Le parecía una estupidez ser obligado a tener un hijo. Tener que demostrarle a su padre que podría tener una herencia genética no era algo que le importara a Ayden Emory. Suficiente tenía con ser uno de los mejores empresarios en Estados Unidos, premiado, multitud de veces, por su capacidad en los negocios y por si fuera poco llevar con excelencia la compañía familiar.
¿A caso eso no era suficiente?
Ayden se reía mientras salía del despacho de su padre, será muy buen negociante y tendrá muchos premios, pero sabe de qué nada sirve cuando se trata de negociar con aquel hombre que le enseñó todo cuanto sabe.
-Katty, llama a mi abogado -ordena por el altavoz a su asistente-. Dile que lo veo en una hora en mi casa.
Cuelga.
No espera a que digan de acuerdo y mucho menos da un gracias. Al final de cuentas ellos solo son empleados y hacen lo que se les ordene. Entra a su auto y conduce desde la mansión de su padre a las afueras de la ciudad hasta el corazón de Manhattan por la 5th Ave.
Reduce la velocidad al llegar y entrega las llaves de su Aston Martin a su portero para que este lo guarde. Sube a su departamento y busca directamente en internet algo que le dé una respuesta a lo que necesita, un hijo.
«Estoy viejo y enfermo» recuerda las palabras de su padre, como si estuviera junto a él.
-Viejo chantajista -resuelve en voz alta.
Deja sobre la mesa su laptop y camina directo a su recámara, se quita uno de los cientos de trajes que usar diariamente y se deja el pecho desnudo usando solo un chándal. Va hacia el piso de su gimnasio personal y se mira fijamente en el espejo.
-Mi cuerpo es mío, estoy bien, esto es mental -dice a su imagen frente a él-. Mi cuerpo es mío, estoy bien, esto es mental.
Repite una y otra vez hasta el timbre de la entrada suena. Baja al primer piso y le abre a su flamante y arrogante abogado.
-Daniel, es un gusto verte acá -saluda abriendo la puerta-. Pasa, he pedido pizza. No tarda en llegar.
Daniel, que sabe perfectamente el secreto de Ayden, espera a que este avance para no invadir su espacio personal.
-Qué bueno, pero dime ¿a qué he venido? -Una de las cualidades de Daniel Cheng es que no se anda por las ramas.
Ayden camina hasta la mesa de su cocina, toma su laptop y se sienta justamente frente a su abogado en la sala. Pone la pantalla frente a él y Daniel la mira con cuidado, como estudiándola.
-¿Quieres adoptar? -pregunta confundido.
-No, esa no es una opción -aclara recordando que su padre le exigió que tener un hijo adoptado no era una posibilidad. Quería seguir con la línea sanguínea y que su nieto heredara absolutamente todo de ellos-. Necesito un vientre de alquiler.
Daniel parpadea comprendiendo las palabras de su cliente favorito. Al año le hacía ganar cientos de miles de dólares.
-¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? -inquiere su abogado con muchas dudas.
-No, pero es lo que necesito para que mi padre me deje toda la compañía -aclara él haciendo que Daniel se sorprenda-. Está muriendo, y quiere que le asegure que la herencia familiar no se perderá en un fondo de gobierno. Quiere que me case y que tenga una familia. Sabes de mí... -hace una pausa, pues, no quiere decir en voz alta lo que ambos ya saben-, es más que claro que jamás podré intimar con una mujer así que. Esta es una opción.
-¿Pero y tu hermano? Él quizás pueda darle el nieto que el viejo Gerard quiere.
Ayden se levanta riendo de aquel comentario.
-Bien sabes que mi padre apenas lo tolera... y la verdad es que yo tampoco lo hago -confiesa sin pena alguna.
Todas aquellas cortas respuestas hacen que Daniel entienda mejor la situación. Ignoraba que Gerard Emory estuviera muriendo. Tendría que preguntarle a su padre si este ya lo sabía. Tener como clientes a los Emory no era casualidad. Los Cheng se habían formado de un nombre en la ciudad gracias que tanto padre e hijo trabajaban como sus abogados.
-Tengo que ser sincero Ayden, estás soltero y ese es un gran problema a la hora de encontrar a la mujer adecuada. No cuentas con referencias sobre qué tipo de mujeres te gustan porque nunca has estado en una relación -declara recordando su última conferencia sobre la subrogación en el estado de Nueva York-. Necesitas óvulos y me gustaría saber si quieres que la madre los done o tenemos que conseguirlos.
Ayden no había pensado en ello, por lo que duda por un momento.
