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El Precio De Vuestra Ignorancia

El Precio De Vuestra Ignorancia

Autor: : Huang Xiao Huai
Género: Adulto Joven
El aire del salón de banquetes estaba impregnado del caro perfume de Laura y Carlos, pero para mí, Sofía, solo olía a humillación. Apreté la bandeja con los nudillos blancos, observando a mi exnovio y a mi ex mejor amiga bailar, perfectos y exitosos, en la pista que yo merecía estar. Hace años, compartimos sueños en la moda, hasta que su envidia y ambición me tendieron una trampa, robándome los diseños y la beca que cambiaría mi vida, dejándome en la ruina. Ahora, yo servía copas mientras ellos brillaban. Laura me vio y, tras susurrar algo a Carlos, se acercó con una sonrisa empalagosa. "Qué sorpresa verte aquí, Sofía. Veo que al fin encontraste tu lugar en la industria de la moda." Su mano, adornada con diamantes, "accidentalmente" golpeó mi bandeja, derramando champán sobre su vestido. Su grito dramático y las lágrimas de cocodrilo atrajeron todas las miradas. Carlos me lanzó una mirada de puro desprecio: "¿Todavía no puedes soportar vernos felices y exitosos?" La humillación me quemó, me despidieron en el acto. Caminé hacia la salida de servicio, las risas y murmullos como puñales, la desesperación consumiéndome. En un callejón apestoso, bajo una lluvia fina, las lágrimas se mezclaron con mi rostro. Todo me lo habían arrebatado. Cerré los ojos, deseando una segunda oportunidad. Al abrirlos, el sol inundaba mi habitación de la casa de mis padres. El calendario marcaba tres meses antes de la audición para la beca. Había regresado. Una sonrisa lenta y fría se dibujó en mis labios. Esta vez, la venganza sería mi obra maestra. Pero la sorpresa fue mayúscula. Carlos también había regresado, comportándose como el hombre exitoso que fue, con una arrogancia que no le correspondía a esta época. Su ostentosa declaración de amor a Laura en el patio de la escuela, algo que no había pasado antes, me heló la sangre. Laura, aunque cómplice, mostraba pánico y ansiedad; se estaba dando cuenta de que Carlos tenía sus propios y oscuros planes. La vieja Sofía estaba muerta. Y la nueva no iba a ser pisoteada tan fácilmente. No, esta vez yo no sería la víctima. Esta vez, el juego había cambiado, y yo conocía las reglas.

Introducción

El aire del salón de banquetes estaba impregnado del caro perfume de Laura y Carlos, pero para mí, Sofía, solo olía a humillación. Apreté la bandeja con los nudillos blancos, observando a mi exnovio y a mi ex mejor amiga bailar, perfectos y exitosos, en la pista que yo merecía estar.

Hace años, compartimos sueños en la moda, hasta que su envidia y ambición me tendieron una trampa, robándome los diseños y la beca que cambiaría mi vida, dejándome en la ruina. Ahora, yo servía copas mientras ellos brillaban.

Laura me vio y, tras susurrar algo a Carlos, se acercó con una sonrisa empalagosa. "Qué sorpresa verte aquí, Sofía. Veo que al fin encontraste tu lugar en la industria de la moda."

Su mano, adornada con diamantes, "accidentalmente" golpeó mi bandeja, derramando champán sobre su vestido. Su grito dramático y las lágrimas de cocodrilo atrajeron todas las miradas.

Carlos me lanzó una mirada de puro desprecio: "¿Todavía no puedes soportar vernos felices y exitosos?" La humillación me quemó, me despidieron en el acto.

Caminé hacia la salida de servicio, las risas y murmullos como puñales, la desesperación consumiéndome. En un callejón apestoso, bajo una lluvia fina, las lágrimas se mezclaron con mi rostro. Todo me lo habían arrebatado.

Cerré los ojos, deseando una segunda oportunidad. Al abrirlos, el sol inundaba mi habitación de la casa de mis padres. El calendario marcaba tres meses antes de la audición para la beca. Había regresado.

