El despertador se activa a las cuatro de la mañana en punto, me levanto tratando de desperezarme y tomo un conjunto deportivo, la noche de ayer estuvo estresante, lidiar con la "familia" es algo que me causa irritación.
Me levanto de mal humor, quizás correr unos cuantos kilómetros sea lo mejor para que la mente se despabile de una buena vez.
Hago calentamientos sobre la cera de la casa antes de comenzar, el vecindario es seguro, no es lujoso, es cómodo y de buen ver, parecido mucho a donde viví con mi madre.
Subo el volumen de mis airpods hasta el tope, coloco el celular en mi antebrazo, asegurando el soporte para que no se caiga y se haga mierda.
Ando muy irritable, desde que cumplí los catorce años siento que esta vida no es lo que deseara. Si, hay mucho dinero de por medio más, no siempre fue así.
Sonrío al ver una bella rubia, la conozco de algún lado, ¡oh si!, en su garaje hace un mes, pasé por ahí de casualidad y la vi batallar con una llanta pinchada. Bonita forma de agradecimiento que me dio, cuando le ayudé con su problema. La francesita besa muy bien y eso que no tocó mis labios, saben a qué me refiero.
Qué puedo decir, las mujeres me encantan, más si son de buen ver. Paso de largo diciendo adiós y ella me lanza un beso. Con ese mini short se ve espectacular, lista para sus ejercicios matutinos.
Saludo a algunos vecinos que también les gusta la rutina matinal, no me relaciono con ellos más allá del saludo, es preferible pasar desapercibido.
Sigo corriendo, la música animándome, despejando cada cosa desagradable que pasé en la cena.
Veo pasar un lindo trasero, nuevo, no lo había visto por estos lares, redondo y respingón, no dudo ni un segundo en seguirlo.
Me posiciona a su lado, mujer de baja estatura, con los airpods puestos y lo que supongo también los tiene a volumen alto.
No se percata de mi presencia por lo que, con dificultad, detallo cada parte de su pequeño cuerpo, su cabello negro en una coleta, pocos cabellos se le desplazan por su frente perlada por el sudor.
Necesito que se dé cuenta de mi presencia, por lo que sigo a su lado y ella como si yo no existiera, no vuelve su vista a los lados.
Casi a un kilómetro, se detiene en un parque para perros y hace una pausa para luego sentarse en una banca a ver el sol salir.
-¿Es común para ti seguir a las personas y acosarlas? -interroga sorprendiéndome, pero no me mira, su mirada está enfrente como si disfrutara de la vista.
-No es lo que piensas, corro por aquí todos los días-es obvio que estoy mintiendo, ni siquiera me detengo por este parque.
-Lo dudo, pero, si tú lo dices-coloca de nuevo sus airpods y se levanta para perderse por el camino.
¡Mierda! quedo como un maldito estúpido acusador.
Regreso a casa por donde siempre lo hago y no la vuelvo a encontrar.
Coloco mi celular sobre la cama y me meto al baño para darme una ducha, dejo que el agua caiga sobre mi cabeza, esperando que tranquilice un poco mis ideas.
¿Qué se le ocurrirá hoy a mi abuelo para seguir haciendo mi vida más difícil?
Me visto de traje para ir a la oficina, salgo de la residencia conduciendo un auto Honda Civic Sport Sedan, sé que no es el más caro, sin embargo, al menos no voy a viajar en autobús o el metro, aunque eso no me incomodaría.
Escucho a Imagine Dragon, tarareo cada canción de mi grupo favorito.
Oh, the misery
Everybody wants to be my enemy
Spare the sympathy
Everybody wants to be my enemy
(Look out for yourself)
My enemy (look, look, look, look)
(Look out for yourself)
But I'm ready
Saco mi frustración con el sonido invadiendo mis sentidos por medio de la música, el recuerdo de la cena regresa con pequeños fragmentos, los más desagradables de la noche, y golpeo el volante, meto el cambio a tercera y siento mi pie pesado al presionar el acelerador.
De forma repentina, freno en seco haciendo que las llantas rechinen, voy tan concentrado en mi pequeña tortura mental, la música y la velocidad, que no me percato de que el semáforo cambia a rojo.
