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El Legado

El Legado

Autor: : Eilana Osorio Páez
Género: Romance
Un grupo de amigos heredan de sus padres un propósito de vida, una manera de usar el poder para el bien de quien lo necesite. Sin embargo, en el camino encuentran obstáculos. Cuatro historias enlazadas en una fiesta sin control. Donde no solo anclaron sus almas, sino que despertaron el pasado de sus padres quienes vivían en el anonimato... Ahora el nuevo equipo debe enfrentar a los enemigos y con ello conocerán el mundo oscuro de donde surgieron sus padres. ¿Será que el pasado en ocasiones vuelve o nunca se deja de ser quién eres? Cuatro hermanos. Un legado. Una doctrina que seguir. Una misión por cumplir. Llegó el momento de demostrar quienes son los hijos del Capo.

Capítulo 1 Entrega del control

Dante

No podía creerlo, ¿mi padre acababa de entregarme el control absoluto de Jaque mate? Salimos del cuartel para volver a la fiesta de celebración. Ingresamos de nuevo al ascensor con destino a la hacienda de la abuela. Era consciente de su mirada mientras sostenía en mi mano el reloj con el cual se controlaba el sistema de la organización.

Adicionalmente, a los sensores de nuestros signos vitales que le avisaban el lugar donde nos encontrábamos cada uno del núcleo familiar. Ahora era mi responsabilidad y debía de estar a la altura para lograrlo.

-¿Te sucede algo? -miré a papá.

-¿Se puede sentir miedo? -sonrió-. Porque tengo miedo.

-Serías una puta gonorrea egocéntrica si no lo sintieras. Que tu madre jamás me escuche hablarte de esta manera. -Me dio un par de palmadas en la espalda-. Dante, todos los días sentí miedo, pero no se lo confesé a nadie en este plano terrenal, y ahora te lo digo a ti, trágate el miedo, sé vulnerable para el único que puede ofrecerte tranquilidad. -señaló hacia arriba.

» La responsabilidad sobre mis hombros pudo volverme loco, se puede uno volver ciego ante el poder de hacer lo que se te dé la gana. Espero que con mi ejemplo y la crianza dada te sean suficientes para mantenerte en el camino correcto. Tendrás poder casi ilimitado en la tierra, pero jamás te olvides que no eres el señor Dios.

-Nada de tus palabras disipan los nervios, papá.

-Ya me conoces, no soy religioso, no me sé un puto versículo. Pero no hay un solo día desde el pacto con el señor Dios, donde no le dedique un espacio de tiempo para agradecer, y, sobre todo, para pedirle tomar buenas decisiones ante una misión. La vida de mis hermanos la tenía en mis manos. Puede que no saliera del cuartel, pero debía proveerles lo que necesitaran.

Llegamos a la hacienda, la fiesta se había iniciado. La música salsa del tío Aníbal se escuchaba desde el interior de la casa.

» Siempre ten presentes las vidas a tu cargo. A partir de hoy nosotros nos retiramos. Ustedes ya pueden encargarse desde mañana. Dirige a ese grupo consolidado en las montañas lo mejor que puedas. -Fue increíble ese entrenamiento, a pesar de lo vivido.

-Gracias, papá. ¿Cuándo viajan?

-En tres días los diez exmiembros de jaque mates nos vamos de crucero con nuestras esposas. No tengo que decírtelo, pero cuida a Liam, vigila a la pacotilla de novio que tiene Victoria ahora; a esa gonorrea, cada vez que lo veo me dan ganas de partirle la cara, también protege a mi pequeño nieto.

-Sí, señor.

Le di un beso en la frente, nos separamos, llegué donde se encontraban mis hermanos. Victoria cargaba a su hijo; nuestro bello sobrino, que cumplió hace una semana su primer año de vida, era la adoración de nuestros padres y de sus tíos. Enrique se veía deseoso; supongo que Melisa estaba de por medio.

Esa gonorrea chorreaba la baba desde hace dos años por la hija mayor del tío Daniel. Cree que no me he dado cuenta, ese par anda en un sí, pero mejor no y no importa que ella sea mayor: ese ha sido su gusto, mujeres un poco mayores que él. Y Liam... Ese genio le hacía caritas a Rafael Vargas Sandoval.

Enrique, grande desde hace varios años, llevaba el apellido del tío Gustavo. Entre mis hermanos, Liam será el más fácil de cuidar. Volví a mirar el reloj, me lo puse, ahora me sentaré en el puesto de mi padre. Antes de tomar asiento en la mesa de los graduados, miré a la mesa de los Delgado, ahí se encontraba Dayana...

