-¡Eres un asco! ¡Ojalá y quien estuviese vivo sea mi hermano y no tú, maldito bastardo, está muy bien de que la zorra de tu madre se haya muerto!
Tras ese potente grito, la mano de la mujer se impactó entre mi mejilla de una manera fuerte, dolorosa. En mi oído derecho, lugar afectado igual, comencé a escuchar un pitido insoportable y a la misma vez un líquido espeso y con sabor hierro marcó mis labios. Era sangre.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
Mi tía me había comentado, me había reclamado, muchísimas cosas en esta vida. Me golpeaba. Me exigía. Me dejaba sin comer durante días. Pero esto había dolido el triple de todo el daño que estos años que ella se ha quedado custodiándome me había causado.
Todo ocurrió de una forma tan lenta, despacio. Giré la cabeza mientras palpé el lugar adolorido y entre mis dedos se marcó la sangre. Separé los labios y apreté los puños, enojado, irritado, mi tía escaneó eso que hice y como si este acto le divirtiese, sonrió, cruzándose de brazos.
-¿Qué, idiota? -bufó -¿Me vas a golpear?
Y como si ella adivinara el futuro, yo, con dieciséis años, me abalancé encima de mi tía y puedo jurar que las hebras de ese cabello rubio que tenía en mis manos, engurruñados, podrían servir para peluca a un maniquí.
Los gritos que la mujer emitía con fuerza mientras intentaban defenderse eran muchos, y fuertes, chillones, pero no me importaba que alguien la llegase a escuchar. No me importaba absolutamente nada. Estaba en un frenesí caótico.
-¡Suéltame, loco de mierda! -chilló, intentando defenderse, pero era prácticamente imposible.
Y ahí fue cuando le jalé más el cabello. Ambos rodábamos en el piso debido a la impotencia y fuerza.
Nunca fui un chico problema. Siempre he sido tranquilo, callado, raro. En la escuela murmuraban de que yo soy sexy, de que soy lindo, de que le gustaban mi cuerpo bien tonificado a mi edad, pero que también soy extraño, otros decían que lo más probable es que yo soy un asesino, tal vez un psicópata, pero nunca les di atención, tan sólo opté por callar. Pero esto, de tantas cosas que la maldita de mi tía me ha dicho y me ha hecho, me ha dolido, y ha despertado esas ansias que hace años he conservado, esas ganas de jalarla del pelo como si fuéramos dos perras rabiosas.
Me despegué de ella luego de encargarme de su cabello y corrí a mi habitación. Cerré la puerta, le coloqué seguro para así ganar más tiempo en lo que ella se levantaba y tomé un bulto, lo llené con cosas que necesitaba como: ropas, fotografías, dinero que tenía guardado desde hace tiempo, y obvio de los que le tomé de la cartera de mi tía días antes, libros, y un sin números más de utensilios que podría necesitar cuando ya esté lejos.
Mi corazón se sobresaltó en el momento que sentí un gran choque en la puerta y un grito por parte de la mujer. Miré fijamente hacia el lugar, pero después lo ignoré, no la podría abrir porque tenía seguro.
-¡Maldito mocoso, bastardo, idiota, te voy a matar, te lo aseguro, ya no vas a vivir más! -soltó en un grito fortísimo la rubia mientras tocaba la puerta con furia.
Continué haciendo lo mío con gran rapidez, echándole una ojeada de vez en cuando a la puerta, algo asustado. Si mi tía lograba entrar lo más probable es que cumpla su promesa.
100% real no fake.
-¡Me has dejado calva! -clamó. -¡Estás muerto, Deniel Dael Scott!
Cerré el bulto no sin antes sacar un papel que tenía por encima. Luego de sacar dicho material plano, crucé el lazo por mi cuerpo, dejé la página en la cama y salí por la ventana que estaba a un lado de ésta.
Primero lancé el bulto con las cosas que llevaba dentro, protegiéndolas, y segundos después me lancé yo. La caída no me había dolido en lo absoluto, rodé en el pasto del patio del vecino, ya estaba acostumbrado a escaparme por aquí para ir a la playa o salir de casa solo para no estar con Magdalena, mi tía.
Tomé lo primero que había tirado y me lo enganché, cruzando el látigo que tenía de extremo a extremo en mi cuerpo otra vez. Corrí a toda velocidad por la carretera. El aire chocaba con mi rostro, alborotando mi cabello azabache. Los autos hacían sonar sus cláxones, pero estaba bien acá afuera, lejos de ella. Seguí corriendo mientras sonreía, imaginando la estúpida cara de mi tía al abrir la puerta de mi habitación con la llave de repuesto que estaba en el llavero de la planta baja y encontrarse con la nota en mi cama, que decía con tinta de lapicera negra:
Tenía muchas ganas de hacerte esto, perra.
Deniel.
Porque ahora era yo, contra el mundo.
(***)
Para más informacion:
Instagram: carlosmm.book
Twitter: BookCarlosmm
"La fiesta de cumpleaños"
Narra Audrey
¿Conocen las palabras: locura, sexy, erótico y sensual?
Imaginen un conjunto de ello. Un conjunto de las cuatros.
Porque precisamente eso era la noche de hoy.
¿Alguna vez han tenido amigas tan excesivamente locas que te dicen que les dé las llaves del bar nocturno de tu papá, mientras él está de viajes con mamá, y que verán una película esplendida mientras nos tomamos una copa de vino por tu cumpleaños?
Sí la has tenido, te felicito. Pero me compadezco plenamente de ti si te han engañado con esas falsas palabras.
