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El Legado del Engaño: Gemelos, Amor y Traición.

El Legado del Engaño: Gemelos, Amor y Traición.

Autor: : Carolina Chibiusa
Género: Romance
David es un intelectual, graduado con honores de Ingeniería nuclear se caracteriza por ser muy serio y racional, lo que nadie sabe es que con sus parejas es muy protector, le gusta mimarlas con regalos caros y es una bestia en la cama, cuando alguien le interesa lo toma muy en serio por eso todas sus relaciones no han durado menos de un año. Diego es un hombre apasionado, tierno y detallista. Veterinario de profesión con una gran vocación social además de un gusto casi exagerado por los deportes extremos y los viajes. Al ser apasionado se enamora rápido pero su intensidad asusta a sus parejas con las que nunca dura más de 6 meses. ¿Qué tienen en común? Son Gemelos físicamente idénticos, hijos de un magnate de los negocios quien, en su testamento estipuló que quien fuera el primero en casarse obtendría el 70% de sus bienes y el 30 restante se repartiría entre su esposa y el otro gemelo. Hasta ahí todo bien, ambos se embarcaron en la búsqueda de "la elegida" La mujer que deseaban que fuera su esposa ¿el problema? Ambos eligieron a la misma mujer, una linda doctora llamada Miriam quién, sin saberlo, estuvo saliendo con ambos por unos dos meses, pero cuando la verdad se revela ella deberá tomar una decisión, David parece un camino seguro, sin embargo Diego le ofrecía una vida llena de emociones que ponían su corazón a mil. ¿Quién se ganará el corazón de miriam y la herencia de su difunto padre?

Capítulo 1 El testamento

Después de la muerte de su padre, sus únicos hijos Diego y David decidieron tomar distancia para lidiar con el duelo a su manera, aunque eran físicamente idénticos no podían ser más diferentes en personalidad. Rodrigo Sánchez había sido un hombre muy importante para ellos, todo lo que se podía esperar de un padre y más.

Él se los había dado todo, educación de primera, lecciones de vida, de esas que ningún libro te puede enseñar, también les había heredado un gran amor por la lectura y aunque si los consentía bastante, no se podría decir que fueran niños o adolescentes mimados, sabían muy bien que todo tenía un precio y que para conseguir algo muy grande hacía falta de un gran esfuerzo. Ahora ya eran adultos y tendrían que aprender a vivir sin su constante guía.

La ausencia de su padre dejó un vacío palpable en cada rincón de la lujosa mansión, donde el eco de los recuerdos pasados resonaba en cada habitación. David se encerró en su oficina, sumergiéndose en el mundo racional y controlado de la ingeniería nuclear, donde el flujo predecible de la energía y la materia proporcionaba una ilusión de estabilidad en un momento de incertidumbre emocional. Cada fórmula y cada ecuación se convirtió en un refugio contra el dolor del duelo, una manera de aferrarse a la certeza en un mundo lleno de cambios imprevistos. Mientras tanto, en los confines de lugares exóticos y remotos, Diego desafiaba los límites de su propia resistencia física y emocional. Atravesaba territorios salvajes y se sumergía en experiencias extremas, desesperado por escapar de los recuerdos que acechaban en las sombras de su mente. Cada salto en paracaídas, cada rápido atravesado en su kayak, era un intento de escapar de la realidad dolorosa que le recordaba constantemente lo que había perdido. Pero incluso en la cima de una montaña remota o en las profundidades de un río tumultuoso, no podía escapar de la sombra de su padre. Fue en uno de esos momentos de descenso de adrenalina, cuando el sonido insistente de su teléfono rompió la ilusión de liberación que tanto anhelaba. Al otro lado de la línea, la voz ansiosa de su madre lo arrancó de su trance temporal, llevándolo de vuelta a la cruda realidad de la mansión que solía llamar hogar.

-En serio Diego ¿de que te sirve el último celular del año si ni siquiera te molestas en atender las llamadas?

-Lo siento, madre, en este lugar la señal viene y va, además acabo de bajar del kayak aunque hubiera entrado la llamada tenía las manos demasiado ocupadas para contestar.

-Tu y tu afán por poner tu vida en peligro cada 5 minutos, un día me vas a matar de un infarto.

-Se llama deporte extremo madre y no tienes de que preocuparte tu hijo favorito estará bien, pero dime antes de que se vaya la señal, ¿Qué necesitas?