Enfócate en lo que ahora será importante, no la veía desde aquella discusión. Ella siempre se veía muy bien. -Enfócate, Dante, ahora la seguridad de todos ellos pasa a mis manos. Sé que no soy mi padre, pero haré mi mejor trabajo-. Me senté. Victoria miraba a los recién llegados.

-¿Hablaste con papá? -afirmé.

Enrique se bebió un sorbo del vaso con licor, luego nuestra hermana le arrebató el vaso para beberse el resto. Alzamos la ceja ante su acto.

-¡Ya eres, mamá! No debes de beber, Rafita se alimenta de ti. -Le reclamó Liam.

-¡Ya lo sé!, y no me molesten, soy consciente de que solo tenemos un hijo en común.

-Además, te recuerdo que tienes a un imbécil por novio. -comentó el arquitecto.

-No empieces, tengo derecho a rehacer mi vida, no deberían de estar tan molestos. Tú eres un puto refinado. -Liam se echó a reír-. ¿Crees que no supe la cantidad de profesoras que buscaban de tus favores sexuales?

-No voy a hablar de sexo contigo.

-Tengo un hijo, sé cómo se hacen. Estamos en el siglo XXI, trogloditas.

-Eres nuestra hermanita. -apoyé a Enrique-. Lo de esa vez...

-Tampoco hablaremos de ese día. -refutó.

Desde hace dos años, los cuatro la jodimos, bueno, Liam fue el único invicto de sexo en esa celebración, pero fue incómodo para él lo ocurrido con... No quiero recordar. -Desde nuestro lugar de recepción, por ser los homenajeados cerca a la terraza de la casona, volví a mirar a la mesa de los Delgado

Dayana regresó hace unos tres meses y no tenía la más puta idea de la mierda que esa mujer me hacía sentir. Me fastidiaba y al mismo tiempo parecía un radar buscándola. No debería importarme, no quedamos en los mejores términos de ese viaje a Las Vegas, adicionalmente, los meses posteriores fueron peor y por ende se fue a San Antonio.

Vino para las fiestas de Navidad y regresaba, solo hasta ahora supe que se regresó de un todo. Enrique, grande como solemos decirle al hijo mayor de Gladis, se acercó a nosotros y mi hermana se ponía muy nerviosa. Era tan evidente que ella no lo superaba, y para colmo tuvieron un hijo.

-Hola, muchachos. -Extendió los brazos hacia el niño, quien los abrió ante su padre.

-¡Papá!

No se casó con mi hermana, dejaron en evidencia que el niño fue el resultado de los tragos. El mierdero al enterarnos fue grande, pero ni Enrique, ni yo, teníamos la moral para recriminarle. No cuando esa misma noche yo lo jodí con Dayana; fui el primero en su vida y ni me acuerdo de esa noche.

Por otro lado, mi hermano terminó enredado con Melisa. Una vez papá se enteró de su estado, se formó el revuelo y el abuelo Fausto fue quien intervino, desde ahí los adultos decidieron mantenerse al margen para no afectar su amistad. Lo cierto fue que todo se jodió... Y ahora debíamos de trabajar. Porque todos heredamos el legado de ellos.

Lo vimos cargar y besar a su hijo. No se casaron, pero adoraba a su primogénito y los fines de semana, cuando se encontraba en Blanco, pasaba todo el tiempo con su hijo. -A su lado llegó la mujer que él amaba, se comprometieron hace unos tres meses. Por el actuar de Victoria confirmamos lo mucho que lo seguía amando, aunque tuviera otro novio.

Pero no se puede obligar a nadie, -volví a mirar a Dayana-. El amor no se impone. Y juro que Victoria estaba con ese pendejo que tenía por novio solo por despecho y para poder soportar el compromiso de Enrique grande con Alice.

-Me llevo al niño por un rato.

-Claro. -comentó.

-Vic, no me gusta esa tecla dañada.

Los tres nos reímos a carcajadas por el comentario de Liam y la vieja se dio cuenta. Nuestro pequeño hermano era como mamá, no decía malas palabras. Pero desde que la conoció, así la llamaba. Cuando una tecla en su piano se le desafinaba, le decía tecla dañada; su mente lo relaciona como discordante. De la misma manera, le dice al novio de Victoria.

» Y acaba de llegar la doble tecla dañada.

