Eran las ocho de la noche y Débora apenas salía de su trabajo, como de costumbre solía salir a las seis pero debido a las alzas que ha generado la empresa, su tiempo de labor se extendió.
La vida de aquella mujer era muy infeliz. Excepto a las doce de la madrugada; Era la hora perfecta para saciar sus necesidades, en este caso; Espiar a su vecino de enfrente.
Debora se sentía muy atraída por aquel hombre, tanto que imaginaba besando sus labios y aún más que eso, la pobre se masturbaba mientras se hacía fantasías en su pequeño mundo amatorio, en dónde era azotada y embestida por su vecino a quien ella le apodo; señor arrogancia.
Debora era una mujer poco social y con un look no tan llamativo, tenía muchos pretendientes los cuales rechazaba constantemente, por qué no perdía la esperanza de que se volviera a repetir la noche en qué su vecino de enfrente la hiciera suya por segunda vez.
–No sabes cuánto me encantas, hombre indomable–Chillo sin espabilar. Emocionada por lo que acostumbraba ver, su teléfono timbra y eso hace que ella hiciera un chasquido con su boca–¡Demonios!–Se quejó sin quitar la mirada de su confidente ventana–Justo cuando él se va a desnudar para ir a dormir suena el maldito teléfono.
Ignorando el teléfono, vio cómo el hombre se quitaba lentamente su chaqueta, su lacio cabello el cual era rubio deslumbraba a través de los lujuriosos ojos de Debora, luego procedió a quitar su franela, dejando ver sus bien marcados pectorales y abdominales.
El hombre siempre tenía la costumbre de quitar toda su valiosa ropa antes de ir a la cama, eso hacía que Debora deseara con más ansias a aquel varón.
Sus pupilas se dilataron ya que él se había quitado su boxer, listo para que ella contemplará esa figura de museo, gruesa y venosa, era el tamaño perfecto.
–Aquí vamos con otro éxtasis–Susurra. De inmediato su clitor*x empezó a manifestar esa sensación deliciosa que a ella le encantaba, la cuál satisfacía con su vibrador.
Abrió sus piernas lentamente y en movimientos lentos se comenzó a acariciar mientras veía al hombre de sus sueños.
Sus ricos gemidos hacían eco dentro de su pequeño departamento, ella estaba segura ya que las paredes de su habitación estaban diseñadas para no filtrar ruidos.
Sus picos se empezaban a tornar duros como piedras y su saliva estaba más espesa, en ese momento lo único que quería era sentir siquiera la voz de ese hombre cerca de su oído...
Llevó su mano derecha hacia uno de sus melones y empezó a frotarlo en círculos, luego aceleró su vibrador y lo colocó en su campanita a todo potencial.
Pequeños corrientazos hacían estremecer a Débora.
Metió dos de sus dedos dentro de su sexi privacidad y estimulaba su proceso, en cuestiones de segundos sus fluidos indicaban que Debora ya había tenido su más deseado clímax.
Se tumbó a la cama intentando controlar su respiración. Estaba agitada y empapada de sudor.
–Otro rico orgasmo–Exclamó con voz cansada y apagó su fiel amigo: el vibrador.
Cerró sus hermosos ojos para terminar de ver a su amado mediante sus sueños.
(***---***)
A la mañana siguiente, se levantó de un brinco y de inmediato se asomó a la ventana, y lo primero que vio fue a su vecino mientras esparcía su perfume encima de su chaqueta.
-Serás mío nuevamente-masculló sin quitar la necia mirada.
El hombre tenía unas largas piernas y un sexi cuerpo que se podría considerar un cuerpo de modelo.
Sin darse cuenta, ella estaba obsesionada con este hombre, el cual llevaba pocos meses viviendo en la zona.
Debora llevó a su boca un mechón de pelo y lo mordió, estaba tan ansiosa por saber más de este hombre.
Su corazón se detuvo luego de ver cómo su vecino abandonaba su apartamento.
Miro hacia abajo esperando que este saliera por completo para tomar su moto e irse.
