"Hmm... Landen...".
La voz sensual que se escuchó detrás de la puerta cerrada paralizó la mano de Kaelyn Barnett justo cuando estaba a punto de tocarla.
Un escalofrío recorrió su espalda. El frío subió desde la punta de sus dedos hasta el centro de su cuerpo, como si le hubieran arrojado un balde de agua helada.
Durante años de matrimonio, ella y su esposo, Landen Barnett, nunca habían tenido sexo. Pero ahora, al escuchar la voz proveniente del interior de la habitación, sabía perfectamente lo que estaba sucediendo.
Su respiración se entrecortó y la incredulidad se apoderó de su pecho. No podía creer que su esposo, Landen, hiciera algo así... No, no podría ser.
Cuando se casaron, él había confesado tener una enfermedad que imposibilitaba su vida sexual, así que ella se negaba a creer que él estuviera adentro.
Kaelyn presionó una mano temblorosa sobre su sien, queriendo convencerse de lo contrario. Pero cuando escuchó unos profundos gemidos masculinos, la débil esperanza a la que se aferraba se rompió en mil pedazos.
Era la voz de su esposo, lo sabía muy bien.
Tenía las piernas temblorosas y su espalda presionada contra la fría pared para sostenerse. Las lágrimas nublaron su visión y se derramaron con libertad mientras se cubría la boca con una mano para sofocar el sollozo que amenazaba con escapar.
Hace tres años, después de que un accidente automovilístico dejara a Landen en coma, Kaelyn se dedicó a cuidarlo con una devoción inquebrantable. Durante dos largos años, ignoró por completo las burlas y las miradas despectivas de los demás, todo porque él la había salvado una vez cuando ella sufrió un accidente.
Si bien parecía que solo lo había cuidado, en realidad lo había tratado con sus excelentes habilidades médicas, sacándolo del abismo. Todavía recordaba el día en que él despertó, el calor de su mano mientras envolvía la de ella, así como su promesa de casarse con ella y amarla para siempre. Ese día había quedado grabado en su corazón, al igual que el amor que creía que compartían.
Kaelyn había sacrificado todo por él, entregando su corazón y alma para ser su esposa cariñosa. ¿Y qué había ganado a cambio?
Agarrándose el pecho, su respiración se volvió agitada y entrecortada, como si un cuchillo le estuviera clavando el corazón. Todo lo que había sacrificado, todo lo que había hecho por él, parecía una broma cruel.
Dispuesta a huir de esa pesadilla, se dio la vuelta, pero sus pies se congelaron cuando escuchó las palabras al otro lado de la puerta.
"Landen, hoy es tu aniversario de bodas con Kaelyn. Tal vez esté en casa ahora mismo, esperándote como la esposa devota que es. ¿No es... malo para ti que estés aquí conmigo en lugar de con ella? ¿Y si se entera...?", ronroneó la mujer con fingida preocupación.
"No te preocupes, Claire. Ya te lo he dicho, solo hay espacio para ti en mi corazón. Kaelyn no es más que una suplente. ¡Nunca la he amado ni le he tocado un solo dedo!".
A pesar de que la voz del hombre era casi tierna, sus palabras golpearon a Kaelyn como una daga despiadada.
No pudo soportarlo más. Su pecho ardía debido a la traición y, con manos temblorosas, empujó la puerta para abrirla de golpe.
"Landen, ¿qué fue lo que hice mal? ¿Por qué me engañaste?".
El repentino estallido paralizó al hombre. Rápidamente agarró un abrigo y se lo echó encima de él y de la mujer. Su ceño se profundizó mientras miraba a Kaelyn, bastante irritado.
"¿Qué haces aquí? ¿No te dije que esperaras en la Mansión Barnett?".
Kaelyn sentía sus rodillas temblorosas. Su indiferencia era como una bofetada.
¿Eso era todo? ¿Ni siquiera fingiría más?
Sus labios se curvaron en una amarga sonrisa y las lágrimas nublaron su visión mientras se deslizaban por sus mejillas. "Si no hubiera descubierto esto, ¿cuánto tiempo más seguirías mintiéndome?".
Landen se quedó callado. El silencio era asfixiante. Se le veía tan alterado que ella perdió la poca compostura que le quedaba.
La mujer que estaba a su lado rompió el silencio con una voz temblorosa: "No culpes a Landen, sino a mí. Yo soy la única responsable".
