Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > El MARIDO DE MI HERMANA.
El MARIDO DE MI HERMANA.

El MARIDO DE MI HERMANA.

Autor: : lopez patricia
Género: Romance
EL MARIDO DE MI HERMANA. Sinopsis. Dicen que hay amores que están predestinados a estar juntos sin importar el tiempo o las circunstancias. Yo siempre soñé con tener un amor bonito, de esos que llenan todas tus expectativas, de esos que salen en las novelas y cuentos de hadas. Pero al fin y al cabo solo es eso, fantasías que no existen. No creía en el amor a primera vista, pero eso cambió cuando lo conocí a él. Desde ese día supe que él era el indicado, lo que empecé a sentir era tan grande, que al principio pensé que era una tonta obsesión solo porque quería que él cumpliera todas mis fantasías, incluso pensé que era un capricho tonto, pero con el paso del tiempo eso que sentía se hizo demasiado grande y cuando me di cuenta estaba enredada en una encrucijada que parecía no tener una salida, al menos no una que no ocasionara una tormenta. Una vez que hayas tomado tu decisión ten la fuerza necesaria para llevar la cruz de las consecuencias, buenas o malas; repetí eso una y muchas veces. ¿Valdrá la pena arriesgar todo por amor? Yo estaba dispuesta a averiguarlo.

Capítulo 1 Prólogo

EL MARIDO DE MI HERMANA.

Prólogo.

No les pasa que a veces el destino es demasiado injusto, incluso parece que jugara con nosotros. Es muy complicado entender los designios del destino.

Yo lo vi y dije; ese es el hombre de mis expectativas, empecé a albergar una ilusión en mi corazón y creé fantasías en mi cabeza donde solo existía él.

Quise saber todo de él, trataba de coincidir en el mismo lugar como si forzara al destino a hacer lo que yo quería. Parecía la típica acosadora, el único problema era mi maldita inseguridad, no me atrevía a acercarme y cuanto según yo estaba segura de hacerlo, el destino jugó conmigo haciendo que no coincidiéramos en el mismo lugar.

Llegué a pesar que tal vez aunque yo lo quisiera él no era para mí, empecé a perder la esperanza de saber quién era el chico de los tatuajes, tan misterioso y guapo.

Entonces decidí analizar lo que decía mi mejor amiga, que lo que yo sentía se empezaba a volver una obsesión enfermiza y eso podía resultar muy peligroso, incluso podría llegar a salir en las noticias como; chica acosa a hombre cada que va al gimnasio.

Así que reconsideré esa idea. Y sí, tal vez me había obsesionado con el hombre de cuerpo espectacular y tatuajes llamativos. Yo no tenía ninguna experiencia amorosa ni sexual, así que tal vez lo único que yo quería era fantasear con mi primera vez en unos brazos como los suyos. Algo así como mi humilde estándar.

Decidí enfocarme en lo que debía, mis estudios, decidí que era una fantasía que tenía que sacar de mi cabeza, pero ahí fue donde el destino decidió mover sus fichas. Ahora de la nada me lo cruzaba, justo cuando yo había decidido alejarme, como recordándome lo cobarde que era por no hacer un intento aunque fuese mínimo de tener una pequeña charla.

Decidí tomar el valor de buscarlo y hablarle, obviamente no le iba a decir que lo acosaba en silencio. Me iba a presentar como cualquier persona normal lo haría, estaba dispuesta a dejar que el destino se encargara de lo suyo, pero yo haría mi parte. Yo quería saber quién era él y para eso tenía que acercarme. Empecé a frecuentar los mismos lugares que él, incluso cruzamos algunas palabras. Pero mi sistema colapsaba cada vez que lo tenía cerca, parecía que dentro de mí había otra persona.

Y de repente desapareció y cuándo pensé que no volvería a verlo nunca más el destino se burló en mi cara llevándolo muy cerca de mí, pero no para que estuviera conmigo sino con otra. Y todo volvió a empezar con una sola pregunta.

-¿Estás segura que no nos hemos visto antes?

Ese día me sentí tan estúpida y por primera vez sentí algo que jamás había sentido; un asqueroso nudo que apretó todo mi interior haciendo que respirar fuera doloroso. Todo mi pecho tembló con anticipación insoportable, contuve la respiración, me tragué el nudo que se formó en mi garganta, fue incluso amargo como la hiel, respiré con tanta fuerza tratando de contener un montón de lágrimas que amenazaban con salir. Dibujé la sonrisa más falsa de todas, al tratar de hacerlo sentía como si me dolieran los músculos de la cara.

-Estoy segura -afirmé con una seguridad que yo quería creer.

Yo presencié en primera fila el triste espectáculo. Así fue que descubrí que tenía un súper poder; fingir que todo estaba bien cuando no lo estaba, fingir que era feliz cuando no lo era. Ahora no tenía más opción que alejarme definitivamente porque yo ya no tenía cabida en su vida. Ya era demasiado tarde, yo lo había elegido para mí, pero el destino no tenía mis mismos planes.

