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El Señor Poderoso De Los Soldados

El Señor Poderoso De Los Soldados

Autor: : Jump
Género: Fantasía
Peter Wang, el ex soldado de las fuerzas especiales, tenía la tarea de servir como guardaespaldas de Bella Song, la hermosa dueña de una de las empresas más grandes de la ciudad. Como luchador que sobrevivió a la agotadora vida en el ejército, pensaba que el trabajo era simple. Sin embargo, descubrió que estaba totalmente equivocado. En el corazón de una ciudad aparentemente tranquila, Peter se encontró con pandillas y gánsteres atroces mientras se ganaba el amor de varias mujeres hermosas en el camino: la esquiva Bella, la dulce Elaine, la joven Shelly, la gentil Lisa y más. ¿Quién podrá vencer a nuestro Rey de Soldados? Venga y descúbralo por sí mismos.

Capítulo 1 La dama a la que le robaron el bolso

Peter Wang salió de la oficina de Recursos Humanos sintiéndose triste y abatido.

Le costaba aceptar cómo habían resultado las cosas. De donde venía, todas las pandillas le temían e, incluso, lo apodaban el "Señor Poderoso de los Soldados". Sin embargo, allí en la ciudad, ni siquiera podía hallar un trabajo decente porque no tenía un título universitario. De repente, su teléfono sonó. Al notarlo, atendió de inmediato.

"Peter", habló la voz del otro lado de la línea. Era su novia, "Esto se acabó, voy a romper contigo. Te fuiste hace mucho tiempo, y yo necesito un novio, no un amigo por teléfono".

"Cariño, te lo ruego", trató de convencerla Peter: "Sé que no he estado cerca, pero ya regresé. A partir de ahora, siempre estaré contigo".

"¿Ah, sí? Bueno, ¿qué cosas puedes regalarme? Porque una persona lavando platos en el extranjero gana mucho más dinero que tú. ¿Qué es exactamente lo que puedes darme, eh?", lo desafió. "¿Tienes ahorros después de haber trabajado todos estos años? ¿Has encontrado un solo trabajo estable desde que regresaste? ¿Serás capaz de darme las cosas que quiero?".

"¡Podré hacerlo, te lo prometo! ¡Te compraré la casa que desees, la más grande! Cariño, siento mucho haberme ido. También lamento que estemos pasando por un mal momento. Estoy teniendo problemas para encontrar un trabajo en la ciudad, pero te prometo que todo mejorará pronto. Las cosas se arreglarán, y cuando lo hagan...".

"¿Y cómo harás eso?", lo interrumpió la chica: "¿Cómo se arreglarán las cosas, Peter? ¿Alguna vez me comprarás un auto BMW? ¿Me regalarás, en algún momento, un bolso Louis Vuitton? ¿Zapatos Ferragamo? ¿Trajes de Chanel? ¡Ja! Ni siquiera puedes darte el lujo de darme una casa de cien metros cuadrados, por el amor de Dios".

Peter guardó silencio.

"No tienes que decir nada, Peter", le dijo ella, tras un suspiro. "Estoy cansada, y ya no puedo seguir lidiando con esto. Adiós, Peter", se despidió mientras colgaba.

Atónito, el hombre apretó con fuerza el teléfono. A pesar de que su viejo Nokia había amortiguado la voz de la chica, el mensaje había sido tan claro como un día de sol.

"¡AHHHH! ¡Ayuda! ¡Alguien que me ayude! ¡Un ladrón, un ladrón! ¡Ese ladrón se robó mi bolso!". Peter escuchó que alguien gritaba desde el otro extremo de la calle.

Una mujer de traje estaba gritando, desesperada y con pánico. Corría tan rápido como le permitían sus zapatos de taco alto.

Un hombre de oscuras gafas de sol corría en dirección a una motocicleta, llevando un bolso Louis Vuitton en la mano.

"¡Muévanse de inmediato!", les gritó a las personas que observaban la escena, mientras se subía a su vehículo.

Tan pronto como estuvo montado, frunció el ceño, giró los manillares y aceleró.

