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El amor de un viudo

El amor de un viudo

Autor: : Miri Baustian
Género: Romance
Un enigmático profesor universitario, titular de una empresa en extensión, piensa que por ser viudo y tener dos pequeñas hijas, no tiene derecho a rehacer su vida, ya que se debe a sus pequeñas, hasta que pierde la cabeza por una bella pelirroja, que a su vez piensa que no tiene derecho a ser feliz junto a él, porque sus complejos nublan su razonamiento, juntos tiene que vencer los fantasmas que los rodean.

Capítulo 1 Capitulo 1

Mateo estaba en el laboratorio de la facultad donde ejercía como docente.

Tenía las horas de la noche, le gustaba la docencia.

Durante el día se dedicaba a su empresa, habían fundado, hace unos años ya, una empresa, con un compañero de la facultad.

Era ingeniero automotriz, al igual que su compañero y amigo.

Comenzaron con un pequeño taller y al año ya se habían expandido en un 1000%.

Ahora tenían una pyme que crece día a día.

Trabajar en su empresa le permitía ser dueño de sus horarios, era lo que necesitaba.

Tenía muchas responsabilidades y contar con entrar y salir libremente le aseguraba hacerse cargo de dichas responsabilidades.

En realidad no precisaba trabajar como docente, económicamente tenía su futuro resuelto, estaban exportando parte de lo que fabrican a Brasil y a México y cada vez tenían más productos propios.

Compraron el edificio de una fábrica que estuvo cerrada durante años y lograron hacerlo, con su socio, cerrando los números de una forma espectacular.

Era justo lo que necesitaban, teniendo en cuenta que seguían creciendo.

El edificio que compraron era una manzana entera en una zona cercana al lugar donde vivían.

Ese proyecto les nació al poco tiempo de conocerse con el que ahora es su socio, coincidieron varias veces en el colectivo, a la salida de la facultad, luego cursaron una materia en común y se dieron cuenta que vivían a unas 10 cuadras de diferencia.

Así se hicieron amigos, ya en el último año de facultad comenzaron a darle forma a su proyecto y hasta ahora no paraban de crecer.

Los dos apuntaban hacía el mismo lado.

Solo que Mateo tenía unas horas como docente y seguía en el departamento de investigación de la facultad.

Allí estaba en ese momento, cuándo entra Karina, era una chica que estaba a punto de recibirse de ingeniera.

La tenía en una materia como alumna y compartían juntos una investigación, que se llevaba a cabo por alumnos y profesores.

La saludó y trató de ignorarla.

Era preciosa, medía 1,65, pelirroja, casi caoba, unos ojos verdes que lo hacían perderse en ellos cuando la miraba, era delgada, aunque tenía linda cola, según Mateo, la más perfecta que él haya visto, claro que con ropa...pero se la imaginó mil veces sin los jeans que ella usaba siempre...

Lo que lo tenía de verdad obsesionado, era su pecho, no lo podía entender, a él le gustaban las mujeres de delantera llamativa, amplia, generosa y Karina, era por el contrario, de busto tirando a pequeño.

Desde que la vió, le pareció una mujer bonita, el año anterior la había tenido en una materia, y comenzando este año lectivo, cuando todavía hacía calor, se cortó la luz en la facultad, era un día de mucho calor, ella tenía puesto una musculosa, nada del otro mundo, con un escote normal y unas pequeñas gotas de sudor le corría por el valle de su pecho, Mateo, aún después de unos meses, no podía sacarse esa imagen de su mente, no entendía bien qué le sucedía, se imaginaba desnudandola, zambulléndose en ese pecho que normalmente no le hubiera llamado la atención, pero que sin embargo era casi una obsesión para él.

Muchas veces, cuando daba clases, se encontraba con la vista en su pecho o en su boca y tenía que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para apartar la vista y concentrarse en lo que estaba explicando.

-Buenas tardes Mateo.

-Buenas tardes.

Trató de seguir en lo suyo.