Kaelyn se quedó mirándola, ya que algo en su rostro llamó su atención.
Oh, por supuesto. Era Claire Hewitt, la amiga de la infancia de Landen.
Había visto su foto en el escritorio de su esposo cuando se casaron, pero luego desapareció, así que Kaelyn, de manera ingenua, asumió que él la había olvidado.
Sin embargo, ahora que miraba a la mujer que la había reemplazado, se dio cuenta de su ingenuidad.
Kaelyn la ignoró y centró su atención en Landen. Con voz ronca, apenas audible, declaró: "Si no querías quedarte conmigo, me lo podrías haber dicho. ¿Por qué tenías que hacer esto? ¿Por qué en nuestro aniversario?".
Landen hizo una mueca de desprecio. "¡Está bien! Seamos claros ahora: quiero el divorcio. Claire tuvo que haber sido la señora Barnett desde el principio".
Al encontrarse con su gélida mirada, Kaelyn sintió que su corazón se retorcía dolorosamente, pero su voz se mantuvo inquietantemente serena. "Muy bien, hay que divorciarnos. Pero quiero la mitad de los bienes conyugales, ni un centavo menos".
La expresión de Landen vaciló y Claire se quedó boquiabierta. Ambos intercambiaron una mirada incrédula.
¿Kaelyn, una huérfana que no tenía nada, se atrevía a exigir la mitad de la riqueza de la familia Barnett?
¡Qué ridiculez!
Claire se recompuso a toda prisa, bajó la mirada y dijo con falsa simpatía: "Kaelyn, ¿no te parece un poco injusto? Landen ha dirigido el negocio familiar, mientras que tú te has quedado en casa disfrutando de la vida. La familia Barnett te lo ha dado todo, ¿cómo puedes ser tan codiciosa y desagradecida? Por favor, no conviertas a todos los Barnett en tus enemigos".
Kaelyn le dio una mueca despectiva y una mirada inflexible. "Una rompehogares no tiene derecho a darme sermones sobre justicia. Voy a ser muy clara: no estoy pidiendo permiso, estoy haciendo una declaración. Y créanme que si esto se hace público, no será mi reputación la que estará arruinada".
Sus palabras fueron como un látigo que silenció a la pareja. Sin darles otra mirada, se dio la vuelta y salió de la villa.
La fresca brisa nocturna le golpeó el rostro. Kaelyn sacó su celular y sus dedos se posaron sobre la pantalla. Tras una breve vacilación, marcó un número que no había marcado en años.
La llamada se conectó casi de inmediato. La voz del otro lado de la línea se escuchaba muy emocionada. "¿Kaelyn? ¿De verdad eres tú? ¡Por fin te acordaste de mí!".
"Sí", afirmó ella. "Estoy afuera de la villa de Landen. ¿Puedes recogerme? Te enviaré la dirección".
"¡Claro! Estaré ahí pronto".
En cuestión de diez minutos, el silencio de la calle fue interrumpido por el rugido de los motores cuando varios autos lujosos se detuvieron frente a ella. El que iba en cabeza se estacionó y el conductor salió.
Al ver el rostro familiar, Kaelyn sintió que todo era una ironía. Durante años, había enterrado su verdadera personalidad, encogiéndose en las sombras para apoyar a un hombre que no la merecía.
¡Qué absurdo!
Pero ahora el velo se había levantado y no era demasiado tarde para recuperar su vida.
"Kaelyn", saludó Sebastian Gill, su subordinado, acercándose a ella con preocupación. "¿Qué pasó? ¿Por qué lloras?".
Rápidamente se acercó con los ojos muy abiertos mientras veía las manchas de lágrimas que cubrían su rostro.
¿Alguien tan inquebrantable como Kaelyn... estaba llorando?
El rostro de la mujer permaneció sereno. Su mano secó los restos de sus lágrimas mientras declaraba: "No es nada. Acabo de decidir que me divorciaré de ese cabrón".
"¿Te divorciarás de él?". Sebastian se quedó paralizado, ya que la noticia lo golpeó como un rayo. Le tomó un momento procesarlo antes de que una amplia sonrisa se extendiera por su rostro, para después soltar una agradable carcajada. "¡Fantástico, Kaelyn! ¡Por fin te diste cuenta! ¡Bienvenida de nuevo a ser tu verdadera yo!".
Media hora después, en la villa suburbana, Sebastian dejó un plato humeante de espaguetis sobre la mesa.
