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El Renacer del Heredero

El Renacer del Heredero

Autor: : Xymenes Marchand
Género: Moderno
Me despertó el olor a humo, aunque mi mansión de Madrid estaba intacta. Era la noche de la fiesta, el inicio de mi infierno pasado. Pero ese humo solo existía en mi memoria: el fuego consumiendo mi hogar, la cara de Sofía, mi hermana adoptiva, apuñalándome mientras susurraba un nombre: Javier. Cuando la vi esa noche, tambaleándose por el pasillo, sus ojos no eran confusos, sino fríos y calculadores. "Busca a Javier", me ordenó, y supe la verdad helada: ella también había renacido. Mi amor por ella se había quemado en aquella vida. Ella, aferrada a su versión de la tragedia, repetiría su caída con Javier, un ambicioso parásito. Mis padres, ingenuos, serían solo daño colateral en su juego de poder. ¿Por qué, Sofía? ¿Por qué, con esta segunda oportunidad, elegir la misma autodestrucción? Ya no había dolor, solo la implacable necesidad de proteger a mi verdadera familia. Esta vez no intervendría. Les daría la cuerda que tanto ansiaban, pero me aseguraría de que jamás dañaran a quienes amaba. Mi nueva vida: no una venganza, sino una redención, escrita bajo mis propios términos.

Introducción

Me despertó el olor a humo, aunque mi mansión de Madrid estaba intacta. Era la noche de la fiesta, el inicio de mi infierno pasado.

Pero ese humo solo existía en mi memoria: el fuego consumiendo mi hogar, la cara de Sofía, mi hermana adoptiva, apuñalándome mientras susurraba un nombre: Javier. Cuando la vi esa noche, tambaleándose por el pasillo, sus ojos no eran confusos, sino fríos y calculadores. "Busca a Javier", me ordenó, y supe la verdad helada: ella también había renacido.

Mi amor por ella se había quemado en aquella vida. Ella, aferrada a su versión de la tragedia, repetiría su caída con Javier, un ambicioso parásito. Mis padres, ingenuos, serían solo daño colateral en su juego de poder.

¿Por qué, Sofía? ¿Por qué, con esta segunda oportunidad, elegir la misma autodestrucción? Ya no había dolor, solo la implacable necesidad de proteger a mi verdadera familia.

Esta vez no intervendría. Les daría la cuerda que tanto ansiaban, pero me aseguraría de que jamás dañaran a quienes amaba. Mi nueva vida: no una venganza, sino una redención, escrita bajo mis propios términos.

Capítulo 1

El olor a humo me despertó.

No era un sueño, era un recuerdo grabado a fuego en mi alma, el calor abrasador en mi piel, el crujido de la madera de la mansión consumiéndose. El grito de mi madre. El silencio de mi padre.

Y la cara de Sofía, mi hermana adoptiva, con los ojos llenos de un odio que nunca entendí.

En mi vida pasada, ella me apuñaló mientras el fuego nos rodeaba, susurrando el nombre de otro hombre.

Javier.

Abrí los ojos de golpe, el sudor frío empapaba las sábanas de seda. Estaba en mi habitación, en nuestra mansión de Madrid. El aire estaba limpio, sin humo, solo el perfume de las flores del jardín.

Miré el calendario digital en la mesilla. Era la noche de la fiesta. La noche en que todo empezó.

Un ruido me sacó de mi parálisis. Sofía. Estaba tropezando en el pasillo, su voz era un murmullo confuso.

Corrí hacia ella, mi corazón latiendo con el pánico de un recuerdo que aún no había sucedido. La encontré apoyada en la pared, con la mirada perdida.

"Sofía, ¿estás bien?"

En mi vida pasada, la abracé, la llevé a su habitación, la cuidé toda la noche. Ella lloró en mis brazos, culpándome por su "desgracia".

Pero esta vez fue diferente.

Levantó la cabeza y me miró, sus ojos se enfocaron con una frialdad que me heló la sangre. No había confusión en su mirada, solo un reconocimiento gélido.

"Ve a buscar a Javier."

No fue una petición, fue una orden.

"Él es el único que puede ayudarme ahora. Es mi antídoto."

En ese instante, lo supe. Ella también había renacido. Recordaba todo. Y en lugar de ver la verdad, estaba decidida a repetir su tragedia, a "corregirla" a su manera.

