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El Precio de Tu Amor

El Precio de Tu Amor

Autor: : Nova Chase
Género: Fantasía
Creía que mi vida era un cuento de hadas: una casita que olía a canela, un trabajo que amaba y Ricardo, mi esposo, el hombre que me traía flores sin razón y me susurraba "te amo" antes de dormir. Hasta que una noche, su teléfono se resbaló de su bolsillo y, al intentar guardarlo, la pantalla se encendió, revelando mensajes con "besos y corazones" de una tal Ximena. Mi estómago se retorció al leer los mensajes entre ellos: promesas de amor eterno, un hijo secreto y, lo más escalofriante, un plan detallado para asesinarme y cobrar una póliza de seguro de vida de un millón de pesos. ¿Podría el hombre que juró amarme planear una muerte tan cruel para mí, su esposa? Con el corazón destrozado y el alma rota, recordé las palabras de mi abuela, la "Curandera del Río" : "Cuando el peligro te aceche y no haya salida, mira a los ojos de tu enemigo y desea con toda tu alma estar en su lugar. El río te escuchará" .

Introducción

Creía que mi vida era un cuento de hadas: una casita que olía a canela, un trabajo que amaba y Ricardo, mi esposo, el hombre que me traía flores sin razón y me susurraba "te amo" antes de dormir.

Hasta que una noche, su teléfono se resbaló de su bolsillo y, al intentar guardarlo, la pantalla se encendió, revelando mensajes con "besos y corazones" de una tal Ximena.

Mi estómago se retorció al leer los mensajes entre ellos: promesas de amor eterno, un hijo secreto y, lo más escalofriante, un plan detallado para asesinarme y cobrar una póliza de seguro de vida de un millón de pesos.

¿Podría el hombre que juró amarme planear una muerte tan cruel para mí, su esposa?

Con el corazón destrozado y el alma rota, recordé las palabras de mi abuela, la "Curandera del Río" : "Cuando el peligro te aceche y no haya salida, mira a los ojos de tu enemigo y desea con toda tu alma estar en su lugar. El río te escuchará" .

Capítulo 1

Sofía creía que tenía un matrimonio perfecto, vivía en una pequeña casa acogedora que siempre olía a canela y a ropa limpia, su vida era sencilla, dedicada a su trabajo y a su esposo, Ricardo. Él era un hombre que parecía atento, un hombre que le traía flores sin motivo y le decía "te amo" antes de dormir, pero esa noche, todo se rompió.

Ricardo llegó tarde de una cena de negocios, sus pasos eran torpes y el olor a alcohol llenaba el aire. Sofía lo ayudó a quitarse los zapatos y lo guio a la cama, lo arropó con cuidado, como siempre hacía.

"Gracias, mi amor, eres la mejor", murmuró él, con los ojos ya cerrados.

El teléfono de Ricardo se deslizó de su bolsillo y cayó al suelo con un ruido sordo. Sofía lo recogió para ponerlo en la mesita de noche, pero la pantalla se iluminó, mostrando una serie de notificaciones. La curiosidad, una serpiente fría y silenciosa, se apoderó de ella. Nunca antes había revisado su teléfono, confiaba en él ciegamente.

Pero esa noche era diferente, algo en el aire se sentía pesado, podrido.

Con los dedos temblando, desbloqueó el teléfono, no tenía contraseña. Vio una conversación con una mujer llamada Ximena. Las primeras líneas eran besos y corazones, promesas de amor eterno. Sofía sintió un hueco en el estómago, pero se obligó a seguir leyendo.

Los mensajes se volvieron más oscuros, más detallados.

Ximena: "¿Ya está todo listo para el viaje, mi amor? No puedo esperar a que estemos juntos, sin ella".

Ricardo: "Paciencia, preciosa. La póliza de seguro ya está firmada. Un millón de pesos nos espera".

Sofía contuvo el aliento, el aire no llegaba a sus pulmones. ¿Póliza de seguro? Ella no recordaba haber firmado nada por tanto dinero. Siguió leyendo, cada palabra era un golpe.

Ximena: "¿Y cómo lo harás? Tiene que parecer un accidente, Ricardo. No podemos cometer errores".

Ricardo: "Tengo todo planeado. El viaje al río, la curva peligrosa, los frenos 'fallarán'. Será una tragedia, y yo seré el viudo desconsolado".

Ximena: "Nuestro hijo y yo te estaremos esperando. Por fin tendremos la vida que merecemos".

El teléfono se resbaló de las manos de Sofía y golpeó la alfombra. El mundo se vino abajo, las paredes de su casa perfecta se derrumbaron sobre ella, revelando una estructura de mentiras y traición. Su esposo, el hombre al que amaba, no solo la engañaba, no solo tenía un hijo con otra mujer, sino que planeaba asesinarla.

