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El Regreso de La Bailaora

El Regreso de La Bailaora

Autor: : Hei Bai Dong
Género: Romance
Mis cinco años de amor con Javier, por los que lo sacrifiqué todo, se hicieron cenizas en un instante cuando me abandonó sin piedad por la sobrina del dueño de la bodega. Llegué de Granada, dejando mi vida atrás, solo para que él me dijera que soy "una simple bailaora" que no encajaba en su nuevo mundo de ambición y poder. Intenté hablar, buscar respuestas, pero en la Feria de Abril, Isabel, su nueva prometida, me humilló públicamente, empapándome en rebujito ante las burlas de todos, mientras Javier me miraba con desprecio. ¿Cómo era posible que el hombre al que di mi alma me tratara como basura, y la mujer por la que me dejó se regocijara en mi dolor? Esa noche, salí de Sevilla jurando que volvería, no con lágrimas, sino con el peso implacable de mi fuerza. Tres años después, como Directora de Marketing de la prestigiosa Bodega "Sol de Andalucía", regresé al mismo escenario de mi humillación. Y allí estaba él, mi antiguo amor, Javier, paralizado al descubrir que ahora era su superiora. Esto no era solo sobre ambición; era sobre justicia.

Introducción

Mis cinco años de amor con Javier, por los que lo sacrifiqué todo, se hicieron cenizas en un instante cuando me abandonó sin piedad por la sobrina del dueño de la bodega.

Llegué de Granada, dejando mi vida atrás, solo para que él me dijera que soy "una simple bailaora" que no encajaba en su nuevo mundo de ambición y poder.

Intenté hablar, buscar respuestas, pero en la Feria de Abril, Isabel, su nueva prometida, me humilló públicamente, empapándome en rebujito ante las burlas de todos, mientras Javier me miraba con desprecio.

¿Cómo era posible que el hombre al que di mi alma me tratara como basura, y la mujer por la que me dejó se regocijara en mi dolor?

Esa noche, salí de Sevilla jurando que volvería, no con lágrimas, sino con el peso implacable de mi fuerza.

Tres años después, como Directora de Marketing de la prestigiosa Bodega "Sol de Andalucía", regresé al mismo escenario de mi humillación.

Y allí estaba él, mi antiguo amor, Javier, paralizado al descubrir que ahora era su superiora.

Esto no era solo sobre ambición; era sobre justicia.

Capítulo 1

Cinco años de amor se hicieron cenizas en un instante.

Javier me miró con ojos que ya no reconocía, fríos y distantes.

Estábamos en su nuevo y diminuto apartamento en Sevilla, un lugar que olía a pintura fresca y a ambición.

"Sofía, tenemos que hablar."

Su voz era tranquila, pero esa calma era más aterradora que cualquier grito.

Yo acababa de llegar de Granada, dejando atrás mi vida, mi familia y una beca para unirme a la compañía de Antonio Gades en Madrid. Todo por él. Todo por su sueño de trabajar en la prestigiosa Bodega "Sol de Andalucía".

"¿Qué pasa, Javier? Me estás asustando."

Él desvió la mirada hacia la ventana, donde el sol de Sevilla caía a plomo.

"He conseguido el puesto."

Una sonrisa intentó formarse en mis labios, pero se congeló. Su tono no era de celebración.

"Eso es maravilloso, mi amor. Sabía que lo conseguirías."

"Sí," dijo, y luego se giró para enfrentarme. "Y por eso, esto no puede seguir."

Sentí un vacío en el estómago. "¿Qué... qué quieres decir?"

"Quiero decir que tú y yo hemos terminado."

Las palabras me golpearon. No podía respirar.

"¿Qué? ¿Por qué? Hemos pasado por tanto... He renunciado a todo por venir aquí contigo."

Una sonrisa condescendiente se dibujó en su rostro.

"Exactamente. Has renunciado a todo. Eres una bailaora, Sofía. Una simple bailaora de Granada sin apellido ni conexiones. Yo estoy entrando en un mundo nuevo, un mundo de alta sociedad, de negocios, de poder."

"¿Y yo no encajo en ese mundo?" mi voz era un susurro roto.

"No," dijo sin piedad. "No encajas. Necesito a alguien que me impulse, no que me frene."

Entonces, soltó la bomba final.

"Estoy saliendo con Isabel."

Isabel. La sobrina del dueño de la bodega. La "niña bien" de la que me había hablado, la que le había facilitado la entrevista.

