POR DELFINA
Estoy entrando en la casa de té.
Es de mi propiedad, sí, soy la orgullosa dueña, la abrí hace 6 años, y en ese entonces era una simple confitería, donde se vendía confituras, es decir, masas secas, masas finas y por supuesto, facturas, en realidad son minis facturas y las vendo por peso, no por docena, si fueran más grandes las vendería por docena.
También vendíamos sandwiches de miga, que se elaboraban en el momento.
Luego le agregué una de esas máquinas expendedoras de café, té, capuchino, etc, de esas que son autoservicio.
Más tarde puse algunas mesas, porque por suerte tenía muchos clientes y tenían que esperar por su pedido.
Luego alguien me pidió si le podría servir café expreso y a los pocos meses suplanté la máquina autoservicio, por servicio en las mesas.
Menos mal que no me deshice de esa máquina autoservicio, porque en este momento también me sirve, la coloqué apenas se entra a la casa de té o confitería, muchos le dicen confitería.
Me fui expandiendo de a poco.
Recuerdo que estaba dando uno de los primeros finales en la facultad, me estaba yendo bien, cuando salí de la facultad, decidí darle una sorpresa a mi novio, para avisarle que me fue bien en el examen, yo estaba feliz, él ya había terminado de cursar a esa hora y se suponía que estaría reunido con nuestros amigos en el bar de la otra cuadra de la facultad.
Se me ocurrió comprarme una cajita de goma de mascar y me desvié media cuadra, hasta el kiosco que vendía la marca que me gustaba.
Veo a lo lejos a una pareja que se está besando, se estaban matando con los besos, él estaba apoyado en el paredón que tenía una especie de asiento, que sobresalía, más o meno 15 centímetros de la pared, siempre pensé que cuando quisieron hacer esa especie de decoración, nunca pensaron que muchas de las parejas que salían de la facultad se detenían allí y lo usaban casi como un asiento, no era muy cómodo, es verdad, pero servía para apoyarse y no estar parados, con mi novio muchas veces lo usamos.
Me estoy acercando, el kiosco está apenas pasando la casa con la rebuscada pared que invita a sentarse.
No miro a la pareja, pero sí veo las zapatillas del muchacho que se estaba besando con la chica, las veo conocidas.
Mi corazón late rápido, tranquila, me digo, aunque es un modelo importado, en una facultad donde asisten 50.000 personas, debe haber muchos chicos con las mismas zapatillas, por más exclusivo que sea el modelo.
Cuando miré a la pareja, me quise morir.
Me quedé quieta, con una mano en mi corazón.
Era mi novio el que se estaba matando a los besos y lo hacía con una chica de nuestro grupo, no éramos allegadas, es verdad, pero me conocía y sabía que él tenía novia.
No parecía importarle mucho.
-¡Delfina!
Grita de repente Nicolás.
Se separó bruscamente de la chica, ella giró y me miró con una sonrisa triunfante.
Yo me di la vuelta y los ignoré a los dos, llegando a la esquina, unos 60 metros después de donde los había visto, Nicolás me agarró del brazo.
-Delfi, perdoname.
¿De verdad piensa que va a arreglar todo con un perdoname?
Mis lágrimas caían, no las podía contener.
-Delfi, por favor, perdoname, ella no significa nada...
No era lo que vi unos minutos atrás.
No fui al bar donde solíamos reunirnos, sin hablarle, fui a tomar el colectivo, quería llegar a mi casa.
Nicolás estaba con su moto, sin embargo, se subió conmigo al colectivo.
Yo seguía llorando.
Cada vez que me tomaba del brazo, yo, con bronca, le corría su mano.
-Perdoname Delfi, por favor, te amo.
-Dejame tranquila.
Estaba apenas a unos minutos de viaje, por lo que me bajé enseguida.
Antes que yo, estaba tocando el timbre del colectivo, Gastón, él estaba acompañado por una chica.
-Hola Delfina.
Me saludó, lo conocía desde siempre, era un vecino.
-A vos también te saluda otro.
