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El arrepentimiento del Alfa: El contrato real de la híbrida

El arrepentimiento del Alfa: El contrato real de la híbrida

Autor: Lila
Género: Hombre Lobo
Durante años, Elara Park tuvo que aguantar que la llamaran "mestiza" y "sangre débil" en las reuniones de la manada. Como era una loba híbrida, se creyó las dulces promesas de Zack Blackwood. Pero rechazó el vínculo de pareja predestinado con ella momentos después de reclamar su cuerpo. Antes incluso de que pudiera recuperar el aliento tras aquella agonía que le partía el alma, los medios ya estaban celebrando su compromiso con su vengativa hermanastra, Selina. Los titulares hablaban efusivamente de su "perfecta unión de sangre pura". La llamada de su madre llegó como un golpe final: "Elara, ya tienes veintitrés años. Es hora de que contribuyas a la familia". Casarse con el inútil segundo hijo de una prominente familia Alfa o perder para siempre el imperio de su padre. La tenían acorralada, dispuestos a arrebatarle su derecho de nacimiento y dejarla indefensa. Pero, a medida que el desengaño se desvanecía, una determinación gélida ocupó su lugar. Elara acudió a la cita concertada en el club más exclusivo de la ciudad, decidida a aprovechar el plan de su madre para su propio beneficio. Aceptaría casarse, pero en sus propios términos. Cuando se encontró en la suite privada con quien creía que era Damian Sterling, fue directamente al grano: un matrimonio por contrato con límites claros, vidas separadas y una vía de escape garantizada. ¿Qué no sabía? El hombre tremendamente peligroso que acababa de firmar su contrato con una sonrisa de depredador no era el patético playboy que ella esperaba. Era Dominic Wolfe, el Rey Alfa que la había estado cazando sin descanso durante años. Y acababa de entregarse por completo a él.
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Capítulo 1 La traición del Alfa

PDV de Elara

"Ah, qué apretada estás... Elara".

"¡Ah, sí, más profundo... más fuerte!". Mi voz se quebró entre jadeos.

Sentí un líquido ardiente recorrer mi interior. Me fascinaba sentir a mi pareja dentro de mí, incluso después de haber alcanzado el clímax.

Entonces me apartó de un empujón.

"Yo, Zack Blackwood, de la Manada Blackwood, te rechazo a ti, Elara Park, como mi pareja destinada".

¿Qué carajos estaba pasando? Mi pareja me había dicho eso justo después de hacerme el amor.

¡Acababa de complacerme con su miembro!

Ser rechazada por tu pareja destinada era el peor sufrimiento imaginable.

No se trataba de un simple corazón roto; se sentía como si me abrieran el pecho a la fuerza para aplastarme el corazón con las manos desnudas.

Mi loba aullaba en mi interior, con un gemido tan desgarrador que casi me hizo perder el juicio. Luchaba y arañaba como una bestia acorralada, desesperada por liberarse.

Cada fibra de mi cuerpo quemaba. Mi sangre se sentía como fuego líquido en mis venas. Mi corazón se rompió en mil pedazos.

Era la broma más ruin del destino: encontrar a mi otra mitad solo para ver cómo destruía todo lo que nos unía.

Finalmente, mi loba se acurrucó en un rincón de mi mente, temblando como un cachorro herido.

Estaba tan orgullosa cuando encontramos a nuestro compañero. Ahora solo podía gemir confundida y dolorida.

¿Por qué? ¿Por qué nos hacía esto?

Sin embargo, en medio de la agonía, un pensamiento cobró una claridad aterradora en mi cabeza: 'Acabas de cometer el mayor error de tu vida, Zack Blackwood. Y yo me encargaré de que te arrepientas'.

...

Yo era Elara Park, una mestiza que nadie quería.

Mi madre, Nadia, era hija de un Alfa de sangre pura, mientras que mi padre, James, era humano.

Cuando mi padre estaba vivo, nuestra vida era perfecta.

Pero después de su muerte, mamá se casó con el Alfa Enzo Vance, de la Manada Amber.

