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El Pilar del Universo LOS DOCE CLANES

El Pilar del Universo LOS DOCE CLANES

Autor: : elpilardeluniverso
Género: Ciencia Ficción
Matías Nahuel Lauro es el personaje central de la historia. Él siempre vivió como una persona común y corriente, por lo menos puede recordar su infancia con felicidad. Ciertos acontecimientos lo llevaron a descubrir sus orígenes que tienen mucho que ver con la verdad del Universo que a todos enmarca. Algo prácticamente insospechado y que incluso a sus amigos le costará aceptar al principio también. El Pilar del Universo es un ente existente para velar por el equilibrio del mismo. Así también la personalidad del Pilar está llena de secretos oscuros que hacen pensar a los protagonistas en la idea de alguien maligno. Las historias narradas desde leyendas y hechos documentados arrojan como resultante que este ser es el más fuerte que existe y que incluso los mismos Dioses están por debajo de él. Sin embargo cuando una investigación por parte del protagonista se profundiza, descubren que ellos también se deben a una fuerza mayor que intercede a sus poderes. Lleno de obstáculos en el camino, estos jóvenes tratarán de hacer frente a la proeza más grande que haya existido... PRIMER LIBRO DE UNA TETRALOGÍA

Capítulo 1 Prólogo

Simulando vivir distintas realidades transcurren. Nos encerramos en nuestro mundo, esperando que todo lo que nos rodea no nos afecte. Sin embargo el mundo gira distinto para muchos, siendo una sola realidad en sí. Resulta engorroso y hasta marea, es por eso que deberíamos debelar la única verdad que existe. En el Universo entero hay una sola regla que no puede quebrantar, equilibrio. Todo lo que existe está compuesto de un antagónico, nada puede existir sin otra fuerza que lo contrarreste. Si pensamos que el amor, la paz, la bondad existen.

Eso es porque el odio, el conflicto y la maldad también existen. Sería demasiado fácil caer en el pensamiento de que las cosas pueden seguir sucediendo por fuerza natural. No es así, el equilibrio que debe mantenerse, es cuidado por personas de carne y hueso iguales a nosotros. Velar por ese bienestar general puede ser una carga sumamente pesada y desgastante. Sentir compasión por esos seres no sería algo extraño, menos sabiendo cómo piensan, cuando lo que les gustaría hacer es lo mismo que a ustedes. Vivir con total y absoluta normalidad. Algo que para la totalidad de la población es tan trivial, para esta gente es fundamental. Es algo inalcanzable...

Capítulo 2 Reencuentro con el pasado.

El paso del tiempo puede resultar abrumador. La simple monotonía del ser humano puede parecer absurda, aún así, llevar una vida tranquila puede ser la mejor manera de terminar nuestros días. Las complicaciones existen, sin embargo, muchas pueden escapar de nuestra imaginación.

Mientras todos viven sus vidas con completa normalidad, hay unos pocos que velan por su bienestar. Este relato cuenta la verdad del Universo, datos que escasas personas conocen y esa fracción privilegiada sabe callar...

Nuestro hombre en particular se llama Matías Nahuel Lauro. Él había llevado una vida tranquila los últimos diez años. Con treinta y un años de edad vivía sin extrañas preocupaciones en una casa que compró con el sacrificio de su trabajo. Era un abogado de bajo perfil, pero esto no le impidió darse las comodidades primarias. Su familia estaba constituida por esposa Paola y sus dos hijos, Gastón y Brisa. El tipo perfecto para formar la propia comunidad. Paola, su mujer, era profesora de la asignatura biología. Daba clases en la escuela media donde justamente Matías, se graduó con honores. Gastón, su hijo mayor, cursaba el cuarto año en la misma escuela. Y Brisa, la hija menor, se encontraba terminando el séptimo grado primario. Todo su grupo familiar llevaba una vida normal sin demasiados lujos, pero esto no era impedimento para que fueran felices.

No obstante, el pasado del padre de familia era muy singular, algo que no se veía todos los días. Un pasado donde las peleas por designio del destino, eran todo para él. Muchas civilizaciones dependían del resultado de esas feroces batallas y pocos tenían conocimiento de que se estaban llevando a cabo. Probablemente por esa razón haya dejado todo atrás, no por cobardía o por no querer cargar con la responsabilidad. Simplemente pensó que ya era demasiado, librar esas peleas que el mundo desconocía desgastaba su existencia, inclusive en algunas ocasiones, se sentía obligado a terminar con la vida de seres vivientes, algo que al principio iba en contra de su ideología y moralidad. Él creyó que ya había sido suficiente.