Nadie en la familia aceptaba a Matt. Papá menos, lo había dejado muy claro y ni lo saludaba, pero ganas de desintegrarlo no le faltan. Ese hombre rondaba la casa esporádicamente, para evitarse un problema con papá. Para él era una escoria humana, por eso nadie lo obliga a tratarlo.

-Te dejamos con tu pegote.

Comentó Enrique, los tres nos alejamos para no saludarlo. Mientras caminábamos, le pregunté al arquitecto.

-¿Cuándo te vas para Colombia? -Se tomó su tiempo para responder. Nos sentamos en otra mesa.

-La otra semana. Pero me asusta, hermano, es cierto que tengo dos años trabajando en la compañía, solo que ahora papá ya me entregó el control de todo, soy el presidente de las empresas. Eso me tiene con culillo.

-Tienes dos carreras, podrás dirigir las empresas. Nuestros padres viajan en unos tres días.

-Quisiera ser como tú, heredaste esa capacidad de no tener miedo como papá. -Y en ese instante entendí el consejo de mi padre.

Capítulo 2 Nuestra inestable situación

Dante

No dije nada, por esto era mejor no decirle a nadie el que sentía miedo. Volví a mirar a Dayana. Se veía diferente. -Vagos recuerdos, se me filtraron de nuevo de aquella noche antes de perder la conciencia... -Isaac llegó a la mesa sonriente, mostró el reloj de Miguel en su muñeca. Hice lo mismo.

-¿Cuándo comenzamos, Patrón, jefe o Sombra dos? -Le saqué el dedo del medio de la mano para que dejara de joder.

-No empieces güevon. -Soltó una sonora carcajada.

Milena nos interrumpió, me abrazó por la espalda, el gesto de desagrado por parte de Isaac fue inmediato. Nunca habían congeniado y desde hace dos años se declararon enemigos públicos a pesar de que en los entrenamientos de combate hacían un dúo perfecto.

Eran como Enrique y yo, lástima que mi hermano declinó el pertenecer a Jaque mate. Lo primero por hacer era tener una seria conversación con ellos, ya que trabajaremos juntos. De hecho, tendré que hablar con más de uno.

-¡Mira, primo! -extendió su brazo para mostrarme su reloj, era el del tío Simón-. Me muero por tener nuestra primera misión.

-¡Me lo imagino! ¿Te mueres por demostrarnos que eres un hombre? -Y ya empezaron.

Ezequiel se sentó mostrando su reloj; Freddy también se jubilaba. Aunque en mi grupo aún había integrantes muy jóvenes y debía esperar su mayoría de edad, por ahora a cuidar de ellos. Esa fue la única regla impuesta por nuestras madres.

-¡Sí, imbécil!, pero hace dos años cuando me la metiste, bien que disfrutaste al darte cuenta de que no tenía una verga. -Andrea llegó en el momento de la discusión en el milésimo enfrentamiento.

-Tu vocabulario es la puta evidencia de la clase de mujer que eres.

-Lo sé, me hace única.

-¡Te hace vulgar! -García se levantó molesto de la mesa-. Dante, ¿me escribes para ver cuándo comenzamos?

-En efecto.

Una vez Isaac se fue a la mesa de sus padres, miramos a Milena; adoro a mi prima, de hecho, era mi mejor amiga, pero siempre se pasaba, era tan diferente a Andrea.

-¿Qué?

-¿Por qué te cuesta tanto ser un poco más femenina? -recriminó su mella-. No tienes que parecerte un marimacho para encajar en el grupo de Jaque mate.

-En eso, Andrea tiene razón. -dijimos casi en coro.

-Porque yo no soy como tú, Barbi.

-¡Vete al carajo Milena!, luego no llores en las noches.

Ambas primas se fueron. Por momentos no la comprendía, de hecho, no comprendía a las mujeres.

-Ya vengo.

Enrique se dirigió al interior de la hacienda, otra vez detrás de Melisa. Al realizar un sondeo de integrantes, mis tíos sonreían ante quién sabe qué les decía Aníbal. Crucé la mirada con Dayana, su cabellera rubia la tenía suelta. Demetrio se acercó a nosotros.

-¿Aprendieron a comunicarse telepáticamente?

-¿Vas a joder tú también?

-Solo háblale a mi hermana. Todos ustedes están jodidos por enamorarse, no hay cómo ser un hombre libre, sin problemas o compromisos y fornicando cuando se me dé la gana.

-Quieres decir corrompiendo a los más pequeños.