Pero una cosa es la razón, otra el corazón y peor aún, el destino. Yo me alejaba y por alguna extraña razón que desconozco terminaba muy cerca de él. Como si una fuerza invisible me empujara a sus brazos. El sentimiento se hizo claro, no era capricho ni obsesión era eso que le dicen amor.

Y definitivamente hay cosas que simplemente se salen de tus manos, sentimientos que no se pueden controlar y caos que se terminan por desatar.

Cuándo la tormenta llega no hay más remedio que afrontarla y esperar a que te destruya o intentar mantenerse en pie hasta que todo pase.

Así que llegó el momento que más había anhelado, subí al cielo, pero al hacerlo también toqué el infierno. ¿Cómo es eso posible? Pues sí, puedes estar en el cielo y al mismo tiempo conocer el infierno, no se puede estar en el paraíso sin sufrimiento.

Tenía lo que tanto quería, pero el precio que había que pagar era demasiado grande. Tomé mi decisión, no me quedaba más que aceptar las consecuencias. Era como caminar en una cuerda floja, no podía retroceder, solo podía lanzarme y dejarme caer al abismo o intentar seguir adelante con todas las cosas en contra que tenía encima.

No me arrepentí de mi decisión, tal vez habría podido cambiar las cosas, pero no quise, el corazón no le hizo caso a la razón, era muy consciente que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no me arrepentía. Somos dueños de nuestras propias decisiones así que tenemos que enfrentar lo que eso conlleva.

Actué mal sí, me equivoqué no, porque en todo momento fui consciente de lo que hacía y hasta el día de hoy no me arrepiento. No se puede considerar un error algo que siempre tenías presente. Estaba dispuesta a afrontar con dignidad las consecuencias de mis actos y lo hice. No sería fácil, pero era el camino que yo había elegido.

Además si hablamos de cosas justas yo lo vi primero, él siempre fue mío, así que solo regresó lo que me pertenecía, lo que pasó es que él se demoró un poco más en descubrir que era yo el amor de su vida.

La felicidad a veces tiene un precio muy alto, está en uno si decide pagarlo o simplemente renuncia. ¿Y quién dijo que era fácil? Yo pagué el precio de mis decisiones con lágrimas de sangre, todo se vino abajo, todos me atacaron, era muy difícil no voy a negarlo, pero en ningún momento pensé en renunciar. Cómo iba a lanzar todo a la basura, lo que realmente vale la pena no se consigue caminando por pétalos de rosas, sino por espinas dolorosas que con cada paso te hacen sangrar y pensar; al final habrá valido la pena.

El destino podría juntarnos, ya dependía de nosotros querer luchar para estar juntos. Si es amor verdadero se puede salir a flote y sino simplemente uno de los dos se termina hundiendo, entonces no era amor, o al menos no tan grande y fuerte.

Capítulo 2 Alexia

EL MARIDO DE MI HERMANA.

Capítulo 1.

Actualmente...

Les contaré un poco sobre mí. Mi nombre es Alexia Barlier Dedman, soy la hija menor de Gabriela Dedman y Álvaro Barlier, también vivo con mi hermana Vanessa, ella es mayor que yo, me lleva siete años.

Mis amigos dicen que mi personalidad se refleja mucho en mi rostro, según ellos tengo esa mezcla de ángel y demonio, con solo mirarme pueden saber que por naturaleza soy rebelde. Dicen que mi sonrisa tiene ese encanto de maldad, entre dulce y traviesa. Según ellos tengo el poder de llevarlos al cielo o al infierno. Mi amiga dice lo mismo, que con solo una sonrisa yo los invito a pecar porque tengo esa mezcla perfecta. Soy alta, tengo ojos azules claros y profundos como estanques de agua cristalina. Piel blanca, labios carnosos, color rosa al natural, cabello negro largo y digamos que un buen cuerpo, no me quejo.

Nací en Pensilvania, pero mis padres se mudaron a Brooklyn cuando yo era una niña. Crecí lejos de la familia materna, no era del agrado de mis abuelos, bueno eso parecía, aunque mi madre decía que esa era su forma de ser.

Soy eso que denominan como la oveja negra de la familia, yo siempre soy la que causa problemas y le cuesta seguir las reglas. Soy de las que les encanta lo desconocido. Recuerdo que cuando era niña a veces me escapaba de la escuela por quedarme en el parque o por ver algo que llamaba mi atención. Mis padres eran más conservadores y yo era eso que ellos decían liberal.

Tuve que trabajar muy duro y llorar lágrimas de sangre para poder estar donde estoy en este momento. Yo veía la vida como algo maravilloso, siempre tenía una sonrisa en el rostro, pero luego me di cuenta que no todo es color de rosa y que las decisiones que tomamos pueden pesar en nuestro futuro, porque siempre tendremos que lidiar con las consecuencias. La verdad no es fácil luchar y defender eso que quieres, pero quién dijo que sería fácil.

