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El convicto

El convicto

Autor: : Rossetica
Género: Otros
Se salía de toda lógica posible el deseo que le recorría la piel, solo de verla. Ya olerla, era perderse... y cuando la tocó, firmó su condena perpetua. Detrás de puertas discretas, se encierra el oscuro mundo de la mafia. Allí... está condenado él. Y dentro del placer de su cuerpo, vive presa ella. Ambos pertenecen a un mismo mundo, donde la persecución y el espionaje se cruzan en el camino que los conduce hacia el pecado. Pecando por sobrevivir, pecando por amar, pecando en otra piel. Una historia oscura, entre barrotes de mafia y cárceles de pasión.

Capítulo 1 1

Amanecí en una cama que no era la mía, con un tío que no era mi prometido y con marcas en el cuerpo, que evidenciaban que había follado como una vulgar zorra con aquel desconocido al que en ese justo instante, le veía medio cuerpo desnudo y el resto tras una toalla cuidadosamente amarrada a la altura de su cintura mostrando un excelente torso trabajadísimo que parecía sobrehumano, además de una sombra sexi sobre su cuadrada y exquisita mandíbula, unos ojos negros que me asustaban y un húmedo cabello también negro y abundante, que aún chorreaba de la reciente ducha que se veía se había dado..

. Evidentemente mientras yo estaba fuera del aire.

Aquel hombre me observaba risueño, con las comisuras de sus labios danzando al compás de su divertida expresión y bebiendo una tasa de café humeante que me gritaba a toda voz que era de día, que no había dormido en mi casa, que mi seguridad se había esfumado, además de saberme en muchos problemas, sobre todo por el simple hecho de no saber cómo rayos había llegado hasta allí ni dóndeera que estaba, y sobre todo y lo más preocupante, no sabía quién demonios era él.

Me enderecé aguantando una sábana contra mi pecho apoyándome con la otra mano en la cama, tratando de cubrir lo innecesario ya, y haciéndole sonreír más todavía seguramente por lo absurdo de mi recato dadas las obvias circunstancias, mientras se recostaba sobre una mesa de madera oscura y estiraba las piernas para colocar finalmente un tobillo sobre el otro al final de su maniobra.

Cuando bebió tanto como quiso y dejó la tasa sobre la mesa, se apoyó con sus dos manos a los costados de sus caderas que desembocaban en una v exquisita, ví en una de sus muñecas una manilla de oro blanco, con una placa cuya inscripción desconocía y que me refractaba en la cara un naciente rayo de sol. Sin pasar desapercibido para mí,el despliegue de músculos muy bien construidos en aquel abdómen desnudo.

La habitación era la típica suite de un adinerado pijo, que probablemente usaba como su picadero y en la que evidentemente nos habíamos revolcado. Y no es que quisiera encacillarlo en esa categoría... es que se le veía por encima hasta de su desnudez. Todo en él lo decía a gritos. Era un millonario estirado barra follador experto. Si es que no había más que mirarlo para saberlo.

¡Joder!

La decoración de allí era majestuosa. Todo lujo. Hasta las cortinas que colgaban de los techos, regadas por suelo al final de su extensión y colocadas como tapasoles para dar privacidad y oscuridad a la habitación se adivinaban de alta calidad. Aunque mi anfitrión no se había molestado en nada más allá de disfrutar de mi desasosiego y desorientación. Su expresión delataba su diversión ante la mía.

Menudo par.

-Es difícil que una mujer hermosa se supere su belleza al amanecer y sin maquillaje -la voz profunda y oscura que tenía me erizó la piel, incluso bajo las sábanas y medio asustada me dejé llevar por el marfil cincelado de sus dientes -pero tu hermosura no conoce límites -me halagó impulsándose con sus caderas hacia adelante, para enderezar su postura y caminar hasta mí, que me eché un tanto hacia atrás, pelin asustada -eres de una perfección al nivel de una diosa -algo en su voz me silenciaba, me controlaba, me seducía y ya cuando llegó hasta mí, y me acarició los labios con su pulgar ansioso, tuve que inclinar la cabeza hacia arriba para poder mirarlo a los ojos de tan alto que era y tan cerca que estaba -la beldad de tu rostro impresiona y supera incluso a la misma venus -metió su dedo en mi boca y no sabría nunca decir por qué, lo chupé con pasión, adorando la oscuridad en su mirada abrasadora y callada, sin poder evitar contemplar con ardor sus ojos -y cuando te he poseído he sentido, que nadie nunca podrá superar tu arte amatorio... hermosa venus.

Cada palabra era cuidadosamente pronunciada, al compás de sus giros con aquel dedo dentro de mí boca y alrededor de mi lengua momentos antes de sacarlo y bajar hasta mí, para tomar la esquina de mi barbilla y obligarme a besar sus labios de manera fiera y lenta, como jamás había besado a nadie, y desde luego no estaba preparada para rechazar. Me sentía hipnotizada. Poseída por él y completamente obnubilada.