Hace seis meses el bandido se llevó a los chicos de dieciséis en adelante para los lugares de chicas buenonas. Era una audaz lacra.

-Dante, en verdad, habla con ella. Vino solo porque mi padre se lo pidió, dado que se van por meses. Pero no quiere quedarse.

¿No se quedará a trabajar? Necesitábamos a una doctora en el equipo, solo que mis palabras fueron otras.

-Demetrio, ella puede hacer lo que se le dé la gana.

-Oye Delgado, ¿quiénes son esos tipos en motos que llegaron?

Al mirar, Dayana se acercaba a ellos sonriente con Andrea para saludarlos. -Ezequiel se molestó, ellos fueron novios en la pubertad, luego pasó algo con Sebastián, quien se dirigía a nosotros. Y desde lo de Las Vegas quedaron peor.

-No lo sé, pero ahí va mi padre. En cuestión de segundos lo sabremos.

......***......

Enrique Sandoval.

Después de ver al noviecito de Victoria, se me revolvieron las entrañas, pero fue la excusa perfecta para ingresar a la casa de la abuela en busca de la mujer que deseo tener en mi cama. Por ahora espero que Vic recapacite, concuerdo con Dante en que solo sale con ese hombre para olvidar al primo.

La otra semana tenía el viaje a Colombia para ponerme al frente de las empresas de nuestros padres. Hace dos años surgieron dos equipos, quienes llevan en la sangre ese amor por la adrenalina, el deseo de matar y, por otro lado, se encuentran los que somos intelectuales y nos gusta hacer dinero. No es que no sepa pelear o manejar un arma.

Desde que nacimos, nos entrenaron para saber defendernos. Solo que a mí me gustaba más el mundo de los negocios. Por ahora, espero oficializar mi relación con Melisa, ella también viajará. Ejerce el cargo de abogada de las compañías. Shirly le entregó su puesto hace unos cuatro años más o menos y llegó la hora de demostrarle lo capacitado que estaba para ser su jefe. Espero que no vuelva a tener novio.

Lo hace para no aceptar que se ha enamorado de un hombre menor. No ha sido fácil verla salir, bailar, besar y supongo intimar con otros. Tampoco podía exigir, cuando yo hago lo mismo. Cada vez que me abandona por sentir miedo, siempre pone distancia. Eso sí, se lo había dejado en claro. Cada vez que me dice «adiós, niño», no vuelvo a buscarla.

Sin embargo, desde ese viaje a Las Vegas... Como quisiera recordarlo, en fin. Por el momento había respetado mi única regla: no interferir en una relación. No pueden decir que Enrique Sandoval Vásquez les hacía el cajón, por eso no interfería en sus noviazgos, por más que me dieran ganas de partirle la cara a esos pirobos.

Acepté el sabio consejo de mi madre: no hagas lo que no deseas que te hagan a ti. El problema era que me veía como un puto crío y solo teníamos un poco más de cuatro años de diferencias. Reconozco el círculo vicioso de amor y odio con delicioso sexo salvaje en el medio.

Pero deseaba cambiar eso, quería algo serio con ella. El único que sabía de nuestro juego era Dante. Aunque papá también debía de intuirlo, a ese tiburón, lobo y león no se le escapaba nada. Me escabullí e ingresé por el lado del patio de la hacienda, debía de encontrarse en la cocina.

Y no me equivoqué, ahí de espalda se encontraba mi pequeña descarada. Me gustaba su cuerpo, no era el de una modelo como el de mi prima Andrea, de hecho, sus curvas eran delicadas, lo que sí tenía era una buena retaguardia, sus pechos eran medianos, y vestía muy elegante. Desborda sensualidad y seguridad, algo que me gustaba en una mujer.

Mis gustos siempre fueron las mujeres mayores, al inicio fue un problema para mi madre, pero luego de hablar seriamente con ella, comprendí que era mi gusto personal y recibí una buena recomendación de parte de ella. Me acerqué por su espalda y la pegué contra la encimera.

-Tenemos que hablar.

Le susurré al oído, mi mano se camufló por el escote del vestido violeta, permitiéndome llegar a su piel, Melisa echó la cabeza a un lado, me deseaba al igual que yo. Era evidente nuestro deseo y algo se levantó de inmediato.

» Tercera habitación del segundo piso.

Mordí el lóbulo de su oreja, presioné el pezón izquierdo, logrando sacarle un gemido. Mi erección se tensó más, restregué mi falo entre sus nalgas.