-¡Vos no la estabas saludando, le estabas comiendo la boca!
Le grité con odio.
Gastón estaba caminando unos metros adelante, abrazado con esa chica que estaba con él.
Debe haber escuchado lo que le grité a Nico.
-Te pedí perdón.
-Pensé que me querías, que éramos felices, que me eras fiel.
-Ella me buscó.
-Sos un idiota ¿Tenés idea la cantidad de propocisiones que yo tengo por día? Y sin embargo vivo por vos.
Arranqué a cruzar la calle, no miré, estaba enfurecida, triste y con ganas de morirme.
-¿Sos loca?
Me pregunta, tirándome para atrás.
Realmente no vi venir a esa camioneta.
La camioneta siguió su camino sin imaginarse que por un milisegundo casi acaba con mi vida.
-No me fijé y tampoco creo que a vos te importe.
Caminé hasta mi casa, el colectivo me dejaba a tres cuadras.
Él me acompañó en silencio, entré a mi casa sin mirarlo, sin saludarlo.
No podía más, se había terminado mi cuento de hadas.
Tenía el novio más lindo de la facultad y estaba enamorada de él.
Lloré toda la noche, preguntándome porque había hecho eso, porque me había engañado.
A la chica la odio.
Pero a él, lo odio más.
Al día siguiente tenía otro final, no me presenté, no podía, en casa solo les dije que me peleé con Nico.
Mi madre no entendía por qué.
Yo no di demasiadas explicaciones.
Hacía un año que salíamos, eso era bastante tiempo.
Nico era amigo de unos amigos míos y congeniamos enseguida.
Lo vi y me enamoré de él.
Jamás esperé esa traición, aparte estaba con ella a media cuadra de la facultad, no le importó nada.
Me sentí humillada.
Nunca más le contesté una llamada.
Me costaba horrores concentrarme en la facultad.
Dejé de cursar una de las materias, solo porque él salía a esa hora y siempre nos encontrábamos en el pasillo del lado sur de la facultad, yo estudiaba nutrición, era una licenciatura.
Nicolás estudiaba abogacía, era buen alumno. Yo también lo era.
Me acordé de Nicolás, porque por la vereda de enfrente de mi local, pasó Gastón, el chico que estaba ese día en el colectivo, ese día él estaba con su novia.
Unos meses antes de que me peleara con Nicolás, me había cruzado en la calle con Gastón, era un sábado a la noche, no era muy tarde, por lo que iba a tomar el colectivo hasta la zona de los bares y las discotecas, me iba a encontrar con mi novio.
-Hola Delfi.
Me freno para saludar a Gastón.
Me da un beso en la mejilla.
-Hola ¿Cómo te va?
-Ahora que te veo, muy bien...estás preciosa.
-Gracias...
-¿Tenés algo que hacer hoy?
Recuerdo que lo miré pensando que no podía ser, que cada vez que nos encontrábamos, sentíamos cierta atracción, pero nunca el destino nos encontró estando los dos sin pareja.
Por otro lado, yo amaba a mi novio, más que eso, lo adoraba.
Sin embargo, Gastón, le decía algo a mis sentidos.
-Tengo novio...
-¡Qué lástima!...Aunque...lo podés dejar, podemos irnos por ahí.
Lo miré, era realmente un chico que siempre me había gustado, pero yo era una mujer fiel, aunque la invitación de Gastón era tentadora, yo no me tenté.
Respiré hondo, antes de contestarle.
-Estoy enamorada de mi novio.
-Qué pena, me gustaría que estés enamorada de mí.
-Gastón...no...
Se inclinó hacia adelante, yo me alejé y para poner distancia, le apoyé una mano en su pecho.
Sentí una sacudida por dentro, que no entendí, amaba a mi novio.
Él, que se estaba acercando para besarme, debe haber sentido lo mismo, porque se quedó quieto, hasta me pareció que se sobresaltó.
Seguí mi camino, estaba bastante turbada.
Sentía que le había sido infiel a mi novio.
No me dio ni un beso, pero ese sacudón interno, ese calor que me sorprendió, me hizo sentir mal conmigo misma.
