QUIERO DEDICAR ESTE LIBRO A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE HAN SIDO VÍCTIMAS DE ABUSO SEXUAL, A TODOS AQUELLOS QUE HAN VIVIDO LA TRATA DE BLANCA, YA SEA EN CARNE PROPIA O DE UN FAMILIAR.
A TODOS AQUELLOS QUE AÚN VIVIENDO TODO ÉSTO, SIGUEN ADELANTE, LUCHANDO Y GUERREANDO POR TENER UNA MEJOR VIDA, A TODOS LOS QUE LUCHAN POR NO SENTIRSE VÍCTIMAS, PORQUE SON UNOS SOBREVIVIENTES.
ÉSTE LIBRO ESTA DEDICADO A QUIENES A DIARIO SE LEVANTAN POR SUS SUEÑOS, SIN IMPORTAR EL PASADO QUE HAN VIVIDO.
A USTEDES, MI RESPETO, MI AMOR, MI CARIÑO Y ORACIONES, PARA QUE SUS VIDAS ESTEN LLENAS DE DICHA ABUNDANTE Y MUCHO AMOR.
ESTE LIBRO ES MI GRITO PARA DECIR. BASTA A LA TRATA DE BLANCA, BASTA DE ABUSOS, BASTA DE MALTRATO.
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¿Cuántas veces te has quejado de tu vida?
¿Cuántas veces has deseado morir?
¿Cuántas veces has pensado que lo mejor seria desaparecer?
¿Dejar de existir?
Cuidado con lo que deseas, porque podría volverse realidad.
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-¡Lucía, Lucía cariño, arriba!- escuchó la voz de su madre y se removió enfadada.
-No quiero levantarme, déjame dormir- se quejó malhumorada. No tenía la más mínima intención de levantarse de la cama.
-Debes ir al instituto, vamos arriba- insistía su madre. Todos los días era lo mismo.
-¡Tuve una mala noche, tengo migrañas, déjame en paz!- le espeta furiosa.
-Ya basta de grosería Lucía, estoy cansada de eso- cansada, agotada y frustrada, así era exactamente como se sentía con la actitud de su hija, no sabía qué estaba haciendo mal con ella, pero no lograba hacer que al menos la respetará o se dirigiera respetuosamente a ella.
-Me importa muy poco que estés cansada, porque yo también lo estoy, me quejo y a nadie le importa, ¿por qué debería importarme que tú lo estés?- se sienta en la cama y la mira con brazos cruzados y ceño fruncido. Sus ojos azules, tan idénticos a los de su madre, le reflejan desprecio. La odiaba, lo sabía porque su pequeña hija no hacía nada por disimularlo.
-¡Soy tu madre, no puedes hablarme así!
-Puedo hablar como quiera- la reta con la mirada- ¡estoy cansada de ti, de tu esposo y de tus hijos!- escupe con tanto desprecio que su madre tiene deseos de llorar. Siempre se refería así a sus pequeños hermanos que eran tan inocente como ella, en todo aquel mundo de confusiones.
-¡Son tus hermanos! - le dijo intentando controlarse.
-No me importa, no los quiero- le dice enojada, no te quiero a ti y no lo quiero a él.
-¡No sé qué hacer contigo!- su madre gime frustrada. Estaba cansada de aquellas peleas diarias, de su mal humor matutino, de la manera en que la hablaba, de sus desprecio a sus pequeños hermanos. Sentía que su hija estaba saliéndose de sus manos.
-Fácil, envíame a vivir con papá - la miró sin pestañas, lo dijo sin titubear.
-¡Eso es lo único que te importa!, ¡tu padre!
-Sí- reconoce altanera- mi padre es lo único que me importa, y al único que quiero. ¡Odio esta casa!, ¡la odio!- le grita con fuerza y su madre la mira con ojos vidriosos.
-Pues lo siento Lucía Carter, siento que nos odies a todos, pero con Neithan, no puedes vivir.
-¡¿Por qué?!- pregunta al borde de las lágrimas. Ella también se sentía frustrada de no ser escuchada, de no poder estar con el único ser con el que encontraba paz.
-Esa respuesta ya la sabes. Tienes diez minutos para que estés lista y bajes a desayunar. - Se giró para irse y escuchó como su hija renegaba nuevamente de ella.
