Alicia:
El día fijado había llegado. No quería levantarme de la cama, como, si quedándome en ella, pudiera evitar lo que se venía.
Siempre fui una prisionera, no conozco la libertad, desde muy temprana edad, alguien me ha tenido cautiva, solo los primeros años de mi vida los viví de forma libre, pero cada vez los recuerdo menos y se van sumiendo como en una niebla de ensueños más que recuerdos.
A pesar de estar a acostumbrada, ésta vez era diferente, seguiría siendo cautiva, ahora de un nuevo dueño, pero éste tenía un documento que lo convertía en legal.
Tenía tres opciones en la vida; la primera, era escapar de aquella prisión, la segunda, quitarme la vida y la tercera, aceptar mi vida tal cual era.
La primera era sencillamente imposible, no solo por la guardia que siempre me custodiaba, sino que, con ésta gente, no hay lugar en el mundo donde me pueda esconder sin que me encuentren, menos estando sola y sin dinero. La segunda, no podía ni pensarlo, pues era muy cobarde, demasiado valiente o ambas, pero de seguro que no lo haría. Así que me quedaba la tercera opción, quedarme tal cual estaba y tratar de hacer mi vida lo más llevadera posible.
Irrumpió en mi habitación, Mercedes, ella era mi institutriz desde que mi padre murió, o mejor dicho lo asesinaron, extraño a mi antigua Nana, más en aquel momento, pues ella seguro tendría la palabra justa para calmarme, en cambio Mercedes, ella era todo seriedad, buenos modales y rectitud. Vamos... ¡una verdadera Dama de Hierro!
- ¡Alicia, ya levántate! – siempre con su mismo tono de mando – que se hace tarde para la ceremonia y debes arreglarte
- Ya voy...
Respondí mientras extendía mis brazos para desperezarme. La realidad me llamaba, o mejor dicho me daba una bofetada, otra para la colección.
- Ya voy, no es una respuesta aceptable, debes levantarte y hacerlo de inmediato
Obedecí a regañadientes, pero no me quedaba otro camino, esa mujer se ponía muy intensa a veces.
Luego de tomar un largo baño, me puse mi bata y la seguí hasta la habitación contigua. Me senté en una butaca frente a un espejo, de inmediato vino una mujer con un maletín y al abrirlo tenía todo tipo de maquillaje
- El novio la quiere sencilla – ordenó Mercedes
- Como ordene, señora
¡Sí, era el día de mi boda! y, como era de esperarse, yo no tenía voz ni voto.
La chica hizo un maquillaje sencillo, fresco y juvenil, cuando terminó y pude verme, me desconocí, estaba hermosa. El estilista hizo lo suyo con mi rebelde cabello ne*gro, lo recogió en un finísimo moño, dejando unos mechones enrulados caer graciosamente por todo el peinado. Luego de un rato le llegó el turno al vestido, si bien me había hecho pruebas, no lo había visto terminado, así que cuando lo vi en el maniquí, casi me desmayo, pero al ponérmelo, con el velo incluido, casi me pongo a llorar, ¿qué niña no sueña con ir al altar vestida de princesa, para casarse con su príncipe azul? Con la diferencia de que yo casi no conocía a mi príncipe, solo lo había visto algunas veces en todos estos años, aunque jamás olvidaría la primera vez que lo vi y como ocultaba aquel objeto plateado que brillaba, en uno de sus bolsillos.
Luka:
Por fin había llegado el maldito día, si bien aún no había comenzado, estaba deseoso de que llegara a su fin. Salté de la cama, siempre me levantaba temprano, pero ese día lo hice más tarde, como si con eso retrasara lo inevitable. Con los años me había vuelto codicioso y muy dependiente de la posición que había logrado, este era el paso que faltaba para hacerme de todos los negocios de la familia y así regentearla por completo. Don Paolo había sido muy claro en lo que deseaba. "Te he preparado durante años para que me suplentes en todos los negocios, si bien una parte será de mi nieta, tú lo manejaras por completo. Tengo mucha confianza en ti y por eso necesito que hagas esto"
Lo que continuó a esas palabras fue una bendición y una maldición al mismo tiempo, pues tendría el mundo a mis pies, todo lo que consideraba me merecía, luego de mi gran esfuerzo y mis años de dedicación, pero a un precio muy alto, debía casarme con una mujer que no amaba y casi no conocía.
