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El abogado y la doctora

El abogado y la doctora

Autor: : Bohn
Género: Romance
Misha no es una mujer romántica. Descreída del amor después de haber vivido un infierno en manos de su prometido que casi termina con su vida. Sus días los pasa dentro de un laboratorio junto a su mejor amiga Mica intentando ayudar a mejorar la calidad de vida de niños con problemas. Un accidente de auto cambiara las cosas para siempre. Aunque intenta ser feliz el pasado ha dejado grandes secuelas mentales y físicas. Khalam es un cínico abogado. El convivir dentro de una familia poco afectuosa lo llevó a huir de los compromisos. Su vida transcurre entre lograr contratos para su mejor amigo Ann y mujeres al azar. Un accidente mueve sus cimientos y lo obliga a replantear todo aquello que alguna vez pensó. Entre las sombras una persona busca venganza y no descansará hasta tomar lo que considera suyo. ¿Podrán alcanzar alcanzar la felicidad? ¿O estarán destinados a un futuro de soledad?

Capítulo 1 Primera (mala) impresión

Inglaterra, febrero 2021

El ruido del impacto en la parte trasera del coche me sorprendió y perdí el control del vehículo, chocando contra el auto de enfrente. Todo se convirtió en caos en un instante. Aunque el golpe fue fuerte, los airbags no se activaron. Sentí el golpe en el lado derecho de mi cabeza al chocar contra el cristal.

Despejando mi mente, miré a mi amiga en el asiento del copiloto. Mica estaba en la misma situación, tocándose la sien. Nos evaluamos con una mirada, sabiendo qué buscar posibles lesiones. Después de tantos años trabajando juntas, no necesitábamos palabras. Al darnos cuenta de que solo estábamos levemente heridas, nos pusimos en piloto automático para verificar el estado de los ocupantes de los otros vehículos.

Fuimos invitadas al 50º Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Cirugía que se llevaría a cabo en Londres. Decidimos viajar diez días antes desde Houston para visitar otras ciudades durante las mini vacaciones. Nuestro primer destino fue Gales, luego Cardiff y finalmente Bath. Como admiradoras de Jane Austen, quedamos fascinadas con la ciudad, su misticismo y romanticismo que representaban una parte importante de nuestra infancia. Después volamos hacia el norte y terminamos nuestro viaje en Manchester.

El día anterior decidimos dejar de lado los pasajes de avión y alquilar un auto para llegar a nuestro destino conduciendo. Nos aconsejaron comenzar por la ruta M6 y luego unirnos a la M40, que suele ser poco transitada en esta época. Queríamos disfrutar de paisajes, paz y calma para contrarrestar el ajetreo de la ciudad al regresar.

Pero ahora observando el estado de nuestro auto y de los demás vehículos tendríamos que despedirnos de nuestro plan y llamar para pedir ayuda. Esto iba a demorarnos.

Nos aproximamos al viejo modelo de camioneta Ford que nos embistió. Se podían notar golpes antiguos en los costados. Había un solo ocupante, un hombre con la cabeza apoyada en el volante. Al abrir la puerta, su aspecto desaliñado era lo primero que llamaba la atención. Al mover su cuerpo hacia atrás, pude ver que no pasaba de los cuarenta años, pero su rostro denotaba más edad. Pantalones manchados, zapatillas sucias, una camisa desabotonada y llena de manchas de aderezo. Un fuerte olor a alcohol me provocó náuseas, dejándome sin dudas sobre la causa del accidente que provocó al perder el control del vehículo.

Sin perder tiempo, Mica sacó el maletín de primeros auxilios del baúl, que siempre llevábamos para cualquier emergencia que surgiera. Entró lentamente por la puerta del acompañante de la camioneta para verificar su estado.

- Señor ¿puede escucharnos?- preguntó con voz firme mientras controlaba sus signos vitales- Señor... señor me escucha? Mi nombre es Dra. Micaela Kross, soy doctora. Misha, está inconsciente, no sé si es a causa del alcohol o del golpe- terminó diciendo con resentimiento mientras intentaba hacerlo reaccionar colocando alcohol en un pequeño algodón llevándolo a sus fosas nasales.

- Llama a una ambulancia, voy a verificar el otro auto- dije mientras sacaba mi celular y contactaba a la policía. Expliqué rápidamente la situación pidiendo un móvil policial.

Mientras caminaba, vi el viejo y pobre Bentley que habíamos alquilado. Aunque no era gran cosa, ahora claramente estaba fuera de servicio con los dos golpes en la parte delantera y trasera.

Del interior del vehículo chocado se escuchaban gemidos, así que aceleré el paso. Era un jeep negro con ventanas polarizadas que no permitían ver hacia adentro. Me acerqué y abrí la puerta del conductor; dos ocupantes de origen asiático me miraron fijamente.

- Hola, ¿están bien?... - les pregunté mientras evaluaba la situación de ambos - soy la Dra. Misha Saint Johns... voy a ayudarlos.