Debora aún sentía las caricias del hombre sobre su delgado cuerpo, y de inmediato sus vellos se elevaron dejando su piel de gallina.
Sacudió su cabeza y se dirigió hasta el baño para hacer sus necesidades, ya bañada decidió tomar lo primero que vio en el closet, ella era despreocupada a la hora de vestir, porque sabía que todo lo que su cuerpo llevará le quedaba perfecto, sin colocar siquiera un poquito de maquillaje en su pálido rostro, fue a la nevera y tomo solo una manzana la cuál era suficiente para calmar su hambre.
Llegó a la empresa un poco más temprano y se tumbó en su escritorio, estaba sin ánimos y lo único que quería era dormír.
–Anoche me acosté tarde, me duelen los ojos–Estos tenían bolsas negras y se podía notar que ella no tuvo una buena noche sin embargo tenía que trabajar y no existía lamento en su diccionario.
–¿Amiga adivina a quién vi?–Gritó Angela mientras palmeaba el asiento de Débora.
–Oye, baja la voz–masculló Debora mirando de lado a lado.
–Está bien–Respondió Angela de manera petulante.
–Ahora si, ¿A quien viste?–Dijo Débora mientras soltaba un suspiro de fastidio.
Angela una chica extrovertida, de contextura gruesa y piel mestiza, era la mejor amiga de Débora, ambas se conocieron en la universidad.
-Alejandro, sí amiga, lo ví-respondió Angela con los nervios de punta.
-Está bien. ¿Y qué quieres que haga? Él te dejó por otra, amiga entiende, él no te ama.
-Lo sé, pero quizás haya una oportunidad.
-No, no va a ver más oportunidades, entiéndelo-dijo Débora con enojó.
-Señoras estamos en horas de trabajo-Bramó su jefe, el cual no estaba muy agusto con el rendimiento de Angela. Ya que estaba un poco distraída.
Ambas se enfocan en sus planos y sin lugar a dudas Angela se reía de la panza de su jefe, hasta apodo le colocaron, le decían Peppa pig.
-Ya es hora del almuerzo, tengo que llamar a papá él debe de estar enojado, anoche no le respondí el teléfono, estaba ocupada contemplando mis ojos.
El padre de Débora es Tayyar Lember; más conocido como el demonio, por su forma tan gruñona se ha ganado semejante apodo, actualmente es el presidente de una empresa de autos que heredó de su padre, Yusuf.
Debora jamás quiso entrar en los negocios familiares, desde pequeña soñaba con cumplir sus dieciocho años y poder irse a Canadá, al menos allá podía estudiar su carrera de diseño gráfico, le gustaba el ambiente frío y una vista hermosa, y vaya que lo cumplió.
-Hola papá.
-Hija por Dios, ¿Qué pasa con tu teléfono?.
-Nada, es solo que he estado ocupada.
-Te estás cuidando, ¿Verdad?-Aquí vamos otra vez, mi padre está obsesionado con eso de los anticonceptivos.
-No, no lo estoy-colocó los ojos en blanco.
-Ya estás muy grande, tienes veinticuatro.
-Esta bien, prometo cuidarme.
-Hija, por favor, regresa a Estambul, acá podrás administrar hoteles-La familia de Debora era reconocida a nivel internacional, los Lember; una de las familias más adineradas de Estambul, pero claro, Debora quería empezar desde cero, todo bajo su sudor, a ella no le gustaba vivir con sus padres, al menos no quería ser una carga más como lo son sus hermanos gemelos, Noah y Noor. Ambos tienen quince años.
-No padre, no lo haré.
-Está bien hija, eres más terca que tú madre Dilara.
-Por algo somos madre e hija-Debora ríe a través del teléfono.
La conversación con su padre acabo, por ende almorzó junto a su amiga, ambas platicaban acerca de una fiesta que se iba a realizar mañana. Débora no estaba tan segura en ir, tenía que terminar los diseños de un apartamento que estaba dibujando.
