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El Veneno de Su Amor

El Veneno de Su Amor

Autor: : Qiu Nuan
Género: Romance
Soy Sofía Montoya, estudiante de Bellas Artes. Me había enamorado perdidamente de Mateo Vidal, un empresario influyente y mecenas, creyendo que nuestra relación era especial y que él era mi protector. Pero un día, el vídeo de nuestra intimidad se extendió como la pólvora por la universidad, convirtiéndose en una humillación pública. Las risas de Mateo y sus amigos revelaron la cruel verdad: todo era una venganza orquestada por Isabella, su hermanastra y prometida. Mi mundo se derrumbó. Los mensajes y burlas inundaron mi móvil, y mi padre me echó de casa, comparándome con mi madre y abandonándome a mi suerte. Lo peor llegó cuando Mateo, el hombre que amé, permitió que sus amigos me secuestraran, me torturaran y me dejaran marcada con cicatrices físicas y emocionales permanentes. ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué mi existencia era un pecado tan grande como para merecer este infierno? Al despertar en el hospital, humillada y sin fuerzas, Isabella intentó matarme. Pero no me morí. En ese momento, decidí. Desaparecí. Me alejé para sobrevivir, sin mirar atrás, eligiendo que el pasado no me definiría más.

Introducción

Soy Sofía Montoya, estudiante de Bellas Artes.

Me había enamorado perdidamente de Mateo Vidal, un empresario influyente y mecenas, creyendo que nuestra relación era especial y que él era mi protector.

Pero un día, el vídeo de nuestra intimidad se extendió como la pólvora por la universidad, convirtiéndose en una humillación pública.

Las risas de Mateo y sus amigos revelaron la cruel verdad: todo era una venganza orquestada por Isabella, su hermanastra y prometida.

Mi mundo se derrumbó.

Los mensajes y burlas inundaron mi móvil, y mi padre me echó de casa, comparándome con mi madre y abandonándome a mi suerte.

Lo peor llegó cuando Mateo, el hombre que amé, permitió que sus amigos me secuestraran, me torturaran y me dejaran marcada con cicatrices físicas y emocionales permanentes.

¿Por qué tanto odio?

¿Por qué mi existencia era un pecado tan grande como para merecer este infierno?

Al despertar en el hospital, humillada y sin fuerzas, Isabella intentó matarme.

Pero no me morí.

En ese momento, decidí.

Desaparecí.

Me alejé para sobrevivir, sin mirar atrás, eligiendo que el pasado no me definiría más.

Capítulo 1

El vídeo se extendió como la pólvora por los chats de la universidad.

Era yo.

Sofía Montoya, estudiante de Bellas Artes.

Y Mateo Vidal, el empresario influyente, el mecenas.

En la suite de un hotel de lujo en Madrid.

Un momento que yo había creído especial, ahora era una humillación pública.

Mi móvil no paraba de vibrar con notificaciones.

Mensajes, comentarios, burlas.

"Mira a la mosquita muerta."

"Se lo tenía bien callado."

"Así consigue las becas."

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Estaba en el taller de pintura, trabajando en su retrato.

Un regalo sorpresa.

Las manos me temblaban tanto que el pincel cayó, manchando el lienzo.

Mi corazón latía desbocado, un dolor agudo en el pecho.

Quería gritar, pero la voz no me salía.

Salí corriendo del taller, buscando a Mateo.

Necesitaba una explicación.

Lo encontré cerca de la cafetería, rodeado de sus amigos.

Me acerqué, pero me detuve al escuchar sus risas.

"Mateo, eres un genio," dijo uno de ellos. "La cara que pondrá cuando se entere."

"Isabella estará encantada," añadió otro. "Por fin le das su merecido a la hija de la otra."

Isabella.

Su hermanastra. La novia de Mateo.

Todo encajó de golpe, como un puñetazo en el estómago.

La venganza.

Isabella había convencido a Mateo de que yo era la culpable de alguna supuesta humillación pasada, de que había arruinado su reputación.

Una mentira.

Isabella, que vivía a cuerpo de rey con el dinero que Mateo le enviaba mientras fingía un "exilio" forzado por mi culpa.

Me sentí la persona más estúpida del mundo.

Engañada. Utilizada. Destrozada.

En ese momento, un grupo de estudiantes empezó a señalarme y a cuchichear.

"Ahí está."

"Qué descaro, aparecer por aquí."

Mateo se giró, me vio.

Su expresión cambió. Se acercó, apartando a los que me rodeaban.

"Sofía, ¿estás bien?" preguntó, con fingida preocupación. "No hagas caso a esta gente."

Su mano en mi brazo.

Quería apartarme, gritarle, pero estaba paralizada.

Recordé cómo había aparecido en mi vida hacía unos meses.

Yo era nueva en la facultad, objeto de rumores por la historia de mi madre.

Decían que era una "destroza hogares".

Mateo se presentó como mi protector.

Amable, carismático. Me defendió.

Me hizo sentir segura.

Confié en él. Me enamoré de él.

Recordé la noche del vídeo.

En su suite. Champán, música suave.

