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El color del Dolor

El color del Dolor

Autor: : LillySaotome83
Género: Romance
El color del Dolor nos narra la historia de un grupo de personas que los une el mismo objetivo,"La venganza" Y la desgracia de Solán,un hombre que fue preso y torturado por un grupo de soldados en su niñez,marcando su cuerpo y llenandolo de pecado y vergüenza,hasta que un grupo de gitanos lo rescata y lo convierte en su líder. Juntos buscaron venganza y sangre, hasta que Gabrielle,un joven soldado llega para recordarles parte de lo que ya perdieron,logrando lo impoble, Él busca venganza contra todos aquellos que le recuerdan su pasado,y los gitanos buscan vengar a sus seres caídos en batalla contra el Rey. Gabrielle llega para recordarles lo que han perdido y lo que no deben de perder.

Capítulo 1 1

La piel en sus tobillos se iba marcando poco a poco y la sangre seca formaba una costra alrededor de las dolorosas marcas que las cuerdas viejas hacían desde la noche anterior. Empezaba a dejar de sentir el dolor que le venía escociendo desde el mismo momento en que Moncada le sujetó fuerte los tobillos y las manos, Éstas ya no las sentía desde hacía mucho, su espíritu luchó mucho por no perder la calma, pero el dolor de su cuerpo era poco en comparación al de su alma.

Un certero golpe le atinó en la sien y Solan cayó desmayado otra vez. ¿Cuántas horas habrían pasado ya desde que ese viejo repulsivo le encerrara de nuevo? la cuenta la perdió fácilmente y ese caso era mejor. Tratar de no llevar la cuenta del dolor y la angustia que pasaba cada que Moncada necesitaba dinero y la mejor forma que tenía de conseguirlo era a través de él.

Un murmullo se escuchó de pronto y Solan abrió los ojos con lentitud, era una rata que se paseaba por su habitación con una libertad que a él le era negada,la contempló mucho tiempo,con ella llevaba un trozo de algo que no distinguió que era,pero lo que fuera tenía suerte, esa pequeña criatura que solía ser despreciada por todos tenía muchas más cosas que él mismo. Libertad y comida eran unas de ellas,su mejilla seguía entumecida,eran muchas horas de tener el rostro contra el duro colchón, y los dedos de los pies tenían pequeños calambres que le recordaban que seguía vivo. De pronto se escuchó la voz de Moncada a los lejos y Solan cerró los ojos reprimiendo con ellos una lágrima.

La reja sonó chillona y por ella entró el obeso hombre. El cabello rojizo que alguna vez había tenido, sólo era un manojo de pelambre sucio y feo por aquí y allá. Los párpados estaban surcados de venas rojas cargadas de sangre y bajo sus ojos unas inmensas ojeras producto del juego en exceso en lugares de mala muerte. El hombre era fuerte y muy alto,algo que lograba atemorizar a Solan.

-Pero si está dormida la pequeña mierda.

Al terminar de decir eso soltó un azote en las nalgas del chico,que sólo consiguió dar un alarido de dolor,y otro azote le vino al cuerpo justo en la espalda.

-¡Ahhhhh!.

El dolor,la mugre y las lágrimas se juntaron en el hermoso rostro de Solan.

-A que si estabas despierto, que suerte tengo-dijo Moncada. Solan escuchó que el viejo salió y logró tomar aire,quiso sonarse la nariz que ahora escurría,limpiar su rostro de toda aquella mugre y dejar de vivir de paso. Odiaba la vida con todo su ser, nacido huérfano de padre,abandonado a su suerte desde pequeño y brutalmente violado por cada tipo al que Moncada le vendía su cuerpo,todos soldados.

-Despierta chaval,que tienes chamba por hacer.

Su cuerpo tembló y se dejó caer desmayado de nuevo,eso era preferible a sentir de nuevo el dolor punzante de las estocadas fuertemente arremetidas en su carne.

Capítulo 2 2

El choque del acero de espada con espada fue lo último que Gabrielle escuchó. Sus ojos se negaban a cerrarse y dejar de ver quienes eran sus captores,así que con el aliento pausado volvió a empuñar su espada y soltar un certero golpe contra el tipo que lo tenía en el suelo. El hombre cayó de pronto y Gabrielle se levantó un poco aturdido. Tras él la pelea estaba casi acabada y para su mal augurio ellos iban perdiendo. Amerís se encontraba a unos metros suyos empuñando su espada contra uno de los pillos que los estaban apresando,Gabrielle sacudió su cuerpo y volvió a erguirse.

