Adam camina por en medio del campus con el pecho erguido y un aire de superioridad que oculta sus demonios internos. Durante su andar, se gana las miradas de deseo, envidia y admiración de los presentes. Siempre ha sido el tipo popular con quien todas quieren ligar y con quien los chicos buscan tener una amistad cercana.
Posee el porte y carisma del típico galán rubio, de ojos celestes y cabello abundante. Sumándole a esto, el cuerpo atlético y la buena altura, que es el resultado del tiempo que le dedica al gimnasio varios días a la semana y a sus caminatas matutinas; sin embargo, gran parte de su buen estado físico se lo debe a su deporte favorito, el skateboarding.
-Hola, rubito -lo saluda su mejor amigo, con quien choca los puños.
-¡Qué tal, Adolfino! -le devuelve el saludo. Menciona el segundo nombre para molestarlo, puesto que sabe que él lo odia con todas sus fuerzas.
-¡Qué cabrón! Dizque "Adolfino" -se burla Jason, el tercer chico del grupo, y ríe a carcajadas porque sabe que eso le molesta. Adam se une a las risas que se expresan con sorna, ganando una mirada asesina de parte del mestizo.
-Ja, ja... ¡Qué gracioso! -contesta Ricky, su mejor amigo, con un tono sarcástico. De repente, sonríe malicioso y cambia de tema-: ¿A cuántas chicas les romperás el corazón en la uni?
«Estos amigos míos me hacen quedar como un cretino», piensa indignado.
-A ninguna. Esta temporada será diferente, ya que voy a sentar cabeza y terminaré mi carrera con honores; ya verán -responde airoso y muy seguro.
En ese momento, los dos chicos lo abuchean con sorna.
-Eso decías en la preparatoria -se burla Ricky.
-Miren quién viene ahí... -informa Jason de forma repentina, lo que rompe el hilo de la tonta charla anterior.
Por inercia, los tres jóvenes se voltean para admirar a Sandra, una compañera de la escuela que al parecer estudiará en la misma universidad que ellos.
En completo mutismo, el grupo contempla a la joven mujer, quien da la impresión de que camina en cámara lenta con sus pasos certeros y seguros mientras sonríe en dirección a ellos con aire de superioridad.
Sus piernas tonificadas, largas y bronceadas se encuentran a la intemperie, debido a que su falda ajustada no tiene suficiente tela para cubrirlas. Su cabello negro, lacio y brilloso se mueve de un lado a otro a la par con su andar grácil.
Sus labios son rojos como el carmesí y se ensanchan con coquetería; pero aquella vista fantasiosa les afecta a los amigos de Adam, menos a él, a quien la tal Sandra no le provoca ni el más mínimo deseo.
-Hola, chicos -saluda ella con gestos coquetos que buscan llamar la atención de los tres jóvenes, en especial de Adam.
-¡Cómo me gustaría ser ese chicle! -exclama Ricky y se relame los labios.
«¡Qué patético!», exclama Adam para sí, como respuesta al piropo de su amigo.
-Ojos celestes, espero que me invites a tomar un trago un día de estos. -Ella se dirige a Adam con voz seductora, al tiempo que juega con un mechón de su cabello.
«Jamás...», niega él en su interior.
-Claro, un día de estos -responde con hipocresía.
-Esperaré ansiosa, bombón. -Le guiña un ojo. Esa acción es el detonador para que sus amigos celebren con palmadas, que le atinan a Adam en los hombros; silbidos y palabras imprudentes. Ella, por su parte, retoma su camino con aire de victoria.
-No sé qué le ven. Ni siquiera besa bien... -comenta Adam cuando la chica se aleja. De repente, él aprieta los labios al caer en cuenta de que habló de más.
-¿Te besaste con Sandra? -inquiere Jason con cierto reproche. Tanto él, como Ricky lo miran como si fuera el hombre más afortunado del mundo, aunque la envidia denota en sus expresiones.
«Pues sí... Creo que hicimos un poco más que besarnos», contesta en su mente lo que no se atreve a pronunciar con sus labios.
-No, ¿cómo creen? Sandra es del pueblo. Liarme con ella sería como si me tirara a una celebridad -miente con descaro.