"Ella puede darme el futuro que quiero, Sofía. Un futuro que tú nunca podrías ofrecerme."

Me quedé allí, paralizada, mientras él recogía mis pocas cosas y las ponía junto a la puerta. Mi mundo se había derrumbado en menos de cinco minutos. El amor de mi vida me estaba diciendo que yo era un lastre, un obstáculo para su ambición.

"Vete, por favor," dijo, abriendo la puerta. "No hagas esto más difícil."

Salí a la calle, aturdida. El sol de Sevilla, que minutos antes parecía una promesa, ahora me quemaba la piel. Estaba sola, en una ciudad extraña, con el corazón hecho pedazos por el hombre por el que lo había sacrificado todo.

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Capítulo 2

Pasé dos días encerrada en una pensión barata, llorando hasta quedarme sin lágrimas. Mi orgullo estaba herido, pero una parte de mí, una parte estúpida e ingenua, se negaba a creerlo.

No podía ser el fin. No después de cinco años.

Quizás Isabel lo estaba manipulando. Quizás él no veía la verdad. Tenía que advertirle. Tenía que decirle qué clase de hombre era Javier en realidad.

Conseguí el número de Isabel a través de una antigua compañera de la universidad que conocía a gente en Sevilla. Le envié un mensaje.

"Isabel, soy Sofía. Necesito hablar contigo sobre Javier. Por favor."

Para mi sorpresa, respondió casi de inmediato.

"Claro, bonita. ¿Por qué no vienes a la caseta de mi familia en la Feria esta noche? Lo arreglamos todo. Javier también estará. Una despedida amistosa, para que no haya malos rollos."

La palabra "amistosa" me sonó falsa, pero la desesperación me cegó. Quizás si me veían, si hablábamos cara a cara, Javier recapacitaría. Quizás Isabel entendería.

Me puse mi mejor vestido de flamenca, uno que mi abuela había cosido para mí, y fui a la Feria de Abril.

La caseta era un hervidero de gente guapa y rica. La música sonaba a todo volumen y el olor a vino y fritura lo impregnaba todo.

Localicé a Javier e Isabel en el centro de un grupo ruidoso. Se estaban riendo. Cuando me vieron, la sonrisa de Isabel se ensanchó, pero era una sonrisa cruel.

"¡Hombre, miren quién está aquí! ¡La ex resentida!" gritó Isabel para que todos la oyeran. La música pareció bajar de volumen. Todas las miradas se clavaron en mí.

Javier no dijo nada. Solo me miró con una mezcla de lástima y desprecio.

"No he venido a causar problemas," dije, con la voz temblorosa. "Solo quería..."

"¿Qué querías?" me interrumpió Isabel, acercándose a mí. "¿Creías que podías venir aquí y recuperarlo? ¿Tú? ¿Una muerta de hambre de Granada?"

Sus amigos se rieron. Sentí cómo la sangre me subía a las mejillas.

"Javier te ha utilizado," le dije, mirándola a los ojos. "Solo te quiere por tus conexiones."

La sonrisa de Isabel desapareció. Por un segundo, vi un destello de inseguridad en sus ojos. Pero Javier rápidamente puso un brazo alrededor de su hombro, susurrándole algo al oído. La seguridad volvió al rostro de Isabel, más fea y retorcida que antes.

"¿Ah, sí? Pues parece que su plan está funcionando de maravilla. Y tú eres solo un recuerdo patético."

Se acercó aún más, con un vaso de rebujito en la mano.

"Déjame darte un consejo," susurró. "Vuelve a tu pueblo y no molestes más."

Y entonces, con un movimiento deliberado, volcó el contenido del vaso sobre mi pecho.

El líquido frío y pegajoso empapó la tela de mi vestido, el vestido de mi abuela. El murmullo de la gente se convirtió en burlas abiertas.

"¡Fuera de aquí, acosadora!" me gritó Isabel. "¡Largo!"

Me quedé paralizada, humillada, con el rebujito goteando por mi vestido. Miré a Javier, buscando una pizca de la persona que había amado. No encontré nada. Solo un extraño con una mirada vacía.

Me di la vuelta y salí de la caseta, corriendo, empujando a la gente, sin ver a dónde iba. Las luces de la feria se difuminaban a través de mis lágrimas.

Esa noche, abandoné Sevilla. Juré que nunca volvería. Y juré que, de alguna manera, algún día, se arrepentirían.

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