La única mujer que supone una locura para mí y a la que no debería amar, tiene veinte malditos años. Estoy loco por ella aunque podría ser ya no mi hermana, sino incluso mi hija y soy enemigo del sentimiento que me produce no verla, a la par que contra todo, sé que tengo que poseerla. Es algo inevitable..., inefable. Me desconcierta lo que me provoca.
No puedo estar enamorado de ella, lo sé. No debería hacerlo porque siento que es como estarlo de mi propia hermana, son muy parecidas y muy amigas también, tienen la misma edad y esto que hago es una demencia pero no hay más...es lo que siento y a mí, no puedo escondermelo. Es que es casi como ver a Amelie. El parecido es asqueroso y legalmente también es amoral quererla pero lo hago, muy a pesar de todo eso.
Es como si entre mis brazos tuviera un pecado siendo acunado por mi lujuria, es algo inenarrable y demencial. No quiero que mi amor sea así de oscuro pero no puedo evitarlo, las cosas son como son.
Tiene la misma jodida edad que ella...no dejo de repetírmelo. Veinte putos años que hacen que me siga viendo como el mismo maldito enfermo de años atrás, cuando me obsesioné como un psicópata de la esposa de mi gemelo. Sin embargo esta vez es distinto... los riesgos, las consecuencias y los resultados son tremendamente peligrosos y voy a llegar hasta donde tenga que ir por ella, es mía y no permitiré que me la quite nadie. Esté bien o mal, voy a quedarme con ella.
Así que estoy apuntando con un arma, en la cabeza de su padre: Max, mi mejor amigo. Y los dos sabemos que estoy dispuesto a matarlo, solo, por haber lastimado a la única persona que no debería amar pero no pude impedirme el hacerlo..., su propia hija.
Sé que es demasiado joven al lado de un tío de cuarenta y tres jodidos años como yo. Pero no puedo cambiar eso.
La deseo. La quiero... La he tenido y voy a seguir haciéndolo.
¡Ella es mía! Todos tienen que saberlo. Ya no puedo esconderlo más.
El clan Douglas va a crucificarme por esto pero yo voy a tenerla. Nada ni nadie puede impedirlo. Ninguna otra cosa importa tanto como ella.
Luego de pensar en lo enferma de mi conducta... disparo.
Helena Douglas
El viento me soplan en la cara con tanta fuerza que se me nubla la vista y estiro la mano hasta la guantera de mi Mercedes Benz azul, para tomar los gafas de sol y ponérmelas.
Es un gesto que me recuerda a él, otra vez. Le encanta verme con ellas y ese simple recordatorio hace que me las quite y las lance por encima del parabrisas del coche. Voy sin capota. Solo quiero sentir que respiro otra vez.
Tengo solo veinte años y ya me han roto el corazón.
Mi novio...bueno, mi ex, me puso los cuernos con mi mejor amiga de la Uni y he salido pitando del campus. Solo he dejado en claro que hemos roto para siempre y me he largado. Las clases se han quedado en espera y yo me fui. No quiero verlos y no quiero tener nada en este instante que me recuerde a ellos. Ni siquiera unas putas gafas.
-Estoy llegando papá -respondo la video llamada de mi padre.
-Cariño...lo siento mucho.
¡Uff! Solo he oír el tono ya sé que algo que no me gustará va a pasar.
Miro la pantalla mientras intento mantener la conducción correcta y los ojos azules del hombre más oscuro y dañado que conozco aparecen justo al lado de mi padre.
-Hola, Helena -es tan seco para hablarme. Aunque incluso así, me resulta sexy. Es un madurito exquisito.
-Sonríe un poco -le pincho y rueda los ojos -. Tu cara de amargado está desaprovechada Adrian, deberías intentarlo con alguien más. Yo no me asusto por ella.
-Esto no va a salir bien, Max -le advierte a mi padre y me ignora del todo.
-¡Que sí, joder!¡Cállate! –discuten entre ellos y tomo la curva para la casa de papá.
-Todavía estoy aquí -digo para los dos y estaciono el coche -. Cariño no te bajes...
Las palabras de mi padre me ponen nerviosa y de pronto me doy cuenta de que Adrian, el mejor amigo de él y primo político -porque mi padre es adoptado-, no están en la misma pantalla. Es una conversación desde tres sitios.
-¿Dónde estás, papá?
Veo a Adrian morderse el labio inferior y me roba un segundo la concentración. Sí, está buenísimo y a pesar de sus cuarenta y tres años cada día mejora. Es como el jodido buen vino y no tener esposa ni hijos cotiza mucho más su condición de soltero maduro con experiencia.
¡Vamos...que me encantaría follarme a ese hombre en jodidas y malditas repetidas veces!
Pero es tan estirado y recto y serio y pesado y ufff, tan amargado que no podrá ser. Es una utopía que se ríe de mi y mi libido desatada.
-¡Te quedarás dos días con Adrian!
¡Dios mío!¡Esto no está pasando!