-¡Mueran todos los malditos!-escuchó que gritaron a lo lejos. Y se le secó la garganta al escuchar esas palabras. Eran verdad y lo sabía, cualquier soldado de su majestad que cayera en manos de el fantasma sabía que ese era su destino, morir por el hierro de su espada o en el peor de los casos ser torturado hasta pedir clemencia y con ella venía la muerte como un dulce tónico.

Gabrielle estaba aterrado,tan sólo tenía dieciocho años y no había conocido lo que era tener una mujer aún,ni mucho menos soñado con casarse y formar una familia.

Jamás volvería a ver a su padre, que con mucho orgullo desfilaba por el muelle contando a sus amigos que su valiente hijo era ahora un soldado más de su majestad.

Dispuesto a huir y aunque le creyeran cobarde corrió, corrió tanto que casi lograba escapar de esos delincuentes.

le dolieron las costillas y se llevó una mano al costado,volteó el rostro levemente atemorizado y pudo ver al tipo que corría tras él. Quiso seguir corriendo pero el hombre lo alcanzó y tiró de él,Gabrielle le lanzó una patada y el hombre tomó su tobillo, con el pie libre lanzó otro golpe y acertó en el rostro de su atacante,el hombre se llevó la mano a la nariz y ésta escurría sangre a borbotones.

-¡Maldita alimaña!-gritó furioso. Gabrielle se arrastró hasta llegar a la orilla del río. Pero el hombre lo interceptó antes de que lograra escapar y le propinó un golpe en la nuca. El chico cayó casi desmayado,sin fuerza para sostener su cuerpo y seguir avanzando.

El hombre tras él soltó una risotada de triunfo,con una patada aventó el cuerpo inerte de Gabrielle hasta la orilla del muelle. Aun le quedó algo de fuerza en los brazos, que lograron sostenerse de la orilla con sólo tres dedos,el hombre asomó el rostro y notó que el chico seguía sostenido de los dedos y con un duro golpe de su bota hizo que uno de sus brazos cayera a los lados.

-¡Ríndete escoria! Tírate y muere con dignidad ahora,o sino después sufrirás una terrible muerte en manos de el propio "fantôme" eso es algo que tus ojos no querrán ver.

En medio de esa verbata supo que el hombre tenía razón, había escuchado los suficientes cuentos de la gente del pueblo decir que el fantasma era despiadado, disfrutaba de atormentar a los suyos hasta la muerte,sus gritos era musica de fondo después de un día de vandalismo. Era algo que le aterraba,algo que lograba helarle la sangre y empezar a suplicar piedad. Entonces fue cuando vio mejor a su atacante,era lo último que sus ojos iban a ver. El hombre media por lo menos dos metros y era muy fuerte, las botas de cuero le llegaban hasta los muslos y las puntas estaban gastadas,tenía la frente muy amplia,el cabello canoso y sus dientes eran grandes y amarillentos. Era el hombre mas intimidante que jamás había visto,mas criatura demoníaca que hombre, pero no era el fantasma por lo que pudo entender.

Las fuerzas le fueron abandonando poco a poco y sus ojos le pesaron como dos enormes rocas,sus dedos adormilados se fueron soltando uno a uno de la orilla,el hombre se giró de pronto y volteó a verlo de nuevo.

-Te dije que era mejor morir con dignidad-.Movió el rostro negando y se alejó de él. Cuando su último dedo se negó a seguir aferrado y se soltó,de pronto sintió una mano que tomó su muñeca y estiró su cuerpo de nuevo a la superficie. A pesar de que los ojos le pesaban alcanzó a ver a su salvador. Lo que vio lo dejó maravillado,unos ojos color azul cielo y el cabello más negro que hubiera visto,casi como la noche. Los labios del ángel aquel eran delineados de forma que suplicaban ser tocados y Gabrielle quiso poder extender su mano y hacerlo. Tocar a el ángel que el señor había mandado en su ayuda para lograr que la imagen del demonio del hombre no fuera lo último que sus ojos vieran. Entonces fue cuando sus ojos se cerraron.

-Éste se ha desmayado mi señor-.Horas sonrió mostrando los dientes en dirección a Solan. Éste miró al chico tirado con una mirada de fastidio. Peor sería su destino,lo llevaría a su guarida y sus hombres decidirían que hacer con él,les dejaría a ellos la última palabra.

