"Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos un momento así...". Los labios de Shane Brooks rozaron la oreja de Yvonne Burton-Brooks, y la voz de él sonó tan suave como la seda.
"Shane, tengo que ir al hospital ahora...". Yvonne giró la cabeza, evitando el beso que él intentaba robarle.
"¡Solo esta vez!", insistió él.
El tiempo pareció estirarse infinitamente, como una cuerda tensa a punto de romperse.
Shane no la soltó hasta que Yvonne sintió que el mundo a su alrededor daba vueltas y que estaba a punto de desmayarse.
"¿Te hice daño?". Su voz, grave y profunda, transmitía una mezcla de preocupación y burla. "¿Qué tal si te compenso con el bolso de diseñador más reciente?".
Yvonne abrió los párpados y fijó su mirada en él.
El hombre que tenía delante era increíblemente guapo, con rasgos tan refinados que podrían haber sido esculpidos por un artista. Su habitual semblante frío y distante seguía presente, aunque ahora teñido de una ligera pero persistente pasión, lo que delataba la intimidad que acababan de compartir.
Tras tres años de matrimonio, Yvonne había aprendido a reconocer esa mirada. Era su señal de que estaba satisfecho.
Esa era la razón por la que se mostraba tan generoso con ella.
Yvonne esbozó una sonrisa amarga. "¿Lo olvidaste? Aún no he cumplido mi condena".
"Entonces puedes usar el bolso cuando salgas", respondió Shane con naturalidad, como si hablara del tiempo.
A Yvonne se le oprimió el corazón al oírle hablar de la cárcel con tanta despreocupación, como si fuera un simple contratiempo.
"Saldrás pronto de la cárcel, ¿verdad?". Sus dedos le recorrieron la mejilla con una familiaridad casi ensayada. "Ya te lo dije antes, un año se pasa volando en un abrir y cerrar de ojos".
Yvonne se tragó el nudo que tenía en la garganta y le sujetó la mano, mientras la desesperación teñía su voz. "Me llamaron del hospital... dijeron que mi abuela no estaba bien, ¿podrías acompañarme a visitarla?".
Como aún cumplía condena, no podía salir de la cárcel a voluntad.
Pero se había ganado un permiso de salida de un día gracias a su buen comportamiento.
Inicialmente, su plan era ir directamente al hospital. Sin embargo, había dudado, preocupada de que su frágil abuela, Margarita Thomas, pudiera inquietarse por su apariencia desaliñada. Volver a casa para asearse le pareció la decisión correcta, pero, inesperadamente, se encontró con Shane allí, que acababa de regresar de un viaje de negocios en el extranjero.
Realmente quería correr al hospital, pero Shane la detuvo. Él se había mantenido firme, exigiendo que sus necesidades fueran satisfechas, lo que la obligó a pasar toda la mañana allí.
Sin embargo, pensó, quizá esto fuera bueno. Si Shane la acompañaba al hospital, eso haría feliz a su abuela.
Pero al instante siguiente, él le apartó la mano.
El corazón de Yvonne se hundió como una piedra arrojada a aguas profundas.
"Tengo algo pendiente esta tarde. Puedes ir sola". Las palabras de Shane salieron sin titubear. Poniéndose de pie, sacó una tarjeta del cajón de la mesita de noche y se la entregó. "Úsala para comprarle algo bonito a tu abuela".
Aquello no sorprendió a Yvonne; no era la primera vez que se encontraba en esa situación. El método preferido de su esposo para resolver problemas siempre implicaba dinero.
Pero ella sabía que Margarita no necesitaba regalos caros. Lo que su abuela necesitaba, lo que anhelaba, era verlos a Shane y a ella felices juntos como familia.
Shane se duchó, se vistió y salió sin decir ni un adiós.
Yvonne se incorporó con lentitud, las piernas aún débiles y temblorosas al levantarse de la cama.
Luego se dedicó a empacar algo de comida casera para llevar al hospital, algo que su abuela valoraría más que cualquier regalo comprado.
Cuando entró en la habitación de su abuela, lo que vio le heló la sangre. La bolsa con la comida se le resbaló de las manos y golpeó el suelo mientras gritaba: "¡Abuela!".