Conmocionados, todos los que se encontraban en la acera se apretaron contra la pared, a la par que la motocicleta pasaba a toda velocidad. Ninguno se atrevió a bloquearle el camino.

Por esos días era arriesgado involucrarse en un robo, y nadie quería salir lastimado.

La mujer de traje vio, impotente, cómo se alejaba el ladrón.

Presenciar eso hizo que Peter se enfureciera.

Mientras la motocicleta se iba acercando, plantó los pies firmemente en el suelo, echó la pierna izquierda hacia atrás y, con todas sus fuerzas, dio una dura patada hacia el veloz vehículo apenas pasó frente a él.

La patada tomó al ladrón por sorpresa. ¡No podía creer lo que había pasado! La motocicleta cayó bruscamente, y comenzó a girar sobre el pavimento. El impacto arrojó al malhechor al otro extremo del camino, y lo obligó a soltar el bolso robado en el suelo.

"¡Ahhhhh!".

Los peatones gritaban y se llevaban las manos a la boca.

Peter, haciendo caso omiso a la conmoción, se acercó al ladrón. Con calma, tomó el bolso y se lo devolvió a la mujer. "Aquí está su bolso, señorita", le dijo.

"Gra... Gracias", logró articular ella, al percatarse de que él le estaba hablando. Seguía aturdida por lo que acababa de suceder.

Peter la observó por medio segundo y, luego, desvió la mirada.

"De nada, fue un placer", devolvió él.

El hombre se giró para marcharse.

Ella tenía el aspecto de ser una profesional que trabajaba en una empresa. Se la imaginó en una oficina con aire acondicionado, usando unas joyas exquisitas.

'Venimos de dos mundos diferentes', reflexionó Peter: 'Es inútil que piense en ella'.

"¡Espere un momento!". Peter sintió que una mano le tomó el codo por detrás. "Soy Elaine Dai. ¿Cuál es su nombre? Yo... solo quiero agradecerle por su ayuda", continuó. "¿Sería posible que almorzáramos juntos?".

La mujer lo miró, esperando su respuesta.

Peter tenía unos veinticinco años, y medía un metro ochenta. Su frente, sus mejillas y su mandíbula eran angulosas y bien definidas. No era la clase de hombre que destacaría entre una multitud, pero tampoco era feo.

"No fue nada, de verdad. No fue un problema para mí en absoluto. No necesita invitarme a almorzar. De todos modos, le agradezco la oferta", rechazó la invitación, mientras apartaba la mano de Elaine con suavidad: "Tengo que irme".

Aún seguía concentrado en su reciente ruptura: el amor de su vida se había alejado de él hacía menos de una hora. Aparte de eso, estaba en bancarrota y desempleado. No era un buen momento para aceptar una invitación a almorzar.

Elaine se quedó perpleja ante aquel rechazo inmediato.

Según la mayoría de las personas, ella era un espectáculo para los ojos. Tenía la piel clara y el cabello castaño, el cual realzaba sus brillantes ojos almendrados. Tenía a los hombres rendidos a sus pies, y cualquiera de ellos habría aceptado esa invitación en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, Peter la había rechazado sin dudarlo. '¿Habré perdido mi encanto?', pensó ella con tristeza. 'Ni siquiera me dijo su nombre', notó.

El hombre estaba a punto de alejarse cuando oyó una voz a sus espaldas.

"¡Detente!". ¡Era el tipo de la motocicleta! Se levantó del suelo y se dirigió hacia Peter, sosteniendo un afilado cuchillo plateado.

A pesar de la caída, el malhechor no había sufrido heridas graves. Como si fuera una bestia rabiosa, le lanzó una mirada feroz al otro hombre.

'Esto habría sido un robo fácil si no se hubiera metido en mi camino', pensó el ladrón. 'Es momento de darle una lección'.

"¿Me hablas a mí?", preguntó Peter, volviéndose hacia el otro hombre sin inmutarse.

Peter vaciló porque el tipo estaba bastante herido. Se quedó incrédulo ante la situación que se le presentaba.