"¡Landen es un bastardo!", exclamó con irritación. "¡Si no hubieras tratado su enfermedad durante todos estos años, hace tiempo habría muerto! Pero en lugar de mostrar gratitud, te engañó. Es un...".
"Basta", interrumpió Kaelyn con firmeza. Su cansancio era evidente mientras se masajeaba las sienes. "No quiero seguir hablando de él".
El semblante de Sebastian se suavizó ante su cansancio, por lo que su rabia se convirtió en preocupación. "De acuerdo. Cambiemos de tema". Hizo una pausa antes de agregar con interés: "Por cierto, durante los tres años que estuviste fuera, la gente prácticamente se volvía loca en intentar encontrarte para que les dieras tratamiento. Ahora que te has divorciado de Landen, ¿vas a regresar?".
Kaelyn se reclinó con una mirada pensativa. Después de un momento, respondió: "Difunde el mensaje que la famosa sanadora Egret ha regresado".
El rostro de Sebastian se iluminó de emoción. "¡Por fin! ¡Esta es la mejor noticia que he escuchado en años!", exclamó con la voz quebrada.
No pudo evitar sonreír debido a la ironía. El Grupo Barnett había estado buscando cualquier información sobre Egret, desesperados por sus habilidades médicas.
Sin embargo, a pesar de estar casado con ella desde hacía tres años, Landen había sido demasiado ciego para no darse cuenta de quién era realmente.
...
A la mañana siguiente, Kaelyn estaba profundamente dormida cuando el estridente timbre de su celular la despertó de repente.
Aturdida y desorientada, buscó a tientas el dispositivo y presionó el botón de respuesta con un suspiro.
Al otro lado, escuchó el regaño de la madre de Landen, Kathy Barnett. "Miserable malagradecida, ¿a dónde has ido ahora? ¡Regresa para que hagas las tareas del hogar!".
Antes Kaelyn se habría disculpado enseguida, dócil y sumisa ante la ira de su suegra. Pero hoy era diferente. Las cosas habían cambiado.
"Landen y yo hemos decidido divorciarnos. Ya no estoy obligada a hacer nada por tu familia", respondió sin emoción.
"¿Qué? ¿Divorcio?", espetó Kathy y lanzó una risa burlona, como si acabara de escuchar un chiste absurdo. "Apuesto a que solo tú lo decidiste. ¡Kaelyn, no olvides tu lugar! ¡No tienes derecho a hacer berrinches conmigo! ¡Si no vuelves en media hora, tiraré todas tus cosas a la basura!". La línea se cortó cuando Kathy colgó bruscamente.
Kaelyn se quedó inmóvil, con los labios apretados en una fina línea. Luego, con mucha tranquilidad, se levantó de la cama y se vistió. Aún tenía unas pertenencias importantes en su habitación de esa casa, y hoy parecía el día perfecto para recuperarlas. De una vez por todas, cortaría sus lazos con la familia Barnett.
Un taxi la dejó en la mansión. En cuanto Kaelyn entró, una voz estridente la saludó desde la sala de estar. "¡Miren quién se atreve a venir! ¿No volviste a casa en toda la noche? ¡Debes haber estado tramando algo turbio!".
Kaelyn se volvió hacia el sofá, donde Kathy y su hija Verena Barnett estaban sentadas, elegantemente vestidas, pero exudando arrogancia como simples pueblerinas.
La expresión de Kaelyn se volvió más severa cuando se encontró con sus miradas desdeñosas. "Oh, sí, bastante turbio", respondió ella. "Después de todo, descubrí que Landen me estaba engañando con Claire... Nada menos que en nuestro aniversario de bodas, frente a mis propios ojos. Si esto se llega a saber públicamente, la reputación de la familia Barnett quedará en ruinas".
"¿Qué? ¿Claire ha vuelto?". Kathy abrió mucho los ojos, pero luego su sorpresa rápidamente se transformó en una mueca de desprecio. "Bueno, ¿qué esperabas? Siempre has sido inútil. Has estado tres años en esta familia, pero no has quedado embarazada ni una vez. ¿Creías que Landen se quedaría de brazos cruzados y dejaría que el linaje familiar se extinguiera?".
"¡Exacto! Si no hubiera sido por el accidente de Landen y el último deseo de la abuela, ¿de verdad crees que una huérfana como tú habría podido casarse con un miembro de la familia Barnett? ¡No puedes compararte con los antecedentes familiares ni el talento de Claire! Una mujer estéril como tú merece que Landen la ignore!", exclamó Verena.