Aunque su abuela había soportado numerosas hospitalizaciones durante su enfermedad, nunca había necesitado un respirador. Aquello conmocionó a Yvonne.
Yvonne corrió hacia la cama de su abuela, con la voz temblorosa de preocupación. "¡Abuela, estoy aquí! ¡Abre los ojos y mírame, abuela!".
Los arrugados párpados de su abuela se abrieron lentamente, y una tenue chispa de reconocimiento iluminó sus ojos cansados. "Yvonne, estás aquí...".
"Abuela, ¿qué pasó?". Las palabras de Yvonne salieron atropelladamente, en un torbellino de pánico. "La enfermera dijo que solo te sentías un poco mal y que me echabas de menos. ¿Por qué tu estado parece tan grave?".
"Le pedí a la enfermera que no te alarmara demasiado. Yvonne, creo que no me queda mucho tiempo", respondió la anciana.
"¡No! ¡Eso no es verdad!". La mano temblorosa de Yvonne se posó sobre el rostro de su abuela. Una rápida evaluación le bastó para confirmar sus peores temores:
a su abuela realmente no le quedaba mucho tiempo.
Las lágrimas trazaron caminos ardientes por las mejillas de Yvonne mientras la tristeza amenazaba con partirle el corazón en dos.
"Yvonne, la vida y la muerte van de la mano. No llores". Los dedos frágiles de su abuela acariciaron la mejilla húmeda de su nieta. "Tener una nieta tan maravillosa como tú me hace sentir satisfecha con mi vida. Solo me preocupa cómo te las arreglarás después de que yo me haya ido".
"¡Abuela, por favor, quédate conmigo!". Yvonne se limpió las lágrimas rápidamente, forzando un tono alegre en su voz. "Saldré de prisión dentro de un mes. Entonces nunca me alejaré de tu lado. ¿Recuerdas cómo anhelabas regresar a nuestra ciudad natal? Cuando te recuperes, iremos juntas".
"Eso sería encantador". La mirada de su abuela reflejaba una ternura infinita. "Trae a Shane también".
Aunque su corazón sabía que no era así, Yvonne asintió fervientemente. "Claro. Shane quería estar aquí hoy, pero asuntos urgentes de trabajo requerían su atención".
"El trabajo siempre va primero". Su abuela extrajo un colgante de media luna de debajo de la almohada y lo depositó en la palma de Yvonne.
El colgante estaba hecho de jade de alta calidad y tenía un pájaro tallado.
"Yvonne, guárdalo bien. Es tu...". La repentina apertura de la puerta interrumpió las palabras de la anciana.
La imponente presencia de Shane llenó el marco de la puerta, su traje oscuro resaltaba su estatura. Se movía con elegancia.
La alegría iluminó el rostro manchado de lágrimas de Yvonne. "¡Abuela, mira! ¡Shane vino a verte!".
Pero cuando él se acercó, había algo raro en su expresión.
Su habitual máscara de fría indiferencia se había agrietado; parecía inusitadamente ansioso y preocupado. "Yvonne, Jade necesita una transfusión de sangre inmediata".
Las palabras apuñalaron la momentánea felicidad de Yvonne. Había pensado que Shane estaba preocupado por su abuela, pero resultó que solo estaba preocupado por Jade Davis.
Por supuesto. En el mundo de Shane, nadie podía eclipsar a su amor de la infancia, su llama inextinguible, Jade. Todos los demás quedaban en un segundo plano.
Yvonne luchó por contener el dolor familiar en el pecho. "Mi abuela yace aquí, gravemente enferma. Debo quedarme a su lado. ¿No puede Jade usar las reservas del banco de sangre?", respondió.
"Aquí no hay ese tipo de sangre rara, y el banco de sangre más cercano está a una hora de distancia. Jade no puede esperar tanto tiempo". Los dedos de él se cerraron alrededor de la muñeca de ella como tenazas de acero. "Yvonne, su vida está en juego. Tienes que venir conmigo ahora mismo".
"¡No dejaré a mi abuela! ¡Suéltame!". Los forcejeos de la joven resultaron inútiles contra la fuerza de su esposo.