Afuera hacía un calor infernal, en el laboratorio, el aire acondicionado estaba demasiado fuerte.

Mateo, una vez más se encontró mirando su delicado pecho, por el frío del lugar y la ropa veraniega, se le notaban los pezones, parados, duros, tenía un corpiño blanco, creía que de encaje, se estaba haciendo experto en adivinar la ropa interior que ella llevaba puesta y se sentía un depravado.

Él era un tipo tranquilo, tenía sus cosas, una amiga que veía cada mes o dos meses, una amiga con derechos, nada exclusivo y luego sexo ocasional, siempre ocasional.

Nada serio, todos lo creían un mujeriego nato.

No porque no quisiera tener algo serio con alguien, sino porque no podía, tenía sus responsabilidades y eran su prioridad.

Se paró para buscar información en otra computadora.

Cuando giró se chocó con Karina.

-Perdón.

Dice corriendose.

Ella lo mira agarrando su brazo.

-¿Qué necesitas?

Dice casi sin aliento, hasta se sentía mareado solo por tenerla cerca, no sabía si era su perfume o algo en ella que hacía temblar hasta su esqueleto.

-Mateo...me gustás.

Se pone en puntitas de pie y le busca los labios.

Mateo se sorprendió en un primer momento, pero luego se hizo eco de la situación y con una ansiedad que era desconocida para él, le tomo la boca, casi con desesperación, y su mano, sin perder tiempo, se deslizó por el pecho de ella, lanzó un gruñido sin poder evitarlo y ahondó el beso.

No pensó ni en donde estaban.

No podía dejar de besarla.

Sintiendo los labios de ella y su aliento que lo estaba embriagando de placer.

Nunca en su vida había sentido algo así.

Tampoco era un hombre que se dejaba llevar por un impulso.

Hasta que escuchó abrirse la puerta, se separaron de golpe, se dió cuenta que estaban en la facultad.

Su corazón latía mucho más rápido de lo normal.

-Perdón.

Dijo cuando recuperó su aliento y giró para ver quién había entrado, no eran muchos los que tenían acceso al laboratorio, se abría con huella digital.

-¿Qué hacés acá?

Le pregunto a Leandro, su hermano, que acababa de entrar al laboratorio.

-Soy investigador...

Sin otra palabra de por medio, Mateo salió casi huyendo.

En el laboratorio, la sonrisa de Leandro no se podía borrar de su cara, por fin al señor correcto lo había enganchado en algo.

-Hola preciosa.

Le dijo a Karina.

-Hola Leandro.

Le contestó la chica, sonrojada.

Sonó un teléfono que no era de ninguno de ellos, pero por el tono de la llamada, Leandro supo que era el celular de Mateo que en el apuro lo dejo olvidado.

Contestó la llamada.

-Hola Ambar, preciosa.

Karina no pudo evitar escuchar la conversación.

-Si, en un rato va para allá, espero que también me quieras ver a mí.

Dijo Leandro saliendo en busca de Mateo, su hermano.

Leandro era estudiante de la facultad, tenía 24 años y le faltaban un par de años para terminar la carrera, pero se había anotado como investigador, aprendía mucho y no quería defraudar a su hermano.

Aunque Leandro era bastante distinto a su hermano, era bastante más alto, Mateo estaría cerca del metro ochenta y dos, pero Leandro llegó al metro noventa, era realmente muy alto y su personalidad también era muy distinta a la de su hermano, era mujeriego, ya había salido con la mitad de las chicas de la facultad, aunque era una carrera donde dominaban los hombres, pero de todos modos se sumaban cada vez más mujeres a ingeniería, más otros cursos que se dictaba en la facultad.

En la carrera le iba bien y trabajaba en la empresa de su hermano, cuando hablaban de que tenía que sentar cabeza, se enojaba, porque trabajaba mucho y no por ser el hermano de unos de los dueños se tiraba a chanta, al contrario, estaba en muchos detalles, por encima de los capataces, tenía mucha responsabilidad y en la facultad se había anotado en el departamento de investigación para aprender más.