Por primera vez, me vi arrastrada al mundo de las manadas, donde enseguida me convertí en un blanco fácil.

"Mira, es la mestiza".

"Su sangre humana la hace débil".

Los murmullos me perseguían a todas partes. La sangre humana de mi padre se convirtió en el arma que otros miembros de la manada usaban en mi contra.

Al principio, mamá intentó protegerme. Ella también luchaba por ganarse un lugar, tratando de demostrar su valor como la nueva esposa de Enzo.

Pero dos años más tarde tuvo a mi medio hermano, Anthony.

Entonces todo cambió. Ella se obsesionó con convertirse en la Luna perfecta, y yo me convertí en un recordatorio vergonzoso de su pasado, así que la protección cesó. Me quedé sola en un mundo que nunca me aceptaría.

Aprendí la verdad desde muy joven.

Podía asistir a las reuniones de la manada y vestir ropa elegante en los eventos importantes, pero nunca sería parte de la verdadera familia.

Porque era una mestiza con un linaje considerado inferior.

Pero Zack Blackwood era diferente.

Era el futuro Alfa de la Manada Blackwood. Un líder nato que se ganaba el respeto allá donde iba. En cada reunión, las familias más poderosas intentaban ofrecerle a sus hijas.

Sin embargo, su pareja destinada era yo.

La primera vez que nos encontramos en una reunión territorial, ambos lo supimos al instante. Mi loba se sometió ante su presencia sin oponer resistencia. Él clavó la mirada en mí desde el otro lado del salón y no volvió a apartarla.

Comenzamos lo que parecía una relación perfecta. Tuvimos citas secretas, besos robados y noches apasionadas.

Estaba convencida de que a él no le importaba mi sangre mestiza.

Me esforcé por estar a su altura: estudié la política de las manadas, aprendí los protocolos y entrené más duro que cualquier loba de sangre pura.

La Diosa de la Luna nos había dado este vínculo, así que eso debía significar que estaba destinada a ser su Luna.

Pero me equivoqué.

Sentía que los ojos me ardían mientras miraba a Zack, quien también sufría el dolor de rechazar el vínculo de compañeros. Reuní fuerzas y apenas logré preguntar: "¿Por qué?".

Él me miró con unos ojos que ya no transmitían calidez, sino frialdad y distancia. "Pensé que lo habías entendido. Eres una mestiza. Que fueras mi novia durante un tiempo ya era un honor para ti. ¿Cómo pudiste pensar que merecías ser la Luna de la Manada Blackwood?".

"Ya elegí a mi Luna. Pero no te preocupes, después de que me case con ella, puedes seguir siendo mi amante".

Así que me había engañado todo este tiempo. Lo había planeado desde el principio.

Si hubiera tenido un cuchillo de plata en ese momento, lo habría apuñalado.

Pero estaba demasiado débil, demasiado destrozada. Lo único que pude hacer fue verlo vestirse y marcharse para siempre.

Después de que se fue, la televisión empezó a transmitir las noticias sobre la Gala del Consejo.

Allí estaba Zack en la mesa principal, junto a Selina Vance, mi hermanastra.

La loba dorada de la familia Vance, el linaje más preciado de toda su manada.

Elegante, pura y poderosa, parecía haber nacido para convertirse en la futura Luna.

El titular lo dejaba muy claro: "El futuro Alfa de la Manada Blackwood aparece junto a una candidata a Luna de sangre pura. La alianza matrimonial está próxima a concretarse".

Me quedé mirando la fotografía y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.

Todo el mundo los felicitaba.

Todos pensaban que era lo correcto.

A nadie le importaba que la verdadera pareja destinada de Zack no fuera Selina, sino yo.

Justo cuando estaba a punto de aplastar mi celular, mi madre, Nadia, llamó.

Su voz era tan fría como el hielo. "Elara, ya tienes veintitrés años. Es hora de que aportes algo a esta familia".

La escuché mientras me revelaba el destino que había decidido para mí: "Enzo y yo lo hemos hablado. Ya organizamos varias citas para ti. Son familias Alfa respetables, con parejas adecuadas para ti".