-Pues tú eras algo similar a una celebridad en la escuela... -responde Jason. Adam deja de escucharlo porque su atención se enfoca en otra dirección.
De un momento a otro, el chico rubio siente como si todo a su alrededor se tornara borroso y los sonidos desaparecieran. Se queda helado y en completo mutismo, de igual manera, mantiene la boca abierta y peligra en salírsele las babas.
Y sí, la culpable de su estado atolondrado es una chica, quien camina distraída mientras abraza contra su pecho a un libro grande y que, al parecer, no le cabe en la mochila que lleva sobre su espalda.
Le llama la atención su semblante tímido y pasos inseguros, como si fuera un cachorro asustado y perdido. Adam detalla a la desconocida con fascinación y se lame los labios por instinto al gustarle todo lo que ve en ella: El cabello color chocolate que cae perfecto por debajo de sus hombros y sus ojitos cafés que miran el lugar con admiración.
Él se entretiene con los pasos vacilantes de la chica, su porte inocente y la manera cohibida de evitar cruzar miradas con las demás personas.
«¡Qué niña tan rara!», piensa sin dejar de observarla, «Pero sus labios son lindos», aprecia.
Para él ella es la perfección encarnada, aunque no cumple con los estándares de belleza al que está acostumbrado, ya que sus piernas son cortas y llenitas, su rostro no lleva maquillaje y su figura curvilínea no luce esbelta ni con pechos perfectos. Sin embargo, aquel vestido que termina por debajo de sus rodillas y que, combina con el rosa natural de su boca, resalta un cuerpo delicado y agradable a la vista.
«¿Qué rayos me está sucediendo?», se cuestiona asustado, debido a la ola de emociones que lo embarga.
Es la primera vez que tiene ese deslumbramiento por una chica y que el corazón le late tan fuerte por una extraña.
-Oye... -Ricky lo sacude para traerlo de vuelta a la realidad-. ¿Estás bien?
«No creo que esté bien, algo raro me pasa», piensa, pero las palabras se le quedan atascadas en la garganta, así que no logra mencionarlas y el silencio se impone.
Después de unos segundos en letargo, él se frota las sienes con brusquedad y parpadea varias veces antes de articular una respuesta.
-¿Por qué lo dices? -pregunta, atolondrado.
-No lo sé, tal vez sea por tu cara de bobo -responde obvio y con tono sarcástico.
-Y creo saber la razón -asegura Jason con expresión divertida.
Los nervios de Adam incrementan, en el momento en que ve a su amigo dirigirse en dirección a la dueña de su trance.
«¿Qué rayos está haciendo, Jason?», se pregunta aterrado cuando este empieza a hablar con la desconocida.
Con una sensación extraña en el pecho, también con las mejillas sonrojadas, decide no darle importancia a esa niña ni a la malicia de su amigo; por tal razón, se aleja de ellos y entra a la institución educativa con el objetivo de buscar información acerca de dónde se dará la orientación.
***
El día transcurre entre charlas y búsqueda de aulas para las primeras clases. Aunque los tres estudiarán diferentes carreras, comparten las primeras materias en el pensum, dado que son asignaturas generales para todas las profesiones.
En una de sus sesiones, él vislumbra a una chica de cabellera marrón y ojos color café entrar al aula. Con pasos tímidos, ella busca un asiento en un lugar donde pueda ver bien la pizarra y no se distraiga con facilidad.
-Jason, cambia de lugar -le ordena Adam en un susurro ansioso.
-No, estoy bien aquí -se niega su amigo, quien se enuentra sentado a su lado derecho y Ricky al izquierdo.
-Cabrón -profiere ante la negativa de parte de él. Adam nota que la chica ha escogido un lugar con la mirada y que se dirige hasta allí-. Ricky, busca otro asiento -comanda con desesperación, al notar que la muchacha está llegando hasta su objetivo.
-No, puto. Si quieres sentarte junto a esa niña, busca otro sitio. De todas formas, ya se ha sentado y no creo que sea de esas chicas que ceden a todo lo que pides, como para pararse de su asiento solo porque tú le digas. Deja de joder, ¿sí?