Los rivales potenciales ya no existían, Matías había enfrentado a distintos guerreros del Universo con la intención de mantener las cosas en orden. Sin embargo, en ocasiones surgían otros enemigos menores, estos lo obligaron a pelear innecesariamente, lo cual resultaba molesto, confuso. Esto generaba malestar en su persona y en todo su entorno. La paz que tanto había anhelado cuando estaba al frente del Equilibro, era un hecho y fue próspero por los últimos diez años. Así mismo el tiempo era algo crucial, mientras seguía corriendo complicaba al señor de los Lauro. La sangre heredada era un problema, ocultar los caprichos del destino podría no ser bueno.

Era 3 de Octubre del 2006 D.C.(cronología terrícola), una hermosa tarde de primavera, el color de las flores presentaba el mayor de sus contrastes. Matías permaneció en aquel enorme prado del parque Indoamericano, aguardaba a su amigo y compañero de toda la vida. Ese que unas cuantas veces se jugó la vida junto a él, Daniel Vera.

Matías escuchó pasos a sus espaldas. -¿Cómo has estado compañero?- Daniel conocía perfectamente a su compadre. El día que Matías supo de la existencia de su hija, eligió a su mejor amigo como el padrino de ella. Nada podría ocultarle a él, que supo al instante que la pregunta de su compañero de vida, albergaba más de un significado.

-Me encuentro muy bien.- enfatizó para luego ir al grano. -Pero dime en verdad a qué te refieres. Nos vemos bastante seguido últimamente ¿Qué es lo que te preocupa?- Daniel hacía un esfuerzo por liberar la carga de su amigo.

-Ya hace mucho tiempo que no mencionaba esto. Pero sé que tarde o temprano tendré que ceder mi trono, cada vez que pienso en ello odio el hecho de haber nacido bajo este pésame.- mientras hablaba Matías observaba las nubes, tratando de imaginar el posible escenario lamentable.

-Entiendo cómo te sientes, ten por seguro nadie elige cómo venir al mundo. Es como tú dices, una herencia de sangre, recuerda el miedo que me invadió el día que pensé que mi hijo podría ser mi sucesor. Siempre es mejor pensar en la vida tranquila que llevamos, pero nuestro pasado pesa, pesa mucho.- las palabras de Daniel fueron pronunciadas con mucha nostalgia de su parte.

-Nunca dejé de tener esas pesadillas que tuve desde un principio. Y tampoco dejé de sentir esa nostalgia de saber que tarde o temprano, sería una de las personas más queridas por mí, la que estaría en juego. Pero ten por seguro algo Daniel, cuando llegue ese día, estaré listo.- hasta el momento permaneció dándole la espalda. Luego de ese comentario se colocó justo frente a él.

Daniel lo escuchó atentamente, como solía hacerlo desde que eran pequeños. -Lo sé amigo, lo sé...- expresó, para que su amigo supiese que lo acompañaba en sentimiento.

Había llegado el momento crucial, Gastón debía conocer su verdadero destino, ya no era una opción seguir ocultándolo. Por su parte, Daniel debería hacer lo mismo con su hija Alma. A pesar de no ser una elegida directa, ella merecía saber la verdad con respecto a su padre. La personalidad de esta muchacha superaba la tranquilidad que caracterizaba a Daniel. Es que más bien, ella era extrovertida y bastante entrometida. Más de una vez complicaba la templanza de su padre. El carácter y la madurez prematura de Alma, hacían para el compadre de Matías, ardua la tarea de educarla. Lamentablemente ella creció en ausencia de una madre. Rosa, la única mujer que este pudo amar, falleció al momento del parto. Después de eso Daniel jamás volvió a sentir nada más serio por otra mujer, toda aquella que se le acercaba sólo contaba como una más en su gran lista de conquistas. Ya con treinta y cuatro años de edad, Daniel sabía lo que debía hacer. Ese amargo momento que le tocó vivir lo marcó para siempre.

Matías estaba en un momento de reflexión absoluta, comenzó a recordar a todos sus compañeros, aquellos que lo acompañaron para convertirse en lo que hoy era. Algunos estaban ausentes y una persona en especial había marcado su alma, dejándolo con un problema que trascendía las barreras temporales de la psiquis humana.