Lucía, sintió como las calientes lágrimas se deslizaban silenciosas por sus mejillas.
Odiaba su vida, la odiaba profundamente.
No quería estar allí rodeada de esa familia en la que se sentía una intrusa, quería estar con su padre. El único que realmente la amaba.
Se levantó furiosa a tomar un baño. Había tenido una noche terrible, no logró dormir sino hasta bien entrada la madrugada y eso sólo generaba que pasara todo el día de mal humor.
Después de vestirse para el instituto, tomó su mochila y la llenó con lo que necesitaría ese día. Decidió dejar su cabello suelto para que así pudiese secarse libremente.
Bajó al desayunador y encontró a sus hermanos a la mesa. Sin decir nada se sentó y comenzó a servirse cereal.
-Hola, Luci- le dijo la pequeña de ojos castaños.
-Hola, Lorena. . . y antes de que te quejes, hola, a ti también Lucas. -
El pequeño le sonrío alegremente, mientras la miraba con absoluta adoración. Amaba mucho a su hermana mayor, aunque ella siempre parecía estar enojada.
-Hola. Que linda te ves hoy- Lucas siempre tenía la necesidad de adularla, esperanzado en conseguir más que sólo un par de palabras de parte de ella.
-Gracias- le dijo cortante y comenzó a comer. Pronto apareció su madre, con dos platos de fruta, y después trajo zumo de naranjas.
-¿Está bien así o quieres que te sirva más?
-Yo solo comeré cereal- dijo sin mirarla, su madre suspiró resignada, pensando en lo difícil que era lidiar con una adolescente. Nada la alegraba, nada la relajaba, nada la hacía feliz. . . bueno sí, una sola cosa y era estar con su padre.
-¡Buenos días, familia!- se escuchó la profunda voz masculina y Lucía, cerró los ojos y apretó la boca con fuerza para evitar decir una obscenidad, quería respetar la presencia de sus hermanos. Pero odiaba a aquel hombre, lo odiaba.
-¡Buenos días, papi!- gritaron ambos niños a la vez. Entonces él tomo asiento en la cabecera de la mesa.
-Buenos días, Lucía.
-¿Tienen algo de buenos?- le preguntó con desprecio.
-Nunca he comprendido tu actitud hacia mí- ella levantó la mirada y lo miró con ojos cargados de odio.
-Déjame en paz, ¿quieres?
-¡Lucía!- la voz de su madre reclama su atención, sus ojos azules la miran enojada.- ¡evita responder así frente a tus hermanos!- ella sencillamente se encogió de hombros y siguió comiendo- date prisa o te dejará el transporte.
-Yo podría llevarte al instituto Lucía, a fin de cuentas me queda de camino a la oficina.
-No quiero, ni necesito, que me lleves a ningún lado. Si el transporte me dejara, prefiero caminar.
-Es un buen ofrecimiento hija. . . – empieza él, generando un estallido de furia de parte de la chica.
-¡NO SOY TU HIJA, NO SOY TU HIJA!-grita mientras golpea la mesa y se pone en pie.- ¡NO VUELVAS A LLAMARME ASÍ, YO TENGO UN PADRE Y NO ERES TÚ!
-Lucía, respeta a Rafael- la amenazó su madre. Entonces ella pateó a la silla, tomó su mochila y salió corriendo de la casa, conteniendo las lágrimas y el nudo en su garganta.
Corrió hasta la parada, sintiendo que sus pulmones se quemaban por la falta de oxígeno. Debía esperar unos cinco minutos hasta que pasara el transporte escolar.
Su teléfono comenzó a timbrar y cuando lo sacó de su bolsillo, notó que el aparato se alumbraba con una foto de su padre.
Sonrío secándose las lágrimas.
-Hola, pa.
-Hola, princesa hermosa. ¿Qué tal amanece mi nena hoy?
-Con dolor de cabeza- le dice.
-Creo que te llevaré a ver a un médico, me tienes preocupado, princesa.
-No es nada grave, pa, solo que no duermo bien.
-En ese caso, también debo llevarte al médico, quizás te recete algunas pastillas para dormir.
-Lo pensaré. Pa. . . ¿por qué no puedo vivir contigo?- le preguntó con tono lastimero.