Tuvo un par de escándalos con chicas, era por eso que todos pensaban que no era un tipo serio.

En la empresa de su hermano tenía prohibido salir con el personal, de todos modos eran pocas las chicas de administración, no llegaban a 10 y la que no estaba casada, era grande, más de lo que a él le gustaba, es que a sus 24 años se tiraba a todo el mundo, pero no le iba una mujer de 40.

En la facultad nadie le podía prohibir que salga con sus compañeras.

Aparte, las mujeres se le tiraban a sus pies.

Su personalidad había cambiado hacía unos años atrás, tenía 20 años cuando murió su madre y no encontró otra forma de aguantar su dolor con bastante alcohol y teniendo sexo desenfrenado con cuanta mujer se la cruzaba, el alcohol lo dejó cuando tuvo en accidente en la moto, nofuenada grave, pero al ver el dolor y el llanto de su padre, decidió que ya era suficiente de andar como loco, porque su padre aun estaba sufriendo por su madre y no quiso traerle más dolor si le pasaba algo a él.

Fué un golpe duro para todos.

No quería ni pensar en ese día.

Mateo también sufrió mucho, porque sabiendo que su madre estaba grave y para no aguantar a su novia,fueun par de días a la costa, por insistencia de ella, estando allá su madre falleció y no se pudo despedir.

Eso quedó en su conciencia hasta el día de hoy.

Mateo adoraba a su madre, también lo hacía Leandro.

Fué difícil superar el momento.

Su padre quedó destrozado.

-Ambar.

Le dijo Leandro cuando encontró a su hermano, dándole el celular.

-Hola amor.

-Hola papi ¿Cuándo venís?

-Ya salgo para allá.

-Te quiero.

-Yo también, cielo.

-¿Vas a casa?

Le preguntó a su hermano.

-No, pensaba pasar por tu departamento.

-No dejes mucho quilombo.

-Perdé cuidado.

Cada uno se subió a su moto y se fueron en distintas direcciones.

Mateo sonrió recordando a su madre, que nunca quiso que tuvieran moto y siempre le decía que el día que se pudiera comprar una moto BMW, le permitiría comprarse una, era una moto de un precio elevado, por eso se lo decía, pero el tema económico se solucionó rápidamente, resolviendo un futuro sin complicaciones.

Entonces se compró la moto, ya hacía rato que se había comprado su primer auto.

Con Leandro sucedió lo contrario, en cuanto él se compró la moto, su hermano lo imitó, con una Honda, bastante más chica, claro que después de ese momento cambió de modelo varias veces, pero no se movía de la marca Honda y bastante después se compró el auto.

En la empresa también tenían autos y camionetas que se usaban continuamente, por lo que muchas veces, tanto Mateo como Gustavo, estaban con autos o camionetas de la empresa y hasta Leandro las manejaba indistintamente.

En su empresa hacían engranajes y válvulas que se usaban tanto en autos como en infinidades de máquinas y esa empresa era una fuente inagotable de entrada de dinero.

Capítulo 2 Capitulo 2

Leandro se encontró con una una compañera de facultad y luego de cenar fueron al departamento de su hermano, que después de la tragedia, porque realmente lo fué, su hermano volvió a vivir a la casa de su padre, es decir que vivían los tres juntos.

El departamento lo usaban como bulín, más de una vez que Mateo reprendió a Leandro porque no le avisaba que estaba allí y cuando él llegaba con alguna compañía se encontraba con su hermano.

El departamento era enorme, cuatro dormitorios, más el living comedor, que era inmenso y tenía una cocina generosa.

Por lo que si Leandro llevaba compañía, con ir a un dormitorio se terminaban los problemas, pero Leandro usaba el sillón del living y casi nunca un dormitorio.