"Yvonne...". La frágil voz de su abuela la llamó por su nombre, y su mano se alzó hacia su nieta. "Nunca te hablé de tus padres. La verdad es que tú...".
"¡Abuela!", gritó la joven, pero él ya la había arrastrado fuera del cuarto antes de que pudiera escuchar el resto de las palabras de su abuela.
Aunque el protocolo limitaba las donaciones de sangre a cuatrocientos mililitros, Shane exigió el doble de esa cantidad a su esposa.
Esto la dejó pálida como un fantasma y temblando tras la donación.
A pesar de su debilidad, se forzó a ponerse de pie, apoyándose en la pared mientras caminaba a trompicones hacia la habitación de su abuela. La escena que la recibió hizo que su mundo se tambaleara: el silencioso respirador, el cuerpo inmóvil de su abuela cubierto por una sábana blanca...
Las piernas le fallaron y se desplomó en el suelo.
El dolor le había robado hasta las lágrimas. Se arrastró con sus extremidades temblorosas hasta llegar a la cabecera de la cama.
"No... Abuela... No me dejes...". Se aferró a la mano sin vida de su abuela, ahogándose en olas de desolación.
"Mi más sentido pésame, Yvonne". La voz grave de Shane atravesó su angustia con frialdad. "Jade ya está estable. Gracias por tu ayuda... Por cierto, la cárcel requiere tu regreso inmediato".
El pecho de Yvonne se oprimió con un dolor insoportable mientras se aferraba desesperadamente a la pierna de Shane. "Shane, por favor", suplicó con los labios temblorosos, "ayúdame a pedir un permiso a las autoridades de la prisión. Mi abuela ha fallecido y tengo que encargarme de su funeral. No puedo volver a la cárcel ahora".
El rostro de Shane se endureció con desaprobación. "Las regulaciones de la prisión no son algo que podamos saltarnos a base de dinero. Tu dolor es comprensible, pero tienes que pensar con racionalidad antes de hablar".
"¿Pensar con racionalidad?". Yvonne lo miró fijamente, con la voz temblando de emoción. "Llevo once meses en prisión y cuatro veces has organizado mi salida temporal para donar sangre a Jade, todo ello valiéndote de tu influencia. ¿Por qué esta vez es diferente?".
"Las circunstancias no son comparables", respondió él con frialdad.
"¿Cómo puedes decir eso?". La voz de Yvonne se quebró, cargada de pura angustia mientras continuaba su súplica. "Entiendo que Jade ocupa el lugar más importante en tu corazón, pero mi abuela acaba de morir. Ella me crio y ni siquiera pude estar a su lado en sus últimos momentos. Debo acompañarla en este último viaje, no soporto la idea de dejarla marchar sola. "Shane, te lo ruego, solo haz esto por mí".
"Aún tienes un tío, ¿no? Te ayudaré y me aseguraré de que tu abuela reciba un funeral digno", dijo Shane.
"No se trata de eso". Las lágrimas corrían sin control por las mejillas de la joven. "Mi abuela ya no está. Un funeral lujoso no significa nada ahora. Solo quiero despedirme de ella en persona. Si me concedes esto, te juro que donaré sangre por Jade siempre que sea necesario".
La mirada de Shane se volvió glacial mientras la observaba desde arriba. "¿Pretendes usar la donación de sangre como moneda de cambio? Es tu obligación para con Jade. Si no fuera por ti, ella no estaría en una silla de ruedas".
Yvonne cerró los ojos con fuerza. Podía sentir cómo las palabras de Shane le atravesaban el corazón.
El incidente con Jade había ocurrido hacía un año. Esta se había caído por las escaleras y sufrió una lesión en la columna vertebral que la dejó paralizada de cintura para abajo. Había acusado a Yvonne de empujarla.
La familia Brooks condenó unánimemente a Yvonne. Sin grabaciones de vigilancia ni testigos que demostraran su inocencia, la joven quedó indefensa ante las acusaciones.
Shane, su esposo, le había dado el ultimátum: "Yvonne, el sufrimiento de Jade es inmenso. Las consecuencias legales son necesarias, considerando lo que le has hecho. "Ese tipo de agresión suele conllevar de tres a diez años, pero la compasión de Jade la llevó a pedir solo un año".
