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El Novio Indeseado

El Novio Indeseado

Autor: : Emma Brown
Género: Romance
Helena Windsor, era la hija perfecta y heredera.Todo su mundo se tambalea cuando su familia la obliga a casarse con Gabriel Devereux, el arrogante y despiadado heredero de una de las familias más poderosas del continente. -Entiendo, será un maldito infierno. Espero estes preparado. Gabriel sonrió con verdadero interés. Al parecer no era del agrado de su prometida. -¿Es una amenaza? Ella tomó su taza de té con la delicadeza de una reina y respondió a su novio indeseado sin mirarlo:-Tómalo como quieras.

Capítulo 1 El acuerdo del abuelo

Es una verdad no escrita entre las familias ricas que las hijas no se casan por amor, si no por estrategia.

-He arreglado tu compromiso.

Hablo Lord William Windsor, abuelo de la joven.

El mundo se detuvo por un microsegundo. Helena Windsor parpadeo incrédula.

-¿Perdón, estas hablando enserio?

Helena era consciente de que ese momento llegaría, pero jamás espero que fuera tan pronto. Se removió en el asiento con incomodidad.

-Te vas a casar. Con el hijo de un viejo amigo mío. Se llama Gabriel Devereux. La boda será en seis meses. Todo está más que listo.

Helena lo miró como si acabara de decirle que iba a casarla con un cactus.

-¡Esto no es el siglo XIX! ¡No puedes decidir por mí como si fuera un jarrón de colección!

-Sí puedo -replicó él sin titubear-. Eres la heredera de esta familia. Y esta unión es estratégica. Además de haber otros intereses.

-¿Y el amor, abuelo? ¿Qué pasó con eso? No quiero casarme con un desconocido. Me niego. -Replico la joven.

Lord William miro a su nieta, acaso había mencionado la palabra amor.

-El amor viene después... con suerte. Y si no, siempre puedes divorciarte en cinco años. Pero cumplirás con tu deber. No eres una persona normal así que no puedes darte el lujo de elegir.

Helena sintió cómo se le formaba un nudo en el estómago. Había sido educada para resistir, para mantener la postura, para no mostrar debilidad. Pero eso... eso era demasiado.

Sabía que, si se negaba, pondría en riesgo la estabilidad de su madre, su hermana, su nombre, el negocio familiar. Por primera vez en años sintió el peso de su apellido.

-Esto es una locura, no deseo casarme, dime que existe otra opción. Algo que no involucre un anillo.

-No la hay Helena, si no cumples quedaras desheredada y lo sabes.

Helena apretó los puños con fuerza, era joven, soñaba con casarse por amor, no por un maldito contrato que la atara.

-Me casaré. Pero en cuanto termine el contrato, presentaré mi divorcio.

Su abuelo asintió satisfecho.

-Sabía que tomarías la decisión correcta. Eres sensata Helena. La persona ideal para cerrar este trato. No me decepciones. No quiero escándalos, deben de fingir frente a la sociedad de que son un matrimonio real.

🌹🌹🌹🌹

Semanas después, en una lujosa cafetería en el centro de Londres, se llevó a cabo la primera cita.

Helena llegó puntual. Se sentó en una mesa privada, pidió un té de jazmín, y esperó.

Y esperó.

Y esperó.

Veintisiete minutos tarde -sí, los contó- apareció él.

Gabriel Devereux.

Era guapo. Molestamente guapo. Alto, mandíbula marcada, barba de tres días perfectamente desprolija, y una sonrisa relajada que lo hacía parecer encantador y arrogante al mismo tiempo. Parecía el tipo de hombre que no busca agradar.

-¿Helena Windsor? -preguntó, sin quitarse las gafas de sol hasta después de sentarse frente a ella-. Eres aún más estirada de lo que pensé. La joya de la familia Windsor.

-¿Y tú eres aún más... tonto de lo que esperaba? -replicó ella, sin levantar la voz.

-Eso fue rápido, voy a dejarte algo claro princesa: no me interesa casarme, menos con una niña arrogante como tú.

Helena sintió el golpe, al parecer su matrimonio sería un campo de batalla.

