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El despertar de la Guerrera Miller

El despertar de la Guerrera Miller

Autor: : Iraya Baute
Género: Romance
Amelia Paola Miller vivido toda su vida bajo el influjo y la protección de su familia, pero sobre todo por la pareja de sus padres, que es la más romántica, especial, amorosa, y estable, que hoy en día, no sólo ha marcado, sino que se impuesto como una necesidad, justamente como les ocurrió a sus hermanos mayores. La heredera, creció con la ilusión de ese gran amor, justo por eso, con apenas doce años, puso sus ojos en mejor amigo de su hermano Roy, y primogénito de los Blake, Angus Blake, hijo de sus padrinos, que tenía dos años más que ella, y alentada por la ilusión, de las dos familias, de que alguna de sus hijas Miller, se casara con Angus. Durante dos años, Angus no le hizo caso, era para él como una niña molestas, como su hermana, a la que tiene que proteger, por eso ella siguió ocultado su amor por él, hasta ese aciago día que la heredera cumplió quince años, tras años de intentar pasar desapercibida, con la ilusión de llamar su atención, se dejó aconsejar por su hermana mayor Ailan, apareciendo en la fiesta de celebración de su cumpleaños, con un aspecto deseable, atractivo, sensual, que llamó la atención de mucho de los hombres jóvenes. Pero esto no tuvo el resultado que ella había previsto, sobre todo cuando escucho a escondidas, como Angus decía que, para él, Amelia siempre sería su incordio de hermana, que jugaba a convertirse en adulta, algo machona, que se vestía con un vestido seductor, pero que eso no cambiaba su interior, un maldito dolor de cabezas, la protagonista tras soltar unas lágrimas de dolor, tomo una decisión, no aspirar más a ese amor, sólo serían hermanos, es más, no buscaría el amor de ningún hombre. Angus advirtió muy pronto el cambio en la forma de ser de la heredera hacia él, más obediente, pero menos alegre, pero al tener que ir a la universidad, le quito importancia, luego los años, los estudios, y su papel como CEO de empresas Campbell los alejaron, comportándose como hermanos siempre, hasta ese día, en la fiesta de víspera del día de navidad, donde Ailan se encargó en la transformación de las damas, provocando que la tensión, atracción, celos y el estado de shock de Angus hicieran acto de presencia, ante la belleza en la que esa pequeña torpe de Amelia se había convertido, y cometió el error de exigirle.

Capítulo 1 Prólogo.

Amelia.

- "Es increíble lo inquieta que eres, ¿Te puedes a quedar quieta de una maldita vez, Amelia Earhart? O te juro que te ahogo con mis propias manos, enana del demonio"- la voz de mi hermana Ailan se oyó alta y desesperada, en la sala privada de mi madre, que estaba en el segundo piso de la mansión Miller, en Nueva York.

No podía evitarlo, a mis quince años, era la primera vez que me maquillaba, y sinceramente, no se vosotras mujeres del mundo, pero para mí, esto del rímel, y el Enliner, es un maldito invento del demonio, hecho para torturar los ojos de las mujeres incautas, que se dejan arrastrar por estas estúpida manía del estilismo y el maquillaje, por mucho que lo intentaba, no podía evitar que mis ojos parpadearan, lagrimando, cosa que provocaba que intentara secarme las lágrimas, aumentando así la ira de la estúpida de Wendy.

- "¡Es totalmente imposible! Mamá me rindo, tu hija es un maldito hombre, en cuerpo de mujer, mírala, si se parece un panda."- se quejó Wendy a mi madre, la Diosa Miller, que estaba allí supervisándolo todo, al ver que su influencia, la de Ailan, sobre mí, su hermana pequeña, no funcionaban.

Decididamente esto era injusto, mi madre era todo poderosa, y contra ella no sé podía, por eso elegía a Ailan para que me maquillara, en el día de mi cumpleaños, y todo por culpa de la idiota de Penélope, la estúpida jefa de animadoras de mi instituto, que me había retado a vestirme como una mujer, con traje tacones, maquillaje... todo el completo, para así celebrar mi cumpleaños número quince.

Pensaran que esto, para una quinceañera no era nada difícil, pero están equivocados, adoro los vaqueros, incluso los vaqueros de peto, las camisas anchas, o la ropa deportiva de hombre, como las sudaderas con capucha mejor, por el contrario, odio los tacones, las camisetas femeninas, esas con poca tela, pero, sobre todo, los vestidos, y las faldas tanto largas, como cortas.