"Si no cooperas...". Hizo una pausa, y su voz se volvió aún más fría al continuar: "Entonces puedes olvidarte de la cadena de hoteles de tu padre".

Sentí que la sangre se me congelaba.

Mi padre biológico, James Park, era dueño de una cadena de hoteles boutique, el Grupo Hotelero Park.

Cuando murió, yo solo tenía cinco años. Había hecho arreglos cuidadosos para protegerme.

Me dejó el 45 % de las acciones, convirtiéndome en la accionista mayoritaria.

Mi madre recibió el 30 % de las acciones.

Otro 15 % se distribuyó entre un plan de participación de los empleados, distribuido entre veinticinco miembros del personal principal, con restricciones contra las transferencias externas.

El 10 % restante estableció un fondo benéfico para proyectos de bienestar público.

Además de las acciones, mi padre también me dejó otros bienes: la Mansión Park, varias cuentas de inversión y sus colecciones personales.

Estas propiedades estaban directamente a mi nombre, pero eran administradas por mi madre hasta que cumpliera los dieciocho años.

Pero había una condición crucial: debía casarme antes de cumplir los veintitrés años, o los derechos de administración de todos los bienes, incluidas mis acciones, se transferirían de forma permanente a mi madre.

Ahora me quedaba solo un mes para cumplir los veintitrés.

Mi padre quiso protegerme, sin imaginar que esta condición se convertiría en la mayor arma de mi madre en mi contra.

Si no me casaba según sus deseos, podrían utilizar diversas maniobras financieras para diluir el valor de mis acciones, reduciéndome a una accionista sin poder.

Por fin comprendí la verdad.

Ella nunca había tenido la intención de permitirme hacerme cargo del negocio de mi padre. Esos bienes eran solo otro as bajo la manga, herramientas para controlarme y manipularme.

"Tienes doce horas para decidir", dijo sin una pizca de cariño en la voz. Para ella, todo era una negociación fría. "Elara, no me decepciones. Ya has causado suficientes problemas a esta familia. Deja de ser una carga".

Me senté sola en mi pequeño apartamento y empecé a reír amargamente.

¿Por qué debía seguir dejando que todo el mundo me pisoteara?

Si querían tratar el matrimonio como un negocio, perfecto.

Entonces usaría el matrimonio para contraatacar. Y lo haría con todas mis fuerzas.

"Aceptaré este matrimonio por conveniencia", respondí con la misma frialdad. "Pero cuando todo termine, no olvides devolverme mi herencia, Luna Nadia".

Capítulo 2 El contrato

PDV de Elara

A la mañana siguiente, fui a Moon Harbor, el club privado más exclusivo de la ciudad. Mi madre había concertado allí una reunión con mi posible futuro esposo.

Tenía claro a quién buscaba: Damian Sterling, el segundo hijo del Alfa de la Manada Sterling. No era el heredero, pero sí un lobo de sangre pura. Lo fundamental era que, según se decía, no le importaba la pureza del linaje de su compañera.

Es decir, aceptaría a una híbrida.

Todos conocían los rumores sobre Damian Sterling: un playboy, un niño rico mimado y la vergüenza de los suyos.

Perfecto.

Sonreí con frialdad.

Un desastre como él era justo lo que me convenía. Él buscaba una esposa respetable para guardar las apariencias; a mí me hacía falta un esposo legal para recuperar la herencia de mi padre.

Era un trato perfecto en el que nadie saldría herido, porque ninguno de los dos desarrollaría sentimientos de verdad.

En comparación con esos Alfas santurrones que se creían los salvadores de los híbridos, prefería a un canalla honesto. Al menos no fingiría amarme ni me traicionaría por la pureza del linaje cuando las cosas se pusieran difíciles.

Una empleada del club me guio hasta el último piso.

"Suite 1012", indicó. "El señor Sterling la está esperando".

Asentí y lo memoricé.