"¿Qué planeas hacer?", demandó Peter. "¡DETÉNGASE!", chilló Elaine: "¡DETÉNGASE O LLAMARÉ A LA POLICÍA!". Rápidamente, la mujer se colocó frente a Peter, con el teléfono en la mano.

"¿Llamar a la policía?", preguntó el malhechor con un dejo de locura. "¡A la mierda con la policía! ¡Ambos estarán muertos para cuando ellos lleguen aquí!". El tipo se echó a correr en dirección a Elaine. El sol se reflejaba con intensidad en la superficie de su arma blanca. Los transeúntes estaban detrás, atontados como estatuas.

La mujer, que había palidecido, se puso a temblar. ¡No sabía qué hacer! Como se había criado en la ciudad, sin preocupación alguna, pensaba que esa clase de cosas solo sucedían en las películas.

Peter jadeó. '¿Qué demonios?', pensó. '¡Este hombre debe estar demente si intenta apuñalar a alguien a plena luz del día! ¡Parece que no ha aprendido la lección!'.

El ladrón estaba a punto de clavarle el cuchillo a Elaine, pero Peter reaccionó más rápido.

Capítulo 2 La chica que conoció en el bar

Gracias a sus reflejos, Peter logró tomar la mano del atacante, la que estaba sosteniendo el arma. Luego, lo abofeteó con su propia mano libre.

Como el otro no pudo esquivarlo, terminó con la cara ensangrentada.

Furioso, Peter arremetió contra el ladrón y comenzó a propinarle golpe tras golpe, hasta que el rostro del tipo quedó enrojecido e hinchado por todos lados.

¡ZAS! ¡ZIS, ZAS! ¡ZIS, ZAS!

Peter lo golpeó y lo pateó con todas sus fuerzas.

Pensó en todo lo que le había sucedido aquel día -la ruptura, la imposibilidad de encontrar un trabajo-, y canalizó toda esa frustración en sus golpes. No se sentía mal por el ladrón.

"Hoy estás de suerte, pero la próxima vez que vuelvas a causar problemas, te juro que te mataré. ¡Vete!", espetó Peter para echar al joven malhechor.

Al entender que había perdido, el tipo se marchó con las manos sobre su maltratado rostro. En su huida, ni siquiera se atrevió a tomar la motocicleta. No obstante, le lanzó una mirada vengativa a Peter, mientras pensaba: 'Pagarás por esto'.

El otro hombre lo ignoró. Si el tipo tenía las agallas para vengarse, ¡no le tendría piedad!

La pelea había hecho que Peter se sintiera bien: era la liberación que necesitaba por toda la tensión que lo había acompañado ese día. Estaba a punto de irse, cuando escuchó a Elaine tropezarse detrás de él.

El hombre se volteó con rapidez para evitar que terminara en el suelo.

"¿Se encuentra bien?", le preguntó, sosteniéndola. Apenas sintió la piel de la mujer contra la suya, su corazón se puso a latir con más prisa. Su belleza resultaba tentadora.

"Me torcí el pie", respondió ella, sintiéndose avergonzada. Tan pronto como él la hubo tocado, el rostro de Elaine se calentó.

Con pasos lentos y cuidadosos, Peter la sostenía mientras caminaban hacia un restaurante cercano.

Él no pudo evitar sentirse un poco mejor con el dulce perfume y el suave toque de la mujer.

Mientras tanto, la cara de ella se enrojecía y se calentaba más debido a la proximidad del hombre.

Los comensales miraron con curiosidad a la pareja cuando entró al restaurante, especialmente por el traje que ella llevaba puesto. Los ojos siguieron a los nuevos clientes, mientras ambos se movían para hallar una mesa.

Después de ayudar a Elaine a sentarse, Peter tomó asiento y dio un gran suspiro de alivio.

Aunque en verdad había disfrutado de la pelea; por dentro, el hombre sabía que se le había ido de las manos. La adrenalina se había sentido bien, pero no era suficiente como para despojarlo del dolor y la frustración que llevaba dentro de él.

"Por favor, deme un plato de sus fideos más caros, y carne extra", le pidió Peter al camarero.