-Llevalo a la guarida y déjalo en el último calabozo,quiero ver que tan fuerte es la guardia de su majestad.

Horas blanqueo los ojos y cargó el cuerpo del soldado,era tan sólo un chico, no mas que un niño, un niño tonto que arriesgaba su vida por alguien a quien no le importaba la suya.

Solan echó una mirada en ambas direcciones percatándose de que ya todo había terminado,los cuerpos de algunos de la guardia del rey seguían esparcidos por las abandonadas calles de París. La sonrisa se volvió amplia y sus manos aguantadas buscaron la empuñadura de su espada. La batalla esa noche no era nada comparada a las muchas que había tenido en el pasado con la guardia del rey, esa noche no le habían dado suficiente batalla y se había quedado sólo con el amargo sabor de boca.

El callejón se asomaba en la oscuridad de la noche y varios hombres se adentraron. Tras la catedral había una enorme estatua de un ángel caído, la belleza de su rostro había sido maravillosa alguna vez,ahora sólo era parte de la fría decoración, tras la estatua había una puerta que pocos lograban ver. Solan entró primero echando su capa de lado y tomando su cabello en una coleta. El olor a humedad inundo sus fosas y de la entrada tomó una larga antorcha. Algunas gotas de agua cayeron a sus pies y Solan se echó de lado dejando pasar a Horas que traía con él al soldado.

Cargó el cuerpo como si fuera paja,no notaba esfuerzo alguno y el chiquillo seguía inconsciente.

Adasius venia tras ellos con ojos precavidos. Bajo París había miles de pasadizos, y él los conocía todos. Pero era Horas el encargado de la seguridad de Solan.

Bajo la catedral de París estaba el escondite del fantôme,el mayor enemigo de monseñor Barberino. La escolta de su majestad Philippe tenía la expresa orden de dar muerte al fantôme y a sus hombres. Pero monseñor quería tenerlo frente a sus ojos y dar castigo con sus propias manos a ese pillo que lograba burlar la seguridad de su majestad y vaciar los abastecimientos de la corte. El asesino y ladrón tomaba cada cosa que le apetecía y lo regalaba a los miserables que abundaban en las sucias y fetidas calles de París. Los pobres lo amaban,los maleantes lo respetaban y monseñor odiaba todo lo que el fantôme significaba. Una enorme molestia,la humillación de reconocer que era casi inmune a los castigos de su majestad y su escolta incapaz de capturarlo.

Recorrieron el angosto pasillo con sigilo,el eco que hacían sus pasos era sólo un leve murmullo en las calladas paredes de la catedral,que ingnorante albergaba a su mayor enemigo y su gente. Todo estaba en penumbras y el esfuerzo por recorrerlo era pesado y abrumador,pero al cabo de un largo rato de caminar llegaron hasta el fondo de la guarida. Dentro había una algarabía,hombres bebiendo despreocupados alrededor de una fogata en un rincón. Solan pasó por su lado y los hombres dejaron de reír y se inclinaron obedientes ante el fantôme. Siguió más al fondo y abrió una pesada puerta de madera. Ahí la humedad se perdía y la luz se insinuaba silenciosa. Un enorme despacho repleto de pedestales y libros decoraban el lugar. Solan se dejó caer pesado sobre un enorme silla de madera. Su pecho se asomaba bajo su camisa de algodón que alguna vez fue blanca o algún tono claro. Su cabello negro seguía sujetado en la coleta y sus botas tenían varias manchas en color rojo escarlata. La sangre de sus enemigos comenzaba a secarse y él la miraba fascinado.

-Mi señor-Lo llamó Horas-.¿Qué hay que hacer con el muchacho?.

Solan lo miró detenidamente, sin alcanzar a entender la pregunta.

Al subir el rostro miró que su sirviente traía el cuerpo del chico con él.

-Horas-respondió-:llevas demasiados años conmigo como para saber que hacer con esa basura.

La respuesta fue fría y tajante. El hombreton asintió levemente y salió de vuelta hasta tomar otro largo pasillo. Ahí la humedad volvía a calar como un frío hielo en el cuerpo. Había varios calabozos vacíos y a Gabrielle que había estado inconsciente la mayor parte del tiempo lo dejaron caer sobre el helado suelo de su celda,en sus muñecas colocaron cuerdas que apretaban su carne y empezaba a dejar una línea roja bajo ellas. Lo mismo en sus tobillos,le quitaron la casaca y casi toda su ropa. De esa forma podría morir por hambre o de una pulmonía.