La ironía de todo aquello le había dejado a Yvonne un sabor amargo.
Al principio se negó a ir a la cárcel y exigió la intervención de la policía.
Pero Jade había presentado una prueba contundente: un video que mostraba a Yvonne empujándola por las escaleras.
El recuerdo de la repulsión en las miradas de toda la familia Brooks al ver el video todavía la atormentaba.
Era como si creyeran que incluso respirar el mismo aire que ella era desagradable.
***
Los guardaespaldas de Shane finalmente escoltaron a Yvonne de regreso a su celda.
La grave pérdida de sangre, sumada al inmenso dolor, la dejó postrada en cama dos días, con el cuerpo demasiado débil para moverse.
Al tercer día, el destino le asestó otro cruel golpe. En la sala de recreo de la prisión, la televisión transmitía la extravagante celebración del cumpleaños de Jade.
Los medios informaban de que el CEO del Grupo Brooks, Shane, había gastado cien millones en la celebración.
La pantalla capturó a Jade en su silla de ruedas, radiante a pesar de su condición.
Shane estaba atento a su lado, su expresión irradiaba ternura y devoción.
Juntos, se veían realmente bien, como una pareja hecha en el cielo.
Nuevas lágrimas trazaron surcos silenciosos en las mejillas de Yvonne mientras la realidad la golpeaba.
Ese mismo día enterraban a su abuela Margarita. Mientras tanto, Shane, el hombre que había prometido ayudar con el funeral, organizaba una fiesta por todo lo alto para Jade.
En ese momento de dolorosa claridad, Yvonne finalmente comprendió la amarga verdad: el corazón de Shane no albergaba el menor amor por ella. Ningún sacrificio que hiciera sería jamás suficiente para cambiar eso.
Yvonne tenía un secreto: había amado a Shane durante diez años.
Shane había existido una vez en un mundo que estaba mucho más allá de su alcance, mientras que ella no era más que un rostro entre la multitud; sus caminos nunca debieron cruzarse.
El destino había intervenido tres años atrás con un devastador accidente de auto que había dejado a Shane en coma.
La familia Brooks había agotado todos los recursos médicos, consultando a innumerables eminencias sin éxito.
Fue la abuela de Shane, Lidia Brooks, quien recurrió a creencias supersticiosas. Sugirió que el matrimonio podría traer la buena fortuna necesaria para restaurar la salud de su nieto.
El destino dio otro giro inesperado cuando Jade, la prometida del joven, fue secuestrada repentinamente.
Con la fecha de la boda acercándose, Lidia había buscado desesperadamente otra novia con un horóscopo compatible. Entonces había descubierto a Yvonne, que en ese momento trabajaba a tiempo parcial como cuidadora para la familia Brooks.
Casarse con Shane le ofrecía una oportunidad inestimable a Yvonne: su abuela enferma recibiría tratamiento en el hospital del Grupo Brooks.
El hospital era uno de los mejores de Zlamsas, y la gente de a pie no podía permitirse recibir tratamiento allí.
Yvonne había aceptado el matrimonio sin dudarlo, pero sus razones iban más allá de buscar atención médica de primera para su abuela.
Durante siete años había albergado un amor no correspondido por Shane. Había estado dispuesta a cuidarlo incluso si él nunca salía del coma.
Un mes después de la boda, Shane se había despertado milagrosamente.
Su furia al descubrir el motivo de su matrimonio con Yvonne lo llevó a exigir el divorcio de inmediato.
Sin embargo, estas exigencias cesaron abruptamente cuando descubrió que Yvonne compartía el mismo tipo de sangre que Jade.
A partir de ese momento, Yvonne se había convertido en nada más que el banco de sangre viviente para Jade.
Decidida a hacer feliz a Shane, Yvonne había asumido esta carga en silencio.
Durante dos años, se dedicó a cuidar de Shane y su familia, esforzándose por ser la esposa ideal, hasta que la falsa acusación de Jade la llevó a la cárcel.
Diez años, había amado a Shane durante diez años.