Esa sensación me duró hasta un rato después de estar con Nico, cuando lo miré con amor y él me besó como siempre, haciéndome perder la razón en sus brazos, con sus caricias.
Aunque después de haberlo dejado y recorriendo en mi mente, sus besos y sus caricias, me di cuenta que muchas veces me besaba delante de sus amigos como queriendo lucirse.
No sé si había tanto amor en su corazón como él me juraba.
A Nicolás lo vi muy pocas veces luego de esa noche donde lo encontré infraganti, pero ni lo saludé.
Se me cayó la venda de los ojos.
Me costó unos meses olvidarlo, me ayudó a hacerlo cuando me encontré de frente con un cartel de un local inmenso que decía ¨Se alquila, con opción a compra¨
Era la zona más transitada del barrio.
Me quedé viendo el cartel y miré el local, inmediatamente me imaginé dentro de él y mi mente me gritaba que era una confitería lo que tendría que haber allí.
Sacudí la cabeza y seguí de largo.
Mi madre me había pedido que vaya hasta el vivero que tenía Roxana, la hermana de Gastón.
Ella vivía cerca del local que vi en alquiler, apenas a una cuadra.
El vivero lo tenía delante de su casa.
Cuando llegué, Roxana estaba atendiendo a una persona, y no sé de dónde salió, pero Gastón apareció delante mío.
-Hola Delfi.
Me sonrojé, él había escuchado la discusión que tuve con mi novio y sabía el porqué de la pelea.
-Hola.
-No valió la pena.
¿Se estaba refiriendo al día que no quise salir con él?
-Para mí, sí...tengo principios.
-Es...una lástima...ahora tengo novia, pero no me importaría...
-A mí sí, no hago lo que no me gusta que me hagan.
-Te haría mil cosas.
Dí un paso para atrás, estábamos muy cerca.
-No corresponde, si tenés novia, no me digas nada.
-No digo nada, pero eso no significa que no sienta nada.
¿Porque me tocó a mí ser tan correcta?
En ese momento se acercó Roxana y le pedí lo que me encargó mi madre.
Del lado de atrás del vivero apareció la novia de Gastón.
Lo miré con bronca, me estaba diciendo mil cosas y su novia estaba a unos metros.
No era mejor que Nicolás.
Aboné el costo de las plantas, mientras Roxana me explicaba el cuidado que tenía que tener con ellas.
Saludé a todos con la mejor de mis sonrisas, estaba herida.
Cuando estaba saliendo, vi dos macetas enormes, macetones, mejor dicho, con palmeras inmensas, volví sobre mis pasos para preguntarle el precio a Roxana, quien enseguida me dio la información que le había solicitado.
Vi con asombro, que la novia de Gastón, le estaba dando un golpe en el hombro, reclamando algo.
Debió ser como él se acercó a mí.
Pero ella lo golpeó.
Él se alejó sin decir demasiado.
Él era un mujeriego y ella era muy violenta.
Al volver a acercarme a la puerta, miré de nuevo esas palmeras.
Pasé nuevamente por el local en alquiler.
Me quedé mirando el interior, lo hacía desde la vereda, porque estaba cerrado, no había nadie dentro.
Pero visualicévisualizé una hermosa confitería, llena de clientes y hasta me imaginé los macetones con las palmeras, una a cada lado de la puerta.
Definitivamente estoy loca, pensé en ese momento.
Sin embargo, pasaron unos días y no me podía sacar esa idea de la cabeza.
Esa idea, la de la confitería, comenzó dar vueltas en mi cabeza, hasta que lo hablé en mi casa, mi madre es bastante miedosa y no estaba tan segura que me fuera bien en un emprendimiento propio, pero mi padre se entusiasmó con la idea.
Mi hermana también me apoyó.
Él tema era el dinero que se necesitaba para hacer la inversión.
Me acerqué a la inmobiliaria.
Me vieron jovencita y no sé qué tan enserio me habían tomado, pero me dieron todos los requisitos.