*

Gabrielle abrió los párpados lentamente,sintió un dolor punzante que le escocía los ojos,sentía arena en ellos y le costaba mantenerlos abiertos,todo se veía como un terrible sueño,una pesadilla de la cual quería despertar. Supo entonces que el fantôme lo había atrapado. El miedo que tuvo cegó su mente,sintió una corriente recorrerle el cuerpo y estremecerlo de pies a cabeza. Su piel pálida estaba marcada de golpes y rasguños y le dolía cada músculo del cuerpo. Sus ojos verdes estaban apagados y llorosos,desconocía cuánto tiempo había pasado,pero sabía que mucho. Entre sueños escuchó risas,y maldiciones,sonidos de pasos y algunas ratas que corrían por su celda,pero todo eso había menguado en algún momento de la noche, la luz se había filtrado escasas veces cuando pasaba algún guardia con alguna antorcha y desaparecido de la misma forma.

Escuchó pasos cerca de su celda,sus ojos se cerraron de pronto para no ver lo que seguía.

Adasius entró y dejó una antorcha encendida en uno de los pilares de la celda,se acercó al muchacho y estiró su cabello de forma que pudiera ver sus ojos. El chico solo hizo una muñeca de dolor.

Lo dicho,era sólo un niño queriendo ser un hombre,con su suerte la hermosura de su rostro no acabaría antes de que el fantôme decidiera darle muerte.

-Muchacho-lo llamó-despierta.

Le dio unas palmaditas en el rostro y Gabrielle abrió los ojos con lentitud.

Temeroso se encogió lo más que pudo y Adasius soltó una sonora carcajada.

-Tienes miedo-rió-Haces bien en hacerlo,no somos bondadosos cuando se trata de la guardia de su majestad. Se puso de cuclillas y miró el rostro del muchacho. El cabello rubio de éste le cubría sus ojos impidiendo poderlo ver adecuadamente. Era casi de la de edad de Foran su hijo, pero éste no era tan estúpido como para haberse enlistado en las líneas enemigas. Solan lo había mandado azotar,algo que Adasius disfrutaba enormemente tratándose de alimañas de su tipo. No sentía pena alguna y su hijo menos,habían perdido suficientes vidas en las manos de Phillippe como para sentir compasión por alguno de los suyos,aunque de ante mano sabían que al rey poco le importaba su gente.

Miró al chiquillo tomar aire y devolver un gesto insolente, para después apretar los dientes y recibir su castigo.

Entonces Adasius azotó al muchacho hasta cansarse. Gabrielle perdió la cuenta de cuatos azotes recibió su escuálido cuerpo,sólo el punzante dolor en la carne abierta que emanaba brillantes gotas de sangre por su espalda y piernas le dijo que seguía vivo. Hubiera preferido morir aquella noche en manos de aquel gigante demoníaco, su muerte hubiera sido rápida. Hubiera sentido el hierro entrar en su pecho y todo se habría vuelto oscuro,en tinieblas, para después ver el rostro del señor recibierlo en sus manos generosas. Así pasó otra noche metido en su celda húmeda, soportando el frío en los huesos y la angustia de esperar su muerte.

-¡Despierta escoria!-.Gabrielle sintió el agua helada en el cuerpo,las heridas ardieron y sus ojos lloraron irremediables. ¿Cuánto tiempo habría pasado ya?. No importaba,su mente estaba abarrotada de ideas que quemaban en su pecho. ¿Qué había hecho que mereciera tal castigo?. No supo,no hubo respuesta a eso. Lo único que sabía era que fantôme torturaba hasta la muerte a cualquier guardia de su majestad,los motivos los desconocía así como el hecho de su escondite,jamás nadie había podido dar con el fantôme y era algo que cada compañero suyo había anhelado encontrar, pero él no. Para él pertenecer a la guardia real era solamente un empleo mas,algo con lo que su padre podría presumir,pero ahora que haría ¿Contar con orgullo que su único hijo había muerto valeroso en manos del fantôme?....

-¡Arggg!-Gruño bajo el frío toque del agua. Su desnudo cuerpo no reconoció a su nuevo atacante. Un hombre alto y fibroso de angulosas facciones y barba de varios días. En algún tiempo debió ser atractivo,ahora la sombra de la soberbia adornaba su fría sonrisa. Gabrielle subió el rostro unos segundos para ver a su atacante a los ojos,pero éste al notar su contacto retrocedió un poco.