Aunque, viéndolo desde otro punto de vista... la noche no estaba tan mal, eh.
Les cuento lo que pasó:
Hoy es mi cumpleaños número dieciocho, sí, ya era completamente legal para cualquiera que venga, lástima que no cualquier hombre me vendería sueños a mí. ¡Por favor! Yo me sé todos los cuentos de los ellos, sus perfectas mentiras, porque eso sí, los hombres son unos perfectos mentirosos, manipuladores, lo digo porque pues tengo un primo que cada vez que viene de vacaciones tiene hasta tres y cuatros novias en la ciudad, y lo toma con mucha normalidad, y lo disimula muy bien el canijo, eh.
Pues, volviendo al tema original, mis amigas para celebrar mi cumpleaños me habían dicho que iban a abrir el bar de mi papá -ya que él no está- para ver una película mientras nos tomábamos unas copas y comíamos palomitas.
Yo, de idiota, les creí. O sea, de verdad les creí, porque nunca se me pasó por la cabeza: "Si ellas de verdad quieren ver una película, porque no lo hacemos en casa". Me dijeron que les dé llave para hacerme una sorpresa con un pastel, globos, y esas típicas cosas y yo, repito, de idiota, les creí. Confiaba en ellas, son mis amigas con las que he estado junta desde hace mucho tiempo. Resulta que cuando llego al bar después de salir de la universidad mi mirada contempló lo siguiente dentro del sitio:
Globos rojos con tiras del mismo color. Todos de la universidad, literalmente, estaban dentro del club y me imaginé claramente que eso sucedió con ayuda de Amy; ella es una amiga súper sexy y con muchísimos seguidores en Instagram, eso ayudó bastante, supongo. Las mesas estaban muy bien ordenadas y diferentes mezclas de alcohol inundaron mis fosas nasales. Cuando entré todos gritaron un: ¡Sorpresa! que provocó un salto sobre mi eje y que abra los ojos y la boca. Observé todo con gran cautela. Las sillas estaban arregladas, yendo detrás de la mesa. Un cartel con las palabras de Feliz Cumpleaños estaban guindando de un lugar a otro. Espléndido. Fascinante.
-¡Feliz cumpleaños, amiga! -me festejó Amy acercándose a mí, en ese momento le creí su gesto de bondad, absolutamente todo.
-Gra-gracias -titubeé, recibiendo el abrazo.
Las demás se iban acercando con unos envoltorios de regalos en sus manos, pero algo se interpuso a seguir caminando. Miré por detrás de ellas, percatándome de lo siguiente:
Una cortina roja que no sabía ni que existía se estaba incendiando. Todos se volvieron locos -o eso creí- y de repente, ¡puf! Los bomberos estaban en el club, lo supe por el sonido de su llegada, lo que me parecía extraño era la manera tan rápida en que llegaron y la más rara era por qué el sonido se escuchaba más en la parte interior, como si estuviesen aquí dentro.
Nadie intentó salir del lugar, todos gritaban, al menos la mayoría, otros estaban observando la escena, parados. Yo iba a gritar ayuda, ya estaba nerviosa, pero lo más extraño es que todos cambiaron su tono de grito por uno de festejo, de una forma no tan alarmante.
Mis amigas, quienes se acercaban, junto con Amy, se dieron media vuelta y comenzó a gritar que lo tomen con calma, que todo iba a estar bien. Ella supo dramatizar bastante bien ese momento.
En mi cabeza se repetía constantemente que papá me iba a matar por incendiarle el club con una cortina que ni sabía que existía.
Pero de atrás de la cortina que, supuestamente se estaba prendiendo en fuego, salieron hombres vestidos de bomberos.
Y tremendos hombres, eh.
Yo con uno de ellos y me enciendo a diario.
Vestían de unos ajustados pantalones rojos. Unas botas del mismo color. Las partes de arriba de sus cuerpos, sus vientres, estaban un poco descubiertas, pues llevaban una camiseta roja, abierta, ya que se veían una parte de sus abdominales, y unos lazos negros se cruzaban como broches, parecidos a los lazos de una mochilas, por ambos hombros.
Y es así como estoy aquí, meneando la cola y con vaso plástico repleto de alcohol. Ahora los hombres habían cambiado de ropa, constante y rápidamente lo hacen, y no eran bomberos que venían apagar algún fuego.
Eran strippers, y venían a encenderlo.
Un hombre con el siguiente físico tomó el micrófono:
Piel morena y bronceada. Tenía unos bíceps marcados a la perfección. Sus ojos eran color azabache al igual que su cabello alborotado. Todo se resumía en pura belleza sensual. Cada parte de él.
Llevaba puesto unos calzones que le quedaban ajustados -al igual que a todos ya que los demás lo llevaban colocados de igual forma- y que les quedaban a dos palmas más arriba de las rodillas. Tenían lazos amarillos a los lados, se los habían cambiado, un casco de bombero color rojo en la cabeza y uno de esos típicos abrigos que utilizan dichos trabajadores. Ahora sí parecían mejor bomberos.
-Vaya, vaya... -canturreó el del micrófono. Se veía sudado. Pues me imagino que era algo obvio porque todo ese golpe de cintura que dan éstos chicos de verdad que mojan a cualquiera, te hacen retorcer de la forma en que se mueven -¿¡Dónde están las mujeres solteras que no las escucho!?
Un grito fortísimo por parte de la mayoría de mujeres que están aquí adentro retumbó por todos los lados. Yo estaba soltera, pero quedé en silencio.