-No he dicho que es para cedérselo a esa niña rara y poco atractiva. ¿Me ves cara de pendejo como para liarme con una chica como esa? -Las palabras dejan su boca sin antes meditarla y todo porque la alusión de su amigo, muy certera, por cierto, lo ha puesto nervioso.
La clase le parece entretenida e interactiva, muy diferente a la secundaria, por lo que siente que el tiempo pasa muy rápido.
Cuando la sesión finaliza él observa a la joven recoger sus cuadernos y entrarlos en su mochila. Una vez ella se la engancha en la espalda, agarra su libro y se va. Un vacío doloroso se le instala en el pecho y la boca se le resaca, debido a la ansiedad que la ausencia de aquella extraña le provoca.
***
Después de llegar a casa y atacar el refrigerador, Adam va por su patineta y se dirige al parque donde suele reunirse con sus amigos. Allí conversa con ellos por unos minutos y luego se va directo hacia las rampas.
El recuerdo de una joven tímida y cohibida se le instala en la cabeza, y es el impulso para querer sentirse poderoso en ese momento.
-Demonios, nunca antes me había sentido tan vulnerable como hoy -masculla para sí mientras camina en dirección a su objetivo-. Quizás todo se deba al estrés de esta nueva etapa en mi vida y toda la responsabilidad que el cambio acarrea. Tengo tanta presión sobre mis hombros que a veces no sé cómo lidiar con ello. Sí, debe ser esa la razón para estar actuando como un tonto -se autoconvence.
Sus pasos por el pavimento se sienten pesados, asimismo, el corazón le late con agitación y su respiración se torna caótica cuando se ve en la cima. Ese es un momento muy de él, donde es libre y siente que puede volar, así como Superman.
Este es su viaje al país de las maravillas, donde no existe el dolor ni la confusión. Donde puede ser él mismo y no tiene que estresarse para lograr los objetivos de otros. En esta vida imperfecta y llena de conflictos, éste es su escape a la libertad.
-Aquí voy -dice con emoción. Toma una bocanada de aire y mira a su alrededor y a los presentes, cuyas miradas están expectantes a su hazaña, puesto que todos conocen su destreza con la patineta-. Este es mi momento, es mi hora de volar...
El viento le acaricia el rostro y su cuerpo es empujado hacia abajo.
-¡Niña fea, tú no me atraes! -vocifera mientras resbala por la rampa. Hace varias piruetas antes de dejar la altura y vuelve a deslizare por la superficie plana.
Los aplausos le confirman que sus piruetas le han quedado mejor de lo que esperaba, lo que provoca una sensación de grandeza en él. Como respuesta a los elogios, sonríe airoso y hace saludos reverenciales. Todavía la adrenalina le circula por su sistema, así que se encuentra eufórico y lo demuestra con gritos y gestos exagerados, que hacen suspirar a las chicas y contagia a sus compañeros. Como resultado, otros jóvenes se deslizan por la rampa y muestran sus mejores piruetas y técnicas.
-¿Cómo lo haces? -lo aborda una chica a quien no había visto antes allí.
-Si te soy sincero no sé cómo lo hago, ya que no es algo que planeo con anterioridad. Yo solo me dejo llevar por la adrenalina, así que las piruetas y movimientos fluyen por instinto -responde airoso.
Le encanta ver la admiración en los demás porque eso lo hace sentir importante. Aunque a veces él mismo se pregunta cómo lo logra.
Siempre está presente ese pequeño temor a caer o a no hacerlo bien; sin embargo, en el momento en que pone el pie en la patineta, todo lo demás deja de existir y se vuelve uno con la rampa y la altura.
-Eres increíble -alaba ella con coquetería-. Me gustaría invitarte a una bebida, ya que debes estar sediento.
Él la mira de arriba abajo y sonríe pícaro mientras se remoja los labios con una alusión morbosa.
-Me parece genial. Luego podríamos ir a un lugar más tranquilo, solo tú y yo. ¿Qué dices? -propone seductivo.