-Princesa, ya lo hemos hablado. Soy policía, trabajo muchas horas de noche, en ocasiones hago dos y tres guardias nocturnas. Estarías sola en casa y no haré eso. No te dejaré sin ninguna protección.
-Pero estaría en casa- le dice casi llorando.
-Pero sola mi amor. No es lo que quiero, necesito saber que estas bien, que estás cuidada y en casa no lo estarías, estarías sola, nena.
-Pero prefiero estar allá. . . no quiero vivir con mamá.
-¿Por qué, cariño?
-Porque quiero vivir contigo- le dice conteniendo un gemido de desesperación.
-No se puede, princesa. Al menos no por ahora.
-No quiero estar en esa casa.
-¿Qué es lo que realmente sucede que no me has dicho, Lucía?, ¿Rafael te trata mal?, ¿Se ha propasado contigo?- pregunta con voz tensa. Su hija es la adoración de sus ojos si alguien le hiciera daño. . .
-No. No es nada de eso- dice con un suspiro- solo que no me siento en casa, odio ese lugar en el que siento que soy una intrusa.
-No lo eres cariño, es la casa de tu madre.
-¡Es la casa de Rafael!- gime- allí está su esposa, sus hijos y yo. . . yo solo soy la hija de ella con alguien más. Soy una intrusa, no es mi casa, no es mi familia. Solo quiero estar contigo, pa.
-Dejémos el tema por ahora, lo conversaremos en persona. Te invito a cenar- le dice con tono animado.
-¿En serio?- le pregunta emocionada.
-Así es, mañana tengo guardia en la tarde, quizás quieras quedarte hoy conmigo.
-¡SIII!- gritó feliz- ¡por supuesto que sí!
-Bien- dice riendo- te recogeré cuando salgas del instituto. Avísale a tu madre.
-No, pa. Llámala tú. ¿Sí?, me he peleado con ella.
Lucía sabía lo desagradable que era para su padre, hablar con su madre, pero por esta vez no estaba dispuesta a ahorrarle el mal trago ya que ella no deseaba para nada llamarla y hablar con ella en ese momento, así que tendría que hacerlo él.
Su madre se había comportado como una cualquiera, engañando a su padre hacía ya ocho años y saliendo embarazada de su amante, al descubrir su embarazo, el producto de su infidelidad, lo había abandonado para ir a vivir con Rafael.
Obtuvo su divorcio y se casó con el padre del hijo que esperaba.
-Está bien, princesa. Nos vemos en la tarde.
-No vemos pa, te amo.
-Y yo a ti, niña consentida.
Después de cortar la comunicación con su padre, se siente más tranquila y feliz. Se quedará con él, reirán, verán películas y la pasarán en grande.
Llegó al instituto y fue directamente al aula de clases.
-¡Lucía!- le gritó su amiga cuando ella entró al aula.
-¡Becca!- la abrazó con fuerza- ¿Cómo estás?
-Muy bien. Pasaré la tarde y la noche con mi padre.- le dice con una gran sonrisa, cómo si aquella fuese la mejor noticia de su vida.
-Eso debe tenerte feliz- le toca la pinta de la nariz en gesto juguetón.
-Claro que sí. La noticia casi logra quitarme por completo la migraña que me atormentaba.
-¿No dormiste anoche tampoco?- le pregunta preocupada, mientras frunce el ceño. Era normal que Lucía durmiera poco o nada. De hecho, era casi un milagro cuándo lograba dormir bien.
-No- suspira pesadamente Lucía.
-¿Y cuándo hablarás con alguien de lo que está sucediendo? - realmente le preocupaba que descansara tan poco, sabía que tarde o temprano su cerebro le pasaría factura por su ausencia de horas de sueño.
-No le diré nada a nadie- dice firme- es algo vergonzoso.
-Pero es algo que está ocurriendo, no sé cómo pueden suceder cosas así Lucía, tu madre debería tener más cuidado, debes hablarlo con alguien.
-No lo haré, Becca. No lo haré- su amiga suspira agotada.
-¡Mira Miriam, a quienes tenemos aquí!- la chillona voz de Bárbara, la hace girarse hacia ella con cara de fastidio.
-¡Son las raritas del instituto!- dice Miriam con una sonrisa burlona.