El conductor era un joven de tez trigueña, no mayor de treinta años, con una lesión en la frente que sangraba un poco. Se sujetaba el hombro derecho con una mano, quejándose. Sus pequeños ojos rasgados reflejaban dolor, respiraba agitadamente y se mordía el labio inferior para no emitir sonido. Vestía completamente de blanco, con un short de lino y una camisa de bambula de mangas cortas, prácticamente sin abotonar. Toda su vestimenta gritaba turista.

El acompañante era un hombre realmente atractivo. Tenía alrededor de treinta años. Su apariencia era fuerte y grande. Con cabello negro, piel muy clara, labios gruesos y sus ojos rasgados negros que no dejaban de mirarme mientras se tocaba el cuello. A diferencia de su amigo, vestía completamente de negro. Con pantalón largo y camisa abierta que mostraba un torso envidiable. Su mirada irradiaba una fuerza que hizo temblar mis rodillas.

- Ya hemos llamado a la ambulancia... voy a revisarlos si me lo permiten, ¿ok? - pregunté mientras buscaba guantes en el maletín. Sé por experiencia que hay personas de algunos países que son bastante reacias a que los toquen extranjeros, sobre todo si son extraños a su cultura, así que debía ser sumamente cuidadosa con ellos. - Díganme si me entienden... por favor.

- Por favor, empieza con él que está sangrando - dijo el acompañante aflojando su cinturón, hablándole a su compañero en un idioma que desconocía. Su voz ronca y baja me dejó aturdida, provocando escalofríos.

"Extraño", pensé. Después de Tim, mi cuerpo se había rebelado contra la atracción hacia el sexo opuesto. Me había impuesto el celibato como castigo por haber sido una tonta. Pero ahora, en estas circunstancias precisas, podía sentir cómo mi corazón se aceleraba. Escuché a su compañero quejarse y dejé de divagar sobre temas sin sentido.

- Hola, soy Misha - repetí suavemente, mirándolo a los ojos - voy a quitarte el cinturón y reclinar tu asiento para examinarte mejor - murmuré, tratando de no asustarlo - dime si algo de lo que hago te duele - él solo asintió, ruborizándose. Sentí cómo su respiración se aceleraba.

Ambos eran muy altos, lo que dificultaba llegar a su frente. Busqué la palanca debajo del asiento para reclinar su cuerpo. Pisando el borde inferior del auto, coloqué una rodilla en su asiento, me impulsé hacia arriba y quedé prácticamente arrodillada de costado sobre él, con mi pecho pegado a su costado. Hasta ahí llegaron mis deseos de ser sutil. Sus ojos se abrieron al mirar a su compañero y a mí, profundizando el sonrojo en sus mejillas.

- Mierda... - susurré, intentando encontrar otra forma de acomodarme - No te asustes, necesito revisarte para saber si tienes alguna lesión grave - procedí con cautela a palpar su frente, notando que afortunadamente era solo una herida superficial.

Me señaló el hombro y, mirándolo a los ojos, pedí permiso para tocarlo. Introduje como pude las manos por debajo de su camisa. Era delgado pero fibroso. Me incliné hacia adelante para observar más de cerca. Lo palpé rápidamente. Al tacto noté que no tenía huesos rotos, pero un gran hematoma se estaba formando en la zona escapular donde se había golpeado.

- Estás bien, voy a limpiar la herida de tu frente. Aparentemente no tienes nada roto, pero para estar seguros deberías realizarte una radiografía de tórax y una cervical - dije mientras saltaba del vehículo, aplicaba desinfectante en una gasa y volvía a subir al auto.

Limpié la herida y coloqué una curita. Por primera vez lo vi sonreír mientras agradecía. Su voz era muy dulce, así que correspondí sonriendo también.

- Ya te he dicho mi nombre dos veces... es tu turno ¿Cómo te llamas? - pregunté mientras bajaba intentando calmarlo, notaba que su respiración se aceleraba, su rostro estaba sudado y sus pupilas empezaban a dilatarse. Temía que estuviera a punto de tener un ataque de pánico.

- Anonn - susurró mirándome tímidamente- me llamo Anonn Kongkaeo.

- Hermoso nombre Anonn. Ahora necesito que respires lentamente conmigo, ¿puedes hacerlo? - le dije mientras le mostraba cómo calmar su respiración, colocando mi mano sobre su pecho para que respiráramos juntos.

- Gracias Dra- susurró sonriendo.

- Misha- dije, sintiendo como lentamente su respiración se ralentizaba.

- Misha- susurró, regalándome una nueva sonrisa.

Devolví la sonrisa mientras guiñándole el ojo. De reojo observaba los movimientos de su compañero. Nunca apartó la mirada de mí, controlando cada paso. Frunció el ceño ante mis palabras, desaprobando lo que hacía. Tampoco se presentó. "Grosero", pensé al notar cómo se refregaba una y otra vez el cuello con mueca de dolor. Cuando vi que Annon se sentía mejor, descendí y abrí la puerta de su lado del auto, apoyando la rodilla y trepando como antes.

