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El Juego Perverso De Julián Cazares

El Juego Perverso De Julián Cazares

Autor: : M. T
Género: Romance
Julián Cazares es inteligente atractivo y arrogante, su vida esta rodeada de lujos, mujeres y dinero sucio, aunque esta obligado a guardar las apariencias y fingir que es el político respetable que todo el mundo cree que es, cuando en realidad podría ser el hombre más pecaminoso y perverso de todo México. Camila Olivares es una buena estudiante, pero debido a los problemas económicos de su familia se ve forzada a buscar la ayuda de Sofía, una chica de la cual se sospecha es una prostituta, y aprovechando la desesperación de Camila, Sofía la emplea como una participante en un juego perverso donde las mentes más perturbadas pueden comprar a quien sea y Camila deberá soportar los juegos que su comprador demande para ayudar a su familia, pero para su desgracia deberá jugar con el temible Julián Cazares

Capítulo 1 Prefacio

-¿Por qué no me besaste mientras hacíamos el amor?- dijo la sensual morena mientras enrollaba su figura desnuda en las finas sabanas de seda de la cama del hombre del cual ella parecía estar fascinada.

Se encontraban en la habitación de uno de los departamentos más lujosos de la Ciudad de México y por supuesto, este le pertenecía al soltero más codiciado de la ciudad, Julián Cazares, el diputado más justo e inteligente que la cámara legislativa había tenido en mucho tiempo o al menos eso se creía de él.

Había trabajado mucho para conseguir aquel puesto y claro está, que el público que más lo apoyaba era el femenino, no solo por su atractivo, según ellas, sino por su bondad, aunque realmente su campaña electoral había sido un teatro que había odiado hasta el último segundo, pero que al final había rendido sus frutos.

Uno de los beneficios de los cuales más disfrutaba, eran las fiestas desmedidas que los empresarios más adinerados del país realizaban con el propósito de darle un jugoso soborno, maletines llenos con varios miles de dólares para conseguir contratos jugosos con el gobierno de la ciudad, aunque por supuesto, Julián aprovechaba esos eventos para encontrar entre los invitados una buena "Distracción" amigas de una sola noche con las que "Jugaba" hasta el amanecer y vaya que se había divertido aquella noche.

La sensual morena se había parado no muy lejos de él, era la segunda esposa de un rico empresario dueño de una empresa constructora, le había dado una buena mordida para esconder evidencias sobre una investigación que se estaba llevando a cabo por causa de un par de muertes debido a una negligencia de su equipo de ingenieros; por supuesto Julián no había rechazado su pequeña donación, aunque no sin antes disfrutar del increíble cuerpo de la mujer que le había dedicado un par de miradas y un buen sexo express en el baño durante la fiesta, pero Julián no era de los hombres que se conformaban con eso, él deseaba mucho más y por esa razón aquella fabulosa mujer había llegado a su departamento de "Juegos"

Después de la noche que habían tenido, él ya no sentía el más mínimo interés por ella, así que mantenía la mirada fija fuera del ventanal de la sala de estar, mientras acomodaba su corbata en su lugar para ir a trabajar, los rayos del sol aparecerían sobre los edificios en cualquier momento y aunque él no era del tipo romántico, apreciaba la vista cada vez que visitaba ese sitio.

-Muñeca parece que estás confundida -dijo después de soltar un suspiro y ver su figura en el reflejo del vidrio, así que giro hacia ella con una expresión sería para después tomar la chaqueta de su traje azul marino. La mujer, un tanto desconcertada frunció el ceño, parecía no comprender a qué se refería Julián - yo jamás hago el amor con nadie, lo que tuvimos solo fue sexo.

-¿No fue especial para ti?- su voz aparentemente sonó perpleja e inocente, aunque probablemente no lo era. Creyendo que tal vez podría convencer a Julián de volver a la cama y no ir a trabajar se acercó a él con una mirada coqueta.

-¿Especial? ¡Por favor! ¿Es un chiste verdad?- soltó una pequeña carcajada al escuchar aquellas palabras, las mujeres siempre le habían parecido ingenuas y tontas por creer que por un poco de sexo ya eran dueñas de él y su corazón, patrañas en las que no creía.