-Lucía, ¿no te cansas de ser tan sosa?
-¿Y tú?, ¿ no te cansas de ser tan zorra?- le preguntó en el mismo tono que ella había usado. Entonces la cara de Bárbara se desencajó con una mueca.
-¡Eres una estúpida!
-Al menos soy una estúpida con cerebro, tú ni eso tienes- le dice Lucía, cruzándose de brazos.
-¡Te arrancaré la piel de la cara!- la amenaza.
-¡Ni te atrevas a tocarla!- el dice Becca.
-¿Por qué la defiendes tanto?, ¿es tu novia? Becca, la babieca.
-Te romperé el lindo rostro de perra- le dice Becca, abalanzándose hacia ella, pero Lucía la detiene.
-¿Qué sucede aquí?- las chicas se giran para enfrentarse con la dura mirada de la profesora de Inglés.
-Nada- se adelanta a decir Lucía.
-Más les vale que no sea nada, o las reportaré en la dirección. Ahora tomen asientos que comenzaremos con la clase.
Todo el día pasa normalmente, incluyendo las miradas de desprecio de Bárbara y Miriam, realmente nunca entendió en qué momento esas chicas llegaron a detestarlas tanto a ella y a Becca, lo cierto es que siempre solía gastarle bromas pesadas, comentarios mordaces, insultos, palabras hirientes.
Antes lo toleraba en silencio pero de un tiempo para acá, solía contestar todo lo que ella decía y le devolvía los insultos. Era una manera de relajar su frustración, todo aquello que se acumulaba en su pecho. Solo de estar en la casa de Rafael.
La verdad era que no las odiaba, pero tampoco le agradaban esas chicas. Sobre todo Bárbara, ella era la peor, la cabecilla. Miriam, solo era una marioneta.
A la hora de la salida se despidió de Becca y esperó en la entrada, pacientemente el auto de su padre. Cuando él llegó, se estacionó y salió del auto, ella corrió para abrazarlo.
-¡PA!- le gritó riendo mientras él la abrazaba con fuerzas.
-¿Lista para divertirnos juntos?- le preguntó tocándole la punta de la nariz.
-¡Completamente lista!- le dedicó una enorme sonrisa.
Lucía y Neithan, subieron al auto y se encaminaron a un Welly's un famoso restaurante que Lucía adoraba y al que su padre le encantaba llevarla, solo por el gusto de complacerla.
-¿Qué tal tu día?
-Pues más de lo normal, Pa. Tuve una mala noche así que desperté con migrañas, discutí con mamá y con "ese"- dijo refiriéndose a Rafael- luego en el instituto más de lo normal. Una vida aburrida e infeliz.
-Nada de eso, mi amor. La vida es hermosa. . .
-No la mía. Vivo en esa casa rodeada de personas que detesto- dijo con ojos añejados en lágrimas.
-Mi amor. . . - comenzó su padre en tono amable- no debes detestarlos, ellos son parte de tu familia.
-No quiero que ellos sean mi familia- dijo con voz quebrada- lo único que deseo en mi vida, es salir de esa casa y vivir contigo. . . odio estar allí.
-No llores preciosa, te lo suplico. Sabes que eres mi adoración y no soporto saber que estás mal. . . me harás llorar- dijo con un puchero ridículo.
-¡El comandante llorando!, procure que no lo vean los agentes a su cargo- bromeó ella sonriendo.
-Tu no se lo dirás a nadie- la miró con ojos muy abiertos.
-Eso se paga con un helado.
-Eso es chantaje señorita, ¿está intentando sobornar a un policía? - preguntó con voz indignada.
-¡Jamás haría tal cosa!- le respondió riendo- solo quiero sobornar a mi papi.
-En ese caso. . . debemos comer un helado- le regaló una enorme sonrisa.
Después de ir al restaurante, fueron a casa, pero antes se destuvieron a comprar un enorme pote de helado de chocolate.
Luego al llegar a casa Lucía, se dedicó a los deberes pendientes para el día siguiente.
-¿Nada que terminas?- le preguntó su padre entrando a la habitación de ella. Era una habitación que adoraba, con el hermoso lila en las paredes, su enorme cama, llena de sus objetos personales. Era tan suya, tan cálida, tan a su gusto- podría ayudarte si así lo deseas.