Yo conocí ambos lados, lo dulce, lo agrio, lo rosa y lo oscuro, pero ya les contaré. Volvamos unos años atrás, cuando tenía 17.

☆••••★••••☆••••★••••☆••••★••••☆••••★

A pesar de ser un alma libre, como decía mi mejor amiga, un ángel con cachos y cola, además de todos los admiradores que tenía en el colegio yo seguía siendo casta y pura. Parecía increíble, pero sí, a mis 17 aún seguía siendo señorita, es que hasta ese momento ninguno superaba mis expectativas. Eso no quería decir que no había tenido novio, solo que nada funcionó porque ellos querían ir más allá y yo a pesar de ser curiosa no me sentía preparada para cruzar esa línea. Así que decidí enfocarme en terminar el último año del colegio.

Digamos que a la hora de elegir un hombre era de gustos exigentes. Yo quería un buen hombre, de esos que amaban bonito, pero también tenía claro que ese tipo de hombres solo se veía en las novelas.

Tenía un gusto exagerado por los tatuajes y más por los cuerpos masculinos que los portaran. Recuerdo que mi primer tatuaje me lo hice a los 17 un día que salía de clases con mi amiga Larissa, aunque todos le decíamos Lara.

Ese día salimos una hora antes porque uno de los maestros no asistió a clases, así que me dejé convencer por Lara para que la acompañara a Manhattan ya que quería pasar a una tienda a comprar algo que le gustó. Yo como buena amiga que era la acompañé. Luego de visitar las tiendas que ella quería llamó mi atención un letrero grande color rojo; Studio tattoo. Me quedé parada mirándolo.

-Ale, no me digas qué es lo que creo.

Ella de cariño me decía Ale.

»Conozco esa mirada y esa sonrisa.

La tomé de la mano y entré con ella. El salón de tatuajes era exactamente como me lo imaginaba, colores brillantes, dibujos vistosos, gente interesante tatuada, un ambiente genial. Nunca había tenido la oportunidad de estar en un lugar así. Todos los afiches con tattoos me tenían deslumbrada, como niño en juguetería. Así que me entró la idea loca de tatuarme ignorando el hecho que en mi casa me iban a matar, porque mis padres no estaban de acuerdo con eso. El chico que nos atendió me entregó un catálogo de algunos bocetos y nos dejó solas.

Empecé a mirar los bocetos, pero no podía decidirme y ese no fue el mayor problema, yo era menor de edad así que imaginé que ese sería un impedimento. Le enseñé al chico los que habían llamado mi atención, él hizo la estúpida pregunta.

-¿Eres mayor de edad? -Lara y yo cruzamos miradas.

-Por supuesto.

Me miró de pies a cabezas.

-¿Podrías enseñarme tu identificación?

Me volvió a mirar. Olvidé ese pequeño detalle; los uniformes. En ese momento apareció otro chico, alto, bien parecido, con sus brazos llenos de tatuajes, automáticamente mis ojos se fijaron en cada tatuaje. Él preguntó qué pasaba, el chico le platicó la situación. Él tipo, le ponía unos 25 años, me miró de pies a cabezas, así que decidí sacar mi mejor sonrisa, elevé mi labio superior en señal de puchero y le expliqué la situación. Él sonrió y le dijo al tipo que él se haría cargo. Vaya que tenía suerte, era el dueño del lugar.

-¿O sea que sí eres menor de edad? -preguntó mientras arqueó una ceja.

-Pero solo un poquito -sonreí, mientras mordía mi labio inferior.

Siempre había tenido esa manía de morder mi labio inferior cuando sonreía malvadamente o cuando quería hacer una travesura.

»Me faltan solo unos meses para cumplir los 18.

-Podría meterme en problemas con tus padres.

Volví a sonreír.

-¿Quién va a decirles? Puedo hacerlo en un lugar poco visible. Además, ¿cómo van a saber en qué lugar lo hice?

Se rascó el cuello.

-¿Ya sabes qué tatuaje quieres?

Le regalé una pequeña sonrisa. Tomé el boceto y le mostré los que más habían llamado mi atención, pero estaba muy indecisa.

»¿En qué lugar lo quieres?

-En la parte posterior del hombro derecho.

-Ok -me miró.

Justo en ese momento salió de la parte trasera del salón el amor de mi vida, un tipo esculpido por los mismísimos dioses. Le sonrió al tatuador, nos miró y saludó con un movimiento de cabeza, ninguno de mis sentidos respondieron en ese momento.

-Ya te dejé la sala lista allá atrás, ¿quieres que te ayude con algo más? -le preguntó el tipo Mister sexy.

-Sabes que sí. Necesito que asesores a esta hermosa señorita -me señaló-, que aún no se dice por un tatuaje, ¿cuál crees que le quede mejor?

Dejó una pequeña palmadita en su hombro y asintió. Me miró y luego volvió la mirada a los bocetos. Me quedé congelada y sentí mi corazón subir hasta mi garganta.

