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El Retorno de la Diseñadora

El Retorno de la Diseñadora

Autor: : Bao Fu Ya Ya
Género: Adulto Joven
El recuerdo de esa noche me quemaba por dentro, una humillación tan profunda que se sentía como veneno puro. Frente a mis ojos, Carlos, mi exnovio, y Laura, mi supuesta mejor amiga, se reían de mí, la 'gran diseñadora Sofía', mientras yo les servía copas como una insignificante mesera. "¿No pudiste conseguir la beca y terminaste sirviendo tragos? Qué triste", dijo Laura con desdén, su voz arrastrando las palabras para que todos la escucharan. La risa de la multitud me golpeó como una bofetada, deseando que la tierra me tragara. Ellos habían destruido mi carrera, mis sueños, mi vida entera, todo por una beca de diseño que me robaron. El dolor era tan insoportable que sentí que me ahogaba, ahogada por la injusticia, ahogada por la traición. Cerré los ojos, con un único pensamiento: Quiero venganza. Quiero que paguen. Al abrirlos de nuevo, el bullicio del evento se desvaneció. Estaba sentada en un pupitre familiar, el olor a gis y papel viejo llenando el aire. Mis manos eran las de una adolescente, sin los callos del trabajo mal pagado. La fecha en el pizarrón me dejó sin aliento: 15 de marzo, a tres meses de la audición para la beca. Había vuelto. Había regresado al punto exacto donde todo comenzó a desmoronarse. Pero esta vez, no sería la Sofía ingenua. Esta vez, la historia no terminaría igual. Esta vez, la venganza sería mía.

Introducción

El recuerdo de esa noche me quemaba por dentro, una humillación tan profunda que se sentía como veneno puro.

Frente a mis ojos, Carlos, mi exnovio, y Laura, mi supuesta mejor amiga, se reían de mí, la 'gran diseñadora Sofía', mientras yo les servía copas como una insignificante mesera.

"¿No pudiste conseguir la beca y terminaste sirviendo tragos? Qué triste", dijo Laura con desdén, su voz arrastrando las palabras para que todos la escucharan.

La risa de la multitud me golpeó como una bofetada, deseando que la tierra me tragara.

Ellos habían destruido mi carrera, mis sueños, mi vida entera, todo por una beca de diseño que me robaron.

El dolor era tan insoportable que sentí que me ahogaba, ahogada por la injusticia, ahogada por la traición.

Cerré los ojos, con un único pensamiento: Quiero venganza. Quiero que paguen.

Al abrirlos de nuevo, el bullicio del evento se desvaneció. Estaba sentada en un pupitre familiar, el olor a gis y papel viejo llenando el aire.

Mis manos eran las de una adolescente, sin los callos del trabajo mal pagado.

La fecha en el pizarrón me dejó sin aliento: 15 de marzo, a tres meses de la audición para la beca.

Había vuelto. Había regresado al punto exacto donde todo comenzó a desmoronarse.

Pero esta vez, no sería la Sofía ingenua. Esta vez, la historia no terminaría igual.

Esta vez, la venganza sería mía.

Capítulo 1

El recuerdo de esa noche me quemaba por dentro, una humillación tan profunda que se sentía como un veneno corriendo por mis venas.

Estaba en un evento de moda deslumbrante, pero yo no era más que una mesera, sirviendo champaña a la gente que vivía la vida que yo había soñado.

Y entonces los vi.

Carlos, mi exnovio, y Laura, mi supuesta mejor amiga.

Se veían radiantes, exitosos, dueños de la industria. Laura llevaba un vestido que era descaradamente una copia de un diseño que yo le había mostrado en confianza años atrás.

Me reconoció mientras le ofrecía una copa, su sonrisa se torció en una mueca de desprecio.

"Vaya, vaya, miren a quién tenemos aquí, a la gran diseñadora Sofía."

Su voz era fuerte, arrastrando las palabras para que todos a su alrededor escucharan.

"¿No pudiste conseguir la beca y terminaste sirviendo tragos? Qué triste."