-¿¡Y dónde están las mujeres que han dejado a los novios en casa, eh!? -volvió a gritar el mismo. Los demás strippers estaban detrás de la cortina, pero ya los había visto de lejos debido a los bailes que antes habían hecho.
Otro grito, pero no tan alto, se escuchó por todo el lugar, hasta llegué escuchar como una gritó: "A mi novio lo traje para que no se ponga celoso y apenas los vio está exigiendo una org*ía con ustedes". Fruncí el ceño ante dicha confesión. El strippers soltó una risita junto con un guiño de ojo.
-A ver, a ver... -el hombre hizo unas gesticulaciones con sus manos -. ¿Y dónde están los homosexuales que les vale mierda la sociedad y sus reglas, y que ahora están aquí listos para un orgasmo visual? -escupió el hombre, mordiéndose el labio. Varios gritos de igual manera se hicieron presente, pero esos no fueron tan potentes como los demás. -Ajá, ajá -continuó el hombre -, ¿Y dónde están esos novios celosos de nosotros porque sabemos que les estamos alborotando las últimas hormonas a sus parejas, eh?
Otro grito, pero esta vez grotesco, varonil, se hizo presente.
¿Novio? ¿Qué será eso? ¿Dará eso dinero suficiente para viajar a Dubái, Francia, Venecia y te resolverá el futuro?
Bebí un trago del líquido que estaba en mi mano, en un vaso de color rojo y plástico. El contenido quemó mi garganta por unos segundos. Era un poco de vodka con mucho jugo, pero aún se mantenía el sabor del licor.
-La pregunta que les he querido hacer desde hace horas, es... -el macho se llevó uno de sus dedos a sus labios y comenzó a relamérselo. Estas personas si sabían si hacer bien su trabajo. -¿¡Dónde carajos está metida la cumpleañera que no la he visto desde que llegamos, aquí, eh? -gritó el hombre en busca de la cumpleañera, todo soltaron un grito fortísimo junto con aplausos.
¿Dónde estará la cumpleañera?
¡Ah, caray! Esa soy yo.
Mis mejillas se ruborizaron en el momento que todos los que estaban a mi alrededor me señaló. Abrí los ojos como platos, avergonzada. Todos gritaron mi nombre acompañándolo de gritos, aplausos, pitidos, y varios wohooo.
-¡Venga, venga, que le tenemos un baile especial!
El hombre rebuscó con la mirada. Escuchar esas palabras hizo que mis piernas tiemblen aún más. Tragué saliva y pestañeé varías veces, confundida. Quería pensar que ese stripper sexy que estaba allá arriba no había dicho lo que yo escuché, que había sido producto de mi cabeza la cual, según yo, ya estaba medio alcoholizada. Me llevé el vaso que tenía en manos a mi boca, absorbiendo el líquido y mirando hacia los lados.
-¡Que vaya, que vaya, que vaya! -todos los que estaban a mi alrededor empezaron a gritar al unísono. Ahora estaba mucho más nerviosa, tambaleando.
-Necesito seis voluntarias o voluntarios para que se sienten en los sillones que mis compañeros pondrán. -De la manera que el stripper lo anunció, así pasó; los cincos strippers más se aproximaron y colocaron sillas delante, encima de la tarima. Luego volvieron detrás de las cortinas. -Aviso, aviso, que aquí no nos importa la orientación sexual, sólo el... perreeeeeo.
Tras el hombre decir aquellas palabras a través del micrófono, dando una leve movidita hacía delante y atrás utilizando su cintura en la parte que soltó "perreeeeeo", todos los espectadores lanzaron un chillido, entusiasmados y entusiasmadas.
Cincos personas se unieron a lo del baile; un chico y cuatros chicas que, a lo lejos, se veía en ellas las expresiones de su rostro que querían gozar y sentir.
-¡Falta una! -anunció -Y esa una es: ¡La cumpleañera! Tráiganla al sillón por favor. -Habló el mismo hombre con esa voz tan varonil y ronca que tenía, gritando. Todos soltaron varios chillidos y aplausos.
Opté rápidamente por salir de este lugar antes de que de verdad me lleven a unas de las sillas que estaban siendo ocupadas por los valientes que se han arriesgado, pero una de mis amigas, Eli, me tomó del brazo y me jaló, arrastrándome, hasta llegar a la silla la cual permanecía vacía y empujarme hasta hacerme caer de culo en el mismo. Le iba a reclamar mientras intentaba levantarme, pero no pude.
Las últimas palabras que llegué a leer en sus labios, mientras ella fingía una cara triste, desolada, y una sonrisa decaída, fue:
"Chúpale el pito por mí"
Pues en ese momento, todo se volvió más exótico.
La música se colocó.
La luz se apagó.
Luego se encendió.
Puntos de colores llenaron todo el lugar.
Gritos fortísimos llenaron el alrededor.
Y los strippers caminaban de esa forma tan genuina y sexy al mismo compas de la música, de forma lenta y dramatizada, a la misma vez, coordinados.
Apenas estos empezaron a caminar lentamente hacía nosotros, que íbamos hacer las víctimas de éste erótico baile, los demás empezaron a chillar con gran alegría, soltando varios comentarios como:
"Eso papi"
"Woho chulo"
"¿Cuánto me cobras para que lo hagamos, eh?"