-En caso de que la madre los done, ¿tiene que estar involucrada después del parto? -inquiere con la esperanza de que no sea así.
-Por supuesto que no, podemos definir el contrato para que sea como tú quieras -aclara haciendo que Ayden mantenga la esperanza.
-Vale, búscala, ofrece una buena suma -advierte con expectativas-. Quiero que quede claro que una vez que tenga a mi hijo no la volveremos a ver.
-De acuerdo, pondré a mi gente a trabajar -dice Daniel poniéndose de pie.
-No, esto quiero que sea privado, no quiero que nadie se entere -remarca con ostracismo-. Y una cosa más, quiero entrevistarla personalmente.
Daniel tiene cientos de preguntas más, pero no las hace, sabe lo justo y necesario para buscar ese vientre de alquiler. El cómo vaya a educar a un hijo que necesita ser cargado cuando él mismo no tolera que le toquen, no es de su incumbencia.
La pizza llega y ambos hombres degustan de ella mientras aclaran algunas otras cláusulas del contrato. Como los cuidados, el hospital y las necesidades de la que vaya a ser la madre, desde la compra de ropa, hasta los masajes corporales.
-Realmente quiero consentir a la mujer que llevará a mi hijo en su vientre -asegura el millonario-. Solo te pido, que de preferencia sea una mujer inteligente y que no tenga enfermedades degenerativas. Búscala.
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Arya yace emocionada en la ceremonia de premios de la universidad, los IG Nobel. Todo parecía ir de lo mejor. El premio en el área de psicología iba a ser nombrando cuando una llamada en su móvil interrumpe sus cavilaciones sobre el futuro ganador.
-Diga -responde al descolgar la llamada.
-¿Es usted Arya Harley? -pregunta una voz femenina del otro lado de la línea.
-Así es
-Su madre, Mirella Harley, ha sufrido un percance en el centro comercial. Se ha desmayado y ha sido trasladada a la clínica Carney -explica la mujer con calma.
-¿Está bien? -pregunta sintiendo como el temor le sube por la columna y suda frío.
Su corazón late aceleradamente y tiene miedo por su madre. Es la única persona que la ama incondicionalmente. Es su ancla.
Luego de saber lo básico cuelga para dirigirse a la clínica.
-¡Hey, espera! -pide su mejor amiga cuando ve que se escabulle de entre la multitud para irse.
-¡No puedo, debo irme, mi madre se puso mal! -aclara Arya saliendo del recinto y dejando atrás los tan anhelados premios.
Mientras se traslada a la clínica no puede dejar de pensar en el bienestar de su madre, tiene meses enferma, pero por falta de un buen seguro médico no ha podido atenderse como debería.
Al llegar a la clínica le informan que su madre está delicada, pero estable, eso de alguna manera le tranquiliza. Cuando puede verla entra a la habitación para encontrar que su mamá está dormida descansando.
Hubo un tiempo en el que su familia estaba bien, su padre era un gran protector y proveedor. Su hermano era cariñoso y cuidadoso con las mujeres de su familia y su madre horneaba pizzas todos los sábados en la noche. Extrañaba esos tiempos cuando vivían en Cary, en Carolina del Norte.
Todo era perfecto, hasta que cerraron la compañía de tecnología móvil para la que trabajaba su padre. Lo transfirieron a una de sus sucursales en Boston, pero un accidente en auto mientras estaban de vacaciones, le dañó la vista y no pudo seguir trabajando más.
Cayendo así en los excesos. La bancarrota pronto llegó y tuvieron que mudarse de barrio, llegando así a su actual residencia. Su hermano comenzó a juntarse con malas compañías y su padre a desaparecer. Tenían ya siete años viviendo en condiciones deplorables. La salud de su madre iba cada vez en decadencia y la depresión por lo vivido no le permitía ni siquiera salir a trabajar.
Arya se sentía al borde del colapso y a veces pensaba que lo mejor sería llevarse a su madre y desaparecer del todo. Total, a su padre y hermano, ellas no les importaban.
Esperando que su madre despierte, vuelve a leer el correo de hace unos días. Había sido aceptada como alumna de intercambio en su último año. Debía irse al extranjero, concretamente a Alemania. Eso la tenía feliz y a su vez preocupada, no quería dejar sola a su madre.
Imaginaba su vida en Alemania, alejada de sus problemas familiares y conociendo gente nueva. Además de la experiencia de aprender de la medicina alemana que dicen es muy sofisticada.
-¿Cómo haré para pagar el semestre? -pregunta a nadie en específico mirando por la ventana del hospital.