Su cuerpo era más ancho, por lo que el espacio era más reducido, mis senos presionaron su brazo y vi cómo abría desmesuradamente los ojos.

- Déjame verificar si estás bien - murmuré con voz débil y poco habitual en mí.

Extendí mis brazos para examinarlo, él comenzó a articular palabras negativas con la cabeza, pero entonces escuché gritos de una voz conocida, lo que me hizo saltar del vehículo y correr dejándolo con la palabra en la boca. Me aproximé a la camioneta para ver que nuestro amigo ebrio se había despertado y estaba acorralando a Mica contra el vehículo.

Capítulo 2 Esto tiene que ser una broma

La escena era dantesca. Su rostro cubierto de sudor, los ojos desorbitados y la postura amenazante no auspiciaba nada bueno. Levantaba el puño mientras ella intentaba cubrirse con sus manos. Su metro sesenta y cinco no tenía nada que hacer contra el metro ochenta que seguramente este hombre tenía.

-¿Qué demonios cree que está haciendo?- grité mientras agarraba su brazo intentando alejarlo, pero el maldito tenía mucha fuerza. Esto me recordaba a otra escena ya vivida. Otro hombre que nos había lastimado a las dos. Empecé a respirar con dificultad. No podía ir allí en este momento. Mica me necesitaba. Respiré profundamente e intenté empujarlo. Al final mi cuerpo terminó forcejeando entre Mica y él con su rostro asquerosamente cerca del mío.

- Quiero largarme de este lugar- gritaba mientras escupía saliva con hedor a whisky- dígale que me devuelva las llaves... la maldita ladrona me las quitó.

Empecé a entender lentamente la situación. Supuse que el hombre cuando reaccionó y vio el desastre que había provocado, habría querido huir. Conociéndola a Mica, le quitó las llaves para que no escapara antes que llegaran los oficiales. A lo lejos el sonido de la ambulancia y policía lograron captar su atención y aflojó su agarre. Aprovechando el momento empujé con fuerza provocando que trastabillara y cayera.

- Llamaron a la policía... perras- dijo mirando con odio y levantándose con furia.

La saliva caía por los costados de sus labios, su cabello grasoso y despeinado, la camisa totalmente abierta mostrando un tatuaje de lo que parecía ser un león pero en su abultado abdomen podría haber sido un elefante tranquilamente. Su aspecto grotesco era casi caricaturesco. Sus pupilas dilatadas mostraban la locura que tenía encima en ese momento. Volvió a ponerse de pie avanzando una vez más hacia nosotras con los puños cerrados.

Me preparé para resistir y proteger a Mica hasta la llegada de la ayuda pero antes de que pudiera hacer algo, el hermoso acompañante misterioso se interpuso entre nosotros irguiéndose en una pose protectora. Tenían más o menos la misma altura. El borracho se detuvo en un duelo de miradas. Finalmente bajó su cabeza, volviendo a su auto maldiciéndonos entre dientes.

Mientras observaba lo que sucedía no podía apartar la mirada de aquella espalda recta que se había interpuesto ayudándonos. Era tan grande, ancha, tan perfecta como su parte delantera. Su cuerpo parecía moldeado por profesionales. Quizás era modelo. O actor.

Pero ¿Qué me pasaba? Un hombre de ciento veinte kilogramos había querido aplastarnos y yo no podía dejar de mirar el trasero enfundado en unos pantalones negros de diseño que se ajustaban como una segunda piel. Se dio vuelta lentamente y nuestros ojos volvieron a conectar.

- ¿Están bien?- preguntó levantando sus cejas casi indiferente.

Asentí despacio dándole las gracias mientras observaba la llegada de policías y paramédicos. Mica se acercó a los oficiales explicando el choque mientras el borracho era puesto bajo custodia. De reojo noté como Anonn se acercaba a la ambulancia.

Caminé dos pasos hacia al misterioso hombre queriendo tocarlo. No sé qué se apoderó de mi mente pero necesitaba ese contacto. Sentía cosquillas en los dedos. Era una situación surrealista. Me quité los guantes, ahora estropeados luego del enfrentamiento.

- Déjame revisar tu cuello – dije estirando mi mano hacia su nuca donde lo veía refregar una y otra vez.

Yo era una mujer alta, mi metro setenta y tres solía intimidar a las personas. Pero él era por lo menos diez centímetros más alto. El primer contacto fue literalmente electrizante. Su piel era más suave de lo que creía, el perfume que usaba era afrodisiaco o a lo mejor eran mis hormonas revueltas las que provocaban la sensación de estupor. Un chispazo de energía golpeó la punta de mis dedos y él debió sentirlo porque se encogió.

- Gracias- dijo esquivo alejándose de mi toque- pero estoy bien.