Una sonrisa lenta y fría se dibujó en mis labios. Esta vez, la venganza sería mi obra maestra.

Pero la sorpresa fue mayúscula. Carlos también había regresado, comportándose como el hombre exitoso que fue, con una arrogancia que no le correspondía a esta época. Su ostentosa declaración de amor a Laura en el patio de la escuela, algo que no había pasado antes, me heló la sangre.

Laura, aunque cómplice, mostraba pánico y ansiedad; se estaba dando cuenta de que Carlos tenía sus propios y oscuros planes.

La vieja Sofía estaba muerta. Y la nueva no iba a ser pisoteada tan fácilmente. No, esta vez yo no sería la víctima. Esta vez, el juego había cambiado, y yo conocía las reglas.

Capítulo 1

El aire del salón de banquetes era pesado, una mezcla del perfume caro de los invitados y el aroma de la comida gourmet, pero para mí, olía a humillación. Apreté la bandeja con más fuerza, mis nudillos blancos por la presión, mientras observaba a la pareja en el centro de la pista de baile. Carlos, mi exnovio, y Laura, mi ex mejor amiga. Se veían perfectos, él con un traje hecho a la medida y ella con un vestido que gritaba el nombre de un diseñador famoso, un vestido que yo debería haber diseñado.

Hace años, éramos tres amigos inseparables con un sueño compartido en el mundo de la moda. Pero ellos, carcomidos por la envidia y la ambición, me tendieron una trampa. Me manipularon, robaron mis diseños y me hicieron perder la beca que cambiaría mi vida. Me dejaron sin nada, ni dinero, ni reputación, ni sueños. Ahora, ellos eran las estrellas ascendentes de la industria, mientras yo servía copas para poder pagar la renta.

Laura me vio desde la pista de baile, sus ojos se entrecerraron con malicia. Susurró algo al oído de Carlos, y ambos se rieron. Luego, se separó de él y caminó directamente hacia mí. Su sonrisa era falsa, un gesto practicado frente a los espejos.

"Sofía, querida, qué sorpresa verte aquí," dijo con una voz tan dulce que era empalagosa. "Veo que finalmente encontraste tu lugar en la industria de la moda."

Su mano, adornada con un anillo de diamantes deslumbrante, se movió "accidentalmente" y golpeó mi bandeja. La copa de champán que llevaba se tambaleó y se derramó sobre su vestido. El líquido dorado manchó la seda blanca.

Se hizo un silencio incómodo a nuestro alrededor. Todos los ojos se posaron en nosotras.

Laura soltó un grito ahogado, dramático y perfectamente calculado. "¡Mi vestido! ¡Es una edición limitada! ¿Sabes cuánto cuesta esto? ¡Probablemente más de lo que ganarás en toda tu vida!"

Las lágrimas brotaron de sus ojos, lágrimas de cocodrilo para la audiencia que la rodeaba. Carlos corrió a su lado, la rodeó con sus brazos y me lanzó una mirada de puro desprecio.

"¿Qué demonios te pasa, Sofía? ¿Todavía no puedes soportar vernos felices y exitosos?"

La humillación me quemaba por dentro, una ola de calor que me subía desde los pies hasta la cara. Me quedé paralizada, sin palabras, mientras el gerente del evento se acercaba corriendo para disculparse profusamente con ellos y me despedía en el acto.

Mientras caminaba hacia la salida de servicio, con las risas y los murmullos a mis espaldas, la desesperación me consumió. Me apoyé contra la pared fría de un callejón apestoso, la lluvia fina comenzaba a caer, mezclándose con las lágrimas que finalmente me permití derramar. Recordé mi sueño de la infancia, el boceto de un vestido que dibujé a los ocho años, la promesa que me hice a mí misma de convertirme en una diseñadora reconocida. Todo se había ido, todo me lo habían arrebatado.

Cerré los ojos con fuerza, deseando que todo fuera una pesadilla. Deseando una segunda oportunidad.