- ¡No me jodas, Luka!, todavía no te vistes
Rezongó Renzo, quien era mi amigo y guardaespaldas
- Es que en realidad no quiero hacer esto
- ¿Estás loco o qué?, hoy es tu boda
- Tu sabes bien que es una farsa
- En esta farsa hay algo que es muy real
- ¿Qué cosa?
- Que la novia es hermosa
- Casi no la conozco, es más, si me la encontrara de casualidad en la calle, no la reconocería
- Yo he estado muchas veces cerca de ella, me ha tocado trasladarla algunas veces, antes de ser tu custodio personal.
- Así que la conoces bien
- Bueno, lo que se dice bien no la conozco, pero puedo decirte que es una jovencita hermosa, muy agradable y fresca. Creo que es mucho para ti
Me reí y le propiné un golpe en el hombro, al final me resigné a que tenía que pasar lo que tenía que pasar, y no podía evitarlo. Me bañé y me metí dentro de un impecable esmoquin ne*gro, gracias a Don Paolo, había aprendido a vestirme de forma elegante. Renzo trataba de apurarme, pero yo no tenía prisa alguna
- Ya, no me apures más
- Es que vas tarde, ¿acaso quieres hacer esperar a la novia en el altar?
- Me da lo mismo...
- No seas malo, Luka, te desconozco
- ¡Ah, resulta que soy malo por hacer esperar a la novia, novia que te recuerdo casi ni conozco, pero no soy malo cuando ma*to gente! – Renzo sonrió – confirmado, el mundo cada vez está más loco
- Anda, Luka, que hace mucho que no haces eso, ahora eres un hombre de negocios y, luego de ésta boda, lo serás más aún
Sin perder más tiempo nos fuimos a la iglesia, ya que la boda era religiosa, por lo civil nos habíamos casado días antes, pero como solo era firmar papeles, ni siquiera nos habíamos visto.
En unos pocos minutos ya me encontraba allí, de pie, frente al altar, esperando por la mujer que se había convertido en mi esposa.
Cuando las puertas se abrieron y la música se escuchó, puede verla ingresar, del brazo de uno de sus custodios, la pobre no tenía ni siquiera algún familiar para que la entregara, así que se le asignó alguien para que la escoltara hasta el altar.
Nunca me había detenido a pensar en el día de mi boda, siempre creí que eso era cosa de mujeres, es más, yo ni siquiera quería casarme jamás, pero las circunstancias hicieron que me encontrara allí, a punto de hacerlo.
Debo reconocer que la escena era impactante, ver a aquella joven, metida en ese imponente vestido blanco, me pareció más un ángel que una mujer. Se acercó muy lentamente, tal y como dictaba el protocolo, no tengo idea de por qué pero mi corazón comenzó a agitarse y, por primera vez en mi vida, me sentí ansioso.
Cuando llegó hasta mí, me fue ofrecida su mano y la tomé, traté de ver a través de su velo, pero era imposible. El sacerdote empezó con la ceremonia, hasta que llegó la parte importante
- Tú, Luka Dante Gentile de María, ¿aceptas a Alicia Mastrani Gentile, como tu legítima esposa, para amarla, respetarla, serle fiel y cuidarla, en las buenas y en las malas, hasta que la mue*rte los separe?