A ambos lados del pasillo había puertas idénticas, decoradas con elegantes tallados y placas metálicas. Avancé en busca del número: 1008, 1009, 1010...

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi madre: "Recuerda que esta unión es importante para la familia. No lo arruines".

Estuve a punto de reírme. Familia. Sí, claro.

No me molesté en responder y apagué el teléfono. Si quería utilizarme para mejorar su posición social, que lo hiciera. Pero yo no pensaba fingir que éramos una familia amorosa.

La suite 1012 debía de estar un poco más adelante...

Al doblar una esquina, vi una entrada tras la que se oían voces.

Tenía que ser esa.

Respiré hondo y abrí la puerta de un empujón.

La suite privada estaba casi a oscuras, con el ambiente cargado de humo, alcohol y olor a lobo. Había gente desperdigada por lo que parecía una fiesta reservada.

Entre el humo, el olor a whisky y las intensas feromonas de Alfa, pude ver a varias parejas coqueteando.

Me quedé en la entrada, sin saber a quién acercarme.

Entonces, una risa femenina y seductora se elevó por encima del ruido: "¡D! ¡Sírveme otro!".

De inmediato lo localicé.

Estaba en un rincón, recostado como un rey en un sofá de cuero negro y rodeado de mujeres.

Era alto y esbelto, de hombros anchos y cintura estrecha. La camiseta negra resaltaba sus músculos definidos, y las mangas remangadas dejaban al descubierto unos antebrazos firmes, surcados por tenues cicatrices.

Su cabello cobrizo lucía revuelto bajo la luz dorada. Sus rasgos eran típicamente europeos: nariz recta, perfil anguloso y mandíbula marcada. Sus ojos color ámbar parecían ebrios y perdidos mientras hacía girar un vaso de whisky.

Era él.

Tal como decían los rumores: sin rumbo, promiscuo y un caso perdido.

Justo el socio que necesitaba.

Tomé aire y me dirigí hacia él.

"¿Damian?".

Antes de que respondiera, una loba sentada a su lado me indicó con impaciencia que me marchara. Con tono desagradable, soltó: "¿De dónde salió esta mestiza? ¿No ves que D está ocupado? ¡Lárgate!".

La ignoré y lo miré directamente a él. "Hola. Soy Elara Park", dije.

Por fin levantó la vista.

Aquellos ojos color ámbar, hasta entonces velados por el alcohol, revelaron de pronto algo peligroso, como los de un depredador al acecho que acabara de despertar.

Cuando nuestras miradas se encontraron, sentí un extraño revoloteo en el pecho.

No era miedo ni alarma... ¿Qué podía ser?

Acababa de perder el vínculo con mi pareja destinada, así que era imposible que...

Sacudí la cabeza con fuerza para apartar esos pensamientos absurdos.

Seguro que me lo estaba imaginando.

Sin embargo, él recuperó enseguida su expresión indolente.

Con un gesto, hizo que todos los demás se marcharan. Una sonrisa perezosa se dibujó en sus labios. "Interesante. No muchos se atreven a interrumpirme mientras estoy 'trabajando'".

Señaló el asiento del otro lado. "Siéntate, Elara Park. Veamos qué viene a buscar de mí, en un lugar como este, una señorita híbrida que parece recién salida de un colegio privado de élite".

Cuando me senté frente a él, la inquietud se intensificó.

Lo supe. Los rumores estaban equivocados.

Este lobo era peligroso.

Se recostó en el sillón, relajado, como si nada mereciera su atención.

Pero en cuanto fijó los ojos en mí, mi loba se tensó por instinto y se me cortó la respiración.

No era la presión habitual de un Alfa, sino algo más primitivo y aterrador. Casi como el aura de una bestia que reinaba sobre todas las demás.

Recuperé la compostura. No pensaba echarme atrás.

"Hablemos de negocios, Damian", dije, mientras sacaba los documentos que había preparado. "Necesito un certificado de matrimonio para recibir mi herencia. El acuerdo es sencillo: una unión solo de nombre, vidas separadas y divorcio al cabo de un año; a cambio, obtendrás una suma considerable cuando todo termine".