Por otro lado, Gastón llevaba la vida normal de un chico de dieciséis años de edad. Su preocupación más importante era su viaje de egresados del año entrante. El gran desvelo de Matías era su hija menor. Brisa estaba muy atenta a los movimientos de su padre. Trataba de escuchar las conversaciones telefónicas que tenía con su padrino y a su vez, le llamó poderosamente la atención la llamada de un tal César. La persecución lo fastidiaba y su hija comenzaba a sospechar lo insospechable. Paola, su mujer, trataba de calmar sus nervios. Las cosas debía seguir su curso, si con ello la verdad salía a la luz, tendría que pasar y ya. Ella jamás aceptó las responsabilidades ajenas a su familia, aún así, Matías se las había arreglado para mantenerla al margen y que no supiese toda la verdad.

Así marchaba todo, Matías creyó conveniente reunirse con aquellos que alguna vez defendieron el Universo. Después de aquel suceso desafortunado donde tres de su grupo murieron, juraron vivir en paz para honrar sus memorias. Sin embargo, si algo le había quedado claro después de la charla con Daniel, era que esa paz tenía un final próximo. Posiblemente los otros miembros de los clanes tenían el mismo presentimiento.

Los años habían pasado, pero las comunicaciones galácticas seguían siendo el método más seguro cuando se trataba de tener una conversación que no quería ser rastreada. Los citó en el lugar de siempre, el castillo perteneciente a su clan. El castillo Lauro, uno de los Doce Castillos. Desde la antigüedad en el corazón del Universo existe una montaña, donde cada uno de los clanes posee un castillo. Siendo así, los únicos que sabían de la ubicación del punto de reunión serían ellos y nadie más.

Hace millones y millones de años los Doce Clanes tienen como misión de vida proteger al Universo de las distintas amenazas que pudieran surgir y mantener el equilibrio universal. Cada clan era poseedor de un castillo en aquel planeta escondido en el centro del Universo, allí todos los miembros se instruyen de manera permanente para que los conocimientos milenarios no se pierdan. Al cabo de cinco mil años, nacen seres especiales, facultados para llevar esa importante misión. Son llamados, elegidos. Los clanes tienen un líder, también nombrados Cabeza de Clan, por eso mismo cada cinco mil años cuando nace el elegido, se trata de un ser superior. Por lo tanto cuando los Doce Elegidos están completando su tarea, el líder del clan Lauro es su referencia mayor. Aunque desde la antigüedad se cree que el Pilar del Universo no está completo sin la totalidad de sus miembros. Sin embargo, por preferencia, siempre se lo llamó Pilar al elegido del clan Lauro. Sin restar importancia a los demás clanes Vera, Cacace, Morales, Cazaban, Jara, Strelczuk, Fernández, Horrach, Ocaranza, Salvini y Heredia.

Con respecto a la contabilización del tiempo, el Planeta Central del Universo, los días tenían las mismas horas, minutos y segundos de duración que la Tierra. Pero no era así con el paso de los años. Cada año contaba con trescientos sesenta días, contaban con doce meses de treinta días de duración, cada uno era llamado igual que cada clan. Siendo así, había un mes Morales, otro Vera, etc. Al cabo de cinco mil años un extraño suceso se presentaba, el mes Lauro pasaba de tener treinta a treinta y un días. Ese día en cuestión tenía la singularidad de no mostrar una Luna en el cielo. Por esta razón este día era nombrado como "El día de la Noche sin Luna", era el momento en el que los doce elegidos nacían mostrando su símbolo elemental en la espalda. Una era terminaba y otra daba inicio, el año 0 comenzaba a correr. La situación de nuestro presente se nombraría como el año 5016 D.M. (cronología centraliana) lo cual indicaba que nuevos elegidos estaban llevando una adolescencia en algún lugar.