Toda su vida había querido ingresar a esa universidad y ahora que por fin ha logrado su sueño, parece que la vida se ha empeñado en arrebatárselo.
-¿Señorita Harley? -pregunta un médico al entrar a la habitación. Arya solo asiente y se acerca a él quien la guía de camino al pasillo. Quizás para que su madre no escuche.
-¿Está algún otro familiar con usted?
-No, solo estamos mi madre y yo. ¿Me va a decir que ha pasado? -inquiera ella echando un vistazo rápido a su madre.
-Ella tuvo un paro cardiaco, está muy débil y necesita una cirugía.
Arya siente cómo su mundo completo se derrumba.
El médico comienza a hablar y explicar lo que puede pasar, ella como estudiante de medicina está al tanto de los términos que le dicen y está consciente de los pros y los contras.
Arya tenía cientos de preguntas, primeramente, sobre la salud de su madre y luego el costo de todos los procedimientos que le hacen. Es imposible que ella pueda cubrir esa totalidad. No gana lo suficiente limpiando casas y además está lo de la universidad y lo del intercambio al extranjero.
«Dios, tendré que dejar la escuela» piensa para sí.
-Espere, ¿Cuánto saldrá aproximadamente todo esto?
El médico la observa detenidamente antes de responder.
-No sé si tengas seguro, en caso de no tenerlo, esto te saldrá una buena fortuna -dice sin tapujos.
-¿Cuánto? -inquiere Arya de nuevo.
-Eso te lo dirán después.
-¡Por favor, necesito saberlo! -suplica la joven de cabello desteñido y alborotado.
-Al menos cincuenta mil dólares, pues como comenté quizás necesite cirugía si empeora. De no ser así, te puede salir unos cuantos miles de dólares -suelta en voz baja para luego marcharse definitivamente.
Arya camina hasta la silla más cercana y se tumba en ella. Llama a su amiga, quien ya anteriormente le había contado sobre como su prima se había ganado una fortuna haciendo nada.
«Quizás lo que ella hizo me sirva de alguna manera» piensa mientras manda mensaje a Eleanor.
No tiene opciones, sería lo que fuera que hizo la prima desconocida de su amiga, o prostituirse por un largo periodo y, aun así, ¿quién querría tener sexo con una chica desaliñada, delgada y sin ningún aspecto físico sobresaliente más allá de las pecas debajo de sus ojos?
Eleanor llega lo más rápido posible, preocupada por su amiga. Arya le relata lo sucedido, así como su supuesto intercambio al extranjero. Llora desconsoladamente, pues se siente triste, sola y devastada. Sabe que debe ser fuerte, pero no sabe cómo serlo.
-¿Me dirías que hizo tu prima para ganar dinero? -pregunta finalmente Arya. -Estoy desesperada, Eleanor -declara en un hilo de voz mientras sorbe.
-¿Qué estarías dispuesta hacer para conseguir el dinero que necesitas? -pregunta con cuidado, lo último que quiere es que su amiga le vea como a una loca.
-Estoy desesperada, a estas alturas haría lo que sea, no tenemos nada de comer -la frustración era casi palpable en cada palabra.
Eleanor toma un respiro y busca las palabras adecuadas para decírselo a su amiga. La mirada de desesperación en ella es la que la convence.
-Mi prima ha ganado su dinero siendo madre sustituta, ha tenido un embarazo subrogado -enfatiza la palabra dinero para que esta sea más atractiva para Arya. Su amiga la observa con incredulidad y hasta con asco ¿cómo cree que ella se prestaría para tal cosa?-. Los padres del bebé le pagaron todo, comida, citas médicas, terapia preparto, viajes, todo, además de esa cantidad. Eso podría asegurarte el último año de escuela.
-Eleanor, estoy en último año, ¿crees que tendría un hijo solo para obtener dinero? Eso es tan descabellado en muchos sentidos.
Arya se pone de pie sintiéndose insultada, cuando dijo «lo que fuera» se refería a cosas legales.
-No sería tuyo... -aclara su amiga desde su lugar, mientras recoge todo-. Solo prestarías tu vientre para que se geste el bebé. El óvulo ya viene fecundado.
-Si sé cuál es el proceso, te recuerdo que estudiamos medicina -dice alzando la voz-. ¿Pero te imaginas el tener que pasar el último año embarazada? Eso es de locos.
-Bueno, yo solo te daba una opción -expone Eleanor poniéndose de pie y caminando junto a su amiga-. Sé qué pasas por momentos difíciles, he visto que no comes y lo delgada que estás sé que tienes problemas en casa y en verdad si yo pudiera sabes que te ayudara más.