Lógicamente, siendo una heredera Miller, y teniendo en mi casa muestras de belleza como mi hermana y mi madre, es casi un pecado, pero es como verdaderamente me siento cómoda. Creo que cuando mis padres me crearon, tuvieron un error de cálculo, y en vez de un guapo heredero, nací yo, una alta, y atractiva mujer, de pelo castaño oscuro, y ojos azules, que odia vestir de forma femenina, de acuerdo con su género, o por lo menos eso dicen la costumbres.

- "¡Es verdad, Roy!, como dijiste, Amelia va a ir disfrazada de mendiga, con cara de payaso."- la voz infantil del enano, mi hermano Marcus, de doce años, o Robin Hood, que era como lo llamábamos los hermanos Miller, era lo último que me faltaba.

- "¡Mamáaa!"- dije haciendo un mohín, con una exagerada queja infantil, nada linda para una jovencita que cumplía hoy quince años.

- "Norman Miller, ¿es que no puedes controlar a tus hijos? Estamos ocupadas, bastante difícil es todo esto, para que esos trogloditas delincuentes Miller, lo pongan aún peor."- la voz directa y firme de mi madre tuvo el efecto que yo esperaba.

Tras unos segundos, mi padre apareció delante de la puerta del salón privado de mi madre, llevando en sus manos, una de las orejas de cada uno de mis hermanos, con ellos pegadas a ella, los estúpidos gemían, y suplicaban a mi padre, que los soltara.

- "¡Ahh!, ¡papá!, ¡papá!"- decía mi hermano Roy, alias rey Arturo, totalmente encorvado intentando pegarse a la mano de mi padre, para evitar sus tirones.

Era casi ridículo ver a un joven de dieciocho años, que era casi tan alto como mi padre, agachado, y quejándose como un niño, por el consiguiente castigo paterno.

Al otro lado de mi padre, alzado por su oreja, estaba el benjamín de los Miller, Marcus, alias Robin Hood, que sólo gemía, intentando no resistirse mucho, sabía muy bien, como todos nosotros, los hermanos Miller, que cuando mi madre reñía, o se quejaba con mi padre, por alguna, o por todas nuestras trastadas, el verdugo de la diosa ejecutaba rápido su sentencia, sin compasión, así que resistirse era de estúpidos.

- "Hablad, o callad para siempre, malditos delincuentes."- fueron las bajas, serias, pero precisas y directas palabras de mi padre a esos dos gamberros, antes de soltarles las orejas, que ya estaban bastantes enrojecidas.

- "Perdona, Amelia, seguro que estarás preciosa."- dijeron a continuación a coro esos dos idiotas, agachando la cabeza, demostrando que mi padre, ya les había anexionado de lo que debían decir, si no querían sufrir las consecuencias, por molestar una de sus princesas.

Ailan y yo sólo sonreímos, y esto me sirvió para relajarme, haciendo que por fin mi hermana pudiera acabar su trabajo. Al principio tuve miedo en mirarme en el espejo, pero al mirar la cara de felicidad de mi madre, la sonrisa orgullosa de mi hermana, y, sobre todo, la cara de terror y preocupación de mi padre, y mis dos hermanos, tuve la confirmación que debía de estar impresionante.

- "Roy, tienes trabajo extra. ¡Por dios, como deseé que este día nunca hubiera llegado!, ya es suficientemente malo lo pasamos con tu hermana Ailan, para que ahora mi bebe...mi querida Amelia, mi dulce y tranquila princesa. ¿Cómo no me di cuenta? ...yo..."- las palabras de mi padre salían de su boca de forma lastimera, mientras no apartaba su mirada de mí.

- "Lo sé, papá, por desgracia es el deber que tiene un Miller con su familia."- lo interrumpió mi hermano Roy, con un enorme suspiro de resignación, y cansancio.

- "Yo también lo que se papá."- dijo Marcus alzándose, queriendo mostrarse más alto de lo que verdaderamente era, con solo doce años.

- "Bienvenida a la custodia de control y protección Miller, Amelia Earhart, ya eres una mujer hermosa, atractiva, y definitivamente un maldito dolor de cabeza para esos tres de ahí, disfrutadlo."- me dijo Ailan al oído en un murmullo, señalando a mi padre, y a mis dos hermanos.

Mi madre en cambio solo movía la cabeza de un lado al otro, con resignación, demostrando que estaba más que acostumbrada al dramatismo extremo, y sobreprotector de los hombres Miller.