-¿Estás cargado, niño? -detestaba esa palabra.

-Aunque te engañes al decirme infante, siempre regresas, por lo que este niño puede darte. Y te recuerdo que no me reservo para cuando a ti se te dé la gana volver. -Me alejé en dirección a la salida-. En cinco minutos te espero donde te dije.

-¿Y si no voy?

Di la vuelta para regresar y esta vez lo hice de frente, alcé su falda e introduje un dedo entre el pliegue de su centro.

-Como lo supuse, Preciosa, te encuentras húmeda. ¿Sabes lo que te pasará si me dejas esperando?

Mordí su labio. Puedo quedarme a provocarla más, sin embargo, la quería desnuda en la cama para deleitarme con su delicioso cuerpo, Melisa me jodía, así no se lo confiese a nadie. Saqué la mano, la llevé a mi boca.

» Extrañaba tu sabor. -Se puso roja, sus ojos cafés brillaron-. No tardes, este niño, -señalé la muestra de mi excitación-, te espera.

Al llegar a la habitación, comencé a quitarme la corbata, el saco. Me asomé a la ventana y mientras la esperaba, olí mi mano. Mi miembro se volvió a tensar, como me gustaba su aroma, su esencia. Pasaron los cinco minutos, luego diez. Al asomarme de nuevo a la ventana, la vi muy tranquila hablando con todas las mujeres de la familia. Acaba de dejarme plantado.

-Así que quieres que te castigue...

Capítulo 3 Aun duele

Victoria

Mattherw me estaba cansando con sus reclamos. Y donde me llegue a tocar iba a conocer a una Victoria que desconocía. Se estaba revolviendo el Sandoval en mis entrañas. Así tenga razón en su queja, si no me da la gana de acostarme de nuevo con él, no lo haré y punto.

Esto me pasaba por intentar olvidar al padre de mi hijo cuando era un caso perdido, desde hace años muero en silencio por ese hombre. Y cuando anunció su compromiso... ¡Dios todavía me dolía! En todo caso no volveré a acostarme con el que ahora me reclamaba. Ese error por despecho no lo volveré a hacer, fue asqueroso.

-¡Eres mi novia!

-¿Y? -respiré profundo, esto me lo busqué yo solita, así que asumiré el mal rato-. Mira Matt, lo lamento... En verdad me disculpo por haberte dado ilusiones. Hasta puedes pensar mal y estás en todo tu derecho. Te seré honesta, no voy a volver a acostarme contigo, lo hicimos una vez, pero lo dejaré en una no muy grata experiencia. Y no por ti, eres atractivo, un cuerpo increíble, trabajas en tu rancho y pare de contar. Lo siento.

Se veía muy enojado y con justa razón, aceptaré que siga implorando, y espero no me salga con malas palabras, porque no creo que me controle y menos que me alce la mano.

-¿Qué mierda dices, perra?

¿Perra? Esa será tu madre. Lo miré con determinación y con disimulo me quité los tacones. Una palabra más y le castro las bolas.

-Última oportunidad para que hables con madurez.

-Madurez, ni una mierda. -El estúpido me pegó contra la pared para besarme a la fuerza.

-¡Suéltame!

Era más alto, sin embargo, sé defenderme. Con el codo le di en la parte baja de la mandíbula obstruyendo el paso de la saliva, se retiró para toser. En eso habló Enrique grande, quien se puso a mi lado.

-Iba a intervenir, pero contemplé como te quitaste los zapatos y preferí mirarte.

-Qué caballeroso.

Matt me tomó del brazo de manera fuerte y antes de responderle lo hizo mi héroe.

-¡Te dijo que la soltaras!

-Tú no te metas en la relación con mi mujer. Ustedes solo tienen un hijo y punto, pero ahora veo el motivo de ello, es una tremenda zorra. -El puño de Enrique impactó en su estómago sacándole el aire.

-A la madre de mi hijo la respetas. -habló entre dientes.

Y después me cuestiono el porqué lo amo tanto. Era cierto que él no quiso pertenecer a Jaque mate, su pasión eran las finanzas. Tomó la misma decisión de mi hermano, no obstante, entrenaba y sabía de todo lo que nos habían enseñado. Como una estúpida enamorada lo observé, como me duele, que no me vea como mujer.

De esa noche no nos acordamos y lamento tanto no tener recuerdos de mi primera vez con el hombre al que amo, pero no puedo obligarlo a quedarse a mi lado. Y no volveré a humillarme como lo hice...