-Al parecer estamos en la misma situación, si me tocara elegir, jamás me casaría con un imbécil como tú.

Gabriel se encogió de hombros y levantó la mano para llamar al camarero.

-No me interesa impresionarte. Yo tampoco pedí este compromiso. Mi padre firmó el acuerdo mientras yo estaba buceando en Bali. Cuando me llamaron, pensé que era una broma.

-Entonces... ¿por qué viniste?

-Porque mi papá me amenazó con desheredarme y dejarme en la calle, este acuerdo vale millones.

Helena sabía que no tenía opción, debía de estar cinco años al lado de ese tonto. De solo verlo le resultaba insoportable.

Gabriel se inclinó hacia ella, sonriendo con una mezcla de diversión y desinterés.

-Mira, esto va a pasar nos guste o no. No soy refinado y no tengo ningún interés en tus cenas de gala. Evita molestarme.

Gabriel era guapo, magnético e insoportable.

Helena suspiró de manera pesada.

-Entiendo, será un maldito infierno. Espero estes preparado.

Gabriel sonrió con verdadero interés. Al parecer no era del agrado de su prometida. En realidad poco le importaba.

-¿Es una amenaza?

Ella tomó su taza de té con la delicadeza de una reina y respondió sin mirarlo:

-Tómalo como quieras.

🌹🌹🌹🌹

Helena caminaba de un lado al otro por la amplitud de su habitación. El eco de sus tacones contra el mármol blanco retumbaba como un metrónomo de impaciencia. Se había quitado el abrigo de cachemira y lo había dejado caer sobre una silla, en ese momento no podía pensar en nada más que en él.

-Dicen que Gabriel es guapo -comentó Amanda Windsor desde la cama, con una voz cantarina-. Te envidio, Helena, te casarás con un hombre sexy.

Helena giró de golpe, con el rostro tenso, y clavó en su hermana menor una mirada que podría congelar un océano.

-Es un imbécil. -La palabra salió cargada de veneno-. Si lo hubieras visto... odia nuestro compromiso tanto como yo.

Amanda, con diecinueve años recién cumplidos y todavía con ese aire travieso de quien observa el mundo como un juego, no pudo evitar soltar una risita divertida.

-Al parecer, logró hacerte enojar. Y eso, hermana, es casi imposible.

Helena se dejó caer sobre el sofá, su matrimonio no le generaba alegría.

-Nunca pensé que me casaría sin amor... -susurró, más para sí misma que para su hermana.

Amanda inclinó la cabeza hacia un lado.

-Eso ya lo sabíamos, Helena. Una Windsor se casa por compromiso, no por amor.

El silencio se instaló por unos segundos. Afuera, el viento agitaba las cortinas de lino.

-Lo sé, Amanda -dijo finalmente Helena.

Amanda se levantó de la cama y caminó hasta sentarse junto a su hermana.

-Quizá no sea tan malo. Dicen que los opuestos se atraen. Y tú eres perfección... mientras que él es... caos.

Helena soltó una carcajada amarga.

-¿Opuestos que se atraen? No. Ese hombre es un huracán. No deseo casarme mas no tengo opción.

Amanda la miró con compasión.

-Quizá el amor llegue después. A veces, las historias que menos esperamos son las que terminan marcando nuestra vida.

Se levantó, recuperando la compostura.

-Cinco años, Amanda -dijo con voz firme, casi solemne-. Y luego seré libre. No puedo perder mi herencia por ese imbécil.

Capítulo 2 El anuncio, ¡Y el anillo!

El hotel Savoy estaba resplandeciente esa noche. Cada detalle, desde las luces cálidas hasta las columnas cubiertas de flores frescas, gritaba "lujo británico de vieja escuela". Era el escenario perfecto para anunciar el compromiso del año... si es que los protagonistas no se odiaran en silencio.

Helena bajó de la limusina con la gracia de una reina. Debian de anunciar su compromiso al mundo y demostrar cuan enamorados estaban.

Gabriel apareció justo a tiempo, con un traje negro perfectamente entallado y el mismo desaliño encantador de siempre.

-Puedes fingir que te importa -le reprocho Helena a su esposo.