- Si, acepto – respondí sin titubear, pues era algo que debía hacer y lo estaba haciendo, ya lo de la fidelidad, lo veríamos más adelante
- Y tú, Alicia Mastrani Gentile, ¿aceptas a Luka Dante Gentile de María, como tu legítimo esposo, para amarlo, respetarlo, serle fiel y cuidarlo, en las buenas y en las malas, hasta que la mue*rte los separe? - la sangre se me heló, pues ella no respondía – Alicia, ¿aceptas? – repitió el sacerdote y noté que me apretaba con su mano el brazo, también pude sentir su nerviosismo, pues temblaba
- Alicia, debes responder – le susurré
- Sí, acepto – respondió tímidamente, al fin
- Por el poder que el Señor y la iglesia me confieren, los declaro marido y mujer, que el hombre no separe lo que Dios ha unido – el sacerdote respiró aliviado – los anillos, por favor - cogimos los anillos, los alcanzó Renzo y nos los pusimos – puede besar a la novia
¿Besar a la novia?, eso no me lo esperaba, ¿acaso uno no puede casarse sin tener que besarse? Pude notar que moría de los nervios, pero era lo que se esperaba que hiciera. Así que levanté su velo, dejando expuesto al fin su rostro. Era una criatura adorable, hermosa por demás, en otra circunstancia seguro me hubiera enamorado de ella. Estaba con la cabeza gacha, así que tomé su barbilla y la levanté. Me miró con una expresión entre miedo y tristeza, me recordó a aquella niña detrás de la cortina, eso hizo que mi corazón se angustiara, pero alejé los pensamientos y apoyé mis labios en los suyos para besarla. Lo hice dulcemente, tal es así que hasta yo me vi sorprendido, pero no quise invadirla tanto, ya era suficiente que estuviera casándose con un hombre que no conocía y que no la amaba en lo absoluto.
Alicia *recuerdos*:
Aquel hombre lleno de tatuajes que había venido a hablar con mi papá, me generaba miedo. Estaba sentado en la sala, esperando para ser atendido, mientras jugaba con la cucharita dentro de su taza con café. Yo le espiaba detrás de las gruesas y oscuras cortinas del ventanal. Pues cuando él llegó yo estaba es esta sala y no tuve mejor idea, en lugar de irme para mi habitación, que esconderme detrás de la pesada tela. Me aterraba, pero al mismo tiempo me llenaba de curiosidad. Yo apenas tenía siete años y nunca había visto un hombre así, solo en las películas que a veces mirábamos con mi primo Marco, quien era un par de años mayor y pasaba mucho en casa debido a que sus padres viajaban mucho.
Pero volviendo a aquel hombre, ese que tanto miedo me inspiraba, su duro rostro y su expresión tan seria, hacía que mis piernas temblaran; pero no fue hasta que se levantó y caminó hacia en ventanal que tenía la cortina que me ocultaba, que mi corazón palpitó con tal fuerza que pareció salirse de mi pecho
- ¿Qué hace una niña tan linda, escondida detrás de esta cortina espiándome?
Su voz era ronca y profunda, en aquel entonces me pareció un hombre muy viejo, hoy sé que tenía unos 20 años, aunque su aspecto era de mayor, y más aún para mí que era tan pequeña. No le respondí, solo lo miraba aterrada, nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Parecía realmente disfrutar del efecto que causaba en mí, sus profundos ojos celestes se fijaron en los míos, quise llorar, así que se me nublaron y bajé la cabeza. Él tomó mi barbilla y me obligó a mirarlo. Su expresión ya no era tan dura
- ¿Cómo te llamas?
- No tengo nombre – respondí, pues mi nana me había enseñado a decir eso si algún extraño me preguntaba
- Ok, niña sin nombre – y sonrió, luego acarició mi mejilla, sin soltar mi barbilla, con su dedo pulgar – nunca, entiende bien, nunca bajes la mirada por nadie, jamás permitas que te intimiden aunque te estén apuntado con un arma
"... ¿apuntando con un arma?", ¡¿qué clase de consejo era ese para una niña de tan corta edad?!