Cuando sus labios domaron los míos e impusieron una armoniosa danza, se me cayó la sábana a la que me aferraba y trepé por su cuerpo sin vergüenza alguna. Me puse de rodillas en la cama aferrándome a sus antebrazos, encontrándome a medio camino de su inclinación hacia mí para quemarme en aquel beso. Me atrapó por las dos franjas dorsales y sentí que gimió en el mismo beso en que yo jadeé.

Si bien mi mente estaba vacía de recuerdos, y cabía la pobre posibilidad de que incluso me hubiese secuestrado, podría jurar en aquel único instante, que sufría de síndrome de Estocolmo porque aquel hombre me fascinaba y eso era dañino para ambos. ¡Yo tenía un peligroso dueño!

Con una última mordida a mi lengua y una separación brusca por parte de ambos decretó:

-Es una pena que a pesar de todo eso hayas sido solamente el objeto del deseo de un diablo como yo...

Esas fueron las últimas palabras que aquel hombre me diría. Casi un insulto si las analizaba bien, pero la promesa escondida dentro de mi mente, presumiendo un posible y futuro recuerdo de aquel tórrido encuentro sexual, no me dejaba analizar más allá de qué demonios había pasado la noche anterior.

Dejándome igual de callada, privándome con su supremacía de todo acto de raciocinio, me quedé observando perpleja como se alejaba sin mirar atrás, avanzando justo a un costado de mi izquierda, bordeando mi ubicación aún de rodillas en la cama y llegando al final de un corto espacio en aquella habitación, que lo llevó hasta una puerta disimulada entre las formas de la pared y cuando la abrió con habilidad insultante, debido al mensaje implícito que había detrás de aquella acción, que efectivamente ratificaba mi anterior apunte referente a un posible picadero por su tendencia pija al sexo sin compromiso, dijo:

-Cierra la puerta cuando te marches y en el baúl están tus cosas, la habitación está pagada, puedes recuperarte de mí a solas, si así lo deseas...por cierto -me señaló idiota -hermosos pechos y con un sabor exquisito.

Su manera casi despótica de referirse a mí me envaró. Me sentí insultada y usada a pesar de que yo solita le había permitido la mitad de lo que había hecho y todavía, ahora que tenía la posibilidad de encararlo e indagar sobre lo de anoche, simplemente había decidido volver a dejarme llevar por la seducción de aquel hombre que se veía muy bien entrenado en ese deporte... si se me permite la metáfora.

-Eres el tío más patán que alguna vez me he follado, pedazo de estúpido.

Detrás de mi intempestivo grito de agresión verbal, movido por su desfachatez y crudo machismo rozando la misoginia, me cubrí con las sábanas de nuevo y soporté su asquerosa risa, llena de una autosuficiencia que era para golpearlo. Estaba de un cabreo que iba en aumento.

-Cuando recuerdes lo que ha sido follar conmigo... volveremos a tener esta conversación, venus.

-¡Vete a la mierda, cabronazo!...

Le lancé un zapato que encontré sobre el cabezal de la cama. No quería ni pensar como había sido de brutal nuestra batalla en aquella cama, para que mi zapato estuviera allí. Tenía que haberme reclamado de manera épica y encima me había dejado lagunas mentales. O más bien, océanos mentales porque no recordaba una mierda.

Se fue riendo a mandíbula batiente y me dejó gruñendo improperios y a punto de darme de hostias a mí misma por haber sido tan gilipollas como para meterme a la cama de un capullo como él, y encima ni acordarme de haberlo hecho. Menuda subnormal...

... Efectivamente había encontrado en el baúl, todas mis cosas.

Mi ropa. Mis putas bragas rotas y los ligueros hechos pedazos. El jodido vestido hecho un amasijo de tela inservible que se veía que aquella bestia había roto. Y mi móvil, como única cosa funcional.

Ni rastro de mis pastillas, y el maldito preservativo sin usar en mi bolso.

¡Joder,joder y joder!

¡¿Me había acostado con él sin protección?!, maldita sea. No lo podía creer.

¡Me cago en todo mis muertos!

Las pastillas para fertilizarme no estaban en su estuche y joder, si me las había tomado estaría perdida.

Definitivamente me había lucido. Si mi padre y David se enteraban que había accedido a tomarme las pastillas, montarían la de Dios y estaría bien jodida.

Puto alcohol y puto francés.

Justamente por haberme puesto tan jodidamente molesta debido a la reunión con aquel hombre (el francés) había acabado en aquella desastrosa situación.