"A ti te hago un oral gratis"
"Denme y no consejos, papis"
"Súbanme en la silla"
A mí me tocó un stripper que al tan sólo verlo solté un suspiro ahogado, tragando saliva. Sus movimientos, su físico, su cuerpo, sus piernas, sus tatuajes, todo eso me inmovilizó al completo. Los nervios que antes tenía se multiplicaron por mil, tanto que quería hacerme bolita en el sillón y que el chico que se acercaba a mí entre las sombras, con su baile sensual, se detenga y entienda que si se llegaba a acercar podría morirme.
No sé de qué, pero les aseguro que sí podría morir.
Noté en los masculinos que ya se habían cambiado de ropa. Llevaban unos pantalones más cortos, parecían unos bóxer, estos llegaban a menos de doce pulgadas de largo por encima de las rodillas.
Mi rostro ardía como si estuviese dentro de una caldera caliente, este vivía el mismísimo infierno debido a mi muy notable sonrojo.
El perfil del chico que daba los dotados de hermosura y regularizados pasos era el siguiente:
Las pocas luces que había dejaban notar el color azabache de sus ojos y una mata alborotada de cabello del mismo color estos. Tenía unas cejas muy pobladas y bien arregladas, negras intensas. No tenía rastros de algún vello en su rostro, parecía que se quitó la barba y quizás el bigote mucho antes de venir acá, o incluso, lo más probable es que nunca haya tenido eso. Varios mechones de su pelo caían por su frente como consecuencia del baile abrupto que este ejercía.
Su piel era entre blanca y morena, se notaba a millas que estaba bronceada, pues se veía brillosa. Tenía unos fuertes músculos y en su brazo, hasta el codo, llevaba un tatuaje que, por los movimientos que hacía, era imposible de saber qué figura o qué cosa era. El tatuaje empezaba justo en su muñeca y terminaba en el lugar ya mencionado, quedando a la perfección de tamaño y de lugar.
Su cuerpo era otra cosa, una relativamente impresionante. Parecía a unos de esos modelos sexys que aparecían en cualquier serie juvenil o película de Netflix. No sé si fueron los pocos tragos de alcohol que ya habían cruzado por mi garganta que me hicieron alborotar mis buenas e inocentes neuronas, pero ya me había hecho una mini película mental de cómo tocaba los abdominales excesivamente marcados que el masculino tenía. Fue inevitable lo que hice; los conté con los ojos y mencioné cada número moviendo los labios. Sí, el alcohol me traía mal.
Apreté los dientes fuerte, tanto que creí que éstos se iban a despegar y salirse de su corral, así como en las caricaturas de televisión.
No le había prestado atención a la música en el preciso momento que empezó. No niego que al inicio se me hizo conocida, pero creí que ese no era el momento preciso para estar adivinando la canción que está sonando mientras que seis stripper están moviendo su cuerpo de forma caliente, a cada persona que está en el sillón, pero conocí la música en una de las peores -mejores- circunstancia.
En el coro.
La música que se estaba reproduciendo, inundando todo el lugar del fuerte sonido, era ZIPPER y si no me equivoco, la cantaba Jasón Derulo, Y cuando me refiero a que la conocí en el peor de los momentos fue porque en los:
"Ah, ah, ah, ah, ah, ah" que vendrían siendo gemidos producidos por una mujer, los stripper dieron varios saltos hasta acercarse a sus víctimas, nosotros. El stripper que antes definí, y que ahora me acabo de dar cuenta de que tiene otro tatuaje en la parte izquierda del vientre, dio el último salto hasta estar a centímetros de mí, estábamos tan cercas que mis rodillas, esas que intentaban irse corriendo debido al tremendo cuerpo que mis ojos captaban, rozaban con sus piernas las cuales se movían como fideos de lo rápido y flexible que lo hacían, y fue donde entonces el tema de la música, que de igual forma era el coro, concordó en el exótico baile que me hizo:
Justo cuando llegó la parte donde se repetía Zipper, el chico, de algunos veinte, veintiuno o veintidós, movió sus caderas hacía adelante y hacía detrás, como si fuese un gusano -perfecto, divino y buenísimo gusano-, de manera lenta.
Yo juro que ni con veinte años de práctica me aprendo un movimiento de esos que él está haciendo, incluyendo a los demás.
Apreté mis muslos y me sentí mucho más incómoda cuando el muchacho que me bailaba no despegaba su mirada de la mía. Yo tampoco podía quitar mis ojos de los de él, pero es que ¡Joder! De verdad era incómodo. Y a la vez gustoso.
-¡Que entre la mano! ¡Que entre la mano! -una combinación de gritos entre todos los observadores que estaban a mí alrededor, incluyendo los de mis amigas, quienes chillaban con un vaso de alcohol en una mano mientras que en la otra sostenía su celular, grabando todo, se escuchó a todo pulmón. En esos momentos que soltaban gritos eufóricos quería taparme los oídos con las palmas de mis manos.
Fijé la mirada con el chico, noté y supe que éste entendía mis nervios, así que, frívola y malévolamente, encendió más sus movimientos, pegándose más a mí, haciendo que su parte baja roce mis rodillas.
-¡Cumpleañera entra la mano! -escuché una voz chillona y femenina por encima de la música. No supe de dónde vino o quién era, pero miré por el rabillo del ojo a los lados y noté que los demás sacaban dólares de no sé dónde y lo entraban por la parte de adentro de sus jeans.
-Dale, cumpleañera.
Susurró, en tono sensual, mirándome. Sus iris enfocaban los míos mientras que una sonrisa perversa acompañaba su perfecto rostro.
Mierda, de qué canal porno habrá salido este chico. Me dije mentalmente.