Ja, ja.

A su alrededor, las personas comenzaron a intercambiar sonrisas y miradas burlonas.

Sentían pena por Elaine: pensaban que el tacaño de su novio la había llevado a una cita en aquel humilde restaurante, cuando era claro que la mujer pertenecía a la clase alta.

"Lamento no haber podido llevarla a un mejor sitio, pero he tenido problemas para encontrar trabajo. Me estoy quedando sin dinero", confesó él, ignorando los murmullos. Como realmente no tenía dinero, no fingió ser un hombre rico.

"Está bien, yo pagaré", dijo Elaine, sintiéndose cada vez más curiosa sobre Peter.

Si el hombre lo hubiese querido, podría haberse aprovechado de ella mientras caminaban porque estaba demasiado débil como para defenderse. Sin embargo, no lo hizo. Además, era genuino y honesto sobre su situación.

Ella prefería a esta clase de hombres, en lugar de los ricos e hipócritas.

De repente, a Elaine se le ocurrió una idea, por lo que habló: "Ha mencionado que tiene problemas para encontrar trabajo, ¿verdad? Usted es rápido y fuerte, nuestra empresa necesita un guardaespaldas. ¿Por qué no intenta postularse allí?".

"¿Qué? ¿De verdad? ¡Claro, por supuesto!", respondió él, emocionado.

Peter había estado toda la semana buscando trabajo. No supo lo difícil que era encontrar uno hasta que lo hubo experimentado por sí mismo. Incluso había considerado trabajar en alguna construcción para mover ladrillos y cargar cemento, solo porque era el único trabajo que podía obtener donde no le pidieran una amplia formación académica.

Por lo tanto, era imposible que no estuviera emocionado ante la oportunidad que Elaine le ofrecía. Sin duda, él habría elegido trabajar en seguridad antes que en construcción. El problema era que hasta los guardias de seguridad debían tener títulos universitarios, y eso, lamentablemente, descalificaba a Peter de inmediato.

"Perfecto, entonces", devolvió ella: "Vaya a buscarme a Personal Section en el décimo piso del edificio de Silverland Group, a las diez en punto. Dígale a la recepcionista que tiene una cita conmigo. Yo me encargaré de arreglar todo. No llegue tarde".

Elaine había temido que la rechazara de nuevo, igual que cuando lo invitó a comer. Sin embargo, como ahora el hombre había accedido, ella se aseguró de que no pudiera echarse atrás.

"Claro, llegaré a tiempo. ¡Gracias! ¡Muchas gracias!". Cuanto más pensaba en ello, Peter más se emocionaba. Sabía que era una gran oportunidad.

Aunque Peter había regresado a A City apenas una semana antes, ya había oído hablar de la reputación de Silverland Group.

Era una de las diez empresas más grandes de la ciudad. A su vez, se contaba entre los mejores empleadores: incluso los guardias de seguridad gozaban de buenos sueldos.

No obstante, era difícil conseguir aquel puesto ya que, además de un título universitario, también necesitaba una carta de recomendación expedida por la administración de alguna empresa. Sería un verdadero honor para él poder formar parte del personal de seguridad de Silverland Group.

Tras la comida, intercambiaron sus números de teléfono, antes de irse por caminos separados. "No llegue tarde, ¿de acuerdo?", le recordó Elaine. "¡No lo haré!", le prometió él.

Luego de despedirse, Peter decidió buscar un lugar con el fin de celebrar ese buen momento en su búsqueda laboral.

Eligió un bar llamado Sunny. La gente no paraba de entrar, y una multitud de jóvenes bailaba al ritmo de una canción de heavy metal que sonaba de fondo.

Las mujeres que estaban en el lugar llevaban prendas que dejaban ver piernas largas, grandes pechos, espaldas atractivas y cuerpos bien proporcionados. El ambiente estaba caliente, en más de un sentido.

Al establecimiento lo frecuentaban tanto estudiantes universitarios, como empleados de varias empresas.

Los desenfadados jóvenes, los sofisticados profesionales y las encantadoras mujeres hacían de Sunny una opción excelente para quienes buscaban un lugar para relajarse o para liberarse.

