Capítulo 1
Primer aniversario
Raúl actuó indiferente toda la mañana. Se fue a trabajar con normalidad, a pesar de que Amelia le pidió que se tomara el día. Se sintió triste de saber que él había olvidado una fecha tan especial.
Clarita era cómplice en la sorpresa. Raúl había rentado una cabaña en Rhode Island y se fue primero para decorar.
Colocó globos por todas partes y rosas rojas que iban regadas desde el inicio de las escaleras hasta la puerta de la habitación. Allí esparció más, pero alrededor de la cama. También colocó unas velas aromáticas, que encendería en su momento para que no se consumieran.
Eduardo y Clarita convencieron a Amelia de dar un paseo para animarla. Después de rodar por varios kilómetros, la dejaron afuera de la cabaña y se retiraron a toda prisa.
Ella no entendía nada. En la puerta había una nota que indicaba que la llave se encontraba escondida en una maceta colgada a la izquierda. Buscó la llave y abrió la puerta. Una vez que entró vio los globos y una pancarta que decía "Feliz aniversario Amelia".
Vio otra nota, la cual le indicaba que se dirigiera a la habitación. Subió las escaleras y allí encontró en la cama una rosa roja junto a una barra de Hershey's.
Suspiró al ver eso, y se estremeció cuando unos brazos la envolvieron desde atrás besando su mejilla.
-Feliz aniversario, princesa. Perdón por fingir que lo olvidé, es que quería darte una sorpresa. ¿Te gustó?
Amelia se giró para quedar frente a él sin soltarse de su agarre. Le echó los brazos al cuello y lo miró a la cara.
-Me ha gustado todo. ¿Me llevarás a alguna parte?
-A donde quieras, hermosa. Este fin de semana soy completamente tuyo.
-Me encanta como suena eso -sonrió antes de besarlo.
La pasión entre ellos comenzó a aflorar a medida que se besaban. El deseo los dominó de tal manera, que se separaron sólo por la falta de aire. Amelia sintió algo duro contra su abdomen y sonrió en respuesta.
-Alguien está muy ansioso por salir -dijo coqueta.
-No te imaginas cuánto -ocultó su cara en el cuello de ella. Le daba algo de pena admitir lo excitado que estaba.
-Cariño -le dijo con dulzura- ¿Por qué no vas por comida mientras yo... me arreglo?
Raúl entendió lo que quiso decir y la besó de nuevo.
-De acuerdo -dijo separándose de ella- ¿Qué quieres comer?
-Sorpréndeme -le guiñó el ojo- y trae helado de vainilla.
-Lo que usted diga mi reina -dijo antes de salir de la habitación.
Raúl se acomodó la entrepierna para salir de la cabaña y Amelia quedó sola. Por fortuna era una mujer precavida y tenía algunos artículos de uso personal en su cartera.
Se desnudó, se metió al baño y tomó la cera depilatoria. Aplicó una porción generosa en cada pierna y colocó el papel especial. Esperó un par de minutos y procedió a arrancar las cintas en dirección contraria al crecimiento del vello. Hizo lo mismo con su intimidad y luego se duchó para quitarse el residuo de cera.
Se ató el cabello en una coleta alta para no mojarlo. Preparó la tina con unas sales que encontró en la repisa del baño y se sumergió. Antes de eso colocó música para relajarse.
Salió de la tina cuando oyó la puerta de la entrada sonar. Ya Raúl seguramente había venido y no quería hacerlo esperar. Cuál fue su sorpresa cuando al salir de la tina, comenzó a sangrar.
-Tiene que ser una broma -dijo mirando al piso.
Salió rápidamente a la habitación por un tampón y ropa interior limpia. Regresó nuevamente al baño para colocarlo y salir a recibir a su esposo.
-Ya llegué mi amor -dijo él emocionado entrando a la habitación.
Se sorprendió cuando vio la expresión apagada de Amelia. Se acercó a ella y la tomó de las mejillas, para indagar qué le ocurría.
