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El Madrileño

El Madrileño

Autor: : Jhoa Torres
Género: Romance
Sinopsis: ¿Una sorpresa? ¿Padre yo? Soy Cayetano Rodríguez, un hombre rico y de corazón duro, una hermosa mujer me dejó por su amor de niñez y desde ese momento solo me interesan las fiestas y las mujeres, me he olvidado del amor y de la devoción que conlleva, pero ¿Eso está apunto de cambiar? El destello de sus ojitos color café claro, me dejaron perplejo... María E, seria el delirio más grande que podía haberme llegado. Una bebé, una colombiana cuerda y... Málaga, serían el detonante para acabar con el mote que tan bien me había ganado, "Tano Sin Miedo".

Capítulo 1 Preámbulo

"Le enseñó lo único que tenía que saber para el amor; que a la vida no la enseña nadie."

-Gabriel García Márquez-

Bailoteando en una playa en Asturias, me encontraba bebiendo y gozando de los placeres y excesos de la vida, todo lo tenía en bandeja de plata. Borracho viajaba a distintos lugares, esta vez aborde hacia las playas de Santa Marta, Colombia.

-Vea gil, bienvenido a Santa Marta-, dijo Nathan, mi primo el vividor.

Había demasiadas mujeres en ese maldito Jet, lo único beneficioso era que no faltaría sexo, alcohol y más.

-Pues, a con todo coño- exclame en mi embriaguez.

No sé cuantas horas pasamos sentados en el Jet ni cuando aterrizamos, lo que sí sabía era que el amanecer se veía precioso en esa playa de arenas blancas. Un lugar fuera de serie y que me ayudaría a olvidar mis penas.

Mi manera de huir de los problemas era esta, emborracharme, follarme a cualquier mujer que me brindará seguridad y no enamorarme, sobre todas las cosas. Un día antes había roto mi compromiso con una siciliana, esa mujer que con sus ojazos caramelo, había hecho ese hechizo profundo de amor en mí y que la muy bandida, se había echado para atrás luego de regresar con su amor de niñez. -¡Vaya estupidez!-, grite bajando del Jet.

Soy Cayetano Rodríguez, un bohemio que debe aceptar, tarde o temprano, a dirigir la empresa de su padre, el importante Antonio Rodríguez. Un famoso empresario, con relaciones en negocios internacionales, inversionista en varias partes del mundo, un magnate egocéntrico y poderoso qué , el cuál, no aceptaba que su único hijo varón, fuese un crio de mierda, bohemio y despreocupado alcohólico, que llevaba más mujeres que éxitos cosechados.

-¡El amanecer está de madre!-, grite como unas diez veces, revolcándome en la arena, como un tonto niño.

Las mujeres que iban en el Jet, Nathan y dos amigos más que eran imparables, Javier y Luis Pedro, me veían como si me hubiese hecho un mal efecto el alcohol.

La que decía que me amaba había destruido mi corazón blandengue y así me encontraba olvidándola, revolcado en la arena de otro país.

Una fiesta con fogata llamó mi atención, ver a las morenas canela bailar y una de piel porcelana blanca, entre tantas que robo mi corazón... ¿podía enamorarse uno después de una ruptura amorosa? ¿Tres años no habían sido suficiente motivo para seguir atado a ella? Ahora habían mis ojos vislumbrado por una hermosa y preciosa pelinegra de ojos verdes casi grises, era demasiada mujer para un hombre como yo.

Me llaman "Tano sin miedo", ninguna mujer me quedaba corta pero... sabía que con esta chica no tendría oportunidad de nada. Ella seguía moviéndose a un ritmo delicioso, no sé qué música era pero, me acerque en un intento de bamboleo en el cuerpo hacia las chicas y ese manjar de dioses de cabellos negros, haciendo el ridículo porque no sabía que demonios bailaban, me pose enfrente de ella, como preparando al toro para el matadero.

-Eres demasiado cómico, pero ajá-, dijo riéndose, mostrándome la belleza de su sonrisa perlada, sus labios gruesos y rosados.

-Pues, ¿ajá qué?-pregunté acercándome más a ella, bailándole cómo un payaso ridículo.

Ella aceptó bailar conmigo, diciéndole a los chicos de la banda que tocaba con timbales y acordeón a que cambiaran «La champeta por vallenato».