Con una cerveza en la mano y sentado en una esquina, Peter observaba a las atractivas chicas que estaban en la pista de baile. Se sentía bien. Esa era la primera vez que podía relajarse desde que había llegado a la ciudad.

"Oiga, ¿esta silla está ocupada?", le preguntó una voz fría. Peter se volteó para pedirle a esa persona que encontrara otro asiento, pero se quedó estático al ver que una hermosísima joven lo estaba mirando.

La chica tenía unos veintitrés o veinticuatro años. Aunque no parecía estar usando maquillaje, se veía muy guapa con sus cejas contorneadas y despejadas, sus labios carnosos y su bonita nariz.

Su vestido de encaje negro era modesto, en comparación con lo que usaban las otras chicas que se encontraban allí.

A pesar de que no revelaba mucha piel, dejaba ver su perfecta figura, su cintura fina y sus piernas largas.

Para Peter, Elaine ya era como una diosa. Si bien su belleza era por demás impresionante, él tenía la posibilidad de llamar su atención si se esforzaba lo suficiente. No obstante, esta chica era como un hada: completa y seguramente inalcanzable.

Él se preguntó qué hacía ella ahí, en aquel bar tan abarrotado.

La chica no esperó a que le respondiera. Se sentó en la silla libre que se encontraba al otro lado de la mesa, agarró la cerveza más cercana y comenzó a beber. Hizo caso omiso de la sorpresa que mostraba Peter.

Al hombre se le hacía difícil aceptar que la borracha frente a él no era la delicada hada que él había imaginado.

Además, ¡la cerveza salía a treinta y ocho dólares!

Se sintió bastante consternado.

Una botella...

Dos botellas...

Tres botellas...

Cuatro botellas... '¡¿Cuándo parará de beber?!', se preguntó Peter.

Como si lo hubiera escuchado, la joven dejó descuidadamente la última botella de alcohol. Puso los brazos sobre la mesa, dejó caer la cabeza sobre ellos y se echó a llorar. El hombre se quedó sentado allí, atónito.

Capítulo 3 La chica imprudente

"Pero, ¡qué demonios!".

Por lo general, Peter no solía decir palabrotas, pero en este preciso momento, no pudo evitarlo.

"Oye. Escúchame, chica. Si vas a llorar, puedes hacerlo en otro lugar porque, de lo contrario, la gente que está por aquí cerca va a pensar que yo te he hecho algo malo".

De hecho, estaba en lo cierto y ya podía percibir las miradas suspicaces que le dirigían las personas a su alrededor.

Seguro que una chica tan atractiva sería un blanco fácil para cualquier idiota que deseara ligar, y probablemente alguno lo intentara en cuanto ella entrara en cualquier bar.

Entonces, Peter emitió un gruñido.

"¡Cállate! ¡Déjame en paz! Ahora, voy a llorar tanto tiempo como me apetezca, ya que los hombres son gilipollas. ¡Todos ustedes son unos BASTARDOS! ¡Una pandilla de imbéciles que no sirven para nada!".

En ese momento, la chica reaccionó de forma histérica, súbitamente se puso de pie, agarró a Peter por los hombros y empezó a intentar rasgarle la ropa, dándole golpes en el pecho, mientras gritaba y seguía llorando.

Ante esta reacción, Peter sintió aún más vergüenza e incomodidad debido a la escena que la joven estaba creando. Sin embargo, estaba claro que no podía simplemente empujarla para que se alejara, ya que, si lo hacía, él quedaría incluso peor ante la gente que estaba cerca de ellos. Por este motivo, le parecía que no había nada que pudiera hacer.

'Si pudiera pensar en alguna forma simple y decente de dejarla...', pensó él en su interior.

"¡Oye! ¡Para ya! Bien, ¿sabes una cosa? Tienes toda la razón porque todos los hombres son malvados. En efecto, todos somos unos CERDOS. Ahora, ¿por favor, puedes dejar de llorar? Cálmate, siéntate conmigo, vamos a beber algo y puedes contarme lo que te ha pasado. Quizás eso te sirva de ayuda. ¿Qué te parece?".