Yo nunca he visto eso, pero si este es un protagonista de esos vídeos, pásenmelo, pero de manera rápida.
Mi vista chocó con el punto en específico que a todos nos importa, generalmente: su entre*pierna.
Todo lo que pasó en ese santiamén fue una tentación.
El alcohol verdaderamente llegó a mi cerebro y recorrió mi cuerpo.
En lo primero que pensé fue en:
Joder, los dólares que tengo para tomar un taxi e irme a casa, dónde demonios están.
Y fue donde en ese entonces no me importó el taxi para ir a casa, el club donde estaba ya que era el de papá, no me importó la vergüenza que tenía, no me importó la quemadura en mi cara debido a la vergüenza, no importó nada, y busqué con rapidez y torpeza los dólares que tenía en algunos de los cuatros bolsillos de mis jeans. Por más que rebusqué en cada uno, de forma rápida, no los encontré. Quería saber. Quería sentir. Lo más probable es que el stripper haya notado la decepción por no encontrar los dólares en mis ojos. No obstante, algo extraño ocurrió:
El stripper que me estaba bailando tomó mi mano con algo de brusquedad y la metió por dentro de sus cortos pantalones. Abrí los ojos, asombrada, jadeante. La palma de mi mano no llegó a sentir más que un poco de vello púbico.
Elevé la mirada a la de él, mientras este, con otras letras de música, se seguía moviendo, sonriendo con malicia y perversión, y al nuestros ojos conectarse supe que lo que interpretó al instante, sin emitir una sola palabra a través de sus labios: "¿Me la acabas de entrar tú, o termino de entrarla yo?
No elegí ninguna, las iris de mis ojos se quedaron enfocados en las de él, y justo cuando la música repitió el coro, el de pelo azabache y figura griega entró mi mano al completo dentro de sus pantalones.
Y lo sentí.
Solté un gemido.
Sentí algo al yo, sin querer, apretar dentro los pantalones.
Aprecié miles de sensaciones dentro de mí: Frio, calor, temblor, suspiros, respiros ahogados, tragos de salivas constantes, flaqueo de piernas, nerviosismo, creo que hasta mareos.
Abrí la boca y creí que me iba a ahogar con mis propias bocanadas de aire, entre mis propias salivas.
Y no sé si tenía que agradecer o maldecir porque la música se había acabado, con un baile épico y un perfil de los stripper mucho más épico.
El stripper, antes de irse y yo sacar mi mano me guiñó un ojo, coqueto.
Mierda.
No.
¡Doble mierda!
Capítulo 2
"Mi ángel sexy salvador"
-¿Y ya encontraste el dinero? -preguntó Triza, una de las chicas que conformaba el combo de las que son mis amigas personales, así como mejores amigas.
"Ese jodido dinero que busqué y busqué, pero sin el de todos modos lo logré"
-Sí, nena -le respondí a la chica -, gracias por preguntar -le termino diciendo mientras recogía los vasos que estaban tirados por todo el lugar del club, desordenados -. Ya estaba yo más que asustada con miedo de irme caminando hasta casa -comenté.
-No importa, yo te lo pagaba -informó Amy, caminando por mi lado mientras que en ese mismo instante me dio un golpe en los hombros -. Para eso estamos.
Le sonreí.
-De verdad que esta fiesta fue más que sorprendente -opiné entre risillas divertida, haciendo un pequeño resumen rápido de lo que pasé con el stripper -. Nunca me esperé esto, a decir verdad. Me encantó.
-¿De verdad te gustó? -preguntó Amy, del otro lado. -Eli y yo duramos mucho tiempo preparando -expuso.
Miré a Triza, quien rodó los ojos al ella no escuchar su mención. Para molestarla más, sonreí y pregunte:
-¿Y qué hizo Triza acá entonces? -la mencionada me miró y me sacó la lengua, divertida. Estaba por el escenario recogiendo algunas botellas y vasos.
-Quejarse -atacó Eli, soltando risas divertida -. Triza siendo Triza.
Varias carcajadas abandonaron nuestras bocas mientras que Triza fingía un mohín de enojo.
Quedamos en silencio por unos segundos mientras continuábamos recogiendo las cosas del club para dejarlo impecable, de esa manera no tenía yo que venir mañana u otro día a limpiarlo. Triza se ofreció como atributo a ayudarme, más sin embargo no quería volver para acá, así que mejor aprovecho a las chicas ahora.
Después de todo, al menos sé que papá no se dará cuenta de lo que utilizamos ya que Amy y las demás se encargaron de comprar bebidas en otro lugar para así no poder tomar la del club, me quieren tanto que saben que si ellas hacían eso, mi cuerpo, "accidentalmente" podría aparecer en la morgue media hora después de mi padre llegar, aunque tomé el riesgo ya que yo ayudé con cuatros botellas de vodka y vino blanco para animarnos más.
-Oye... -habló Amy, interrumpiendo el silencio. Su tono de voz me indicó a que no iba a decir algo para nada bueno -¿Y el stripper que te tocó? ¿Acaso tenía algo...? -preguntó la rubia entre un canturreo divertido y a la vez picaron, alzando y bajando las cejas consecutivamente, no terminó de soltar su pregunta, dejó la última palabra en el aire ya que sabíamos perfectamente qué iba a decir.
Supe que mis mejillas se tornaron rojas en el momento que sentí como me ardían. Quería contarles todo lo que llegué a agarrar -sin querer-, pero supe que si lo hacía me iban a molestar con eso durante seis o siete meses, o quizás hasta un año. Conozco bien a mis amigas. Así que decidí por negarlo todo.