Carlos se quedó a su lado, con una sonrisa de superioridad, sin decir nada, su silencio era una daga más.

La risa de los que los rodeaban me golpeó como una bofetada. Me quedé helada, con la charola temblando en mis manos, deseando que la tierra me tragara.

La desesperación era un abismo negro y profundo. Habían destruido mi carrera, mis sueños, mi vida entera. Todo por una beca.

Cerré los ojos con fuerza, el dolor era tan insoportable que sentí que me ahogaba.

Quiero venganza. Quiero que paguen. Quiero recuperar lo que es mío.

Cuando volví a abrir los ojos, el ruido del glamoroso evento se había desvanecido.

Estaba sentada en un pupitre duro y familiar, el olor a gis y a papel viejo llenaba el aire.

La luz del sol entraba por los grandes ventanales del salón de clases.

Miré mis manos, eran las manos de una adolescente, sin los callos del trabajo duro y mal pagado.

Levanté la vista hacia el pizarrón.

Escrita con gis blanco, la fecha me dejó sin aliento: 15 de marzo.

Tres meses.

Estaba a tres meses de la audición para la beca.

Había vuelto.

Un ruido tremendo me sacó de mi estupor, gritos y aplausos venían del patio de la escuela.

Me asomé por la ventana junto con otros compañeros curiosos.

Lo que vi me heló la sangre.

En medio del patio, Carlos sostenía un ramo de rosas tan grande que apenas podía con él, a sus pies, un enorme corazón hecho con pétalos de rosa.

Levantó un megáfono.

"¡Laura! ¡Te amo! ¡Quiero que todo el mundo sepa que eres el amor de mi vida y que estaremos juntos para siempre!"

Mi corazón se detuvo.

Esa declaración, ese gesto tan exagerado y público, no era propio del Carlos que yo recordaba de esta época, él era más reservado, más calculador.

Esto era un acto de alguien que ya conocía el futuro.

Alguien que sabía que su unión con Laura le traería el éxito.

Él también había vuelto.

Laura bajó corriendo las escaleras, con una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Se arrojó a sus brazos, pero noté la rigidez en su cuerpo, la forma en que su sonrisa se tensaba en los bordes.

Parecía más abrumada y ansiosa que feliz.

Mientras todos aplaudían el "romance del siglo", yo sentí un frío glacial recorrer mi espalda.

Esto no era una segunda oportunidad, era una segunda ronda.

Y esta vez, yo no iba a perder.

Aparté la vista de la patética escena. Abrí mi libro de texto de historia del arte. Las fechas, los nombres, los estilos, todo fluía en mi mente con una claridad asombrosa.

Los años de lucha, de estudiar por mi cuenta en bibliotecas públicas mientras trabajaba en empleos miserables, no habían sido en vano. Todo ese conocimiento estaba ahí, listo para ser usado.

Me sentí fuerte, sentí una calma peligrosa apoderarse de mí.

Más tarde, mientras caminaba por el pasillo con una pila de libros, alguien chocó contra mí deliberadamente.

Mis libros y mis cuadernos de bocetos se esparcieron por el suelo.

"Uy, perdóname," dijo una voz falsamente dulce.

Era Laura.

Carlos estaba a su lado, mirándome con desdén.

"No te vi, Sofía," continuó Laura, su voz goteando veneno. "Siempre tan distraída, pobrecita."

Algunos de sus nuevos amigos se rieron.

Me agaché sin decir una palabra, recogiendo mis cosas con una calma que los desconcertó.

Cuando junté mi último cuaderno, me levanté y la miré directamente a los ojos.

No había lágrimas, no había ira, solo un vacío frío y calculador.

"No te preocupes," le dije, mi voz era baja y firme. "Pero la próxima vez, fíjate por dónde caminas."

Pasé junto a ellos, sintiendo sus miradas confundidas en mi espalda.

No entendían por qué no estaba llorando o gritando.

No entendían que la Sofía ingenua y frágil que habían destruido una vez, ya no existía.

En su lugar, había alguien que recordaba cada traición, cada lágrima, cada humillación.

Y que usaría cada uno de esos recuerdos como combustible para su venganza.