Mientras la chica lloraba, Peter consiguió decir estas palabras a pesar de lo molesto que se sentía con toda la situación. 'Evidentemente, esta mujer está loca. ¿Qué le he hecho yo para que reaccione de tal modo?', pensó para sí mismo.

"¡No!", respondió ella en tono desafiante: "¡Seguro que eres como todos los demás! ¡Todos ustedes son idiotas!". A la vez que gritaba, ella empezó a agarrar la ropa del joven con tal intensidad que estuvo a punto de romperle la chaqueta.

Al llegar a este punto, Peter se quedó perplejo, sin saber qué hacer. En un desesperado intento por encontrar a alguien que pudiera ayudarle, vio a un hombre corpulento con ambos brazos llenos de tatuajes que iba seguido por varios chicos con el pelo teñido y un aspecto igual de amenazante que su cabecilla. Sin duda alguna, eran un grupo de gánsteres.

Como era evidente, la actitud de todos ellos mostraba que no sentían ningún miedo, puesto que seguramente tenían el control absoluto de esta parte de la ciudad.

"Oye, tú, gilipollas. ¡Quítale las manos de encima a mi hermana ahora mismo! No te atrevas a tocarla porque, como le pongas un solo dedo encima, hijo de puta, ¡vas a MORIR!", pronunció el hombre de los brazos tatuados al tiempo que se acercaba hacia él, con los ojos encendidos por la ira y los puños apretados en señal de pelea.

'¿Pero, estás ciego o qué te pasa?', pensó Peter tras oír sus amenazas. '¿No te das cuenta de que es tu hermana la que me está agarrando y no me deja en paz? ¿Quién diablos es este feo cabrón? ¡Es imposible que esta hermosa mujer y tú sean de la misma familia!'.

Antes de que Peter pudiera decir alguna palabra, la joven reaccionó de un modo que resultó sorprendente para todo el mundo.

En un abrir y cerrar de ojos, ella dejó de llorar, agarró una botella vacía de la mesa y le golpeó con ella en la cabeza al hombre tatuado.

"Pero, ¿cómo que hermana? ¿Por qué demonios me llamas hermana? ¡Te aseguro que preferiría que me condenaran a muerte antes que estar emparentada con alguien tan feo como tú! ¿Te crees que simplemente puedes aprovecharte de mí de ese modo? ¡Pues bebe un poco de tu propia sangre, hijo de puta!", gritó ella, a la vez que volvía a golpear al hombre con la botella. Aunque el impacto fue lo suficientemente fuerte para provocar dolor, no consiguió herir al hombre.

"¡Maldita perra! ¿Cómo te atreves a pegarme? ¡Desde ahora, puedes darte por muerta! ¡Ustedes! ¡Vengan y despellejen a esta loca y córtenle el pene a este tipo! Para cuando hayamos terminado de hacerlo, los dos desearán estar muertos".

Mientras se tocaba su recién golpeada cabeza, el jefe de la banda pronunció esas órdenes para sus secuaces.

"Como te atrevas a insultarme otra vez, zorra, te aseguro que vas a morir". Debido a la borrachera que aumentaba su osadía y su sentimiento de rabia, la joven sujetó con fuerza la botella en su mano, lista para luchar.

Cuando la vio así, Peter la aferró y la empujó para situarla a su espalda. Acto seguido, agarró dos botellas, una en cada mano, y se preparó para la pelea mientras los hombres se acercaban.

¡Pum!

Con un movimiento rápido, estrelló la botella de la mano izquierda contra la cabeza del hombre de los tatuajes, y el envase se rompió, igual que el cráneo del jefe de la banda.

¡Pum!

De inmediato, con la botella que tenía en la mano derecha golpeó al siguiente hombre en la cara y vio cómo la sangre brotaba por todas partes; a continuación, el hombre cayó al suelo con un ruido sordo.

Sin detenerse ni un segundo, Peter levantó la pierna y empezó a propinar patadas a cada uno de los hombres a medida que se acercaban a él.