El pánico la ahogaba, se sentó en el suelo, abrazándose las rodillas, temblando sin control. Quería gritar, quería correr, pero su cuerpo no respondía. En medio de su desesperación, una voz resonó en su mente, una voz cálida y antigua, la voz de su abuela.

Su abuela, la "Curandera del Río", una mujer sabia que conocía los secretos de las plantas y los espíritus del agua. Antes de morir, le había transmitido un don, un secreto ancestral.

"Mijita", le había dicho la anciana, tomándole las manos, "tú tienes el poder del río. Cuando el peligro te aceche y no haya salida, mira a los ojos de tu enemigo y desea con toda tu alma estar en su lugar. El río te escuchará".

Sofía nunca había entendido completamente esas palabras, las había guardado como el recuerdo de una mujer a la que amaba. Pero ahora, en la noche más oscura de su vida, la promesa de ese don era un ancla en medio de la tormenta.

Se levantó del suelo, sus lágrimas se secaron y el temblor cesó. Miró a Ricardo, que dormía plácidamente, ajeno a la tormenta que había desatado. El miedo se transformó en una furia fría y calculadora. No iba a ser la víctima. No iba a dejar que él ganara.

Recogió el teléfono, lo colocó de nuevo en la mesita de noche y se acostó a su lado, fingiendo dormir. El plan de Ricardo seguiría adelante, pero el final sería muy diferente.

Ella también tenía un plan.

Capítulo 2

A la mañana siguiente, el sol entraba por la ventana como si nada hubiera pasado. Sofía se movía por la cocina con una calma que la sorprendió a ella misma, preparó el desayuno, el café olía como siempre, pero todo era una farsa. Mantuvo la compostura, una máscara de normalidad cubría la furia que hervía por dentro.

Ricardo bajó las escaleras, fresco y sonriente.

"Buenos días, mi amor", dijo, dándole un beso en la mejilla.

El beso se sintió como el toque de una serpiente. Sofía le devolvió la sonrisa, una sonrisa vacía.

"Buenos días, cariño. ¿Dormiste bien?".

"Como un bebé", respondió él, sin saber la ironía de sus palabras.

Durante los días siguientes, Ricardo interpretó el papel del esposo perfecto. Le llevaba el café a la cama, le dejaba notas de amor en el espejo del baño, la llamaba durante el día solo para decirle que la extrañaba. Cada gesto era un recordatorio de su traición, y cada mentira alimentaba la determinación de Sofía.

Una tarde, Ricardo llegó a casa con una carpeta bajo el brazo, su rostro brillaba de emoción.

"Sofía, tengo una gran noticia", anunció. "Conseguí cerrar el negocio que tanto esperaba. ¡Nuestros problemas de dinero se acabaron!".

Sofía fingió una alegría desbordante, lo abrazó, sintiendo el latido de su corazón traicionero.

"Pero hay algo que necesito que hagas", continuó él, abriendo la carpeta. "Es solo un trámite, una póliza de seguro de vida. Con este nuevo proyecto, es un requisito. Nos protege a ambos".

Extendió los papeles sobre la mesa. Sofía vio la cifra: un millón de pesos. Y vio el nombre del único beneficiario: Ricardo. Su plan estaba en marcha, y él la estaba haciendo partícipe de su propia sentencia de muerte.

"Claro, mi amor. Lo que sea necesario", dijo ella con una voz dulce.

Al día siguiente, fueron a la oficina de la aseguradora. El lugar era frío e impersonal. Un empleado con cara de aburrimiento les explicó los detalles, aunque Ricardo no dejaba de interrumpir, diciendo que ya entendían todo. Mientras Sofía tomaba la pluma para firmar, notó que el empleado la miraba con una extraña mezcla de preocupación y lástima. Sus ojos parecían decir: "¿Estás segura de esto?".

Sofía le sostuvo la mirada por un segundo, luego bajó la vista y firmó con una caligrafía firme y decidida. Cada trazo de su nombre era un juramento silencioso. No estaba firmando su muerte, estaba firmando la de él.

Al salir de la oficina, Ricardo estaba exultante, la abrazó con fuerza.

"¡Lo sabía! Sabía que entenderías", dijo, besándola en la frente. "Y para celebrar nuestro futuro, tengo otra sorpresa. ¡Nos vamos de viaje! Un fin de semana junto al río, como en los viejos tiempos, solo tú y yo".

Sofía levantó la vista y lo miró a los ojos, su sonrisa era radiante, pero sus ojos eran fríos como el hielo.

"Me parece una idea maravillosa, Ricardo. Un viaje inolvidable".

Él sonrió, satisfecho. No tenía idea de lo inolvidable que sería. La trampa estaba puesta, y ella caminaría hacia ella con los ojos bien abiertos.

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