Lydia, a pesar de ser la única hija de sangre de la familia Garza era tratada como una pobre sirvienta, durante muchos años fue víctima de los abusos provenientes de su propio padre y su madrastra, pero a pesar de todo pronostico logro graduarse de manera satisfactoria de la preparatoria y de la universidad, todo iba bien. Sin embargo, debido a una trampa por parte de su hermanastro termina en prisión, sin poder hacer nada al respecto. Todos habían estado en su contra, y le apuntaban, aun sabiendo que seria incapaz.
Luego de cumplir su condena sale libre y logra hacer una fortuna, pero jamás olvido su sed de venganza.
En el camino se encontrará con personas que están dispuestos a ayudarla con su venganza, algunos sin recibir nada a cambio, y otros, lo harán por su cuerpo y su corazón.
¿Podrá Lydia ser capaz de logar su venganza? Todas las personas que estuvieron detrás de su desgracia y de la de su madre, deben pagar algún día, incluso si eso le lleva devuelta a prisión. Nadie se salvará de la ira del corazón de Lydia, la única persona que sería capaz de convencerla de perdonar, está muerta y todos saben que los muertos no hablan.
El despertador sonó y como era de costumbre Lydia rápidamente lo apago y se puso de pie. Suspiró, sabiendo muy bien cuál era su rutina desde hace años, la única diferencia a hace tres años atrás, es que debe ir a trabajar. Lo cual, la verdad, es menos sofocante para ella.
Sin muchos ánimos de nada, miro la foto sobre la repisa de su habitación y sonrió al ver una foto de su madre, quien había fallecido cuando era apenas una niña. Esa foto era lo único que le daba ánimos a continuar en esa casa, eso y su nana.
Lydia dejo de mirar la foto y observo su habitación, si es que se podía llamar así, no era más que un cuarto de servicio en la parte de atrás de la casa, no tenía más que las cosas necesarias, como su ropa, desodorante y toallas femeninas. Por fortuna, tenía su propio baño, pero no era la gran cosa, dado que no tiene agua muchas veces, por lo que en la regadera debe tener una vasija con agua para poder bañarse. Lydia entro al baño y se despojó de su ropa, la cual esa noche debía lavar a mano, ya que no tenía acceso a algo tan necesario como una lavadora. Lydia entro a la regadera y giro la llave de agua, al mismo tiempo de oraba en voz baja para que saliera la suficiente para poder bañarse. Suspiro de alivio al ver un pequeño chorro, lo suficientemente grande para ella poder bañarse esa mañana.
Lydia no podía demorar mucho arreglándose para el trabajo, ya que debía ir a preparar el desayuno de su familia, si es que se podía llamar así.
Una vez estuvo vestida y peinada apropiadamente para trabajo, tomo su maletín y abandona su pequeña habitación, camino rápidamente por el jardín trasero hasta llegar a la enorme casa, a la cual entro por la cocina, allí estaba su nana quien, al verle, le sonrió.
-Buenos días, mi niña -Le dice la mujer - ¿Has descansado?
Lydia sonrió con una pequeña sonrisa y aparto la mirada, evitando que su nana pudiese ver las enormes ojeras debajo de sus ojos, no quería que se metiera en problemas por su culpa, como la última vez que fue a reclamarle a su padre por obligarle a limpiar los cuartos de sus hermanos.
-Dormí bien, ya sabes -Le dice queriendo evitar la conversación.
Marie, como se llama su nana, ya había empezado a preparar el desayuno, por lo que a Lydia le tocaba preparar la mesa y servirles jugos. A medida que pasaban los minutos ellos iban apareciendo uno a uno. Primero fue su hermanastra, Erinda, quien es 5 años menor que ella, y actualmente asiste a la universidad y es modelo gracias a la influencia de su padre, el sí tiene talento para eso, es otro tema.
-Sera mejor que mi pan no tenga nueces -Dice en un tono de advertencia, una vez Lydia pone un plato sobre la mesa, justo delante de ella.
Rueda los ojos sabiendo exactamente qué es lo que dirá a continuación.
"Soy alérgica y podría causarme hinchazón en la cara"
-Soy alérgica y podría causarme hinchazón en la cara -Dice Erinda revisando su pan.
-No tiene nueces -Le asegura al mismo tiempo que deja un vaso con jugo de manzana a su lado. A lo que ella contesta con un sonido de desagrado, pero no dice nada.
La siguiente persona que apareció fue su madrastra, ella solo saluda a Erinda y se sentó, le sirve el plato y sin dirigirle una sola mirada empezó a conversar con Erinda.
Su padre bajo las escaleras y se sentó en su silla, le dirigió una mirada de desagrado y se unió a la conversación que mantenían aquellas dos mujeres. Finalmente, bajo Maximiliano, o Max, como suelen llamarlo, y saludo con una sonrisa a todos, a excepción de Lydia, claro está.