La acción me impulsa hacia adelante y doy bocanadas de aire de la impresión, una chica abre los ojos como platos, ha quedado a centímetros del vehículo. En un instante su rostro palidece igual que el mío. La miro deslizarse de rodillas al suelo.
Parpadeo varias veces y con el temblor en todo el cuerpo y poniendo esfuerzo de mi parte, salgo del auto y camino hacia ella.
-¿Que mierdas pensabas? -sus ojos están rojos de lágrimas contenidas, el cuerpo le tiembla igual que el mío y aprieta los puños a los lados-por poco, por poco-muerde sus labios y se contiene, sacude su cabeza y mira hacia abajo, sigo sus movimientos, sin decir nada, mientras con premura, recoge su portafolios y algunas cosas que se han salido de este.
-Lo siento-digo intentando no mostrar el terror que siento al pensar en que si no hubiese frenado a tiempo hubiera ocurrido una desgracia, fui imprudente, me arrebata de las manos la carpeta amarilla que en un vano intento de ayuda tomo del asfalto.
-¡Imbécil! -se incorpora trastabillando un poco, pasa a mi lado empujando mi brazo, es tan pequeña que enojada se ve tierna, mi macho alfa en celo sale en circunstancias en las que no debería y eso está mal.
Cuando estoy a punto de subir al auto, noto que hay algo cerca de una de las ruedas, me inclino y tomo la agenda de color azul marino.
Algunos espectadores se quedan, no para brindar su ayuda, lo único para lo que son buenos es para sostener un celular y grabar, monos imbéciles y mente de cristal, obsesionados con redes sociales que solo incitan al odio y la vergüenza ajena.
Si, soy ese, un hombre que odia todo lo que tenga que ver con redes sociales
Con la escena de hace minutos rebotando de forma constante en mi cerebro y sintiendo nerviosismo, arranco el auto con suma precaución, sin retomar la música, conduzco al edificio en donde trabajo, una compañía dedicada a la fabricación de repuestos automotrices y desarrollo de los mismos.
Aparco el auto en el estacionamiento subterráneo, me quedo unos instantes dentro intentando que el temblor en las manos se calme un poco, hago respiraciones para controlarme.
Cuando al fin me siento listo para salir, abro el aparato, mientras tomo el maletín y camino erguido hacia el ascensor que me llevara a mi puesto de trabajo.
-Buenos días señor-saluda el encargado con una sonrisa amigable dibujada.
-Buenos días Jaime, por favor al primer piso-podría utilizar las escaleras, pero tengo dos razones para no hacerlo, la primera es que ya tengo el tiempo contado, y a la segunda no quiero sudar más de lo que ya lo hice con el susto de antes.
-Con gusto-presiona el botón y subimos, veo nuestro reflejo en el metal y arreglo mi cabello y corbata-¿seguirá en la recepción señorito?
-No lo sé Jaime, lo voy a averiguar en cuanto entre a ese piso.
El aparato se detiene y me despido del amable y carismático Jaime, al estar cerca de la caja de recepción, Stela, quien se hacía cargo de esta hace seis meses, una caja, saco un suspiro de resignación, lo que significa que ya no seré el recepcionista.
Así es que, si en sus cabecitas estaba el hecho de que era el dueño de tan enorme compañía, déjenme aclararles que no lo soy, mi abuelo es quien maneja todo esto.
Me regala una cara de pocos amigos, casi lanzándome la caja, escanea de pies a cabeza, hace una mueca de desagrado y da la vuelta moviendo su coleta alta y caderas de impacto.
Como si poniendo esa cara, me volveré a meter en su cama, no estoy tan loco como lo parezco, si lo hice por su insistencia y por qué tenía ganas de quitarme un poco el estrés que me produce estar metido aquí, claro está que ella jamás se imagina que soy el nieto del dueño, ese viejo cascarrabias, ni ella, ni nadie, sería una noticia que le llevaría oprobio a su elegante y refinado apellido.
Veo la nota de post-it naranja y leo: piso cuatro, departamento de compras con Sandra, personal a cargo, ella te dirá cual será tu trabajo.