El teléfono empezó a sonar en el mismo momento que lo tomé y enseguida lo contesté agitada.¡ Dios, ayúdame!

-¡Huy Sarita, la he liado pero bien!- fue lo primero que le contesté a mi hermana que era quien llamaba.

Metí la cabeza dentro de mi mano libre, sentándome desnuda en una esquina de la cama de la habitación de aquel capullo.

Inconscientemente miré en derredor buscando su posible presencia, pero suspiré al comprobar su ausencia.

No me apetecía volver a verlo en mi vida.

¡Idiota!

-¿Dónde coño estás Erika?, papá está furioso y David ha pasado toda la noche enloquecido, no sabes la que hay liada aquí por tu culpa y todo lo que he tenido que inventar, joder tía, que siempre me la montas...

Mi hermana me regañaba como si yo no tuviera suficiente ya.

La mañana prometía.

-No sé ni donde estoy, ni cómo llegué hasta aquí ni cómo voy a salir de este marrón, ¡Ayúdame,por favor!

No tenía tiempo de explicar nada, sobre todo cuando no podía ni explicármelo a mí misma.

Solo me miraba desnuda, totalmente perdida en aquel lugar y sin saber cómo y con qué ropa saldría de allí.

-Dice Alex que ya localizó tu móvil y va para allá, tú te vienes cagando leches, que le dije a papá que dormiste en el hotel de Sammy -sonreí por las hermanas que tenía y asentí obediente, como si ella pudiera verme -el francés está en camino tía, tienes quince minutos para estar lista y ni siquiera sé donde estás.

-Deja que te cuente Sarita, ahora sí la he cagado pero en grande...

Cuando colgué, me fuí hasta el baño y detrás de la puerta encontré un albornoz, lo tomé, me lo puse y empecé a buscar desesperada por las gavetas de allí, una bolsa para llevarme mis cosas rotas pero no podía dejar evidencia de que Erika Montalvan había dormido en aquel sitio en paradero desconocido para mí. Me tenía que largar de allí con su olor impregnado en mi piel porque no había tiempo para bañarme. Ya lo haría en mi casa, si llegaba. Y si mi padre no descubría lo que había hecho antes de entrar a mi cuarto de baño.

Esta noche me había corona'o. Mi papá estaría furioso si pudiera verme.

Era un poderoso narcotraficante que me había metido de cabeza a su mundo al que ya me había adaptado a sobrevivir y gobernar. Hasta que ahora, cuando estaba a punto de casarme con uno de sus socios, se le metía en la cabeza aliarse con un puto francés con ínfulas de poder, y que me irritaba incluso sin conocerlo. Sabía que mi padre estaba detrás de un convicto que incluso desde la cárcel le estaba tocando las narices y muy bien, y que para identificarlo necesitaba su apoyo pero es que yo me bastaba solita para averiguar quien coño era aquel tipo, y tener a un extranjero a mis espaldas no me hacía ni puta gracia. Yo sería suficientemente capaz de llegar hasta el convicto sin ayuda de nadie. Pero papá, no lo veía así.

Pensando en todo aquello iba, dentro del coche de Alex, el guardaespaldas de mi hermana Sara, con solo un albornoz puesto y sin imaginar todo lo que sucedería en mi mente en los siguientes minutos, cuando veo que se abre el portón para entrar a nuestro rancho y nos detuvimos justo al lado de un coche que no era de la familia, en el que iba un alguien, con la ventanilla baja y una mano apoyada en ella, mostrando un reloj antiguo que me catapultó de inmediato a los recuerdos de la noche anterior...

...Estaba en uno de esos días, en los que todo el mundo que te rodea, se siente denso y engorroso.

De esos días en los que lo común, parecía un maldito infierno. Donde lo habitual sabía a demasiado más de lo mismo,y donde los demás... aquellos que siempre habían sido los pilares de tu historia,parecían putos pacman intentado devorarse tu vida.

¡Asfixia!... Eso era lo que sentía mientras valoraba si debía avanzar hacia aquel hombre, que me miraba con hambre atroz y juramentos de sexo desenfrenado. Aquel tipo que podía ser mi manera de descompresionar y luego seguir con mi vida como correspondía, sin que nadie nunca supiera de mi desliz. Que no era más, que un respiro. Un frenazo en la intensidad de mi vida, una bocanada de libertad y un episodio de frenesí aislado, entre los brazos del típico guaperas que al siguiente día no se acordaría de la última follada que tuvo, ni sabría con quién la había tenido. Él estaría agradecido de no encontrarme a su lado y tener que echarme, yo regresaría al mismo camino de siempre... El mundo negro al que pertenecía.