Quizás fue esa reacción de mis hermanos, y mis padres, lo que me animo para salir con seguridad esa noche, si ellos se mostraban así al verme, quizás, sólo quizás, Angus Blake podía notar que yo también existía, que era una mujer de verdad, como muchas de las chicas con las que él salía en el instituto, incluida Penélope Carrigan.

Lo malo de las expectativas es que son eso, expectativas, nunca tienen que volverse realidad, y eso es algo que pronto yo iba a descubrir, justo esa noche, una lección que iba a aprender muy bien para mis años venideros, y que formarían, por muchos años, mi única forma de vida.

Angus.

- "¿Estás segura de que esto es lo que te dijo Amelia que quería que le regalaran por su cumpleaños, Betty Boo?"- le pregunté a mi hermana Connelly, de once años, y mejor amiga desde siempre de la hermana más pequeña de los Miller, a pesar de su diferencia de edad.

- "¡Qué sí, pesado! Es la quinta vez que me lo preguntas, Amelia quiere convertirse en una fisioterapeuta, desde que el colegio visito el hospital para daños medulares de Nueva York. Así que le regales un libro sobre anatomía humana, le encantará."- me dijo mi enana y molesta hermana pequeña, mientras se maquillaba.

- "¿Por qué te maquillas? Sólo tienes once años, sabes que papá no te va a dejar salir así a la fiesta."- le dije serio, quitándole el lápiz de labio de las manos.

- "Primero, estúpido hermano mayor, es brillo, casi no voy maquillada, y segundo ya pedí permiso a mamá, ¿quién crees que va a ganar entre esos dos?"- me dijo la listilla Betty Boo, sonriendo de forma descarada, y brillante, para sus once años, justo como lo hacía mi madre, cuando se salía con la suya.

- "¡Sois increíbles las dos!"- le dije devolviéndole el brillo de labios.

Decididamente nunca me enamoraré de una mujer guapa, o seductora, solo sirven para pasar el rato, como esa estúpida de Penélope Carrigan, en general dan más problemas que beneficios, nada puedes sacar de ellas, sólo hay que ver como mi padre, o mi tío Norman, son sometidos por sus esposas, mi atractiva madre, una ex Top Model, con un carácter de mil demonios, o mi tía Yvaine, la diosa Miller.

No gracias bastante tengo con cuidar de mi hermana, y de mis primas postizas, la loca de Ailan, y la tranquila, y nada problemática Amelia.

Pero claro, justo en ese momento, ¿cómo iba a saber yo que horas después me iba a tener que tragar mis palabras, una a una?, y sin anestesia, sin nada que me preparara para ello, y como todo lo que no prepara, trajo sus consecuencias, que pagaría en el futuro, de la peor manera que lo puede pagar un hombre, sobre todo uno tan seguro como yo.

Nota de la autora: Si no conoces las historias de los padres y de los dos hermanos mayores de los Miller, te aconsejo que te las leas primero, antes que esta. Son mis mejores novelas, y la que más han gustado. Te aconsejo que empieces en este orden, la primera es "La noche que te convertiste en la madre de mis hijos", la historia de Norman y Yvaine Miller, a continuación, está "Promesas entre Hielo y Fuego", la historia entre Kimberly y Jason Blake, seguimos con "La amante contratada de CEO", la historia del primero de los gemelos Miller, Roy, "¡Eres mía, heredera!", la historia de la otra gemela, Ailan, y finamente, "El despertar de la Guerrera Miller" la historia de Amelia y de los dos hijos de los Blake, Angus y Connelly. Estas novelas están en las mejores plataformas: Hinovel, Manobook, Sueñonovela, Buenanovela, y Joyread. Te agradezco que me ayudes a que mis novelas cojan popularidad. Un saludo a todos, y a todas.

Capítulo 2 Una sorpresa inconveniente.

Angus.

Nada más entrar con mi familia en el lujoso vestíbulo de la mansión Miller, ya se oía el sonido de la música del gran salón de baile del primer piso.

- "Bienvenidos señor y señora Blake. Gavin los acompañara, a la sala principal."- nos dijo nada más vernos, el famoso y eficiente mayordomo de los Miller, James Conway, es abuelo de Gavin Conway, mi otro mejor amigo.