-Por favor, chicas, obvio que no llegué a sentir nada -mentí, llevando las yema de dos de mis dedos a un mechón de cabello que caía por mi oreja, escondiéndome este por detrás.
-¿La tenía chiquita? -vociferó. Me di media vuelta y noté como los ojos de Eli estaban enfocados en mí -¡Porque, joder, ese tío que te tocó a ti estaba...! -chilló Eli, del otro lado, creando gestos con sus manos y caras extrañas en su cara.
-No sé, no sé, pero creo que sí tenía algo bastante obeso ahí abajo -comenté, a lo bajo, evitando reír.
Todas mis amigas soltaron una risita vuelta un chillido.
-Escuché que Kevin le quería pagar al stripper que le bailó para que le haga uno al privado, el de ojos grises -informó Amy entre risas. Todos reímos ante el comentario, me imaginé una escena de Kevin corriendo tras el sexy stripper y casi implorándole de que vendería su costoso carro por un baile de esos que daba.
-De seguro lo consigue -dijo Eli, simple, levantando los hombros -. Total, esas personas hacen eso, ¿no? Son como... prostitutos, bajo la fachada de strippers -musitó, en voz baja. Por instinto, mi cabeza repasó lo que mi amiga había dicho, y tiene razón en algunos sentidos.
-Eso es lo que son, Eli -opinó Triza, obvia. El tono de voz en que habló la denotó -. Si se dejan tocar y manosear de esa manera, incluso, dejar que le metan la mano hasta el fondo -mi amiga hizo síntesis en la última palabra, luego prosiguió hablando -: ¿Qué les cuesta acostarse con una chica sólo por dinero? -creí que había terminado de hablar debido a la pausa que hizo. No obstante, continuó, esta vez con un tono de voz restándole importancia -Además, todo eso está muy poco valorado, las personas a ellos no los juzgan, pues si fuera una mujer que lo hiciera, la sociedad la tachan de todo, le sienten asco y más, y a un hombre, en cambio, lo glorifican y lo idolatran -argumentó -. Creo que cada quien decide qué hacer con su vida y su cuerpo.
El debate entre mis amigas y yo, mientras no dejábamos de recoger los utensilios, pareció un poco interesante. No opté por decir nada, no soy de opinar mucho, más sin embargo, Amy agregó, para finalizarlo:
-Bueno, vale -gesticuló con sus manos -. Creo que todos no son iguales, supongo -admitió -. Existen strippers que sólo bailan, según he visto en las películas y he leído en libros, y pues que todos se acostumbran a que lo tachen como ustedes -señaló a las demás, excepto a mí -, lo están haciendo. No es bueno juzgar, y eso, yo sólo opino, eh, no es que vayamos a crear la tercera guerra mundial.
El silencio reinó entre nosotras después de los comentarios.
Los minutos pasaron de forma rápida, y mis amigas, quienes eran las únicas que estaban ayudándome a recoger un poco el lugar ya que todos los demás invitados, incluyendo los strippers, se fueron, dejando todo patas arriba, comenzaron a introducirse en otro tema el cual les pareció interesante, y realmente los temas de Eli son interesante, pues no contaba un chisme de que los vecinos que estaban frente a su casa discutieron y pelearon porque hubo una infidelidad.
Ya cuando todo estaba mucho mejor arreglado las chicas optaron por irse, la mayoría confesó estar muy cansada y que apenas ellas lleguen a casa se iban a lanzar en su cama sin tan siquiera bañarse. No les dije nada a ellas de eso por la razón de que yo haré lo mismo. Siento que mi cuerpo va a caer en el suelo.
-Nos vemos mañana, Amy -me despedí de la última amiga que salió del club, elevando la mano y sacudiéndola varias veces. Amy hizo lo mismo y se subió en un taxi que pasó cerca.
-¿En serio vas a estar bien? -preguntó desde dentro, a través de la ventanilla del auto amarillo con varios puntos rojos, dejando entender cuál era su trabajo.
-Sí, Amy, estaré bien -rodé los ojos mientras aún estaba recostada en la puerta de entrada del club -. Sólo arreglo unas cosillas y ya, casi termino.
-Nos pediste a las chicas y a mí que todo ya estaba arreglado -ladró.
-Sí, lo está -intenté sonar resignada -. No es nada de qué preocuparse, usted váyase tranquilita.
Vi desde lejos como la rubia rodó los ojos y le dijo algo al taxi, supuse que fue: "arranca" por la razón de que este ejerció su recorrido. Amy me dio una última mirada y me lanzó un beso. Yo, sonriente, le lancé otro. Ya cuando el taxi se marchó me di media vuelta y comencé a arreglar unas sillas que estaban desordenadas. No me costó ni tan siquiera cinco minutos hacerlo, pues después de ello, solté un suspiro, lista para irme.
Tomé mi mochila que estaba detrás del pasamano de la licorería, y me la coloqué en la espalda, acomodándomela. Agarré mi celular, lo encendí por el botón que deba el acceso a encenderlo y vi la hora: 03:36 am.
Estaba tarde. Muy tarde, diría yo. Al menos mis padres no estaban en casa porque si eso hubiese pasado me gano un montón de reclamos por parte de ambos. No soy chica de salir hasta tarde de la noche, y menos de que me den el permiso para hacerlo. De hecho, le dije a papá que iba a ver una película con mis amigas, pues esa mentira fue las que ellas me dijeron, más sin embargo me regalaron una noche bastante loca.