Ni siquiera se digna a hablarme, antes de revolcarme con ella no dejaba de hacerlo.
Bajo mis hombros restando importancia a su actitud y a lo que leo en el pedazo de papel naranja, que horrible color, doy vuela de regreso al elevador, espero a que se detenga y me vuelvo a encontrar con Jaime quien me sonríe de regreso, elevo mis cejas con una sonrisa a boca cerrada y le indico con los dedos el número cuatro, lo escucho carcajearse de manera estruendosa.
-Mire el lado amable, saltó dos pisos de un solo tajo-eso me hace reír con ganas, este señor es más ocurrente de lo que pensaba.
Así con una sonrisa dibujada, salgo del ascensor y me adentro a la jungla del piso de purchasing, en donde seguro Sandra, me hará la vida un infierno, desde que veo su maléfica sonrisa que haría retroceder al mismísimo demonio.
-Bienvenido, Antón-y la forma en la que dice mi nombre parece que estoy recorriendo el corredor de la muerte hasta la silla eléctrica, doy un suspiro de resignación.
Si, bienvenido al infierno de Sandra...
-Vienes tarde-acusa con seriedad viendo el reloj que adorna su muñeca.
-Es una larga historia-pongo mi mejor carita de niño bueno y ella odia eso, motivo por el cual lo hago
-Si no estuviste apunto de matar a alguien, no me interesa-abro la boca para decirle que así fue, pero me detiene poniendo su mano enfrente-dije que no me interesa-me extiende unas carpetas mientras da la vuelta para guiarme hasta mi nuevo cubículo-son las facturas del mes pasado, debes subirlas al sistema y enviar las que estén pendientes a contabilidad, separarlas por código y Antón-da la vuelta con rapidez, haciendo que me pare en seco-lo quiero para ayer-sentencia, dándose paso hasta su oficina lejos de los plebeyos.
La veo perderse, miro el cubículo que es más pequeño de lo que pensaba, el que estaba anteriormente debió ser un puerco, al parecer lo prepararon especialmente para mí, el personal de limpieza no se dignó a sacar la basura.
Desalojo de todo lo que hay sobre el escritorio, y lo meto en una bolsa negra que solicité a la señora encargada de limpiar el lugar, apenada me susurro un "me dieron ordenes de no limpiar el lugar", le sonreí como respuesta es lo que imaginaba.
Aproveché para llevar un limpiador de superficies y ambientador de lavanda, uno de mis favoritos.
Con la mirada de todos los curiosos sobre mi lugar, me siento en un espacio limpio y seguro, saco las herramientas que utilizare y me percato de que tengo el folder de la chica que casi mató en la mañana, con lo tarde que llegué no recordaba que lo tenía.
-Me gusta lo que hiciste con el lugar-se acerca por sobre el cubículo una pelirroja, quien me regala una bonita sonrisa.
-Es un don, estoy acostumbrado a sacar la basura-sonríe con amplitud, y cuando digo eso lo digo de manera general, incluye desechos y personas.
-Bienvenido Antón-alarga su mano y acepto el saludo, aprieto su mano con delicadeza, como no conocerme si soy el recepcionista más guapo de todo este mundo.
-Seré tu nuevo vecino Grethel, ¿qué te parece?
-Es algo inusual, pasar de recepcionista a purchasing, es un gran logro, antes eras, parking, no importa es un logro excepcional, espero te sientas en casa.
-Estoy seguro de que así será-por supuesto, allá también me tratan como una mierda.
Se acerca mientras arrastra la silla del cubículo de al lado se coloca muy cerca.
-Seré tu maestra, todo lo que harás es sencillo, organiza las facturas por código, separa las que tengan este sello-señala donde esta uno de esos-y las que no la pones en aparte, abres este icono de aquí-toma el mouse y yo estoy atengo a sus movimientos-que es el sistema y cuando abra pones este usuario y esta contraseña...
Sigue explicando paso a paso de manera rápida, lo que hago es anotar cada paso, no es diferente al sistema que usan en recepción, pero si más complejo y delicado.