La historia de Matías es muy particular, lamentablemente se podría decir que la tradición se quebró en algún punto. Su antecesor llamado Radamis había sido instruido desde que tuvo uso de consciencia, así era de padre a hijo por generaciones, hasta la llegada del nuevo Pilar. La vida de los seres mortales era limitada, no obstante, los elegidos que nacían cada cinco mil años eran inmortales. Seres que podían vivir por milenios sin envejecer, su apariencia se congelaba a los treinta años de edad. Estos seres inmortales encontraban el fin de su inmortalidad de una sola manera. Cuando su sucesor está listo para ocupar su lugar se lleva a cabo el Ritual de Sucesión. Dando como resultante dos métodos. Voluntariedad, el Pilar actual cede su lugar al nuevo dejándose ejecutar por su sucesor. El otro método, no menos sanguinario era el de Superioridad, en este caso ambos Pilares se batían a duelo donde uno de ellos debía morir. Esto se repetía en todos los clanes. Ambos métodos obligan un análisis moral. Se supone que después de llevar una vida eterna, llena de amarguras como la pérdida de seres queridos mortales, tirar la toalla sería lo más noble y humano. Sin embargo, había quienes preferían seguir viviendo de los vicios sin descuidar sus responsabilidades. Pero en el caso de que el Pilar actual eligiera Superioridad, era casi un hecho que la experiencia se sobre pondría contra la falta de la misma. De esta manera ganaría otros cinco mil años a la espera de un nuevo sucesor, pudiendo repetir la decisión anterior. Existen casos que utilizaron esta opción, incluso hubo otras complicaciones al respecto.

Hace más de veinte mil años existió un Pilar llamado Baltasar, conociendo más secretos sobre la inmortalidad de los elegidos, concluyó en asesinar a sus propios compañeros. Y luego le dio muerte a toda la descendencia de los Doce Clanes, inclusive a los recién nacidos, los nuevos elegidos. Sin embargo, el destino fue próspero y al cabo de diez mil años de angustias, un nuevo Pilar nació. Afortunadamente los antepasados de Radamis y sus compañeros pudieron escapar de la tiranía de Baltasar. Fue entonces, cuando con veintitrés años de edad Radamis y compañía en una batalla muy reñida vencieron a Baltasar.

Pasaron cinco mil años más, estaba anunciada la llegada de nuevos elegidos, fue cuando la generación de Matías Nahuel Lauro nació. Lejos, en un planeta apartado llamado Zalek, los nuevos elegidos llegaron al Universo. Radamis, ya había determinado que cuando ese momento llegase, los pequeños bebés serían enviados a Central rápidamente. No sin antes ser incubados en cámaras criogénicas. Fue así que con pocas horas de vida, Matías y compañía fueron incubados y enviados a Central donde Radamis los aguardaba. El destino de ellos no estaba del todo claro, pero se caía de maduro que el Pilar del Universo actual tenía intenciones de seguir en su lugar. Evitando de alguna manera el derramamiento de sangre, cargaría con toda la responsabilidad de la misma manera formidable que lo había hecho hasta el momento.

Careciendo de detalles exactos en el año 9982 D.R. (ó 4982 D.M.) una de las incubadoras desapareció. La que contenía a Daniel Vera en su interior ya no estaba. Radamis buscó por cielo y tierra intentando dar con la incubadora desaparecida sin suerte. Un año más tarde, la incubadora de Gabriel Cacace también desapareció. Este fenómeno preocupó aún más al Pilar del Universo. No obstantes al cabo de un año y con meses de diferencia, las incubadoras de Christian Ocaranza, Jonathan Cazaban, Matías Lauro, Jennifer Jara, Celeste Horrach y Juan Manuel Fernández también desaparecieron. Con un Radamis totalmente desquiciado y carente de sensibilidad, los habitantes de aquella época tuvieron que lidiar con la desconfianza y el destierro de muchos nativos centralianos. Sin embargo al cabo de unos meses más la incubadora que contenía a Giselle Salvini también desaparece. Sin que Radamis pueda impedirlo, lo que alteró más al líder del clan Lauro. Esto lo dejaba con un total de tres incubadoras, totalmente fuera de sí y sin entender cómo las cosas se escapaban de su control, observó entonces las incubadoras. Tomó dos de ellas, las que contenían a Guadalupe Heredia y María José Morales, se elevó por encima de la montaña Pilaf. Dejó de respirar al salir de la atmósfera y lanzó las incubadoras en direcciones opuestas, esperando que el destino haga el resto. Cuando descendió miró nuevamente a sus pies, allí estaba la última incubadora y en su interior se encontraba Cristina Strelczuk. Radamis tomó una decisión sorpresiva al liberar de su sueño a la pequeña, esto último ocurrió en el año 9987 D.R. (ó 4987 D.M.).

La determinación del Pilar se completó, en Central, sólo los miembros importantes sabían del destino de Cristina Strelczuk. Radamis la criaba como si se tratara de su propia hija, con el objetivo latente de ir por los desaparecidos algún día. El entrenamiento de manos del mísmisimo Pilar del Universo, era un privilegio que sólo la generación descendiente a este tenía la fortuna de recibir. Sin embargo, este caso único, mostraba a un inmortal instruyendo a otro. Esa extraña relación padre e hija, o tutor discípula duraría el tiempo necesario. Cuando por fin estuvo completo su entrenamiento, las palabras de Radamis para ella fueron...