-¡Sería genial! -chilla emotiva. Se sonroja al caer en cuenta que ha sido muy obvia, pero se derrite por dentro al ver la sonrisa ladina de parte de él, quien luce muy sensual con esa expresión maliciosa.
Ellos se dirigen a una cafetería cercana y, después de hablar un rato, este la lleva al cine donde hacen de todo, menos ver la película.
En una noche pesada, Adam da vueltas en la cama mientras trata de conciliar el sueño. Muchas veces sufre de insomnio, por lo tanto, se pasa la madrugada viendo series, jugando vídeos juegos o escuchando música. Pero esa situación le ha traído consecuencias en su rendimiento, puesto que al otro día amanece soñoliento, con ojeras, distraído y le es difícil concentrarse.
-Necesito dormir, mañana tengo clases y no quiero arruinarlo. Tengo que graduarme con honores o papá no me llevará con él -se recrimina con frustración.
Todos los días lucha contra la presión que ser un heredero Fine conlleva, en especial si eres un hijo bastardo, entonces debes esforzarte el doble. Muchas veces tiene ganas de mandar todo a la borda y buscarle un significado a su vida, que no consista en estudiar una carrera para complacer a su padre millonario con clase y a la bruja de su abuela paterna.
Después de patalear y quejarse por no poder dormir, toma uno de los libros de economía que le compró su papá y empieza a leerlo. No pasa mucho tiempo para que comience a bostezar y, al cabo de unos minutos, se queda dormido.
***
-Oye, puto. -Es el saludo que le da su hermana cuando este entra a la cocina-. Mi celular se rompió.
-¡Qué desgracia! -exclama con sarcasmo, y se pone la mano sobre el pecho mientras sobreactúa dolor-. Me importa un carajo tu celular y lo que le haya pasado -dice indiferente.
-Dado que mi cumpleaños está cerca... -añade, ignorando la ironía de parte de él.
-Corrección, Jimena -interrumpe. Se sienta frente a ella y echa cereal en su tazón-. Es mi cumpleaños el que se acerca, el tuyo ya pasó.
-Bueno, como sea. -Hace un puchero berrinchudo-. Dado que es tu cumpleaños, tu papá millonario te va a dar un regalo...
-No le voy a pedir un celular para ti. -Niega con su dedo índice, después de poner la caja de leche sobre la mesa.
-¿Por qué no? -interpela, frunciendo el ceño.
-Se supone que es mi cumpleaños, no el tuyo.
-Pero puedes pedir dos regalos. Él es rico, te puede mandar todo un barco de presentes si así lo quieres -alega.
-No le pediré nada a ese..., a mi papá... -masculla lo último entre dientes.
-¡Pero es tu cumpleaños! Él te engendró y está podrido en dinero, no le veo la complicación.
Adam se queda en silencio un rato y se enfoca en terminar su desayuno. Medita las palabras de su hermana y le da la razón en su interior; él está seguro de que su padre no le negaría nada que le pidiese, sin embargo, no le gusta molestarlo ni para lo básico.
-Tienes un papá que trabaja, pídele a él que cumpla tus caprichos -rompe el silencio.
-Sabes que él no me comprará un celular nuevo. Y menos del modelo que lo quiero, puesto que no es millonario como el tuyo. Eres un egoísta y mal hermano; mientras tú recibes regalos caros desde el extranjero, yo me tengo que conformar con las baratijas que papá y mamá me compran por ser unos pobretones -se queja con expresión frustrada.
Como respuesta a su berrinche, Adam resopla del hastío.
«No tengo por qué soportar a drama Queen. Esta niña solo es una caprichosa y manipuladora», piensa mientras juega con la comida.
-Eres una exagerada, nuestros padres cubren todas nuestras necesidades -la reprende.
-Pero no me dan regalos valiosos como tu papá a ti. ¡Es tan injusto! ¡Quiero un papá rico! -chilla de manera insoportable.
-¡Qué fastidio! Mejor me largo... -Se levanta de la silla, dispuesto a marcharse.
-Deberías considerarlo, es lo menos que puedes hacer por mí. He compartido a mi papá contigo...
-¡Ya! Déjame en paz. No le pediré nada a ese hombre -la interrumpe, fuera de sus cabales.
