en mi cabeza, mi padre detiene sus pasos, volteándose hacia atrás, donde otro hombre de su edad mantiene la mano levantada, haciéndole señas. De repente siento como alguien me toma del brazo derecho y tira de él, despegándome de Samuel como lo haría con dos amantes que buscan fuga. Llego a observarlo y noto una última mirada algo cómica y pícara de su parte con la cual logra incomodarme, mientras que la persona anónima que domina mis movimientos sigue con lo suyo.

- ¿Qué hacés?

Pregunto enojada al haberme alejado ya un par de metros.

Mía: Te salvo. Tu papá volvía y...

May: ...estaba muerta, ya sé. Gracias (digo apoyando uno de mis hombros en la pared).

Mía: ¿Qué hace él acá? Creí que no tenías ni cara para verlo.

May: No sé, no entiendo nada.

Comento mirando a mi alrededor.

Mía: ¿Te dijo algo?

Vuelvo a fijar la mirada sobre mi amiga para contestarle cuando una grave voz me lo impide. Entrecierro los ojos y doy unos pasos hacia la zona de la cual acabo de ser rescatada, donde ahora se amontonan decenas de personas vistiendo sus trajes y vestidos elegantes. Aquella voz vuelve a aparecer, esta vez junto a su dueño, que es un chico joven. En su mano derecha resalta un micrófono cuyo color coincide con el de su traje negro. Camina hacia la pista, presentándose como lo hace cualquier conductor de eventos: de forma simpática y agradable. Doy unos pasos hacia atrás, alejándome del centro y veo a Samuel cerca de la entrada, viendo el espectáculo al igual que todos los que nos rodean. El joven desconocido agrega un par de palabras más y finalmente sube el volumen de su voz, anunciando: "Recibamos a Carolina con un fuerte aplauso".

Como si fuera una orden, todos comienzan a chocar sus palmas al igual que robots con programación asignada. Las luces se apagan, haciendo que todo lo que tuviera a la vista se vuelva negro. Un reflector se enciende, cientos de rostros apuntan hacia la cima de las escaleras, donde aparece la pequeña figura de mi prima luciendo un recargado vestido rosado.

Sonrío y ella comienza a bajar, mientras que varios chicos de su edad se pelean por quién va a pararse delante de las escaleras para saludarla primero. Finalmente, el afortunado resulta ser un adolescente rubio que la recibe con un cálido abrazo y la levanta, haciéndola girar. Es en el momento en el que las vueltas se detienen cuando lo reconozco. Esa mirada traviesa que ambos hermanos comparten sin importar la lejana diferencia de edad. Esa carita simpática que viste un traje elegante en el que se refugia un diablito encubierto, famoso por escapar de sus clases y luego ser castigado por su hermano mayor.

Joaquín.

Fijo mi vista en Samuel, quien observa esa escena con una tierna sonrisa formada en sus labios y vuelvo a apuntar mis ojos hacia adelante, donde el chico abraza cariñosamente a mi prima como si la conociera de toda su vida, como si esa fiesta solo fuera la de ellos dos y Samuel y yo solo resultáramos ser conocidos es común.

Unos suaves golpes en el hombro me hacen volver a la realidad. Me doy vuelta encontrándome con...

- ¡May! ¿Todo bien?

May (levanto las cejas): ¿Agustín?

Reacciono sorprendida sin entender la razón de la presencia del chico nerd en mi casa.

Agus: Sí.

May: ¿Qué...

Agus (me interrumpe): Mi papá trabaja con el tuyo.

Dice señalando hacia la cocina y me volteo, viendo a mi padre hablando con ese hombre que hace rato "me salvó".

May: Ah mirá (miro a mi alrededor en busca de Mía, ignorándolo). No sabía que se conocían.

Agus: Yo tampoco en realidad.

Lo escucho cuando la verdad es que mis ojos se centran en Samuel que se acerca desde el otro extremo al que Agustín se encuentra de espaldas. Trago saliva imaginando el momento incómodo que me espera y suelto una palabrota por no saber que hacer.

Agus: ¿Qué pasa?

Pregunta, volviendo a recordarme sobre su presencia.

"Toda la facultad sabe que el nerdito está enamorado de vos". Las palabras de Mía se repiten en mi cabeza con cada paso que Samuel da. No sé si lo hago por impulso o solo con el objetivo de escapar de Samuel, pero...cuando él ya se encuentra a una insignificante distancia, tomo el cuello de la camisa de Agustín y lo atraigo hacia mi pegando mis labios a los de él, sin dejar que llegue a hacer algo para impedírmelo.

Capítulo 3 Odio .

A pesar de estar teóricamente besando a alguien, la verdad es que no siento absolutamente nada. Lo único que me hace percibir la realidad en la que me encuentro es la brusca separación de nuestros labios.

Lo primero que se me viene a la mente en ese momento son todas las veces en las que lo besé. No a Agustín, ni a ningún otro, sino justamente a la persona de la cual "escapaba" y que me obligó a actuar de esta manera. La sensación de desprender mis labios de los suyos cuando lo besaba era como si me arrebataran algo fundamental para poder respirar, quitándome una parte mía sin tener piedad de lo que eso podría ocasionarme. No existen palabras que me permitan comparar aquello con lo que siento ahora, que podría definirse como la nada misma o tan solo la falta de una leve presión en los labios.

Extrañada, aunque sin importarme mucho, abro los ojos esperando ver el rostro de Agustín a milímetros del mío, mirándome con miedo o confusión debido a su tímida personalidad. Sin embargo, lo que veo ni siquiera se asemeja a mis expectativas.