-Vamos amiga, no seas tan entregada a tu trabajo-ruega Angela jalando de la arrugada camisa de Debora.
-Está bien, pero me tienes que ayudar a terminar el plano-Angela pego un grito al cielo. Claro era de esperar, la mojigata de Debora la cuál no solía salir estaba apunto de irse de rumba con su alocada amiga.
La noche llegó y con esta la voz del líder de su grupo, en este caso Jeremy.
Chicos tenemos que terminar este trabajo, de esto depende nuestro salario, no quiero excusas, todos a trabajar está noche.
Ambas salieron del trabajo, por su parte Angela se fue en un taxi, mientras que Débora decidió irse caminando, su apartamento estaba a unas cuantas cuadras.
Miró su reloj y eran las díez de la noche, faltaba poco para ver a su hombre indomable, se imaginó teniendolo acostado todo desnudo mientras que lo llenaba a beso.
Ella no entendía el porqué regresaba a casa a las doce de la madrugada. Lo único que sí sabía es que folla súper delicioso.
Mordió su labio inferior con fuerza, luego de recordar esa noche, esa noche en la cual la hizo suya por primera vez.
Debora llegó a casa un poco cansada, hoy no había sido un día bueno, cada vez que hablaba con su padre, se sentía la peor hija del mundo, luego de haber tomado la decisión de marcharse de casa.
Se sentó en el sofá y con una mirada necia, apuntó para la ventana de su enamorado, las luces estaban encendidas, lo cual indica que alguien está dentro de la habitación.
Las cortinas estaban cerradas, eso era extraño, él siempre las dejaba abiertas.
-¿Será que le ocurrió algo?, o quizás esté enfermo?-Se preguntaba así misma. Y claro el único amigo que tenía en ese momento aparte de su vibrador era su gata Mili.
La abrazó y le preguntó.
-¿Mili respóndeme, él está bien?-Ella rió, parecía una loca hablándole a un gato-Iré a llevarle unos panecillos, creo que está enfermo, él no suele dejar las ventanas cerradas.
Cómo lo había expuesto, preparó sus panecillos, ya horneados los acomodo en una bandeja y los dejó en la mesa, para luego ir al espejo y mirarse.
-Creo que estoy bien-Sonríe tímidamente.
Aún llevaba su uniforme de la empresa en la que trabaja, la verdad no le importó. Tomó los panecillos y bajó por el ascensor, sus nervios estaban muy alterados, era la segunda vez que iba a tener un contacto con él.
Cruzó la calle y luego le explicó al vigilante del apartamento que iba a dar una entrega.
-Buenas noches señor, entregaré este pedido al joven que tiene el cabello rubio, para más detalles, el que se mudo hace pocos meses-Dijo con la voz entrecortada, el vigilante no hizo el más mínimo esfuerzo y la dejó subir.
-Sigue adelante, el número de su habitación es 247.
Al parecer el vigilante sabía de quién se trataba.
Subió el ascensor y llegó hasta la habitación que le indicó el vigilante.
Tocó la puerta con algo de temor, al ver que la puerta no se abría optó por gritar.
-¡Hola!-Sus piernas estaban temblorosas. Habían pasado varios minutos y él aún no salía, es más, no se escuchaba ni un sonido a través de la puerta-¡Vecino vengo por una entrega!-Grito sin perder las esperanzas.
Su corazón se detuvo luego de escuchar como la puerta se abría. Su boca se torció y su lengua se enredó.
Unos tremendos músculos invadieron la vista de aquella mujer.
-¿Qué es lo que quieres?-Su voz era muy ronca, ella alzó sus ojos y se encontró con el rostro de este hombre, su hermoso y rubio cabello caía encima de su frente lo cual le permitía verse más atractivo.