-Yo te he traído al mundo, soy tu Dios todopoderoso. Te he creado con un fin específico, el que conocerás una vez terminado tu entrenamiento.- dulces palabras para una criatura que apenas entendía el dialecto cotidiano.

Sin embargo, Radamis era así de soberbio, una característica poco común en las personas desde temprana edad. Teniendo en cuenta el atenuante de vivir por más de miles de años, puede generar en la mayoría de los casos, personalidades altaneras y soberbias. Eso también iba acompañado de gustos excéntricos y frívolos. Su apariencia era un ejemplo de esto. Llevaba consigo una armadura en escala de grises, de unas dimensiones carentes de sentido, poco podría moverse un hombre normal con algo así. No obstante la muestra de imponencia era de considerar gracias a una lúcida capa blanca que colgaba de sus hombreras con encajes de amatista.

Cuando Cristina cumplió los diez años de edad su entrenamiento había llegado a una de las etapas más avanzadas. Debía entregarle un arma para que la acompañara por el resto de su existencia. La pequeña había mostrado gran entusiasmo por llevar una espada semejante a la de su tutor. Algo que escapaba un poco de la coherencia. Radamis tuvo un entrenamiento igual de intensivo al que le brindó a la muchacha Strelczuk. Sin embargo, el líder del clan Lauro, mostró grandes cualidades y el sacrificio propio lo llevó a portar Black Hole, una espada de doble filo con una hoja de más de metro y medio de largo, y treinta centímetros de ancho. Medida que decaía de manera progresiva hasta llegar a la punta de misma. Basándose en análisis de resultados, Radamis estimó que una espada de esas proporciones, le tomaría más de diez años poder dominarla para luego adiestrarla. Era mucho tiempo muerto para el propósito que él tenía.

Dudó mucho al respecto, hasta que finalmente tomó su decisión. Cumpliendo parte del capricho de la niña, le otorgó una espada, no cualquier espada. Se trataba de un arma ancestral. En la antigüedad era común que los Pilares además de ser diestros en el combate con armas, también lo eran para crearlas. Muchos elegidos eran habilidosos orfebres y forjadores. De esta manera fue que una espada al estilo samurai, llamada también katana, terminó en las manos de la joven Cristina. Siendo estas una de las maravillas creadas por un Pilar en la antigüedad, su nombre era Dragón Negro. Se trataba de la espada gemela, teniendo a su hermana Dragón Blanco, extraviada años atrás en el pasado. Radamis pensó en ese momento que las armas ancestrales habían perdido el valor que antes se les daba. Si bien eran instrumentos de altísima calidad, con el paso de los años para muchos resultaban ser cacharros sobrevalorados.

La esgrima que Radamis le enseñó a su tutelada, era la misma que él usaba. No pudo enseñarle técnicas elementales debido a la incompatibilidad de sus elementos. Sin embargo no se privó de dotarla de las mejores artes de la espada para su cometido. Con catorce años de edad, Radamis creyó conveniente terminar con el entrenamiento para comenzar con la misión.

-Cristina tu entrenamiento ha finalizado, ya te enseñado todo lo que sé. Tienes el valor y las fuerzas necesarias para llevar a cabo esta misión. Cruza el Universo hazte de aliados si es necesario. En el Universo existen seres que por muy poco venden sus almas al servicio de quien sea más poderoso que ellos. Poco es lo que puedo decirte en cuanto a la ubicación de nuestros forajidos, pero sin lugar a dudas por la última información recibida. Nos orienta en dirección a las galaxias del sur, busca ahí seguramente pronto tendrás datos más certeros.- el Pilar del Universo tenía sus informantes, desplegando todos sus contactos logró dar con información bastante acertada.

-No te preocupes por nada mi señor, juró encontrar a los traidores y hacerles pagar, para que usted esté satisfecho de mi persona.- palabras de una pobre criatura que vivió presa de su propia existencia.

Todo esto fue el inicio. Matías sintió la nostalgia de haberse encontrado con su fiel compañero. Gracias a la hazaña de un grupo de rebeldes, ellos corrieron con mejor suerte que Cristina. y eso era algo que con el paso del tiempo no pudo remediar. Seguía lamentando la suerte de alguno de sus amigos. No obstante, los que quedaban tenían el deber de honrar la memoria de los que ya no.