Me entrelaza sus largos brazos sobre mi nuca y, aunque quedara baja de estatura a la mía, ella logró acomodarse y mis manos se posaron en sus caderas, dejándonos llevar por el ritmo de la música. Yo solo amaba tocar flamenquillos y demás música folclore, pero esa me gustó. Me mecí en el aire junto con sus brazos, esos brazos que me arrullaban al ritmo del famoso "vallenato", me sentía repuesto... hablamos hasta que amaneció, mi borrachera fue mostrada en cuanto la resaca comenzó a pasar factura, no sin antes llegar a la habitación número 126 del Marriot Hotel, Playa dormida. No fueron besos ni arrumacos, tampoco folleo intenso de una noche como el animal que acostumbraba a ser, fue solo hablar de nuestras vidas, lo poco que supe de ella fue, que estaba estudiando relaciones internacionales, negocios y más.

Una mujer que dejó mi corazón lleno de esperanza y oportunidad y que con su voz sanadora, curó el quebrado lado de mi infeliz motor. ¿Alguna mujer así podría borrar la huella que Constanza había dejado en mí?.

-No creo que nos volvamos a ver Tano, pero fue todo un placer coincidir contigo-, exclamó la chica de cabellos negros.

Sus labios articulaban un dulce "Descansa", antes de caer rendido a los brazos de Morfeo, pregunté entre balbuceos su nombre, a lo cual ella respondió con su dulce y firme voz; -Soy Catalina, no me olvides-.

(***)

Desperté anonadado, preguntando y preguntando, -¿En donde esta ella?-, pero nuevamente me encontraba solo, en esa calurosa habitación de hotel, una lujosa por cierto y qué, además habían tres borrachos más conmigo.

Me levante mareado, con una nota de papel pegada a mi frente que, con fina letra a carta decía; -«Catalina, no me olvides»-, sonreí al leer ese nombre tan chusco y aumento más mi jaqueca por la transición de desintoxicación que estaba llevando mi cuerpo. Entré cómo pude a la ducha, me sumergí en la tina, dejando mis piernas largas de fuera, ¿Por qué no harán tinas para personas que miden 192cm?.

Remoje mis pensamientos por un rato y una fastidiosa voz me hizo salir de ellos nuevamente, volviéndome a la realidad amarga, un compromiso fallido y fracasando como siempre en todo.

-Se mira re divertida esa tina, haga espacio gil-dijo Nath, que se había despertado hecho un desastre.

Salí de la tina luego de bañarme y dejarle el mugrerío a quien sabe, enrollando un albornoz en mi cintura, dejando caer las perlas de agua que resbalaban en mi torso, brazos y piernas.

-Pidamos desayuno en la suite, no quiero ni ver la luz del sol, ¡apáguenla!-, grito Luis Pedro, quien había amanecido sobre Javier en una maraña de cuerpos.

-¿Cuál desayuno? Larguémonos de aquí, mi padre me espera en Industrias y debo darle una buena explicación, ya saben sobre qué- espete amargamente.

Termine de colocarme lo que traía en la bolsa provisional que siempre llevaba, gracias a mi nana que me consentía y solapaba mis actos de estupidez.

(***)

Aterrice ya hace doce horas, haciendo escala en Colombia y luego a Madrid, debía estar prolijo para que mi padre me recibiera, no sólo con la madriza que me daría por romper el compromiso con Constanza sino también, la relación comercial entre Industrias Rodríguez e Industrias DiVaio.

Enfundo mi cuerpo en un traje gris perla, camisa blanca y mocasines color café, peino mi cabello negro hacia atrás, terminó de aplicarme la loción Polo Code que tanto me gusta y salgo listo para conquistar el mundo.

Enfilándome hacia la puerta de mi apartamento, siento como alguien sale corriendo de enfrente de mi puerta, trato de abrirla de inmediato, pero no veo a nadie, cuando estoy dispuesto a salir, tropiezo con una cesta llena de sábanas rosa...

La curiosidad me mata y me poso a la altura de la cesta.

-¡Veamos que hay aquí!-exclamó con tono irrisorio.

Vaya sorpresa, cuando destapó la cesta y encuentro a un ser indefenso, con mejillas regordetas y de color rosa... un bebé.