Kaelyn casi se rio a carcajadas ante la absoluta desfachatez de ellas. Su audacia la enfurecía y la divertía al mismo tiempo.
Sin decir nada, metió la mano en su bolso, sacó un informe médico que Landen le había entregado años atrás y lo arrojó al regazo de Verena. "Landen nunca tuvo intimidad conmigo, ni siquiera una vez. ¡No puedo embarazarme sola!".
Verena, quien estaba a punto de lanzar más insultos, se congeló cuando leyó el informe. Sus ojos se abrieron como platos y su rostro palideció ante la declaración de que su hermano padecía de impotencia.
"¿Cómo...? ¿Cómo es esto posible?". Sus manos temblaban mientras agarraba el papel con incredulidad.
Al ver el informe, Kathy levantó una ceja. Pero era más serena que Verena, así que su expresión cambió brevemente cuando recuperó la compostura.
"Bueno, si Landen puede tener intimidad con Claire, eso demuestra que él no tiene nada malo. Es tu fracaso lo que lo llevó a mentir sobre su impotencia en lugar de tocarte", afirmó.
"¿En serio?". Kaelyn esbozó una sonrisa gélida y le dio una mirada burlona. "¿Han olvidado quién se quedó al lado de Landen y estabilizó el caos en el Grupo Barnett cuando él tuvo su accidente y Claire huyó al extranjero?".
La mandíbula de Kathy se tensó mientras la observaba. Estaba sin palabras, pero pronto su expresión se volvió severa. "¡No creas que no sé que tú planeaste todo esto! ¡Desde el principio querías casarte con un miembro de la familia Barnett! ¡No eres diferente a Claire, las dos codician nuestra riqueza!".
Como siempre había sido cercana a Claire, Verena se puso incómoda ante la comparación de su madre.
Erizándose, la defendió a toda prisa. "¡Mamá, no metas a Claire en el mismo saco que esta mujer! Ella se fue al extranjero para buscar médicos para Landen, no porque estuviera huyendo. ¡No se parece en nada a Kaelyn!".
Luego, se volvió hacia la aludida y le lanzó una mirada moralista. "Si no hubieras interferido y no te hubieras casado con Landen, Claire no habría tenido el corazón tan roto para quedarse en el extranjero todos estos años. Ha vuelto porque todavía se preocupa por mi hermano. Kaelyn, le debes una. ¡Tú eres la otra mujer en su relación con Landen!".
La aludida dejó escapar una risa y sacudió la cabeza, como si finalmente llegara al final de su paciencia. Sin decir nada más, metió una mano en su bolso, sacó la petición de divorcio y se la mostró a las dos mujeres. "¿Ven esto?", espetó. "Estoy decidida a divorciarme de él. Díganle a Landen que se prepare y vaya conmigo al juzgado. Entonces será libre y esa pareja desvergonzada podrá hacer lo que quiera".
Sin molestarse en discutir más, se volvió sobre sus talones y se dirigió al piso superior, dejando atónitas a madre e hija.
Hasta que Kaelyn terminó de empacar y salió por la puerta, Kathy y Verena permanecieron inmóviles, recuperándose lentamente del shock y de la incredulidad. Tenían los ojos fijos en la solicitud de divorcio sobre la mesa.
"¿De verdad piensa divorciarse de Landen?", murmuró Verena con recelo. Al agarrar el documento para examinarlo de cerca, su rostro se contrajo de rabia. "¡Ja! ¡Justo lo que pensé! ¡Solo quiere el dinero! Mira, quiere quedarse con la mitad de los activos de la familia Barnett. ¡Es una desvergonzada!".
El sonido de la puerta principal abriéndose rompió el silencio absoluto. Landen entró con una expresión cansada pero serena.
Las dos mujeres se acercaron de inmediato, como si fuera una emboscada.
"¡Landen, tienes que acabar con esta tontería!", exclamó Kathy, muy indignada. "¡Esa mujer se ha aprovechado de nuestra familia y ahora exige aún más! ¡Está usando este divorcio para extorsionarnos!".