Capítulo 3 El origen natural.

Tanto estaba divagando en sus recuerdos que sin darse cuenta, empezó a navegar en sus memorias. Visiones claras de sus comienzos. El vivió como un niño normal desde el día de su nacimiento. Sus padres Omar y Patricia, eran jóvenes miembros de los clanes, que se prestaron para la operación de rescate. Fue justamente este hecho que Matías ignoraba al menos desde el momento que fue retirado de aquella incubadora. Sin embargo, por alguna razón siempre se creyó especial, distinto al resto, sentía no encajar. A los tres años de edad tuvo su primer encuentro con el destino.

Matías había estado llorando un buen rato, desde que su madre le pidió que lo esperara, no habían pasado más de diez minutos. -¡No puede ser me quedé solo! ¿Dónde está mi mamá?

-¿Qué pasa, por qué lloras?- aquel llanto había llamado la atención de un pequeño niño, no mucho mayor que él. Asomado a la ventana de un tercer piso y de puntitas mostró preocupación.

Tratando de detener las lágrimas y con una respiración acelerada, Matías insistió en contestar. -Es que no sé...- luego de una pausa. -Dónde está mi mami. Después de unos cuantos minutos donde el pequeño niño casi albino trataba de convencer a Matías, apareció Patricia. Como era de esperarse el llanto cesó por completo. Con el pasar de los días, no faltó oportunidad para que los dos pequeños terminaran siendo amigos. Gabriel Cacace, así le dijo que se llamaba, rápidamente se entabló una amistad. A un lapso no demasiado largo, Gabriel le presentó a un amigo dos años mayor, Daniel Vera. A pesar de no compartir el mismo colegio debido a la diferencia de edades, los chicos solamente se veían en sus tiempos libres. Lógicamente esto no fue ningún impedimento.

La primaria sería otra etapa más para el joven Lauro, lugar donde iba a conocer gran parte de sus compañeros de vida. Christian, Giselle, Jonathan, Juan Manuel y Celeste. Todo parecía estar hilado para que se conocieran todos tarde o temprano. Fue así que en la secundaria conoció al resto del séquito. Jennifer, Guadalupe y María José. A sus ojos, Matías vivía normalmente como un chico de su edad.

Una costumbre que tenían Daniel y Matías, cuando empezaron a ser más cercanos, era dar vueltas al barrio donde vivían. La finalidad de esto era un tipo de catarsis, en realidad hablaban de todos sus problemas para mostrar sus puntos de vista. En una de esas charlas surgió una peculiaridad, ellos estaban teniendo sueños similares mientras dormían. Pedir respuestas a sus padres de aquello que les estaba ocurriendo tampoco había tenido buenos resultados, y de verdad estaban preocupados por tal similitud. Y como una cosa lleva a la otra, la actitud de Omar, el padre de Matías, despertó la curiosidad en el muchacho. La reacción y la respuesta evasiva lo obligó a observar. Notó rápidamente la actitud de su padre y no dudó en sospechar lo insospechable. El comportamiento de Omar alertó a Matías, el hombre pasaba menos tiempo en su casa. La excusa era un trabajo adicional recién adquirido. -Cuida de tu madre y de tus hermanas por mí.- era la frase que Omar le decía siempre que lo veía antes de partir. El muchacho preadolescente no tuvo más remedio que dejarse llevar por sus impulsos, un día decidió seguirlo.