-«¡joder, un bebé!»-, veo por todos lados a ver si hay alguien acompañándo la cesta, no veo nada hasta que el bebé empieza a incomodarse en la misma, soltando un chillido estruendoso.

Una nota sobre los pies del pequeño y mi mundo cambió por completo, palidecí y sude frío, lo que me faltaba, ¡Dios!

«¿Recuerdas esa noche alocada en Málaga? Aquí te dejo el recordatorio de tu promesa antes de llevarme a la cama, se llama María Elvira, cuídala por mí».

Capítulo 2 1. La locura en Málaga

Tano:

Hace un año:

Para un hombre como yo, con tantas mujeres, y siendo un loco soñador, bohemio y despreocupado, no me era difícil conseguir lo que quería, eso sí. Lujos no tenía alguno pero mi padre no me desprotegía, soy el hijo más pequeño, mi madre murió dándome a luz.

-¡Uf, churro! Que te he visto en otra parte- Dijo una de las chicas de la disco en Málaga.

La sala Gold, era la más famosa discoteca del momento, Demasiadas mujeres bailaban al ritmo de Karol G y su pegajosa canción Don't be shy.

-Me haz visto en tus sueños, muñeca-dije haciéndole un guiño seductor y atrevido.

Mi guitarra siempre me acompañaba, era la única que sabía los momentos de derrumbe que tenía. Mi prometida, una siciliana preciosa que, llevaba varios meses extraña, me hacía pensar una y otra vez en aceptar el cargo como ceo en la empresa de mi padre. Constanza DiVaio, una modelo de prestigio, hija de un socio comercial de mi padre, tenían pactado un matrimonio para consolidar sus empresas y así, empezar una nueva etapa de sociedad entre ambas familias...

-¿vamos a tu apartamento o al mío?- Dijo la rubia de ojos café que me invitaba a pecar. La apretuje a mi pecho, haciendo que sintiera como tenía de dura mi entrepierna y hacerla decir mi nombre en voz alta, era lo que necesitaba para sacarme la absurda idea que tenía en mi cabeza.

Como siempre, mi primo Nathan; un borracho y vividor que se colgaba de mis beneficios, era él, el que me apoyaba en el acto de patán, de poder dominar a cuanta mujer se me ponía enfrente. Soy irresistible, lo sé. La gallardía que me cargo es increíble.

¿Se podrá amar a una sola mujer? No lo sé, amo a Constanza y de eso yo no tengo dudas; Constanza ha estado extraña estos meses, aunque ella quiere que cambie de vida, que me vuelva responsable y que acepte la oferta de mi padre al dirigir Rodríguez Industries, pero mi lado loco, bohemio y despreocupado no me permitía aceptar tal oferta. Me hacía feliz el viajar por el mundo, solo con una mochila y mi guitarra, y, si Constanza me quería así, yo era feliz. ¿Egoísta, cierto?

-Solo le diré a Nathan que me dé las llaves del coche y nos vamos, preciosa-mordí el lóbulo de su oreja y me encamine hacia la barra, donde el idiota se encontraba bebiendo e invitando tragos a todos los que se sentaban cerca de él.

-¡Ostia, tío! Que me vas a quebrar si seguís invitando a la plebe a beber a costa mía- espete en modo de broma.

Los presentes comenzaron a reírse de lo que había dicho, mientras Nath, estaba rojo de la vergüenza.

-Solo quiero las llaves del coche, te enviare la ubicación en donde estaré y te espero allá-extendí mi mano para tomar las llaves del coche, él me dedico una mirada irrisoria y levantó su copa.

-¡Qué aproveche el festín, gil-, brindó con todos y me retire de ahí, con rubiales. Listos ya para una nueva noche de pasión.

Vamos directamente al apartamento que arrendamos para pasar la semana completa, obviamente, a esta chica ya no la vería más así como las otras del pasado, siempre he sido precavido al momento de hacer estas cosas.

-¿Te gustó en serio?-le pregunté a la bella mujer que estaba haciendo de copiloto.