-Buenos días familia -Dice con una enorme sonrisa, que Lydia podía jurar, llegaba hasta sus orejas, y no sabe porque, pero tuvo un muy mal presentimiento, pero decidió ignorarlo y seguir con sus labores hasta que sea momento de irse.
Una vez terminaron de comer se levantaron de la mesa y salieron de la casa, Lydia se apresure a recoger los platos que estaban sobre la mesa y limpiarlos. Debía dejar la cocina y el comedor limpios para cuando ellos regresaran.
Una vez termino me giro sobre mis talones y Lydia se sorprendo al ver a Max detrás suyo, ella creyó que ya se había ido. Él estaba recostado en el marco de la puerta y una sonrisa arrogante se dibujaba en sus labios.
¿Qué es lo quería? Pensó Lydia sabiendo que nada bueno puede venir de ese hombre.
-No te preocupes por mi -Dijo Max, una vez tomo la mirada de desconfianza por parte de Lydia - Solo vine a verte antes del show.
Le dice con una sonrisa y abandonando la casa. Está vez Lydia fue capaz de escucha el motor de su auto siendo encendido y alejándose del lugar. Ella no estaba segura de que pensar con esas palabras que pronuncio antes de irse. ¿El show? Sea lo que sea no debe ser nada bueno, y eso sin duda le preocupaba.
Pero, la verdad era que ella no podía preocuparse por ello en ese momento, ya que debía llegar a tiempo al trabajo, de hecho, debía llegar antes que su padre y hermano.
Sin más, tomo sus cosas y salió corriendo de la casa, llamo un taxi.
-Por favor, lléveme rápidamente a las empresas Garza. El edificio de la calle 54
El conductor del taxi, no pregunto mucho, solo acelero y tomo atajos para llegar. Una vez allí, Lydia le tiro un billete a lo que el tipo se sorprendió, porque era mucho más de lo que costaba la carrera, pero no dijo nada al ver que ella salía corriendo del auto.
Lydia se apresuró en subir por el ascensor hasta su piso y una vez allí se sentó en su lugar de trabajo y suspiro de alivio al ver que había logrado llegar antes que esos dos.
Ella empezó su jornada de trabajo de manera habitual, hasta que revisando un documento se dio cuenta que una suma muy grande dinero, había desaparecido.
-¿Pero que...? -Dice en murmuro que fue interrumpido por un grito. Todos giran hacia el lugar del grito y ven al presidente de la empresa, es decir, su padre, junto a unos policías.
-¡Allí está, agentes! -Dice su padre mirando en su dirección
Lydia estaba confundida, y lo estuvo aún más, cuando los agentes se acercaron a ella y la tomaron de los brazos. Ella no puso mucha resistencia.
-¿Qué pasa? -Dice confundida.
-Lydia Garza, queda bajo arresto por malversación de fondos, tiene...
El agente seguía hablando, mientras el otro le ponía esposas, pero ella no estaba escuchando.
¿Bajo arresto? ¿Qué?
Aun en medio de la confusión, Lydia llego a ver a su padre quien le miraba con rostro de enojo, sus compañeros de trabajo mantenían un semblante sorprendido, y allí, entre todos ellos, estaba Max, Lydia enfoco sus ojos en él, y abrió la boca, pero ni una palabra salió de ella, sentía un nudo en su garganta.
A eso se refería cuando dijo show.
Ni siquiera cuando Lydia desapareció de la vista de todos, él dejo de sonreír.
Lydia salió del edificio junto a los agentes, tantos los empleados como las personas curiosas que pasan por el curar no le quitaron la mirada de encima, preguntándose que había hecho aquella chica para esos dos agentes la llevaran como una criminal.
Pero ella no lo era, ¿O sí?
¿Exactamente de que se le acusaba? ¿Malversación de fondos? Imposible, todo se debe tratar de un malentendido. Ella ese día había descubierto la falta de dinero ¿Qué había pasado?
Los agentes subieron a Lydia al auto y la llevaron hasta la estación de policías, al llegar la bajaron y entraron al edificio. Un hombre alto se puso delante de ellos.
-Aquí está, detective -Dice uno de los agentes, refiriéndose a Lydia.
-Muchas gracias -Responde el hombre, que al parecer es detective - Llévenla a la sala de interrogatorios.
Los agentes le hicieron caso y la guiaron hasta un cuarto donde la sentaron y la esposaron a la mesa, para luego dejarla sola. Lydia sentía que habían pasado horas desde que la llevaron allí, ni siquiera había desayunado y era más del medio día, ¿Hasta cuándo planeaban tenerla allí?
Lydia tenía la cabeza recostada a la mesa, no fue hasta que escucho la puerta abrirse que se enderezo y miro en dirección a la salida, por donde entraba el detective que había visto hace unas horas.
-¿Eres Lydia Garza? -Le pregunta el hombre tomando asiento frente a ella.
Lydia asiente.