-Mi amor ¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?
-Cariño -dijo bajando la cara- tengo mi período.
La sonrisa de Raúl se convirtió en una línea recta. Cuando salió pasó todo el trayecto pensando en hacerle el amor a su mujer.
-Rayos -musitó.
-Lo siento -dijo apenada.
-Oye no pasa nada -la abrazó- ¿Cuánto te dura? ¿Como cuatro días? Estaremos bien. Tocará esperar.
Raúl le trajo sushi. Se fueron al sofá a comer y luego degustaron el helado que ella pidió. Ya que no tendrían acción por esa noche, decidieron ver que película o serie interesante ofertaba Netflix.
La cabaña tenía televisor en la salita, así que se quedaron allí, frente a la chimenea la cual chisporroteaba al consumirse la madera. En un momento se comenzaron a besar y la pasión se incrementó. Raúl comenzó a acariciar a Amelia provocándole un jadeo.
-Raúl... -dijo en un gemido- detente.
-¿Qué pasa mi amor? -respondió excitado.
-Tengo mi período. ¿Recuerdas?
-¿Y si me pongo doble preservativo?
-No lo creo -se separó con desconcierto- no podría, es decir... lo veo tan desagradable.
-¿Y si lo hacemos por...?
-Olvídalo -dijo interrumpiéndolo- no estoy preparada para eso.
-Sólo decía -dijo derrotado.
Raúl se resignó a que no tendría acción por el fin de semana. A la mañana siguiente despertó a Amelia llevándole el desayuno a la cama.
-Buenos días, princesa. Desayuna para que podamos ir a pasear.
Amelia se estiró y en vez de levantarse, se enrolló más entre las cobijas. Raúl se acercó por detrás y le besó la mejilla, haciéndola espabilar.
-Despierta nena, come y date un baño. Iré un momento a ver un local que me recomendaron y regreso. Te veré en una hora.
Raúl salió de la cabaña y dejó a Amelia sola. Ésta se quitó las cobijas de encima y se relamió los labios al ver la bandeja que le habían dejado.
Comió todo lo que le dejaron, bajó a llevar los platos a la cocina y se encargó de lavarlos. Ya había adquirido ese hábito desde que estuvo en AA.
Se metió a bañar con agua tibia, se colocó una ropa deportiva y bajó a preparar café. No tuvo necesidad más que de calentarlo porque Raúl lo había hecho. Se sirvió una taza humeante mientras esperaba a su hombre.
Él regresó y la tomó de la mano. Salieron a caminar unas cuantas cuadras hasta llegar a una banca que se ubicaba cerca de un lago, donde habían muchos patos.
Era hermoso el lugar y se sentía una paz infinita. Amelia se recostó del hombro de Raúl sin soltar su agarre y se perdió en la profundidad del agua frente a sus ojos. Él por el contrario, estaba pensativo por otros motivos.
Capítulo 2
Agrandando la familia
En Maine
Viernes. Raúl se encontraba en el banco. Estaba en su escritorio revisando una torre de papeles, hasta que el sonido de su celular lo sacó de su labor. Sonrió al ver la pantalla y presionó el botón de contestar.
-Cariño...
-Hola Amelia -dijo de manera autómata.
-umm, pero que seco estás -hizo un puchero- sólo quería saber si vendrías a casa temprano. Ya van a ser las seis.
-Lo siento nena -se disculpó- he estado full de trabajo y no he mirado la hora. ¿Cómo has estado? ¿Quieres que te traiga algo?
-Sólo quiero a mi marido conmigo -habló con suavidad- las chicas se llevaron a Pierre hace una hora. ¿Recuerdas la última lencería que compré? -dijo mientras se enrulaba un mechón de cabello en su dedo- Te la quiero modelar.
Raúl tragó grueso y soltó un suspiro pesado. Sus sentidos se nublaron y su respiración se agitó.
-Cariño ¿Sigues ahí?
-Dame una hora, mi amor. Espérame en la habitación.