Dejé caer las manos con una sensación de pérdida. El rechazo dolía. Poco a poco comencé a avergonzarme de mi comportamiento. Estaba acosando al pobre hombre. Asentí con la cabeza y dando media vuelta fui hasta Mica que se estaba acercando a nuestro pobre Bentley.

- Así que yo atiendo a un borracho horripilante que por poco me aplasta y mientras tanto a vos te toca revisar dos bombones exóticos... que injusta la vida- gritaba bromeando haciéndose la ofendida, revoleando las manos mirando al cielo mientras me codeaba de lado.

- Habla más despacio que entienden nuestro idioma- susurré viendo que Anonn se hallaba dentro de la ambulancia pero su mirada fija en nosotras. Al lado su compañero hablaba por celular pero tampoco dejaba de observar nuestros movimientos.

- Llamé al seguro, enviarán una grúa en un par de horas. Creo que antes deberíamos sacar nuestras cosas y dedicarle unas últimas palabras al pobre auto cuya vida útil terminó aquí- dijo solemnemente mientras pasaba su mano por el techo- si hubiéramos viajado en avión como yo quería ...

- ¿Estás loca? Todavía se puede salvar el pobre coche- interrumpí sin mucha credibilidad- además no estás aburrida de viajar en avión?

- ¿Qué hacemos ahora? Estamos muy retrasadas- preguntó mientras miraba el celular. Sacudí mi cabeza mientras suspiraba mirando la hora.

- Maldición... si no nos vamos ya, no llegamos para la apertura – dije pateando un neumático- Llama al Dr. Ricks y dile que estaremos para la primera conferencia, que tuvimos un percance que nos retrasó.

- Ok, pero...oh... parece que causaste una gran impresión- dijo alzando las cejas señalando al acompañante misterioso que me miraba acercándose- voy a hacer las llamadas... suerte!!!- terminó gritando mientras se iba riendo y levantando los pulgares.

Volteé a verlo. Su andar era firme, sin exagerar ni marcar posturas. Era un hombre que sabía que era hermoso y que además llamaba la atención. Se paró frente a mí con una pequeña sonrisa apenas torcida como si estuviera avergonzado.

- Necesito sus credenciales para los trámites del seguro- dijo tranquilamente mientras me sentía una idiota por haber pensado otra cosa.

- Sí, claro- contesté sintiendo por primera vez después de muchos años que me sonrojaba- iba a dártelos pero...con las cosas que pasaron...yo...- hice silencio pensando en que parecía una tonta tartamudeando. Di vuelta, abrí la guantera del coche sacando las credenciales y se las entregué mientras Mica se acercaba con cara de pocos amigos.

- Malas noticias Misha... el Dr. Ricks te necesita para la apertura. Ya están impresos los programas con tu nombre- dijo mientras terminaba de bajar las maletas.

- Mierda...intenta contactar con David o Nicholas ya deben estar en Londres... que nos mande un auto, avión, helicóptero, un plato volador...lo que sea.

- Ok... pero hasta que llegue, es poco probable que lleguemos a Londres a tiempo para prepararnos e ir a la apertura.

Volví a maldecir por dentro una vez más. La reunión anual de los mejores cirujanos del planeta estaba por dar inicios en unas pocas horas. Era la primera vez que una mujer daría la conferencia de apertura mostrando los avances de la nanotecnología en los reemplazos de miembros corporales en la primera infancia.

Llevábamos investigando siete años especializándonos en pequeños de uno a tres años. Sabíamos que funcionaba. Habíamos visto como mejoraba la calidad de vida de decenas de niños. Necesitábamos personas que financiaran la continuidad de nuestro proyecto. Y ahora por culpa de un borracho, estábamos por perder una gran oportunidad. "Bueno, otra vez será "me dije a mi misma, sabiendo que estas oportunidades se daban una vez en la vida. Sentí mis ojos llenarse de lágrimas y respiré hondo.

- Dile al Dr. Ricks ...- empecé a decir cuando mi hermoso desconocido habló recordándome su presencia

- Si ustedes desean podemos llevarla- interrumpió con esa voz suave y ronca que era casi hipnótica- vamos hacia Londres. Ya estamos demorados igualmente así que da igual.

Me di vuelta rápidamente para verlo, su expresión seguía siendo la misma. Su rostro mostraba una indiferencia que rozaba el aburrimiento. Sus últimas palabras sonaban a acusación. Sentí el calor subir por mi piel pero esta vez era enojo. No entendía porque estaba tan enojada. Quizás su rechazo había calado profundamente en mí. Notaba como él se mantenía con calma cuando sentía mi cuerpo volverse contra mí ante su proximidad.

- Gracias- contesté quizás un poco más dura de lo que quería- pero no será necesario... no queremos demorarlos más.

- Pero Misha- dijo Mica pero inmediatamente hizo silencio al ver mi expresión

- Oye, ustedes van a Londres por lo que escuché, nosotros vamos hacia Londres- insistió levantando las cejas- no seas testaruda, no entiendo cuál es tu problema.