Le había entregado su amor más puro y su devoción más abnegada, pero ¿qué había recibido a cambio?
Shane solo tenía ojos para Jade, y su corazón le estaba vedado.
Quizá había sido ingenua al esperar que algún día él se preocupara un poco por ella.
***
La lluvia caía a cántaros desde un cielo plomizo el día que Yvonne salió de la cárcel.
Nadie fue a recogerla. Tras un largo viaje en varios autobuses, llegó a Villa Serenidad, la residencia de Shane, con la ropa pegada al cuerpo por la lluvia.
El lector de huellas le permitió el acceso. Al entrar, se encontró con Shane, que bajaba las escaleras, con una apariencia impecable en marcado contraste con el estado desaliñado de ella.
La sorpresa se reflejó en el rostro de Shane al verla. "¿Qué haces aquí?", preguntó.
Los dedos de Yvonne temblaron al responder: "Hoy he salido de la cárcel".
"Ah, lo había olvidado". Shane se detuvo brevemente ante ella. "Descansa un poco. Yo ya me voy".
"Shane", lo llamó Yvonne de repente. "Necesito hablar contigo de algo".
Shane miró impaciente su reloj. "Podemos hablar cuando vuelva".
Cuando Shane pasó junto a Yvonne, ella lo agarró de la manga para detenerlo. "No tardaré mucho".
Shane se detuvo a regañadientes, con la irritación evidente en su expresión. "Sé breve".
Yvonne estudió su perfil perfecto, con una leve sonrisa en el rostro. "Shane, divorciémonos", declaró con un tono resuelto.
La confusión de Shane fue palpable cuando se giró para mirarla. "¿Quieres el divorcio porque no fui a recogerte a la cárcel?".
"No se trata de hoy". La sonrisa de Yvonne no vaciló. "De verdad quiero el divorcio. "Podemos encargarnos de los trámites cuando estés libre".
"Yvonne, ahora no tengo tiempo para tus tonterías". La expresión de Shane se ensombreció mientras se soltaba de su mano. "Deberías darte una ducha y aclarar las ideas. No estás pensando con claridad".
Después de que Shane se fuera, Yvonne se quedó inmóvil, perdida en sus pensamientos.
Shane pensaba que no estaba pensando con claridad, pero no era cierto. De hecho, su mente nunca había estado más lúcida.
***
Arriba, Yvonne se dio un baño y encendió su celular, que estaba completamente cargado.
La esperaba un mes de mensajes de WhatsApp, ninguno de Shane.
Mientras se desplazaba distraídamente por sus notificaciones, se quedó helada al ver algo.
Jade acababa de publicar un estado. "El verdadero amor se demuestra con una compañía duradera".
La foto que lo acompañaba mostraba a la joven sonriendo a la cámara mientras Shane pelaba una manzana a su lado, la imagen perfecta de la devoción.
Yvonne parpadeó. Así que por eso Shane había tenido prisa por marcharse, sin querer siquiera hablar con ella del divorcio. Había estado ansioso por ir a pasar tiempo con Jade.
Un dolor familiar se apoderó de su corazón, extendiendo un entumecimiento por su pecho.
Yvonne ya había visto antes numerosas publicaciones de Jade alardeando del afecto de Shane en las redes sociales.
Cada publicación le desgarraba el corazón, pero, por alguna razón, no podía dejar de mirarlas.
Ahora, por fin, decidió poner fin a este ciclo de tormento.
Sus dedos se movieron con rapidez mientras eliminaba a Shane y a Jade de sus contactos de WhatsApp.
Tras ducharse, Yvonne acababa de vestirse cuando sonó su celular;
el nombre de Shane brillaba en la pantalla.
¿No se suponía que estaba pasando tiempo con Jade ahora? ¿Por qué la llamaba?
Dudó un momento, pero al final contestó: "¿Shane?".
"¿Borraste a Jade de WhatsApp?", preguntó él.
"Sí. ¿Qué tiene de malo?", respondió ella.