Malaquias se quedó paralizado un breve momento viendo el rostro del muchacho, no tenía mas de veinte años,sino es que menos. ¿Qué hacía un criatura tan hermosa adornando las filas de su majestad?. Malaquias era un hombre joven aún,su cuerpo tenía ciertas necesidades que debía compensar y esa escoria le podría servir de algo. Para Gabrielle la mirada lasciva con la que el hombre le había visto le causó escalofríos. Podía ver sus intenciones plasmadas en las dilatadas pupilas del hombre. Él estaba desnudo y tirado a su merced,poco podía hacer para evitar que hiciera lo que le diera la gana,pero si debía morir luchando lo haría.

-Pequeña basura,eres bastante hermoso.

Se acercó hasta que la punta de su bota topó con el muslo del muchacho. Con el pie elevó el rostro del rubio y pudo volver a ver esos ojos verde esmeralda. Sin duda era algo bello de ver,lástima que fuera a morir tan pronto,pero antes que eso pasara iba a disfrutar un poco de él.

-¡Malaquias!.

El hombre escuchó la fuerte voz a su espalda y se giró de golpe comprobando su temor. Horas estaba a su espalda con el rostro rígido y los ojos chispeantes.

-¿Qué?-espetó molesto.

-Fuera de aquí, deja tus mariconadas para las putas del pueblo,fantôme te llama.

Gabrielle vio su salvación un día mas y de nuevo cayó presa del sueño.

Capítulo 3 3

Las risotadas resonaron en las paredes con fuertes vibraciones que lograban hacerlo estremecer de miedo. La cuenta de los días que llevaba allí estaba pérdida casi como su lucidez. El hambre que tenía lo volvió preso de la locura. Una noche se arrastró hasta quedar cerca de los barrotes de su celda al ver como un plato de comida era metido a través de ellos,pero al lograr llegar hasta ahí con un esfuerzo sobre humano,comprendió que todo había sido producto de su cansada imaginación.

¿Cuánto tiempo mas pasaría preso? Era preferible la muerte a seguir ahí. No deseaba otra cosa mas en esos momentos que volver a ver al ángel del señor con su manto oscuro y tomarlo de la mano para salir sin vida de ese lugar. Esperaba su partida con ansia y justificaba sus largas noches con la espera de aquel hombre.

De pronto sintió un fuerte retortijón en el cuerpo, la barriga le dolía y trató de soltar sus manos de tan fiero agarre,pero fue inútil luchar contra el trabajo tan bien elaborado de quien lo había apresado.

Pero de pronto una de sus manos se vio libre y de su boca salió un jadeo. Casi una sonrisa de jubilo. Lo asustó escuchar su propia voz, era algo que había olvidado casi por completo. Trató de girar su cuerpo y lo logró con mucho esfuerzo. Su piernas estaban terriblemente magulladas y su carne abierta dejando ver la asquerosa sangre seca pegada a su lastimada piel blanca.

¿Porqué? ¿Porqué el señor no mandaba a su ángel a su encuentro? Lo esperaba con ansia,deseaba volver a verlo y dejarse arrastrar por aquel ángel de la muerte y dejar su última morada como un feo recuerdo solamente.

Entonces escuchó un ruido y sus sentidos adormilados se pusieron en alerta. Trató de enfocar su atención y miró como una enorme rata corrió dentro de su celda.

Era grande y gorda. Un animal afortunado,puesto que había saciado su apetito hasta casi reventar y podía verlo por la anchura de su barriga. Enfocó el oído y pudo escuchar la algarabía entonces. Los hombres del fantôme tenían una fiesta seguramente, ahí era donde el animal había encontrado su sustento. La rata corrió pero él logró atraparla con la mano libre.

La pobre ni podía correr apenas,el peso de su cuerpo había aumentado su volumen al doble y le era imposible tener la misma ligereza que cuando no había atiborrado a su pobre barriga.

-E..eres muy afortunada.

Le dijo en un susurro,no queriendo ser escuchado por sus captores. Los ojos carmesí del animal lo asustaron lo suficiente como para no desear comérsela. La vio con renovada repulsión y la soltó dejándola libre.

Su estómago dio un nuevo gruñido y Gabrielle cayó desmayado nuevamente.

Un hombre había estado observándolo desde las penumbras. Miró con horror como aquel chiquillo tomaba al animal y lo miraba como si fuese comida. Aquel acto fuera de causarle repulsión le causó un enorme vacío en el pecho. Pero después reprimió esa sensación y dio un bufido mental.