Hace ocho años, los padres Gavin murieron en un accidente de coche, el padre de Gavin era el único hijo de James Conway, el mayordomo de cincuenta y ocho años de los Miller, así que Gavin vino a vivir a la mansión Miller, convirtiéndose en uno más de la familia, por deseo del bisabuelo Miller, con las misma oportunidades que sus nietos, fue así como nació nuestra amistad, el trio de triunfadores, éramos Roy, Gary y yo, los guaperas, ricos, los mejores estudiantes, y deportistas del Instituto Privado Horacio Mann, por no hablar de éxito que tenemos entre las féminas, lo tenemos todo.

El próximo año Gary ira a la Escuela Juilliard para estudiar interpretación, composición, Roy y yo iremos a estudiar Empresariales y Económicas a la Universidad de Stanford en California. Así que ahora estamos disfrutando del tiempo que estaremos juntos.

- "¿Como va todo? ¿Roy sigue con esa idiotez de querer ir a California para aclimatarse antes de que empecemos la universidad?"- le pregunté Gary, mientras subíamos las escaleras hacía el primer piso, seguidos por mi hermana, y mis padres.

- "Ahora más que nunca, por lo visto Ailan quiere ir a estudiar a Londres diseño y arquitectura, y después de lo que ha pasado esta tarde con Amelia..."- no lo dejé acabar.

- "¿Qué ha pasado con Amelia?"- pregunté alarmado, pero él sólo sonrió, y me dijo poniéndome un brazo sobre mi hombro.

- "Pronto lo sabrás. Será la gran sensación de esta noche."- dijo el muy idiota de Gary con una sonrisa en la boca.

No pude preguntarle nada más, al llegar al salón, las pesadas e idiotas de las amigas de Penélope, prácticamente nos asaltaron en la misma puerta, Gary estaba encantado, le gustaba ser el centro de atención, pero yo estaba bastante incomodo.

Así que, esquivado a una morena gritona, que prácticamente se iba a abalanzar sobre mí, y tras esquivar también a Penélope, que me miraba haciendo morritos, pensado que así se vería más atractiva, conseguí llegar junto a un apartado, huraño y malhumorado Roy Miller.

- "¿Soy yo?, ¿O es que tengo la impresión equivoca de que tus padres han invitado a todas las estúpidas descerebradas caza maridos que hay en cien kilómetros a la redonda?"- le pregunté nada más verlo.

- "No creo que lo hicieran mis padres, eso sólo puede ser obra de la maldita de Wendy, adora ver como lo pasamos mal esquivando a esas estúpidas cazas herederos, aunque hoy no tenía por qué esforzarse tanto, mucho antes de la fiesta, ya cruzaba un infierno."- me dijo Roy dando un largo trago a su cerveza, lata que había robado a escondidas de la barra, sólo teníamos dieciocho años, no podíamos beber hasta los veintiunos.

- "Como te coja tu padre bebiendo, sí que vas a saber lo que es un infierno."- le dije tratando de ocultar la lata de cerveza, para que nadie la viera. - "Bueno ¿y cuál es el problema?, según Gary tu hermana Amelia tiene algo que ver en todo esto."- le dije extrañado.

Amelia era la niña menos problemática del mundo, desde luego ella no era como Ailan, por no hablar de esa descocada de once años que tengo por hermana, esa niñata me iba a dar más de un dolor de cabeza, cuando creciera.

Una carcajada amarga, salió de los labios de Roy, y mirándome me dijo.

- "¿Tú crees? ¿Por qué no miras a lo alto de la escalera, y luego me dices si tengo problemas o no?"- justo eso hice, y lamenté al segundo, hacer ese gesto.

En lo alto de la escalera, con un vestido blanco y dorado, muy ajustado, que le quedaba por encima de sus rodillas, una vaporosa, y deseable sacerdotisa etérea, baja con paso lento, y hasta ralentizado, las escaleras, sus labios rojos y voluptuosos, destacan en contraste de esos ojos enormes, azules y enigmáticos. Su pelo largo, como cascadas de madreselva, caían enredándose de manera descarada sobre sus hombros desnudos, ese maldito vestido sólo se sujetaba en su escote, por una especie de tiras tentadoras, y en mi opinión demasiado finas, que se enredaban en una especie de camafeo que rodeaba su cuello, era definitivamente pecaminoso.

Me costó unos segundos identificar a esa maldita musa hechicera, con la tranquila y algo machona Amelia, hasta tuve que restregarme los ojos pensando que estaba viendo visiones.

Pero los silbidos de admiración, y los casi jadeos de animales deseosos, de muchos de los malditos salidos, dopados de hormonas, jóvenes, que ahora miraban a la musa descender, junto a algunos cometarios, poco convenientes, que me hicieron hervir la sangre, me convencieron de que no veía visiones.