Aquel tío, de ojos oscuros, boca entreabierta muy mordisqueable, de labios rojos,barba fina jodidamente sexy, y traje caro carísimo, era el perfecto para darme aquel soplido de sexo salvaje que consiguiera hacerme olvidar quién era, y qué estaba haciendo en aquella fiesta en la que él, era el mayor o único atractivo.

Yo pedía mi bebida sentada en un taburete de la barra, con las piernas cruzadas un muslo sobre el otro, perfectamente acomodada para darle la perfecta vista de lo que pretendía ofrecerle, mientras él sonreía de costado sobre el borde de su trago de whisky seco, dejando solo a la vista un excelente reloj antiguo que resplandecía en su viril muñeca.

Cuando un hombre como ese te mira, te saborea con su lengua en el borde de un vaso y te regala un guiño descarado, no puedes pensar en nada más que la sensibilidad aumentando entre tus piernas, la posibilidad inminente de ser devorada por alguien de un aparente nivel sexual demencial, cosa que se podía imaginar fácilmente, y en ignorar las posibles consecuencias desastrosas que tu cerebro te grita que tendrá el dejarte llevar por él, y que de seguro ignorarás porque no querrás negarte una experiencia como esa; pero yo sin embargo, no podía dejar de encontrar algún tipo de familiaridad en aquel reloj de antaño, perfectamente cuidado y que dado mi conocimiento en joyas antiguas, me seducía casi tanto como él. Muy a pesar de los latidos acelerados de mi corazón, que indicaban que me lanzaría en picado al volcán que se adivinaba sería en la cama. O en el suelo, o contra una pared o sobre las jodidas nubes a las que sabía que me llevaría, porque solo de mirarlo ya sentía que las tocaba.

Llevábamos un rato jugando a las miradas furtivas y ya me sentía al límite de mi paciencia para fingir. Quería romper mis cadenas y lanzarme a aquella piscina de clavado.

Y entonces... metáforas aparte, lo ví mirar la hora en aquel reloj que tanto me llamaba la atención y entendí que tal vez, solo tal vez, me estaba enviando alguna especie de mensaje.

Aquella mirada oscura me exigía que me decidiera de una vez, pues ya ambos habíamos interpretado perfectamente la disposición del otro a darse un revolcón...

Mi flasback inesperado de la no he anterior se vió interrumpido cuando el hombre del coche a mi lado se inclinó sobre su ventanilla y me miró directamente a los ojos, llevando su muñeca doblada frente a su pecho para decirme desde su asiento y señalando con pequeños toques de uno de sus dedos las manecillas de aquel reloj peculiar que me recordaba algo que aún no sabía identificar, la frase que inició la locura en la que se convirtió mi vida a partir de él:

-Llega tarde señorita Montalvan...

Capítulo 2 2

La estupefacción me dominó y no pude reaccionar lo suficientemente rápido como para inquirirle por estar en mi casa y haberme dejado tan expuesta que tuve que salir de aquel hotel a escondidas por la salida de emergencia y en albornoz.

Si coche salió derrapando un poco y entró en mi propia casa antes incluso que el mío.

-Voy a dejarte por detrás, entra por la escalera del servicio y apúrate por Dios. No te bañes.

Asentí a través del espejo retrovisor y no quise hacer preguntas sobre el sensual y maldito que había entrado antes, sé que el guardaespaldas de mi hermana no es muy comunicativo con nadie, a pesar de que con ella es otra historia. Estoy segura que se la ha follado.

Cuando me bajo del coche en la entrada que sugirió Alex, las chicas del servicio, dos de ellas, me observan asombradas y les chisto solamente, pasando a las escaleras directo a mi habitación.

No encontré a nadie más que a mi hermana que salía directamente hacia su guardaespaldas a no sé qué, y me dispuse a vestirme.

Saber que su olor seguía en mi piel, su sabor en mis labios y su presencia en la parte de abajo de mi casa, era enloquecidor. Estaba intrigada y nerviosa, a la par que expectante.

Nunca en mi vida había sentido tantas vibraciones solo con un beso y jamás de los jamases suelo meterme a la cama de un desconocido pero a pesar de no recordar nada, la sensación que me recorre el cuerpo cada vez que me mira es una muda promesa de lo mucho que tuve que haber disfrutado entre sus brazos.

Sin tener tiempo que perder, porque ya evidentemente iba tarde, me puse un vestido púrpura corto, de mangas largas y un cruce sensual entre mis muslos por su parte delantera, tacones Dior altos y negros y solté mi pelo lacio hasta tocarme la espalda baja, solo para sentirme sexy ante sus ojos que me intentaban doblegar.

Aquel hombre y yo tendríamos muchos problemas en el futuro y sabía que no podía confiar en él, pero me costaba ignorar lo que me hacía sentir.

No sabía su nombre, ni sus intenciones ni nada de su vida y sin embargo, sentía que podía verme al desnudo incluso estando vestida y eso me ponía en desventaja, cosa que tenía que cambiar y pronto.