-Sé que soy casada, pero eso puede arreglarse- le insinuó mientras poco a poco habría la sabana que había tomado de la cama de Julián para cubrirse. Esa chica tenía a penas 29 años de edad, las facciones de su rostro eran hermosas y su cuerpo, el cual ya había pasado por una sala de quirófano tenía curvas bastante pronunciadas que habían llamado, precisamente la atención de Julián, pero a pesar de que la mujer dejo caer la sabana- me estuviste buscando toda la noche, dijiste que estabas muy interesado en mí.

-Efectivamente-dijo en cierto tono burlón- estaba interesado en ti, pero ahora no, así que tapate y vístete, en un par de horas alguien vendrá a limpiar, no quiero que alguien te vea aquí.

Julián miró el reloj en su muñeca que hacía unos minutos se había puesto sobre su muñeca, para verificar el tiempo que tenía para trasladarse a su oficina, aún tenía un par de minutos, pero no pensaba desperdiciarlo con ella.

-Ahora me doy cuenta de que todos los rumores sobre ti son totalmente ciertos -soltó como si aquellas palabras tuvieran el poder de herirlo, era cierto que había rumores sobre Julián, sobre el cómo utilizaba a las mujeres y siempre obtenía lo que quería, sexo, pero ninguna de ellas era lo suficientemente audaz como para atarlo al matrimonio o mínimo una relación a corto plazo.

-No eres más que un imbécil que solo vale una noche porque dudo que realmente seas un hombre-expreso aquella chica mientras subía los peldaños para poder ir a la habitación, tomar su ropa e irse-incluso que tengas corazón.

-¿Acaso eso te importo para acostarte conmigo?-él le dedico una sonrisa perversa-no eres más que una zorra, por esa razón, para mí las mujeres no son más que un juguete sexual que puedo desechar.

-¿Así que solo somos un juguete?- tomo la mano de Julián para que la palma de su mano tocara su pecho desnudo- el día que menos lo esperes, una mujer aparecerá en tu vida y te arrebatara el corazón, pero ¿Sabes que será lo más satisfactorio para mí?

-Verte suplicar por el amor de uno de tus juguetes-le reveló con una sonrisa arrogante.

-Estaré esperando ese día- la reto, aunque sabia que en el mundo no había nadie para él, pues esa chica que le había arrebatado el corazón estaba dos metros bajo tierra y a menos de que un milagro se la devolviera, no había forma de que su corazón volviera a sentir algo por alguien, ademas a esas alturas de su vida, no quería volver a sentir ese tipo de sentimiento. ¿De qué servía?

Julián pensaba que el amor era una perdida de tiempo y más que nada dolor o al menos así había sido para él. Se había dado cuenta de que el amor no era más que una debilidad, sobre todo en los «negocios» no puedes confiar en nada ni nadie, ni mucho menos en las mujeres.

Las manos de la morena jalaron el cuello de Julián para corresponder a un beso apasionado que volvió a encender esa llama pasional entre los dos. Esa acción tan impulsiva, le hizo entender a Julián que tal y como lo había pensado, esa mujer era como todas las zorras que habían caído en sus redes, despreciable e hipócrita, pero ya que nunca volvía a repetir a ninguno de sus juguetes sexuales, no tenía problemas con eso mientras tuvieran un buen culo que saciara su más pecaminosa necesidad.

Sus manos recorrieron las curvas de sus caderas hasta llegar a sus glúteos voluminosos que le hicieron caer en tentación de nuevo, los masajeo suavemente y le azoto una buena nalgada. La piel de la chica se erizó bajo la palma de su mano, le fascinaba, le excitaba e incitaba a volver a probarla antes de partir.

Su mano viajó hasta su vientre y sus dedos bajaron lentamente hasta encontrar su sexo completamente depilado, era tan suave y delicado. Cuando la mujer lo sintió tentando con delicadeza, gimió al momento de rozar su dedo sobre la superficie de su flor sexual.

Julián la alzó y la llevo hasta un sofá dejándola ferozmente para tomar sus piernas y abrirlas para él. Ella lo anhelaba y su mirada le suplicaba que la tomara y Julián no lo dudo ni un instante, deseaba poseerla, penetrarla, hacerle saber que ella se había convertido en una zorra más en su lista, un simple juguete, pero debia irse.

El trabajo, antes que nada era lo más importante y no le agradaba llegar tarde.