-Que vuelvas, el testamento de tu padre está listo y necesitamos que vengas para que lo podamos leer entre todos- La noticia del testamento de su padre le cayó como un balde de agua fría, resucitando un torbellino de emociones que había tratado desesperadamente de enterrar.

-Está bien, estaré ahí en un día o dos, nos vemos- Dijo con un tono de voz casi robótico y colgó.

En cuanto se recuperó del shock, Diego se dispuso a regresar a casa, dejando atrás la soledad de los parajes remotos para enfrentar la complejidad de la herencia y la incertidumbre del destino que guardaba a los gemelos y la fortuna de su padre.

Con el crujido de las ruedas del automóvil sobre el pavimento, Diego regresó a la mansión, contemplando su imponente fachada desde la ventanilla. La luz dorada del atardecer acentuaba la majestuosidad de la estructura, recordándole el peso de la historia familiar que yacía en su interior. Al descender del vehículo, un remolino de emociones lo envolvió, mezclando la nostalgia por los recuerdos de la infancia con la incertidumbre del futuro que se avecinaba. David, por su parte, ya estaba en el interior, sumido en sus propios pensamientos sobre el contenido del misterioso sobre. Ambos hermanos se encontraron en el estudio del segundo piso, un santuario de la herencia paterna donde la sombra de su padre se extendía con cada mueble y cada adorno meticulosamente seleccionado. La tensión entre ellos parecía una entidad viva, silenciosa pero asfixiante, una presión invisible que amenazaba con desencadenar una batalla en cualquier momento. Frente a ellos, sobre la mesa de ébano pulido, el sobre con el sello de su padre permanecía como un enigma por resolver, su presencia imponente y misteriosa aumentaba la expectativa que colgaba en el aire. En el silencio cargado de la habitación, las miradas de los gemelos reflejaban una mezcla de esperanza y temor, una lucha interna entre el deseo de obtener la fortuna y el legado de su padre y el temor a lo que eso pudiera significar para su relación fraternal. David, con su racionalidad fría y metódica, buscaba en las sobre respuestas que pudieran encajar en su esquema de control, mientras Diego, impulsado por la incertidumbre y el anhelo de certeza, anhelaba descifrar las claves que determinarían su destino y el de su hermano en los próximos capítulos de esta compleja historia familiar.

En ese estudio ubicado en el segundo piso de la mansión, el aire estaba cargado de solemnidad. David y Diego, los gemelos idénticos con sus ropas elegantes pero distintivas, se sentaron en lados opuestos de un antiguo escritorio de roble. La tensión entre ellos era palpable, como si un invisible campo de batalla se extendiera entre los dos.

Frente a ellos, sobre la mesa de ébano pulido, yacía un sobre lacrado con el sello distintivo de su padre, el magnate de los negocios, don Rodrigo Sánchez. Los hermanos compartían el mismo anhelo por el contenido de ese sobre, aunque con visiones completamente diferentes de lo que les aguardaba.

David, con su mirada fría y determinada, se frotó la barbilla con nerviosismo.

-¿Crees que finalmente revelará los detalles del testamento, Diego?

Diego, su hermano, no se molestaba en ocultar su ansiedad.

-Espero que sí. Tengo que saber en qué posición estoy para poder planificar mi futuro. Este secreto nos ha mantenido en vilo durante demasiado tiempo.

El silencio se prolongó por un instante más antes de que David, impulsado por su impaciencia y ansiedad, tomara el sobre con manos temblorosas. Con un cuidado casi reverencial, rompió el sello y extrajo el documento doblado en su interior. El crujido del papel llenó la habitación mientras los ojos de ambos hermanos se posaban en las palabras grabadas en tinta negra.

"Queridos hijos", comenzaba el texto con la elegante caligrafía de su padre. "Si están leyendo esto, significa que he partido hacia un lugar del que nadie regresa. Sin embargo mi legado, mis negocios y mi fortuna, aún permanecen aquí, listos para ser heredados por el hijo que sea digno de tomar el mando".

David tragó saliva mientras continuaba leyendo. Los músculos de su mandíbula se tensaron gradualmente, revelando el conflicto interno que estaba experimentando.