-Ya casi termino, pa. No es nada difícil dame un minuto y estaré contigo.
-¿Veremos una película?- le pregunta sonriendo.
-Así es señorita, pero nos iremos a la cama temprano- le sonríe- no quiero que por mi culpa llegues mañana a estudiar como zombi.
-¡No sería nada nuevo!- se encogió de hombros- solo que esta vez al menos lo habré disfrutado.
-No me dirás que es lo que ocurre, ¿cierto?- le preguntó con ceño fruncido y la preocupación brillando en sus ojos.
-No ocurre nada- le aseguró.
-No olvides que soy policía, cariño- le revolvió el cabello- sé que algo ocurre aunque te niegues a decírmelo y sé que es algo que te duele y te lastimas. No quiero presionarte Lucía, pero. . .
-No hay nada que decir- desvió la vista- nada.
-Hay mucho que decir- tomó asiento a su lado-Lu, sabes que te adoro, que no dudaría ni por un instante dar mi vida por ti, que eres mi todo, lo único que tengo. No me gusta saber que estás mal. Soy tu padre, debes confiar en mí, necesito saber qué es lo que ocurre para poder ayudarte.
-Yo confío en ti. No te pongas sentimental, Neithan Carter, te lo pido- trató de sonar juguetona, pero su voz indicaba claramente que quería llorar.
-Si alguien te lastimara- le acarició la mejilla con ternura- no dudaría en matarle. Eres mi tesoro, Lucía.
-Te amo, pa. Te amo mucho.
-Y yo a ti, consentida.
-¿Por qué las cosas tuvieron que ser así?- le preguntó mirándolo a los ojos- eres un buen hombre y Allison. . . ella. . .
-Ella es tu madre cariño, no la juzgues.- le pidió.
-Si lo hago. Te lastimó, te humilló, se comportó como si tú no fueses un buen hombre, un buen padre.
-Lucía, hay cosas que tú no entiendes. Yo paso muchas noches fuera de casa. . .
-Porque así te lo demanda tu trabajo. Un trabajo que desempeñas con honor y amor, pero sobretodo con el que nos dabas una vida tan digna y agradable como lo merecíamos. ¡Ella fue la que falló!, ¡No es justo!
-Sé que no es justo y te confieso que me dolió muchísimo, Lucía. Tu madre y yo nos casamos muy jóvenes, yo la adoraba, era mi amor, desde que la conocí estuve seguro que quería que fuese la madre de mis hijos, mi esposa, mi todo. Conquistar su corazón fue una dicha, casarme con ella una alegría que creí no se podía superar, pero si fue posible porque me enamoré por segunda vez y eso fue cuando te vi por primera vez, Lu. A pesar de lo joven que era, te adoré desde el primer instante y adoré más a tu madre, porque me había dado ese hermoso regalo, eras tan chiquita, dulce y bella. No seas tan dura con tu madre, saber que me engañaba, que traicionaba fue un golpe muy duro para mi, pero quizás al verse tan sola, ella. . .
-No- negó con vehemencia- no quieras justificarla, pa. Lo adecuado hubiese sido ir con la verdad por delante, haberte dicho que ya no te amaba, comportarse como una mujer casada, no como una mujerzuela.
-¡Lucía!- la reprendió con la mirada- ¡Es tu madre!
-Es una traidora. Mientras tú trabajabas para traer el pan a la casa, ella se acostaba con otro, pa. ¡Eso es horrible!
-Cariño. . .
-Salió embarazada de otro en tu cama. ¡Es una. . .
-¡NO!, no lo digas- le pidió y ella contrajo los labios.
-Quizás, Rafael le de algo que en mí no encontraba.
-¿Qué puede ser?- lo retó- eres un hombre maravilloso y él. . .él es. . .¡lo detesto!
-Lu, debes intentar llevar la fiesta en paz- le dijo con un suspiro.
-Quiero vivir contigo, te lo suplico.
-Nada me haría más feliz- le acarició la mejilla- tenerte a mi lado todos los días, princesa. Pero sabes que no puedo, no puedo trabajar, concentrarme en atrapar criminales mientras sé que tu estás sola en casa, y que muchas cosas pudiesen salir mal. . .que podría entrar un ladrón. . .que podría haber un asqueroso violador. . .que. . .