-Y-yo solo vengo a entregarte estos panecillos-El hombre soltó un suspiro de fastidio. No le dijo nada, solo la miró un par de segundos, Debora se moría por estar dentro de esos brazos-Ten, las hice para ti-agregó entregando sus panecillos, el hombre no se molestó en tomarlas siquiera, lo único que hizo fue aventar su puerta en la cara de la pobre Débora-Maldito engreído-Farfulló y dejó los panecillos enfrente de la puerta, dio un tremendo suspiro y salió del apartamento para después dirigirse al suyo-¿No entiendo qué le pasa?.
Luego de llegar a su habitación, se sintió un poco mareada, al punto de caer sentada al suelo.
-Dios mío me siento mal, qué será eso?.
Abrió su ventana de par en par, y coloco un poco de música para relajar su mente, se quitó su sostén el cual cubría sus grandes tetas, sus picos eran de color café hacian una combinación perfecta con el color de su cabello.
Mirándose al espejo se preguntó.
-¿Tengo mal cuerpo?-Miró hacia la ventana de su vecino.
Siguió contemplando su cuerpo, luego procedió a bajar su pantalón quedando en pantis, sus piernas eran delgadas a decir verdad no tenía un trasero muy grande.
Ese era uno de los problemas que le causaba inseguridad.
-Este hombre es un estúpido-Estaba muy molesta por el bochornoso desplante que le había regalado su vecino.
Sacó su móvil y se tomó algunas fotos, cubriendo solo sus tetas, luego se las envió a su amiga Angela.
-Amiga, le acabo de llevar unos panecillos, y el muy menso, me tiró la puerta en la cara.
Su amiga estaba en línea por lo que no demoró en contestar.
Angela le había enviado un emoji enamorado junto con unas seductoras palabras.
-Que hermosa, juro por Dios que si no fuera mujer, te cogiera sin piedad. Y por cierto, te dije que tú vecino era gay.
Debora soltó una risa tras leer eso.
-Bueno eso es lo que se pierde ese bastardo. Si supieras que lo acabo de ver sin camisa-Debora le envío un emoji desmayado.
-¡Esta bueno el estúpido ese?-Cuestiono Angela.
-Esta demasiado bueno para ser verdad, se manda unos abdominales, tremendos.
Debora tambaleó nuevamente, otra vez se sintió mareada. Y peor aún le dieron ganas de vomitar. Pero fue momentáneo.
-Amiga estás en línea?-cuestionó Angela luego de que Debora dejará de escribir.
-Si, estoy en línea. Es solo que recordé la noche en que estuve con mi vecino-Mintió, se sentía fatal, además de eso, su menstruación no había bajado.
-Amiga, si ya tuvieron relaciones sexuales antes, lo más probable es que eso se repita.
-El muy hijo de su madre, parece que no lo recuerda.
-Bueno, ese día estaba ebrio al igual que tú.
-Creo que para él no valió nada, aunque para mí lo era todo. Era mi virginidad-dijo despavorida.
-Cálmate-Susurra Angela. Débora estaba empezando a descontrolarse cada vez que hablaban de dicho tema, ella entraba en pánico.
-Pero Angela, si mi padre se entera lo más probable es que venga y lo asesiné-Angela sabía exactamente que Tayyar, (padre de Débora) era capaz de eso y más. Ya había tenido mala fama en Estambul por hacer callar la boca a muchos a punta de golpes.
-Tranquila, él no sospechara nada, bueno eso sí tú no abres la boca-Explicó Ángela.
-No, no le diré nada.
-Bueno mi amor, tu tranquila y yo asustada -respondió Angela.
-Si, voy a tratar de tomar todo esto como si no hubiera sucedido, aunque me cueste.
-Ahora si vamos a cambiar el tema, ¿Irás a la fiesta mañana?-Preguntó Angela emocionada.
-Si, sí iré.
-Amiga, vamos a vestirnos igual-A Débora le gusto la idea.
-Esta bien, mañana iremos juntas a comprar algo de ropa.
-Perfecto, te estaré esperando a las nueve.
-Listo, amiga nos vemos-Se despidió de Angela con un sin sabor, una fiesta no era lo que iba hacer feliz a esta pobre mujer que tenía el autoestima por el piso.