-De algo te debe servir tener un papá rico, puto.
-Pues, me va a servir. Cuando termine mi carrera me iré a vivir con él y dirigiré una de sus franquicias -ataca con aire victorioso.
-Si fueras un buen hermano, me llevarías contigo. Pero eres un egoísta de lo peor.
«Tonta...»
-Como digas, bruja -concluye la discusión sin sentido.
Después de desayunar, va por su mochila y su patineta, ya que en esa universidad cuentan con lugares exclusivos, donde pueden pagar para guardar sus menesteres. Mira su medio de transporte con orgullo. Es una Santa Cruz morada con negro, que está decorada con una palmera y un sol anaranjado que simulan la playa; para él, ella es perfecta y ama cada centímetro de esta.
La ida a la universidad se torna divertida porque lo hace encima de su amada patineta. En su andar, el viento le acaricia el rostro atractivo y simétrico que enloquece a las chicas, de igual manera, le levanta el cabello rubio con mechones castaños, cuyas hebras terminan fastidiándole la vista cuando se le pegan, gracias a los movimientos de él.
Llega a la universidad donde un sonriente Ricky lo saluda con el puño. Minutos más tarde, Jason se une al grupo para empezar la charla matutina, antes de que les toque entrar a sus clases.
En ese momento, Sandra se acerca a ellos y Adam le finge una sonrisa para que se sienta victoriosa y siga su camino; es lo ella que quiere, es lo que él le da. Chicas como ellas solo buscan conseguir la envidia de las demás, por eso Sandra les hace creer a todas que Adam es su chico.
***
-Hola, guapo -lo aborda una joven de semblante atractivo cuando este sale de su última clase. Él la recorre de arriba abajo y se moja los labios por lo hermosa que está la morena. La ha visto en algunas materias, pero es la primera vez que ella le habla.
-Hola, lindura -saluda con picardía. Le regala esa sonrisa de galán que le ha ayudado a conseguir buenos ligues y, puesto que ella no es la excepción, cae en el encanto y le devuelve el gesto mientras se acerca, acortando el espacio que los separa. De inmediato, su fragancia femenina le inunda las fosas nasales, por lo que este celebra en su interior el buen gusto de la chica.
-Tengo una duda -le dice mientras le acaricia la mejilla con su dedo índice, haciendo movimientos circulares con este-. Te he visto cerca de una chica que se llama Sandra, incluso escuché por ahí que ustedes son novios.
-No somos novios si es lo que vienes a preguntar -recita con rapidez. Sabe bien lo que busca ella y él está dispuesto a cumplirle el capricho, debido a que las morenas son su debilidad.
-Ya veo... -Sonríe y se acerca un poco más-. Entonces, tú y yo podemos divertirnos juntos -suelta sin reparo.
-Cuando quieras y donde quieras -responde sin vacilar.
-Es bueno saberlo. Estaré en el baño del área deportiva en unos diez minutos -Tira un beso en el aire y se marcha con pasos sensuales. Como respuesta de confirmación, él le guiña un ojo.
-¿De casanovas? -lo sorprende Ricky, quien sale de la nada y lo saca de sus perversos pensamientos, donde maquina todo lo que hará con esa chica.
-Para nada -responde cortante.
-Sí, claro. -Sonríe con ironía-. Esa morena está buenísima y tiene buena delantera.
-No olvides la parte trasera. -Ambos se carcajean con malicia.
Minutos más tarde, Adam se dirige al área deportiva donde se encuentra con la morena.
-¡Qué puntual! -exclama ella mientras se lame los labios. No pasa mucho tiempo para que los dos terminen comiéndose en el baño de mujeres, ya que a esa hora es raro que estos sean utilizados.
La chica intenta quitarle el pantalón, pero él la detiene. Ella va a proferir un reclamo, mas es interrumpida por el impacto de la puerta al abrirse. Dado que estos están dentro de uno de los cubículos, Adam le tapa la boca a la morena y hace un gesto de silencio al ponerse el dedo índice en la boca.
Ella, por su parte, sonríe divertida y empieza a besarlo en el cuello, puesto que no le importa que otra chica descubra que ella se liga tremendo hombre. Le encanta ser el motivo de envidia y que otras vean que ella es superior y por eso los chicos más atractivos le andan atrás.