Después de unos veinte minutos aproximadamente, se levanta y se va, no sin antes dejar claro que lo que sea que necesite, está a mi disposición.
Creo que esa lamida de labios me indicaba que sea lo que sea, podría dármelo si se lo pido.
Lo tendré en cuenta, Grethel.
Sin mediar palabras con nadie más, me dispongo a hacer tal cual me enseñó mi compañera de trabajo. Sumido por completo en la jungla de facturas, veo a los demás levantarse, doy un vistazo al reloj, y veo que son las diez de la mañana.
Hora de un aperitivo, pero como no quiero encontrarme con nadie desagradable, le pido a Grethel que sea ella quien me traiga algo de la cafetería. El café de la oficina ayudara para pasar el rato hasta el almuerzo, así que antes de levantar mi trasero de la silla para servirme un poco, saco de la caja que me dio con "amabilidad" me regresó Stela, la taza de ¡el mejor tío del mundo mundial! Y sonrío al recordar que fue el primer y único regalo que recibí de mi sobrina Dagna.
Distraído viendo como tonto la taza, choco con alguien que no solo me hace soltar a mi precioso regalo, sino que escucho su quejido por el golpe contra mi costado, con mis reflejos a mil, sostengo su pequeño cuerpo entre mis manos mientras maldigo por la destrucción completa de mi precioso.
Vuelvo la mirada hacia la persona causante de mi desgracia y abro la boca y los ojos sorprendido de tan mala casualidad.
La chica a la que casi mato en la mañana... puedes por favor, aclamo a algún ser divino ¿ser un poco más amable conmigo? No te basta con la familia que me diste. ¡De verdad que no te basta!
-¿Tu? -decimos al unisonó aun teniendo su cuerpo pegado al mío la veo arrugar el entrecejo
-¡Deberías soltarme! -arremete cambiando el semblante de sorprendida a molesta, en un nano segundo.
Hago lo que pide y doy la vuelta para recoger los pedazos de mi podre taza-gracias por esto-respondo molesto y dolido.
-¡Es solo una taza! -sintiendo mi pecho arder enojado y dando gracias al cielo que no hay nadie más que nosotros en el sitio respondo.
-Vale más que tu vida, te lo aseguro.
-Y ¿es por esa razón que intentaste matarme hoy? -reprocha, la veo apretar el folder sobre su pecho y me siento in imbécil por haberla tratado así, seguro recuerda lo sucedido y le afecta, igual que a mí.
-Yo, lo lamento, no fue mi inten...-dejo la frase en el aire al escuchar las puertas del ascensor abrirse, todos vienen de regreso y Grethel se acerca a nosotros.
-Tu vienes a la entrevista ¿cierto? -la chica asiente-estábamos en la hora de break, ven conmigo y te anunciaré. Y Antón, aquí esta tu encargo-me extiende una cajita y le sonrío como agradecimiento-siéntate por acá-la lleva al cubículo que tengo al lado y le indica que espere.
Me siento para seguir trabajando el apetito se desapareció de mi sistema, así que, con duda, meto la taza en una cajita y la tiro al basurero.
-Por cierto, esto se te cayó por la mañana-extiendo la carpeta y en cuanto la toma, me largo hacia el baño sin esperar alguna respuesta.
Después de vaciar mi vejiga, lavo mis manos y mi rostro, me quedo un rato meditando en todo lo sucedido e intento no quebrarme y mandar todo al carajo.
"Lindo día el que estas teniendo Antón", digo viendo el reflejo.
Doy un par de respiraciones antes de salir y el lugar donde esta antes la chica, está vacío, el alivio llega a mí al no tener cerca su presencia. Me siento para seguir laborando ya que sin taza no puedo tomar café y no me gusta tomar las que está ahí, son pequeñas y no me gustan.
Tomo el celular y tecleo con rapidez un mensaje de texto
Yo: Lamento infórmate que la taza se me cayó, y se hizo añicos
Dagna: ¿cómo es posible ese suceso?
Yo: deja de imitar las frases de esos "influenser" de pacotilla, no me siento bien por lo que le sucedió a mi regalo.