Fue una persecución bastante complicada para el joven, su padre iba cómodamente en su auto particular, Matías tuvo que soportar el mal genio de un taxista que poco se prestaba para este tipo de acciones. La preocupación del preadolescente empezó a notarse cuando su padre se alejaba de la ciudad. El taxista hizo un comentario poco oportuno. -Será mejor que tengas el dinero para abonar el viaje, de otra forma me veré obligado a decirle a tu padre que lo estamos siguiendo.- la cara de Matías lo decía todo. El marcador del taxi, ya mostraba $407,58. Una cifra que era impensada para él. Tan encerrado se sintió que actuó de manera poco prudente e inesperada. El auto circulaba aproximadamente a 100 km/h. Sin pensarlo demasiado, saltó del automóvil en movimiento. Al impactar, rodó y rodó quedando boca arriba para observar un cielo totalmente despejado. Escuchó la frenada del taxi y el conductor acercándose gritando siempre la misma frase. -¡Muchacho estás bien!- otra reacción inesperada, levantándose violentamente golpeó en el vientre al taxista que caía al suelo inconsciente. Aún respiraba, eso lo dejó más tranquilo, no se había convertido en un asesino. Continuaba algo aturdido por la caída y asombrado al mismo tiempo. No tenía lesiones y la fuerza con la que golpeó al conductor fue suficiente para inhabilitarlo. Acto seguido observó a lo lejos cómo se alejaba el auto de su padre. Notó que su vista también estaba demasiado desarrollada, podía dilucidar la expresión del rostro de su padre ignorando completamente la distancia. Tomó coraje, si algo estaba alterando su cuerpo de forma asombrosa debía aprovecharlo. Comenzó a correr sin demasiadas pretensiones, esperando de alguna manera aminorar la brecha que los separaba. Otra sorpresa más se iba a sumar, corriendo notó rápidamente que la velocidad de desplazamiento no era normal. Las aves, metros arriba, quedaban atrás al paso de su trote ininterrumpido. Matías tan sorprendido estaba que apresuró más su velocidad hasta llegar a una cabaña. Allí estaba el auto de su padre junto a otros más que no pudo reconocer. Se acercó con cautela esperando no alarmar a la gente que estaba en su interior. -Después de haber corrido todo eso tendría que estar cansado.- pensó. Pero no era así, el muchacho estaba en perfectas condiciones.

Después de husmear por todas las ventanas la intriga creció, dado que nadie estaba en el interior de aquella cabaña. Alguna habitación a ciegas que él ignoraba quizá. Entró a la vivienda con cautela, la puerta no ofreció resistencia, no tenía cerrojo. Una enorme mesa vacía, la presencia de polvo y olor a humedad sugería que nadie la había visitado en años. -No es posible, hay varios autos afuera.- las deducciones lógicas de Matías le hablaban a su consciencia. Además de ello, parecía no haber más nada, no había habitación a ciegas, sólo una chimenea del otro extremo a la mesa. Se acercó y escuchó voces, posiblemente haya algo detrás de ella, pensó. Revisó cada rincón esperando encontrar algún dispositivo, hasta que finalmente pudo correr un pequeño escudo, él lo ignoraba que se trataba del emblema de su familia. Una pequeña mirilla, la aflojó hasta poder retirarla, no podía ver mucho, pero además de Omar, supo reconocer a varias personas allí dentro...

-... Mucho tiempo sin vernos, hace bastante que no nos reunimos de esta manera, deberíamos hacerlo más a menudo.- el que habló fue Jesús el padre de Daniel, Matías estaba asombrado, porque allí también estaban los padres de distintos amigos y compañeros.

-No estamos de fiesta o celebración, esta vez nos estamos reuniendo por algo distinto.- Agripina, la madre de Jennifer era la que estaba ubicando al padre de Daniel.

-Aquí ha venido un colega desde Central a ponernos al tanto de una situación en particular.- Matías no llegaba a visualizar a la persona, pero la voz la reconoció como la de Liliana, madre de Celeste.

-Bueno, ya estamos todos, habla de una buena vez hombre.- Omar estaba dándole la palabra al único desconocido para Matías, un tal Teseo.

-La situación en Central es bastante extraña, hace más de un año que a Radamis no se lo ve mucho. Por lo que había escuchado de una criada que trabaja en su castillo. El hombre anda muy ocupado entrenando a Cristina, las malas lenguas dicen, que la entrena para que sea su futura esposa. Pero conociendo a Radamis debe estar haciéndolo con un fin más oscuro. La última vez que vine hacia este planeta pude haber sido seguido, por eso esta vez tomé las precauciones necesarias.- Las palabras tranquilas de Teseo, alertaron a los allí presentes. -Descuiden- aclaró. -Los chicos todavía están a salvo en la Tierra. Eso no es todo, lo preocupante de la situación en Central, es la forma en la cual delega su poder. En varias ocasiones envió sujetos poco eficientes a lugares donde son derrotados en pocos segundos...- las caras de preocupación no cesaron, Matías siguió escuchando la conversación, pensado en que no tenía ningún sentido. No podía darle una lógica a la conversación porque no sabía de qué hablaban. Fue entonces que sólo se enfocó en el hecho más particular. Los padres de sus amigos y compañeros. No era lógico que todos se conocieran, no entre sí, no entre comunidades que eran distintas.

-¿Con qué intenciones vienes? ¿Acaso piensas que podemos hacer algo al respecto? ¿Qué hay de los compañeros de Radamis, las cabezas de los distintos clanes?- las preguntas habían sido formuladas por Teresa, la madre de Guadalupe.