El francés, no podía superarme jamás.

Había que revertir la situación y había que hacerlo ya.

(...)

-Mi trabajo consiste en hacer lo que nadie puede, señor Montalvan -escucho decir al maldito francés desde mi silla justo al frente suyo, teniendo que soportar su acento de mierda que antes no había escuchado -mi existencia no tendría la importancia internacional que tiene -dice con arrogancia -si todos tuvieran un acceso al convicto como lo tengo yo y es evidente -rectifica aplastando su cigarro en el cenicero de papá -que no comparto ciertos secretos con todo el mundo. De hecho la mayoría los conservo solo para mí.

La arrogancia en todo su aspecto me provoca náuseas. Este maldito y sexi tío me está cabreando.

Me revuelvo en mi silla incapaz de mantenerme quieta porque es demasiado irritante él. Sobre todo el saber que no recuerdo cómo demonios me folló, el gilipollas.

-¿Ni siquiera los comparte con las mujeres a las que se folla repetidamente?-pregunta el imbécil de mi novio y me contengo de carraspear insultada. No sé como puede ser tan vulgar estando yo delante -hemos oído que suele consumir bastante sexo, señor Laforte.

Mi padre es incapaz de ocultar su malestar ante la idiotez que ha dicho David y le regaña en voz alta, a lo que el francés del demonio sonríe mirándome a mí con todo el descaro del mundo y sin importarle un ápice de nada, lo que los demás puedan llegar a concluir a oírlo decir:

-Las mujeres que tienen el privilegio de ser devoradas por mí -me sostiene la mirada como si solo él y yo estuviésemos en esa habitación y yo hago lo mismo porque quedo hipnotizada por cada palabra que acaricia sus labios viriles -no suelen acordarse ni de sus propios nombres al otro día, señor Garvia -se muerde una esquina del labio, divertido y descarado, y concluye devolviendo la mirada en esta ocasión con oscura seriedad a mi prometido -pero aún así, es obvio que un político de mi nivel y un poderoso intermediario como yo, no comparte secretos con nadie y mucho menos mientras follo. Si vuelve a hablar de algo que me incomode me levanto y no vuelven a verme en la vida. No tengo tiempo para perder y menos con idiotas que se ponen celosos porque su noviecita no le puede sacar los ojos de encima a un tío que está clarisimamente por encima de su nivel -la boca se me abre y podría llegarme al suelo fácilmente de lo impresionante de su atrevimiento -no me van los jueguecitos de poder, sobre todo cuando el poder... se firma con mi nombre.

El silencio que camina por la habitación es en extremo molesto.

Nadie sabe como reaccionar y sobre todo, nadie se atreve a tomar la iniciativa. Todos aguardan cautelosos y en cierta forma, cobardes.

Mi padre permanece sentado en su silla de espalda alta y con un puño apretado contra su boca mirando al maldito francés, evaluando su próximo movimiento, lo conozco. Mientras David lleva poco a poco la mano hacia su pistola y cuando está haciendo el primer movimiento para sacarla, un compendio de siete láseres rojos se dibujan en su pecho y un octavo entre sus dos tupidas cejas, a lo que yo reclamo interviniendo...

-Por consideración a mí -me señalo el pecho levantándome de mi sitio e inclinándome sobre la mesa sin romper mi contacto visual con aquel cretino -le pido que retire lo que ha dicho, pues ha dejado implícito que usted me interesa señor, y me parece además de una falacia, una falta de respeto en toda regla. Y por favor -cierro los ojos reuniendo valor para suplicar, porque es algo que detesto-deje de apuntarle a mi prometido.

En la habitación estamos solo nosotros cuatro y dos de los mejores guardaespaldas de papá, uno de ellos es Alex, el también chófer a ratos de mi hermana. Y nadie hace nada. Solo aguardan la respuesta del francés, que no deja de mirarme serio, dando toques a su babilla con un memorable dedo para mi y en un punto en que ya ha perdido por completo su sonrisa de suficiencia.

-Aquí les dejo el dossier con los puertos que pueden usar este mes para mover la mercancía -lanzó sobre la mesa de mi padre una carpeta, ignorando mis exigencias y levantando su espléndida figura haciéndome enderezar la mía para estar en igualdad de posiciones, aunque estaba más que claro que no era así -cuando me reúna con el convicto y se organice la próxima entrega, volveremos a vernos -empezó a caminar hacia la puerta para irse como si nosotros no fuésemos más que monigotes que él manejaba a su antojo. Y cuando estuvo a punto de irse, dejando más silencio detrás de su ida, se giró y con la puerta entre sus manos dijo mirándome por encima del hombro -no he retirado lo que dije, porque ha sido tú propio padre quien te metió en mi cama con toda el conocimiento de tu prometido. Te aconsejo que tengas más cuidado la próxima vez que te manden a cerrar un trato. No todos los amantes te pueden dar el placer que yo te dí, preciosa. Hasta la próxima... que debe ser en una semana.