- Mire señor...- respondí acentuando la última palabra, haciéndole ver que aun desconocía su identidad

- Como quieras- contestó interrumpiéndome y dándose vuelta para volver a la ambulancia

- Bastardo- susurré- Mica comunícate con David

- Estoy en eso, pero no contesta- dijo- maldición

De reojo volví a mirar a aquellos dos hombres. Podía observar el cuidado con el que aquel arrogante hombre trataba a su acompañante, quizás eran pareja. La vergüenza invadió mi cuerpo al pensar en el papel de tonta que hice si era verdad. Pude notar que estaban discutiendo. El moreno hacía gestos con sus manos señalándonos. Después de unos momentos bajó de la ambulancia y se acercó a nosotras. Definitivamente hoy no era mi día.

- Quería agradecerle el haberme atendido- susurró con una tímida sonrisa- si hay algo que podamos...

- No es nada- interrumpí intentando esbozar una sonrisa mientras veía a Mica abrir y cerrar la boca- recuerda hacerte las rx para descartar problemas futuros.

- Así lo haré- respondió con su mirada perdida detrás de mí. Oh! Miraba a Mica con mucho interés y mi compañera tampoco disimulaba el suyo. Entonces parecería ser que no eran pareja después de todo. La llamé con la mano para que se acercara.

- Me gustaría presentarle a la Dra. Kross, Micaela Kross- dije mientras intercambiaban saludos

- Es un placer- susurró- soy Anonn Kongkaeo

- El placer es totalmente mío- contestó Mica ruborizada casi jadeando

- Me gustaría devolverle el favor llevándolas a su destino- dijo tomando mi mano acariciándola con el pulgar sin despegar los ojos de Mica.

- Como ya le dije a tu amigo "cómo se llame" no queremos demorarlos más- respondí poniendo énfasis en la última palabra, aún con rencor viéndolo negar con la cabeza en el lugar mientras su coequiper bufaba - pero gracias de todos modos- terminé intentando esbozar una sonrisa

- Pero...no es así- murmuró- él no quiso...

- Ella dijo no An- interrumpió el maleducado de su amigo- déjalas, ya nos retrasaron lo suficiente

- ¿Perdón?- reaccioné gritando- ¿usted no se dio cuenta que fuimos embestidas al igual que ustedes? ¿Qué demonios le pasa?.

- Él no quiso decir...- interrumpió Anonn intentando salvar la cara de su amigo- discúlpelo

- Vamos Misha- dijo Mica con desdén lanzándole una mirada venenosa- terminemos de acomodar nuestras cosas y dejemos de causarles problemas a los caballeros.

- Iré a hablar con la policía primero- respondí sin mirarlo- un gusto conocerte Anonn, no puedo decir lo mismo de usted Sr.

- Un gusto conocerte Annon, ojalá hubiera sido en otras circunstancias- escuché decir a Mica mientras me iba. No alcancé a oír la respuesta de él.

Estaba enfurecida con aquel tipejo que me responsabilizaba del accidente. Me sentí herida de algún modo, había cuidado a su amigo, lo mínimo que podía hacer era ser amable. Sentí una puntada de angustia en mi pecho. Las lágrimas apenas eran contenidas.

Me acerqué al oficial para corroborar el relato de Mica acerca de lo ocurrido y preguntarle si podían acercarnos a algún pueblo cercano para tomar un micro, uber, lo que sea para llegar a Londres. Le expliqué nuestra situación hasta notar que lágrimas caían por mi rostro. Los sucesos de aquel día horrible empezaban a pasarme factura.

El sargento Nashville era un hombre de unos sesenta años, su figura mostraba que le gustaba mantenerse en forma. Su dura mirada color café, sus pómulos marcados, las canas en su cabello solo acentuaban sus rígidas facciones. Se notaba que había sido un hombre hermoso en su juventud.

Su seriedad fue mutando a medida que me escuchaba y sus ojos se llenaron de pánico al momento que vio descender la primera lágrima. Automáticamente dijo que nos llevaría a Birmingham donde su hermano trabajaba en una tienda de alquiler de autos.

Agradecida me abalancé sobre él abrazándolo mientras saltaba. Pude notar como el alivio recorría su cuerpo. Volví corriendo a buscar a Mica para contarle la buena noticia. Empezamos a llevar nuestras cosas al baúl del auto policial. Observé que Annon y su amigo discutían pero decidí que había perdido demasiado tiempo con ellos.

Ante nosotras se erguía una oportunidad única y no iba a desaprovecharla por un hombre grosero con hermosos ojos rasgados. Aunque éstos fueran los más bellos que hubiera visto en mi vida.

Capítulo 3 Contacto inesperado

- Por qué diablos eres así? – "An lo reñía por tercera vez hoy" pensé mientras suspiraba.

Lo que iba a ser un viaje de esparcimiento terminó convirtiéndose en una pesadilla. Hacía tres semanas recorríamos las carreteras inglesas llenándonos de paisajes que luego An plasmaría en decenas de dibujos.