En realidad eran dos los dormitorios disponibles, los otros dos estaban infantilmente decorados, con tonos rosas y lilas y en una pared había afiches de las princesas de Disney, pero esos dos dormitorios casi no tenían muebles, ya que cuando Mateo volvió a la casa de su padre, llevó las cunas y demás muebles para sus dos pequeñas hijas.

Mateo llegó a su casa, o mejor dicho, a la casa de su padre y lo recibieron Ámbar y Jazmín, sus dos pequeños soles.

-¡Papá!

-¡Amores!

Las levantó a upa a las dos a la vez.

Tenían dos años y medio.

Eran gemelas.

Eran su vida entera y por supuesto, toda su responsabilidad.

No se había arrepentido jamás de tenerlas, menos de cuidarlas.

Sabía que por ellas tenía que renunciar a muchas cosas, pero lo hacía con gusto.

Eran sus hijas.

Dependían total y exclusivamente de él.

No podía dejar de reconocer que su padre lo ayudaba muchísimo y hasta su hermano lo hacía.

Tenían a una señora que los ayudaba con la limpieza y les dejaba la comida preparada, ahora era más simple porque las niñas ya comían casi de todo.

Cuando eran recién nacidas, con el tema de prepararles las mamaderas, que las dos tenían hambre al mismo momento y sobre todo de madrugada, se le hacía injusto despertar a su padre y a su hermano para que lo ayuden, habían sido tiempos difíciles.

Luego con las papillas se simplificó un poco.

Ahora es más fácil.

Claro que había temas que no podía resolver, cómo llevarlas a un lugar de comidas rápidas o a peloteros y le pedían ir al baño.

No podía meterlas en el baño de hombres ni entrar él al baño de mujeres.

Por suerte tenía algunas amigas, que cada tanto lo acompañaban y se hacían cargo de ese problema.

Así se acercó más a Josefina, eran compañeros de secundaría y estaban en el mismo grupo de amigos, Josefina estaba separada y tenía una nena de 3 años, alguna vez las llevaban juntas a peloteros, a Mc Donalds, hasta que en un momento, terminaron envueltos en la cama, eran amigos, que cada tanto, una vez por mes o quizás cada dos meses tenían relaciones, luego, cada uno seguía con su vida, muchas veces se encontraban solo para que sus hijas jugaran y pasaran un buen rato, ahí no había ni un roce, ni una mirada, no era su momento, eran solo amigos.

No extrañaba verla todas las semanas, ni siquiera un vez por mes, ni nada de eso y los dos tenían la misma posición, cada tanto se llamaban y si se daban las circunstancias, se veían y sino, seguían siendo tan amigos, no había reproches de parte de ninguno de los dos, ni sentimientos que no sean más que el cariño de su amistad.

Acostó a sus pequeñas, se quedó un rato charlando con su padre.

Le contó cómo había sido su día y que su hermano no volvía a dormir.

Mateo sabía que su padre había vuelto a la vida por sus nietas, se ocupaba de buscarlas al jardín, aunque las pobrecitas iban desde muy pequeñas a un jardín maternal.

Jorge, su padre, tenía una inmobiliaria y entre alguna venta de alguna casa y la comisión por los alquileres, le permitía vivir cómodo, aunque ya estaba grande y tal vez se jubilaría en poco tiempo, pero como era cómodo lo que hacía y le llevaba su tiempo, se entretenía con su trabajo.

Extrañaba demasiado a su esposa y Mateo lo sabía.

Nunca le reprochó no haber estado allí ese día y se lo agradecía con el alma, porque la culpa, aun hoy, lo seguía carcomiendo.

La poca empatía que tuvo su novia en ese momento hizo que su relación se enfriara.

No habían sido de esos novios que no podían dejar de tocarse y de acariciarse, es más, se veían una o dos veces por semana, nada más.

Salieron durante 8 años.

Tuvieron varios vaivenes en su relación, Mateo que en general era un tipo fiel y tranquilo, siempre decía que no preciaba otra cosa si con ella tenía buen sexo.

Tuvo algún que otro affaire, pero siemprefuecuando estaban distanciados.