Lo miré, era alto, las facciones de su rostro eran casi perfectas, ojos color marrón, su boca; su labio inferior carnoso. Cabello castaño, unas cejas planas y pobladas con un pequeño corte perfecto en su ceja izquierda que combinaba con su corte de cabello, desvanecido; era muy recortado en la nuca, patillas y laterales de la cabeza, volviéndose más largo en la parte superior de la misma. Todo el brazo izquierdo lo tenía tatuado, tenía una cruz tatuada al lado izquierdo de el cuello, imaginé que tenía tatuajes en otras partes de su perfecto cuerpo.

Tenía ropa deportiva ajustada, se podía detallar lo marcado de su cuerpo, pero esos tatuajes lo hacían ver jodidamente sexy.

Suspiré llevándome las manos a las mejillas encendidas. El tatuador se fue a preparar la sala, mientras yo seguía mirando al maldito dios griego, en un momento sonrió, oh por Dios. Nunca creí en el amor a primera vista, pero lo había confirmado, me enamoré.

Volvió la mirada hacia mí y se acercó un poco, ¿cómo se respira? En ese momento lo olvidé. Me miró como detallando mis rasgos y luego bajó la mirada al boceto, solté todo el aire que contenía tan despacio para que él no lo notara.

-Te quería genial este - me señaló el boceto-, según tu personalidad. Es lo que veo a través de tus ojos.

Era una golondrina volando, me dijo que simbolizaba la libertad, el ser libre. La diferencia entre la golondrina y otro pájaro es que la primera elige a su pareja para siempre. Cuando una golondrina encuentra a su alma gemela no se separan nunca.

Ese significado me encantaba, el ser libre, era verdad lo que decía, creo que sí era bueno para leer los ojos. Por unos segundos nuestras miradas se encontraron, bajé la mirada al boceto y respondí tratando de alejar la estupidez de mi cuerpo que en ese momento había paralizado cada célula existente en mí.

-Entonces quiero ese, en color azul cielo.

-Azul como tus ojos -su voz suave y envolvente hizo que mi estómago se apretara-. Perfecto, buena elección.

Dejó el boceto y con una pequeña sonrisa y un movimiento de cabeza se alejó para recibir a unos chicos que habían entrado al lugar.

El aire se me salió de los pulmones de golpe como si me hubieran golpeado con fuerza.

-Acabo de conocer al amor de mi vida, el hombre de mis sueños, mi golondrina -suspiré.

Lara me dió un pequeño golpe.

-¡Estás loca! -sonrió-, aunque debo admitir que ese tipo es divino.

No podía dejar de mirarlo, de verdad que mi corazón nunca había latido de la manera en la que lo hacía. Entonces en ese momento quería saber tantas cosas. Maldecí para mis adentros, ¿por qué solo respondí eso? Pude haber preguntado algo más, por sus tatuajes, la experiencia con ellos, si dolía, pude poner tema de conversación, pero a cambio solo dije; quiero ese. Era la primera vez que me congelaba de esa manera ante la curiosidad.

Su nombre.

¿Quién era?

¿Tendría novia o esposa?

¿Trabajaría ahí?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por Lara.

-Ale, ese tipo se ve mayor que tú, ¿crees que se fijará en ti?

Aspiré.

-No lo sé. Pero yo tengo que saber quién será el dueño de hasta mi último suspiro.

Ella soltó una risita.

-Eres un poco exagerada. Solo estás deslumbrada por su belleza, y por los tatuajes que son tu debilidad.

-No, te juro que jamás ningún hombre me había puesto el corazón así.

Llevé la mano hasta mi pecho, le mostré mis manos.

»Incluso estoy temblando.

-Solo es tu obsesión por los tipos tatuados. El tatuador también es muy guapo.

Seguí mirándolo, detallando cada gesto y movimiento que hacía, pero yo al parecer para él era una simple clienta invisible que se quería tatuar. No podía decir que le causé la misma impresión que él causó en mí, porque se portó de manera muy profesional.

-No, yo lo quiero a él. No ves que es mi hombre ideal, el de mis fantasías.

-Físicamente está guapo, pero no sabemos cómo es mentalmente, ¿y si fuera un loco, o un psicópata?

-Yo sería su manicomio, incluso hasta su psicóloga.

Lara soltó una risita.

-Contigo no se puede.

Me encogí de hombros.

-Míralo bien, porque ese hombre es el dueño de todo esto, mi novio, mi esposo -sonreí -, solo que él aún no lo sabe.

Soltamos una risita. En ese momento salió el tipo que ya se había presentado como Marlon y me guió hacia la parte trasera del salón. Me senté en la silla satisfecha de mí misma por lo que estaba a punto de hacer. Me quité la blusa y me cubrí con una sábana, me subí a la camilla y me acomodé. Marlon estiró los brazos, crujió sus dedos y se puso manos a la obra. Sentí un poco de nervios, siempre decían que era doloroso, pero cuando la aguja atravesó mi piel lo único que hice fue sonreír. Era un nivel de dolor que fácilmente podría soportar además que valdría la pena.