Observo el reloj de su muñeca, tenía cinco minutos, no desperdicio el tiempo en pequeñeces, la tomó de los glúteos para acercarla un poco más hacia él, después subió sus piernas a sus hombros para observar en todo en su esplendor la lubricación que le había generado un simple roce sobre su clítoris. Se acomodó y acerco sus labios para lamer sobre la cima, la punta de su clítoris, ella se arqueó, mientras él pasaba su lengua delicadamente, al principio con suavidad, probando el sabor de su lubricación para después lamer un poco más fuerte.

¡Sí!

Ella era suya y su cuerpo se lo gritaba en cada gemido y a él le enloquecía ese sonido mientras su lengua bailaba sobre su sexo, sin embargo, aquel acto de poder sobre la debilidad femenina fue interrumpido por el reloj de su muñeca, eran la siete en punto.

Repentinamente, Julián se alejó y observó que ella se levantó confundida.

-¿A dónde vas?- reclamó llevando su mano hacia su vagina húmeda, la acaricio con suavidad y deseo, invitándolo a seguir.

-Al trabajo, nena- explicó al momento que anudaba su corbata azul.

-¿No quieres terminar lo que empezaste?- cuestionó en un tono seductor sin dejar de tocarse para el placer de Julián y el suyo.

-¿Quieres que llegue tarde al trabajo por estar cogiéndote?-cuestiono Julián en burla- nena, tengo mejores cosas que hacer.

La excitada mujer frunció el ceño y alejo su mano de su sexo, se levantó y enseguida busco sus bragas. Julián la observo con placer y al alzar la vista, las vio encima de la lámpara de la cama, eran rojas y sensuales.

Después de unos segundos, ella vio su ropa interior y rápidamente las tomó, se las puso sin dejar de dirigirle una mirada feroz, eso le agradaba a Julián.

-Estúpido- le dijo al pasar cerca de él. Esa era la frase que todas sus zorras le decían al amanecer, les gustaba jugar con él, pero no sabían quién era realmente y no conocían al monstruo que él escondía debajo de su ropa elegante y su imagen de un buen político

Capítulo 2 El problema

Sentada, sobre una banca en la cafetería de su facultad, Camila reflexionaba sobre la incertidumbre de su futuro. Acaba de terminar de hablar con su madre por teléfono, su padre llevaba varios meses sin empleo debido al accidente automovilístico que había sufrido por culpa de un borracho que se había quedado dormido frente al volante y debido a este problema su padre no había podido pagar la hipoteca de la casa, sumándole a la tragedia los meses de colegiaturas que Camila ya debia a la universidad.

El banco había llamado para notificar el próximo embargo de la casa de sus padres, ya no habría más prórroga y tampoco más paciencia para la deuda, sus padres se quedarían sin casa en dos semanas.

La situación empeoraba al pensar en sus propios problemas, ella vivía en unos dormitorios para señoritas no muy lejos de la universidad, un gasto más a las deudas de sus padres, pues también debia la renta del dormitorio y sus desayunos en la cafetería.

Camila no tenía trabajo y tampoco disponía de dinero que le ayudara, la había solicitado muchas veces, pero en ninguna de esas ocasiones había tenido oportunidad de ganar una beca universitaria que pudiera solventar sus gastos.

Pensó en buscar un empleo, pero a esas alturas no lograría hacer nada por sus padres y posiblemente la darían de baja temporal al deber tanto dinero, por mucho que trabajara no lograría ayudar a sus padres ni ayudarse a sí misma. Estaba desesperada.

Se quedó ahí un par de horas, llovía y no había nada mejor que hacer que pensar en su propia miseria, quizás podía pedir un préstamo, pero igual no le darían mucho al no tener un historial crediticio, ni siquiera tenía una cuenta bancaria y con el miedo que le daba entrar al banco ni siquiera había pensado en sacar una cuenta de ahorros o una tarjeta de crédito, estaba muy lejos de sus posibilidades.

Sus amigas por supuesto tampoco serían de mucha ayuda, ya que en total tenía dos, Fernanda y Cinthia. Las había conocido en los dormitorios, estaba en el mismo piso y debían compartir la misma lavadora, así que su cercanía era mucha, pero no lo suficiente como para pedirles dinero, sabia que la madre de Cinthia era madre soltera y que trabaja doble turno para pagar su residencia en los dormitorios y las colegiaturas de la universidad, ella iba al día de lo que su madre trabajara y le diera.