-Lo sé y agradezco tu buen corazón, pero algo tengo que poder hacer, lo pensaré y encontraré otra solución -resuelve sin la certeza de que así sea.
Luego de hablar un poco más sobre el tema, Eleanor se vuelve a casa dejando con el tema carcomiendo el pensamiento de Arya. Entonces recuerda su beca, aquella que le daría el pago del semestre, dinero para su madre y su pase al extranjero.
«Quizás con eso me alcance para cubrir los gastos de mamá, lo demás puede esperar, no es el fin del mundo» Piensa para sí mientras sale de la clínica en búsqueda del cajero más cercano.
Solo había dispuesto diez dólares para pagar un medicamento de su madre y el resto estaba guardado. Introduce su clave y entonces se da cuenta.
Siente cómo su corazón sufre un vuelco y las lágrimas caen lentamente mientras ve su cuenta en ceros. Todo cuanto tenía ha sido robado.
-¿Cómo es posible? -pregunta a la nada.
Repasa mentalmente si hizo algún pago de más, pero es imposible. No ha usado esa tarjeta y su móvil entra con contraseña. Revisa los detalles de los movimientos bancarios y se da cuenta de que el dinero ha sido transferido a una cuenta de su hermano.
Había sido robada por él. De alguna manera hackeo su teléfono, lo cual no sería muy difícil, ya que es vieja tecnología. Sale del banco maldiciendo a su hermano y luego piensa en una manera de recuperar dinero. La voz de Eleanor resuena en su cabeza, así que le llama.
El día transcurre lentamente, Arya no deja de pensar en eso mientras camina de vuelta a la clínica. ¿Tendría lo que se necesita para ser madre a tan joven edad?
Definitivamente, la necesidad era más grande que sus temores, tendría que afrontarlos si fuera necesario. Cuando llega a la clínica va directamente donde la asistente. Esta le informa que su madre tuvo un ataque al corazón y que esta había sido llevada a terapia intensiva.
-El médico le atenderá una vez que salga de una cirugía y le explicará la condición de su madre -informó solamente la asistente para luego marcharse.
-¿Eleanor? -pregunta cuando descuelgan la llamada
-sí, ¿quién habla?
-Soy Arya, oye, ¿es seguro el pago? -inquiere con dudas y su amiga sabe a qué se refiere.
-Sí, la compañía que se encarga de eso, se asegura de que los clientes sean confiables. Te asignan incluso hasta un abogado para que cuide de tus intereses -confiesa Eleanor notando que su amiga sigue preocupada-. ¿Estás bien? ¿A pasado algo?
-Mi madre se agravó, por favor, ¿podrías ayudarme? Me urge el dinero.
«Como dije, no tengo opción» piensa una vez más y se sienta en la sala a esperar.
Arya estaba aliviada de que su madre estuviera estable, pero cada detalle sobre los procedimientos resonaban en su cabeza con solo una palabra, dinero.
Todo ese día ella se quedó en el hospital, su madre estaba en la UCI y esperaba tener mejores noticias. No quería que le pasara nada malo, ella había sido su ancla cuando más la necesito. A mediodía, su vecina Lora las visitó y llevó un par de emparedados para Arya, sabía que la chica estaba demasiado delgada y que no era precisamente por mantenerse en forma.
Sabía que tenía un buen cuerpo, pero desnutrida como estaba, las curvas que una vez tuvo, ahora se esconden debajo de sus amplias ropas.
Arya que no había pegado ojo en toda la noche, aceptó la propuesta de su amiga y por teléfono le ayudó a rellenar el formulario de postulación. A la mañana siguiente decidió revisar su cuenta de correo con la esperanza de que le hubieran aumentado el monto de la beca por milagro divino. Nada más iniciar sesión notó que había uno de parte de un tal abogado, Daniel Cheng, invitándola a una entrevista para ocupar el puesto de madre sustituta.
"Puesto de madre sustituta"
Eso la hacía sentir como si fuera solo un trabajo y ya, le quitaba la humanidad a tan bello acto de amor como es el tener un hijo. Pero no podía quejarse, ella decidió que lo haría y de esta manera saldaría la cuenta en el hospital y podría buscar un mejor lugar para su madre y ella, lejos de su hermano y de ese feo barrio.
Sr. Daniel Cheng.
Acepto la entrevista, diga fecha, lugar y hora. ¿Tengo que llevar documentos en específico o eso los lleva mi abogado?
Saludos, Arya Harley.
