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El Secreto de Sofía: Venganza

El Secreto de Sofía: Venganza

Autor: : Nert Stiefez
Género: Urban romance
La música llenaba el salón, pero para Sofía, cada nota era la banda sonora de la noche perfecta que había planeado durante meses, el aniversario de la empresa que construyó con Mateo, su prometido. En su bolso, la prueba de embarazo confirmaba que su vida estaba a punto de cambiar para siempre. Pero su sonrisa se congeló cuando vio a Daniela, la secretaria de Mateo, entrar pálida y tambaleándose. Los ojos de Mateo no estaban en Sofía, estaban fijos en Daniela, corriendo hacia ella, ignorando a todos. La atrapó justo cuando iba a caer, y Daniela, con una mano en su vientre, anunció: "Es el bebé... a veces me hace sentir así." La palabra "bebé" resonó en el silencio como un disparo. El mundo de Sofía se derrumbó. Dejó la copa temblorosa y salió, sintiendo las miradas de lástima y burla. Al llegar a casa, Mateo la confrontó, diciendo que fue un error, que la amaba a ella y que se "encargaría" de Daniela. En un arrebato de desesperación, Sofía le mostró su propia prueba de embarazo positiva. La alegría retorcida de Mateo al saber que ella también estaba embarazada fue la gota que derramó el vaso. "No habrá ningún bebé", dijo Sofía, arrojando la prueba al inodoro, decidida a terminar con todo. Mateo no la dejó ir fácilmente; llamó a sus padres, quienes llegaron para manipularla. "Los hombres son hombres", dijo su madre, añadiendo sal a la herida. Su padre la golpeó por "deshonrar" a Mateo. Allí, Sofía lo entendió: no podía seguir siendo la víctima. La guerra apenas comenzaba, y esta vez, ella no perdería.

Introducción

La música llenaba el salón, pero para Sofía, cada nota era la banda sonora de la noche perfecta que había planeado durante meses, el aniversario de la empresa que construyó con Mateo, su prometido. En su bolso, la prueba de embarazo confirmaba que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.

Pero su sonrisa se congeló cuando vio a Daniela, la secretaria de Mateo, entrar pálida y tambaleándose. Los ojos de Mateo no estaban en Sofía, estaban fijos en Daniela, corriendo hacia ella, ignorando a todos. La atrapó justo cuando iba a caer, y Daniela, con una mano en su vientre, anunció: "Es el bebé... a veces me hace sentir así."

La palabra "bebé" resonó en el silencio como un disparo. El mundo de Sofía se derrumbó. Dejó la copa temblorosa y salió, sintiendo las miradas de lástima y burla. Al llegar a casa, Mateo la confrontó, diciendo que fue un error, que la amaba a ella y que se "encargaría" de Daniela.

En un arrebato de desesperación, Sofía le mostró su propia prueba de embarazo positiva. La alegría retorcida de Mateo al saber que ella también estaba embarazada fue la gota que derramó el vaso. "No habrá ningún bebé", dijo Sofía, arrojando la prueba al inodoro, decidida a terminar con todo.

Mateo no la dejó ir fácilmente; llamó a sus padres, quienes llegaron para manipularla. "Los hombres son hombres", dijo su madre, añadiendo sal a la herida. Su padre la golpeó por "deshonrar" a Mateo. Allí, Sofía lo entendió: no podía seguir siendo la víctima. La guerra apenas comenzaba, y esta vez, ella no perdería.

Capítulo 1

La música llenaba el salón de fiestas, pero para Sofía, era solo un ruido de fondo. Sostenía una copa de champán que no había tocado, su mirada fija en la entrada, esperando a Mateo. Llevaba meses planeando esta noche, el aniversario de su empresa conjunta, el momento perfecto. En su bolso, escondida en un pequeño estuche de terciopelo, reposaba la prueba de embarazo positiva. Iba a ser la sorpresa que cambiaría sus vidas para siempre, el sello de su amor.