Ella me dedico una sonrisa ladina, posó la palma de su mano en el dorso de la mía y el destello de sus ojos hipnóticos, me dieron la confianza de no solo quererla para una noche, sino para varias sin ningún compromiso. Las ganas de poseerla no se hicieron esperar y aparque el coche, me quite el cinto de seguridad, abrí la puerta de atrás del mismo y la jale directo, la senté sobre mi y empezó el fogueo, sentir su piel con mi piel, fue un éxtasis, uno adictivo. El vaivén de sus caderas me hizo nublar la vista y terminar lo que había empezado.

Como si nada llegamos de igual manera al apartamento, decidí beber con ella hasta perder la conciencia, el anisado era muy fuerte y delicioso, no lo cambiaba por nada. Tomé unas cuantas onzas del líquido incoloro y me quedé fundido en los brazos de esa rubia de nombre común... Pilar.

(***)

La luz del sol se filtro por la ventana, el resquemor que lastimaba mis ojos avellana, me hicieron despertar de golpe, en mi cama solo estaba yo en bóxer, desorientado traté de atar cabos de lo que había pasado anoche y no encontré pista de nada.

Tome mi celular, llame a Nath para saber donde estaba, pero, el timbrar de su teléfono había dado luz verde a mi tranquilidad, había llegado a casa. Me preparo para ir a la ducha y terminar mi recorrido en Málaga, una noche alocada, una buena rubia y... caigo en cuenta que no me cuide. ¡Pero que tonto!

-¡Vaya! Ya era hora que despertaras tío, que se me ha quedado pringando el olor de la musa que tenía ayer. Estaba buena, ¿Qué no?-me dedico una sonrisa mediocre. No quería ni imaginar si Pilar, también había compartido cama con ese tonto.

-¿compartiste cama con ella?-indague.

El solo frunció el seño y me terminó de despertar su risa estruendosa, negando lo que yo suponía y quedarme tranquilo con la semirespuesta que me había dado. Desayunamos normal, Luis Pedro y Javier quedaron en juntarse con nosotros en Sevilla, quedamos en ver la copa del rey juntos y perdernos entre la multitud. Era un total aficionado a la liga española, a decir verdad y me consideraba demasiado fiestero para celebrar este tipo de cosas.

La resaca ya no ejercía en mí, así de enfermo alcohólico soy. No me culpen.

Terminamos en uno de los sport bar viendo la final qué se disputaba con el Sevilla y el atlético de Madrid, la fiesta no se hizo esperar ya que el campeón se veía venir por los resultados.

De nuevo, entre esas olas de personas, estaba ella ahí. ¿Me estaría siguiendo? No lo sé.

Pilar se encontraba ahí festejando, con otras tres mujeres, no sé si era el destino, pero esto me parecía más que una señal. Me encamine hacia dónde ella estaba, cuando me vio solamente sonrió y se quito un mechón de cabello que obstruía la vista de su rostro. Es una mujer bella, pero no para mí.

Constanza se encontraba arreglando algunas cosas en Sicilia y, por ello estaba en completa libertad de andar por donde yo quisiera y haciendo de las mías. Algún día pagaría todo lo que estaba haciendo...

-¿Qué me estas siguiendo o cómo?-se mordió el labio de abajo, con tal sensualidad que me ponía la mente a maquinar en mi próximo movimiento.

Su cabello rubio, sus ojos verdes, su figura de guitarra y... sólo recordar lo que había pasado en el auto, me encendían por completo.

-¡Qué no, quisieras! La misma pregunta me la he hecho yo, niña. Que gusto en serio coincidir ahora aquí de nuevo-exclame.

Ella se prendió de mi cuello, estampó un beso en mi mejilla y decidí pasar con ella nuevamente la parte de la tarde y noche. Era una locura.

-Te prometo que, en cuanto termine de arreglar unas cosas en Madrid, regreso a por ti, y me caso-le dije entre gemidos y suspiros.

Esa mujer me enloqueció, no quería regresar a Málaga solo; la lleve conmigo y nos despedimos al día siguiente. Mis amigos estuvieron de broma en broma en el camino a casa, haciéndome recordar lo que le había prometido a la pobre chica. Pero esa, esa siempre fue mi táctica para mantener amoríos con otras mujeres, Constanza era la excepción en la lista ya que ella es la hija del socio de mi padre y, no podía poner más problemas a la enorme lista que le tenía a mi padre.

-¿Por lo menos le pidió el número a la nena?-preguntó Nathan, quien se mostraba más que interesado en Pilar.