Liliana era una mujer bastante difícil y fría en algunos asuntos, pero en la cama se llevaban bien.

Nofuemuy compañera, le molestaba que se reuniera con sus amigos de secundaria o de facultad.

Él tenía su grupo de amigos y en las reuniones terminaba yendo la mitad de las veces que se encontraban.

A Liliana le molestaba bastante participar de esas reuniones y no se llevaba muy bien con sus amigos, ni con su madre, ni con su hermano.

No se metió nunca con su trabajo ni con su socio, pero sí Mateo iba a cenar con Gustavo, ella tampoco iba.

Su relación era bastante aburrida, por describirla de alguna manera. salidas a centros comerciales, a cenar afuera los sábados por la noche y dormir juntos después.

Al principio el tema era que como Mateo estudiaba, se veían poco por eso, luegofueayudante de cátedra, más tarde titular y con el tema de las investigaciones en la facultad, no tenían mucho tiempo para verse.

Ella era profesora de matemáticas, tenía un montón de horas en distintos colegios.

Un año después del fallecimiento de la madre de Mateo, Lliliana, su novia le informó que estaba embarazada.

No era lo que esperaba Mateo, ya que la relación con ella estaba en un punto muerto y se estaba planteando que no tenía sentido seguir, estaban acostumbrados el uno al otro pero él sabía que ella no era su gran amor y suponía que él tampoco lo era para Liliana.

Después de charlar con ella, decidieron casarse.

Después de todo, ya estaban acostumbrados y tampoco sería tan terrible y venía un hijo en camino.

Se casaron con una ceremonía por civil e hicieron una reunión de unas 50 personas, que entre familiares y amigos llegaron a esa cifra sin saber cómo.

Algo sencillo.

Compró el departamento donde vivirían los dos.

Grande, cómodo y hasta con cierto lujo.

Se enteraron que ella esperaba mellizas, sí dos niñas.

Lo tomó como algo normal y con la tranquilidad de que a las pequeñas no les iba a faltar nada.

Tampoco era que estaba desesperado por el embarazo ni por sus hijas.

Cuando llevaba cerca de seis meses de embarazo, su suegro falleció y ahí se desencadenó todo.

Trató de acompañar a su mujer lo más que podía, pese a que ella no lo hizo cuando él perdió a su madre, pero no eran momentos para rencores cuando ella esperaba dos hijos suyos.

A Liliana, luego de eso, se le complicó el embarazo, estuvo internada, Mateo siempre la acompañó, era su deber como esposo.

Él era un hombre correcto, su padre también lo era y lo aprendió desde chiquito.

También acompañaba a su padre, que aún no había superado la muerte de su madre y a su hermano que iba descontrolado por la vida.

Leandro tuvo un accidente con la moto, la sacó realmente barata, no sabía cómo dividirse en tantas partes para estar con todos al mismo tiempo.

Por suerte, lo de Leandro nofuenada grave y eso lo hizo recapacitar y dejó de tomar.

Comenzó a manejar la moto con más cuidado y respeto por su vida.

El embarazo de Liliana se complicó aún más a último momento y de forma inexplicable, ella falleció en el parto, dejándolo a él con dos pequeñas recién nacidas, las pequeñas sin madre y a él sin saber qué hacer.

Le dolió la muerte de Liliana, hacía 9 años que estaban juntos y era la madre de sus hijas.

No estaba llorando a su gran amor y eso también le dolía y estaba en su conciencia, que a pesar de haber estado 9 años juntos, nuncafuesu gran amor.

Si, la respetaba como madre de sus hijas y siempre le iba a hablar de la mejor manera de su madre, nunca iba a ensuciar su nombre.

Lilianafueuna mujer egoísta en muchos sentidos, no lo acompañó cuando se murió su madre, eso creó una distancia enorme entre ellos y si no hubiera sido por el embarazo, se habrían separado sin vuelta atrás.

Lo sabía él y lo sabía ella, tal vez por eso se embarazó.