El dinero que tenía ahorrado no me alcanzaba más que para el alquiler, todavía me faltaba todos los mostradores, heladeras, hornos, utensilios, personal, hacer los trámites y detalles que pasaban de largo por mi mente, en ese momento.
Muy decidida, me dirigí a un banco.
Pedí hablar con un empleado de cuentas.
Quería saber que se necesitaba para obtener un crédito bancario.
Me atendió una empleada bastante antipática.
Interrumpió la reunión un hombre joven, de unos 30 años.
Era el subgerente de la sucursal, le habré gustado, porque se acercó para preguntarle a la chica si estaba todo bien y en ese momento me pareció que se acercó solo para mirarme, unas semanas después me confesó que yo estaba en lo cierto.
Tuve suerte, Alejandro, el subgerente, me dio un préstamo con inmejorables condiciones.
Aunque su primera condición fue que él me acompañaba hasta el local, para cerciorarse si lo que yo decía se podría llevar a cabo.
Concerté una cita con la inmobiliaria, lo hice en la dirección del local.
Alejandro me dijo que yo tenía mucha visión en los negocios, pero que tenía que trabajar mucho.
Estaba de acuerdo, eso no me asustaba.
Cuando salimos del local, me invitó a tomar algo y acepté.
Fue el comienzo de mi nueva vida.
Suspiro.
Dejo de recordar
Miro a mi alrededor, volviendo al día de hoy y veo mi floreciente casa de té, es un lugar acogedor, con buena vibra, como suele decirse.
Estoy pensando todo eso cuando entra Gastón.
Lo hace con su hija en brazos.
Sí, tiene una pequeña de dos años, aproximadamente.
-Hola Delfi.
Me dice cuando quedamos de frente.
-Hola Gastón, hola bonita.
Saludo a su hija, es una criatura preciosa, yo nunca la había visto de cerca.
-Hola.
Me dice la niña y yo le sonrío.
-¿Por casualidad, viste pasar a mi hermana?
-No, no la vi.
-No sé si fue a algún mayorista a comprar mercadería, tiene el vivero cerrado y yo me quiero matar.
-¿Qué te pasó?
-Me salió una reunión de trabajo, es importante, aunque es algo de último momento y no tengo con quien dejar a Camila.
Lo miré como preguntándole por la madre de la criatura, sin embargo no abrí mi boca.
-En una empresa tuvieron problemas con los autos que contratan y están buscando a una nueva empresa que cubra los viajes de los gerentes, yo tengo una flota de 15 autos y podría ser una buena oportunidad.
-¿Llora mucho Camila?
-No, es un ángel, pero no la puedo llevar a una reunión de trabajo.
Le sonrío.
No le preguntaba por eso.
-¿Se quedará conmigo?¿Querés que la cuide? Eso, si no tardas demasiado...no tengo mucha experiencia con criaturas, pero me encantan.
-¿Lo harías?
Me preguntó asombrado.
-Sí...para eso están los amigos.
Él y yo no somos amigos, pero lo conozco desde siempre...
En realidad, lo registré cuando era adolescente...
Cuando lo vi y quedé anonadada por él.
Recuerdo que solía pasar en bicicleta y yo sentía mariposas en el estómago cada vez que lo veía.
-¿Se quedará sin problema?
-Sí, solo necesita atención.
-Claro, es chiquita.
-Un favor más...usa pañales...recién la cambie, pero por las dudas te dejo el bolso que le iba a dejar a mi hermana, con las cosas de Cami.
-Sí, por supuesto.
-Gracias, sos divina, te prometo que vuelvo lo antes posible.
-Dejame tu número de celular, no lo tengo...por si llora o sucede algo y te tengo que ubicar.
Me dio su número y yo le di el mío.
Es ridículo, después de mil años de conocernos y no nos tenemos agendados, aunque lo sigo en Instagram y allí tiene publicado su celular, porque hace publicidad de la flota de sus autos, ofrece servicios variados.
En realidad es amplia su cobertura.