Dejó su teléfono en la mesita en donde tenía sus hojas de cálculo, aprovechando la noche se dispuso a terminar su proyecto el cual le traería muchísimas ganancias junto con su equipo.
Ya eran las dos de la madrugada. Debora aún estaba desnuda, bueno solo con su pantis negra, se sentía segura estando así, ya que no esperaba visitas o algo por el estilo, y tampoco le molestaba la idea de que su vecino la viera así, estaba tan concentrada en terminar su trabajo que no vio la hora, el sueño aún no la vencía además de eso tenía a su lado una taza de café puro. Y a su gata Mili ronroneando cerca de sus piernas.
Un extraño sonido hizo que Debora soltara de sus manos aquel trabajo valioso.
Se levantó tan deprisa que casi derrama su café.
-¿Qué es ese sonido?.
Se asomó a su ventana y vio cómo su vecino era golpeado en una esquina por dos sujetos.
-¡Dejenlo en paz! ¡Voy a llamar a la policía!- gritó preocupada.
Los hombres de inmediato huyeron del lugar, mientras se subían a una moto.
Debora se colocó una toalla y bajó por el ascensor, le dolió el hecho de ver cómo esos bandidos azotaban a golpes a su amor inalcanzable.
Sus pies estaban descalzos, los cuales se pusieron helados luego de pisar el frío pavimento.
Corrió a toda marcha para ayudar a su vecino, al llegar él estaba tirado en el suelo, ella lo tomó por el brazo y lo intento agarrar pero el hombre le salió con groserías
-¿Ni lo intentes?-Sus manos automáticamente se despegaron de aquel hombre.
-Solo trato de ayudarte-Le explicó el motivo de su intención.
El hombre se levantó a duras penas de aquel piso incómodo, en el momento que él se levantó, Debora quedó como una estatua.
-Lo siento-Ella se disculpa y él la mira, sus ojos viajaron al cuerpo de Debora, estaba con una corta toalla. Sus mejillas ardieron, la manera en como él la miraba, no era agradable-¿Estás bien?-Preguntó Debora rompiendo el silencio. Su vecino estaba buscando algo en el suelo, ella aún sin saber que era volvió a preguntar-¿Si quieres te ayudo a buscar? ¿Dime qué perdiste?-Ella trataba de ser lo más amigable posible, pero él seguía con su aptitud de engreído.
-Mira estúpida, ¿Porque no te has ido?-Esas palabras dolieron en el pequeño corazón de Debora.
Estaba desesperada buscando, realmente habían pasado algunos minutos cuando encontró unos lentes tirados a un lado del edificio. Se imaginó que eso le pertenecía.
Para cuando quiso mirar hacia atrás el hombre ya no estaba, soltó un suspiro y analizó las gafas.
-A lo mejor esto no era lo que estaba buscando-Se dirigió hasta su apartamento con las gafas.
En cuanto llegó a su habitación, olfateo las gafas, olían a perfume, se asomó a la ventana para poder mirar al hombre, pero desafortunadamente estaba cerrada.
Mordió su labio inferior, al saber que por lo menos tenía algo que la acercaban a él. Eso le causaba mucha excitación, por lo tanto no aguanto las ganas y busco su vibrador, lo puso en un nivel bajo, y luego quitó su toalla y comenzó a masturbarse.
Tenía las gafas puestas en su nariz, y con sus ojos cerrados se imaginaba que quien la estaba complaciendo realmente era su vecino. Más no su vibrador.
Los fluidos de Debora mojaron su sofá, a ella le encantaba meter sus dedos en su privacidad y luego lamerlos. Decía que el sabor de sus jugos era el mejor.
Se quedó dormida aún con las gafas en sus manos.
A la mañana siguiente despertó de un brinco, no vio el reloj solo corrió hasta su clóset y tomó el uniforme y se lo puso como sea. No sé molestó siquiera en verse al espejo, solo tomó los planos de su dibujo y corrió escaleras abajo como una loca, su cabello estaba hecho un desastre y sus ojos tenían lagañas.