Helena sonrió en todo momento, aunque por dentro deseaba golpear a su prometido.

-No puedo fingir algo que no siento, estoy aquí, eso debería de ser suficiente.

La prensa estaba ahí. Los flashes explotaban como fuegos artificiales. Era el evento social del mes.

Y entonces, Gabriel lo hizo.

Sacó una pequeña cajita de terciopelo azul y, frente a todo el mundo.

No se arrodilló. No pensó que fuera necesario, a fin de cuentas, todo era una farsa.

Helena tragó saliva.

Abrió la caja.

Silencio.

Dentro había un anillo.

Un anillo muy sencillo. Una fina banda de oro con una piedra redonda apenas perceptible. ¿Era eso... circonita? ¿O una lágrima de ángel sin presupuesto?

El murmullo entre los periodistas fue inmediato. Los rumores eran que Helena Windsor, heredera del imperio Windsor, recibiría una joya de 10 quilates, quizás una reliquia de la corona o un diamante rosa de los que aparecen en subastas millonarias.

Pero no. Ahí estaba ella. Frente a decenas de cámaras. Con un anillo que parecía salido de una tienda vintage de segunda mano.

-¿Te gusta? -preguntó Gabriel, con esa sonrisa burlona en los labios.

Helena tenía ganas de tomar por el cuello a su arrogante prometido y darle una lección.

-Es tan pequeño y sin gracia.

-Menos, es más, dicen por ahí.

Las cámaras captaron la escena desde todos los ángulos. El video se volvió viral en cuestión de horas. El titular más compartido decía:

"El diamante invisible: ¿Gabriel Devereux juega al anticapitalismo con Helena Windsor?"

Lo peor para Helena no era el anillo. Ni siquiera Gabriel.

Era que el mundo entero comenzaba a notar algo raro... debían de mantener las apariencias.

Gabriel no quería casarse con ella, al menos tenía la responsabilidad de fingir que era real, que estaban enamorados, aunque no fuera de esa manera.

Su abuelo no tomaría una decisión tan apresurada solo por casualidad y ella no era estúpida, debía de investigar que había detrás de ese compromiso tan apresurado.

Helena se obligaba a sonreír.

Por dentro solo quería arrancarse el anillo y arrojárselo a la cara de Gabriel.

Cuando finalmente logró soltarse de la multitud de curiosos, periodistas y fotógrafos, caminó con paso firme hacia el baño privado del salón.

-¡Ese imbécil lo hizo para burlarse de mí! -escupió furiosa, mirándose al espejo. Sus manos temblaban mientras sostenía la pequeña joya en su dedo-. Solo mira esta baratija... mañana estaré en boca de todos.

Amanda entró poco después. Cerró la puerta y cruzó los brazos, observando a su hermana como si fuera un espectáculo.

-Bueno... es minimalista, ¿no? -intentó bromear, inclinándose para mirar más de cerca el anillo que brillaba apenas bajo la luz del tocador. En verdad, más parecía una burla que la unión de dos imperios.

Helena giró la mano con rabia, como si el objeto la quemara.

-Esto no es minimalismo. Es una provocación. Se atrevió a humillarme en público y ni siquiera tuvo la decencia de arrodillarse.

Amanda suspiró y apoyó la espalda en la pared, cruzando las piernas con calma.

-No lo tomes a mal, hermana. Solo es un contrato, ¿recuerdas? No es como si él te amara ni tú a él. Es un negocio.

Helena cerró los ojos y respiró profundamente, intentando que la ira no la consumiera por completo.

-Lo sé -murmuró con voz contenida-. Sé que es un contrato. Pero lo que me enoja es que lo hace para molestarme. No es ingenuidad, Amanda, es intencional.

Amanda sonrió con esa picardía juvenil que siempre la caracterizaba.

-Quizá, pero tampoco exageres. A los hombres se les da fatal esto de los detalles. Seguro fue a la primera joyería barata y dijo "esa, la que brilla poquito" sabes que los chicos son un poco... tontos.

Por primera vez esa noche, Helena dejó escapar una sonrisa breve.

-En eso tienes razón. Nunca dejes que un hombre escoja nada importante. Ni anillos, ni vestidos... ni matrimonios.