Cuando cerró la puerta detrás de él sentí tanta furia, tanta ira y tanto dolor que agarré el cenicero que había usado antes y lo lancé contra la ventana, rompiendo en pedazos los cristales y acompañando el ruido con un grito rabioso salido de lo más profundo de mi garganta.

-¿Cómo se han atrevido a hacerme esto, joder?...¡Hijos de la gran puta! -yo gritaba como posesa y daba vueltas a mi alrededor completamente dolida y asombrada con aquella noticia con las manos echas puño -has vendido a tu propia hija por un puto negocio y tú -señalé a David con repugnancia -tú no me vuelves a tocar en tu vida. Ahora soy la puta de ese hombre, y todo por vuestra ambición. Miserables de mierda.

Salí de allí dejando atrás de mí todo un revuelo de palabras entre mi padre y David, y podía escuchar perfectamente como papá daba por hecho que yo no tenía más opción que acatar órdenes. Que era mi deber y había sido criada para eso. Que ya se me pasaría.

Nada. Ni una maldita cosa podía hacerme sentir mejor.

Me encerré en mi cuarto y me arranqué la ropa que me había puesto cuando llegué de pasar la noche con aquel hombre sin siquiera haberme dado un baño, salí oliendo a él y creyendo que había sido una infiel cuando en realidad había sido una víctima de mi propia familia, que por otro lado, había dejado más que claro que no todos estaban al tanto, pues según mi hermana, mi padre y David había pasado la noche desquiciados por mi ausencia, sin embargo, la realidad era que la habían pasado fingiendo y si era un poco inteligente, que lo era, podía ver perfectamente que habían pasado la noche preocupados porque el maldito francés quedara a gusto con mis servicios y decidiera hacer negocios con ellos.

¡Que asco de todo!

Duchándome con furor entendí, que aquel hombre tenía un poder sobre mi familia y sobre mí que no parecía muy justificado y que averiguar lo que en realidad estaba pasando, era de vital importancia para salir del intento de prostituta en el que me habían convertido.

Esa noche fue mi padre, quien me recomendó que fuera a despejar mi mente y por eso, había ido sin seguridad. Porque claro, había otra persona que haría conmigo lo que le apeteciera y si no lo recordaba después, mejor.

Si aquel maldito francés no fuese tan descarado y poderoso, nunca habría dicho nada y yo jamas habría descubierto la verdad de aquel complot y me hubiese sentido una maldita infiel, cuando la realidad era otra.

La vileza de lo que me habían hecho no tenia nombre y me sentía asqueada de tanta mierda. La familia necesitaba el apoyo del mencionado convicto, y para llegar a este, había que pasar por el francés que me usaría como quisiera, cuando quisiera y decidiría, si me acordaba o no, de lo que sucediera entre los dos. Era todo tan retorcido que me sentía a un segundo del vómito.

Salí del baño y sentí mi móvil sonar. Caminé hasta él y lo arranqué del cargador con furia. Estaba llena de rabia y dolor.

-¿Quién coño es? -respondí al número privado que me llamaba, con toda la insolencia del mundo.

-Quiero verte hoy. Esto no tiene que ver con nuestros negocios.

La voz grávida de autoridad no se me despintó para nada. Era él. El puto francés.

-Y lo que yo quiera no importa -afirmé. No era una pregunta.

-Lo que tu quieras lo estableceremos después. Quiero verte. Follarte. Y hacerte recordar como se siente tenerme dentro de tí. Ven a mi hotel esta noche. Te contaré lo que pasó ayer y porqué acabaste en mi cama. Pero quiero hacerte mía otra vez.

A pesar de todo lo que envolvía su propuesta, había algo que lo hacía irresistible, además de él mismo por supuesto. Y era la posibilidad de entender hasta donde podía negarme o no a ser su amante, además de saber los detalles de su arreglo con mi padre y mi novio, pues de eso dependería la decisión más importante que tomaría en mi vida.

-Lo que propones me hace sentir como una puta. Ni siquiera sé tu nombre y ...

-¡Jacques...! -interrumpió lo que decía para ronronear su propio nombre de manera erótica y sensual. Lo escuché suspirar y podía jurar que tenía los ojos cerrados -y lo que pretendo es venerarte como a la diosa que eres, venus. Ven a verme esta noche, porque tú lo quieres y yo te deseo. Solo por eso. Ven a verme. Quiero hacerte mía otra vez. Ven, por favor.