¡Zas, pum, plaf! Y no paró hasta que uno por uno, se deshizo de seis o siete hombres que acabaron tirados en el suelo, gritando de dolor.

Después de la pelea, una pequeña multitud se congregó alrededor de la escena, mientras que otras personas decidieron abandonar el bar silenciosamente por miedo a involucrarse y ponerse en peligro. Durante unos minutos, todo el bar se vio envuelto en una situación de absoluto caos.

"¡Guau! ¡Qué buen golpe! ¡Pégale en la cara! ¡Golpéalos hasta dejarlos muertos! ¡Dales a estos bastardos lo que se merecen!".

Al parecer, la mujer no estaba en absoluto angustiada por la situación, de hecho, hasta parecía haberse divertido y disfrutado con la pelea.

"Pero ¿qué haces? ¿Estás loca o qué? ¡Tenemos que salir corriendo a toda prisa!", dijo Peter gritando mientras la atraía hacia él, y ambos salían rápidamente del bar

seguidos por el personal de seguridad que se acercaba rápidamente a ellos. ¡Si no hubieran corrido a gran velocidad, seguro que les habrían atrapado! Aunque a Peter no le importaba mucho involucrarse en situaciones desagradables, decidió que lo mejor sería evitar más problemas.

"¿Por qué nos vamos ya? ¡Aún no he disfrutado lo suficiente! ¡Suéltame! ¡Deja que me vaya!", vociferó la mujer al tiempo que intentaba soltarse tercamente, ya que él la sujetaba por el brazo.

Justo entonces, la paciencia de Peter se agotó, así que la agarró con fuerza cubriéndole la boca con una mano y huyeron, aprovechando el caos. 'Realmente parece que no tiene miedo de verse envuelta en problemas', pensó él. 'Y ya me ha causado bastantes dolores de cabeza'.

En su huida, continuó corriendo hasta que encontró una esquina de la calle que no podía verse desde el bar. Entonces se detuvo y una intensa frustración se apoderó de él. '¿Por qué tienen que pasarme estas cosas justo cuando me encuentro contento y relajado?'.

Tras pensar esto, decidió que no quería volver a ver a esta mujer nunca más y que haría todo lo que estuviera en su mano para asegurarse de ello.

"Dios mío, estoy agotada y me duelen mucho los pies, pero ¡no me había divertido tanto en años! ¿Lo sabes? Por cierto, guapo, yo soy Bella Song. ¿Cómo te llamas y por qué no me das tu número de WeChat?", le preguntó a Peter.

Esa noche lo único que ella deseaba era ahogar sus penas en alcohol, pero ¿quién podía imaginar que ocurriría algo tan emocionante e inesperado como esa pelea? Como consecuencia, ahora se sentía mucho mejor.

Al comprobar su valentía, ella se sintió atraída por Peter porque, a pesar de su aspecto fuerte y masculino, tenía un aura agradable y se comportaba con amabilidad. En comparación con el resto de los hombres del bar, él parecía el más honesto de todos.

Sin embargo, ella nunca se habría imaginado que alguien con una apariencia tan bondadosa como la suya pudiera lanzar patadas y golpes como lo había hecho.

Ignorando por completo la pregunta de Bella, Peter procedió a tomar un taxi en la calle. En cuanto consiguió uno, la agarró y la empujó al interior del vehículo: "No te voy a decir mi nombre ni mi número de teléfono; no es necesario porque no quiero volver a verte nunca más. ¿Está claro? Adiós".

"¡Bastardo!", dijo Bella, justo antes de que la puerta del taxi se cerrara ante su cara. Como estaba cabreada, hizo que el taxista se detuviera y se bajó del coche, totalmente decidida a insultarle al idiota que la había abandonado hacía un segundo. Sin embargo, para cuando ella logró apearse y volver a la calle, él ya se había ido.

'¿Cómo te atreves a tratarme así? La próxima vez que te vea, haré que te arrepientas de esto', pensó Bella sentada en la acera muy enojada, mientras veía cómo el taxi se alejaba.

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