Mientras tanto, Fernanda tenía el apoyo de sus dos padres, pero sabia que su situación económica tampoco era muy buena y por esa razón Fernanda trabajaba medio tiempo en la cafetería de la universidad. No había solución por más que pensara, pero de igual manera se lo mencionaría a sus amigas esa noche, quizás ellas le darían otras opciones y ademas necesitaba sacar la frustración que sentía en ese momento.

Al anochecer, en el dormitorio, cuando sus amigas llegaron, les invito a tomar un café, vacío el cochinito que guardaba debajo de su cama porque al final de la tarde había llegado a una conclusión, ella se daría de baja temporal antes de que la universidad le volviera a enviar un memorándum así que probablemente esa sería su última semana en la universidad y quería despedirse de sus amigas adecuadamente. No quería lágrimas, pero tampoco sabia si podría soportar la despedida, no era un hecho, pero ya había tomado la decisión.

Una vez que les sirvieron el café en su mesa, Camila tuvo el valor de explicarles la razón del porqué debia irse y ayudar a su familia.

-No puedes irte- le dijo Fernanda-porque no trabajas conmigo en la cafetería, tal vez te den un descuento de trabajador y puedas pagar tus deudas en la universidad.

-No creo que acepten y aunque lo hicieran también debo pagar los meses que debo del dormitorio, ademas creo que la peor situación es que mi hogar lo venderán y mis padres quedaran en la calle, no puedo simplemente pensar en mí.

-¿Lo has pensado bien?- cuestionó Cinthia, de entre sus dos amigas Cinthia era la más racional, era una de esas personas a las que les puedes pedir un consejo y que te darán el mejor para resolver tus problema, pero Cinthia no había abierto la boca mientras Camila hablaba hasta ese momento.

-Si ya lo pensé, no creo que pueda hacer algo por ahora para salvar mi casa ni mi semestre.

-Si ya lo has decidido, entonces nosotras te apoyaremos y estaremos aquí cuando decidas volver.

Escuchar esas palabras de los labios de Cinthia había acabado con las esperanza de Camila, su ánimo decayó y permaneció en silencio mientras sus amigas le daban consejos para cuando decidiera volver a la universidad, pero Camila se mantuvo callada mientras tomaba su café, pensó que no debia tomarlo con azúcar, ya que tenía la boca seca y amarga y eso era lo que necesitaba algo amargo que le recordara su situación y le pusiera los pies en la tierra.

-Quizás podría pedirle un préstamos a Sofía, ella tiene mucho dinero-sugirió Fernanda en broma. Sofía era una chica de último año que vivía en el último piso de los dormitorios, pero ademas de ser el más grande, era el más caro y rara vez alguien rentaba un dormitorio en los últimos pisos debido a su alto costo, excepto Sofía que aparentemente disponía del presupuesto. Lo extraño en esa chica no solo era su belleza y su personalidad, sino el origen de su dinero.

Por lo que las chicas sabían de Sofía, gracias a la administradora de los dormitorios, era que era huérfana de padres y solo tenía a un tío que vivía en el norte del país, pero que no se hacía cargo de Sofía ni de sus gastos, pero quizás el dato que perturbaba a las chicas era el hecho de que Sofía trabaja de noche, supuestamente en un café que habría las 24 horas del día y Sofía tenía siempre el turno nocturno, supuestamente por la universidad.

Todas las residentes de los dormitorios especulaban acerca de la vida nocturna de Sofía, ciertamente la había visto con un uniforme, un pantalón y camisa azul y un mandil verde que aparentemente tenía el logo de aquella cafetería, pero lo extraño estaba en que Sofía gastaba como si fuera la hija rica de algún millonario, tenía joyas auténticas que algunas chicas le había visto y en su dormitorio disponía de la mejor tecnología para hacer de su residencia algo más cómodo, no entendían como una camarera podía ganar tanto dinero para darse ese tipo de lujos y entonces por ese misterio, se decía que Sofía era una prostituta.

Por esa razón Sofía no tenía ninguna amiga en el dormitorio y extrañamente asistía a una universidad diferente y al ser los dormitorios un negocio independiente de la universidad, cualquier mujer podía rentar una habitación mientras demostrara que estudiaba y que realmente necesitaba el lugar.