Nos conocíamos desde niños, habíamos asistido a la misma escuela en Bangkok. Nos hicimos amigos con el tiempo y más adelante hermanos. Hacía más de cinco años que trabajábamos juntos.

Anonn era un talentoso artista, un pintor natural, había nacido con un don. En ocasiones pasaba días encerrado sin hablar con nadie, solo comía porque me encargaba de llevarle alimentos. Pero al salir de nuevo, los colores de sus nuevos óleos iluminaban la habitación.

Sus cuadros empezaron a ganar reconocimiento hace dos años, figuras destacadas del mundo artístico elogiaban constantemente los avances y la exquisitez de los diseños que presentaba. Sus pinturas se volvían cada vez más famosas, lo que dificultaba mantener la ansiada clandestinidad que su amigo deseaba.

Por otro lado, mi labor consistía en cerrar acuerdos, conseguir galerías, tanto nacionales como internacionales. Básicamente era el encargado de los negocios. Mientras él estudiaba artes, yo me especialicé en derecho. Y aquí estábamos, diez años después. An aceptaba todas las propuestas, pero con una condición: no quería ser reconocido. No buscaba la fama ni los flashes. Disfrutaba del anonimato, mezclándose entre las personas en sus exposiciones y escuchando sus opiniones sobre sus obras.

Las multitudes enormes desencadenaban ataques de pánico. En su adolescencia le diagnosticaron síndrome de ansiedad, un año después de la trágica muerte de su hermano Gin en un accidente en Pukhet durante unas vacaciones familiares. La familia reaccionó de manera diferente ante la pérdida: el padre se sumergió en el trabajo, la madre se enfocó en su jardín y mascotas, dejando a An solo con su dolor.

Los ataques de ansiedad empezaron leves pero se intensificaron al punto de que se aisló por completo. La medicación lo sumía en un sueño constante, abandonando todo y rindiéndose. Observé impotente cómo mi mejor amigo se desvanecía lentamente.

Le comuniqué la situación a mi madre y ella me recomendó un médico que había desarrollado nuevas técnicas para superar los ataques de pánico y la ansiedad. Después de algunas idas y venidas, logramos que la madre de Anonn aprobara el nuevo tratamiento. Con el tiempo y la ayuda de un grupo de especialistas, pudo seguir adelante. Hoy en día experimentaba días buenos y días difíciles, pero nunca aburridos.

La pintura se convirtió en su escape, en su salvación. Siempre mostraba una sonrisa cuando pintaba, con sus ojos tranquilos y una respiración armoniosa. A lo largo de los años, viajamos a varios países en busca de "inspiración", como él solía decir. Este iba a ser uno de esos viajes. "Pero no", pensé mientras observaba nuestro auto dañado.

Anonn insistió en conducir esa mañana. Se levantó feliz. Las nubes oscuras que solían acecharlo cuando no tenía ideas hoy lo dejaban descansar. Quise hacerlo cambiar de opinión y allí tuvimos nuestra primera pelea del día.

- Mira Khalan, eres mi mejor amigo, manager, hermano, abogado, lo que sea, pero no eres mi maldita niñera - dijo entre dientes.

- An, las carreteras son peligrosas - intenté razonar con él - miras el paisaje...te distraes.

- ¿Y qué? ¿Estás diciendo que no sé conducir? - contestó con fastidio - Quizás quieras alquilar otro auto para ir a salvo en él - terminó la discusión subiendo del lado del conductor.

- Maldición... - susurré mientras me acomodaba a su lado.

La carretera estaba tan tranquila que empecé a relajarme, estábamos hablando de la próxima exposición, sus deseos de que se llevara a cabo en París cuando ocurrió el impacto. Sentí mi cabeza golpear con fuerza contra el vidrio. Con pánico miré a Annon, quien se quejaba. Su frente sangraba.

- ¿An, estás herido? - pregunté sacando mi móvil para llamar a una ambulancia, pero no lograba enfocar la vista en el celular por el mareo.

- Me duele - se quejó tomándose el hombro y respirando rápidamente - mi cabeza, mi brazo.

- Quédate quieto, conseguiré ayuda - respondí lo más calmadamente posible aunque la sensación de náuseas persistía.

Cuando mi visión se aclaró, llamé a emergencias mientras lo observaba de reojo. Él intentaba mantener la calma con respiraciones suaves. Necesitaba saber quién era el idiota que nos había chocado en una carretera sin vehículos.

En ese momento, una mujer abrió la puerta del conductor y los ojos más hermosos que alguna vez vi hicieron contacto conmigo. Una melena negra rodeaba su rostro. Su tez blanca, sus labios llenos y esos orbes turquesa intensos me sorprendieron. Un escalofrío me recorrió, pero aún sentía la cabeza embotada por el golpe. Escuché que se presentaba y decía ser doctora. No podía creer que ya hubieran llegado. No había pasado ni cinco minutos ni había oído el sonido de las sirenas. No sabía si creerle, pero Annon estaba herido.