Con la misma tranquilidad, Teseo se preparaba para contestar. -Mis intenciones son claras, yo sé que se llevaron a los pequeños para que tuviesen una vida normal. Pero mis superiores, no los ayudaron por nada a lograr este fin. Ellos creen que el Universo está en caos, pensaron siempre en la posibilidad que las reencarnaciones, tomen el lugar que les corresponde, después de todo es la ley de la vida.- ahora creyó entenderlo, ese hombre desconocido estaba hablando de 'ellos', se refería a él y sus amigos.

-De la muerte querrás decir.- de mala gana, Ester, la madre de Gabriel se mostraba negativa ante la sugerencia de Teseo.

-Yo no conozco a tus superiores, siempre tuve la curiosidad de conocerlos. Por un lado debemos darles las gracias, poco a poco pudimos salvar a los once, solo quedó una. Ahora nos damos cuenta que usará a la pobre de Cristina para llegar a los demás... Maldito Radamis, pensar que mis antepasados decían que Baltasar fue el peor de todos.- Jesús expresaba sus pesares, Matías continuó escuchando atónito.

De la nada se alzó una voz, una que Matías conocía bien. -Coincido con Teseo.- dijo Omar. Todos los presentes se mostraron inquietos, al parecer no les gustó la declaración del padre Lauro.

-Pero Omar, ahora son nuestros hijos, si mueren a manos de Radamis lo sufrirás.- tratando de encontrar un razonamiento más claro en él, Jesús le replicaba.

-Más sufriría, si Radamis descubre lo que hemos hecho con los niños. Seguramente él nos aniquilará y que nuestros hijos sufran nuestra muerte, no es algo que me agrade demasiado.- le contestó Omar.

-Te preocupas en vano, ya estarás muerto para entonces. Además es la ley de la vida, que los padres parten antes que los hijos.- Liliana, la madre de Celeste, decía una cruel verdad.

-Con algo de suerte la profecía volverá a cumplirse, estamos en el año 9999 D.R., o mejor dicho en el 4999 D.M.- la madre de Jennifer, Agripina acababa de decir algo que sorprendió aún más al espía tras la chimenea.

- Eso no es nada bueno, en lo absoluto. Significa que a nuestros hijos sólo les quedan unos veinte años de vida como mucho.- revelaba Omar.

-Sí, pero para eso nuestros chicos tendrían que matar primero a Radamis.- las deducciones y suposiciones seguían fluyendo. Esta vez era Teresa la que daba datos certeros.

-En teoría es como usted dice señora Teresa, pero la verdad es que los niños estarían rompiendo su cadena. Sin embargo, esto no quita que los sucesores de sus pequeños no quieran tomar su lugar en la vida. Primero vendrían a buscarlos a ellos luego irían por Radamis, como verá no hay mucha diferencia en el destino de sus hijos. Por otro lado, los chicos ya deben estar descubriendo sus poderes. ¿Cómo piensas mantenerlos puramente normales?- lo que Teseo decía, revelaba alguna de las dudas, que Matías tenía mientras escuchaba aquella extraña conversación.

-Lo que dice Teseo tiene sentido, el otro día Daniel me comentaba cómo un grupo de patoteros lo rodeó. Siempre le críe enseñándole que las peleas no llegan a nada. Pero su sorpresa aquel día fue la mayor de todas en sus 16 años de edad. Uno de los individuos que se le aproximó voló unos cincuenta metros, cuando él le propinó un empujón. Los demás al ver esto, como me contó Daniel, "no le daban los pies para alejarse de él".- la anécdota que contaba Jesús, se ajustaba a algo que su amigo le contó días atrás. Matías estaba espantándose con lo que escuchaba.

-Entonces espero que estén de acuerdo, por comenzar diciendo la verdad a nuestros hijos con respecto a su origen.- sentenció Omar.

Matías ya no quiso escuchar más. Demasiado confuso trataba de procesar todo lo que había escuchado. No se quedó para terminar de escuchar lo que aquella reunión le había revelado a medias. Las sospechas que siempre tuvo, de ser una persona distinta al resto, no se ajustaban a semejante verdad. Pensó que lo mejor era no llamar la atención por ahora. Enfrentar a su padre sin herramientas y con poco conocimiento sería una desventaja importante. Reunir a sus compañeros y hablar de todo lo sucedido esa tarde era lo mejor que podía hacer. Sin embargo hasta entonces, se mostraría expectante.

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