Al llegar a la empresa lo primero que encontró fue a su jefe cruzado de brazos mientras miraba su reloj.
-Bonitas horas de llegar, Debora-Ruge enojado.
-Lo siento, mi gata estaba enferma por eso demore-ella siempre se excusaba con su gata; quien vivía una vida muy feliz.
Se sentó en su cubículo y empezó a acomodar su plano, su amiga Angela estaba en otro grupo, ambas estaban compitiendo, para ver con cuál plano se quedaba la empresa.
Hoy era la fiesta, como era fin de semana ambas amigas salían del trabajo más temprano.
-Debora estaré en tu casa luego, y mucho ojo, procura verte sexi-Aviso Angela.
Se despidieron de una ligera sonrisa, Angela estaba muy feliz, claro, Debora no era de andar en fiestas y licor.
Al llegar a su casa, lo primero que hizo fue mirar por su ventana, y claro él aún no llegaba, esto ya era un vicio, andar asomándose a cada instante a la ventana. Tomó las gafas de su vecino y se las coloco.
-Me las pondré está noche-se echó a reír.
La noche había llegado y Debora se colocó la ropa que había pedido por internet junto con su amiga. Aparte de eso pidió unos cuantos objetos eróticos para saciar sus necesidades.
Mientras se maquilla escucho un grito el cual provenía de la otra ventana, de inmediato se asomó y vio a su vecino mientras golpeaba la pared del balcón.
-¡Maldición!-Gritó su vecino enfurecido.
-¿Qué le sucede?-Se preguntó así misma, esta semana su vecino no la estaba pasando bien. Su cuerpo estaba envuelto en una toalla y su cabello estaba despeinado.
No lo dudo más y decidió ir de nuevo hasta el apartamento, eso sí, con la excusa de devolverle sus gafas. A decir verdad, le dolía verlo lastimándose.
El vigilante no se molestó en preguntar para dónde iba, por ello subió hasta la habitación, estaba muy nerviosa, tanto así que soltó un suspiro antes de girar la manija., por suerte, la puerta estaba abierta, su corazón se acelera un poco, no sabía sí entrar o simplemente quedarse afuera, pero no lo dudo y entró a la habitación, todo estaba oscuro, pero sus ansias de saber qué pasaba, eran más.
-¿Estás bien?-Preguntó sin obtener respuestas-Te puedo ayudar-añade mientras camina más adentro, la habitación olía a marihuana, ella sintió mucho temor en ese momento, ya que jamás imaginó que un hombre como él, consumiera ese tipo de sustancias. Soltó un grito cuando escuchó que la puerta se cerró con seguro, sus manos estaban como maracas, agitadas y pálidas-Oye no me asustes-Exclamó en medio de lo que podría ser una sala de estar, ya que sintió como sus manos tocaron un sofá. Su garganta se vio forzada, luego de sentir unas manos encima de su cuello-¡Por favor! ¡No me lastimes!-su voz estaba aterrada.
Su cuerpo fue arrastrado hasta una cama, que estaba un poco húmeda, instantáneamente su piel se puso rígida.
El hombre se subió encima de ella y comenzó a besar su cuello de manera brusca, mientras Debora se retorcía de dolor.
-¿A qué vienes niña?-Susurra el hombre encima de su cuello, esa voz ella la conocía perfectamente, pero está olía a marihuana.
En efecto él estaba fumando.
-Solo venía a dejar tus gafas-Dijo con voz entrecortada.
-No te creo, solo venías por mí.
-No, no, solo venía a darte tus gafas-Sintió como sus muslos eran acariciados.
-¿Sabías que eres una pequeña molestia para mí?-cuestionó el hombre con cierta necedad.
-Por favor no me hagas daño-Él se echó a reír de manera juguetona y luego lamió la mejilla de Debora.
-Se que me espías, mujer tonta-Dijo cerca de su oído y eso hizo que ella soltará un suspiro.
-No, no lo hago.