Fruncí el ceño, obviamente, aunque yo era un casanova, no me gustaba compartir mujer con nadie, aunque sólo un par de veces haya estado con la chica.

-¿Acaso te ha gustado? Es de guarros preguntar por la mujer del otro- exclame molesto.

Él solo me vio y rio,-¿De qué te reís?-exclame.

-de nada. Solo era una pregunta normal, relajado tío.

Tras varió tiempo de volver, me sentía extraño, como si una parte de mi se hubiese quedado en Málaga, pero, no creía que me hubiera enamorado de la chica, eso pasaría si los elefantes tuvieran alas y volaran.

Toda una locura fue la que viví allá, y, así debía de quedarse.

¡LO QUE PASA EN MÁLAGA, SE QUEDA EN MÁLAGA!

(***)

No quiero hacer lo correcto, o lo que ellos quieren imponer sea correcto.

Mi padre me dio ultimátum para ceder al control total de Rodríguez Industrias y, la verdad esa propuesta me la pasaba por los... ya sabéis.

-Cayetano, sabes que yo ya estoy viejo, tus hermanas me necesitan con tiempo-exclamó.

Mi padre se había casado de nuevo y había tenido dos hijas. No tenía nada contra ellas, pero con la mujer que se caso, sí.

-No son mis hermanas, papá. Además, antes de que mueras o te enfermes, falta mucho tiempo para eso. No puedo aceptar esto papá.

El me vio molesto, y acotó con desdén.

-Me vale un porro, debes aceptar y se acabó. Tenéis exactamente cinco meses para pensarlo. Ya es demasiado tiempo y prórroga. Si no decides en ese tiempo, venderé todas las acciones y te quedas en la calle. Gilipollas-se levanta de la silla, se acomoda el saco y se enfila directo a la puerta, dejándome completamente solo y con las palabras en la boca.

Lidiar con mi padre era difícil, más en esta situación pero, me tenía tomado de las bolas, no podía dejarme en la calle y menos, vender lo que tanto le costó y a mi madre también.

Debía dejar las locuras de lado.

Capítulo 3 2. ¿Pañales y biberones

Tano:

En la actualidad

-¡JODER, JODER! Esto es una broma-dije al borde de un shock nervioso. Esto, definitivamente me tomaba por sorpresa. ¿Qué haría yo con una bebé?, si soy un completo inútil, mi nana me cocina, lava y plancha.

Ya se me hace tarde como para plantearme que soy "padre" esto, esto es una confusión.

Sacó el móvil, inmediatamente llamó a Nath, de seguro él, sabrá que hacer. De dos timbrazos, el bicho este me responde con su voz ronca y adormitada, odiando al mundo completamente. Me vale una madre.

-¿Qué pasa tío?, son las siete y pico de la mañana, joder-exclama en modo de protesta.

Suelto un suspiro hondo, tomando a la niña de la cesta, se remueve en mis brazos incomoda, genial. ¡Ya somos dos!

-Estoy en serios problemas, necesito que vengas urgente a la oficina de papá, también quiero que pases a un supermercado, necesito pañales y biberones-espetó con molestia, la niña no deja de quejarse.

-¿Pañales, biberones... que coño esta pasando?-dice asombrado, ya despabilado.

¡Dios, dame paciencia!

-Me vinieron a dejar a una niña en una cesta, el problema no es que no quiera cuidarla, el problema es que la madre es una de las tías que me he follado quien sabe cuando. Necesito ayuda urgente y ya es tarde. Debo salir y no tengo con quien dejarla-exclamó frustrado, de fortuna la niña dejó de quejarse y se durmió en mis brazos.

Trato de acomodarla en el sofá, pero no puedo y ya es tarde.

-¡Mierda, mierda! ¿Dónde está Marina?-pregunta exasperado por mí nana, la cual hoy, tiene el día libre.

-Hoy es su día libre, no puedo molestarla, haga lo que le pedí y me alcanza en la oficina. No puedo dejar a la bebé aquí sola.-cuelgo el teléfono y me pongo en marcha, la meto de nuevo en la cesta gigante, bajo el ascensor y me enfiló al parqueadero, veo que los mismos socios del edificio me miran con desagrado, me importa un pepino.