Cerré los ojos y me mordí el labio sabiéndome desnuda y con ganas. No podía negarme a mí misma que tenía ganas de saber cómo había acabado siendo moneda de cambio, pero dejarme tomar por él otra vez, sería una falta de decoro a mi misma.

-Iré, si me prometes que no habrá sexo, no quiero acostarme contigo.

-¡Mentirosa!, te mueres de ganas y si te tengo cerca puedo hacer que supliques de deseo, preciosa. Sabes que te encanto.

-Que arrogancia la tuya, Jacques -susurré sonriendo y mordiéndome una uña, mientras me sentaba en mi cama cubriéndome con una almohada, como si él pudiese ver mi rubor.

-Ven a verme y prometo solo hacerte mía si me lo pides. Quiero verte -recalcó ronco.

-Mándame tu ubicación...

Capítulo 3 3

No hago más que colgar el móvil, verificar la dirección que me da, y ya esta sonando otra vez.

En esta ocasión mi hermana, Saymi.

-Espero que estés en casa -dice nada más contesto -estoy entrando a la propiedad y voy directo a saber por qué he tenido que mentirle a papá.

Suspiro hondo y cuelgo detrás de ella.

Mi hermana es así, abogada de profesión y un maldito fiscal en la vida real. Se dedica a dar órdenes y exigir cosas. La amo.

Voy al vestidor y me pongo tanga y sostén cuando ya siento como alguien cierra la puerta de mi habitación. Asumo que es ella.

Pero no.

No lo es.

-Tenemos que hablar -me dice David como si me importara una mierda lo que él quiera.

-Estoy muy cansada de follar, no me apetece hablar ahora.

Sigo hasta mis jeans y me pongo unos blancos, bajo su hambrienta mirada. Se recuesta en la entrada del vestidor con las manos en los bolsillos.

-No me digas eso cariño, yo no quería...

-Pues ahora tendrás que querer -explico mientras me subo la cremallera - El tío quiere follarme de nuevo. Así que te toca mirar, lo que otro va a disfrutar.

Reconozco que a veces soy muy intempestiva y decirle esto es un error, pero me da igual. Me ha jodido y ahora le toca a él.

Lo escucho proferir rugidos a toda voz y sigo a lo mío, no pienso consolar a un asqueroso que va de prometido enamorado y resulta que me empuja encima de la polla de otro. Ahora que se joda.

-¡No vas a ir! -grita mientras se tira un poco del pelo.

-Ya estoy yendo, David. ¿No era eso lo que querías? -le pincho mientras me abrocho las botas negras anudadas por detrás hasta por encima de la rodilla.

-A ver Erika, estás sacando las cosas de quicio -explica intentando parecer calmado...como si me importara.

-Te equivocas David, estoy poniendo al descubierto todas las manipulaciones que me enviaron a ese cuarto de hotel en la cama de semejante tipo.

-¡Es un jodido Dios para tu padre. No pude hacer nada! -sigue gritando y ya estoy a punto de asestarle un puñetazo en la boca -lo necesitamos para que abra el maldito estrecho y el jodido convicto deje de putear el tráfico. Estamos perdiendo dinero. Entiéndelo.

-Si yo lo entiendo -contesto con sorna en el mismo segundo en que me coloco el suéter negro de cuello alto -mientras yo follo, ustedes trafican con mi amante. ¡Oye,igual es un negocio redondo !Dos ventas en una.

-Ya basta Erika, hostias. Casi lo mato cuando dijo lo que dijo allá abajo, pero ya viste que no es nada fácil el tema.

-No me interesa nada de lo que estás diciendo. Mientras a mí me prostituyen, ustedes ganan dinero. Ahora son proxenetas también. Vuestros currículos van en aumento. ¡Enhorabuena!... -hago una pausa antes de escupir -ah, que sepas, que me ha exigido fidelidad -su cara se distorsiona y lo disfruto -no quiere que nadie más que él me toque mientras dure el negocio. Así que ya sabes, sal de mi habitación o mi amante se puede enfadar y papá perderá dinero.

-Voy a matarlo cariño, te lo prometo. Solo dame tiempo, no es tan fácil.

Lo observo marcar algo en su móvil y me atuso el pelo frente al espejo como si nada de lo que decíamos allí, me importara. Soy buena actriz cuando quiero.

-¡Vete de aquí!...

Igual de frío que sus mal gestionadas promesas, es mi tono al referirme a él, a mi padre y al echarlo de mi habitación.

Ya no hay manera de volver a perdonar aquello y a pesar de todo lo que está por delante, yo ya no quiero tener nada más con él.

Nunca lo he amado, y sé que él solo quiere de mí, el poder que mi apellido y estatus le ofrecen, además de meterse entre mis muslos; pero antes yo tenía más que aceptada la situación, sin embargo ahora, tengo más claro que nunca que lo dejaré.