Diego, por otro lado, se inclinó hacia adelante, ansioso por vislumbrar cualquier indicio de su destino en las palabras de su difunto padre miraba a su hermano con impaciencia. David siguió leyendo "Quiero que entiendan una cosa, nuestras empresas no son solo una forma de hacer dinero, son parte de nuestra familia y deseo de todo corazón que esa familia sea cada vez más grande, por eso he decidido que el primero de mis hijos que contraiga matrimonio, obtendrá el 70% de mis bienes y negocios, el otro 30 se repartirá en partes iguales entre mi esposa Carol y el hijo que quede soltero"

Diego se quedó mirando a su hermano, boquiabierto. David levantó la mirada con una expresión indecible, mezcla de sorpresa y determinación.

-Creo que papá ha establecido de forma muy precisa lo que desea... al menos uno de los dos debe casarse.

Diego dejó escapar un suspiro, su mirada perdida en el vacío, mientras reflexionaba sobre las palabras de su padre.

-Entonces, el juego está en marcha. Tenemos que encontrar a la mujer adecuada antes que el otro lo haga-Dijo Diego, David asintió solemnemente, sus ojos destellaban con una determinación fría y calculadora.

-Sí, Diego. Comienza la búsqueda de 'la elegida'. Y no puedo permitirme perder esta vez".

Capítulo 2 Gemelos Divergentes

David se encontraba sumido en la penumbra de su estudio, rodeado por las suaves luces de las lámparas de escritorio. Su mirada se fijaba con determinación en el contenido del sobre que su padre había dejado como su última voluntad. Los detalles meticulosamente escritos en tinta negra parecían parpadear en su mente, cada palabra una pieza crucial en el rompecabezas que decidiría su destino y el de su hermano. Las posibilidades se desplegaban ante él como un complicado laberinto de decisiones, y David estaba dispuesto a ser el primero en descifrarlo.

Mientras tanto, Diego deambulaba por los amplios pasillos de la mansión, dejando que sus recuerdos de la infancia se entrelazaran con la melancolía del presente. Los ecos de risas infantiles y los juegos interminables resonaban en cada esquina, grabándole un tiempo en el que la rivalidad entre él y su hermano era simplemente una chispa en la tormenta. Con un suspiro cargado de nostalgia, se dirigió hacia el estudio, donde sabía que su destino se estaría forjando en ese mismo momento.

Al entrar, el contraste entre los dos hermanos era evidente. David, erguido y sereno, aún sostenía el sobre con una calma que apenas ocultaba su ardiente ambición. Diego, en cambio, mostró un gesto más relajado pero con una intriga que brillaba en sus ojos oscuros.

-¿Qué dices, hermano? -preguntó Diego, rompiendo el silencio que llenaba la habitación. Su voz sonaba ligeramente tensa, incapaz de ocultar el nerviosismo que lo embargaba.

David levantó la mirada, su expresión inmutable como una máscara perfecta.

-El testamento es claro, Diego. Papá ha establecido una condición clara para la herencia. No hay espacio para errores ni interpretaciones sentimentales. Debemos encontrar a la mujer adecuada y casarnos con ella para asegurar nuestro futuro.

Diego se acercó, su apariencia reflejaba la comprensión de las palabras de su hermano.

-Entonces debemos comenzar la búsqueda de 'la elegida'. Una mujer que no solo se gana nuestro corazón, sino que también asegure nuestro legado.

David asintió con solemnidad, una chispa de determinación empezaba a encender su mirada.

-Exactamente. Debe ser una elección estratégica, basada en lógica y compatibilidad. Nuestro futuro depende de ello.

Los dos hermanos se quedaron en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos y emociones. Las sombras de la noche comenzaron a extenderse por la mansión, envolviéndolos en un abrazo frío y misterioso. En ese momento, se dieron cuenta de que su relación nunca volvería a ser la misma. El legado de su padre había desencadenado un nuevo capítulo en su vida, uno que los llevaría por caminos inesperados y desafiantes, poniendo a prueba no solo su fraternidad, sino también sus propias convicciones y deseos más profundos.

En las semanas que siguieron, la mansión se llenó de un silencio incómodo y de una energía tensa, tanto que a ratos parecía que estuviera desocupada, ilusión que se rompía por algún empleado que pasaba barriendo o limpiando las enormes ventanas que a pesar de estar abiertas no era posible sentir la cálida luz del sol, mientras David y Diego encerrados en sus habitaciones empezaban a planear sus respectivas estrategias para encontrar a la mujer que aseguraría su futuro y legado. David se sumergió en una meticulosa investigación, utilizando su aguda lógica y sus conexiones empresariales para evaluar a posibles candidatas que pudieran encajar en sus estrictos criterios. Sus días se desvanecían en un mar de informes financieros y análisis de antecedentes, todo en busca de una alianza que asegurara su posición como el heredero indiscutible de la fortuna de su padre. Tenía que ser alguien inteligente, de buena familia, linda y sociable, así podría apoyarlo en las reuniones sociales que siempre habían sido su debilidad y, obviamente, debía asegurarse de que no fuera una caza fortunas.