Yo fruncí en ceño y corrí mi cara, pues su contacto me desagradaba. Él se sorprendió, pero luego volvió a sonreír
- Veo que me has perdido el miedo
- Yo nunca le tuve miedo, señor, solo que no debo hablar con extraños – repliqué
- Y lo bien que haces, los extraños no solemos ser gente buena
La puerta del despacho de mi padre se abrió y el hombre desvió la mirada hacia ella
- ¡Luka!, me dijeron que querías verme, ¿qué te trae por aquí?
Luka, así se llamaba, ahora podría ponerle nombre al extraño que me intimaba. Volvió a mirarme, pero esta vez su mirada era sombría, trató de esbozar una sonrisa, pero en lugar de eso solo me ofreció una forzada mueca de medio lado
- Ojalá algún día puedas perdonarme por esto
Y, sin decir nada más, se dirigió al despacho y entró junto con mi padre.
Mi corazón no dejaba de latir con toda rapidez, me apoyé las manos en el pecho, para tratar de que no saltara. Respiraba con dificultad y mis piernas no dejaban de temblar. Luego de unos minutos, al fin pude moverme, así que salí, con mucha dificultad, de detrás de la cortina, quería llegar cuanto antes a los brazos de mi Nana, quien, seguramente, se encontrara en la cocina. Pero cuando iba a medio camino del gran salón, escuché un gran estruendo, nunca había sentido un ruido así, por lo tanto me paralicé por completo y mi cuerpo se heló. Escuché abrirse violentamente la puerta del despacho, así que lentamente volteé a ver qué sucedida, pues desde allí había venido el sonido. En ese momento salía el señor con el que me encontré anteriormente. Llevaba algo color plata en su mano, pero no pude distinguir que era, él seguía mirando hacia el interior del despacho mientras avanzaba, cuando al fin giró, se encontró conmigo y se sobresaltó, de inmediato ocultó el objeto brillante en uno de los bolsillos de su chaqueta, pude observar que sus manos ya no estaba desnudas sino que llevaba unos guantes tipo cuero de color ne*gro. Me observó por unos segundos, trató de sonreír, pero otra vez, esa mueca de medio lado, afloró. Al ver que yo me quedaba inmóvil, se acercó aún más y me dijo
- Vete a tu habitación y espera allí a que te vayan a buscar, por nada del mundo vayas a entrar en el despacho de tu padre
Asentí con la cabeza, pero decirle a un niño que no haga algo, es como incitarlo a que lo haga, por lo visto éste hombre no tenía mucha experiencia tratando con criaturas.
Luka *recuerdos*:
Mi infancia fue de lo más difícil, mi madre había muerto de una sobredosis cuando tenía seis años y, poco tiempo después, mi padre me abandonó a mi suerte. Así que estaba solo en éste maldito mundo. Me crié en las calles, eso fortaleció mi espíritu y me convirtió en el hombre duro y desalmado que soy. Nunca estuve en ningún hogar adoptivo, así que no conozco que tan bueno o tan malo hubieran sido estar en uno. Cuando fui un poco más grande, me mezclé con gente de lo peor, primero con pandilleros y luego directamente con la mafia, ésta última gracias a Don Paolo, quien me encontró deambulando mal herido debido a una puñalada en el estómago, me llevó a su casa e hizo que me curaran, salvando así mi vida pero no mi alma.
- ¿Dónde estoy? – pregunté al abrir los ojos y sentarme en la cama
- Quédate quieto que estás herido – me respondió un hombre que se encontraba en la habitación
Apreté mi herida con la mano, pues dolía y mucho. Era más que obvio que no estaba en un hospital ni mucho menos, así que obedecí, la calle me había ensañado lo suficiente como para saber cuándo me convenía obedecer y cuando no, y ese era el momento preciso de hacerlo
- De acuerdo, esto duele mucho
- Bien, llamaré al jefe, pues pidió que le llamáramos cuando despertaras – y salió de la habitación
Aproveché la soledad para mirar alrededor, sobre todo una vía de escape, no sabía dónde estaba ni que era lo que querían conmigo, así que estaba nervioso y alerta. Pude observar que se trataba de una habitación común, era como un dormitorio, así que una cárcel tampoco era. Pero... ¿si no era un hospital ni una cárcel, que era?