"¿Dónde está?", insistió, su voz dura.

Mi antiguo yo habría discutido, le habría suplicado que entrara en razón. Pero el amor que sentía por ella se había convertido en cenizas en aquel incendio. Ahora solo quería proteger a mis padres.

Asentí sin decir una palabra.

Bajé las escaleras, cogí las llaves del coche y salí al jardín. Javier, el becario ambicioso, estaba allí, hablando con uno de los camareros, su mirada recorriendo la opulencia de la casa con una codicia mal disimulada.

Recordé una escena de mi vida pasada, una que no entendí hasta ahora. Javier hablando con mi madre, Carmen, su voz melosa, sus halagos excesivos. "Carmen, cada día estás más radiante". Mi madre, una mujer buena y algo ingenua, sonreía, sin ver el cálculo en sus ojos. Él no solo quería a Sofía, quería el imperio Valbuena. Y no le importaba a quién usar para conseguirlo.

Me acerqué a él, mi expresión vacía.

"Sofía te necesita. Está en su habitación."

Javier sonrió, una sonrisa triunfante que no se molestó en ocultar. Pasó a mi lado sin darme las gracias y entró en la casa como si ya fuera el dueño.

Yo me quedé fuera, bajo las estrellas, respirando el aire fresco de la noche. Esta vez, no iba a interferir. Les daría lo que querían.

Y luego, me aseguraría de que nunca pudieran hacerle daño a mi familia.

Capítulo 2

Esperé en el jardín hasta que el sol comenzó a despuntar sobre Madrid. No sentía frío, ni cansancio. Solo una calma extraña, la calma de quien ya ha perdido todo y no tiene nada más que temer.

Cuando entré en la casa, el silencio era denso. Subí las escaleras y la puerta de la habitación de Sofía estaba entreabierta. Me detuve, sin intención de mirar, pero la voz de Javier llegó hasta mí, clara y arrogante.

"Tranquila, mi amor. Ese idiota de tu hermano no volverá a molestarte. Yo me encargaré de él."

Cerré los ojos un segundo. El dolor era un eco sordo, una vieja herida que ya no sangraba. Me di la vuelta y fui a mi estudio.

Horas después, Sofía apareció en el umbral de mi puerta. Llevaba una de mis camisas, su pelo estaba revuelto y tenía una expresión de furia contenida.

"¿Por qué lo hiciste?"

La miré sin comprender. "¿Hacer qué?"

"¡Drogarme! Anoche, en la fiesta. Querías aprovecharte de mí, ¿verdad? ¡Como siempre! ¡Tu obsesión enfermiza no tiene límites!"

Su acusación era tan retorcida, tan injusta, que en lugar de rabia sentí una profunda lástima. Estaba atrapada en su propia mentira, una que Javier alimentaba con gusto.

Negué con la cabeza, mi voz sonó indiferente, casi aburrida.

"No te drogué, Sofía. Ya no me interesas de esa manera."

Mi indiferencia la descolocó más que cualquier grito. Abrió la boca para replicar, pero en ese momento apareció Javier, colocándose detrás de ella, posesivo, una mano en su cintura.

"Déjala en paz, Mateo," dijo, actuando como su caballero andante. "Ya ha sufrido bastante por tu culpa."

Era una actuación perfecta para una audiencia de uno. Yo.

Pero el guion había cambiado.

Los miré a los dos, a la mujer que una vez amé y al hombre que la destruyó. Y para proteger a mis padres del dolor que se avecinaba, tomé la decisión más drástica de mi nueva vida.

"No tengo intención de molestarla," dije, mi tono era tranquilo, casi amable. "De hecho, si de verdad os queréis, contáis con mi apoyo."

El silencio que siguió fue absoluto.

Las caras de Sofía y Javier eran un poema. La confusión, la sospecha, la incredulidad. Esperaban una pelea, un drama, una guerra.

Yo les di mi bendición.

"Ahora, si me disculpáis," añadí, volviendo a mis papeles. "Tengo trabajo que hacer."

Los dejé en la puerta, completamente perplejos. Era el primer movimiento en una partida de ajedrez que no sabían que estaban jugando. Y esta vez, yo conocía todas sus jugadas.

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