Mientras tanto, Diego se aventuraba en un torbellino de citas y encuentros, dejándose llevar por la emoción del momento y las chispas de química instantánea. Estaba convencido que esa era la única forma de encontrar a aquella mujer que se ganara su corazón y le hiciera perder la cabeza. Cada mujer que cruzaba su camino era una nueva posibilidad, una esperanza de encontrar no solo una esposa, sino también un alma gemela que encendiera su espíritu aventurero y su anhelo de amor apasionado. Sin embargo, aún no lograba encontrar esa conexión, con ninguna de ellas sintió deseos de una "segunda cita" mucho menos de casarse, así en cada despedida, una sensación de vacío se apoderaba de él, grabándole que esta búsqueda no solo se refería a su herencia, sino también de su deseo de encontrar una conexión verdadera y duradera.

Con el pasar de los días, la competencia entre los gemelos se intensificaba, cada uno decidido a no ceder en su búsqueda ya no revelar sus cartas al otro. La mansión se convirtió en un campo de batalla invisible, donde cada rincón y cada conversación se enfocaban la lucha por la herencia y en el anhelo de amor y conexión genuina. A pesar de sus diferencias, los hermanos compartían un lazo profundo que los unía, una complicada mezcla de lealtad fraternal y rivalidad encarnizada, alimentada por la sombra imponente de su padre, cuyo legado seguía dictando el rumbo de sus vidas de una manera que ninguno de ellos podían prever.

En la oscuridad de la noche, cuando la mansión se sumía en un silencio que pesaba en el aire, David y Diego se encontraron cada uno sumido en sus pensamientos, reflexionando sobre las decisiones que habían tomado y las implicaciones de sus acciones. En el camino hacia la consecución de sus objetivos, habían descubierto partes de sí mismos que nunca antes habían explorado, revelando aspectos de su personalidad que no solo desafiaban su propia percepción, sino también la dinámica misma de su relación fraternal. La incertidumbre del futuro se cernía sobre ellos como una neblina densa, ocultando lo que vendría a continuación en esta intrincada historia de amor, traición y legado, donde los lazos familiares se entrelazaban con los deseos más profundos del corazón humano.

A medida que el tiempo avanzaba, la presión sobre los gemelos aumentaba exponencialmente, envolviéndolos en un torbellino de emociones y decisiones trascendentales. La mansión se convirtió en el epicentro de un juego delicado y peligroso, donde cada mirada, cada palabra y cada gesto estaban cargados de un significado oculto, tanto para los gemelos como para aquellos que los rodeaban.

David, inmerso en su búsqueda meticulosa, se veía envuelto en una telaraña de intrigas y alianzas calculadas, explorando cada posibilidad con una minuciosidad que rayaba en lo obsesivo. Cada candidata potencial era sometida a un escrutinio minucioso, su pasado examinado con detalle y su presente evaluado con frialdad y pragmatismo. Para él, la elección de una esposa no era solo una cuestión de amor, sino una estrategia esencial para asegurar su posición en el imperio empresarial que su padre había dejado atrás y hasta ahora ninguna de las candidatas eran dignas siquiera de una primera cita, a pesar que veía como su hermano siempre tenía un nuevo encuentro, él no lograba elegir a alguien para verla en persona.

Por otro lado, Diego se dejaba llevar por la corriente de emociones y pasiones que lo llevaban de un encuentro a otro, en una búsqueda desesperada por encontrar a esa mujer que encendiera su corazón y le hiciera creer en la posibilidad de un amor verdadero. Cada cita, cada conversación, lo llevaba más cerca de comprender que la elección que enfrentaba no solo era una cuestión de herencia, sino también de su propia felicidad y realización personal.

En los momentos de quietud en la mansión, cuando las sombras de la noche envolvían los pasillos y las habitaciones, los gemelos se encontraban en un equilibrio frágil entre la lealtad familiar y el deseo de encontrar su propio camino. La incertidumbre del futuro se cernía sobre ellos como una sombra ominosa, recordándoles constantemente la complejidad de sus lazos fraternales y el legado que amenazaba con separarlos irrevocablemente.