- Te preguntarás; ¿dónde estás y que queremos contigo?
Escuché una voz ronca y cansada que salía de la boca de un hombre algo anciano ya, corpulento, pero venido a menos debido a su excesiva gordura. Aunque debo reconocer que vestía de manera impecable, llevaba un traje gris oscuro con finas rayas en un gris más claro, camisa, chaleco a juego y un pañuelo color arena, en el bolsillo superior de su chaqueta, completaban el atuendo. De inmediato me infundió respeto.
- Señor, eso mismo me pregunto
- Soy Don Paolo Gentile de María, y esta es mi humilde morada
- Un placer, Don Paolo, supongo que debo agradecerle por salvarme la vida
- Oh, sí y mucho, pero de eso hablaremos luego, ahora recupérate bien. Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Mi nombre es Luka Dante
- ¿Y tú apellido?
- En realidad no tengo
- Todos tenemos uno
- Pues yo no
- ¿Y cómo es eso?
- Mi madre murió y mi padre me abandonó
- ¿Qué clase de padre abandona a un hijo que se ha quedado sin madre?
- Supongo que un adicto como el mío, y mi madre no era ninguna santa tampoco, ella murió de sobre dosis
- ¡Qué vida tan cruel has tenido muchacho!
- Yo no diría ni que tanto, al final me hicieron un favor, estoy mejor sin ellos
- Presiento que nos llevamos muy bien tú y yo, se ve que tienes carácter y sobre todo huevos, que es lo que se necesita para éste trabajo
- ¿Y qué trabajo sería ese?
- Y lo hablaremos con más calma – el viejo me sonrió de una cálida manera, creo que estaba, o al menos se sentía, más solo que yo – ahora lo importante es que te recuperes y bien
- Muchas gracias por su hospitalidad, se lo recompensaré, lo prometo
- ¡Oh, sí, cuento con eso! – y se retiró
Cuando salió de la habitación, volví a recostarme en la cama, pues el dolor era insoportable. De pronto ingresó una joven con una bata, era la enfermera que me estaba atendiendo, se acercó y tomó mi muñeca
- ¿Qué crees que haces?
- Estate quieto que voy a ponerte una inyección con un calmante, para que puedas dormir y así que recuperes más pronto
En otro momento la hubiera empujado para salir huyendo, pero me dolía mucho en realidad y no tenía fuerzas, así que aflojé mi brazo y dejé que la muchacha hiciera su trabajo. En menos de un minuto estaba durmiendo profundamente.
Alicia *recuerdos*:
Como era de esperarse, ni bien el hombre abandonó el gran salón, corrí al despacho de mi padres, ¡sí, a ese lugar que me había dicho que no fuera!
En ese momento no entendía bien que era lo que sucedía. Ahora sí...
Mi padre había sido asesinado en su despacho. Su cuerpo yacía sentado en la silla, pero su cabeza sobre el escritorio nadando en un mar de sangre.
Corrí hacia él y comencé a sacudirlo.
- ¡Papi despierta, papi...!
Pero mi padre no despertaba. Comencé a gritar mientras lloraba desconsoladamente. De pronto mi Nana irrumpió en la habitación, perecía no sorprenderse por la escena. Me tomó en brazos y me llevó a mi dormitorio. Mientras me cargaba, observé el suelo y noté marcas, de pisadas ensangrentadas, que atravesaban el salón.
Esa imagen me acompañaría por mucho tiempo
Cuando me dejó en el dormitorio, ya se encontraba allí un hombre con aspecto aún más duro que el de los tatuajes, aunque ahora sabía que se llamaba Luka.
- Imagino que ya habrá arreglado todo lo que la niña necesita llevar
- Sí, señor, está en el armario
Cuando abrió la puerta de dicho mueble, pude observar un par de bolsos y una maleta grande. ¿Cuándo había empacado? ¿Acaso sabía que esto pasaría?