Cuando los abrí de nuevo, no estaba en el callejón. La luz del sol entraba a raudales por una ventana familiar, iluminando los pósteres de diseñadores de moda en mi pared. Estaba en mi cama, en mi habitación de la casa de mis padres. El calendario en mi escritorio marcaba una fecha que me heló la sangre: tres meses antes de la audición para la beca.

Había vuelto. Había vuelto al punto de partida, antes de la traición, antes de la ruina.

Una sonrisa lenta y fría se dibujó en mis labios. Esta vez, no sería la víctima. Esta vez, sería yo quien reclamara lo que es mío. La venganza sería mi obra maestra.

Los días siguientes fueron un torbellino de adaptación. Mi mente, endurecida por años de lucha y miseria, estaba atrapada en el cuerpo de mi yo más joven e ingenuo. Fue extraño ver a mis padres, que en mi vida anterior habían envejecido prematuramente por la preocupación y la decepción, ahora llenos de vida y esperanza por mi futuro.

En el instituto, todo era dolorosamente familiar. Los pasillos ruidosos, los casilleros metálicos, las caras de mis compañeros. Y luego los vi. Carlos y Laura, caminando de la mano por el pasillo, riendo como si no tuvieran ninguna preocupación en el mundo. Por un momento, el odio me cegó. Quería correr hacia ellos, gritarles, exponerlos por los monstruos que eran. Pero me contuve. La paciencia era un arma que había aprendido a usar muy bien.

Sin embargo, algo en Carlos era diferente. No era el mismo chico ambicioso pero inseguro que recordaba de esta época. Había una arrogancia en su postura, una seguridad en su mirada que no le correspondía. Era la misma mirada que tenía en el banquete, la de un hombre que ya había saboreado el éxito.

La confirmación llegó al día siguiente. Durante el almuerzo, en medio del patio lleno de estudiantes, Carlos se subió a una de las mesas. Sostenía un ramo de rosas tan grande que apenas podía ver por encima de él.

"¡Laura!", gritó, su voz resonando en todo el patio. "Desde que te conocí, mi mundo ha cambiado. Quiero que todo el mundo sepa que eres la única para mí. ¡Te amo!"

Los estudiantes estallaron en aplausos y vítores. Laura se cubrió la boca, fingiendo sorpresa y emoción, pero vi la tensión en sus hombros. Su sonrisa no llegaba a sus ojos.

Me quedé helada. Esto no había sucedido en mi vida anterior. Esta muestra pública y exagerada de afecto era algo que Carlos solo haría después de volverse rico y famoso. La sangre se me fue de los pies. No podía ser. ¿Era posible?

Carlos también había renacido.

El juego acababa de cambiar. Ya no se trataba solo de evitar sus trampas. Ahora era una carrera, una pelea directa contra un oponente que conocía el futuro tanto como yo. La tensión en el aire se volvió palpable.

Laura, a pesar de ser el centro de atención, parecía cada vez más incómoda. Carlos la colmaba de regalos caros, la recogía en la puerta de su casa con el coche de su padre, y no perdía oportunidad para proclamar su amor de una manera que a todos les parecía romántica, pero que yo sabía que era una actuación. Veía el pánico en los ojos de Laura cada vez que Carlos hablaba de su "futuro brillante juntos". Ella era su cómplice, sí, pero también era una pieza en su tablero de ajedrez, y parecía estar dándose cuenta de que él tenía sus propios planes.

La rigidez en su sonrisa, la forma en que su mano se crispaba en el brazo de Carlos, la mirada ansiosa que lanzaba a su alrededor cuando pensaba que nadie la veía. Todo me decía que Laura estaba atrapada. Tal vez en su vida anterior, ella creyó que estaba en una asociación de iguales, pero ahora, con el comportamiento maníaco de Carlos, estaba empezando a dudar.

Mientras ellos montaban su circo, yo me enfoqué. Me encerré en mi habitación y en la biblioteca de la escuela. Desempolvé mis viejos libros de texto sobre teoría del color, historia de la moda, patronaje y textiles. Al principio, temía haber olvidado todo, que los años de servir mesas hubieran borrado el conocimiento por el que tanto había trabajado.