En el centro de la mansión, en el corazón mismo de la batalla por la herencia y el amor, los gemelos se enfrentaban a una encrucijada que definiría no solo sus destinos individuales, sino también el legado que dejarían atrás en el imperio de su padre. Sus caminos se entrelazaban en una danza delicada de rivalidad y afecto, una lucha interna que los llevaría a descubrir la verdadera naturaleza de su vínculo fraternal y la fuerza de sus propios deseos y ambiciones.

A la mañana siguiente, la mansión se despertaba con una sensación de expectación y tensión palpable. Los gemelos se preparaban para enfrentar un desafío que trascendía las fronteras del amor y la herencia, adentrándose en un terreno desconocido de traiciones y revelaciones que pondrían a prueba la solidez de sus lazos fraternales.

Mientras David se sumergía cada vez más en su laboriosa investigación, su mente se enredaba en un laberinto de posibilidades y riesgos. Cada nueva candidata potencial se convertía en una pieza crucial en su rompecabezas estratégico, y su determinación se intensificaba con cada obstáculo que enfrentaba en su búsqueda por asegurar su legado y fortuna, solo había un pensamiento en su cabeza "tengo que encontrarla".

Paralelamente, Diego se encontraba inmerso en una serie de encuentros que desafiaban su idea del amor y compromiso. Cada mujer que conoció dejaba una huella de decepción indeleble en su corazón, recordándole la complejidad de sus propios deseos y la importancia de encontrar un equilibrio entre su anhelo de aventura y su necesidad de estabilidad, cosa que hasta el momento le parecía imposible.

En el trasfondo de sus esfuerzos individuales, la sombra del legado de su padre se alzaba como un recordatorio constante de la responsabilidad que recaía sobre sus hombros. La imponente mansión se convertía en un testigo silencioso de sus luchas internas y sus esfuerzos por encontrar un camino que los llevarán más allá de la sombra de su pasado y hacia un futuro que les perteneciera de verdad.

En medio de la tensión y la incertidumbre, los gemelos se enfrentaban una y otra vez a una encrucijada que los obligaba a confrontar sus propias limitaciones y a cuestionar la verdadera naturaleza de su relación fraternal. Con el destino dependiendo en un delicado equilibrio, se dieron cuenta de que su búsqueda por el amor y la herencia los había llevado a explorar los límites de su propia identidad y los había empujado hacia una verdad ineludible: el legado del engaño que acechaba en las Las sombras de su pasado eran mucho más complejas y profundas de lo que habían imaginado.

Capítulo 3 La doctora Miriam

Mientras los gemelos Sánchez se veían envueltos en su propia lucha interna, la vida de la Doctora Míriam se desenvolvía en su tranquilo consultorio médico en el corazón de la ciudad en el cual trabajaba todas las mañanas antes de ir al hospital. Su dedicación a sus pacientes y su pasión por la medicina habían sido su enfoque principal durante años, pero en el fondo de su corazón, anhelaba encontrar un amor verdadero que complementara su vida profesional.

Todos solían decirle que trabajaba demasiado y que debía darse la oportunidad de conocer a alguien o hacer algo que hiciera que su corazón latiera a mil por hora. Pero ¿Cómo no darle prioridad a tu trabajo cuando el descuidarlo por un minuto podía marcar la diferencia entre sí una persona vivía o moría?

"Además, no es como que no me sepa divertir" pensaba, todos la veían muy tranquila, pero en su tiempo libre amaba surfear, hacer snowboard y otros deportes adrenalínicos y en el tema del amor... Simplemente, había tenido mala suerte, no había encontrado a alguien que pudiera con ella.

A medida que la rutina de su vida cotidiana continuaba, Míriam se encontraba dividida entre su dedicación a su trabajo y su anhelo de encontrar una conexión significativa con alguien que valiera la pena. A pesar de que ya llevaba muchos años enfoca en su carrera, poco a poco empezaba a sentir un vacío persistente en su corazón, una sensación de soledad que se intensificaba a medida que los días pasaban, creando un agujero en su corazón que no sabía como llenar.