"¡Sí, y eso no es todo!", intervino Verena con voz temblorosa. "¡Nos faltó el respeto a mamá y a mí, nos arrojó la solicitud de divorcio y actuó completamente fuera de lugar! ¡Hay que exponerla para que todos sepan que no es más que una desvergonzada! ¡Una vez que todos la rechacen, no tendrá más opción que regresar arrastrándose con nosotros!".
Landen frunció más el ceño y entrecerró los ojos. "No", afirmó, sin dejar lugar a discusión.
El Grupo Barnett se encontraba en un momento crucial, ya que era reconocido como una de las cien empresas más importantes del mundo. Su futuro podría alcanzar alturas sin precedentes con el apoyo de Rodger Barnett, el actual líder de la familia y un hombre de inmensa influencia en círculos militares y financieros. En ese momento, cualquier escándalo podría ser desastroso.
Antes de que pudiera seguir hablando, su celular vibró con un mensaje. Landen lo sacó y respondió irritado. Pero su expresión cambió en cuestión de segundos. Su molestia se transformó en urgencia.
"¿Qué acabas de decir? ¿Has conseguido una pista sobre Egret?", preguntó en voz alta con interés. "Sigue investigando. ¡Sea lo que sea, necesito que me ayude!".
...
Era las diez de esa noche, en el Bar Radiant.
"¡Por el regreso de Kaelyn!". Sebastian levantó su copa con una sonrisa amplia y desenfrenada mientras disfrutaba de la animada atmósfera. Todos podían ver su alegría contagiosa.
Sentados a su alrededor, sus secuaces lo imitaron con entusiasmo, levantando sus copas y vitoreando en voz alta.
"¡Bienvenida de vuelta, Kaelyn!".
"¡Kaelyn, eres asombrosa! ¡En cuanto se corrió la noticia, la gente quiso descubrir quién era la legendaria sanadora Egret!".
"¡Exacto! ¡Escuché que el Grupo Barnett ofreció un millón! ¿Te imaginas la cara que pondría Landen si supiera quién eres en realidad?".
Al escuchar ese nombre, la expresión de Kaelyn se volvió fría.
Sebastian notó el cambio y se apresuró a desviar la conversación. "¿Un millón? Eso no es nada. ¡Otra persona hizo una oferta y propuso quince millones para localizar a Kaelyn! ¡Y le ofrecieron setenta millones si aceptaba su caso!".
Kaelyn hizo girar su bebida antes de tomar un sorbo con indiferencia.
Ni siquiera respondió. Quienquiera que estuviera dispuesto a pagar esa suma debía tener una red de poder e influencia, y el paciente debía tener una condición realmente complicada. Acababa de regresar, así que todavía no quería sumergirse en un caso tan exigente.
Al notar su silencio, Sebastian sabiamente redirigió la charla hacia temas más ligeros.
Kaelyn no dijo nada y siguió tomando su bebida mientras sus pensamientos divagaban.
Pero pronto, su animado grupo atrajo miradas curiosas, y los extraños comenzaron a acercarse para unirse a su conversación. Las interrupciones la ponían incómoda. Con un suspiro frustrado, se inclinó hacia Sebastian y tiró de su manga. "Vamos a bailar".
Kaelyn entró a la pista de baile con movimientos fluidos. Después de años de asfixiante restricción por parte de los Barnett, ahora no quería nada más que deleitarse con su libertad.
Mientras se escuchaba el ritmo palpitante de la música de rock, ella se dejó llevar, moviéndose con elegancia sin mucho esfuerzo. El mundo se volvió borroso hasta que no existió nada más que la música y el movimiento.
Pronto los bailarines que la rodeaban vacilaron y se quedaron cautivados por su magnetismo.
Bajo las luces destellantes, su vestido negro se ceñía a su figura, acentuando su belleza. Cada paso y giro era fascinante, una mezcla de fuerza y elegancia que hechizó a la multitud.
"¿Esa es... Kaelyn?".
Landen se quedó congelado cuando entró al bar. Su voz apenas se escuchaba por encima de la música. Tenía la mirada fija en la radiante mujer en el centro de la pista de baile.
Había traído a Verena y unos amigos para celebrar el regreso de Claire del extranjero, pero no imaginó que se encontraría con Kaelyn ahí.
¿Esa aburrida y mundana mujer tenía una fachada inesperadamente cautivadora?
Aferrada al brazo de Landen, Claire sintió que sus músculos se tensaban en cuanto sus ojos se posaron en Kaelyn. Sus cejas se fruncieron ligeramente debido al disgusto.