- Perfecto, tome a la niña y vayamos al coche
- Nana, ¿A dónde vamos, porque no me dijiste que saldríamos de viaje? – comencé a llorar - ¿mi papi se pondrá bien?
- Anda, Alicia mi niña bella – y me alzó en brazos – ahora empezarás una nueva vida lejos de aquí, procura ser feliz
Me estrecho con fuerza contra ella y no dejaba de besar mi cabeza. Pero no respondía a ninguna de mis preguntas, por más que insistiera y las repitiera, solo se mantenía callada. Lloré desconsoladamente. Me metieron en un coche, aseguraron las puertas, el hombre de traje subió del lado del acompañante y el chofer comenzó su marcha.
Vi a mi Nana parada en el jardín, se hacía cada vez más pequeña mientras me alejaba, hasta que transcurridos unos segundos ya desapareció por completo
Nunca más volvía a esa casa, jamás se me permitió, no sé qué fue de ella, sé que mi padre murió por que me lo dijeron, también me lo hicieron ver en el noticiero, pero a su sepelio no me dejaron ir, así que tampoco pude despedirme de él.
Luka *recuerdos*:
Al despertar nuevamente en aquella habitación, se encontraba la joven enfermera que me estaba cuidando.
- Eh, ¿tú no tienes otro sitio para estar que no sea aquí conmigo? - pregunté un tanto irritado
- Miles, miles de sitios tengo para estar, pero elegí estar contigo aquí - dijo sonriendo - ni te lo creas, eres mi paciente y debo hacerlo, para eso me pagan, así que no te ilusiones demasiado
- Perdona - me di cuenta que había sido un grosero con la pobre que lo único que hacía era cuidarme - es que no estoy acostumbrado a tanta atención
- Descuida - se puso de pie y apoyó el estetoscopio frio sobre mi pecho desnudo - todos cuando se despiertan suelen ser un poco groseros
- ¡Ahhh...! Eso era necesario - me quejé
- ¿Sino cómo crees que escucharía tu corazón?
- Pero está muy frío - rezongué
- Anda, no te quejes y compórtate como un hombrecito, hazme el favor
- Ok, si me aceptas una cerveza cuando salga de aquí
- No creo que pueda esperar tanto para beber una, pues tu no saldrás de aquí en un largo tiempo
- ¿Me raptaste? - y le hice mi mirada seductora, ella, en lugar de rendirse a mis pies, se rió a carcajadas
- ¡Que más quisieras!, pero no, tu herida ha sido muy profunda y necesitarás mucho tiempo para recuperarte - suspiró - así que cuando termine mi turno, iré por esa cerveza y brindaré por ti
La conversación era amena y la chica me agradaba. No era despampanante, si bien estaba bien formada, no tenía un cuerpo de gimnasio, si cabello rubio recogido junto con sus ojos color café, coronado con unas gafas, la hacían por demás atractiva. No quería, pero yo era un ser por demás se*xual, así que tuve una erección casi de inmediato. Ella se puso seria, creí que se había enfadado por mi reacción física ante su contacto, pero en realidad observaba las muchas cicatrices que tenía en mis muñecas. Levantó la vista y me miró con pena. Por primera vez en mi vida, algo me causaba vergüenza, así que retiré mi muñeca de su agarre
- ¿Nunca trataste de suici*darte?
- No, la verdad es que no, siempre creí que era de cobardes
- ¿Cobardes? - su afirmación me molestó - yo no diría eso, cansados... tal vez
- Disculpa - notó mi enfado - no quise incomodarte, a veces soy muy franca a la hora de expresarme
- ¿Tampoco habías tratado con alguien que hubiera intentado quitarse la vida?
- No, y te repito, no quise fastidiarte
- No lo has hecho, solo que no suelo hablar de eso con nadie
- Bueno, después de todo tendré que aceptarte esa cerveza
- Me encantaría, de ti depende
- ¿Cómo así?