Las dos rieron suavemente.

-Esto no se quedará así.

🌹🌹🌹🌹

Mientras tanto, en el salón principal, Gabriel estaba en su salsa. Rodeado de empresarios.

Algunos lo felicitaban con cierta incomodidad, otros murmuraban a espaldas, preguntándose si aquello era real o una alianza.

Cuando Helena volvió al salón caminó hasta él con paso firme y se colocó a su lado.

-Querido -dijo Helena-Tenemos que hablar.

Él bebió un sorbo más de whisky y se inclinó apenas hacia su oído.

-Dame un segundo mi amor, estoy algo ocupado.

Capítulo 3 El diamante invisible y la furia elegante

Helena sujetó el dobladillo de su vestido dorado con una mano, y con la otra, el ridículo anillo que parecía una muestra gratis de feria. Subió las escaleras del hotel.

Entró al salón privado y cerró la puerta con un clic tan suave como amenazante.

-¿Esto es una broma para ti, ¿verdad? Me humillaste a propósito.

Él se tiró sobre el sofá como si estuviera en su propio apartamento, aflojándose la corbata con una calma insolente.

-No veo el problema -respondió con un encogimiento de hombros-. Era un anillo. Cumple su función simbólica. Además, para que gastarme una millonada si solo es un contrato.

Helena lo miró con una intensidad que habría reducido a cenizas a cualquier otro hombre.

-Eres un idiota.

Gabriel se reclinó en el sofá, divertido.

-Vamos, Helena, ¿de qué sirve comprar algo de medio millón si esto es solo una farsa? No durará mucho. No hagas tanto drama. En unos años ni te acordarás de mí. Así que déjame existir tranquilo.

Ella inspiró hondo, enderezándose.

-Puedes burlarte todo lo que quieras, Gabriel, recuerda que representamos a nuestras familias.

-Deberías de pedir la cancelación del compromiso Helena, te ahorrarías tantas molestias.

🌹🌹🌹🌹

Gabriel salió ajustando los puños de su camisa. Odiaba esos eventos llenos de gente estirada.

-¿Todo bien? -preguntó una voz a su derecha. Era su mejor amigo, Lucien Moreau.

-Todo fantástico -respondió Gabriel con sarcasmo.

Lucien lo observó con incredulidad.

-Se trata de una Windsor -murmuró-. Esa mujer ha rechazado a hombres que le habrían regalado islas enteras. Y tú llegas con... eso. Una baratija de supermercado. ¿En serio?

Gabriel levantó las manos en señal de inocencia.

-Pensé que era lindo. Además, ¿para qué gastar tanto si todo esto es teatro? Solo estamos fingiendo. En unos años terminará y seguiremos con nuestras vidas. No veo el problema.

Antes de que Lucien pudiera responder, la voz grave y poderosa de su padre los interrumpió.

-¿¡Qué demonios fue eso, Gabriel!?

Lord Edmund Devereux se acercó. Su porte impecable, su rostro duro y su mirada de acero hicieron que varios invitados bajaran la voz alrededor.

-¿Papá? Hola -Gabriel intentó sonreír, pero su padre no estaba de humor.

-Esa joya que mostraste... ¿cómo se te ocurre entregar esa baratija a una Windsor en una ceremonia pública? ¿Quieres que los periódicos te llamen tacaño o simplemente estúpido? -su voz resonó como un trueno.

Lucien, incapaz de callar, se unió a la reprimenda.

-Tu padre tiene razón. Esa mujer ha sido pretendida por príncipes, banqueros, magnates... y tú apareces con un anillo que parece comprado en un mercadillo.

Gabriel arqueó las cejas, sorprendido por tanta indignación colectiva.

-No es para tanto. Es un anillo bonito. Y, además, ¿no se supone que "menos es más"? No quería opacar a la novia.

-¡Arregla esto! -rugió Lord Edmund, y su voz hizo eco en los corredores, atrayendo algunas miradas curiosas.

Gabriel suspiró, pero alzó la vista justo a tiempo para ver a Helena al otro extremo del lobby. Ella sonreía con perfección ensayada, rodeada de fotógrafos y admiradores, mientras el anillo sencillo brillaba en su dedo como una cruel ironía.