Liliana tenía unos años más que Mateo, pero era joven, tenía 34 años cuando falleció y Mateo 30.

Ni su suegra ni su cuñada se acercaron a él después que falleciera Liliana, nunca llamaron para saber cómo estaban las pequeñas.

Nunca más las vieron.

No tenían una gran relación, pero tampoco habían discutido o dejaron de hablarse en algún momento.

Mateo sabe que la abuela y la tía de sus pequeñas no saben ni que nombre les puso.

En un momento pensó en ponerle a una el nombre de su madre y a otra el nombre de su esposa, pero lo descartó, ella no se llevaban bien.

Aparte no le podía poner a una el nombre de madre, que era una mujer a la cual adoraba y a otra el nombre de su esposa, que sabe bien Mateo, que nunca pasó de un cariño lo que sintió por ella.

Capítulo 3 Capitulo 3

Volvió a casa de su padre, eran dos las niñas y si alguna se enfermaba o le sucedía algo, no tenía con quién dejar a la otra y entre los tres hombres se fueron acostumbrando a vivir pendientes de las pequeñas.

Hasta Leandro daba todo por sus sobrinas.

Eran hermosas y parecidas a Mateo, tenían su mismo color de ojos, azules, de mirada profunda y el cabello rubio, de su madre sacaron los rulos y tal vez su contextura física, pero eran pequeñas aún para saber eso, porque al ser mellizas y si bien lograron nacer casi en término, fueron un poco más pequeñas que lo normal, pero de a poco iban recuperando peso y tamaño.

Liliana era una mujer de contextura pequeña, con bastante busto, quefuelo que lo volvió loco, en un principo, a Mateo, cabello negro y con rulos, ojos marrones, bajita, apenas llegaba al metro y medio.

Aún así era una mujer bastante bonita, sin ser una gran belleza.

Mateo no sabe porque ese día la recuerda tanto.

No era una fecha especial, ni su cumpleaños, ni nada.

Tenía en sus manos la responsabilidad de sus hijas, de su educación y de su bienestar.

Por eso su departamento quedó para pasar un rato con alguna chica y nada más.

Estaba seguro que lo usaba más su hermano que él.

No es que él no saliera.

Se encontraba, ahora sí, con sus amigos.

Lo solían hacer muchos sábados por la noche, ellos se encontraban para cenar y Mateo salía luego que sus pequeñas estuviesen dormidas, las dejaba con su padre, porque ningún sábado por la noche Leandro estaba en su casa.

Cuando Mateo no se encontraba con sus amigos, salía con Gustavo, su socio y con algún otro amigo de la facultad.

Alguna que otra vez iba a bailar con su hermano, o a tomar algo a algún lugar donde se sabía que rápidamente podría encontrar compañia.

Los domingos, las niñas se despertaban un poco más tarde y en general era su padre quién se encargaba de darles el desayuno, si es que él no había vuelto o si lo había hecho tarde, de madrugada y no estaba despierto.

Por la tarde, los domingos, las llevaban a algún parque, daban una vuelta corta, por si alguna quería ir al baño.

Les iba a agradecer eternamente a su padre y a su hermano todo el apoyo que le brindaron a él y a las niñas.

Lo de volver a casa de sus progenitores,fueidea de su padre y Mateo admitía quefueuna excelente idea.

Otro tema era el de la ropa, la lavaba la señora que los ayudaba, ese no era el problema.

Pero las nenas de bebés crecían mucho, como todos los chicos y la ropita le quedaba chica, había que salir a comprar y ocuparse de los talles era bastante difícil.

Por suerte tenían el mismo talle y compraban todo por dos, trataba que sea de distintos colores, pero eso no era un problema, si se vestían igual era lo mismo.

Pero salir a comprar ropa con ellas era difícil, a veces iba con su hermano y otras, con su padre, extrañaba una mano femenina.

Cuando salían con su hermano en general Leandro volvía con el número de teléfono de la vendedora que los atendían.