No son remises comunes, por lo que leí en las publicaciones, son autos de lujo, o al menos importados y hasta tiene dos autos antiguos, de colección, que los alquila para publicidades o promociones para algunas discotecas, en ese caso, los plotean.
Tiene fotos cuando también los plotearon para una promoción de una bebida alcohólica, bastante conocida.
Me alegra que le vaya bien.
Se lo merece, es un hombre muy trabajador.
Él también me sigue a mí en instagram y yo también publiqué mi número de celular, porque publico todo lo referente a mi casa de té y también ofrezco servicio de lunch para casamientos, entre otras cosas.
Ofrezco un servicio completo, suelen contratar mis servicios para cumpleaños, aniversarios, bautismos y hasta para fiestas de divorcios.
Eso podría parecer gracioso.
En este momento están de moda los desayunos y las meriendas.
Es decir, para cumpleaños, día del padre, día de la madre, etc, se suele enviar a la casa del homenajeado, una bandeja con alguna taza alusiva y distintas confituras, con una variedad distinta, dependiendo de cada caso.
Como me dijo una vez mi hermana y por suerte la escuché.
-No te cierres a nada y andá siguiendo el negocio.
Tenía razón, porque la moda va cambiando y uno tiene que amoldarse.
Tomoé a la criatura en mis brazos, no hubo ningún problema.
El problema lo tuve yo, al rozar las manos de él, en el momento en que alzaba a su hija.
Es increíble esa sensación, siempre me pasó cuando nos rozamos.
¿Gastón habrá sentido lo mismo?
Porque sus ojos, casi dorados, me gritaron mil cosas, al menos eso me pareció.
Es una locura que piense así.
Tengo a su pequeña en mis brazos.
Está casado y aunque siempre fue un mujeriego, debe haber cambiado, su esposa es hermosa.
Digna de su profesión.
Ella es modelo publicitaria.
Tiene un cuerpo de lujo y una cara increíblemente bella.
Mejor dejo de pensar y de sentir.
POR GASTÓN
Mi hermana no estaba en el vivero, necesitaba ir a una reunión y no tenía con quién dejar a Camila.
Es por una posibilidad de un trabajo bastante importante y me dejaría réditos muy sustanciosos.
Mi madre ese día tenía que ir al médico y la niñera era otro día más que no podía venir, estoy pensando en cambiar de niñera, yo no estaba muy conforme con su desempeño.
Es muy difícil hacerme cargo de mi hija como padre soltero.
La madre de Camila nos dejó cuando mi bebé tenía solo 6 meses.
Era modelo publicitaria, es una mujer realmente bella, la conocí en un evento, quedé prendado por su belleza.
Me enamoré apenas la vi.
Lástima que solo tenía para ofrecer su belleza y aunque era mucha, no alcanza para nada.
En un principio parecía que todo iba a funcionar entre nosotros
Yo había ido a Perú por trabajo, tenía tres autos que los trabajaba para servicios de empresas.
Uno de ellos era antiguo y siempre lo ploteaban para promocionar una bebida alcohólica, el gerente de publicidad de esa empresa, era el hermano de un amigo, por lo que me contrataba sin demasiados preámbulos.
Esa noche contrató mis servicios, como siempre y también contrató los otros dos autos, para trasladar a unas modelos, que eran bastante conocidas a nivel local.
Uno de los choferes no pudo llegar y yo tomé su lugar, estaba más que feliz, iba a pasear con modelos.
Fue cuando conocí a Aitana.
Quedé fascinado con ella.
Fue un flechazo para ambos.
Esa misma noche, después del evento, terminamos en un hotel.
No podía creer mi suerte.
Era una diosa.
Comenzamos a salir, o a tener una relación.
Ella era la menos conocida de las chicas que llevé esa noche.
Aunque era la más hermosa.
Su cabello oscuro, largo, hasta media espalda, lucía brillante, sus ojos, también oscuros, eran como dos luceros.
Es alta, mide 1,76, delgada, con un culo que no me cansaba de mirarlo y con unos pechos llamativos, bastante voluminosos, sin ser grotescos.