-Bien, Lydia, ¿Puedes decirme que hiciste el XX de abril del 20XX?
-¿Qué? -Dijo ella confundida, hacia lo mismo todos los días - Me preparé ir al trabajo, hice el desayuno y fui al trabajo.
El hombre asintió.
-Tú te encargas de una gran cantidad de dinero en la empresa, ¿No es así? - Le dice el hombre -Tenías un buen puesto, pero no el que te mereces.
-¿Qué?
-Querías más, tu hermano tenía la posición que tu querías, así que robaste ese dinero creyendo que no te descubrirían.
¿Eso si quiera tenía relación alguna? Lydia no sabía, ella solo quería probar su inocencia.
-¿De que habla? -Le grito Lydia, al borde del colapso -Yo no robe nada.
-Si lo hiciste, aquí están las pruebas -Dijo el hombre abriendo una carpeta que Lydia ni siquiera había notado que estaba sobre la mesa.
Lydia miro los papeles sobre la mesa, debido al estado de shock y confusión en el que se encontraba le era imposible saber de qué trataban, al parecer el detective lo noto por lo que procedió a enseñarle hoja por hoja.
-Aquí está la prueba de que se le dio 100 mil dólares para la realización de otro proyecto, pero en vez de transferirlos a la persona correspondiente, lo transfirió a su cuenta de banco, y allí lo mando a otra cuenta en Brasil, para finalmente enviarla a una cuenta de banco en Panamá. ¿A quién se lo mandaste?
-Yo no hice eso -Dice Lydia.
-¿No? ¿Y porque había un boleto de avión con destino a Panamá entre tus cosas? Que casualmente tiene tu nombre -Le dice el hombre fingiendo sorpresa.
-¿Eh? ... Yo no...
Lydia no sabía que hacer, o que decir. Su rostro mostraba desconcierto y el policía lo sabía, pero, debía hacer lo que le dijeron, por lo que no tenía más opción que seguir con ello.
-Si confiesas la pena no será tan dura -Le dice -No hay manera de que escapes de esto- Le dice el hombre casi en un murmullo, pero lo suficientemente alto para que Lydia le escuchara.
Habían pasado ya unos días desde que se encontraba en esa pequeña celda, no estaba segura de cuantos, había dejado de cortar después de que pasara una semana, pero le avisan notificado que su juicio se realizaría al día siguiente, por lo que pronto saldría de allí, a un lugar peor.
-Garza -Dijo la voz del oficial - Tienes una visita.
Layla se puso de pie, esperando ver su abogado, quien podría venir con buenas noticias, pero en cambio, se llevó una gran decepción al ver Max.
-¿Por qué esa cara? -Le pregunta con burla - ¿No estás feliz de ver a tu hermanito? -Le pregunta Max entre risas.
-¿Qué haces aquí? -Le pregunta Lydia.
-Oh, no mucho, solo vine a despedirme de mi hermanita, dado que no te vere en un buen tiempo.
-Ni si quiera a pasado mi juicio, ¿Cómo estás tan seguro de eso? Mi abogado... -Lydia no pudo terminar sus palabras por Max le interrumpió con una risa que la dejo desconcertada - ¿Qué es tan gracioso?
-Tú, por supuesto -Le responde entre risas - Me parece que aún no te enteras de la película.
-¿Qué?
-Tu, ¿Quién crees que planto toda esa falsa evidencia? Solo quería deshacerme de ti, y lo logre, cuando ese viejo se muera la empresa será mía.
-¡Maldito! Esto no se quedará asi -Le grito Lydia
-¿De que hablas? -Se quedará exactamente así, después de todo no planeo solo meterte en prisión. Fue un placer verte, pequeña tonta -Le dice Max dirigiéndose a la salida.
-¡Max! ¡Vuelve aquí! ¡Desgraciado! -Grito Lydia hasta que sentía su garganta desgarrarse y quedarse sin voz.
El martillo del juez resonó en la sala lo que trajo a Lydia a la realidad e hizo que todos hicieran silencio, su juicio finalmente se estaba celebrando.
-Sea a declarado a Lydia Garza como culpable por el delito de malversación de fondos en la Empresa Garza, la sentencia es de 10 años en prisión -Dice el juez.
Dijo para luego abandonar el lugar, de reojo pudo ver como su abogado asentía en dirección a Max y este le asentía de vuelta.
Todo... absolutamente todo había sido planeado en su contra. Nadie estaba de su lado. Ni siquiera su maldito abogado por el que había pagado una fortuna, y ahora debía pasar 10 años de su vida en prisión.
Para ese punto Lydia ya había perdido cualquier esperanza, pero si de algo estaba segura era que nadie se salvaría, y haría que todas las personas involucradas pagaran. Su familia, en especial Max, quien había sido el orquestador principal de tal acto. Solo de recordar cómo se mofaba de ello la noche antes del juicio le hacía hervir la sangre.
Todos pagarían.