"¿Tienes el descaro de preguntar eso?". El veneno goteaba de las palabras de Shane. "Jade quería felicitarte por tu liberación, pero luego descubrió que la habías borrado. Pensó que aún le guardabas rencor. Se derrumbó al recordar cuando la empujaste por las escaleras. Yvonne, ¿cuándo dejarás de causar problemas?".
Sus agudas palabras atravesaron el corazón de Yvonne, pero mantuvo la compostura. "Shane, soy libre de borrarla si quiero", dijo.
"¿Cómo puedes hablar de libertad?". La voz de Shane se volvió más fría. "¡Jade es una paciente, Yvonne! Ya está atrapada en una silla de ruedas por tu culpa. Ahora es frágil emocionalmente. ¡Lo menos que podrías hacer es mostrar algo de compasión!".
Los labios de Yvonne se curvaron en una sonrisa amarga mientras cerraba los ojos, conteniendo las lágrimas. "Si es tan frágil como dices, entonces es una razón más para que mantenga las distancias, no vaya a ser que me vuelvan a responsabilizar de su sufrimiento".
"Yvonne, no...".
Yvonne no dejó que Shane terminara. La llamada terminó con un fuerte chasquido. Sin perder un instante, bloqueó su número.
Después, se preparó un plato sencillo de espaguetis y comió en silencio, abrumada por sus pensamientos. Luego, paraguas en mano, se dirigió al cementerio.
Lloviznaba con calma, empapando la tierra. Yvonne permaneció de pie ante la lápida de Margarita durante lo que le pareció una eternidad, con el peso de sus emociones oprimiéndole el pecho.
Cuando regresó a Villa Serenidad, ya era de noche. Nada más entrar, vio a Shane sentado en el sofá del salón.
Yvonne se quedó paralizada un momento, sorprendida por su presencia. Por lo general, cuando Shane estaba con Jade, no volvía a casa hasta altas horas de la noche, después de que ella se hubiera dormido.
Sin querer indagar en el inusual comportamiento de Shane, Yvonne lo ignoró y se dirigió escaleras arriba.
"Detente ahí mismo". La voz de Shane cortó el silencio como un cuchillo.
Yvonne se detuvo, pero no se dio la vuelta.
Shane se levantó del sofá y caminó hasta colocarse delante de ella, clavando su mirada en la suya. "Te has vuelto atrevida, ¿verdad? ¿Colgarme e incluso bloquear mi número?".
Yvonne no dijo nada, con el cuerpo en tensión mientras intentaba pasar a su lado. Pero Shane la agarró de la muñeca con firmeza. "Te estoy hablando. ¿Qué te pasa? ¿La cárcel te dejó sorda?".
Las palabras hirieron a Yvonne, pero lo miró a los ojos y dijo, con la voz temblorosa por la emoción contenida: "Sí, Shane, estuve en la cárcel. Mi vida ya está en ruinas por ello. ¿No es suficiente castigo para ti?".
Shane frunció el ceño mientras sus ojos recorrían su rostro. Se fijó en la hinchazón alrededor de sus ojos, en el leve enrojecimiento. "¿Has estado llorando? ¿Fuiste a visitar la tumba de tu abuela?".
Yvonne se esforzó por contener las lágrimas. "No estuve allí cuando la enterraron. ¿Necesito tu permiso para visitarla ahora?".
La expresión de Shane se ensombreció al oír eso. "Yvonne, la razón por la que presioné para que volvieras a la cárcel ese día fue porque no quería que te sumieras en tu dolor. Era por tu propio bien".
"¿Por mi propio bien?". Yvonne soltó una carcajada hueca, cargada de amargura. "¿Te estás escuchando? Ya ni siquiera sabes mentir de forma convincente, Shane".
Con un tirón brusco, se soltó de la muñeca. Su voz era firme ahora, fría y definitiva. "Estoy harta de ti, Shane. Acabemos con esto. Divorciémonos".
***
Yvonne fue al vestidor del dormitorio principal y sacó una vieja maleta para guardar sus pertenencias.
Quería dejar atrás todo lo que la familia Brooks le había dado después de la boda, así que apenas tenía qué llevarse.
"¡Yvonne, déjate de dramas!". La exasperada voz de Shane cortó el silencio. "Solo fue un año en la cárcel. Me aseguré de que no te maltrataran allí. ¿Qué más quieres?".