Él solía separar las cosas si estaba con sus hijas, no aceptaba coqueteos de nadie.

Era realmente difícil ser padre soltero y de mellizas.

Las mujeres piensan que tenía que estar disponible en todo momento.

En el jardín de infantes, había madres que se le acercaban descaradamente y hasta una docente lo hizo.

Cuando están sus niñas a su lado es como si las mujeres no existieran.

Así debería ser siempre.

No dejaba de ser hombre, simplemente respetaba a sus hijas.

No era ningún esfuerzo para él dejar de mirar mujeres, las veía cuando salía solo o con sus amigos.

Tenía su tiempo de distracción, gracias a su padre que se encargaba de sus nietas, mucho más de lo que le correspondía.

No como su ex suegra que no las conocía.

Su cuñada tampoco las había visto jamás.

Entendía el dolor de madre y de hermana, pero las niñas no tenían la culpa, no pidieron venir a éste mundo.

Ellos siempre se cuidaron, en los últimos años que estuvieron juntos, lo hacía Liliana, con pastillas, por lo que Mateo siempre sospechó que ella se embarazó a propósito.

Dolía el desprecio o el desamor que su ex suegra y su ex cuñada tenían por sus hijas.

Aunque las pequeñas no las necesitaban, con ellos tenían suficiente y recibían todo el amor del mundo.

A pesar de eso seguía sin entender porque ni siquiera las quisieron conocer, entendía que los primeros días estuvieran dominadas por el dolor de perder a su hija y a su hermana, respectivamente, pero las niñas eran sangre de su sangre.

Fue Liliana la que se embarazó a propósito para no perderlo o para retenerlo, al menos su hermana, eso lo debía saber, tal vez pensaban que si se acercaban a las pequeñas, él iba a desentenderse de ellas.

Evidentemente lo conocían muy poco, a pesar de la cantidad de años que lo trataron por ser el novio de Liliana.

En su casa debían conocer muy bien y deberían saber que Liliana era egoísta, no él.

Realmente no las necesitaba y las niñas estaban muy bien sin su tía y su abuela materna, no precisaban mendigar cariño de personas tan poco empáticas como lofuesu propia madre, eso debía ser parte de su familia, a sus hijas él las criaba de forma distinta.

A esta altura hasta estaba agradecido que ellas no fueran parte de la vida de sus hijas.

Por eso él separaba tanto su vida íntima cuando estaba con las pequeñas.

Ellas dependían exclusivamente de él y estaba feliz por eso.

Tampoco se tiraba a ninguna empleada de su oficina, trataba de ser correcto y evitarse complicaciones.

Ni tampoco a sus alumnas de la facultad...hasta hoy.

Mateo estaba dando vueltas en su cama sin lograr dormir.

Karina no tenía idea como lo hizo sentir,fuealgo inexplicable.

Algo que él venía reprimiendo desde hacía mucho tiempo.

Primero, cuando ella se acercó, estaba desconcertado, pero sintió sus labios y ya no pudo parar.

Era bella, sí, pero no era sólo eso.

Había infinidad de mujeres bellas y no sentía por ninguna lo que le provocaba ella.

Tenía algo turbio, peligroso, que lo hacía descontrolar.

Ella era distinta, muy sexi.

Fué delicioso besar su boca.

Rozar su pecho era algo con lo que soñaba desde hacía meses.

Era tan peligroso que lo atraía sin poder evitarlo, lo que ella le hacía sentir era distinto.

Sin embargo, él sabía que nada iba a pasar.

No podía ofrecerle nada.

Era un padre soltero y tenía como prioridad a sus hijas.

No cabía en su mente tener pareja, ni novia, ni nada.

No podía ofrecerle nada de nada, no iba a dejar a sus hijas.

Aunque desde hacía meses se sentía atraído como un imán por esa chica.

Después de ese beso no podía sacar de su cuerpo el cosquilleo que le produjo ese acercamiento.

Era una locura pensar así.