Por donde la miraba era hermosa.
Los primeros dos o tres meses no parabamos de tener sexo.
En mi trabajo no me podría ir mejor, pude comprar otro auto clásico y esa marca de bebidas alcohólicas, me contrataba los dos autos clásicos 4 veces por semana, era una fortuna, para mí, al menos lo era, los otros dos autos también los tenía contratados para la misma empresa, casi en forma permanente.
A los dos meses compré mi quinto auto.
Yo estaba feliz, sin embargo, fue cuando comenzaron los problemas con Aitana.
Yo tenía que trabajar y ella quería salir todas las noches.
Si yo tomaba el lugar de alguno de los choferes, aparte de ahorrarme un sueldo, me rendía más el dinero.
Ella gastaba muchísimo, pero sus gastos se los pagaba con su trabajo, cuando salíamos yo era quien la invitaba, eso ni dudarlo, pero sus gustos eran demasiados caros y aunque me estaba yendo bien, si gastaba todo lo que ingresaba, no iba a hacer la diferencia que estaba queriendo hacer.
Fue cuando quedó embarazada.
Yo estaba feliz cuando me enteré, realmente amaba a Aitana.
Ella no estaba para nada feliz, tampoco quiso abortar.
Los primeros cuatro meses de su embarazo fueron terribles, se sentía mal, tenía muchos vómitos y encima tuvo que hacer reposo.
Yo vivía por y para ella, pero parecía que nada le bastaba.
Nada era suficiente para ella.
Al dejar de salir y trabajar como chofer de uno de los autos, otra vez estaba mejor económicamente.
Supongo que esa empresa necesitaría lavar dinero, porque realmente me pagaban una fortuna.
Compré dos autos más, los de colección, tuve suerte, los encontré en una subasta.
Realmente estaba ganando una fortuna y comenzaba a hacer una diferencia importante.
Cuando Aitana estaba embarazada de 5 meses, su mal humor era insoportable, decía que se veía horrible y que odiaba estar embarazada.
Yo la veía hermosa, como siempre y la seguía deseando de la misma manera.
Tenía una barriguita hermosa, en un momento pensamos que podían ser mellizos, porque su panza era muy prominente.
En ese momento le llegó una propuesta para salir desnuda en playboy, desnuda y embarazada...
Pensé que iba a decir que no le interesaba la propuesta, sin embargo, me quedé frío cuando me dijo que aceptó.
Me pareció totalmente desubicado.
Cuando me comentó la cifra de lo que le ofrecieron, me di cuenta que no la iba a poder convencer de lo contrario, ahora parecía que ya no odiaba su embarazo.
Esa mañana, la que fue a la toma de las fotografías, no quiso ni que la acompañe, eso me molestó.
Se puso unos zapatos con tacos de 15 centímetros y se vistió como para ir a un cabaret.
Yo estaba loco de celos y enojado por lo poco que se cuidaba estando embarazada y porque se exponía sin necesidad.
Sí, iba a ganar mucho dinero, pero con menos, podíamos vivir bien.
Cuando vi las fotografías me quise morir, me llené de tristeza.
Definitivamente no era la mujer que me hubiese gustado que sea.
Estaba decepcionado.
Lo hablé muy seriamente con ella.
Para colmo, mi padre había sufrido un accidente y yo tenía que viajar a mi país.
Me asombró cuando dijo que me iba a acompañar.
Todavía podía viajar en avión.
Por primera vez en meses, me sentí acompañado por ella.
Dejé los autos trabajando en Perú, me seguía entrando dinero.
Llegamos a mi país, nos instalamos en la casa de mis padres, en mi antigua habitación.
Hacía dos años que me había ido.
Mi madre estaba feliz, me pareció que Aitana estaba cómoda, al menos delante de todo el mundo eso demostraba.
A mi padre le dieron de alta en el hospital al quinto día que estábamos en Buenos Aires.
-Ya está, ahora podemos volver, no soporto más toda esta gentuza.
Me recorrió una sensación espantosa por dentro.
Sus sonrisas eran falsas, su humildad no existía.