-Se que te mueres por mi-Sumerge sus manos dentro del cabello de Debora.
-No me hagas daño-voceó en un ahogo.
-No chiquita, no te haré nada-El hombre llevó su mano con más intensidad hasta uno de sus pezones.
No había duda de que a ella le estaba encantando todo este juego, tanto así que se dejó llevar. Aflojó sus manos entregándose a él.
-¿Por qué me haces esto?-Preguntó ella, pero el hombre la hizo callar con un beso; Su estómago se retorció, luego de probar esos labios prohibidos, esos labios llenos de arrogancia.
El hombre no le permitió hablar más, ya que a cada pregunta que ella le hiciera él le daba un beso.
El hombre se detuvo luego de escuchar la bocina de un auto y claro era Angela quién estaba haciendo semejante escándalo.
-Es Angela-exclama mientras se intenta incorporar pero el hombre no la deja-Es mi amiga quien me está buscando para ir a la fiesta-Le explica. inmediatamente él se separa de ella.
-Anda y lárgate-La echo como un perro.
Ella salió espantada de aquella habitación, en el fondo estaba muy feliz pero por fuera estaba en pánico,
corrió hasta su apartamento, encontrándose con Angela, quien había entrado con una llave de copia. Debora se asomó a la ventana, y pegó un salto, después de ver a su vecino, quien estaba asomado a la ventana justo mirando hacia la habitación de ella, parecía un fantasma o un tipo de aparato que causaba mucha incertidumbre.
-¿Dónde estabas?-Cuestiono Angela exigiendo una buena explicación. Debora no sé inmuta en decirle nada, solo le dijo que fue a la tienda a comprar unos tampones-Amiga la fiesta ya está apunto de empezar, y sabes muy bien que debo ir de primeras no quiero que ninguna babosa toque a mi ex-aviso Angela muy segura.
-Otra vez-Debora coloca los ojos en blanco, estaba cansada con el cuento del ex de su amiga -Además porque no llevas el conjunto que pedimos juntas?
-Porque mi hermana se enamoró de él, y me tocó dárselo.
-Como siempre me dejas mal. Pero bueno, no es novedad.
-Debora no es para tanto.
-Buenos ya deja de hablar, y vamos rápido.
Ambas amigas salieron de la habitación, con una enorme sonrisa, aunque Debora antes de entrar al auto miró nuevamente hacia la ventana, y el hombre aún seguía postrado mirando para donde Debora. Su mirada era fría y distante.
Debora se dispuso a salir ahora sí. Llegaron a la fiesta, la cual era de su empresa, estaban celebrando por la inauguración de los nuevos diseños que con tanto esfuerzo habían logrado.
En la diapositiva habían muchos diseños, pero el que más llamó la atención fue el de Debora, ella había hecho un hombre sin rostro, el cuerpo de aquel hombre era esculpido por los mismos demonios, pero en su rostro tenía un signo de interrogación.
Y eso llamó la atención de las empresas vecinas, quienes se habían fijado en el trabajo de ella.
Debora estaba muy emocionada por eso, por tanto decidió beber un poco con su amiga Angela.
-Eres la mejor, pero no sé en qué momento diseñaste esa belleza.
-Bueno, en realidad, la había hecho hace unos días.
-No me digas que ese hombre, es tu vecino-Susurro Angela y ella soltó un suspiro.
-En realidad si, es él. El maldito engreído de mi vecino.
-No entiendo qué más buscas en él, primero te quita la virginidad y segundo te ignora.
-Bueno, eso no importa ahora-Dijo Debora con incomodidad.
Los tragos habían hecho de ellas unas locas, ambas saltaban al son de la música urbana, de las pocas veces que había tomado licor, Debora siempre tenía la mala costumbre de quitar su ropa en su balcón, lista para que su vecino la viera desnuda.
La fiesta acabó, y claro no faltaron uno que otro piropo de hombres que se fijaron en Debora, en especial Camilo; él es un compañero de trabajo realmente lleva "enamorado" de Debora varios años.