Pareció ver más allá de mi serenidad fingida, y una leve sonrisa maliciosa curvó sus labios.

"¿Tanta prisa tienes por casarte?".

Detesté cómo me estudiaba, como si yo fuera una presa.

Deslicé el contrato hacia él.

"Esto no es un matrimonio, sino una transacción", dije con frialdad. "Necesito un cónyuge legal. Tus motivos no me importan. Después de la boda, no nos meteremos en la vida del otro. Nada de emociones ni de traspasar límites. Tú firmas y yo pago. Así de simple".

Solté las palabras a toda velocidad, intentando infundirme valor.

Creí que se burlaría o trataría de complicarme las cosas.

Pero se limitó a mirar el documento y soltó una risa suave.

Ese sonido me produjo escalofríos.

Acto seguido, tomó un bolígrafo y firmó sin vacilar.

Me quedé atónita.

Demasiado rápido.

Tanto que parecía llevar toda la vida esperando este acuerdo.

Intenté quitárselo, pero se puso de pie y lo mantuvo fuera de mi alcance, por lo que tropecé hacia él y caí entre sus brazos.

Un aroma embriagador me envolvió y me mareó por un momento.

Alcé la vista hacia él y, por primera vez, me arrepentí de mi decisión.

Pero ya no había vuelta atrás, porque cerró el documento.

Clavó la mirada en la mía y habló con voz profunda y afilada como una cuchilla en la oscuridad.

"Elara", dijo, "espero que no te arrepientas de haberte acercado a mí por voluntad propia".

En ese momento, el corazón me dio un vuelco sin razón aparente.

Capítulo 3 El secreto del rey Alfa

PDV Omnisciente

Dominic Wolfe había perseguido enemigos a través de fronteras, había sofocado rebeliones sin siquiera despeinarse y, con una sola mirada, había obligado a tres consejos Alfa a ponerse de rodillas.

Pero la mujer sentada a su lado en el auto casi lograba sacarlo de quicio con un contrato y una lengua tan afilada como una navaja.

Elara miraba por la ventana con la espalda recta, la barbilla en alto y una mano sobre el bolso, como si quisiera proteger el documento que llevaba dentro. Y creía que se había casado con Damian Sterling.

Dominic debería haberla corregido, pero no lo hizo.

Su lobo se agitaba dentro de él, atrapado entre la furia y la fascinación.

"Es mía".

Dominic apretó con más fuerza el volante.

"Todavía no es tuya".

El lobo gruñó.

"Está herida. Otro macho la rechazó. Tocó lo que era nuestro y la desechó".

Dominic apretó la mandíbula con tanta fuerza que una vena se le marcó en la sien.

Porque sabía que era cierto.

Conocía a Elara desde hacía tres años, aunque ella no sabía nada de él.

La primera vez que la vio, ella salía de la Academia Alfa después de una conferencia que todos habían fingido disfrutar. Dominic estaba aburrido y molesto por culpa de los ancianos que no dejaban de murmurar sobre herederos y linajes nobles.

Entonces la olió.

Bergamota y lluvia, Era un aroma puro, radiante y desafiante.

Su lobo se quedó quieto por un instante eterno, y luego golpeó sus costillas con tanta fuerza que estuvo a punto de transformarse en público.

Se giró y la vio junto a las escaleras de la academia, riéndose con Zack Blackwood.

Incluso entonces, Dominic lo detestaba. Ese chico olía a ambición desmedida y a cobardía escondida detrás de una fachada perfecta.

Elara miraba a Zack con calidez, confianza y esperanza.

Y Dominic estuvo a punto de cruzar el patio para acercarse a ella.

Pero era el Rey Alfa, el último licántropo de sangre real del continente. Cada decisión que tomaba tenía consecuencias políticas. Si perseguía abiertamente a una joven mestiza que ya estaba vinculada con otro heredero Alfa, las manadas la convertirían en un objetivo.

Así que se limitó a observar.

Se convenció de que así la protegía.