-¿Qué haces? ¿Acaso te has vuelto loca? -le reclama él mientras trata de quitársela de encima.
-¿Qué te pasa a ti, idiota? A mí nadie me rechaza.
-No soy un exhibicionista, pendeja. -Los dos hacen silencio cuando escuchan el sonido del orine, al caer en el retrete del cubículo vecino. Se oye el agua salir del inodoro, debido a que la persona jala de la cadena de este. Ellos perciben que esta sale y escuchan el agua del grifo, entonces la acompañante de Adam se le lanza encima y lo besa con desesperación y ansias.
Él, molesto con su actitud inmadura e imprudente, trata de quitársela de encima, mas ella insiste.
-¿Por qué temes a que nos encuentren? ¿Acaso sí eres novio de esa tipeja y tienes miedo de que te descubra? ¿Eh? ¿Me estás usando como si fuera una cualquiera?
«Otra loca», piensa arrepentido de haberse enredado con esa desquiciada.
-¡Déjame en paz! -profiere. Él la empuja para que ella pare de apretujarlo y sale del cubículo a toda prisa.
-¿Qué sucede? -La voz asustada de una chica, que deja de lavarse la mano debido a que se espanta por la brusca salida de él, resuena en el baño. Ella grita desconcertada, al caer en cuenta de que hay un chico en el tocador de mujeres y que este podría ser uno de esos pervertidos que se escabullen para espiar a las chicas.
Él, por su parte, se queda estático en su lugar porque reconoce a esa niña de cabello castaño y ojos cafés.
«¡Diablos, ella es esa chica rara y sin gracia, que se ha colado en mis sueños y pensamientos! ¡Vaya suerte la mía!», se queja en sus pensamientos y le evade la mirada, muerto de la vergüenza.
Las miradas desorbitadas de ambos jóvenes se cruzan y el mutismo se adueña del lugar. Ella lo reconoce al instante, puesto que este no le ha pasado desapercibido en las clases que tienen en conjunto. Además, las compañeras que han coincidido con él hablan sobre lo guapo y sexy que es, aparte de que la mayoría hace planes para poder captar la atención de él.
Por su parte, se pone nerviosa cada vez que este entra al aula cuando les tocan materias juntos. Quizás es el efecto de tener tan cerca de un chico atractivo como él o solo sea parte de su timidez. Sin importar la razón de las extrañas sensaciones que siente cuando este está presente, es una persona con la que debe mantener distancia.
-¿Qué haces en el baño de mujeres? -interpela mortificada y asustada. Él, por su parte, traga pesado al no poder articular palabras.
-Viene conmigo, ¿algún problema? -responde la morena por él, quien sale con pasos de diva y mirada desafiante.
-Oh, entiendo... -musita ella avergonzada, pero aliviada de que no se tratara de un pervertido. La chica sale del baño sin agregar más, con pasos torpes y mirada baja.
Adam la observa marcharse mortificado de lo que ella debe estar pensando de él, y con unas ganas inmensas de ir tras esa niña rara que lo descoloca. Sin deseo de volver a involucrarse con la morena loca, él sale del baño en silencio y busca su patineta para regresar a casa.
Por otro lado, la chica, de comportamiento reprimido y deseos cohibidos, camina hasta la entrada de la universidad. Allí la pasa a buscar el tío, quien se ha tomado la tarea de llevarla a casa. Ella odia ese momento, debido a que este no respeta que ella sea de su propia sangre, y le cuenta sus experiencias con los encuentros sexuales que a ella no le competen. Asimismo, busca la manera de tener roces sutiles y "accidentales" que tienen como objetivos mancillar la piel delicada de la joven.
Desearía poder irse sola a la universidad y de igual manera regresar a casa, pero eso no le es permitido por su madre, quien le controla cada cosa, incluso la hora de llegada.
-Buenas tardes, Samantha -saluda el tío, dentro del vehículo.