Envía el correo y espera unos minutos mientras sigue caminando hasta la parada del bus. Una vez que sube y toma un asiento, la notificación de un correo nuevo llega. Está asombrada de que la compañía para la que se postuló le han contestado muy rápido.
Arya Harley,
La cita sería el día de mañana en el restaurante del Hotel Plaza a las diez de la mañana. Solo traiga su cardex de identidad.
Fifth Avenue at Central Park South
New York, NY 10019
Hasta entonces.
Daniel Cheng.
Arya revisa el correo varias veces, eso es en Nueva York y ella está en Boston. Entra en internet y revisa la forma en que puede llegar allá, de camino en autobús serían al menos casi cuatro horas, el boleto le sale de treinta a cuarenta dólares... Tiene el dinero justo para ir y venir. El tren sale aún más caro, así que se decide por el autobús.
De regreso a casa compra una sopa instantánea, se da una ducha a conciencia y duerme un par de horas. Recoge un pequeño bolso más grande con un cambio más de ropa y vuelve al hospital. El día siguiente cae sábado, Eleanor estará libre, así que le pedirá que le ayude a cuidar de su madre para que ella pueda ir a esa entrevista en NY.
Al llegar al hospital se encuentra con que el doctor quiere hablar con ella.
-¿Está bien mi madre? -pregunta inquieta nada más ver al cardiólogo de su progenitora.
-Está estable, pero necesita una reparación de válvula, la que tiene está dañada y necesitamos operarla de nuevo -informa concretamente el médico.
Ella sabe de lo que él habla, es estudiante de medicina. Aun así, el temor no le deja y la angustia de no tener dinero es peor aún.
-¿Es urgente? -pregunta ella sin saber qué hacer.
-No, está estable, pero no puede pasar de mañana -sugiere el cardiólogo-. Es su decisión si quiere operarla aquí o llevarla a otro sitio, solo sepa que en su condición es mejor no trasladarla.
-Está bien, deme tiempo y le daré una respuesta. ¿Ella resistirá?-aclara ella. Sabe que la cirugía se debe hacer si o sí, pero antes quiere negociar.
-Sí, mientras no se agrave -aclara el doctor.
Ha tomado una decisión y ahora debe hacer que todo marche conforme lo ha planeado.
Eleanor se quedó con su madre y ella toma un ourbus directo a Nueva York. Con una coleta alta, un poco de maquillaje, su mejor pantalón sastre y una blusa con saco a juego lograr verse presentable para una cita de negocios.
Un negocio en dónde su vientre será la materia prima a negociar. Sus tacones bajos resuenan en el piso lustrado del Hotel Plaza. Nunca había visitado Nueva York, pero el lugar la deslumbraba. Al llegar a recepción, preguntó por el restaurante y una joven le indicó a un maletero que le llevara al sitio.
El cielo abovedado de hermoso cristal la maravilló nada más entrar.
-Reservación a nombre de Daniel Cheng -anuncia al hostes. Este la invita a pasar y la guía por entre las mesas y sus comensales.
Los nervios los siente en el estómago, su corazón está acelerado y tiene un poco de temor. Su pequeño bolso con tan solo su cardex, un celular viejo de su vecina que le ha prestado y un gas pimienta por si lo ocupa, es todo lo que la acompaña. El dinero, mejor se lo ha guardado en el busto, total, solo le quedan como cincuenta dólares.
-Pase -informa el chico de pelo engomado abriendo una puerta a un privado.
Ella entra y encuentra a un par de hombres vestidos de traje, uno más apuesto que el otro, uno con cara de amargado y el otro con un rostro apacible.
-¿Arya Harley? -pregunta Daniel poniéndose de pie al verla llegar.
-Sí -ella extiende su mano y lo saluda.
-Daniel Cheng, el abogado que te contactó -advierte-. Él es mi cliente, Ayden Emory.
Arya por inercia se acerca a saludarlo de mano, pero este la mira con desdén e indiferencia.
-Tome asiento, señorita -dice en su lugar, señalando la silla más cercana a Daniel.
La joven se siente conflictuada por su actitud, pero acepta con un poco de bronca, pues si algo no le gusta es recibir órdenes.
-¿Te fue difícil llegar? Sé que vienes desde Boston -advierte Daniel, sirviéndole un poco de vino en una copa.
-No, de la terminal he venido en taxi -asegura ella con nerviosismo.
«O sea que si saben que vivo allá y, aun así, me hicieron venir hasta NY» piensa mientras le da un trago a la copa para bajar los nervios y armarse de valor.
-¿Tomas muy a menudo? -pregunta Ayden de la nada.