Ya con la mochila puesta en mis hombros, bajándome por la espalda, tomé el montón de llaves que estaba pegada en la pared, siendo sostenida por un clavillo fino y la tiré hacía arriba, atrapándola al instante, con gran talento.
Transité hasta la salida del club nocturno y detrás de mí cerré la puerta con las llaves, asegurándome de que esté muy bien asegurada, porque si se llega a meter un ladrón aquí, o al menos papá se da cuenta de que yo estuve aquí y crearon una fiesta con strippers que volvió a todos y todas completamente calientes, juro que decide venderme por la Deep Web porque él asegura este club con su vida y lo ama como tal. Ya al yo asegurarme de que la puerta esté cerrada, giré sobre mis talones, solté un suspiro; inflando mi pecho, y opté por empezar a caminar con la esperanza de encontrar un taxi a estas horas de la madrugada.
El aire frio del ambiente chocaba con mi cuerpo con gran fuerza, haciendo que me abrace con mis propios brazos.
Solté varios suspiros con la boca y al hacerlo veía un humillo salí por la misma, con mis labios fríos, a punto de congelarse. El alrededor estaba oscuro. Las casas más cercanas tenían las bombillas apagadas y otras la tenían encendida solo por dentro, hasta llegué a notar una figura masculina dentro de su propia casa, después, la bombilla amarilla se apagó.
La ciudad estaba a oscuras. El foco de un poste de luz parpadeaba entre las alturas por el lugar que yo caminaba, dándole al ambiente un aire de terror, misterioso. Caminaba de manera apresurada por la acera. Ya había doblado varias calles, estaba lejos del club.
-Joder, ¿y si llamo un Uber?
No sé si dije esas palabras a través de mis labios o mentalmente, pero decidí hacer eso, así que saqué mi celular de unos de los bolsillos de mis jeans, encendiéndolo al instante. El brillo intenso del mismo hizo que entrecierre los ojos.
Me paré en la acera para así poder entrar a Google y pedir un Uber a través de un extraño link que hay en dicha aplicación, justo cuando voy a apretar la opción de llamar, escucho algo por detrás de mí.
>>Crash.
Levanté la mirada con gran rapidez al escuchar un sonido cerca de mí que no fue emitido mí misma.
Mi corazón empezó a palpitar con gran fuerza y mi método de respiración incrementó. Iba a guardar el celular en mis bolsillos mientras veía el alrededor, asustada, pero una extraña voz lo evitó, haciendo que entre en pánico:
-Dame el celular, belleza.
Ahora sí que me faltó la respiración. Me giré hacia atrás y vi a dos hombres detrás de mí. No pude captar ninguna facción de sus rostros ya que cada uno de ellos llevaba puesto en la cara un pañuelo de color negro, cubriéndolo, dejando a la vista tan sólo sus ojos, cosa que, relativamente, no le presté atención debido a la turbación y el pasmo que sentía.
-¿Q-qué? -tartamudeé, con miedo. Apagué el celular, con la intención de meterlo en mi bolsillo.
La lengua se me enredó y el miedo me consumió por completo, corriendo por mi cuerpo como si fuese una corriente eléctrica, atravesando todas mis venas.
-Que me des el pu*to teléfono, mocosa -ordenó uno de los dos hombres, en tono ronco. Fue el mismo que me lo pidió antes. El otro se quedó observando desde su sitio hacia los lados.
-Pero... pero... pero ustedes... ustedes no han comprado... comprado teléfono -balbuceé cada palabra, aún con miedo. No sé de dónde me salió esa valentía para decir aquello, creo que el alcohol si había afectado mi cerebro.
Tragué saliva en el momento que vi a través de sus ojos el semblante que puso el hombre que me ordenó a que le diera la mitad de mi vida; mi celular.
-Puta mocosa -gruñó el otro y sacó desde la parte delantera de su pantalón una navaja. Supe que era una en el momento que dio un salto hasta mí y presionó algún tipo de botón y de esta, escuché el sonido que ejerció, y se salió el filo, se le veía el color plateado.
Creí que me iba a morir. Intenté echarme a correr para salvar mi vida pero el otro hombre que se encargó de solo mirar a los lados me tomó del pelo cuando intenté huir y me arrastró con fuerza hacía atrás, tumbándome en el piso. El golpe al impactar mi cuerpo dolió, quise levantarme, no obstante, fue imposible debido al golpe.
De manera torpe, quise huir arrastrándome en la carretera, pero en el primer intento el mismo hombre de la navaja me tomó por el cabello y me levantó con ayuda de éstos.
-¡Ah! -emití un chillido ahogado cuando ya estaba de pie. Estribé la cabeza hacia atrás.
-Dame el celular.
-¡No! -chillé. -Suelta.
El hombre forcejeaba conmigo de manera fuerte.
Intenté defenderme lo más que pude -no gran cosa-, pues volví a caer en la acera, pero logré levantarme de esta segundos después, aunque fue un gran error ya que el mismo hombre que tenía la navaja le dio utilidad puesto a que me colocó en el costado la punta fría del objeto afilado y no me dio tiempo a correr.
-Ahora sí, maldita pu*ta, te dije que me des el teléfono.
Me susurró el hombre al oído, en tono feroz, fuerte, mientras que apretó la navaja en mi costado.
Las piernas me flaquearon en ese momento y de mis ojos salieron lágrimas saladas al sentir eso. No me quedó otra opción.