Pero para mi sorpresa, fue todo lo contrario. La información fluía de regreso a mí con una facilidad increíble. Los conceptos que antes me costaban horas de estudio ahora me parecían obvios. Mis manos, al dibujar bocetos, se movían con una seguridad y una habilidad que mi yo de diecisiete años no poseía. Eran las manos de una diseñadora que había pasado años perfeccionando su arte en secreto, incluso en la miseria.

Cada noche, mientras Carlos y Laura perdían el tiempo en citas elaboradas, yo estudiaba hasta la madrugada. Llenaba cuadernos enteros con nuevos diseños, ideas que eran una fusión de la frescura de mi juventud y la sofisticación de mi experiencia futura. Me sentía fuerte, enfocada. El dolor y la humillación del pasado se estaban transformando en combustible.

La confrontación directa llegó antes de lo que esperaba. Estaba en el salón de clases, organizando mis apuntes y bocetos para la próxima clase de arte, cuando Laura se acercó a mi escritorio. El resto de la clase estaba enfrascada en sus propias conversaciones, pero un silencio incómodo se formó a nuestro alrededor.

"Sigues con tus dibujitos, Sofía," dijo, su voz con un tono burlón. "Algunas personas nunca aprenden a aspirar a algo más grande."

Antes de que pudiera responder, su mano se movió, "tropezando" con mi pila de papeles. Mis apuntes y, lo que es más importante, mis bocetos, se desparramaron por el suelo sucio.

"¡Uy, qué torpe soy!", exclamó con una falsa inocencia que me revolvió el estómago.

Levanté la vista del desastre en el suelo y la miré directamente a los ojos. El ruido de la clase se había desvanecido. Todos nos estaban mirando. En mi vida anterior, me habría puesto a llorar. Me habría sentido pequeña y patética.

Pero ya no.

Me levanté lentamente, sin apartar la mirada de la suya. Había una calma fría dentro de mí, una calma que la descolocó. Ella esperaba lágrimas, ira, una reacción que la hiciera quedar como la víctima. No se la di.

"No te preocupes, Laura," dije, mi voz firme y clara. "La basura se recoge."

Me agaché, recogí mis papeles con cuidado, uno por uno, y los limpié con la manga de mi suéter. Luego, volví a mi asiento, le di la espalda y continué organizando mis cosas como si ella no existiera.

Pude sentir su rabia, su frustración por no haber conseguido la reacción que quería. Pude sentir los ojos de toda la clase sobre mí, no con lástima, sino con una nueva curiosidad.

El mensaje era claro. La vieja Sofía estaba muerta. Y la nueva no iba a ser pisoteada tan fácilmente.

Capítulo 2

Laura no se movió de inmediato. Se quedó de pie junto a mi escritorio, su sombra cerniéndose sobre mí. Podía sentir su mirada furiosa en mi nuca. Después de un largo momento de silencio tenso, se inclinó y susurró, su voz un siseo venenoso apenas audible para mí.

"Ten cuidado, Sofía. Especialmente el día de la audición. A veces, las cosas pueden salir terriblemente mal. Un pequeño accidente, una bebida que te cae mal... nunca se sabe."

Esa amenaza, tan específica y cruel, me golpeó como un puñetazo en el estómago. Mis dedos se crisparon sobre el lápiz que sostenía, y sentí la punta de mis uñas clavándose en la palma de mi mano. El dolor agudo me ancló al presente, impidiendo que el pánico del pasado me abrumara.

Ella sabía exactamente qué decir. Había tocado la herida más profunda de mi vida anterior.

La escena volvió a mi mente con una claridad brutal. La víspera de la audición para la beca. Estaba nerviosa, repasando mi presentación por última vez en la biblioteca. Laura apareció con dos vasos de té helado, su sonrisa radiante y tranquilizadora.

"Para los nervios," me había dicho. "Mi receta especial. Te ayudará a relajarte y a dormir bien."