- Claro, si me cuidas bien y me mimas mucho, más rápido me pondré mejor y saldré de aquí - le dije de forma risueña mientras volvía a acostarme y ella me arropaba
- ¿Siempre te comportas como un niño pequeño?
- No - ahora era yo quien tomaba su muñeca - solo cuando quiero que me traten como tal y sobre todo me malcríen
- Eres un poco descarado, ¿no te parece?
Dijo eso y sonrió. La tomé de la cabeza y la traje hacia mí, cuando estuvo casi pegada a mi rostro le dije sonriendo de medio lado
- Y si te beso ahora, ¿te parece muy descarado de mi parte?
Estoy seguro que no se lo esperaba, ya que me miraba con asombro. Así que apoyé mis labios en los suyos y me abrí paso con la lengua en su boca. Ella me correspondió, no llamó mi atención, yo estaba acostumbrado a que las mujeres se rindieran ante mí con mucha facilidad.
- Creo que... - pero no la deje culminar la frase
- ¿Qué dices si nos salteamos las cervezas y vamos directo al se*xo?
- Creo que vas demasiado rápido, no te voy a negar que me gustó tu beso, pero me tomaste por sorpresa – dijo mientras se soltaba de mi agarre – la próxima vez no tendrás tanta suerte
- Entonces... ¿habrá próxima vez?
- Ya veremos, primero debes recuperarte, luego ya hablaremos
Sonrió y abandonó la habitación. Luego de trascurrir unos minutos ingresó una mujer, de mediana edad hacia arriba, con aspecto muy tosco y con poca simpatía
- Buenas noches, señor Gentile, mi nombre es Luciana seré su enfermera de la noche
- Buenas noches Luciana, mucho gusto y le agradezco por cuidarme, pero no soy Gentile
- No es lo que me dijo el señor Gentile
- ¿Cómo?
- Sí, él me dijo que era su hijo
Eso me desconcertó un poco, yo ni conocía al viejo, ¿por qué le decía que era su hijo?, aunque seguramente sería para que me tratara bien y se esmerara en su trabajo
- Muy bien, entonces, ¿quién soy yo para contradecir al viejo?
- Bueno, ya nos hemos presentado, voy a buscar su comida señor Gentile, en unos minutos regreso
- Que sea abundante, pues tengo más hambre que un león en la ciudad
Y me reí, pero la doña era tosca y me sería muy difícil de conquistar, aunque no me movía un deseo carnal con ella, a diferencia de su compañera, esa que me dejó un sabor exquisito en la boca con su beso. En ese momento reparaba que no le había preguntado su nombre.
Pasó un rato y volvió Luciana con mi cena, era abundante, pero mi estómago se había achicado un poco. Así que, si bien comí generosamente, no lo que mis ojos hubieran querido.
Cuando la enfermera retiró mi bandeja y abrió la puerta para retirarse a llevar los platos, se encontró con Don Paolo que intentaba ingresar. Se hicieron una pequeña reverencia y Luciana salió mientras el viejo entró
- Buenas noches, Luka, te veo de mejor semblante
- Buenas noches señor Gentile, muchas gracias, me siento mucho mejor
- Nada de señor Gentile, hace muchos años nadie me llama así, dime Don Paolo
- Como guste, Don Paolo – tragué saliva y le pregunté - ¿Por qué le dijo a la enfermera que soy su hijo?
- En realidad no le dije que fueras mi hijo, solo le dije que te apellidabas Gentile y ella asumió que eras mi hijo, y no se lo desmentí – me sonrió - Además me dijiste que no tenías apellido, así que había que darte uno y te di el mío
- Me siento muy honrado, solo que no entiendo porque lo hizo
- Luka, tu no lo sabes, pero hace mucho tiempo que te vengo observando, ¿o cómo crees que llegamos justo donde estabas cuando te hirieron? – yo no le respondía, estaba asombrado, nunca noté que me estuvieran vigilando – yo siempre vigilo las pandillas, para ver si hay algún elemento que valga la pena, y, hasta que tu apareciste en mi radar, no había encontrado ninguno