Amelia colgó la llamada, puso el celular sobre la mesita de noche y se dirigió al clóset. Tomó la lencería de encaje negro y la puso sobre la cama.
Se fue al cuarto de baño y puso a llenar la bañera. Antes pasó por la ducha y se deshizo de todo el vello indeseable. Le agregó un líquido espumoso, se despojó de la ropa y se hundió en el agua de burbujas.
Por su parte, Raúl tomó un pequeño grupo de papeles y los firmó. Los dejó sobre el escritorio con una nota para Tessa, tomó su saco y llaves para finalmente salir de la oficina.
-Qué tenga un feliz fin de semana, señor Peralta.
-Igual para ti.
Una vez que el vigilante le abrió la puerta principal, salió y se dirigió al estacionamiento. Entró a su auto y se dirigió a toda prisa a su hogar.
Al llegar se aflojó la corbata y se quitó el saco. Subió las escaleras a toda prisa hasta llegar a la habitación, donde fue recibido por el amor de su vida.
-Hola mi amor -le dio un casto beso en los labios.
-Hola preciosa -la tomó de la cintura para apretarla contra su cuerpo- te extrañé.
-No parece, jum -hizo un mohín- ve a ducharte, te espero en la cama.
Raúl se quitó la ropa de forma desenfrenada y se dio una ducha militar. Se secó superficialmente y se colocó la toalla alrededor de la cintura para poder cubrirse.
Amelia estaba parada frente a la cama con el albornoz puesto. Le ordenó que se acostara y tomó la cinta para abrirlo y dejarlo caer al piso. La mirada de Raúl fue perpleja. Ese conjunto de brasier y panty le quedaba súper sexy. No tardó su amigo en hacerse notar.
Amelia sonrió y se acercó a la gaveta de la mesita de noche del lado de su esposo. Abrió el cajón para sacar un preservativo, le quitó la toalla de un tirón y se quedó mirándolo unos segundos.
Raúl soltó un jadeo cuando sintió su miembro envuelto en una temperatura cálida. Cerró los ojos en el momento en el que Amelia comenzó a succionar.
-Dios, mi reina... -dijo con dificultad.
Amelia no se detuvo y siguió chupando hasta que él se puso rígido. Intentó apartarla sin éxito.
-Mi amor, para... Voy a veni...
No pudo decir más. Amelia lejos de detenerse se aferró más y no dejó de chupar hasta que él eyaculó. Probó un poco y dejó que el resto saliera sobre su pierna, la cual procedió a limpiar con la toalla que tenía debajo.
Se dirigió al cuarto de baño para enjuagarse la boca. Había leído que por alguna razón a los hombres no les gustaba que su pareja le besara luego de hacerle la feliación. No lo entendía, pero no quería que se arruinara el momento por algo así.
Regresó a la habitación y se colocó frente a él.
-Cariño ¿Te gustó como me queda? -dijo con voz inocente, llevándose las manos a la espalda.
-Me encanta nena -hizo una seña para que ella se detuviera- déjatelo y ven aquí.
Amelia se dirigió a la cama y se sentó sobre su marido. Él le corrió un poco la panty para poder introducirse en ella y comenzar a embestirla.
En el apartamento de Cassie
Tessa y Cassie se encontraban en su apartamento mirando la televisión. En la habitación de al lado, estaba el pelinegro al que ellas consideraban su sobrino. Cassie se encontraba muy pensativa y Tessa quiso indagar.
-Cariño -le susurró.
-¿Qué ocurre? -preguntó distraída.
-¿Hay algo que quieras decirme? Has estado muy callada y te he notado pensativa desde hace días.
-Es que... -dudó un poco- no sé si tú también lo quieras.
-Sabes que podemos hablar de lo que sea, cielo. Ya llevamos juntas algunos meses y no sólo eso. Estamos casadas, no hay motivo para que te sientas aún nerviosa.
-Quiero tener un bebé -soltó de golpe- y me encantaría que hiciéramos esto juntas.