-Por... por... por favor... lleve... lleve... llévese el celular, tenga.
Emití, en un hilillo de voz que supuse que no se lograrían entender ni escuchar debido a lo bajo que lo dije, pero el hombre de la navaja lo escuchó ya que farfulló:
-Te dejé esa opción, mocosa.
Sentí asco en ese momento y quería vomitar, ya sentía las arcadas subir por mi garganta del miedo. Las lágrimas salían más como torrentes. Creí poder defenderme, pero no podía, sabía que cualquier cosa que yo llegue a hacer, cualquier tipo de movimiento, la navaja se iba a incrustar en el lugar donde estaba presionada y ya no la contaba.
Pero entonces no escuché ni sentí nada detrás de mí, ya no sentí el frío de la navaja en el lugar que antes estaba, tan poco el calor del hombre, ni su voz, ni su respiración en mi cuello.
Me quedé allí, parada unos segundos, no sabía qué hacer. Escuché unos golpes secos y tras eso, otros golpes más fuertes impactando el suelo. Por mi mente pasaron todas las ideas malas de mundo, pero todo eso se quitó de mi cabeza en segundos.
Por instinto, miré hacia atrás y fue donde noté a mi ángel de la guarda. Quien atacó con una gigante roca -la veía apretada entre sus manos- a los maleantes, quienes estaban en el suelo.
-¿Estás bien? -preguntó, la voz denotó que era un hombre.
Se acercó más a mí, saliendo de la oscuridad, y pude reconocer ese perfecto rostro moldeado por puros dioses griegos: El stripper que antes me bailó. Ahora no sentía tanto miedo.
El que me bailó era quien me había salvado. Recordar ese suceso, de la mano dentro de ese lugar, me dio un poco de vergüenza. Sentí mis mejillas arder, apenada, pero tenía aun miedo por lo de hace unos segundos.
-¿Estás bien? -susurró el hombre, otra vez, acercándose a mí y soltando la grande piedra que tenía en sus manos. Noté índices de sangre en ésta.
-Sí... -le respondí, en un balbuceo, alterné la mirada entre él y los hombres en el suelo. Me acerqué al stripper y, sin pensarlo dos veces, lo abracé. Su colonia masculina frotaba desde su ropa, aunque en ella llevaba un conjunto de sudor.
-Lo siento.
Murmuré, apartándome de él después. Necesitaba ese abrazo. Estaba nerviosa, no sentía del todo a mis piernas.
-Descuida-murmuró -. Todo está bien ya, ¿okey?
Uno de los rateros intentó levantarse del piso, pero el stripper, con cuerpo verdaderamente hot, le dio una patada con gran fuerza en el vientre, a ambos. Estos gimieron de dolor y soltaron varias arcadas, después quedaron tendido en la calle, sin moverse.
Al no verlos mover, me puse nerviosa.
-¿Estarán muertos? -pregunté entre un susurro, preocupada.
-No -respondió, viendo los cuerpos -, le di en una arteria de la nuca que lo dejará inconscientes y sin poder levantarse por unas largas horas a ambos.
Asentí ante aquello, un poco aliviada.
-¿Llamamos a la policía? -pregunté, en un hilo de voz, caminando hasta su dirección. Era obvio que debíamos de hacerlo.
El stripper me escaneó de arriba abajo y vio mi estado:
Pelo completamente desorganizado, junto con unas tiras de mi blusa rota.
-Sí, vamos a llamarla, pero antes vamos a hacer algo que siempre quise hacer.
Una sonrisa maligna se colocó en su rostro, no me gustó para nada esa actitud. Y en este shock que tenía yo, menos.
-¿Qué harás? -le pregunté, curiosa.
-Voy a desnudarlos y que se lo lleven así mismo a la estación.
Lo miré, ceñuda, confundida.
-¿Qué? -arqueé las cejas.
-Lo que oíste -se burló -. Siempre fue mis sueños para que pasen una muy buena vergüenza en el camino. No sabes cuánto odio a esas personas que deciden robarle al que trabaja.
Y fue así como en cuestión de unos cortos segundos él había hecho lo que me dijo, y la ropa que le había quitado la lanzó a un bote de basura que quedaba lejos del lugar, casi llegando al club.
Ah, pues sí, estábamos en camino al club ya que le pedí que me acompañara porque no iba a ir a casa sola, que estaba muy lejos y no ha pasado un taxi, le dije que quería tomar un Uber y él me contó que esos tampoco eran 100% confiable. Otra de las razones por la cual íbamos camino al sitio es porque al stripper se le había quedado unos trajes allá y que tendría que utilizarlo mañana en la noche, así que lo más probable es que no iba a poder venir en la mañana porque no sabía si el club iba a estar abierto, cosa que era cierta, pues papá no está y es él quien maneja el club.
-¿Ya estás mejor? -preguntó el stripper, mirando hacia delante mientras caminábamos por la solitaria calle, a tan solo unos metros para llegar al club. Lo veíamos de lejos, estábamos cerca. Le miré por el rabillo del ojo, seguía con la mirada hacía el frente, serio.
-Sí -le respondí, con mi respiración aún más calmada -. Muchísimas gracias por lo que hiciste, créeme que no sabía qué hacer en ese momento. Me sentí inútil. No sé ni cómo pagarte, la verdad.
-No, no importa, no hay de qué, ayudaría a cualquiera en esa situación. -Habló, tranquilo, mientras que una sonrisa se plasmó en su perfecto rostro.
-De verdad, muchísimas gracias.
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