Pero el destino es caprichoso y tenía preparado para ellas aventuras amorosas que no podría imaginar ni en sus más locos sueños, todo empezó con un simple programa de televisión era un programa de entrevistas que veía cada viernes, ese día el animador entrevistaba a Diego Sánchez, conocido por practicar deportes extremos muy riesgosos, además de pertenecer a una de las 100 familias más ricas del mundo. De pronto pegó su mirada en él, como si la hipnotizara, había algo en él que era extremadamente atrayente, con cada palabra que decía él la iba seduciendo, aun sin siquiera conocerla, pronto se encontraba mirando la tele como una idiota babeando por un hombre al cual ni siquiera conocía.

En los días siguientes, Míriam se esforzó por mantenerse enfocada en sus responsabilidades profesionales, pero su mente seguía regresando una y otra vez a los recuerdos de esa entrevista, cada una de sus palabras pronunciadas por esos sensuales labios que lucían como un sabroso fruto prohibido, a ratos se encontraba a sí misma fantaseando que se lo cruzaba por casualidad y la invitaba a tomar café.

Pero ella era una mujer racional y debía ser realista ¿Qué tan probable era que alguien como ella siquiera caminara por la misma calle que ella? Guapo, joven, rico y aventurero, sin mencionar que era soltero.

Alguien como ella no era compatible con alguien como él, aunque disfrutaba de los deportes extremos, en ese momento el 90% de su tiempo estaba dedicado al trabajo y el otro 10% lo ocupaba en comer y dormir, no tenía tiempo para una relación, mucho menos salir a alguna aventura con su amor platónico.

Así la rutina de su vida cotidiana continuaba igual que siempre, entre turnos y las películas que veía antes de dormir, últimamente se había inclinado más hacia las comedias románticas. Su interior se encontraba dividido entre su dedicación a su trabajo y su anhelo de encontrar una conexión significativa que vaya más allá de lo médico o laboral. A pesar de su determinación por mantener su enfoque en su carrera, no podía evitar sentir un vacío en su corazón que no hacía más que crecer, la sensación de soledad que se intensificaba a medida que los días pasaban, hacía lo posible por fingir que estaba bien, era orgullosa y no permitiría que nadie se enterara de que ese sentimiento de soledad la estaba sofocado poco a poco y la verdad no estaba segura de cuanto tiempo podría mantener esa farsa sin desmoronarse.

Un día cualquiera, mientras revisaba algunos expedientes médicos en su despacho, su asistente entró apresuradamente.

-Doctora Míriam, disculpe la interrupción, pero acaba de llegar un paquete para usted- Anunció con una sonrisa.

Míriam se sorprendió por la interrupción inesperada y se levantó para recibir un paquete no muy grande. Al abrirlo, encontró un libro, con una rosa entre sus páginas y una nota anónima adjunta. La nota estaba escrita con una letra elegante y cuidadosa, y decía: "Para la doctora más valiente que conozco. Espero que este libro le brinde un momento de paz en medio de su ajetreada vida. - Un admirador secreto".

Míriam se quedó mirando la nota y luego el libro, era un libro de poesía, de su autor favorito. Se preguntó si solo había sido casualidad o si su admirador secreto había logrado descifrar ese pequeño detalle. Se sentó en la silla de su escritorio y apretó el libro contra su pecho, sintiendo una mezcla de curiosidad y emoción. El gesto anónimo era justo lo que necesitaba para recuperar la esperanza, de recordar que aún había hombres románticos y detallistas en el mundo, el tipo de hombre que le gustaba, pronto se encontró a sí misma reflexionando sobre quién podría haber sido el misterioso remitente. Aunque su mente seguía luchando con su enfoque en su trabajo y su incertidumbre sobre las posibilidades de una relación amorosa, no pudo evitar sentir una sensación de calidez y gratitud hacia esta persona desconocida que había logrado captar su atención de una manera tan sutil pero significativa.

Con el libro en la mano y la nota cuidadosamente guardada en su escritorio, Míriam se permitió sonreír ante la perspectiva de un misterio por resolver y la posibilidad de que alguien estuviera pensando en ella de una manera especial. A medida que su mente divagaba en la identidad de su admirador secreto, también se encontró contemplando la idea de que tal vez, en medio de su agitada vida profesional, había espacio para una conexión emocional con otra persona, algo que la hiciera volver a creer en el romance, pero, sobre todo, recordarle que era amada, que alguien (no sabía quién) Le tenía la estima suficiente como para hacer ese pequeño gran detalle.

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