Dagna: no dejaras de ser el mejor tío del mundo mundial, solo porque ya no está completa tu taza. Relájate tío. La reparas y la dejas de adorno y listo.
Es cierto, así que después de reflexionar en la frase "completa" me voy hacia el cesto de la basura para reparar mi adorado regalo.
Pero mis ánimos se bajan hasta el suelo, cuando veo que la cajita ya no está, ¿es enserio? cuando vine, el lugar parecía un basurero municipal, ahora resulta que lo quieren ver limpio.
¡Maldita, maldita sea! Respira Antón, respira maldición.
Si sigo así me dará un infarto, así que resignado a que, en mi vida siempre pasaran infortunios, sigo trabajando hasta que es hora del almuerzo.
Bajo a la cafetería siendo arrastrado por Grethel, quien, obligado, me ha sumado a pequeño grupo.
Los conozco a todos, siento recepcionista por casi seis meses también soy conocido, demasiado, era el que los recibía, con los buenos días, de pie hasta que el ultimo llegaba, también el que les hacia sus recados, recibía y enviaba sus paquetes, entre otras cosas. Y cuando hacían sus reuniones, debía prepara la sala grande para los ejecutivos, sus clientes y proveedores dependiendo de la ocasión.
Si creían que ser recepcionista era estas esperando llamadas y pasar mensajitos, están lejos de la verdad.
Si, era la sirvienta con mala paga de todo estos, miro alrededor y sorprendidos, sonríen a boca cerrada sin poder creer que un valet parking o car valet como quieran llamarlo, que entró hace un año a la compañía ahora este en el departamento de compras.
Al final de la fila cuando obtengo lo que necesito para comer, tecleo la cantidad de dinero que me han pasado por medio de un baucher y paso la tarjeta y que nos dan como empleados y esta envía error de pago con el lindo color rojo que a todos nos aterra.
-!No puede ser! -la limpio como un completo imbécil y paso de nuevo por el escáner, nada, error en pago y la luz roja, resignado pongo la bandeja a un lado para que la retiren.
Resulta que no se paga en efectivo, se paga con la maldita tarjeta sí o sí.
-No señorito, ven acá-Grethel pasa su tarjeta y paga mis alimentos tecleando la cantidad de dinero.
-No era necesario, no tiendo como se quedó sin saldo si casi no la utilizo
-Luego hacemos cuentas, ahora a comer tranquilos.
Le sonrío con gratitud, nadie me había tratado tan bien en mucho tiempo, me siento con ellos quienes comienzan una conversación casual, algo tan simple como el clima se transforma en sonrisas y el ambiente se siente tan calmado, lo que agradezco y así al fin, puedo comer tranquilo.
Y como no todo lo que pasa por mi vida es color de rosa...
-¿Qué hace el gerente general por estos lares? -Karen, una de las chicas del departamento, interroga, al escuchar decir eso, intento no atragantarme con un pedazo de carne, demasiado tarde, toso cuando siento pasar el pedazo sin estar bien masticado, tomo agua de inmediato para evitar mi muerte, sus miradas se detienen en nosotros incluidas las del señor "camino sin desear pisar el suelo por donde paso".
No levanto la mirada, agradezco las palmaditas de Karen en mi espalda, siento el tiempo detenerse cuando el gerente se para en seco al escuchar el pequeño alboroto de mi presunto ahogamiento, levanto la mirada que choca con la suya, proponente, altanero, sin una pisca de humildad.
Mira de soslayo como es su costumbre por ser una deidad inalcanzable, claro, todo eso está en su pequeña mente mortal.
El aire se torna pesado cuando sin querer, le sostengo la mirada con mi mejor cara de culo, inexpresivo como solo yo puedo serlo, y sin parpadear, lo fulmino con la mirada, lo que hace que se desconecte y siga con su recorrido.
Sigo con lo mío que es comer, sin dejar que me termine de arruinar mi día.
-¿Qué demonios fue eso? -cuestiona Grethel, a lo cual ignoro-¡guerras de miradas! Nadie se atreve a hacer eso al gerente.
-Debe ser tu imaginación-dicto serio, y termino de comer en silencio.