Después de terminar me dio las indicaciones de como cuidarlo, mientras él me explicaba, miré a todos lados, pero él ya no estaba. Tal vez había acabado su turno.

-Cuando quieras volver estaré encantado, eres muy valiente para ser la primera vez -sonrió.

Volví la mirada hacía él.

-Gracias y por supuesto que pienso volver -sonreí-, me gustó el trato hacia los clientes.

Él me guiñó un ojo, se pasó la lengua por los labios y me regaló una sonrisa. Lara me tomó del brazo y salimos del lugar.

-Eso fue intenso, ¿viste cómo te miró?

-El tipo está guapo, pero el que me interesa es el otro, ¿lo viste salir?

-Sí, recogió sus cosas y se fue. Me imagino que era su hora de salida.

Suspiré con tristeza.

-¿Crees que lo vuelva a ver? Sino de qué manera se va a dar cuenta que será mi golondrina.

Lara estrujó mi brazo y soltó una carcajada.

-Eso dices de todos los hombres tatuados.

Hice un puchero.

-Esta vez es real. No te rías. Él me ayudó a elegir mi tatuaje, mi primer tatuaje, eso tiene que ser una señal del destino.

Lara se siguió burlando hasta que llegamos a mi casa, la verdad la ignoré todo el trayecto, mis pensamientos fueron secuestrados por Mister sexy.

...

Llegamos a mi casa, la típica casa familiar, estaba ubicada en un buen vecindario; Carroll Gardens, era un barrio de clase media alta. Las casas tenían patios delanteros repletos de vegetación. Era una casa muy bonita y amplia, en la primera planta estaba la sala de estar, el estudio de papá y donde también trabajaba mi hermana a veces. La cocina que conducía al jardín trasero donde mi madre tenía todo tipo de flores, ahí le gustaba pasar su tiempo libre. Lo primero que se veía al cruzar la puerta principal era la escalera recta de madera que conducía a la segunda planta donde estaban las habitaciones. Mi habitación tenía un pequeño balcón que ofrecía una vista espectacular, al igual que la habitación de Vanessa. La de ella tenía vista al jardín trasero y la mía al jardín delantero.

...

Cruzamos el umbral y mamá nos recibió con una pequeña sonrisa. Después de saludarnos y preguntar qué tal las clases, comentó.

-Alexia este fin de semana viene tu tía Olivia con mi sobrino Luca. Te quiero aquí en casa para compartir en familia.

Miró a Lara.

»Por supuesto tú también estás invitada.

-Muchas gracias señora Gabriela por su invitación, pero este fin de semana iré a casa de mis abuelos.

Hice una mueca y susurré solo para las dos.

-Gracias amiga por dejarme sola.

Ella se encogió de hombros y soltó una risita. Se despidió de mi mamá y me miró.

-Ale, disfruta de las visitas.

Elevó su mano y se despidió. Rodé los ojos con frustración. Mamá se cruzó de brazos.

-Hija no seas así, tu tía hace mucho que no viene, además viene tu primo y no se ven desde niños.

-Ajá el patito feo de la familia -solté una risita.

En realidad no somos primos. Cuando la tía Olivia conoció a su esposo; el papá de Luca, él tenía un niño pequeño de cuatro años, la custodia completa la tenía él porque la mamá del pequeño los abandonó. Para mi tía no fue un impedimento saber que él tenía un niño, así es el amor. Decidieron salir y formalizar la relación, ella se acercó poco a poco al pequeño, hasta que se ganó su corazón. Luego se casaron y mi tía era quien lo cuidaba, ella no pudo tener hijos propios, fue un golpe muy duro, pero todo ese amor que tenía para dar se lo dio a ese niño. Ella fue quien lo cuidó y estuvo con él, por lo tanto es su mamá aunque no lleven la misma sangre.

Los recuerdos que tenía de él eran de un niño de 10 años desabrido, el típico nerd de escuela, super inteligente, pero muy retraído con los demás. Lo que más recuerdo eran sus enormes lentes, parecían botellas y los suéteres a cuadros que no le favorecía para nada. La belleza no era muy amiga suya.

...

Más tarde en la mesa.

Llegó Vanessa con una sonrisa en el rostro. Saludó mientras se sentó en el comedor. Nosotros no teníamos una relación de hermanas inseparables, tal vez la diferencia de edad ayudaba mucho. Ella se la pasaba absorta en su carrera, le faltaban tres años para graduarse: estaba estudiando contabilidad y finanzas. También se inclinó por el lado de papá, ya que él es un licenciado en Matemáticas, aunque ya se retiró, a veces daba clases privadas en la universidad, o por fuera, incluso asesorías a otros maestros, era muy bueno en lo que hacía.

Por mi lado, las matemáticas y yo no somos las mejores amigas, no me llaman mucho la atención, las únicas matemáticas que de verdad me llamarían la atención serían esas donde yo grité; más, más. Y si es con mi golondrina mucho mejor.