-Seguramente Sofía no me revelaría su secreto-expresó Camila sin ánimo, pero sus amigas entendieron que sus palabras eran una broma, puesto que todas tenían conocimiento de los rumores.

-Porque no lo intentas, quizás tengas suerte-se mofó Fernanda volviendo a reírse junto con Cinthia, pero mientras para ellas el asunto no era más que una broma, para Camila tenía mucho sentido o al menos en sus desesperación parecía tenerlo.

Cuando volvieron a los dormitorios, Cinthia y Fernanda no se quedaron a charlar como siempre, era temporada proyectos así que tenían muchas tareas pendientes por terminar para la calificación de sus parciales así que no tenía tiempo que perder en chismes.

Camila tuvo el placer de cerrar sus libros y libretas, ya que se daría de baja, no tenía caso seguir estudiando, pero en su cabeza siguió rondando lo que sus amigas habían dicho, quizás aquella chica podía ayudarla y no lo sabría hasta que hablara con ella.

Eran las once de la noche cuando Camila decidió salir a hurtadillas de su dormitorio, sus amigas vivían al lado de ella así que debia ser cuidadosa para poder ir al siguiente piso sin ser descubierta. Subió por las escaleras hasta llegar al último piso, ahí solo vivía Sofía o la prostituta como le decían a sus espaldas. Cuando finalmente llego a la puerta de la habitación de Sofía se quedó helada, su cuerpo le traiciono dejándola sin palabras frente a la puerta, realmente no sabia que hacer o que decirle a esa chica para que la ayudara, después de todo seguramente ella debia saber lo que decían de ella en el edificio y por ese motivo no le ayudaría.

Estaba a punto de darse la vuelta cuando la puerta del dormitorio 15-A se abrió repentinamente, ahí estaba Sofía con el uniforme que había dicho se ponía al ir a trabajar, tenía un hermoso maquillaje y una bolsa colgaba de su brazo, ya se iba al trabajo.

-¿Quién eres?- le cuestiono de forma altiva a Camila. Ella le sonrió apenada e inclino un poco la cabeza como si se disculpara-te pregunte algo. ¿Acaso no me escuchaste sorda?

-Lo siento, soy Camila Olivares y vivo aquí en el edificio, en unos pisos más abajo.

-¿Y qué es lo que quieres aquí?

-Yo...-camila se quedó en silencio reflexionando lo que debia decir.

-¿Tú qué?

-Yo necesito un trabajo y quería saber si tú podrías ayudarme- le respondió Camila al ver la frustración de Sofía, parecía molesta de tener que tratar con ella

-¿Trabajo?- se burló Sofía-¿Por qué le ayudaría a una completa extraña a conseguir trabajo?

-Bueno, sé que no me conoces, pero realmente estoy desesperada. De verdad, haré lo que sea, soy muy trabajadora y puedo hacer fuerza si se requiere, pero de verdad necesito un empleo.

-¿Dijiste que harías lo que sea?-cuestionó Sofía realzando las palabras de Camila.

-Sí, realmente necesito un empleo.

Ella la miro de arriba abajo, tenía puesto unos jeans ajustados y una linda camisa floral blanca, Camila tenía un buen cuerpo, pero Sofía se preguntó si la chica frente a ella realmente podría soportar el desgaste físico y mental que se requería en su trabajo, pero lo averiguaría en ese instante.

-Pasa- le dijo Sofía y le abrió paso a Camila, quien nerviosa entro con la cabeza baja y musito un gracias que no fue audible para Sofía quien estaba a escasos dos metros de ella.

-¿Por qué viniste aquí?- le cuestiono Sofía una vez que cerro la puerta.

-Yo... me dijeron que tu ganas mucho dinero y en estos momentos necesito ganar mas de lo que se gana en un empleo comun.

-¿Y acaso creiste que yo te daria un empleo asi como asi, sin conocerte?

-Lo sé, es extraño pero crei que podrias ayudarme.

-¿Ayudarte? Claro que puedo ayudarte ¿Cuánto necesitas?

Camila penso en el total de las deudas por pagar, el numero rondaba en mas de un millon de pesos y eso sin contar sus deudas de la universidad, pero no podia aspirar a tanto, asi que decidio decirle solo las deudas universitarias.