Regresamos de nuestro descanso, aprovecho a entrar al baño para cepillar mis dientes y refrescar el rostro, acomodo la corbata y veo que mi camisa no haya sufrido algún accidente con la comida.
Cuando veo todo en orden, salgo para seguir con los pendientes. El día es totalmente ajetreado, ruego por un descanso, pero no llega hasta las cinco en punto de la tarde, y feliz por haber culminado mi día, tomo mis cosas para ser libre cuando recibo una llamada en mi celular mientras camino al ascensor.
-Dime-respondo después de debatir si responder o no
-Ven a mi oficina ¡ahora!-ordena y cuelga, tan maleducado como siempre
-Como su majestad ordene-susurro asqueado, se abren las puertas del aparado y me subo indico a Jaime el piso que debo ir y sin chistar obedece.
Al salir ruego al ser divino que me trajo con vida hasta aquí que por favor acabe con mi calvario, sin embargo, al parecer es sordo.
Toco la puerta de la oficina del "supremo" y entro después de darme permiso.
Me quedo de pies cerca de su escritorio y lo veo con cara de malos amigos porque sencillamente no me agrada, tampoco me gusta que interrumpa el momento de descanso que pronto tendría si no me hubiese llamado para seguramente nada importante.
Sigue tecleando no sé qué diablos en su laptop ignorándome.
-Me llamaste para que te viera trabajar o me dirás que necesitas.
-No te atrevas a faltarme al respeto! -recrimina viéndome de pies a cabeza
-Perdón su majestad, olvidaba esto-y como si me valiera la vida, me inclino como si fuese de la realeza lo que lo hace enfadar más. - me atrevo porque se me da la gana, Manfrid-menciono su nombre con tanto desdén que lo hace arder de ira, esta tan rojo que podría freír un huevo en su cara.
-Soy el gerente general de la compañía, ¿quieres acaso enfrentarte a mi abuelo por tu falta de respeto a su heredero?
-¿Sabes lo que escucho cada vez que hablas? esto, bla, bla, bla y si, más bla. Dime de una buena vez lo que quieres o me largo a descansar.
-No quiero que me vuelvas a retar delante de los empleados como lo hiciste hoy-sentencia
-No te aparezcas donde no te llaman, dime ¿qué hacías en la cafetería de los plebeyos? Querías verme y retarme, -afirmo serio- sabias que reaccionaria, así que, no provoques lo que después te hará llorar, porque no te vi saludar a nadie, llegaste y me viste querías que lo hiciera, deja de ser un cobarde y déjame en paz, así como para ti no es grata mi presencia, mucho menos lo es para mí la tuya, no tientes a la suerte Manfrid.
Lo dejo con la palabra en la boca, y salgo dando un portazo, estoy cansado de todo ellos los malditos Fisher, yo no pedí estar aquí, ni siquiera deseo estar rodeado de ellos.
Salgo de edificio sintiendo la sangre arder, cada vez que mi vida da un giro de paz mental, viene alguno de ellos y la destruye.
Conduzco con cuidado, los recuerdos de lo que pasó por la mañana todavía me afectan, en silencio me dirijo a mi casa, al menos lo es.
Y para sorpresa del destino, la chica que, por poco atropello, llegó a la oficina, no me paré a pensar ¿qué hacía ahí? con tantas cosas malas que me pasaron, no pude saberlo, ni siquiera tuve la oportunidad de disculparme, su mala actitud no ayudó mucho que digamos.
Debo admitir que fue mi culpa, pero debería de darme oportunidad para perdonarme el susto que nos hice pasar.
Ahora que lo pienso, mi memoria me recuerda cuando evite que cayera al chocar conmigo y que soltara mi taza favorita, rodee su cintura con mis brazos y la pegue a mi pecho, es tan pequeña, y frágil, pero con un carácter jodido.