Sus palabras dulces. "Eres especial, Sofía."

Creí cada una de ellas.

Y él solo estaba actuando.

Siguiendo el guion de Isabella.

"Ven conmigo," dijo Mateo, tirando suavemente de mi brazo. "Te llevaré a un lugar tranquilo."

Le seguí, como una autómata.

No por confianza.

Sino porque una parte de mí, masoquista, quería ver hasta dónde llegaba su farsa.

Capítulo 2

Mateo me llevó a su despacho en el ala de administración de la universidad.

Un espacio lujoso, impersonal.

"Siéntate," dijo, señalando un sillón de cuero. "No debiste salir así. La gente es cruel."

Palabras vacías.

Consuelo superficial.

Yo solo le miraba, incapaz de articular palabra.

Las lágrimas empezaron a brotar sin control.

Un llanto silencioso, desgarrador.

Él suspiró, como si mi dolor fuera una molestia.

"No llores, Sofía. Todo se arreglará."

Se acercó a su escritorio, cogió su teléfono.

Lo dejó sobre la mesa, cerca de mí, antes de salir.

"Voy a por un vaso de agua. Y a encargarme de que borren ese maldito vídeo."

Una acción calculada.

Lo supe en cuanto cerró la puerta.

Mi instinto me gritó.

Alargué la mano, temblorosa, y cogí su teléfono.

No tenía código de bloqueo.

Abrí sus mensajes.

Ahí estaba.

El chat con Isabella.

"¿Ya lo ha visto? ¿Sufre?" preguntaba ella.

"Llorando como una magdalena. Patética," respondía Mateo.

"Bien. Que aprenda quién manda. Que sepa que tú eres mío."

"Siempre tuyo, mi amor."

Y luego, mensajes más antiguos.

La planificación.

Detalles de cómo seducirme, cómo ganarse mi confianza.

Cómo grabarme.

"Asegúrate de que parezca que la adoras. Las ingenuas como ella caen fácil."

"No te preocupes, nena. Será mi mejor actuación."

Cada palabra era una puñalada.

El hombre del que me había enamorado no existía.

Era una farsa. Un monstruo.

La puerta se abrió.

Mateo entró con un vaso de agua y una caja de pañuelos.

"Toma, te sentará bien."

Su sonrisa amable.

El mismo gesto que me había cautivado.

Ahora me producía náuseas.

Sentí un cambio dentro de mí.

El dolor seguía ahí, pero ahora estaba mezclado con una rabia fría.

Una claridad helada.

Me ofreció un pañuelo.

Lo rechacé con un gesto de la cabeza.

Él frunció el ceño, desconcertado por mi frialdad.

"Sofía, ¿qué pasa?"

Intentó acariciar mi mejilla.

Aparté la cara.

"No me toques."

Su sorpresa fue evidente. Luego, una sombra de irritación cruzó sus ojos.

"Vamos, Sofía. No te pongas así. Sabes que esto no es culpa mía. Alguien nos ha traicionado."

Mentiras. Más mentiras.

Me levanté.

Necesitaba salir de allí. Lejos de él.

"Tengo que irme."

"¿Adónde vas? Espera, hablemos."

No le escuché.

Salí del despacho, casi corriendo.

Llegué a casa, a la casa de mi padre.

Él estaba en el salón, leyendo el periódico.

Levantó la vista cuando entré.

Su expresión era dura.

"Sofía, ¿qué es este escándalo? ¿Un vídeo íntimo? ¿No tienes vergüenza?"

Su voz, un látigo.

"Padre, yo..."

"No quiero excusas. Has manchado el apellido de la familia. Siempre supe que eras igual que tu madre."

Cada palabra, un golpe.

Mi padre, siempre distante, siempre crítico.

Influenciado por las apariencias, y seguramente por Isabella.

"Isabella vuelve mañana de su 'retiro' en Suiza. Espero que te comportes en su fiesta de bienvenida. Y después, te irás de esta casa. No quiero volver a verte."

Un ultimátum.

Exiliada. Abandonada.

Asentí, con una calma que me sorprendió a mí misma.

Quizá ya no me quedaban fuerzas para luchar.

O quizá, una parte de mí sabía que era lo mejor.

Alejarme de todo.

"Bien," dijo él, sorprendido por mi sumisión. "La fiesta es mañana por la noche. No faltes."

Asentí de nuevo.

Subí a mi habitación.

Empecé a hacer la maleta.

Saqué el retrato de Mateo, el que estaba pintando.

Lo miré por un momento.

Luego, con rabia, lo rompí en mil pedazos.

Los tiré a la basura.

Junto con todos los regalos que me había hecho.

Cualquier rastro de él.

Fuera de mi vida.

La noche siguiente, la fiesta de bienvenida de Isabella.

Un evento ostentoso en la mansión familiar.

Me obligué a ir.

Mi padre me lo había ordenado.

Apenas entré, lo vi.

Mateo.

Nuestros ojos se encontraron.

Se acercó, su rostro una máscara de preocupación.

"Sofía, ¿cómo estás? No me has llamado."

Su tono, posesivo.

Como si tuviera algún derecho sobre mí.

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