- Por favor, empieza con él que está sangrando - alcancé a decir mientras veía cómo saltaba del auto y luego volvía a aparecer.

Se unió a An y noté que era alta y tenía un cuerpo tonificado. La remera blanca de tirantes mostraba brazos trabajados y una gran delantera. El jean talle bajo con roturas descendió aún más al arrodillarse al lado de An, mostrando un pequeño aro en su abdomen. Exudaba sensualidad en cada movimiento.

Examinó rápidamente la herida en la frente, luego vi con molestia cómo metía las manos debajo de la camisa acercando su rostro. El malestar se extendió mientras la veía tocarlo. Solo pude mirarlo para ver si se acercaba un ataque de ansiedad, pero no. Él intentaba mantener la calma, incluso le sonreía. Ella debió darse cuenta de su situación y lo ayudó a controlar la respiración.

Cuando me di cuenta, había terminado y se dirigía hacia mí. No quería sus manos en mí, o más bien deseaba demasiado que sus manos estuvieran en mi cuerpo, lo que seguramente me llevaría a hacer algo tonto. Comencé a negar cuando subió a mi lado. Escalofríos me invadieron al sentir su pecho presionando mi brazo. Por suerte, unos gritos la distrajeron y salió corriendo. Respiré profundamente y volví a mirar a Annon, quien estaba haciendo los ejercicios de meditación que le habían enseñado.

Me acerqué despacio sin haberme recuperado del todo hasta que me topé con una escena imposible de creer y pude darme cuenta de dos cosas. La primera era que la estúpida mujer que nos había ayudado no había llegado en ambulancia sino que era una de las responsables del accidente y dos que estaba en el medio de una pelea entre otra mujer más pequeña y un hombre que era mucho más grande y pesado que ellas.

- ¿Cómo te sientes? - pregunté con calma, frotándome el doloroso cuello y sintiendo aún el cosquilleo en el brazo donde la mujer había estado.

- Mucho mejor... ¿Qué eran esos gritos, Khal? - repreguntó asustado - ¿Hay más personas heridas?

- No lo sé - respondí sinceramente - solo esperemos aquí a que llegue la ambulancia.

- Pero Khalan, ve a ver, quizás necesiten ayuda - dijo, mirándome incrédulo por no haberme movido.

- Está bien, voy, pero prométeme que te quedarás quieto - pedí, bajando lentamente del coche.

Me acerqué lentamente sin haberme recuperado por completo hasta que me encontré con una escena increíble y me di cuenta de dos cosas. La primera era que la mujer que nos había ayudado no había llegado en ambulancia, sino que era una de las responsables del accidente. La segunda era que me encontraba en medio de una pelea entre una mujer más pequeña y un hombre mucho más grande y pesado que ellas.

La mujer pequeña era el opuesto de la doctora. Con su melena rubia recogida en un moño y su cuerpo enfundado en un remerón que le llegaba cerca de las rodillas, que la hacía ver aún más pequeña. Seguí avanzando y me sorprendí cuando, momentos después, Misha derribó al gigante al suelo. "Misha", repetí. Su nombre sonaba extraño, exótico, al igual que ella. Aquella mujer me había puesto nervioso y excitado en segundos, y no me gustaba.

Aceleré el paso cuando el hombre se levantó lleno de enojo. ¿Qué habrían hecho las dos mujeres para molestarlo tanto? Me coloqué en medio, éramos más o menos de la misma altura, pero él no estaba en condiciones físicas de enfrentarme y lo sabía. Murmurando un insulto, se alejó en el momento en que llegaban las patrullas y la ambulancia.

Le pregunté si estaba bien mientras observaba que An se acercaba despacio a la ambulancia. Cuando iba a dirigirme a él, la sentí sobre mí y supe que estaba en problemas. Sus pequeños dedos tocaron mi cuello y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Mis palpitaciones se aceleraron y sentí seca la garganta. Sorprendido por el repentino sobresalto, aparté bruscamente sus manos.

- Gracias, pero estoy bien - dije con un tono más duro de lo deseado, pero ella era una verdadera molestia.

Me acerqué a An, quien con los brazos en jarras negaba con la cabeza. Decidí ignorarlo y llamé al restaurante para cancelar nuestras reservas del día y al seguro de la camioneta. Necesitaban los detalles del auto que nos había golpeado. Maldije mientras volvía hacia ellas, tratando de recuperar el aliento.

La escuchaba bromeando con su amiga sobre el estado de su auto y eso solo me molestó aún más. No entendía qué encontraban gracioso en esa situación. Observé de cerca a su amiga. Era muy bonita, con un rostro de muñeca y ojos dulces de color chocolate que contrastaban con la mirada dura que le lanzó al borracho. Ambas mujeres rondaban los treinta años, quizás un poco más. A pocos pasos, sus ojos color cielo se posaron en mí.