La puerta se abrió y Sofía sonrió, pero su sonrisa se congeló en sus labios. No era Mateo. Era Daniela, su secretaria. Se veía pálida, descompuesta, y caminaba con una extraña urgencia, su mirada buscando a alguien en la multitud. Sofía sintió una punzada de extrañeza, pero la ignoró. Esta era su noche.

Entonces, vio a Mateo entrar justo detrás de Daniela. Él no la vio a ella. Sus ojos estaban clavados en su secretaria con una preocupación que heló la sangre de Sofía.

Daniela se detuvo en medio del salón, se llevó una mano a la frente y se tambaleó.

"¡Daniela!", gritó Mateo, corriendo hacia ella, ignorando a todos los socios e invitados importantes que intentaban saludarlo.

La atrapó justo cuando sus rodillas cedían. El murmullo en el salón se convirtió en un silencio expectante. Todos los ojos estaban puestos en ellos.

Sofía se quedó paralizada, su copa temblando en su mano. Vio cómo Mateo acunaba el rostro de Daniela, susurrándole algo.

"Estoy bien... solo un mareo", dijo Daniela en voz alta, lo suficientemente fuerte para que todos la oyeran. Luego, se llevó una mano al vientre de una manera protectora, casi instintiva. "Es el bebé... a veces me hace sentir así".

La palabra "bebé" resonó en el silencio como un disparo.

El mundo de Sofía se derrumbó. El ruido regresó, pero ahora eran susurros, miradas disimuladas en su dirección. La humillación era una ola caliente que le subía por el cuello. Vio la confusión en el rostro de Mateo, seguida de una rápida mirada de pánico hacia ella.

Pero no vino hacia ella. No la defendió.

En cambio, ayudó a Daniela a sentarse en una silla cercana, le consiguió un vaso de agua y se arrodilló a su lado, hablándole en voz baja. A los ojos de todos, él era el hombre preocupado y responsable. Y ella, su prometida, era la mujer engañada, la última en enterarse.

Sofía no podía respirar. Dejó la copa en la mesa más cercana con un golpe seco que nadie notó y caminó hacia la salida, con la espalda recta, sintiendo cientos de miradas sobre ella. Cada paso era una tortura. El estuche de terciopelo en su bolso se sentía como una piedra pesada, una burla cruel de sus sueños rotos.

Salió al aire frío de la noche y la realidad la golpeó con la fuerza de un puñetazo. La traición no era solo el engaño físico, era esa humillación pública, esa defensa descarada de la otra mujer.

Llegó a su casa, la casa que compartía con Mateo, y se movió como un autómata. Fue directamente al baño, sacó el estuche de terciopelo y miró la prueba de embarazo. Las dos líneas rosas que antes le habían traído una alegría inmensa, ahora eran una sentencia.

Escuchó la puerta principal abrirse de golpe.

"¡Sofía! ¡Mi amor, espera!", la voz de Mateo sonaba desesperada.

Él entró al baño y la vio de pie frente al espejo. Su rostro era una máscara de arrepentimiento.

"Sofía, por favor, déjame explicarte. No es lo que parece".

Sofía no lo miró. Sus ojos estaban fijos en su propio reflejo, en la mujer tonta que había sido.

"No es lo que parece", repitió ella, su voz desprovista de emoción. "¿Entonces qué es, Mateo? ¿Tu secretaria está embarazada de un fantasma?".

"Fue un error, Sofía, un estúpido y terrible error", dijo, acercándose. "Tomé demasiado una noche, estaba estresado... ella se aprovechó. ¡No significa nada para mí! ¡A quien amo es a ti! Solo a ti".

Sus palabras eran veneno. Cada promesa, cada "te amo", ahora sonaba hueco y falso.

"Tú y yo, nosotros vamos a casarnos. Esto solo fue un accidente. Yo me encargaré de ella, del bebé, de todo. No afectará nuestra vida. Te lo juro".