No me puedo quedar con él para superar mi ruptura de la forma en que quiero. No lo aprobaría ni me permitiría ser espontánea.
Mi jodido ex me ha puesto los malditos cuernos, quiero follarme a todo lo que se menea para olvidarme de lo patética que ha quedado mi cara de asombro al verlo con mi mejor amiga del campus y Adrian, su edad de abuelo y las conductas célibes que de seguro adopta no riman con mi intención de vivir la vida loca estos días hasta que me vaya con Amelie a la mansión Douglas.
-Papá, no me jodas -reprocho sin que me importe el otro observador.
-¡Eso...! -repite el sexy ojitos azules -. No nos jodas a los dos. Por favor.
Lo siguiente que sucede es que estoy en casa de Adrian Douglas, una super mega mansión de periferia aparcando mi Mercedes y viéndolo venir hasta mi en shorts, abdominales torturadoramente marcados y mucha agua rodando por toda esa piel desnuda hasta los pies mientras me bajo las gafas mordiendo mis labios con ganas de poder morderle la boca protestona a él.
-Considérate bienvenida y diluyete por mi casa, solo no me molestes.
Alzo una ceja pensando en la que le espera a este espécimen los siguientes días, y lo que me espera a mí... a su sexy lado.
Adrian Douglas
-No tío, joder, no me hagas eso.
Max está de viaje y pretende que me quede con su hija en mi casa. Esto no puede ser. Esa niña salió a su madre y no me apetece estar haciendo de niñera de una cría de veinte años y sus incesantes selfies para el instagram.
¡Tenía una cita en el club!
¡Joder!
-Necesito que me ayudes y te quedes a mi hija dos días.
-¿Dos días? -vocifero al teléfono -. Dios, que pesadilla... oye que tengo una vida.
¿No podía dejarla con mi tío Carter, ni con mi tía Aitana, incluso con mi madre...?
¡No! ¡Me la encasqueta a mí!
-Y yo no estoy en el país -retoma mientras resolplo -. El imbécil del novio la ha dejado tirada -explica como si quisiera saberlo -, mientras voy y le parto las piernas...cuídala.
-Tu no partirías nada...
Alzo la barbilla y miro al cielo sobre mi piscina donde dos rubias deliciosas se besan mientras esperan que termine de hablar con mi amigo y resoplo.
Es un gran tío, no lastimaría ni a una abeja. Yo en cambio...un poco menos.
-Porfa... -insiste -, te deberé una.
-Me debes cientos y con esta, miles -aplaude sabiendo que claudiqué -. Hace cinco años no veo a Helena y no parece haber dejado de ser insufrible y mimada. La que me has liado.
Max se pone hacer una video llamada con su hija mientras me deshago de mis invitadas. Helena está llegando y no quiero que vea cosas de mi, que normalmente no muestro. Para ella soy el tío Adrian, un viejo amargado y así debe seguir siendo.
Hace cinco años cuando su madre murió, ella empezó a ser muy difícil de controlar. Incluso a esa edad Max no podía mantenerla a salvo y decidió internarla lejos, así ha mantenido sus locuras a raya hasta ahora, que me la emcasqueta a mi.
¡La que me faltaba!
Pero bueno, serán solo dos días. Espero que podamos llevar la fiesta en paz y en mi propiedad, salir...no podrá. Al menos una vez dentro sabré que está a salvo y lejos, le daré el ala oeste de la casa con su respectiva piscina para que descanse y no tenga que sufrir su demencia en carne propia.
Ya vendrá Max para eso de regreso de su viaje.
...O eso espero.
Helena Carter
Me estoy muriendo del asco aquí dentro. Por Dios, que pereza de lugar.
Sí, la casa es un maldito mausoleo y el lujo es sobrehumano pero tanta pijería me pone enferma. Como se nota que el dueño es un estirado millonario. No hay un solo pedazo de este sitio que no apetece a dolares. Incluso el garaje está repleto de coches. Por Dios, ¿Cómo se puede tener tanto dinero?
El Jet lag no me ha dejado dormir bien y he estado dando vueltas por la cama hasta que he decidido calentarme un poco de leche. Quizás así logre conciliar el sueño. No dejo de pensar en lo que pasó y me aventuro a encender el teléfono. No puedo seguir escondida del mundo por mucho tiempo y tengo que hablar Amelie.
Como me ha aislado al otro lado de la casa, bajo en bragas a buscar la leche al frigo y quizás haya alguna galleta o algo. Me pongo una bata de encaje por encima. Nada más. Soy bastante liberal y rodearme de trapos no me gusta. ESte cuerpo ha sido diseñado para disfrutarlo y no me mato en el gimnasio para estar de pudorosa luego. A Lester le encantaba que anduviese desnuda y a mi hacerlo. Maldito hijo de puta que me ha jodido la vida.
El mármol del suelo es frío, perfecto para mi calor natural. Estoy ardiendo. Es una tortura y estoy por lanzarme a la piscina. No sé que me pasa.
¡Que ganas tengo de echar un polvo!