No se podía acostar con ella y después nunca más, no lo sabía con exactitud, pero presentía que ella no era así.

La deseaba mucho, no podía ni dormir, su cara, sus besos, su piel, esa suavidad que ella tenía.

Probar su bocafueuna trampa mortal.

Tendría que dejar pasar un tiempo sin verla.

No iba a impartir su próxima clase, eso iba a hacer.

Durmió intranquilo toda la noche.

Al día siguiente dejó a las niñas en el jardín yfuea trabajar.

Estuvo toda la mañana rugiendo cuando le hablaban.

Hasta Gustavo tuvo que intervenir en una discusión con un capataz.

Tenía razón Mateo, pero se enredó en una discusión sin sentido.

Era lo raro, porque siempre había sido el más tranquilo de los dos.

Momentos después, en la oficina, Gustavo le preguntó qué le pasaba, pero Mateo no abrió la boca.

Fué a buscar a sus niñas al jardín, les dió la merienda y sefuea la facultad.

Ellas no tenían la culpa de estar allí, no eran un peso para él, sin embargo sabía que por ser padre soltero tenía sus limitaciones.

Nunca podía estar en serio con ninguna mujer.

Ni por sus hijas, ni por la mujer.

Aunque era un tipo tranquilo y casi que prefería estar en pareja que andar revoloteando por ahí, pero de alguna manera tenía que saciar sus necesidades.

Tal vez por eso estuvo 9 años con una mujer que no amaba realmente, tampoco quería cometer ese error nuevamente.

Fue con el auto hasta la facultad, porque sabía que estaba irascible y poco concentrado, como para andar en moto.

No esperaba encontrarse con ella en un pasillo.

Apenas la saludó y huyó como un maldito cobarde.

No entraba en su mente descontrolarse tanto solo por verla.

¿Qué tenía esa mujer?

Karina todavía estaba confundida por la actitud de Mateo.

La besó como si en ese beso le fuera la vida.

Hacía mucho que sentía su mirada penetrante, casi desnudándola, provocando mil sensaciones en ella.

Aunque él, luego, desviaba la mirada.

Es verdad que ella terminó en el departamento de investigación sólo porque él estaba como director de varios proyectos.

Lo admiraba mucho, era un hombre muy inteligente.

Aprendía mucho en sus clases.

Nunca se acercó a una alumna ni a una docente.

Tenía ese aura casi fría, era como qué existía una barrera entre él y los demás.

Era intrigante.

Nada que ver a su hermano, claro que Leandro era bastante más joven que su profesor.

Leandro había salido con un montón de chicas de la facultad y en varias oportunidades con algunas chicas a la vez.

Sin embargo, no había mujer que no cayera a sus pies cuando él lo decidía.

Mateo era distinto, era más calmado, se tomaba su tiempo para analizarlo todo.

Por lo que pudo averiguar, con mucha discreción, en la facultad, antes no era así, era un tipo mucho más alegre, tampoco era mujeriego como su hermano, pero se decía que era más relajado que ahora.

Sin embargo no parecía un tipo triste, solo daba la sensación que tenía algo que resolver en su vida.

Karina pensó que debía estar casado, aunque no tenía alianza.

Pero le devolvió el beso de forma hambrienta, como si la deseara.

Luego ese llamado de alguien llamada Ámbar.

Leandro la piropeó, o algo así.

¿Será que tiene novia?

Lo que sintió con ese beso no lo había sentido en la vida, si antes era un hombre que le gustaba, a partir de ese momento, era alguién con quién quería tener algo, algo en serio.

Lo iba a conquistar de algún modo.

Tenía que averiguar si estaba casado, aunque eso estaba casi descartado.

Podía tener novia, o estar conviviendo con alguien, tampoco le gustaría ser la tercera en discordia.

Pero ese beso no lo da un hombre que no siente deseo por una mujer.

También estaba Ámbar, que lo llamó por teléfono y que Leandro la conocía...

Leandro era el que le podía dar la información más certera.

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