Pero su lobo lo había llamado mentiroso durante tres años.

Ahora el destino la había puesto en su camino, a su suite, con un contrato matrimonial y el corazón destrozado.

Y él la miró.

Elara sintió su mirada sobre ella y entrecerró los ojos antes de preguntar: "¿Siempre miras a tus socios como si estuvieras decidiendo dónde enterrarlos?".

"Solo a los que despiertan mi interés", respondió él, con una sonrisa torcida.

Abrió un enlace mental con Owen, su Beta.

"Alfa, el consejo descubrió sus planes de fertilidad. Saben que usted mintió sobre las mujeres que enviaron".

El Rey Alfa casi suspiró.

El consejo, por supuesto.

Apenas el día anterior, doce ancianos habían irrumpido en el salón real con expresiones tensas. Hablaron de linajes, enemigos, estabilidad continental y el peligro de un rey sin heredero.

"Tienes treinta años", dijo el Anciano Principal, como si él lo hubiera olvidado. "Eres el único licántropo de sangre real despierto en Norteamérica. Si mueres sin heredero, el linaje real morirá contigo".

Luego, otro anciano golpeó la mesa de piedra con el puño. "Nuestros enemigos nos observan. Sin un heredero real, los linajes licántropos de Europa nos desafiarán en cuestión de meses".

Mientras tanto, Dominic se sentó en el trono, tan aburrido que contó las grietas del mármol.

Su lobo murmuró: "Diles que la encontraste".

"No".

"Entonces diles que se metan sus árboles genealógicos por donde no les da el sol".

"Admito que es una opción tentadora".

Cuando los ancianos insistieron demasiado, Dominic finalmente se levantó.

Su aura licántropa recorrió la sala como una tormenta, haciendo que doce poderosos lobos bajaran la vista en cuestión de segundos.

"Mi pareja no será elegida por un comité. Mi heredero no será criado como ganado. Si algún anciano aquí tiene problemas con eso, puedo organizar su retiro. De forma permanente...", dijo Dominic en voz baja.

Después de esas palabras, nadie volvió a hablar.

Ahora, la voz de Owen sonaba llena de alarma en su mente.

"Alfa, ¿me escuchó? Lo saben".

"Encontré a mi Luna", respondió Dominic.

Hubo un silencio.

Entonces Owen se atragantó. "¿Qué hizo?".

"Hay una complicación".

"Defina complicación de una forma que no me provoque un infarto".

"Ella cree que se casó con Damian Sterling".

Hubo otro silencio, más largo que el anterior.

"Alfa...".

"¿Sí?".

"¿Por qué?".

Dominic volvió a mirar a Elara. Ella fingía no escuchar, pero sus ojos se habían vuelto más atentos. Astuta lobita. Incluso sin acceso al enlace mental, podía sentir la tensión en el ambiente.

"Porque vino a buscarlo", respondió Dominic. "Y porque si me hubiera presentado como Dominic Wolfe, el Rey Alfa, el hombre que la ha observado durante tres años, me habría apuñalado con el bolígrafo del contrato y habría escapado por una ventana".

Owen sonó dolido. "Eso... no sería imposible".

"Mantén a Damian Sterling lejos durante una semana. Hazlo en silencio. Asegúrate de que su familia crea que está ocupado".

"¿Ocupado cómo?".

"Sé creativo".

"Entendido. ¿Y el consejo?".

"Diles que me estoy encargando del asunto del heredero".

"Eso solo los pondrá más nerviosos".

"Entonces sonríe mientras sufren".

Dominic cerró el enlace.

Elara se volvió hacia él y preguntó: "¿Pasa algo?".

"Nada por lo que debas preocuparte".

Dominic soltó una risa antes de poder contenerse.

No podía esperar a ver su expresión cuando descubriera la verdad. Primero vendría la sorpresa, luego la confusión y finalmente el reconocimiento. El instante en que su loba por fin supiera quién era él.

Muy pronto, todo el mundo de los hombres lobo sabría a quién pertenecía Elara Park.

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