Capítulo 2

Al día siguiente, Laura me acorraló junto a los casilleros. Su sonrisa era puro veneno.

"Oye, Sofi," empezó con ese tono meloso que tanto odiaba. "¿Vas a participar en el concurso para la beca de diseño?"

"Sí," respondí secamente, sin mirarla.

"Qué bien," dijo, acercándose más. "Hay que tener cuidado, ¿sabes? A veces, un pequeño error el día de la presentación puede arruinarlo todo, un dolor de estómago, un dolor de cabeza..."

Hizo una pausa, saboreando el momento.

"O tal vez una bebida que te caiga mal."

Mi sangre se congeló.

Mis dedos se clavaron con tanta fuerza en la palma de mi mano que sentí que la piel se rompía.

El recuerdo me golpeó con la fuerza de un tren.

En mi vida pasada, el día de la audición, Laura me había traído una "bebida especial para los nervios".

Como una idiota, confié en ella.

La bebí.

A mitad de mi presentación frente a los jueces, un dolor agudo me dobló en dos, mi visión se volvió borrosa y vomité en medio del escenario.

Fue el fin. La humillación absoluta.

La beca fue para Carlos, quien presentó un portafolio sospechosamente parecido a los bocetos que yo había perdido unas semanas antes.

Ahora entendía. No fue mala suerte, fue un plan. Un plan cruel y deliberado.

Levanté la cabeza y la miré. La sorpresa en su rostro al ver mi calma fue casi satisfactoria.

"Gracias por el consejo, Laura," dije, mi voz sin inflexiones. "Lo tendré muy en cuenta."

Me di la vuelta y me alejé, dejándola con la palabra en la boca.

Mientras caminaba, una especie de risa amarga brotó de mi interior.

Eran tan estúpidos.

Creían que porque les funcionó una vez, les funcionaría de nuevo.

Creían que yo era la misma chica ingenua.

Carlos, en particular, era un imbécil de manual. Estaba tan seguro de su "destino" de éxito que ya había abandonado cualquier apariencia de esfuerzo.

Dejó de ir a las clases de la tarde, las que eran cruciales para preparar el examen de admisión a la universidad.

Decía que necesitaba ese tiempo para "trabajar y ganar dinero para los caprichos de Laura".

Laura, por su parte, estaba encantada.

Cada día aparecía con algo nuevo, unos tenis de edición limitada, el último celular, bolsas que claramente no podía permitirse.

Carlos se la pasaba trabajando de mesero en un restaurante, pero era obvio que su sueldo no alcanzaba para tanto.

Pronto, el director de la escuela lo mandó llamar.

Carlos se había saltado tantas clases que le levantaron un reporte, una mancha enorme en su expediente académico.

Empezó a juntarse con un grupo de chicos que tenían fama de problemáticos, los que se la pasaban fumando detrás del gimnasio y se sentían orgullosos de sus malas calificaciones.

Una tarde, mientras yo subía las escaleras hacia la biblioteca, me los topé de frente.

Estaban bloqueando el paso, riendo a carcajadas.

"Miren a quién tenemos aquí," dijo Carlos, arrastrando las palabras, olía a cigarro. "La señorita perfecta, la que se la pasa estudiando."

Uno de sus nuevos amigos me miró de arriba abajo.

"¿Qué tanto estudias, preciosa? ¿No te cansas?"

"Déjenla," dijo Laura, apareciendo detrás de ellos, con una sonrisa de suficiencia. "No tiene tiempo para divertirse. Está demasiado ocupada soñando con una beca que nunca va a ganar."

El grupo estalló en risas.

Yo los miré, uno por uno, grabando sus caras en mi memoria.

Me sentí como si estuviera viendo una película mala, una donde los villanos son tan torpes y predecibles que dan lástima.

No dije nada.

Simplemente los rodeé y seguí subiendo las escaleras, cada paso firme y decidido.

Su risa se fue apagando a mis espaldas.

No importaba.

Mientras ellos se hundían en su propia estupidez, yo estaba escalando.

Y la vista desde la cima sería espectacular.

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