- "¿Cuántas bocas puedes romper en diez segundos?"- me dijo Roy que también se había percatado de que su vida tranquila y apacible, como hermano mayor, se había acabado, hasta ahora él había pensado que podría estar más liberado, cuando estuviera en California, cuando su dichosa gemela se fuera a Londres, pero esta nueva Amelia le demostró que estaba equivocado.

- "No lo he contado aún, pero si hace falta comienzo a llevar la cuenta ahora"- le dije comenzando a quitarme la chaqueta.

Sólo la intervención, en ese momento, de Gary hizo que esa fiesta no pasara de un lúdico momento de celebración, a la una vertiginosa escena de cine de acción, con violencia gratuita incluida.

- "¡Eh! Tranquilos chicos. ¿Qué tal si Rocky Balboa y Apollo Creek, junto a algunos de estos imberbes babeantes, nos vamos al celador de la piscina, y damos rienda suelta a la diversión alcohólica, eliminado así atención que la nueva Amelia genera en la ecuación? ¿o preferís morir a manos de los adultos varones Miller y Blake, por reventarle el cumpleaños a su adorada niña?"- en ocasiones, contadas con una mano, eso sí, la lógica del idiota de Gary, era aplastante.

Pero claro, tampoco era tanto, ya que esta huida estratégica, sólo provocó que el desastre se pospusiera, sobre todo cuando combinas jóvenes recién salidos de la difícil etapa de la adolescencia, con sobre estimulación de testosterona, y lo riegas con cantidades ingentes de alcohol, por lógica nada bueno puede salir de ahí, más cuando tu maldita bocaza te mete en problemas graves, algo que supe hasta muchos años después, cuando mi vida se volvió un auténtico infierno, por culpa de esa noche.

Capítulo 3 El inicio de un despertar. Parte 1.

Clara.

Mucho antes de bajar las escaleras, y gracias al consejo de la reina de las grandes entradas, Alian Caroline Miller, me dije a mí misma que me mostraría altiva, segura, y no prestaría atención a nadie, en especial a ese atractivo joven, moreno, alto, y musculoso, de dieciocho años, de ojos verde profundos, y mirada altiva, que para mí desgracia, llevaba siendo mi fuente recurrente de fantasías amorosas, como adolescente, desde que cumplí los doce años.

Y creo que lo conseguí, los primeros seis escalones, hasta que mi impaciencia y curiosidad de estúpida enamorada, y porque no decirlo, mi inseguridad, pudieron conmigo, así que rápidamente miré hacia la multitud, tratando de localizar al personaje principal de mi enamoramiento juvenil, para descubrir, decepcionada como mi hermano, Gary, él y el grupo de descerebrados, que eran amigos de esos tres, salían por la puerta que daba a la terraza, desde donde se accede al jardín, sin tan siquiera mirar atrás, en ningún momento.

Por lo visto, ni vestida como una preciosa princesa, conseguía que ese maldito estúpido se fijara en mí, sin poder evitarlo, la sonrisa esplendida que habia entrando para esta ocasión, se borró de mi cara, haciendo que me sintiera decepcionada, aunque no tuve mucho tiempo para lamentarme, ya que, al llegar al pie de la escalera, todos los invitados se acercaron a mí para felicitarme, entre ellos estaba mis padres y mis padrinos.

- "Esta arrebatadora, Amelia Earhart"- me dijo feliz Connelly cuando después de varios minutos de saludos y felicitaciones, pude llegar hasta ella, donde, como siempre, me abrazó con fuerza y mucho cariño.

- "Gracias Betty Boo, pero si te digo la verdad, entregaría mi alma al diablo, por quitarme estos malditos tacones, Wendy no entiende que aun con tres años menos que ella, de las dos, yo soy la más alta, cinco centímetros de tacón, con mi altura, equivalen, como mínimo, a un hueso roto, si me caigo desde esta altura."- le dije al oído mientras nos abrazábamos.

- "Te cambio tus tacones, por mis sandalias de princesa del reino de la fantasía, como odio tener once años. Al menos a ti no te tratan como una niña pequeña."- dijo la preciosa pelirroja, que, para desgracia de su padre, y su hermano, tenía una mentalidad más madura de la que esos dos deseaban, y desde luego. mucho más madura a la que corresponde para su edad.

No pude responderle con la típica broma que hacíamos para estas ocasiones, ya que, en ese momento, una voz chillona, y verdaderamente desagradable, nos interrumpió, haciendo que Connelly y yo nos miramos con hastío, y mucho pesar, ante lo que nos venía encima.