Tessa quedó shockeada. Guardó silencio y mantuvo el agarre que le tenía a Cassie, pero no emitió ninguna palabra. Notó que Cassie comenzaba a temblar en sus brazos y no quería que tuviera un ataque de ansiedad. Así que habló sin pensárselo mucho.
-De acuerdo mi amor. Hagámoslo.
-¿Hablas en serio?
-Sí amor. Si eso quieres... vamos a intentarlo.
Cassie sonrió en su pecho. Tessa le hizo mimos en la espalda y pensó que con eso ganaría algo de tiempo, ya que no estaba en sus planes incorporar a un nuevo miembro a su familia.
"Estoy segura que esto se te pasará como cuando querías aprender tailandés. Perdona mi amor, es sólo una mentira piadosa mientras veo que hago. No estoy lista para cambiar pañales ni preparar biberones. A la única bebé que quiero consentir es a ti".
En la mansión de Raúl y Amelia
Amelia y Raúl habían hecho el amor varias veces. En vista de la carga de trabajo que había en el banco, habían descuidado un poco la parte íntima. Se encontraban cansados, ella con su cabeza recostada en el pecho de él y Raúl la envolvía en sus brazos protectoramente mientras le hacía mimos en la espalda.
-No entiendo porque insistes en usar preservativo Raúl, ya te dije que tomo la píldora.
-Es mejor estar seguros mi amor, sueles ser un poco olvidadiza a veces. Además quiero cuidarte.
-Sólo la olvidé una vez -dijo haciendo un puchero- Y no pasó nada. Lo de la infección seguramente la contraje por aguantar las ganas de orinar aquella tarde. No podía dejar tirados a los posibles inversionistas.
-De igual manera mi amor. Te prometo que sacaré un tiempo para hacernos un chequeo general.
-¿Es eso o es que no quieres tener más hijos conmigo?
Raúl se sorprendió ante la crudeza de sus palabras. Pero si Amelia le había soltado eso, era porque realmente lo sentía.
-No es eso nena. Es sólo que debemos cuidarnos. En este momento un hijo no es conveniente -dijo lo último en un tono más bajo.
Capítulo 3
Vacas flacas
El año había iniciado con lentitud. Raúl logró estabilizar la empresa de su esposa, pero aún quedaba mucho trabajo por hacer. El mes de diciembre dejó al 100% Banco sin liquidez, ya que le tocó pagar las bonificaciones de fin de año a todos sus empleados.
Además de todas las obligaciones e impuestos que tuvo que liquidar, también estaban los aportes a las fundaciones. El sesenta por ciento del capital inyectado provenía de ellos. Por ser asociaciones sin fines de lucro, no representaban un flujo de capital sino un gasto a nivel contable. Pero por la felicidad que les proporcionaba ayudar a todas esas personas que lo necesitaban valía el esfuerzo.
A Raúl le hubiese gustado llevar a Amelia de luna de miel a Europa, pero por los momentos eso no era posible. Su capital personal lo había usado inclusive para inyectarle capital al banco y mantenerlo operando por un par de meses, mientras lograba obtener nuevos inversionistas.
Siguiendo una corazonada, adquirió un local que había sido embargado al dueño por el banco. Invirtió un poco más en el arreglo de la fachada e interiores, para así montar una sucursal del 100% Banco en Rhode Island. Cassie lo animó, ya que como ella se crío en una ciudad cercana a esta y lo convenció de que le convendría a la gente tanto de allí, como de Long Island tener una entidad bancaria cerca.
Inició con unos treinta empleados, de los cuales veinte serían administrativos y los diez restantes serían obreros. Por los momentos no se estipulaba ofrecer préstamos, sólo quería captar clientes para ofrecerles cuentas corrientes y de ahorro.
Para esa labor se apoyaba en Tessa, su amiga y mano derecha. Continuaba siendo su asistente personal y a su vez su relacionista pública. En el caso de Cassie, era encargada de los diseños y de la publicidad del banco.