Las manos de Yvonne se detuvieron sobre su ropa mientras giraba la cabeza para mirarlo. "Sin duda te aseguraste de que me trataran de forma diferente. Cada comida estaba repleta de espinacas e hígado para reponer mi sangre, manteniéndome lista para la siguiente transfusión para Jade".
Shane frunció el ceño. "Así que esto vuelve a Jade. Las transfusiones le salvaron la vida. Trabajas en medicina, deberías tener algo de compasión. Y te compensé generosamente".
"¿Compasión?". Una carcajada hueca escapó de los labios de Yvonne. "Muéstrame un médico que se haya desangrado por un paciente".
Señaló la pared de bolsos de lujo, una colección valorada en cientos de millones, codiciada por innumerables mujeres.
"¿Esta es tu idea de compensación? Un bolso por transfusión. Siempre me tocan los que Jade rechazó".
Cada bolso era una selección de Jade, y Shane lo pagaba.
Jade se quedaba con los que prefería, dejando a Yvonne con las piezas ostentosas, caras pero poco prácticas para el uso diario.
Yvonne nunca había pedido bolsos, pero tanto Shane como Jade creían que intercambiar sangre por bolsos de lujo era un buen negocio para ella.
"No me llevaré ni un solo bolso", dijo Yvonne con una leve sonrisa. "Quédate con tu compensación. Nunca acepté donar mi sangre".
Shane se masajeó las sienes.
A lo largo de su matrimonio, Yvonne se había mantenido obediente, enfurruñándose de vez en cuando, pero nunca desafiante, nunca hablándole así.
Shane agarró a Yvonne por los hombros, suavizando su tono. "Sé que estás molesta después de haber estado tanto tiempo en la cárcel. No peleemos, ¿de acuerdo? Le pedí a Zoe que preparara tus platos favoritos. Vamos a comer juntos".
Yvonne se zafó de sus manos, agarró su maleta y se dirigió hacia la puerta.
Al segundo siguiente, en un movimiento fluido, Shane la alzó en brazos.
Antes de que Yvonne pudiera resistirse, Shane la colocó sobre la mullida cama.
Le sujetó las manos por encima de la cabeza, su aroma la rodeó mientras le susurraba al oído: "Yvonne, deja de estar enfadada, ¿quieres? Esta noche te haré el amor hasta que estés satisfecha".
El corazón de Yvonne retumbó en su pecho.
Antes, cuando la ira se apoderaba de ella, siempre se derretía ante las artes amatorias de Shane, dispuesta a perdonarlo.
A Shane le divertía este patrón, y se la llevaba a la cama cada vez que ella mostraba su descontento.
Su dominio sexual siempre la abrumaba, llevándola al límite hasta que rompía a llorar, suplicando clemencia y aceptando todas sus exigencias.
La respiración de Shane se profundizó mientras reclamaba los labios de Yvonne y sus dedos desabrochaban los botones de su blusa.
Yvonne volvió de repente a la realidad, luchando por liberarse. "No... no quiero esto...".
"¿No quieres esto?". Shane levantó la cabeza, con el deseo brillando en sus ojos mientras la contemplaba bajo él. "Ahora dices que no, pero pronto te aferrarás a mí, suplicando más...".
El calor inundó las mejillas de Yvonne al oír eso.
Los labios de Shane se curvaron mientras le besaba el cuello. "Este último año sin ti fue una tortura... Trabajaba hasta tarde casi todas las noches solo para contener mis deseos...".
Más allá de los enormes ventanales, el silencio envolvía la noche, roto solo por el constante tamborileo de la lluvia. Dentro de la habitación, el aire estaba cargado de pasión.
Tres años de matrimonio le habían enseñado a Shane todos los matices del cuerpo de Yvonne. Cada uno de sus toques estaba calculado con precisión para romper su resistencia.
Yvonne se estremeció, con el cuerpo tenso mientras se aferraba a su desmoronada determinación. Aunque luchaba contra él, Shane parecía decidido a arrastrarla a la pasión del momento, negándose a soltarla.
Shane murmuró: "Yvonne, te deseo...".