-¡Pa!, tu eres policía. Podemos instalar un sistema de seguridad. . . solo quiero estar aquí, en mi verdadera casa.
-¿No entiendes el valor que tienes para mi?- le preguntó frustrado- por nada del mundo arriesgarías tu seguridad o tu vida, por ahora lo mejor es que estés con tu madre. Dame algo de tiempo para solucionar mi situación, entonces te prometo que vendrás a vivir conmigo.
-¿En serio?- le pregunta con ojos llenos de lágrimas.
-Nada más cierto, mi amor. Sólo necesito un poco de tiempo.
Escogieron una película cómica, y reían felices mientras comían helado. Tanto rieron que a Lucía se le salieron las lágrimas. Luego de eso, se despidieron con un gran abrazo y un enorme beso. Lucía fue a aquella habitación que le daba tanta paz, se duchó, se aseó los dientes, luego se cepilló el largo cabello y se metió bajo las sábanas.
La sensación era tan maravillosa, nada como aquello. . . nada como sentirse en casa. No supo cuando se quedó dormida, para tener la mejor noche de sueño en al menos quince días.
-¡Arriba, princesa dormilona!- le decía su padre mientras besaba sus mejillas- ¡es hora de levantarse!
-¡Oh, no!- se estiró con pereza- dormí tan bien- bostezó- buen día, Neithan.
-Buen día, preciosa- tiró de su cabello bromeando- a levantarse, terminaré de preparar el desayuno para mi consentida, así que date prisa que te llevaré al instituto.
-Las chicas se morirán de envidia- le sonríe con malicia.
-¿A sí?- le preguntó sonriendo.
-Por supuesto, tengo el padre más guapo de todos, tiene un lindo coche y me llevará al instituto. Quizás hoy pueda conseguirte una novia- Neithan, rió de buena gana.
-Espero sea una profesora, no quiero problemas con la ley por una chiquilla, eso sería irónico.
-Pues así será- el dice Lucía, sonriendo- Operación "novia para el Policía", comienza hoy. Aunque pensándolo mejor, me conviene tenerte solo- le dijo mirándolo con intensidad- no creo que pueda compartirte.
-¡Consentida y caprichosa!
-¡Qué horror!- bromeó ella.
El trayecto hasta el instituto lo hicieron en una amena conversación y como siempre, también entre bromas. Neithan, estacionó en auto frente al instituto.
-Bien, aquí estamos, mi amor.
-Gracias, pa. . . la he pasado genial- le sonríe- espero pronto encontremos la manera de vivir juntos, acoplar nuestras vidas para estar a tu lado siempre.
-Lo prometo preciosa, comenzaré con algunos trámites, no creo que el jefe se ponga nada contento, pero por ti haré cualquier cosa.
-¿Piensas dejar la policía?- le pregunta con ceño fruncido.
-Solo si no encuentro otra solución- la miró con intensidad. Necesitaba que su pequeña tuviese paz y si para eso tenía que renunciar a la profesión que amaba. . . lo haría.
-¡Pero siempre has sido policía!- gime Lucía.
-Puedo hacer otras cosas nena. Buscar otro trabajo. . .
-No quiero que hagas eso. Intentemos solucionar de otro modo, por favor, pa. - le suplicó con la mirada- no quiero estar en casa de Rafael, pero tampoco quiero que dejes de hacer lo que te gusta.
-Por ti, haré lo que sea necesario. Pero no nos apresuremos a los hechos. Estudiaré mis posibilidades- Lucía, suspiró con pesar. Neithan, sacó su cartera y le tendió un fajo de billetes- Para tu semana.
-Esto es más de lo que necesito. Además ya sabes que casi no gasto.
-No importa. Tenlo, es tuyo. Te haré una transferencia a tu cuenta, cariño. No quiero que carezcas de nada.
-Pa, tengo más dinero del que normalmente gasto. No debes preocuparte tanto.
-Nunca es "preocuparse tanto" cuando lo hago por mi princesa. Vamos, ahora a la escuela.
-Bien- le sonrió, guardó el dinero y lo abrazó con fuerza- te amo, pa.
-Yo también te amo, princesa. Que tengas buen día- y dicho aquello bajó del auto y se despidió con un gesto en la mano, mientras entraba al instituto.