Dos meses más tarde, continuaba Raúl haciendo malabarismos para mantener todo estable. No quería tener que decirle a Amelia que los gastos superaban los ingresos. La sucursal nueva aún no despegaba bien, ya que sólo se unieron unos cuantos pensionados.
Raúl llegó cansado después de un extenuante día de trabajo. Entró a la casa mientras se aflojaba la corbata.
-Amelia llegué. ¿Dónde estás?
-En la cocina mi amor. Acércate.
Raúl entró a la cocina, se sentó en uno de los banquitos de la isla y la observó en silencio. Amelia se acercó a él con una taza de café. La colocó frente a él y le dio un beso en los labios.
-¿Mucho trabajo amor? Debes estar hambriento. Ya casi termino.
Raúl se tomó el café mientras Amelia volvía a su labor. Una vez que terminó, tomó dos platos de la encimera para servir la comida. Hecho esto los llevó a la mesa de la isla, para después quitarse el delantal e incorporarse a la mesa.
-Espero que te guste amor. Es uno de los platillos más sencillos que aprendí a hacer con Clarita. Por cierto, llamó hace una hora y preguntó por ti. Te dejó dicho que la disculpes. Al parecer le tomará más tiempo del que planeó quedarse donde su familia.
Raúl comió en silencio. Aunque su cuerpo estaba en casa con su esposa, su mente se encontraba pensando cuál sería su siguiente movimiento. Puso sus acciones en la bolsa con un corredor de Wall Street, el cual no resultó ser más que un vil estafador.
El cincuenta y un por ciento de las acciones del 100% Banco fueron vendidas temporalmente, ya que Raúl fue convencido de que el dinero que obtuviera lo triplicaría. Con ello adquiriría nuevamente las acciones y nada pasaba. Pero qué equivocado estaba.
Su ausentismo no pasó desapercibido. Amelia lo notó y colocó una mano sobre él para tratar de indagar qué le pasaba.
-Amor ¿Todo está bien?
-¿Ah? -respondió distraído- ¿Dijiste algo?
-Te pregunté que si está todo bien. Siento que estás trabajando demasiado y no sólo yo lo resiento. Nuestro hijo insiste en esperarte despierto todas las noches, pero no puedo dejar que haga eso.
-Todo está bien amor, sabes que el primer trimestre del año es flojo. Lo que se conoce en el área económica como las vacas flacas... Las personas se endeudan y se gastan todo en diciembre, para luego pedir más préstamos. Y ahorita los tenemos suspendidos, por eso han bajado nuestros ingresos.
Amelia no entendía nada de economía ni de contabilidad. De sólo imaginar tantos números y fórmulas, le comenzaba a doler la cabeza.
-De acuerdo amor, confío en que todo mejorará. Yo no sé nada de números, pero te puedo ir a echar una mano si me explicas cómo hacerlo. Por cierto ¿Mi tarjeta de credito olvidaste pagarla? Porque fui a hacer unas compras y no pasó. Me tocó entregar el efectivo que tenía encima y aún así se me quedaron algunas cosas en la caja... la gente miraba y murmuraban cosas, pero no les presté atención.
Raúl la miró y se sintió culpable. Esos ojos azules lo miraban con dulzura, cómo podría decirle que estaban en saldos rojos. Aunque tuvo que pagar una fuerte suma de dinero para evitar que el escándalo de la estafa saliera a la luz, las acciones del 100% Banco comenzaron a bajar. Los inversionistas que entrarían al negocio se retractaron por tal hecho.
"Lo lamento, señor Peralta. No pienso arriesgar todos los ahorros de mi vida con un CEO que se dejó engañar como a un niño. Espero lo entienda".
Se sacudió el recuerdo y decidió seguir el hilo de la conversación, ya que Amelia esperaba una respuesta.
-Tranquila mi amor, puedo manejarlo. En este momento es muy estresante y no quiero que te amargues, cariño. Con respecto a la tarjeta... -pensó que excusa podría decirle- debe ser un error. El lunes chequearé eso amor, seguramente no fue enviado el pago.