-40 mil- musito Camila avergonzada.

-¿Los quieres en efectivo o por transferencia?-contesto Sofia soberbia para probar el valor de Camila.

-¿Me los daras asi como asi?

-Te los dare, pero a cambio tendras que trabajar para mi y hacer todo lo que yo te pida. Si te portas bien y me obedeces, ganaras más que solo 40 mil miseros pesos ¿Aceptas?

-¿Qué tendria que hacer?

-No mucho, te lo dire mañana, ahora tengo que ir al trabajo, pero te buscare.

Sofia entro a lo que parecia ser mas bien un departamento que un simple dormitorio, se escucho el sonido de una puerta y luego nada, pasaron al rededor de tres minutos cuando Sofia volvio con una bolsa negra de plastico en las manos y se la entrego a Camila.

-Aqui tienes lo que me pediste, 40 mil pesos. Ahora trabajas para mi y si te niegas no querras ver mi lado malo ¿Verdad?

-Hare lo que quieras-respondio Camila asustada y agachando la cabeza.

La desesperacion la habia llevado hasta ese lugar tan lejano de su dormitorio, habia conseguido algo mas que empleo y eso era dinero, dinero que podia emplear para ayudar a su familia, el problema era que no sabia que haria y como trabajaria para Aquella mujer de la que solo conocia el nombre, pero si tenia 40 mil pesos y se los entragaba como si nada seguramente el empleo debia ser algo malo.

Capítulo 3 Dinero

Camila observó con cautela el fajo de billetes que había encontrado en el interior de la bolsa de plástico, eran cuarenta mil pesos en billetes de quinientos y mil, una cantidad que jamás soñó con tener reunida sin necesidad de hacer nada, pero conforme pasaban los minutos las dudas de Camila crecían.

¿Acaso Sofía si era una prostituta?

No, al parecer Sofía aseguro con sus palabras que ganaba más dinero del que Camila tenía frente a sus ojos, más dinero del que una prostituta pueda ganar, así que no, Sofía no era una prostituta.

¿Narcotraficante?

Probablemente, pero no estaba del todo segura. Haciendo memoria de la primera vez que había visto a Sofía, nunca había notado un comportamiento anormal en ella, de hecho parecía ser una persona muy preocupada por su salud y su apariencia, por lo que había escuchado ademas de aquel extraño rumor, Sofía se esforzaba en su universidad, tenía buenas notas a pesar de trabajar en un horario no muy conveniente para una universitaria, si Sofía era narcotraficante lo disimulaba muy bien, pero no entendía qué podía hacer ella para Sofía. ¿Vender droga?

Era algo ilógico aunque no imposible, pero otra teoría reemplazo rápidamente esa idea.

¿Y si falsificaba dinero?

Era la teoría que más tenía lógica, quizás por eso salía de noche y por esa razón podía disponer de del dinero que deseara. Camila tomo un billete de quinientos y lo analizo, no había nada extraño, aquel billete parecía real, pero tenía que corroborarlo. Tomo un suéter y uno de los billetes, devolviendo el resto del dinero a la bolsa y guardándolo en el cajón de su ropa interior, tal vez no era el mejor escondite para esconder tanto dinero, pero era lo mejor que tenía.

Salió de los dormitorios y camino hasta un supermercado a la vuelta de la esquina, estaba asustada, sentía que en el bolsillo de su pantalón llevaba el cuerpo del delito, su cabeza no paraba de advertirle que intentar comprar algo no era una buena idea y que era mejor regresar y devolverle el dinero a Sofía para evitar meterse en problemas; sin embargo, cuando llego a esa conclusión ya estaba en la tienda. Podía irse, pero una voz en su cabeza le decía que era mejor intentarlo y arrepentirse que quedarse con la duda. Pasaron unos diez minutos, ella observaba un paquete de toallas femeninas, por lo general ese pasillo estaba vacío, ahí podía luchar contra esa voz en su cabeza y resolver sus dudas sin temor que la juzgaran y la tacharan de loca, aunque en realidad no hacía nada más que ver ese paquete verde el cual planeaba comprar con el billete en su bolsillo.