¿Qué pretendía un mozalbete como ése al unirse a las filas del rey? ¿Mujeres,dinero? ¿ambas?.

Abrió el cerrojo de los barrotes,dejó entrar su excesiva repulsión por la sabandija esa.

Su casaca le cubrió el pecho y Solan tomó una enorme bocanada de aire antes de entrar. El fétido olor que frotaba en el aire que se coló por sus fosas le causó una arcada llevándose una mano a la nariz. El olor a excremento y orina le asqueo.

El chico seguía tirado en el suelo desmayado,su cabello caía sobre su rostro y Solan tuvo que arrodillarse para poder ver de nuevo el rostro del chico. Dio un bufido al verlo, no podía creer que su ambicioso corazón lo hubiera llevado hasta sus calobozos. Si ese era el destino que querían los soldados de la corte,ése tendrían. De pronto el chico removió su cuerpo con lentitud y Solan iba a irse en ese momento, pero el maldito crío se giró muy aprisa y logró ver a Solan de refilón.

-Ya era hora ángel del señor,te esperaba con ansia.

Apenas si podía pronunciar palabra,su garganta dolía y estaba seca,aún así forzó a su cuerpo a reaccionar ante aquella bella aparición.

Solan le dio una dura mirada sin entender de qué rayos hablaba. ¿Porqué le decía que ya era hora? ¿Y sobre todo porqué lo confundía con un ángel?...

Solan tomó su casaca para cubrir su rostro, pero el preso tomó el extremo de la prenda y lo apretó entre sus dedos,aferrándose a ese trozo de tela como si su vida dependiera de ello.

-¡No,ángel del señor! ¡No te vayas,llevame contigo!.

Solan se quedó quieto sin hayar que decir o como actuar. Jamás había sentido piedad por ninguna de esas ratas,ellos mismos buscaban el destino con el que terminaban sus días,sabían con antelación que sus días estaban contados estando en la corte del rey.

-¡Suéltame!.- Solan gruñó muy quedadamente,no queriendo que sus hombres lo vieran dentro de una de las celdas,sus mentes se confundirían y podía perder respeto. Gabrielle apretó la casaca con la poca fuerza que reunió es su mano. El Fantôme permaneció quieto viendo la cara del chico, destrozada y hermosa.

-¡Ángel...no me dejes!.

Solan apretó los dientes en completa negación, la sola idea de que esa alimaña siguiera tocándolo le asqueaba. Pero algo en sus ojos le recordó mas de lo que deseaba olvidar,le recordó que tenía un pasado doloroso.

-Fantôme,si deseas...

Horas se detuvo en la entrada de la celda con sus fuertes brazos cruzados sobre el pecho. Pero la furiosa mirada que el fantôme le dio le hizo callarse abruptamente. No se había percatado de la presencia de el gigante tras él, mucho menos de que lo hubiera observado entrar a los calabozos.

Solan se dio la media vuelta,no sin antes darle un vistazo al preso de refilón. El chico se miraba agotado,casi sin vida,de todos los presos que alguna vez hubiera capturado,ése era el mas joven y tonto de todos. Tragó un nudo que se formó en su garganta y Horas miró al fantôme dudoso.

-Tiralo en el muelle,ya no nos sirve de nada. Ordenó Solan y luego salió de la celda dejando a Horas con el chico.

-Pero Fantôme -insistió el hombretón.

Ya irritado y con el semblante duro,Solan se dio la media vuelta mirando a Horas con dureza.

-Por mi haz lo que te dé la gana con él.

Horas miró al chico con una sonrisa burlona colgando de sus labios,mostrando su torcida fila de dientes al muchacho,estiró el pie y lo hizo girar de un golpe. Algo en ese chico le removió la poca entraña que tenía. De las misma forma que entendió que Solan se veía reflejado en ese chico.

Gabrielle, que hasta el momento había permanecido callado para tratar de entender,subió el rostro al momento que el monstruo le dio un fuerte golpe con su bota para hacerlo girar.

-Bien muchacho, estas de suerte,el fantôme está de buen humor hoy.

*

Gabrielle dio un respingo voluntarioso cuando el agua helada cayó por su espalda y llegó a sus nalgas. Le lanzó una mirada furiosa al hombretón y volvió a apretar los dientes.