Volviendo al tema, mi padre estaba feliz por la carrera que ella eligió, a veces pasaban horas hablando sobre eso, ella haciendo preguntas y él respondía sus dudas. Por mi parte, aún no había decidido que carrera elegir aunque tenía algunas en mente, la verdad me apasionaba mucho dibujar, y me salía de maravilla. Ese talento lo heredé de mi madre, no solo me parecía a ella físicamente sino que me gustaba dibujar como lo hizo ella en algún momento de su vida. Mi madre estudió diseño de modas, pude ver algunos de sus bocetos y eran impresionantes. Después que terminó la universidad trabajó en una empresa de confección, pero cuando nació Vanessa decidió enfocarse de lleno en la labor de la casa, luego llegué yo y mamá no volvió a ejercer su profesión, eso fue lo que ella nos contó. Ellos son demasiado reservados y conservadores con algunos temas.

Vanessa en sus tiempos libres salía con los novios feos que conseguía, porque para mal gusto el qué tenía mi hermanita. Ella y yo no solo no compartimos gustos o pasatiempos como lo harían las hermanas comunes, de hecho teníamos gustos muy diferentes. Incluso no nos parecíamos en nada; ella es alta, cabello rebelde; rizado de color castaño, ojos marrón oscuros, boca grande, labios asimétricos y una sonrisa alta que siempre dejaba ver sus perfectos dientes blancos, ella casi siempre tenía esa sonrisa que dejaba ver unas líneas exageradas alrededor de su boca. De hecho ella se parecía mucho a papá.

Vanessa nos contó que había encontrado un trabajo de medio tiempo como auxiliar contable en una inmobiliaria. Podría empezar a adquirir experiencia que sería esencial para encontrar un trabajo mejor después de graduarse. Mientras ellos platicaban del acontecimiento mis pensamientos se fueron lejos de la mesa.

Continuará...

Capítulo 3 Conocí al amor de mi vida

EL MARIDO DE MI HERMANA.

CAPÍTULO 2.

Me retiré de la mesa con la disculpa perfecta de madrugar temprano para ir al colegio. Subí a mi habitación, cerré la puerta con seguro y me acerqué a la comoda que había junto a la cabecera de mi cama donde guardaba mis cosas personales, busqué mi llave y la abrí. Saqué mi diario y me acerqué al pequeño escritorio que utilizaba para hacer mis tareas, tenía un cómodo módulo extraíble para tener todo organizado, mis cuadernos, lápices de dibujo, entre otras cosas. Encendí la pequeña lámpara y pasé las páginas hasta encontrar una limpia, puse la fecha del día, con un pequeño texto que decía;

Hice una pequeña diablura y decidí tatuarme, sin imaginar lo que iba a encontrar en ese lugar. Conocí a un míster sexy, de hecho fue él quien me ayudó a elegir, una golondrina volando. Él me dijo que la golondrina simboliza la libertad, el ser libre y que la diferencia entre la golondrina y otro pájaro es que la primera elige a su pareja para siempre. Cuando una golondrina encuentra a su alma gemela no se separan nunca. Entonces me di cuenta que yo había conocido a mi alma gemela, mi pareja para toda la vida, encontré mi golondrina... Aunque él no lo sabe todavía, pero eso no importa, ya habrá oportunidad para que lo sepa.

Apoyé mi cabeza en el diario, cerré los ojos y sonreí recordando ese momento. Recordando al míster sexy, me incorporé, tomé el lápiz y empecé a dibujar su rostro, tal cual como lo tenía en mi cabeza empecé a pasarlo en el papel, no era necesario verlo más de una vez porque grabé en mi mente cada una de sus facciones, borré, dibujé, pulí, delineé hasta que poco a poco el papel tomó la forma de mi golondrina. Sonreí mientras mis dedos trazaban los contornos de su rostro. Pensé; ojalá un día pueda acariciarte a ti, no en papel sino en carne y hueso. Como desearía sacarte de ese papel y tenerte aquí conmigo.

En mi block de dibujo, empecé a dibujar uno de sus tatuajes; el tigre que tenía en su brazo, cerré los ojos otra vez, era como si lo tuviera junto a mí porque recordaba perfectamente cada detalle y eso que solo lo vi una vez, ¿tal fue el descaro con el que lo miré? ¿Será eso lo que llaman amor a primera vista? Seguí pasando el lápiz una y otra vez, cuando me di cuenta había terminado de dibujarlo tal cual como el que él tenía en su brazo. Sonreí con satisfacción. Miré la hora eran casi las tres de la mañana, ¿en qué momento había pasado tanto tiempo? Se suponía que tenía que ir a clases. Recogí todo y me deslicé bajo las sábanas, pero antes metí mi diario al otro lado de mi almohada. Mi golondrina tenía que dormir conmigo, por ahora era solo en un cuaderno, pero estaba segura que luego sería real.