Llego a casa, meto el auto en el garaje y cierro, entro a casa y no puedo detenerme a pensar más, camino directo a mi habitación para darme una ducha caliente, relajarme de esa manera es lo que me gusta, después de bañarme y ponerme cómodo, entro la cocina para tomar algo, las ganas de cenar se fueron por el caño con la discusión con Manfrid, me pregunto ¿hasta cuándo dejara de molestarme? no gana nada con ello. Tiene la gerencia, es suya y pronto seguramente y sin dudarlo, la presidencia. Heredará todo cuando posee el viejo cascarrabias de Edel Fisher.
Sobo la sien por el dolor de cabeza que tengo, necesito relajarme, así que salgo de mi casa para caminar un poco, aún es temprano, donde vivo es muy seguro, es un residencial en el cual me puedo dar el lujo de pagar, al final de todo, la casa será mía en cuanto pague la última cuota, llevo años pagándola, y me siento orgulloso de ello.
Salgo con ropa casual, o ropa de vagabundo como le llamaría Dagna, es la ropa más cómoda la cual deseara llevar siempre.
Como en todo lugar, hay un parque con quioscos, como dije antes, no es un residencial para millonarios, es un lugar cómodo y seguro.
Arrugo el entrecejo al percatarme que muchas familias tuvieron la misma idea, los negocios están abiertos y las luces están encendidas. No pasan de las siete de la noche, camino cerca de los puestos de comidas y mi estómago gruñe, al sentir el aroma, sin refunfuñar, compro algo que llaman salchi-papa mixta, y como su nombre lo indica, tocino y papas, con queso crema y carne deshilachada y otro tipo de queso que no sé qué es, pero sabe al cielo.
Me acerco al circuito de patinaje y me siento para ver a los chicos divertirse.
-Eso quedaría bien con una de estas-veo con sorpresa a la chica que se me acerca sosteniendo un par de sodas, como no digo nada, parece incomoda, pasa su peso de una pierna a otra-bueno, este, debo irme...
-¡Espera! -la detengo de inmediato-sí, si por favor-la tomo y me sonríe aliviada-gracias, puedes sentarte si gustas-hago un espacio en la banca para que acomode-esto es mucho para mi ¿te gustaría un poco? -le ofrezco un poco de la comida chatarra y la acepta.
-Casi no transitas por aquí-toma un poco de comida y luego yo hago lo mismo
-Trabajo mucho-es la única excusa que tengo sinceramente no salía desde hacía mucho tiempo.
-Yo también trabajo y no me esclavizo tanto-ambos sonreímos-sabes... Antón
-Sabes mi nombre-me sorprendo un poco
-Casi todos lo sabemos, el hombre cuya vida es bastante solitaria.
-Tengo mis razones-le guiño y sonríe de regreso-me gusta estar entre sombras, como a Batman
-¿A quién? -interroga, de verdad no sabe quién es mi súper héroe favorito. La traición, la decepción.
Subo y bajo los hombros y me relajo.... Comenzamos a conversar, y me invitó a patinar, la rechacé, no necesito hacer el ridículo, ni raspones en el cuerpo.
Su hermano llegó por ella, me dio una mirada de enemigos a muerte, se nota que es el mayor, yo soy un poco cuidados con mi sobrina así que imagino que, para él, es mucho más difícil ver como su hermana crece y se le acercan como abejas al panal.
Me quedo solo de nuevo cosa que no me incomoda, y pienso en que la mayoría de las personas de este lugar en donde todo se conocen, me ven como un extraño hombre solitario que no sale de su casa nada más para trabajar.
Y es que cuando vivía mamá, vivíamos aquí teníamos un año de habernos mudado, solo que, pasaba el tiempo en casa o fuera cuando mi padre o el padre de él lo requería.
Ocultos todo el tiempo como si hubiéramos cometido algún delito y es que lo único que ella hizo fue amar a mi padre y el haberla amado.
Camino hasta la casa sintiendo que no he tenido una vida fuera de aquí y el trabajo y la familia de mi padre.
Me siento cansado de eso, no voy a permitir que siga así, voy a salir y a hacer amigos, ni siquiera sé qué es eso.
Voy a socializar y empezare por el trabajo, empezar a conocer a las personas, comenzar a vivir como yo lo considere y no como la familia de mi padre lo desee, ¿Quién dice que árbol genealógico no se puede recortar?