- "Es increíble lo que unos kilos de maquillaje, y un vestido algo decente, pueden hacer por un marimacho como tú, Amelia Miller, ¿No creéis, chicas?"- una cascada de risas histéricas, que para mis oídos sonaron como cacareos de gallinas, confirmaron mis sospechas, la voz de Penélope, junto a las risas de su cuarteto de arpía, acaban de fastidiarme la fiesta.

- "¿Connelly has oído algo?, creo que alguien ha dejado abierto el corral de alguna granja por aquí cercana, y se le han escapado varias gallinas."- Le dije mirando a mi mejor amiga, ignorando a mis molestas invitadas, Betty Boo me sonrió con complicidad.

- "Si creo que también las acompaño, una molesta y chillona gansa"- dijo la pelirroja haciéndome soltar una carcajada.

- "Muy graciosa las dos, ¿y tu enana, no tienes que ir a jugar con tus muñecas?, esta es una conversación para adultos."- dijo la estúpida de Penélope a Betty Boo, cometiendo su primer gran error.

Connelly, por desgracia para su padre, y el idiota de su hermano mayor, heredó el carácter de su madre, con once años, incluso con menos, era capaz de responderte de tal manera que te replanteabas, muy y mucho, volver a meterte con ella, esa era una cualidad que yo envidiaba de la pequeña de los Blake, ya que yo siempre había sido tranquila, poco conflictiva, y pocas veces perdía los nervios, de hecho, practicaba artes marciales como el cardioboxing y el Jiu Jitsu, por órdenes de la diosa, todos mis hermanos lo hacían, era como una maldita tradición familiar, pero en realidad, entre los herederos Miller, yo era la más extraña, sólo mi familia conocía mi parte beligerante, que solía salir en contadas ocasiones, pero cuando salía, hasta el gran Rey Arturo, Roy William Miller, temblaba.

-"Yo que tú no me muestro tan segura, Gansa, mejor es que te búscate un rival menos fuerte, para tus enfrentamientos, porque si me lo propongo te puedo hacer la vida imposible, recuerda de quien soy hermana, y que conozco tus intenciones amorosas con él, ¿Qué crees que pasaría si de repente aparezco ante mi hermano con la ropa rota, y la cara golpeada, diciendo que fueron tus amigas y tú, quienes me hicieron eso?"- dijo la pequeña de once años mirando a esas cinco, con un peligroso brillo en la mirada, mientras sonreía de forma diabólica.

- "Yo... eso sería una mentira..."- dijo de forma abrupta, y tartamudeando, Penélope con la mirada sorprendida por el nivel de manipulación tan manifiesta de esa enana de once años.

- "Si ... claro, pero ... ¿qué quieres que te diga? ... eso sólo lo sabemos nosotras, ¿A quién crees que van a creer, presumida Gansa? ¿A tu coro de gallinas? ¿O a sus dos queridas, y desprotegidas hermanas?"- dijo ese ser demoniaco de once años, que ahora mismo parecía la viva imagen de la debilidad infantil.

Penélope y sus amigas debieron de entender que lo tenía todo perdido, porque con un gesto de disgusto, desaparecieron, dejándonos muertas de risa.

- "Das miedo, enana, cuando seas mayor serás terrorífica, no creo que nuestros hermanos, y nuestros padres, te sobrevivan."- dije entre carcajadas.

- "Bueno esa es mi misión. ¿No crees? Para eso soy la benjamina de las dos familias, tú y tu hermana, pero sobre todo tú, sois demasiado dóciles, y buenas, y esos estúpidos de los varones Miller, y Blake, llevan una vida demasiado a pasible."- al escuchar sus explicaciones, algo me dijo que esta frase no era de Connelly, creada por la mente manipuladora, de esa preadolescente, estaba segura de que se la había oído decir, en algún momento, a mi terrorífica madrina, Kimberly Blake.

–"Bueno da igual, ahora vamos a lo que quería pedirte. ¿Qué tal si tenemos algo de diversión, antes de que te canten cumpleaños feliz, soples las velas, y abras todos esos regalos, y todo ese ritual?"- me dijo Betty Boo, con una sonrisa brillante, y persuasiva, en la mirada.

- "¿Qué es lo que has planeado, demonio? Hazme el favor de quitar esa sonrisa, que siempre que la pones, nos metemos en problemas."- le dije alejándome un poco físicamente de ella.

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