» Victoria. ¿Quieres seguir hablando con él?

-No, por mí que lo aplaste un tractor.

Se puso erguido de nuevo para encarar a Enrique, pero este era mi problema. Por eso, con una gran agilidad, me subí sobre la mesa de madera de la sala a un lado y le di un puño en la nariz. -Enrique sonrió al verme-. De algo debe servirme tener tres hermanos varones y un padre obsesionado con el entrenamiento.

» Me vuelves a tomar a la fuerza y te arranco el miembro. Vuelves a llamarme perra y te arranco la lengua. Te pedí disculpas, acéptalas y lárgate ahora de mi fiesta de grados.

-¿Pasa algo?

Dante siempre se daba cuenta de todo, no sé cómo lo hacía, él sí que heredó de papá esa capacidad para estar en todos lados.

-El novio de tu hermana se quiso sobrepasar. Sin embargo, ya entendió a qué familia llegó.

-¡Te lo advertí, gonorrea! -La última palabra la dijo en español-. Te manifesté, que, si la tocabas sin su consentimiento, así ella sepa defenderse, iba a joderte.

Matt era atlético, más no tenía la destreza y fuerza de mi hermano mayor. Lo tomó del cuello. En ese momento Enrique bajaba las escaleras con expresión de enojo, sin saco y corbata. Se unió a Dante, ellos siempre lo han detestado y ahora se darán gusto golpeándolo. Dante me miró.

-¿Te golpeó? -negué. Acomodé el bello vestido rojo-. ¿Seguirás con este pirobo? -volvió a hablar en español, negué de nuevo-. Ahora seré yo quien le advierta si vuelve a poner un pie en nuestras tierras.

El puño impactó en el rostro de Matt, sin duda debió partirle la nariz, lo que le hice fue un leve toque ante la fuerza de mi hermano, su grito lo evidenció. Entre los dos lo sacaron y antes de salir de la puerta le dieron una patada. No vi lo que le hacían, pero ante el cese de la música imagino el tropel.

Me quedé en la sala principal, escuché el revuelo formado por la familia del patriarcado dominante. Todas nosotras estábamos jodidas para tener pareja. Para colmo... El único a quien mi padre pudo aceptar se comprometió hace tres meses con otra.

-Cuida con quién te relacionas para la próxima. -Se me humedecieron los ojos, al percatarse-. Te metiste con él solo para... -debía de estar roja-. Pensé que habíamos dejado ese tema aclarado.

Evité contemplarlo, decirle con la mirada lo que sentía, era consciente de que sus visitas eran por nuestro hijo cada ocho días mientras se encuentra en Blanco y era mi madre quien se lo entregaba. Tardé varios meses lamiendo mis heridas. Me acompañó en el parto, eso sí; en calidad de amigo y de padre del niño. Por momentos sentía que Rafita fue una inseminación en vitro.

» Victoria, encontrarás a la persona que te ame. No quiero darte una mala vida, menos que terminemos odiándonos. Sin ofenderte...

-Ya lo tengo claro, ni viéndome desnuda, se te levanta. -Sus ojos cafés taladraron los míos una vez más.

-Nunca he dicho eso, pero sexo sin amor no garantiza fidelidad.

Me dieron tantas ganas de decirle que hablara por él. Pero si abro la boca, volveré a humillarme. Tenemos un hijo el que cumplió un año hace una semana. Un bebé al cual amaba con mi alma, y me recordará hasta el día de mi muerte que su padre no me amaba, ni me amará nunca. Iba a hablar cuándo.

-¡Mi amor! Esta familia es muy salvaje.

-Alice, acostúmbrate, nosotros defendemos lo nuestro, así es mi familia. -Cómo detestaba a esa vieja.

-Pronto será la mía.

-¿Hija? -Mis padres ingresaron. Mamá cargaba a Rafael.

-Estoy bien, papá.

Con la decencia en la mirada por parte de mamá, le pidió a Enrique que se fuera con la silicona andante de su prometida. En lo que quedó nuestra fiesta de grados.

-¡Ahora sí me vas a escuchar, Victoria!

-¿Roland?

-Roland y una mierda, Hermosa. Estoy de las gue... - Se abstuvo de salir con una de sus fuertes groserías-. Putas bolas con el mariconsito del novio que se consiguió Victoria. Callé por ti, pero esa gonorrea vuelve a pisar mis tierras o la de sus tíos y lo desintegró. ¡¿Te queda claro, jovencita?!

-No alcanzó a golpearme.

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