Engancho con los cintos de seguridad la cesta, me subo al piloto del auto y me voy directo a la empresa, papá no estará de humor con tanto que llevo para contarle. La bebé empieza a sollozar, supongo es por la posición y el lugar incomodo, que sé yo. Gracias al cielo estamos ya a unos pocos metros de entrar al parking del edificio. Terminó de aparcar, me salgo del auto y estando a unos veinte pasos de distancia, recuerdo que la niña se quedó en el auto, corro para verla y ella está ahí, dedicándome una mirada seria. ¿Será que entiende que soy un tonto total? Pueda que sí.

-Perdóname, no tengo una idea de como tratar con niños y peor, de tu edad-trato de explicarle y sé, no me entiende un pepino.

Ver sus manitas tan pequeñas me causa ternura, pero debo de ir de inmediato a servicios familiares y ponerla a merced del estado, ni siquiera sabría si es mía, me he cuidado en todos los encuentros que he tenido.

Ahora sí, vamos juntos hacia el elevador, presionó el botón del piso 21, con una niña en brazos que de seguro tiene hambre, mandare a pedir Nuggets de pollo para darle y algún refresco, sí, seguro.

Entro al fin a las instalaciones donde se encuentra mi padre, con 45 minutos de retraso, entró como si nada al recinto, del bullicio de las computadoras, impresoras, gente murmullando y algún que otro tipejo cantando flamenquillo en horario laboral, el silencio sepulcral se hace notar y palpar en cuanto me ven con la bebé en brazos.

-Demasiadas bocazas abiertas-espete irritado.

De inmediato, todos aplacan mis palabras y nuevamente se dedican a "trabajar" siendo lo que menos hacen por acá.

-Señor Cayetano, ya lo anunció-dice Raquel, la recepcionista más vieja que tiene la empresa, la que forma ya parte del inventario.

-Que no me digas señor, Raquelita. Con que me digas Tano, es más que suficiente-Ella sonríe y cuando me ve detalladamente, se queda perpleja.

-Ella es María E, la hija de una buena amiga. No tenía quien la cuidara y me ofrecí a hacerlo pero, no tengo puta idea de que hacer-digo, meciendo a la bebé en mis brazos, veo que se durmió y eso, en cierta parte me hace entrar en calma.

-Se nota, querido. Dame aquí a ese retoño que de seguro tiene hambre, frío y necesita un cambio de pañal-dice en tono preocupado.

Se la entrego de inmediato, -Manda a pedir unos Nuggets de pollo y un refresco, cárgalo a mi cuenta y dale de comer-acotó sin más. Ella me ve con una cara de susto y risa, no se como pero, es graciosa.

-Tano, esta bebé tiene a lo mucho unos cuatro meses. No come aún más que sólo fórmula o leche materna. No podemos darle Nuggets, ahora, dame la pañalera-exclama.

No sé ni que es una pañalera, Dios.

-¿Qué es eso? No sé, pero si son pañales, Nathan debe de traerlos y unos biberones, te la encargo, voy a con papá-estoy a punto de girarme para entrar al despacho de papá pero, inmediatamente Raquel me toma del brazo.

-Dicen que las señoras de mi edad, con el tiempo adquirimos más sabiduría. ¿De dónde sacaste a esta niña? Ella no es hija de una amiga. Tiene tus rasgos, recuerda que yo te conocí de crio-dice con su voz risueña y a la vez asustada.

No puedo mentirle a este pan de Dios.

-Me la llegaron a dejar a la puerta, Raquel. No sé quien será o si es una pésima broma. No puedo criar a esta bebé, ni siquiera se que darle de comer... prometo que resolveré esto, mientras, debo de entrar con papá a decirle que acepto ser el ceo de esta empresa pero que no hay boda con Constanza DiVaio.

Ella se queda atónita, la bebé sigue dormida y yo, paso los dedos sobre mi cabello, con un toque de ligera preocupación. No puedo demostrar que estoy asustado y muriendo, no puedo.

-Esta bien, yo me encargo de esta belleza. ¿Me puedes dejar la tarjeta de crédito? Esta bebé necesita un baño, ropita y demás cosas... yo te ayudare en lo que pueda-me abraza fuertemente y agradezco tener una mano amiga en estos instantes.

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