-Apestas muchacho, ¿pues que has estado haciendo? - Horas se burló del chico mientras seguía vertiendo chorros de agua por su cuerpo. El muchacho no respondía,permaneció muy quieto esperando lo que el gigante hiciera con él, a pesar que le quedaban pocas fuerzas,las usó para lanzarle miradas cargadas de odio, no juntaba el valor para expresar lo que su mente tanto se preguntaba. ¿Lo dejarían vivir? Esa pregunta rondó por los rincones de su mente,sembrando la duda y especulando sobre su futuro sin ser capaz de preguntar.

-¡Hum! Creo que una buena friega te pegará bien.

-¿Ahora te ha dado por cuidar puercos?.

Jeremiah lo interrumpió. Gabrielle miró las puntas raspadas de sus botas sin poder levantar la cabeza,lo hubiera vuelto a intentar,pero Horas volvió a hundir la mano en su cabeza al sentir que el muchacho intentaba alzarla.

-Soy un alma caritativa-Lanzó una mirada hacia Jeremiah y sus dedos se aferraron más al cabello de Gabrielle,aplastó la cabeza del muchacho cuando sintió que trataba de mirar hacia su compañero. Le hacia un favor,Jeremiah no era un tipo que le gustara ser escrutado.

-Dejáte de tonterías y termina de una buena vez,Fantôme te necesita-Gabrielle,que logró alzar levemente la cabeza,miró por un segundo los ojos furiosos de Jeremiah. Rondaba los cuarenta años y podía notar un acento diferente.

-¡Joder! Casi termino de limpiar a mi mascota. Gabrielle entendió que su tortura no terminaría aun,el gigante ese se encargaría de que deseara morir lo antes posible.

El hombre rubio torció la boca al ver que Horas limpiaba al maldito soldado.

-No te demores,salimos en un momento. Hizo un fuerte sonido con sus pies al arrastralos al salir,y Gabrielle suspiró. Sentía un temor especial hacia ese hombre del que sentía por Horas,el gigante provocaba un temor que podría causar pesadillas,pero no como el que el rubio causaba. Se podía notar la poco paciencia que tenía hacia todos,y podía deducir que daba un tajo con su navaja al que quisiera meterse con su camino.

Horas dejó de lavarlo. Gabrielle miró como secaba sus manos con una manta vieja,y enseguida se la arrojó al rostro y lo miró salir.

¿Cuánto tiempo estaría preso? Empezaba a rogar porque lo dejaran morir de una vez. Por otra parte, había perdido la esperanza de que su ángel volviera en su encuentro,quizá solo era un sueño.

*

Los dedos de Solan tambolinearon sobre el viejo escritorio,las botas gastadas permanecían juntas sobre este y su semblante se notaba rígido,como cuando le venía una buena idea a la cabeza. De pronto la puerta se abrió y por ella entró Jeremiah. Él era casi tan alto como Horas,su cuerpo era mas fuerte que el de Solan,pero mas delgado que el del gigante,sus ojos verdes eran como dos canicas cargadas de odio y sus labios siempre formaban una fina línea evidenciando su permanente estado de alerta.

-Estamos listo-. Informó lanzando una dura mirada hacia la puerta,esperando que Horas apareciera. Sus dedos rozaron su empuñadura,y sus piernas permanecieron inmóviles. Solan no le veía,estaba demasiado concentrado en el rostro del chico. ¿Cómo podía alguien confundirlo a él con un ángel? ¿A él? Era imposible, no había algo mas lejos de la verdad que eso.

Sus manos estaban llenas de marcas duras que formaban callos alrededor de sus palmas y tenía la marca de una fea cicatriz que atravesaba su espalda de lado a lado. Un hermosos regalo de él, su peor enemigo. Así que cómo confundirlo.

Solan alzó los ojos al ver al gigante entrar por la puerta y poner sus manos en jarras,se notaba satisfecho, como alguien que ha tenido una buena noche.

-Ahora si podemos irnos,mi mascota está limpia, y solo me falta alimentarla,pero puede esperar para eso,nuestro asunto es mas urgente-. Los amarillentos y filosos dientes de Horas formaron una burlona sonrisa,de esas de las que estaba acostumbrado a dar a sus presas.

Solan subió los ojos y lo miró por debajo de sus espesas pestañas.

-Que alguien lo alimente,no queremos que tu perro muera de hambre.

Entonces el gigante ensancho la sonrisa de oreja a oreja,casi como un niño que ha recibido un regalo.