Después de pasar al cafetín, se dirigió al aula.
-Buenos días, Lucía- reconoció la voz al instante y se ruborizó un poco, cuando la levantó se consiguió con el chico que a escondidas le arrancaba los suspiros.
-Hola, Gabbe, buenos días.
-¿Vas al aula?
-Así es- le sonrió.
-Entonces vamos, yo también voy para allá.
-Gracias- volvió a sonreírle.
-Nada que agradecer, hermosa- ella se ruborizó sin poder evitarlo. Aquel chico le gustaba, le gustaba realmente. Caminaron en silencio. Al llegar el salón estaba vacío. -Pues bien, somos los primeros.
-Así es- ella se sentó y se sorprendió realmente cuando él tomó asiento en la silla de al lado.
-¿Lucía?- reclamó su atención- he tenido una duda, me gustaría aclararla.
-Por supuesto Gabbe, si es algo de química yo. . .
-No. No es nada de clases, es sobre tí- ella volvió a ruborizarse.
-Bien- dijo nerviosa- tu dirás.
-¿Tienes novio?- ella lo miró con sus hermosos ojos azules enormes, la boca un poco abierta y el rostro arrebolado de la vergüenza.
-Yo. . . no, no tengo- terminó apenada.
-Bien- le sonrió- solo quería saber si pisaba terreno peligroso.
-¿A qué te refieres?- ella frunció el ceño.
-Me gustas, Lucía, me gustas mucho y me encantaría que me permitieras acercarme a ti. Quizás si me conoces un poco, puedas decidir darme una oportunidad.
-Yo. . .
-No tienes que decir nada ahora, me conformaré con estar a tu lado y que de a poco me vayas conociendo mejor- no apartó su mirada de ella ni por un instante- desde hace mucho me gustas, pero siempre he temido acercarme a ti- le confesó- sé que eres un poco reservada, espero ganarme tu confianza. . . y tu cariño. Nada me haría más feliz que ser tu novio- le sonrió, mostrándole una hermosa hilera de dientes blancos y Lucía casi lloró de alegría.
Le gustaba.
¿Era eso posible?, ¡le gustaba! Oh, Santo Dios. Es tan maravilloso, no pensó que tendría una oportunidad con él, para ella era suficiente con observarlo en silencio y a la distancia, siempre pensó que él era más de lo que ella podría aspirar, pero que él dijera que le gustaba era su sueño hecho realidad.
En ese momento comenzaron a entrar los compañeros de clases y la magia del momento se perdió, pero sus palabras se quedaron en su cabeza por el resto del día.
Neithan. . .
Algo le ocurre a Lucía, no logro descifrar qué es, pero sé que algo le ocurre. Parece enfadada con el mundo, cansada, agotada con algo y no sé exactamente lo que es. Pero me preocupa, me preocupa mi pequeña, es lo único que tengo.
Sé que su incomodidad es con su madre porque la rechaza por el comportamiento que tuvo, a pesar de que Lucía, era muy pequeña, veía cosas que la marcaban; su madre besando a otro, sus padres discutiendo, yo yéndome de la casa, su madre mudándose con un nuevo hombre. Fueron cosas difíciles de procesar para una niña tan pequeña y por si fuese poco tener que lidiar con la presencia de un hermano y luego otra hermana.
Sé que es mucho para ella, de hecho el desprecio que siente por sus hermanos, es inmenso y siento pena por esos niños porque no tienen la culpa de los errores de sus padres.
Tengo entendidos que ellos la adoran, pero no reciben de Lucía, el mismo cariño y amor que ellos le brindan. Sin embargo sé que su mayor incomodidad es con Rafael y me pregunto porqué. Mi mente trabaja con rapidez y no quiero pensar mal, pero si ese hombre le toca un solo cabello a mi chiquita, lo lamentará por los cinco minutos que le queden de vida, después de que yo me entere.
Así que ha llegado la hora de tener una conversación con ese idiota, aunque odie ver su cara, tendré que hacerlo.
Llego a su oficina y la secretaria me hace esperar unos minutos mientras que me anuncia, luego me informa que puedo pasar y así lo hago.
Lo encuentro sentado en un cómodo sillón, me mira muy serio como intentando descubrir el motivo de mi visita.