Ya había pasado bastante tiempo ahí, así que finalmente se decidió a pasar a la caja y pagar, tomo el paquete y camino lentamente pensando en una excusa en caso de que no recibieran el dinero y entonces llego y miro a la cajera, se notaba cansada de estar ahí parada todo el día, no parecía ser una persona agradable y fue evidente cuando tomo el paquete de las manos de Camila.

Comenzó a sudar en frío cuando el paquete se registró en la caja registradora marcando la cantidad que debia pagar, la cajera la miro esperando el pago y Camila, lentamente, saco el dinero y se lo entrego sintiendo un nudo en el estómago.

La cajera lo miro un segundo y paso sobre él, un marcador transparente para después observarlo y posteriormente colocarlo dentro de la caja. A camila le regreso el alma cuando le dieron su cambio y su compra en una bolsa de plástico. Si la cajera no había notado nada en el billete eso quería decir que era real o era muy tonta en su trabajo para notar la diferencia.

Camila volvió a su dormitorio con más dudas que respuestas, esa compra aún no probaba nada, pudo haber sido una equivocación, eso siempre sucede o eso fue lo que pensó. Debia pensar en otra forma de averiguar si el dinero era real.

El lunes por la mañana, Camila, se despertó siguiendo la misma rutina que había tenido los últimos tres años, se bañó, se vistió, se cepilló los dientes y se tomó su tiempo para arreglar su cabellera castaña. Camila no era una chica hermosa, de hecho era la típica chica universitaria que usualmente no usaba tacones para evitar el dolor de pies al llegar a casa, no acostumbraba a usar peinados extravagantes porque le dolía la cabeza cuando se sujetaba el cabello. Usaba maquillaje, sí, pero no exceso porque le daba pereza colocarse más que el delineado de ojos y la máscara de pestañas.

Usaba lentes, porque sufría de miopía y aunque tenía sus lentes de contacto, prefería las gafas a media hora perdida tratando de colocarse las lentillas sin poder lograrlo debido a su falta de práctica.

Camila no era la típica chica buena, de hecho se consideraba normal, entre lo bueno y lo malo, pensaba eso porque en una ocasión, Fernanda le había invitado a probar un panque de marihuana, como olvidar la primera vez que se había drogado con algo tan inofensivo, tuvo vómito todo el día, se sentía como si alguien la hubiera atropellado y lo peor de todo es que la sensación de bienestar y relajación solo había durado quince minutos y después de eso los efectos secundarios duraron todo el día e incluso perduraron hasta el día siguiente, tuvo que ir al doctor al pensar que se había intoxicado con esa cosa o que era alérgica, por supuesto recibió un regaño por parte del médico que la atendió, pero la experiencia y el orgullo de decir que había probado algo tan insólito como lo era la marihuana se quedaría para toda su vida.

Camila Olivares era un caso peculiar y no por el hecho de haberse drogado una vez con un mufin, sino porque aún seguía siendo virgen. En la universidad existía un tipo de fraternidad de la cual casi todos los chicos eran miembros y para entrar debían lograr acostarse con las chicas puras, como ellos le decían y Camila era una de esas chicas, todo el mundo tenía conocimiento de esto, todos excepto Camila y las otras vírgenes de la universidad. Esta información se derivaba gracias a la doctora de la universidad, ella y su equipo médico.

Ya que la universidad era costosa, debia tener un médico a cualquier hora y disposición para los estudiantes y en el servicio incluía un control de métodos anticonceptivos, un control al que la vírgenes de la universidad no asistían, pero debían firmar cada mes para recibir una caja de condones en caso de necesitarlos. La doctora había vendido esta información a los chicos de la fraternidad que ellos denominaban como "Omega" y de esa manera sabían qué chicas debían buscar, conquistar y acostarse.

Camila ya había sido objetivo de esa fraternidad, un par de chicos ya la habían buscado, pero Camila no era una chica fácil, de hecho pensaba que la forma ideal de salir con un hombre era que él la buscará e intentara hacer de la relación algo único, los chocolates y las flores ya había pasado de moda y el sexo era algo que cualquiera podía conseguir así que incluso eso le parecía absurdo,ademas había escuchado las experiencias de su compañeras en el dormitorio sobre esa prueba que los chicos hacían para entrar a esa estúpida fraternidad y no se dejaría engañar tan fácilmente.