- Necesito sus credenciales para los trámites del seguro -dije lo más calmadamente posible, mientras sentía el latido de mi corazón en los oídos.

- Sí, claro -dijo, disculpándose entre otras cosas.

Mis ojos recorrían su increíble cuerpo. Piernas largas enfundadas en un jean que terminaba en un trasero de ensueño. Una cintura perfecta y unos pechos del tamaño justo para mis manos. Pero lo que más me gustaba de ella eran las chispas en sus ojos, reflejando sus emociones. Por ejemplo, ahora que su amiga le estaba diciendo algo, se notaba que estaba molesta por no poder llegar a la ciudad a tiempo. Quizás eso me llevó a ofrecerme a semejante locura.

- Si desean, podemos llevarla - interrumpí, lamentando las palabras que salían de mi boca - vamos hacia Londres.

Pero la mujer era tan testaruda que me despachó sin más, lo cual solo volvió a irritarme. Regresé con An, a quien terminaban de atender.

- ¿Estás bien? - pregunté, intentando no mirar atrás.

- Sí, pero... Khalan, ¿no puedes ser un poco más amable? - dijo, señalándome con el dedo como si fuera un niño - esa mujer acaba de salvar a tu amigo y le hablas así...

- An solo te puso una curita - dije, arrepintiéndome al instante cuando sentí acero salir de sus ojos.

- ¿En serio, Khal? ¿Acaso te das cuenta lo desagradable que eres cuando hablas así? ¿Acaso piensas que eres mejor? - preguntó enojado.

Lo observé sorprendido porque, siendo sinceros, hacía tiempo que An no se enojaba conmigo. Rara vez alzaba la voz y hoy lo había hecho dos veces. Y las dos veces yo había sido el receptor del enojo.

- ¿Sabes qué? Iré yo mismo - dijo, bajando de la ambulancia y caminando hacia ellas.

Mi cuerpo se llenó de un malestar desconocido cuando observé cómo se quebraba y lágrimas comenzaban a caer por su rostro. Hice fuerza para mantenerme quieto en el lugar. Solo deseaba abrazarla, disculparme por mi horrible comportamiento. Presentarme como correspondía, prometerle que la escoltaría hasta su destino para que llegara a horario. Pero no hice nada.

Quedé relegado sintiéndome terrible. Es cierto que no fui amable con ella, pero su cercanía me incomodaba. Al verla interactuar con An, como sonreía mientras él acariciaba su mano, los celos se hicieron presentes y no lograba entender el porqué.. Él quería llevarlas y ella se negaba.

- Ella dijo no An, ya nos retrasaron bastante - dije poniendo el último clavo a mi cajón.

- ¿Perdón? - gritó, con ojos enojados - ¿No se dio cuenta de que también fuimos chocados? ¿Qué le pasa?

Su amiga me miró con odio, casi incinerándome con la mirada. . La doctora se dirigió al policía mientras An no dejaba de mirar a la amiga de la doctora sacar las cosas del auto.

- ¿Por qué actúas así? - pensé, mientras An era reprendido por tercera vez hoy.

- Lo siento... no te enojes - susurré, viendo a Misha hablar con el policía.

Mi cuerpo se llenó de malestar al ver cómo se quebraba y lágrimas caían por su rostro. Quería abrazarla, disculparme por mi comportamiento y prometer escoltarla, pero me quedé quieto. Algo que dijo el policía la hizo sonreír, y por primera vez sonreí con ella.

Observé cómo trasladaba sus cosas al auto policial, sintiendo un vacío en el pecho, pero no me acerqué. La vi subir al auto, pero no me moví del lugar, vi cómo sin despedidas, ella desaparecía. Por primera vez en mucho tiempo sentí un vacío en el pecho que no me gustaba.

Ahora que ellas y la policía se habían ido, pude escuchar a An hablar con el paramédico que estaba terminando de recoger sus cosas.

- ¿En serio? ¿Sabes quiénes son?- preguntó interesado An quien miraba hacia la carretera por donde se había ido el coche.

- Claro, en nuestro ambiente todos saben quiénes son ellas- contestó el hombre.

- Ah... ¿Y qué están haciendo? - volvió a preguntar An.

- Ojalá lleguen a tiempo a Londres. Muchos niños pueden beneficiarse en el futuro si siguen avanzando con su proyecto - dijo despacio viendo el auto alejarse por la carretera.

- Están desarrollando tecnología para lograr reemplazos corporales funcionales. Están buscando empresas que financien su proyecto para continuar investigando. Por lo que escuché en el hospital, quieren que en el futuro los trasplantes sean gratuitos para personas de bajos recursos. Creo que una de ellas va a realizar la apertura del Congreso Mundial... ¿no es genial? - terminó diciendo con una sonrisa.

An me dirigió una mirada llena de enojo y angustia que mostraba su malestar hacia mí en ese momento. Y a esa altura, yo solo podía sentirme como una gran basura.

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