Por ahí dicen que los sueños se hacen realidad, así que iba a anhelarlo mucho para que se cumpliera. Era amor, o sólo era un capricho obsesivo por los tipos tatuados. No, yo miré ese retrato, cerré los ojos y al recordarlo todo mi cuerpo se cubría por la piel de gallina, eso no podía ser atracción sexual, tenía que ser eso que dicen amor a primera vista. Poco a poco mis párpados empezaron a cerrarse hasta que me sumergí en un sueño profundo.

Unos golpes en la puerta me hicieron abrir los ojos de golpe.

-¡Alexia, no puedo creer que te quedaras dormida otra vez! -gritó mamá-, vas a llegar tarde.

-¡Mmm! -gruñí.

-¡Alexia! -Golpeó la puerta.

-¡Ya me levanté! -me quejé.

-¡Apúrate!

Me tumbé sobre la cama y exhalé. Saqué el diario y abrí la página, sonreí y repetí; eres demasiado perfecto para ser real. Guardé el diario en la comoda y escondí la llave. Me di una ducha rápida antes de que volviera a aparecer mamá. Miré mi tatuaje a través del espejo y sonreí. Como tenía el parche no tenía que limpiarlo, ardía un poco, pero valía la pena. Me organicé y antes de salir empaqué en mi mochila algo de ropa, tenía planeado hacer algo después del colegio.

Bajé al comedor, tomé un poco de jugo y salí con pasos apresurados, antes de cruzar la puerta solo escuché.

-Esta niña, ni siquiera desayunó.

En el parque me encontré con Lara y juntas nos fuimos al colegio. El día transcurrió sin ninguna novedad, excepto por los exámenes y las tareas.

...

Salimos del colegio, estaba sumergida en mis pensamientos, tanto que ni siquiera podía escuchar de lo que hablaba mi amiga. Sentí un pequeño golpe en el brazo. La miré y ella se cruzó de brazos.

-Tierra llamando a Alexia, ¿no me estás escuchando, verdad?

Hice una mueca exagerada aleteando mis largas pestañas.

-La verdad no.

Rodó los ojos.

»¿Qué me decías?

-Te estaba preguntando si te dolía mucho el tatuaje y si ya lo habían notado en tu casa.

Le pasé la mano tras sus hombros abrazándola.

-¿Crees que si lo hubieran notado estuviera completa?

Soltamos una carcajada.

»Arde, pero solo un poco. ¿Vamos por un batido?

-Eso no se pregunta.

Llegamos hasta la cafetería y pedimos dos batidos, fresa y vainilla. Le pedí a Lara que me acompañara a Manhattan. Arqueó una ceja.

-Déjame adivinar, ¿quieres volver al salón de tatuajes?

Asentí con una sonrisa.

»¿Te das cuenta lo tarde que se nos hará? ¿qué se supone que vamos a inventar? Al menos tú. Sabes qué mamá llega tarde de trabajar.

Mordí mi labio inferior y ella negó.

-Ahí está la respuesta, iremos a tu casa a hacer tareas. Siiii.

Puse ojos tiernos, ella sonrió.

-Estas loca, ¿tanto te impresionó ese tipo?

-Ya te dije que es mi golondrina y si no me acerco como va a saber que soy la mujer de su vida.

Apoyé la cabeza en las manos y suspiré pesadamente. Soltó una risita.

-Definitivamente estás muy mal. Mejor démonos prisa para poder ir y volver, antes que se haga más tarde.

Me levanté y pellizqué sus mejillas, le lancé un beso mientras me alejaba para ir al baño y cambiarme. Me puse un jeans blanco con agujeros en las rodillas, un crop top negro y una chaqueta azul de jeans, organicé mi cabello, un poco de lápiz labial y listo.

...

Nos quedamos al otro lado de la calle donde yo pudiera observar el salón, pero que desde allá no me notaran. No quería parecer una psicópata, en realidad parecía una acosadora. Nos quedamos observando varios minutos, pero no lograba ver lo que realmente me interesaba.

-¿Y si volvemos a entrar? -Lara susurró de repente en mi cuello haciéndome sobresaltar.

A cambio recibió un pequeño codazo en el costado, se quejó.

-No, ¿con qué disculpas vamos a entrar? Además apenas me tatué ayer, estoy segura que el dueño me va a reconocer.

Seguíamos susurrando.

-Bueno, esa podría ser una excusa -la miré-, el tipo parecía interesado en ti, podrías decir que estabas pasando y querías saludar.

-No, ¿y si míster sexy está ahí? Y yo coqueteando con su jefe cuando el que me interesa es él.

-Suponiendo que si trabaja ahí.

Me pasé las manos por el cuello.

-Lo más probable es que sí, ¿sino que hacía ayer atendiendo clientes?

Ella apoyó sus brazos en mi hombro.

-¿Y si hoy fuera su día libre?

Me quedé pensando y esa podía ser una posibilidad, no podía tener tan mala suerte. Empezaba a creer que mi viaje hasta ese lugar fue en vano. Miré una vez más, tendría que regresar con las manos vacías, empezamos a caminar mientras nos alejábamos del lugar. A Lara de repente le dieron ganas de ir al baño, empezó a sostenerse el abdomen porque le dolía, según ella había comido algo que le cayó pesado.