-No suelo beber, estoy en mi último año de la facultad de medicina y debo mantenerme alerta -explica ella, luego señala la copa-. Estoy nerviosa, solo quería tomar valor.
-Vale, hemos querido que vinieras porque queríamos saber qué tan interesada estás en esto y si realmente estás consciente de lo que harás -explica con calma, Daniel-. Nadie que no esté decidido de lo que hará viajaría hasta acá solo para una entrevista. ¿Estás decidida?
Arya toma aire, ¿lo está?
-Sí, estoy decidida, necesito el dinero -dice de sopetón, haciendo que ambos hombres se vean mutuamente, lo que la lleva a ella a tener que explicar-. Tengo... unos asuntos familiares.
Ayden se pregunta qué tipo de problemas puede tener esa joven de cabello marrón y ondulado, ojos avispados color chocolate y mejillas sonrojadas.
-No pensé que la compañía fuera a colocarme tan pronto en una entrevista -resuelve con dudas.
-No estamos vinculados a esa empresa, una amiga que trabaja ahí me pasó tu contacto, y señaló que te urgía un pago, tanto como a mi cliente le urge tener un hijo -aclara Daniel, sacando unos documentos y poniéndolos sobre la mesa.
-¿Esto será legal? No quiero terminar sin órganos y votada en una esquina -suelta sin pensarlo ante el temor de que eso pase.
-Te aseguro que no será así, el solicitante, mi empleador aquí presente -señala al hombre de su lado derecho-. Es una figura pública y respetada de la comunidad neoyorquina. Por eso te citamos aquí, para tu seguridad y confianza, pero en próximas ocasiones, nosotros iremos a Boston.
Arya asiente asimilando la información y le pasa la mirada rápidamente al hombre frente a ella, es apuesto.
«¿Por qué querría contratar un vientre? Seguro que cualquier mujer estaría dispuesta a darle un hijo» medita notando los hombros cuadrados y los bíceps que se marcan ahora que tiene los brazos cruzados frente a su pecho.
-Te haré una serie de preguntas, ¿está bien? Sé lo más sincera posible -pide el abogado, que en contraste de su "empleador" es más amable.
Arya toma otro trago de la copa de vino mientras el hombre prepara su lista de preguntas.
-¿Eres virgen? -Arya casi escupe el trago, pero lo sostiene. Ayden se escandaliza y la mira con asco. Daniel por su parte se ríe y le pasa una servilleta-. Lo siento, son cosas que debo preguntar.
-Vale, no hay problema -dice ella recomponiéndose-. No, no lo soy. -Ayden toma de su vaso de agua cuando ella aprovecha para seguir con su respuesta-. Digo, si un vibrador cuenta.
Ella nota como Ayden traga duro y le cuesta pasarse el agua. Daniel vuelve a reírse, pero cuando nota el ceño fruncido de su jefe se aplaca.
-Bueno, esto es incómodo, pero prosigo -dice y toma pluma-. ¿Cantidad de parejas sexuales?
-Pues solo he tenido un par de dildos, resulta que los de látex son muy resistentes -responde sonriendo y Daniel suelta una carcajada.
Ayden se pone de pie molesto y rompe el buen humor de la habitación.
-Esto no es un puto juego, señorita Arya -dice amenazante-. Largo.
-No, espere, yo solo bromeaba -aclara ella con seriedad.
-¡Dije, que, largo! -puntualiza cada palabra y golpea la mesa.
Arya que ve su única oportunidad hecha añicos, se arrepiente de haber bromeado con el abogado tal como lo hizo, nunca pensó que eso tuviera tales consecuencias.
Camina devastada a la salida sin esperar nada, ahora no sabe qué hacer ni a quien acudir. Entra al baño más cercano y se encierra a llorar.
«Perdí una buena oportunidad, estoy acabada» piensa para sí mentalmente una y otra vez.
Al cabo de unos minutos se refresca el rostro y se suelta unos mechones de cabello que le ayuden a ocultar lo hinchado de sus ojos. Toma aire y sale de vuelta al restaurante, camina hasta la salida y de ahí a la calle.
Ve que vienen muchos taxis e intenta parar alguno, pero en vez de eso un Aston Martin color oscuro se estaciona frente a ella. Es Ayden Emory.
-Entre -pide, pero esta lo ignora-. ¿Es siempre tan cabeza dura? Entre o no hay trato.
La esperanza de que no todo estaba terminado se apodera de ella y entra al auto del millonario sexi.
Ninguno dice nada hasta que llegan al estacionamiento de un alto edificio, por la misma calle.