Usaré al francés para mantener a mi prometido lejos de mí y viendo lo que me ha confesado, le pondré en contra de aquel al que me tengo que tirar, y yo misma lo mataré en su momento provocando una guerra interna entre todos para lograr salvar mi negocio y demostrarle a mi padre que no necesita casarme con ningún imbécil para que pueda ser la reina de la mafia.

Y para eso, necesito negociar con el convicto, empezando por sacarlo de la cárcel. Con la ayuda de mi hermana.

(...)

-Yo no ejerzo mi carrera y lo sabes -decreta Sami apoyada en mi cómoda mientras me maquillo -y de hacerlo... seguro que para defender a un narcotraficante que son los seres a los que más desprecio, no va a ser.

Mi hermana nunca ha aprobado a lo que nos dedicamos.

Yo no tuve opción y con el tiempo me acostumbré a este mundo y al poder que supone la mafia, pero ella no lo acepta y odia a papá con toda su alma. Ni siquiera le habla cuando viene a casa. Le culpa de la muerte de mamá y de tener a sus hijas, metidas a este mundo... de cierta manera tiene razón.

-Y, ¿Si te digo que sería para sacar a la familia de todo esto?

Me dolía mentirle porque yo no pensaba salirme del mundo de la mafia, solo que sí del tráfico y alguna cosa más. Pero mi hermana era muy buena en su trabajo y podría confiarle mi vida, ella sería la persona en la que lo dejaría todo.

-No te creo. Te gusta demasiado el poder y va a arrastrarte al pozo de las miserias como no asumas que este mundo no es para tí, además de ser muy, muy, muuuuy asqueroso todo.

-¿Cómo puedo convencerte? -gimo frustrada y me perfumo un poco -necesito ayuda y sabes que no confío en nadie.

-Es que no puedes Erika, sabes que no procede conmigo nada que puedas triquiñuelar, soy perro viejo -suspiro y ella tira de una silla para acercarse a mi y tomarme de las manos -simplemente no hagas lo que te piden, déjame que te saque del país, finge un secuestro y cuando todo se haya desmoronado, te libero y ya está.

Lo pone demasiado fácil y es más complicado que eso.

Hundo mi rostro entre mis manos unidas a las suyas y aspiro todos el au te e que pueda hasta que lo dejo salir de golpe y concreto...

-No es así de simple y sabes que me buscaría más de una persona. No puedo poner en riesgo tu vida y no te atrevas a tomar decisiones a solas. Te conozco.

Me suelta las manos y sé que esta enfadada. Se levanta y camina por la habitación mientra yo meto cosas a mi bolso antes de salir. Tengo una reunión importante con los capos del norte y me deben dinero. Luego me esperan para negociar entre sábanas de placer. Un placer que desconozco.

-En el fondo pones excusas para no dejarlo -me acusa -no sé como puede gustarte esta basura.

-No me gusta -expongo serena y a punto de irme -simplemente es todo lo que sé hacer y algo de lo que no puedo escapar...¿Para que querías verme, en realidad?

-¡Nada! -protesta haciendo amago de restarle importancia a todo, después de lo que ha pasado -ya no tiene sentido. ¿Cenamos el viernes con Claud?

Sonrío y asiento. Adoro a su marido y a mi sobrina de cinco meses. Ellos son la parte inocente de la familia Montalvan, justamente porque los mantienen como si no fueran parte de ella. Y yo, apoyo esa moción. No quiero a mi cuñado ni a mi sobrina bebiendo en la mesa del delito.

...Bajamos juntas y veo como su pelo oscuro juega entre las tiras de su vestido elegante de mamá feliz, y pienso que ella es la que más se parece a mi madre y la única que lleva mis ojos verdes. Sarah es de ojos negros como papá y la menor de las tres.

Samy tiene veintiocho años, yo veintiséis y mi pequeña hermana solo veintiuno. Ella es rubia como papá y con sus ojos sin embargo nosotras morenas, altas y de curvas molestas y grandes pechos como mamá y unas luces verdes en los ojos que sellan nuestra genética.

-Te veo el viernes -me da dos besos en el final de la escalera -no lleves a ese tipo.

-Siempre me dices lo mismo y siempre he ido sin él. ¿No te cansas?

Ella niega y yo sonrío.

-En mi casa no entra escoria más que mis hermanas.

-Vete a la mierda -le doy una nalgada y un beso en la frente. La adoro.

-En ella estoy ahora mismo...mejor me voy.

-¡Que si!...que plasta eres.

Veo como su rostro hace una mueca de asco y se da la vuelta para irse a ver a Sarah, y cuando me doy la vuelta, entiendo todo.

-¡¿Dónde te crees que vas?!

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