Se me desmoronó el mundo.
¿Por qué pensé que ella me iba a acompañar e iba a estar feliz de hacerlo?
Me sentí ingenuo, lo fui.
Le pedí que nos quedemos unos pocos días más.
Lo aceptó de mala manera.
Por la tarde fuimos hasta la casa de mi hermana, al pasar por la puerta de la confitería, me acordé de Delfina.
Estuvimos charlando con Roxana, aunque mi hermana tenía clientes que atender en su comercio.
Al pasar por la confitería, Aitana me dijo que quería tomar un té en la confitería de Delfina.
No sabía la razón, pero encontré cierta resistencia de mi parte, de todos modos accedí, a Aitana no le gusta mucho estar encerrada, aunque con su panza mucho no podía pasear, al menos como ella hubiera querido.
El lugar estaba muy bien puesto, yo nunca había entrado.
Nos sentamos en una mesa que estaba en el centro de la confitería.
No tenían muchas mesas, apenas unas 10 o 12, pero era todo muy coqueto, muy cálido.
Me alegré que le vaya bien a Delfina, es una chica muy trabajadora y empezó con nada cuando inauguró el local, lo sé por los comentarios de mis padres.
El local estaba bastante concurrido, creo que quedaba solo una mesa disponible.
Se nos acercó una camarera para tomar el pedido.
Aitana pidió un té más una porción de torta y yo solo pedí un café.
A los minutos la camarera, muy servicial, trajo todo, con un pequeño jugo para acompañar el café y unos minis sandwiches.
Todo era exquisito y verdaderamente debía ser así, porque hasta Aitana, que le veía un pero a todo, halagó lo que consumió y también el lugar.
Cuando 45 minutos después nos paramos para irnos, entra Delfina.
Primero me vio a mí, comenzó a acercarse y fue cuando se dio cuenta que estaba acompañado.
Le miró la panza a mi mujer y si dudó en acercarse, no se notó, pareció muy decidida y dando unos pocos pasos se aproximó.
-Hola Gastón ¿Cómo te va?¿Es tu mujer? ¡Qué linda panza! Los felicito.
-Hola Delfi, sí, te presento a Aitana...mi mujer.
-Un gusto.
Le dice mi mujer.
-Igualmente, me alegro de verlos ¿Saben el sexo del bebé?
Lo dice todo con mucha simpatía.
-Es una nena.
Le respondo yo, porque Aitana solo la miraba, está tratando de sonreír, pero no está en ella sonreir, solo lo hace en los eventos y si tiene una cámara delante.
Pienso que tengo delante mío a las dos mujeres que más me atrajeron en mi vida.
Porque no puedo negar la atracción que siempre sentí por Delfina.
No es alta, al menos, no lo es mucho, Aitana le lleva más de media cabeza y es un poco más grande físicamente, pero eso no le quita mérito a Delfina, Delfi es...un sueño de mujer, de hecho, de adolescentes me lo saco varias noches.
Es menuda, aunque muy bien formada, por el culo que tiene, me masturbé bastantes veces, cuando éramos chicos, adolescentes, se entiende ¿No?
Y las tetas, aunque no son tan grandes como las de Aitana, siempre que las miro, me dan ganas de zambullirme en ellas.
La deseo, me di cuenta que la estoy mirando demasiado y luego voy a tener que aguantar los reclamos de Aitana.
Aparte, está preciosa, con una especie de enterito, short, rojo, que le resalta la blancura de su piel y su cabello rubio.
No me animé a bajar la mirada para ver sus piernas, porque iba a ser muy evidente y tenía a mi mujer a mi lado.
Luego de dos o tres comentarios más, nos fuimos.
Cuando abrí la puerta para que pase Aitana, pude deslizar mi mirada sobre Delfina.
Mi mujer no se enteró, pero la que lo hizo, porque nos estaba viendo, fue Delfi.
Mierda, que ganas de estar con ella que tengo.
Debe ser porque nunca sucedió nada entre nosotros, solo unos pocos coqueteos que no llegaron a nada.