Después de atravesar medio planeta para llegar al refri, lo abro y veo que está repleto. Se ve que la asistenta sí que sabe hacer la compra. Subo y bajo la vista por todo el menú que se dibuja frente a mi y las posibilidades mejoran por momentos. Cambio de idea en cuanto veo el bote de helado de chocolate con chispas de vainilla y lo saco, busco en una estantería un poco de crema y entonces...
-¡Pero, tía...!¿Qué coño haces? -el sexy madurito me sorprende y me doy la vuelta exaltada -.¿Podrías cubrirte los pechos?
Se tapa los ojos en un gesto tan infantil que me da risa.
Hago caso omiso de sus palabras y en su defecto abro el helado y meto un dedo para probarlo.
-¡Mmm!¡Delicioso! -gimo provocativa. Me gusta descomponer la fachada de hombre serio de Adrian.
-Cúbrete, por favor -ahora lo dice clavando la vista en los picos erectos.
-¿Por qué ? -me abro más la bata y se me endurecen todavía más los pezones con el fresco, pongo una mano en mi cintura y le digo divertida -...¿te ponen?
-Eres mi sobrina -sostiene y se acerca hasta cerrarmela y sus dedos tocan mi abdómen. Como me gustaría que me tocara más abajo.
¡Joder, que mal me pone!
-No lo has negado -meto mis pulgares en la cinturilla de su pantalón tirando de él y reteniendolo cerca de mi viéndolo alzar una ceja -. Yo que voy a ser tu sobrina por favor...cuando yo era pequeña tu estabas montándote bacanales sexuales por todo el mundo, luego me mandaron al internado y te volviste un monje, ahora eres el tío que me presta su mansión para pasar unos días -le restriego los pechos un poco más y creo que lo oigo gruñir -. Poco más...si no te gustan mis tetas no las mires, pero es que yo creo que podrían llegar a gustarte ¿eh?..., son muy lindas, ¿quieres tocarlas?
Me encanta la cara de tormento que pone. Si supiera que solo estoy jugando no se estaría excitando y provocando que me guste más este juego prohibido.
¡Que mala soy!
-Por favor, Helena -me aparta y se da la vuelta -, compórtate...
El tono en su voz es duro. Una regañina en toda regla y me hace rodar los ojos a pesar de que lo que deseo verdaderamente es morderle esa boca protestona que tiene.
Siempre me ha gustado...desde hace bastante más de lo legalmente posible.
No puedo dejar de admitirlo. Es tan sexy...
-Que si, que me disculpo por herir tus sentimientos tan frágiles...¿me das un abrazo de disculpa?
-Basta ya de esto -brama dando un manotazo a la encimera -, estás en modo pánico y no voy a ponerme en medio de tu despecho.
Hasta aquí hemos llegado. ¿Quien se cree que es para meterse en mi vida?
Mi padre está a kilómetros de distancia y este idiota no tiene ningún problema en querer ser uno para mi, incluso si no se lo he pedido.
Solo estoy jugando un poco, provocando que me mire como una mujer y me de la caña que necesito para pasar por esto pero no quiero ni puedo salirme de mis problemas como él de seguro cree.
Puede que verme con un bote de helado le haga pensar que soy la típica mujercita que se deprime y recurre al azúcar pero no...ni estoy deprimida ni falta de helado.
Estoy jodida y no se imagina cuánto.
-Vete a la mierda, Adrian.
Le doy un empujón con mi hombro cuando paso por su lado y me marcho furiosa. No tenía derecho a mencionar mi problema y tampoco a dirigir el curso de mis intenciones. Sí, es cierto que he estado jugando un poco con él y que quería ponerlo cachondo pero con decir no me pones, basta. Hablar de mi herida aún sangrante no tenía por qué.
Tiro la puerta de la habitación y me lanzo a la cama desnuda, tomo mi teléfono que alumbra delante de mí y otro mensaje amenazante llega.
Hace dos días que alguien me envía notas de amenazas de muerte y no le he dicho nada a mi padre. Justo por eso he venido pero nadie lo sabe. Solo se lo diré a Amelie cuando logre verla y le cuente todo lo que me está pasando y lo que he hecho incluido lo que tengo en el maletero de mi Mercedes en dos maletas enormes...pero mientras tanto, espero que su hermano me mantenga segura además de ser un capullo conmigo. Esta familia pertenecía a la jodida mafia, él estuvo en prisiones y peleas clandestinas y cosas turbias, mientras mi padre llega, aquí estaré a salvo por muy imbécil que él intente ser conmigo.
¡Podré contigo Adrian Douglas!
Si he podido joder a mi ex lo suficiente, robándole cien kilos de cocaína a su familia, y no temblarme el pulso bajo las continúas amenazas, podré contigo y minaré tus defensas hasta obtener lo que quiero de tí.
Soy una mujer con las ideas fijas y ahora mismo tengo dos: primero, follar contigo y segundo, venderle la merca de Lester a Muriel, el enemigo más grande de mi ex en toda la jodida Italia.