-Está bien, lo arreglaré -murmuró finalmente.

Lord Edmund lo fulminó con la mirada.

-Si sigues jugando de esta manera arruinaras nuestra reputación y eso no puedo permitirlo.

Gabriel no respondió. Se limitó a tomar otra copa de whisky.

🌹🌹🌹🌹

El eco de los tacones de Helena resonaba por los pasillos de la mansión Windsor mientras avanzaba con paso firme hacia el despacho de su abuelo.

Aquella mañana había visto los titulares, los comentarios en los foros, los programas de televisión satirizando su compromiso. Todos hablaban del anillo invisible, del "desdén romántico de los Devereux", del contraste humillante entre el poderío de su apellido y la aparente indiferencia de su futuro esposo.

Se detuvo frente a la imponente puerta de madera tallada y respiró hondo antes de entrar.

Lord William Windsor la esperaba sentado en su sillón de cuero, con el periódico abierto sobre el escritorio y la copa de brandy medio llena. Alzó la mirada, y en sus ojos brillaba una calma inquietante.

-¿Ya viste lo que dicen los medios? -preguntó Helena sin rodeos, cerrando la puerta tras de sí-. No crees que... este matrimonio es un error abuelo. Gabriel me odia, además de dejarme en ridículo frente a toda la ciudad.

El anciano esbozó una sonrisa tranquila.

-No te preocupes por eso. La prensa se alimenta de escándalos. Mañana habrá otro tema del que hablar.

Ella frunció el ceño, incapaz de contener la frustración.

-Ese hombre es un niño mimado. Un arrogante. Lo detesto, abuelo.

Lord William apoyó la copa sobre el escritorio con suavidad. Observó a su nieta con la misma paciencia con la que una vez había domado negociaciones imposibles.

-¿Sabes? -murmuró con voz grave-. Tu abuela también me odiaba al principio. Decía que yo era un hombre frío, demasiado calculador, incapaz de hacerla feliz. Pero el amor... el amor surgió como una hoguera, de esas que parecen imposibles de apagar.

Helena lo miró incrédula.

-No compares. Tú sabías lo que querías, abuelo. Gabriel no sabe ni lo que es levantarse a tiempo para una cita.

Él soltó una leve risa.

-Son jóvenes. Solo necesitan conocerse más, salir juntos, discutir, enfrentarse. Quizá lo estás juzgando con demasiada dureza.

Helena negó con la cabeza, el gesto rígido, su mandíbula tensa.

-No lo creo. Pero como ya te lo dije, es mi responsabilidad y cumpliré. No esperes, sin embargo, que haya amor. Eso no formará parte de este contrato.

Guardó silencio un instante, como si esas palabras fueran un juramento que debía repetirse para no quebrarse. Luego se levantó, estiró la espalda y, sin esperar respuesta, se encaminó hacia la salida.

🌹🌹🌹🌹

Mientras Helena regresaba a su habitación, repasaba cada palabra del anciano. "Necesitan conocerse más". ¿Conocerse? ¿Cómo podía conocerse con alguien que hacía de cada encuentro una provocación? Gabriel era lo opuesto a lo que siempre había soñado en un hombre.

Cerró la puerta con un golpe seco y se dejó caer en el sofá. El maldito anillo brillaba en su dedo como un recordatorio cruel de su destino. Lo giró varias veces, como si pudiera borrar con ese simple gesto la vergüenza de la noche anterior.

Amanda entró sigilosamente detrás de ella, observando en silencio.

-¿Te peleaste de nuevo con el abuelo? -preguntó al notar el gesto sombrío de su hermana.

Helena levantó la vista, cansada, y soltó un suspiro.

-No, Amanda. El abuelo está convencido de que todo saldrá bien. Pero yo... yo siento que me están arrojando a un pozo sin fondo.

Su hermana se acercó y tomó su mano con suavidad.

-Quizás Gabriel no sea tan malo como crees. A veces los hombres actúan como idiotas solo porque no saben manejar lo que sienten.

Helena rió sin humor.

-Créeme, este no es el caso.

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