Más adelante había un parque, le dije que allá la esperaba, pero antes me compré un helado de vainilla. Caminé tan sumergida en mis pensamientos, estaba un poco triste, pensé que tal vez lo podría ver, pero también me quedé pensando en lo que dijo Lara, ¿y si no trabaja en ese lugar? ¿pero qué hacía ahí? Tal vez si era su día libre. Llevé el helado a mi boca y justo en ese momento alguien literalmente me arrolló, mi rostro golpeó el pecho de ese alguien esparciendo el helado no solo en mi rostro sino en su pecho, al chocar con tanta fuerza reboté hacia atrás, cerré los ojos para esperar el impacto, pero unas fuertes manos me agarraron por la cintura impidiendo que tocara el piso.

Aspiré frenéticamente dispuesta a sacar el demonio que llevo por dentro, estaba furiosa, a quién rayos se le ocurría correr y no poner cuidado, pero todo eso se disipó cuando escuché.

-Señorita, ¿está bien?

Esas fuertes manos seguían sosteniéndome, poco a poco levanté la mirada, mi respiración se volvió más profunda y mi corazón empezaba a acelerarse, era él, estaba tan cerca de mí, me estaba sujetando y su respiración acariciaba mi rostro. Mierda, bajé la mirada, mi rostro estaba lleno de helado como una niñita, al parecer él se dio cuenta que seguía sosteniéndome y alejó las manos bruscamente.

»¿Se lastimó? Discúlpame porque me he distraído, no la vi, perdón...

Yo seguía mirando al suelo, pero perfectamente podía detallar su cuerpo, tenía un conjunto deportivo y por el sudor la tela se pegó a su piel, haciendo que se viera demasiado sexy. Mis mejillas se calentaron al instante, parecían brasas, empecé a limpiar los restos de helado que tenía por todo el rostro, incluso en el cabello, así no imaginé nuestro reencuentro. Levanté la mirada haciendo conexión visual con esos ojos marrones.

-Estoy bien... -susurré -, fue mi culpa, yo fui quien estaba distraída y no me fije.

Seguí limpiando el helado que tenía, quería salir corriendo o que la tierra se abriera justo en ese momento y me tragara. Bajé la mirada hasta su pecho.

»Lo siento por eso.

Instintivamente él bajó la mirada al lugar donde señalé yo, su pecho; su polera llena de helado. Lo volví a mirar, pero solo por unos segundos, al parecer no me reconoció, cómo iba a hacerlo, si parecía una niña de kinder con la cara embarrada. Sonrió de medio lado, bajó la mirada hasta mi otra mano donde seguía sosteniendo lo que quedaba del helado.

-¿Puedo reponer eso?

Se refería al helado. Intenté actuar con normalidad, pero sentía un hormigueo en la nariz y en la lengua.

-No-no importa -aclaré mi garganta.

Gruñí tan bajo para que no pudiera escucharme, quería llorar, me pasé la mano por el pelo olvidando que ahí tenía el maldito helado, eso era una maldita pesadilla, lo miré por el rabillo del ojo, tenía los labios fruncidos en una pequeña sonrisa, no sabía hasta qué punto eso era bueno. Justo cuando estaba decidida a salir corriendo me tomó del brazo, ese solo roce me puso la piel de gallina, me guió hasta una pequeña banca, me senté. No quería ni mirarlo, no saben cómo deseé en ese momento ser una bruja para desaparecer y borrarle la memoria.

Empezó a mojar su mano con la botella de agua que tenía, hasta ese momento fue que me di cuenta que la tenía, tal vez la llevaba con él, al parecer estaba haciendo ejercicio. Me pasó la palma de la mano por el pelo retirando los rastros del helado, levanté la mirada volviendo a coincidir con la suya.

-De verdad lo siento -deslizó los mechones de mi pelo a través de sus dedos.

Me puse roja como una maldito tomate, podía sentir el fuego en las mejillas, bajé la mirada y entonces sentí su pulgar en mi mejilla, me alejé, me levanté, sin siquiera mirarlo a los ojos dije;

-No se preocupe, no fue su culpa. Perdón por lo de su polera.

Sin darle tiempo de responder giré sobre mis talones y me alejé lo más rápido que pude. En ese momento me topé con Lara, la tomé del brazo y la arrastré como si de verdad alguien nos estuviera siguiendo. No pude ver que expresión puso, él no pudo ver bien mi rostro o no sabía, tal vez no me reconoció, pero eso era un maldito desastre.

Lara hacía preguntas con un gesto de confusión, me miró y abrió los ojos, no entendía nada. Entramos a la primera cafetería que vi directo al baño, me apoyé en el lavabo y solté todo el aire acumulado lleno de frustración. Lara seguía esperando una explicación, me lavé el rostro y le conté.

Todo el trayecto de regreso a la casa se la pasó riéndose de mí, mientras yo quería que la tierra me tragara y me escupiera en otro lugar, en otro planeta.

Continuará...

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022