-Buenas tardes, Paco -le devuelve el saludo con desdén. Con gran incomodidad y terror, entra al auto. De inmediato, el tío casi se le tira encima para besarle la mejilla, acción que la aturde, puesto que siente el peso de él, su colonia y ese aliento, que, aunque no es hediondo, ella odia.
-¿Cómo te fue hoy? -pregunta mientras le roza los dedos por las rodillas. Ella da un respingo al sentirse ultrajada y le quita la mano de forma disimulada.
-Bien -responde cortante y enfoca la mirada en la ventana. En su mente, ruega por llegar rápido a casa y refugiarse en la seguridad de su habitación.
***
Encima de su medio de transporte, Adam se siente invencible y poderoso.
Hace varios saltos y piruetas, llamando la atención de los transeúntes que caminan por la calle. Se siente tan bien de que lo miren con admiración, que se deja llevar por la emoción, razón para saltar sin vacilar sobre la baranda de unas anchas escaleras que lo conducen a otra calle. Es esa seguridad que le brinda su destreza y habilidad, la que lo hace actuar como si fuera Superman y tuviera el poder de violar las leyes físicas.
Con la adrenalina a flor de piel, se desliza sobre la baranda, sintiéndose libre y poderoso, ante las miradas de asombro y fascinación de parte de las personas que bajan y suben las escaleras.
«Sí, puedo pasar por alto la necesidad de bajar y subir los escalones, como lo hacen esos simples mortales. Tengo el poder de hacer lo que se me antoje», alardea en sus pensamientos.
-¡Soy Superman, carajo! ¡Puedo volar...!
Y eso es lo que hace.
Desciende al suelo de golpe, captando la atención de todos los transeúntes ante su brusca caída. Un grupo de personas se le acercan para inspeccionar que esté bien y entero. Entonces, la chica de cabellera castaña se pone de cuclillas ante él con la mirada café llena de preocupación.
-¿Estás bien? -Su voz suena como la más dulce melodía para él.
Este no responde, en su lugar le evade la mirada. Se niega a creer que perdió el equilibrio porque notó la presencia de la chica, cuando esta bajaba las escaleras.
«¡Vaya Superman que soy...!», ironiza en su interior.
El mutismo se ha adueñado de él, al verla de frente y tan cerca. Ella, por su parte, lo escudriña en busca de alguna herida seria, mas se sonroja cuando se encuentra con la mirada celeste, que la observa con intensidad y fiereza.
-¡Llamen a una ambulancia! -vocifera una señora. Al instante, se escuchan murmullos y más personas se agrupan alrededor de él, lo que incrementa su vergüenza.
«¿Una ambulancia? ¿Para quién? ¿Para mí?», piensa espantado, «¡Perfecto, esto era lo que me faltaba!»
De inmediato, sale de su trance y se levanta con dificultad. No cree que se le haya roto ningún hueso, aunque tiene uno que otro golpe y raspones.
-¡No es necesario! ¡Estoy bien! -exclama en voz alta para que lo dejen en paz. Lo menos que necesita, es que lo lleven al hospital en una ambulancia, debido a que eso le provocaría un ataque de nervios a su madre, trayendo como resultado su paranoia, drama y exageración del asunto y está convencido de que esta lo privaría de usar su patineta.
-¿Estás seguro, muchacho? -cuestiona la señora con expresión incrédula, al tiempo que señala todos sus golpes y habla de lo fuerte que fue la caída.
Por su parte, Adam trata de convencerlos y hasta exagera sus movimientos, para que lo dejen tranquilo de una buena vez. Como resultado, todos los curiosos se disipan, tal vez decepcionados de que no haya sido grave el asunto y quedarse sin un tema amarillista del cual hablar.
-Samantha, vámonos -comanda una joven mujer, de cabellera castaña y ojos color café, quien agarra a la causante de su accidente por el brazo, y ambas se marchan con urgencia.
Adam maldice en su interior, por no tener el chance de agradecerle que se haya detenido para revisar que él esté bien, de igual manera, poder presentarse y pedirle su número de teléfono.
Con mirada fiera, como de depredador que observa a su próxima presa, la observa alejarse con prisa junto a aquella otra mujer que, a juzgar por el parecido, diría que es su hermana mayor o una prima.