-Malaquias puede hacerlo-. Fue la sugerencia de Jeremiah,pero ante eso Horas hizo una mueca despectiva.

-Ni de chiste,no quiero sus mariconadas cerca de mi perro,es la mascota que el fantôme me ha regalado.

Solan puso los ojos en blanco al igual que Jeremiah.

-Adasius se queda también,pídele que lo alimente. Jeremiah,al escuchar la orden de Solan se quedó viendo hacia la puerta por donde Horas salió a prisa para avisar a Adasius.

-No entiendo porqué tanta buena voluntad con un perro como ése, las niñadas de Horas empiezan a fastidiarme.

Solan fingía no escucharlo. Él mismo no entendía porque su comportamiento con ese perro. Debía haber dejado que alguien le diera muerte y no dejar que Horas se acercara tanto a él. Pero por dentro sabía perfecto que no evitaría tal hecho si le complacía a su amigo. Porque eso era lo que el gigante era para él. Su amigo,su guardián,casi su padre.

*

París estaba dormido,sus calles estrechas cubiertas de olores mezclados de putrefacción,pan roído y pez en mal estado. Tres hombres se mezclaron entre las sombras. El rubio tomó la soga entre sus manos y en un sólo tiro certero logró que ésta se quedara fija a la gárgola, dio un jalón comprobando que no se zafara. Con los ojos dio la indicación y Fantôme fue el primero en subir por ella. Jeremiah permaneció a su lado sosteniendo la soga y Horas,con ojos cautelosos vigiló para ambos lados de la calle.

Solan logró trepar sin hacer el menor ruido,se agarró de la cabeza de la gárgola para empujar una vez más a su cuerpo y llegar a la parte alta de la catedral. Jeremiah le siguió en completo silencio mientras el gigante se quedaba vigilante.

Con una seña de dos dedos Solan indicó a Jaremiah que vigilara mientras él entraba. Por el campanario había una abertura estrecha por la cual Solan podía entrar las veces que fueran necesarias. Una escalera vieja y chirriante le esperaba. En completo silencio bajó por ella. Debía ser cauteloso y no alertar a la corte de Monseñor Barberino. El maldito hombre tenía custodia las veinticuatro horas de el día,algo que le permitía entrar a catedral sin ser visto,mientras la guardia custodiaba la seguridad de Monseñor.

Una vez mas iba a buscarlo,lo único que Solan podía ambicionar en la vida,sabía que era una locura encontrar algo que estaba casi seguro que colgaba de el cuello de monseñor Barberino,pero también le servía como vendetta contra el demonio ése.

En cuanto bajó se dio cuenta de que la custodia estaba con el cura. Toda el ala norte estaba despejada,que era por donde el hombre tenía su despacho. Solan caminó varios pasos antes de entrar por la vieja puerta de roble. Era pesada, lo que le ayudaba a amortiguar el ruido de esta. De pronto oyó voces. El corazón le dio un brinco en el pecho y sus dedos le picaron deseosos. Amaba la sensación de la carne cortada por su espada,y esta ocasión no sería la excepción. Se escondió tras la pared, viendo a dos guardias pasar descuidados,riendo y charlando por algo,para luego verlos alejarse.

Dejó pasar un par de minutos y trató de nuevo de abrir la puerta, ésta no estaba asegurada, Monseñor era un hombre que no permitía los delitos, así que no era de esperarse que no imaginara que le fuera robado algo en sus narices,porque estaba seguro que de igual forma era un hombre desconfiado. Un grave error el custodiar mas allá de su persona,ya que Solan no se cansaba de mostrarle que donde él estuviera,monseñor no podría descansar tranquilo. Que arrogancia la suya de pensar que hasta la catedral respetaría un hombre como el fantôme,que ingenuo. Jamas podría respetar un lugar al que repudiaba tanto.

Entró,en el lugar había un escritorio igual al que él tenía en su guarida,justo debajo. Rio, seguramente monseñor había aumentado la recompensa a quien diera con el verdadero paradero de el fantôme. Pero de igual forma sabía que nadie que supiera su escondite le delataría tan fácilmente. Muchos preferían morir antes de echar de cabeza a su mayor benefactor.

Sabía donde guardaba el oro que su majestad,el rey , Phillippe daba como remesa a la iglesia. Entonces sonrió triunfante casi al llegar hasta allí. No había hecho tanto ruido, pero casi al llegar el corazón casi sale de su pecho al notar que alguien giraba el sillón y lo miraba fijamente...

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