Sofía finalmente giró la cabeza y lo miró. Vio al hombre que amaba, o que creía amar, y solo sintió un asco profundo.

"¿No afectará nuestra vida?", preguntó con una calma aterradora.

"No, mi amor. Te lo prometo".

Sofía levantó la mano que sostenía la prueba de embarazo.

"Tenía una sorpresa para ti esta noche".

Mateo miró el objeto en su mano, confundido. "¿Qué es eso?".

"También estoy embarazada, Mateo".

La expresión de Mateo pasó del arrepentimiento a un shock absoluto, y luego, a una extraña y retorcida alegría.

"¿Qué? ¿De verdad? ¡Sofía, esto es... esto es increíble! ¡Es una señal! ¡Estamos destinados a estar juntos! Nos casaremos, tendremos a nuestro bebé...".

Sofía lo interrumpió.

"No".

Su negativa fue tan cortante que lo silenció.

"¿No? ¿Qué quieres decir con 'no'?".

"Quiero decir que no habrá ningún bebé. No el nuestro".

Sin una pizca de duda en su rostro, Sofía caminó hacia el inodoro, arrojó la prueba de embarazo dentro y tiró de la cadena. El sonido del agua arremolinándose fue el sonido más definitivo que jamás había escuchado.

Mateo la miró, horrorizado. "¿Qué hiciste? ¿Por qué hiciste eso?".

"Porque no quiero nada que me una a ti. No después de esto".

Luego, fue a su armario, sacó una maleta y comenzó a meter ropa sin mirarla.

Mateo la agarró por el brazo. "¡Sofía, detente! ¡Estás siendo irracional! ¡Estás embarazada! ¡No puedes tomar decisiones así!".

Sofía se zafó de su agarre con una fuerza que lo sorprendió.

"No, Mateo. Ya no estoy embarazada. Llamé a la clínica mientras venías para acá. Tengo una cita mañana por la mañana".

La cara de Mateo se descompuso. El color desapareció de su rostro, reemplazado por una ira incrédula.

"¿Qué? ¡No puedes! ¡Es nuestro hijo, Sofía! ¡No tienes derecho a hacer eso!".

"Tengo todo el derecho", dijo ella, su voz era hielo puro. "Tú perdiste cualquier derecho sobre mí y sobre mi cuerpo en el momento en que decidiste humillarme frente a todo el mundo por ella".

Cerró la maleta con un chasquido.

"Y una cosa más, Mateo".

Lo miró directamente a los ojos, sin una lágrima, sin un temblor. Solo una resolución de acero.

"Quiero el divorcio. Llama a tu abogado".

Capítulo 2

"¿Divorcio? ¿Estás bromeando, Sofía? ¡Ni siquiera estamos casados!".

La voz de Mateo era una mezcla de incredulidad y furia. La siguió por el pasillo mientras ella arrastraba la maleta hacia la puerta.

"Me refiero a la disolución de nuestra sociedad, a la separación de nuestros bienes, a borrarte de mi vida. Llámalo como quieras, el resultado es el mismo. Se acabó".

"¡No puedes hablar en serio!", insistió él, bloqueándole el paso. "¡Cometí un error, sí! ¡Pero la gente comete errores! ¡No puedes tirar todo por la borda por un error!".

Sofía lo miró con una frialdad que lo desconcertó.

"No fue solo un error, Mateo. Fue una elección. Y esta es la mía".

Trató de esquivarlo, pero él la agarró de los hombros.

"¡No te voy a dejar ir! ¡No así! ¡Tenemos que hablar! ¡Pensar en nuestro futuro, en nuestro bebé!".

"Ya no hay 'nuestro bebé'", dijo ella, su voz cortante. "Tú te quedas con el tuyo. Yo me desharé del mío. Es un intercambio justo, ¿no crees?".

La crueldad en sus palabras lo hizo retroceder como si lo hubiera abofeteado. Vio en sus ojos que no estaba bromeando, que cada palabra era una promesa.