El "nerdito" (como suelen llamarlo) se encuentra acostado en el piso delante de mí y Samuel sobre él, tomándolo del cuello de la camisa, sin dejar de darle golpes con los que parece querer ocasionarle daños fatales.

Observo la escena con los ojos entrecerrados, inconsciente, como si lo que viera fuese solo una imagen sin sentido ni emoción alguna. Finalmente logro volver a la realidad con la ayuda del elevado volumen de la música, esa realidad donde el rostro de Agustín no deja de sangrar y sigue recibiendo puños.

Agito mi cabeza para obligarme a reaccionar y avanzo, tomando al atacante por los hombros y tratando de sacarlo de encima del chico. Obviamente no lo logro. Samuel, además de desquitarse con la fuerza de sus brazos, también lo hace a través de palabras que suelta antes de dar cada golpe, las cuales no llego a escuchar o entender con claridad.

Las personas que se encuentran a nuestro alrededor parecen ni haber notado la situación y siguen en lo suyo de una forma tan natural que, si solo fuesen ruidos de golpes los que escuchara y no la imagen de aquellos golpes en sí, creería que todo era parte de mi imaginación y haría caso omiso de mi sentido auditivo.

De todos modos, considero el hecho de no ser observados como una verdadera ventaja y distingo a Mía entre la multitud, acercándose a pasos acelerados. Al llegar a donde me encuentro inclinada, se une a mí tomando el otro hombro de Samuel, quien se niega completamente a soltarse. "El nerdito" es liberado de "sus garras" cuando él por fin parece rendirse y lo suelta, poniéndose de pie tras soltar un pesado suspiro.

No tardo en acercarme a Agustín y arrodillarme a su lado, viéndole las marcas e incontables moretones que comienzan a aparecer en cada centímetro de su rosto.

May: ¿Pero qué...? (Levanto la vista, mirando a Samuel con indignación) ¿Estás enfermo, estúpido?

Samuel (suelta una risita): Vos consolalo dale.

Dice para reacomodarse el saco y comenzar a caminar hacia la puerta, sin darme tiempo para poder contestarle.

May: Idiota.

Digo mordiéndome el labio, aunque sé que ya no puede escucharme.

May: Voy a llamar a un médico.

Comento luego de haber observado la irreconocible imagen de Agustín.

Agustín: No, no hace falta (trata de sentarse y se lleva la mano a la cara tratando de detener la sangre que brota de la comisura de sus labios).

Mía: Pero Agus estás...

Agustín (la interrumpe): En serio estoy bien, solo que no me vea mi viejo porque va a ir a buscarlo a él y esto va a terminar mal.

Al no conocerlo mucho, me sorprende su actitud y que quiera "cubrir" a Samuel después de todo.

Mía: Lo llevo arriba entonces.

Asiento y ambas lo ayudamos a levantarse. Ya al verlo subir las escaleras rodeando el hombro de Mía con el brazo, me siento más tranquila y abandono la casa por donde salió Samuel, encaminándome al jardín trasero.

Tras una larga búsqueda que realizo con la mirada, lo encuentro sentado sobre una de las mesas de mármol, con las piernas apoyadas en el banco y desparramado al lado de éste. Me sorprende ver un cigarrillo resaltando en sus dedos.

Me acerco y no comienzo a hablarle hasta estar a pocos metros de distancia. Al notar la presencia de alguien más, gira su rostro y vuelve a desviar su mirada al ver que soy yo.

May (suspiro): Mirá, si no podés controlar tus celos es tu problema. Él no tiene la culpa de...

Samuel: Es que no entendés...

May (lo interrumpo): ¿No entiendo qué? ¿Te pensás que sos el único al que voy a mirar?

Samuel: No pienso nada, sé perfectamente que ese idiota es el último al que mirarías.

Dice para darle una pitada al cigarrillo, gesto que se me hace raro en él. Desconocía que fumara.

May: ¿Y qué te hace pensar que sos mejor que él?

Samuel: Pero yo no te estoy hablando por mi... (Suspira y me mira). Mirá, yo...desde antes de que algo pasara sabía que lo nuestro era...absurdo. No sé qué pasó con vos después y ya ni importa...

Escuchar esas palabras y verlo a los ojos a la vez me rompe el alma, mientras que el simple hecho de pensar que ya ni me necesita me destruye por completo. Trago saliva y el parece notar mi incomodidad, ya que apunta la dirección de sus ojos hacia delante, ahorrándome otro momento comprometido.

Samuel: Por más que me joda, vos sos libre de estar con quien quieras, pero justo con él...

Tose torpemente y por un momento hasta parece estar a punto de ahogarse, haciéndome llegar a la conclusión de que no suele fumar seguido.

May: ¿Qué tenés contra Agustín Samuel?

Samuel: Odio.

May: ¿Por qué?

Samuel: Porque me sacó lo que más quería.

May: Perdón, pero...aunque yo te eché, el que desapareció y me cambio por otra en días fuiste vos.

Entrecierra los ojos y me observa desentendido.

Samuel: ¿Cambiarte por quién? ¿Qué decís?

May: Digo que sos un mujeriego de cuarta que encima no se banca verme con otro...

Samuel (me interrumpe, elevando el tono de voz): NO TODO SE TRATA DE VOS MAY. No le rompí la cara por vos y por más que lo creas, no sos el centro del mundo.

May: A ver, ¿y por qué le pegaste? (Cuestiono en tono de burla).

Samuel (tira el cigarrillo en el césped): No es problema tuyo, ya te conté demasiado.

Se pone de pie y toma su saco. Camina unos pasos y se voltea, mirándome.

Samuel: Hay cosas que vos no sabés y lo mejor es que ni sepas.

Agrega y se va, dejándome acompañada únicamente por una serie de preguntas las cuales solo pueden ser contestadas por él.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022