-Esta es mi casa -informa al bajar-. Bueno, uno de estos pisos es mío.
Ayden camina alejado de ella sin invadir su espacio personal y ella por temor de él tampoco se acerca.
Entran al elevador privado y llegan hasta el pent house de Ayden.
-Pase, siéntese y le traeré agua -dice sin mirarla-. Ya ha bebido suficiente.
El hecho de que le echara en cara esos dos tragos no le pasa desapercibido. Hace nota mental de que a él no le gusta que beba.
-Pensé que quería que me largara -murmura en un hilo de voz Arya cuando él pone el vaso de agua frente a ella y se sienta en el sillón más alejado.
-Eso quería, pero Daniel me ha dicho que estos trámites pueden tardar meses -aclara como si eso le molestara-. Seré sincero con usted, necesito un hijo, pero sin que mi padre se entere de que es por vientre de alquiler, él tiene que saber que es mío, no importa el cómo y, por si fuera poco, necesita creer que usted y yo tenemos una relación -dice en voz alta haciendo que Arya sienta mariposas en el estómago-. Falsa por supuesto. No tiene que acercarse a mí, ni abrazarme, ni besarme, ni nada de eso. No tolero el contacto. ¿Entiende?
Arya procesa toda esa información y la resume en su cabeza.
-Entiendo, darle un hijo, ser su novia de mentiras y jamás tocarlo -resuelve para ambos haciendo que él asienta orgulloso de que ha entendido-. Solo tengo dos preguntas, si usted es el donante de esperma, ¿quién pondrá el óvulo? Y la segunda ¿Cuánto está dispuesto a ofrecer?
-Pensé que Daniel le había explicado que usted sería también la donante de óvulo... como dije, no tolero el contacto físico con nadie, eso no me hace un buen candidato con las mujeres, así que el trato será que además del embarazo subrogado, también sea donante ¿La cifra? Pagaré lo que quiera.
La joven se siente aturdida por aquello. Una cosa es no sentir ningún lazo, pero el donar óvulos para el proceso significa involucrarse.
-Necesito pensármelo -aclara ella-. No pensé que tuviera que ser madre tan joven, aunque eso signifique cederle totalmente a "nuestro hijo". En cuanto al monto, agradezco que diga que lo que quiera, pero esto es un negocio. Me gustaría pensármelo y también saber un poco más sobre las condiciones.
La forma en que ella lo dice, le deja más que claro a él que esto es difícil para ella.
-No agradezcas, esto es un negocio, tú quieres algo de mí, yo quiero algo de ti -responde fríamente Ayden haciendo que Arya de nuevo levante sus muros.
-Tiene razón, esto es un negocio, y como tal debemos negociar -dice tomando esa actitud seria que intenta tener-. ¿Cómo funcionaría esto? Vivo en Boston.
-Ocupo se mude acá, tendrá su habitación aquí, puede traer a su madre si quiere, solo vengo acá a dormir -advierte él quitándole importancia.
-¡Imposible!, mi madre no puede saber lo que haré, ella es religiosa, no me lo perdonaría -aclara-. Además, estoy en el último año de universidad, se suponía me mudaría a Alemania en un viaje de intercambio.
Ayden se para un poco frustrado con la situación, pero piensa en un plan.
-Vale, se viene acá y le ayudo a que se acomode en uno de los mejores hospitales de la ciudad -asegura pensando en su hermano menor-. Yo me haré cargo de todos los gastos, le daré una pensión mensual... lo de su madre y bueno, el dinero para mí no es problema. Solo quiero saber si va a cumplir mis cuatro condiciones.
-Supuse que eran tres -deduce ella repasando mentalmente la conversación.
-Me dará un hijo, donará sus óvulos o bueno, yo los compraré, solo ponga precio -resuelve haciendo que ella se sienta nada ante él-. Fingirá ser mi pareja viviendo acá, no me tocará y desaparecerá de nuestras vidas, una vez mi hijo nazca ¿entendido?
Arya reflexiona en aquellas palabras como si fueran dagas atravesando su corazón
-¿Puedo pensármelo?
-No mucho, no tengo tiempo que perder -recuerda a ambos y se pone de pie abriendo la puerta para que ella se marche.
La joven toma su bolso y camina hasta la puerta, es más que claro que ya no es invitada en el sitio.
-Gracias, se lo haré saber, tengo mucho que pensar -dice subiendo al elevador privado.
-No piense mucho, señorita Harley, solo son negocios. -Él le extiende una tarjeta con su número privado-. Me hace saber su respuesta, estaré esperando.