Desesperado, Mateo hizo lo que siempre hacía cuando no podía controlarla: recurrió a una fuerza externa. Sacó su teléfono.

"No me dejas otra opción, Sofía. Ellos te harán entrar en razón".

Sofía supo exactamente a quién estaba llamando. Sus padres.

Media hora después, la puerta se abrió de par en par. Sus padres entraron con rostros sombríos. Su madre, una mujer que valoraba la apariencia y el estatus por encima de todo, ni siquiera la miró. Se dirigió directamente a Mateo.

"Mateo, hijo, ¿qué es esta locura que nos cuentas?".

"Mamá...", comenzó Sofía.

"¡Cállate!", espetó su padre. "Dejaste a Mateo en ridículo en su propia fiesta y ahora vienes con estas tonterías del divorcio. ¿Has perdido la cabeza?".

El corazón de Sofía se hundió. Ni una pregunta sobre cómo se sentía. Ni una palabra de consuelo.

"Él me engañó", dijo Sofía, su voz temblando por primera vez. "Su secretaria va a tener un hijo suyo".

Su madre suspiró con fastidio, como si Sofía estuviera siendo una niña difícil.

"Por el amor de Dios, Sofía. Los hombres son hombres. A veces cometen estupideces. Lo importante es que te ama a ti, quiere casarse contigo. ¿Vas a arruinar un futuro estable y próspero por un desliz? Mateo es un buen partido. ¿Cuántas mujeres desearían estar en tu lugar?".

"¡No me importa cuántas mujeres! ¡Me humilló! ¡Defendió a esa mujer delante de todos!".

"Tal vez si fueras una esposa más atenta, él no tendría que buscar consuelo en otra parte", dijo su padre, las palabras golpeándola con dureza.

Fue demasiado. La traición de Mateo era una herida abierta, pero la de sus padres era sal en esa herida.

"No puedo creer lo que estoy escuchando".

"Pues créelo", dijo su madre, acercándose a ella con una mirada dura. "Vas a disculparte con Mateo, vas a cancelar esa cita en la clínica y van a arreglar las cosas como la gente adulta. No voy a permitir que destruyas el futuro de esta familia por un capricho".

"No es un capricho. Es mi dignidad".

La palabra "dignidad" pareció enfurecer a su madre. Su mano se alzó y se estrelló contra la mejilla de Sofía. El sonido de la bofetada resonó en la habitación.

El dolor fue agudo, pero la conmoción fue mayor. Su propia madre la había golpeado. Por él.

En ese momento, Mateo intervino.

"¡Señora, por favor!", dijo, poniéndose entre ellas y tomando a Sofía suavemente por los hombros. "No haga eso. No es necesario llegar a esto".

La apartó de su madre, adoptando el papel de protector. Pero Sofía vio a través de la farsa. Vio la satisfacción en sus ojos. Él había orquestado esto. Él la había acorralado, usando a sus propios padres como armas.

"Míranos, Sofía", le susurró Mateo al oído, su aliento cálido contra su piel helada. "Incluso tus padres saben que estamos destinados a estar juntos. Por favor, mi amor. No hagas esto más difícil".

Sofía sintió una oleada de náuseas. El contacto de Mateo, que antes la reconfortaba, ahora le quemaba la piel. Lo empujó con todas sus fuerzas.

"No me toques".

Su voz fue un susurro venenoso.

"Nunca. Vuelvas. A tocarme".

Se giró para mirar a sus padres, sus ojos brillando con una determinación fría.

"Ustedes han hecho su elección. Han elegido a este hombre y su dinero por encima de su propia hija. Bien. Quédense con él".

Luego miró a Mateo, una mirada que prometía una guerra.

"Y tú", dijo, "prepárate. Porque esto no ha hecho más que empezar".

Agarró su maleta y, esta vez, nadie se atrevió a detenerla. Salió por la puerta, dejando atrás a las tres personas que se suponía que más la amaban en el mundo, ahora convertidos en sus enemigos.

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