Confié en ella. Era mi mejor amiga. Bebí el té, agradecida por su apoyo. A la mañana siguiente, me desperté tarde, con la cabeza embotada y el cuerpo pesado. Durante la audición, mis manos temblaban incontrolablemente. No podía enhebrar la aguja de la máquina de coser. Mis palabras se trababan al explicar mis diseños. Los jueces me miraron con una mezcla de lástima y decepción. La beca, mi futuro, se me escapó de las manos.

Carlos, que presentó mis diseños robados como si fueran suyos, ganó. Laura estaba a su lado, celebrando. Solo meses después, cuando ya estaba hundida en la miseria, até los cabos. La "receta especial" de Laura no era más que una dosis calculada de somníferos.

Ahora, en el salón de clases, el recuerdo de esa traición me llenaba de una furia helada. Me giré lentamente para enfrentarla, mis ojos encontrando los suyos.

"Gracias por el consejo, Laura," dije, mi voz desprovista de emoción. "Me aseguraré de cuidar lo que bebo."

Su sonrisa vaciló por una fracción de segundo. No esperaba mi calma. Esperaba miedo.

Al verla allí, tan llena de malicia, me di cuenta de algo. Carlos podría ser el cerebro ambicioso, pero Laura era la ejecutora cruel. Y ambos eran estúpidos. Su plan en la vida anterior había funcionado porque yo era ingenua y confiada. Pero ahora, renacidos y con conocimiento del futuro, su arrogancia los cegaba. Creían que podían simplemente repetir sus acciones y obtener el mismo resultado, sin considerar que yo también había vuelto.

"Qué bueno que lo entiendas," siseó, antes de darse la vuelta y contonearse hacia su asiento junto a Carlos, quien la recibió con una sonrisa satisfecha.

Mi determinación se solidificó. No solo iba a ganar la beca. Iba a destruirlos. Iba a exponerlos por lo que eran y verlos caer tan bajo como ellos me habían hecho caer a mí.

Carlos, por su parte, parecía completamente consumido por su propia fantasía. Estaba tan obsesionado con recrear el futuro exitoso que había tenido, que descuidó por completo el presente. Empezó a faltar a las clases de la tarde para tomar trabajos de medio tiempo mal pagados. Lo vi una vez, a través de la ventana de una cafetería, limpiando mesas con una expresión de frustración en su rostro. Todo para poder comprarle a Laura el último modelo de celular o un par de tenis de edición limitada que ella exhibía al día siguiente en la escuela.

Se estaba agotando, física y económicamente, tratando de mantener una fachada de riqueza que no poseía. Su lógica era retorcida: si actuaba como el hombre exitoso que fue, entonces el éxito simplemente se materializaría a su alrededor. No entendía que su éxito anterior se construyó sobre mi ruina, no sobre su propio mérito.

Su comportamiento no pasó desapercibido. Pronto, su nombre apareció en el tablero de anuncios de la escuela, en la lista de estudiantes con demasiadas ausencias injustificadas. La oficina del director lo llamó varias veces. Empezó a juntarse con un grupo de chicos mayores, conocidos por meterse en problemas, fumar detrás de los gimnasios y saltarse las clases. Su caída en espiral había comenzado, y era él mismo quien la estaba acelerando.

Una tarde, mientras subía las escaleras hacia la biblioteca, me lo encontré. Estaba con su nuevo grupo de amigos, bloqueando el paso. El olor a cigarro se aferraba a su ropa.

"Vaya, vaya, miren a quién tenemos aquí," dijo Carlos, su voz con un tono burlón y arrastrado. "La señorita perfecta, siempre con sus libros. ¿No te cansas de ser tan aburrida, Sofía?"

Sus amigos se rieron, una risa hueca y desagradable.

Lo miré, observando las ojeras bajo sus ojos, la forma en que su uniforme escolar estaba arrugado y manchado. Parecía un fantasma de la persona que intentaba ser.

No dije nada. Simplemente me hice a un lado, rodeándolos, y continué mi camino hacia la biblioteca. Su risa me siguió por el pasillo, pero no me afectó. Era el sonido de un hombre cavando su propia tumba. Y yo no iba a detenerlo. Tenía trabajo que hacer.

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