Dicho esto, el elevador se cierra y lo último que ve es la mirada fría de Ayden Emory.
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El camino de regreso había sido triste, ella tendría no solo que ser madre sustituta, sino también donante. De alguna manera eso la hacía sentir mal.
«Si tan solo hubiera una manera para no tener que hacerlo» medita entrando al hospital para cuidar el resto de la tarde a su madre.
El sonido de las máquinas despierta a Arya al día siguiente, su madre tiene de nuevo una crisis. Así que es llevada de urgencia a cirugía.
-Señorita Harley, si no tiene para pagar el total, puede hablar con nuestro departamento financiero para hacer un contrato de pagos fijos -explica la asistente diurna-. Por el momento, debe estar segura de que su mamá salió fuera de peligro y tiene que permanecer al menos una semana en el hospital.
La mujer de melena oscura y gafas anchas le explica con detalle y claridad todo lo sucedido con su madre. Una cirugía a corazón abierto, un bypass coronario y varias transfusiones sanguíneas son algunas de las cosas que le hicieron.
Arya siente cómo las palpitaciones le nublan la vista, siente que se desvanece, no ha comido bien en días y no ha probado alimento desde un día antes y fue una sopa instantánea, cero nutritiva.
-Espere -pide a la asistente y sale de la clínica para hacer esa llamada que dudaba tanto en hacer.
-Mi madre está muy grave en el hospital, si hago esto prométame que se hará cargo de todos los gastos de ella y que yo tendré todo lo justo y necesario durante el embarazo y hasta que tenga a su hijo. No pido más -suelta en cuanto Ayden descuelga la llamada de su móvil.
Ayden, que nota la genuina preocupación en la joven, siente un poco de pena.
-Hecho, yo me hago cargo de todos esos gastos -afirma con seguridad haciendo que ella relaje el cuerpo.
Arya siente como si la comprara, pero el costo lo vale. Su madre estará bien.
-Entendido, a cambio, usted se encarga de mi madre y sus gastos médicos y de mí durante el embarazo -resume ella para que él no diga que no dijo nada.
-Y de su universidad y residencia...
-Vale, de eso -dice quitándole importancia.
Lo único que a ella le importa es que su madre este sana y bien. Es lo único que para ella realmente vale la pena, no importa el costo.
-Entonces, trato hecho -declara Ayden a través del móvil.
-Trato hecho -responde ella con alivio en su corazón.
«Pasé de ser estudiante a madre de un hijo para el CEO» piensa antes de desvanecerse.
Por su parte, Ayden, ante la presión de su padre, desea poner en marcha lo antes posible su plan. Necesita mantener esa fachada de una relación con la joven Arya y llegar a tener un hijo.
No era algo que él hubiese querido, pero era algo que necesitaba si quería conseguir quedarse con la empresa familiar.
Recordaba su infancia, no quería que nadie pasara lo que él pasó. Tenía miedo de traer un hijo al mundo, no importa la forma en la que esto fuera.
Sus meditaciones se vieron interrumpidas por una llamada de su hermano.
-Hola -saluda su hermano mordazmente.
-¿Qué quieres? -responde Ayden cortante a sabiendas de que su hermano es un maldito.
-Hola a ti también, hermanito. Me alegra tanto que me llamaras, te extraño -dice con falsa voz y tono sarcástico.
Ayden siente que le hierve la sangre solo de oírlo. Nunca se han llevado bien, todo gracias a su madre.
-No dejas de ser un estúpido -dice con saña-. ¿Qué quieres? ¿Otra vez te "robaron"?
Ayden le recuerda aquella vez en la que supuestamente su cuenta había sido vaciada, pero en realidad se había gastado todo su dinero en saber dios qué. Su padre tuvo que pedirle que sacara dinero del fideicomiso familiar para restituirle algo de lo supuestamente robado.
-Solo hablo para decirte que mi padre también me ha hecho la misma propuesta que a ti -advierte con recelo para intentar provocar a su hermano-. Y quiero decirte que vas a perder, yo me quedaré con la compañía mientras tú ves cómo todo se desmorona ante tus ojos.
-¡Eres un maldito, Mark! -grita al móvil-. Sobre mi cadáver dejaré que arruines lo que mi familia ha construido.
-¡Nuestra... nuestra familia! -recrimina.
Ayden cuelga la llamada antes de decir algo de lo que se puede arrepentir. Hay secretos que debe guardarse por el bien de su padre, de él y de su despreciable hermano. De lo único que se debe encargar, es que nunca nadie los descubra y que Arya jamás pregunte.