Antes de irse, Camila recordó que era el día de revisión en los dormitorios, era una especie de control para evitar que en el dormitorio hubiese objetos prohibidos como cuchillos, navajas, drogas y armas y no podía dejar el dinero en su habitación ese día, así que no había otra opción más que llevárselo a la universidad.

Estaba nerviosa, llevar mucho dinero en la mochila no era algo que hiciera con regularidad y mucho menos si era de dudosa procedencia; sin embargo, no tenía opción. Inicio sus clases sin apartar la vista de su mochila y cuando debia buscar y sacar algo de su interior tenía mucha cautela de que nadie la vigilara, un comportamiento algo impropio de ella, pero nadie lo noto, ya que no era una chica popular, de hecho no era muy sociable al menos no con los hombres.

Al terminar el día estaba dispuesta a marcharse corriendo si era necesario con tal de quitarse el peso que llevaba en la espalda, pero la contadora de la universidad la intercepto en su camino hacia la salida. No era la primera vez que esperaba a un alumno para exigir el pago de sus colegiaturas y esta vez Camila no se salvaría.

-Señorita Olivares, me gustaria hablar con usted en mi oficina por favor.

Y de un momento a otro, Camila ya estaba siendo reprendida por su falta de interés en su educación profesional. La contadora Silvia Garcia no tenía mucha paciencia en ese aspecto, sentía que rogaba para que los estudiantes pagaran y por esa razón trataba de ser estricta y muy severa para que la primera vez que hablara con alguien también fuera la última.

-¿Acaso desea echar a perder todo su esfuerzo?-alzó la voz harta de dar siempre el mismo discurso.

-No-dijo pensando en la razón por la que no había podido pagar puntualmente sus colegiaturas, sus padres.

-Hemos esperado por mucho tiempo una iniciativa de su parte para poder liquidar su deuda, pero nuestra paciencia tiene un límite.

-Lo sé-dijo apretando su mochila contra su cuerpo y agachando la mirada. La solución a su problema estaba en sus manos, pero a causa de la duda no se animaba a sacarlo.

-Necesito una solución ahora-exigio la mujer frunciendo el ceño.

-Yo...yo-tartamudeo Camila pensando en una solución, pero en su mente solo recordaba el fajo que habia guardado en la mochila y que habia estado vigilando todo el día.

-Si su familia no contaba con la economia para solventar el gasto que representa una carrera profesional lo hubiera pensado mejor.

Aquellas palabras le dolieron más de lo que ella penso, una cosa era regañarla por la falta de pagos, pero lo que estaba haciendo era humillarla y no solo a ella, si no a su familia, una ofensa que no estaba dispuesta a soportar.

-Tal vez me retrase al pagar, pero eso no significa que tiene el derecho de expresarse asi de mi o de mi familia.

Rebusco en su mochila y al encontrar la bolsa con el dinero lo saco y lo dejo frente a los ojos de la contadora. Aquella mujer abrio los ojos de par en par, asombrada, confundida y avergonzada.

-Mi mamá dice que los desvergonzados nunca te reprocharan nada cuando ven tu dinero y veo que tenia razón. Vendre mañana para hablar con alguien que puede atenderme como es debido.

-¡Espera! -alzo la voz la contadora antes de que Camila se fuera-tu recibo.

Y enseguida escribio algo sobre un recibo de la universidad y extendio su mano hacia Camila. Ella lo tomo con obvio desdén y se marcho.

En todo el camino de regreso a su dormitorio murmuro ofensas hacia esa mujer, realmente la habia sacado de sus casillas, pero al llegar a la entrada de los dormitorios se dio cuenta de su error. Le habia dado todo el dinero de Sofia, dinero del cual sospechaba era falso. Un frio calo sus huesos y se le quito el hambre que comenzaba a sentir, seguro se le habia bajado la presión al darse cuenta de que si descubrian que tenia razon podia ir a la carcel y el que sus padres perdieran su hogar seria el menor de todos sus problemas.

Fue a su dormitorio pasando de largo a sus amigas, queria evitar a toda costa su mirada, estaba segura qje si la veian se darian cuenta de que algo malo habia ocurrido y lo que menos qyeria era dar una explicación de lo sucedido, pero mientras buscaba las llaves de su habitación en su mochila atisbo una figira femenina retrancada contra su puerta, era Sofia, su ahora jefa.

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