Amelia se tranquilizó aparentemente con esas palabras. No es que fuera del tipo materialista, pero en su vida nunca tuvo que preocuparse por dinero. De hecho, fue más feliz cuando tenía que trabajar por él mientras vivió en el extranjero, que cuando la colmaban de lujos.
Raúl se levantó y se fue a la habitación de su hijo. El pelinegro veía un programa de caricaturas y pegó un brinco cuando vio a su papá.
-¡Papi! - dijo saltando a sus brazos.
-Hola campeón -lo acunó en su pecho- cuánto has crecido.
-Te extrañé... ¿Quieres ver caricaturas conmigo?
-Está bien, Pierre. Hazme un espacio.
El niño se arrimó, Raúl se quitó los zapatos y se acostó a su lado. El pequeño usó el brazo de su padre de almohada para continuar viendo su programa.
Mientras tanto, Amelia se encontraba en la cocina pensado. Desde que arrancó el nuevo año, Raúl la disuadió de ir a la empresa. No quería pensar mal, pero no le parecía normal que su marido trabajara hasta altas horas de la noche. Así que sólo se le cruzó a la mente una posibilidad.
"¿Será que Raúl me engaña? ¿Y si tiene una aventura con su secretaria o con alguna otra empleada? ¿Habrá sucumbido ante alguna inversionista?" se dijo a sí misma.
Sacudió la cabeza y sonrió para sí misma.
"En qué tonterías estás pensando, Amelia Valverde... Raúl te adora y sólo tiene ojos para ti. Pero igual no debo de bajar la guardia, hay muchas resbalosas por ahí detrás de mi marido. Pues se joden, perras. Él es mío"
Terminó sus cavilaciones y subió a la habitación de Pierre. Tanto el padre como el hijo estaban profundamente dormidos, lo cual la enterneció. Extendió la cobija con suavidad y se las colocó encima. Apagó la luz y cerró la puerta de la habitación con sumo cuidado.
Esa noche le tocaría dormir sola. Como se le hacía difícil dormir sin el calor de Raúl, decidió leer algo hasta que su vista se cansara. Tomó de la mesa de noche un libro que su madre le había obsequiado a principios de año. El título era bastante llamativo: Los secretos de familia se ocultan en casa.
"A ver, a ver -dijo mientras lo abría- se ve interesante".
Comenzó a leer y en vez de darle sueño, la avivó. La historia relataba la vida de una joven médico que se enamora de la paciente a la que está consultando, en el área psicológica. Pero resulta que las cosas se salen de control cuando intenta romper con ese romance incorrecto.
"Ya veo por qué se agotó a la primera semana de publicado. Eres realmente buena, mamá" dijo para sí misma.
Con la lectura logró sacar de su cabeza las ideas que tenía horas atrás. Colocó el marcalibros en la página que se quedó, lo colocó dentro de la gaveta de la mesita de noche y apagó la lámpara, para finalmente dormir.
En cualquier lugar de Manhattan, una de la madrugada
-Es cierto el rumor, señorita. El 100% Banco está hundiéndose.
-Perfecto, eso hará las cosas más fáciles. Necesito que pidas una cita esta semana para hablar con el CEO y le ofrezcas lo que te dije -dijo y le dio un sorbo a su copa de champagne.
-Pero señorita -intentó disuadirla el hombre mayor y más experimentado- es la oportunidad perfecta para comprar esas acciones a precio de gallina flaca. Le sugiero esperar a que sigan bajando...
La rubia perdió su sonrisa y golpeó la mesa con el puño.
-¿Quién carajo es la que tiene dinero aquí: tú o yo?
-Usted, señorita. Sólo pensaba...
-No te pago para que pienses -le dijo con despotismo- dime si puedes con la misión o busco a alguien más. A fin de cuentas no eres más que un número para mí -volvió a tomar un sorbo de su copa de champagne.