La mañana nublada anunciaba más lluvia, la tensión del momento le apretaba el pecho de forma dolorosa. ¡No quería que lloviera otra vez! Todo estaba húmedo y salir a trabajar sería fastidioso. Pero... ¿Era esa lluvia por venir lo que realmente le fastidiaba? O... sería el torrente de sus adentros lo que la atormentaba. Al parecer, el día reflejaría lo que ella sentía en su pecho.
***
Se preparó desganada como si no quisiera terminar nunca. Aunque le gustaba su trabajo, no estaba en el ánimo de ir. De repente, su corazón se estremeció, eran sus manos firmes que se habían posado sobre su hombro. Después de varios años de casados, aún se estremecía cuando él la tocaba. -Llegarás tarde a esa velocidad -él le dijo con voz suave. Ella acarició sus manos con ternura, mientras una lágrima recorría su mejilla. La discusión anterior había sido muy fuerte y ella no se había atrevido a hablarle. Decidió no responder y después de unos minutos en silencio, se levantó y terminó de vestirse.
-Me retiro -dijo con la voz apagada. La salida fue fría y el sentimiento doloroso y decepcionante.
***
Pequeñas gotas de agua caían lentamente, por alguna razón extraña estaba disfrutando la sensación fría del contacto con las diminutas gotas. Subió al taxi y se apresuró a sacar un pañuelo de su bolso. Aunque las lágrimas se habían mezclado con la llovizna, temía ser descubierta. Secó su rostro con rapidez y con voz débil le indicó al taxista su destino. Los recuerdos de aquella pelea la atacaron sin compasión, trató de ignorarlos, pues no quería que el taxista la viera en tal situación, ¡eso sería muy vergonzoso! Sin embargo, no pudo evitarlos. Pudo rememorar años atrás, cómo se conocieron y... cómo se enamoraron. Su pecho empezó a apretarse y la respiración era rápida y desesperante. Trató de disimular y aislar sus pensamientos. ¿Cómo las cosas tomaron ese rumbo? ¿Qué les sucedió? La impotencia era demasiado para ser soportada. Ellos siempre habían sido la pareja ideal, su relación era envidiada y deseada. ¿Por qué los problemas los hacían actuar así? ¿Por qué los malos entendidos, eran tan difíciles de resolver? Las lágrimas fueron inevitables.
Sintió como si le cayera un balde de agua fría de repente. ¡Tanto sacrificio para nada! ¡Dos años de ahorros se fueron por la borda! Sabía que no debía prestarle ese dinero al primo de su esposo, pero como siempre, sería juzgada por su familia. Por lo regular, era lo mismo con ese primo vago que acostumbraba a pedir prestado y malgastaba el dinero.
-¿Por qué no me habías dicho antes? -interpeló con lágrimas en los ojos.
-¿Me estás culpando? -él reclamó. Siempre era así; en vez de buscar soluciones se culpaban uno con el otro. ¿Será esa la razón de su fracaso? Todo empezó muy bien. Compartían y hacían las cosas en equipo los primeros años, pero luego todo cambió. El desánimo, el cansancio, el egoísmo y los malos entendidos acabaron con lo que juntos empezaron a construir.
¿Acaso ellos ya no eran compatibles? ¿Será que su relación ya no resultaría como antes? Un frío intenso acarició su corazón.
-¿Es que ya no hay remedio? -ella balbuceó.
-¿Qué? -él preguntó sin entender lo que ella había pensado en voz alta. Anny lo miró con tristeza.
-Estoy cansada -respondió-. Olvidemos este asunto, con discutir no vamos a recuperar el dinero. ¡Eso sí, Alex! Jamás le vuelvo a prestar a tu familia -él asintió.
Anny aún estaba triste, no solo era la pérdida del dinero, más bien la pérdida del compañerismo. La pérdida de las caricias, de las risas, de las muestras de afecto, de la pasión... ¡Cuánto lo extrañaba! ¡Cuánto ansiaba sus brazos! Necesitaba aferrarse a él y apoyarse en su consuelo. Él siempre estuvo para ella; en sus momentos más duros e insoportables, él fue su sostén y ayuda. ¿Qué había cambiado? ¿Por qué tanta frialdad y distancia? No pudo apartar su mirada de él, de su cuerpo firme y varonil, lo observaba como si fuera inalcanzable y aunque lo había visto desvestirse cientos de veces, esta vez volvió a percatarse de cuan atractivo era.
Él tomó su toalla y entró al baño cerrando la puerta tras sí. ¿Por qué se sentía tan cálida por dentro? A pesar de esa difícil situación, sus deseos le reclamaban cariño. ¿Cuándo fue la última vez? Ni siquiera pudo recordarlo, pero hacía mucho tiempo no pasaba nada más que discusión y temas de asuntos que resolver entre ellos. Saltó de la cama y se sentó frente al espejo, sin percatarse estaba peinando su cabello largo y lacio, ¿podría ser que esa noche todo se arreglaría? ¿Habría alguna posibilidad de que él la mirara como antes? La puerta empezó a abrirse y ella saltó a la cama otra vez. Se acostó subiendo en poco se diminuta bata. Minutos después él ya estaba dentro de su pijama; ella se sentó y lo miró fijamente.
-¿Crees que estoy gorda? ¿O vieja?
-¿Por qué preguntas tonterías? Siempre has sido hermosa y joven -ella sonrió.
-Y... ¿Aún te gusto?
-¡Por supuesto! -respondió.
-Entonces... ¿Por qué...? -no se atrevió a terminar la frase.
-¿Qué dices? -preguntó confundido.
-Nada... -se retractó-. Solo estoy sensible hoy, no me pongas asunto -respondió apenada, se recostó y ocultó su rostro entre las sábanas. Él sonrió; ella se veía tan inmadura, pero linda a la vez. Álex se acercó y quitó la sábana de su rostro, y le dio un beso tierno y cálido en los labios.
Sus manos recorrieron su cuerpo con ternura y un poco de timidez, por lo que ella sentía que el corazón le saldría del pecho en cualquier momento. Los recuerdos de su primera vez con él la invadieron de repente, la misma sensación de timidez y temor recorrían su piel, puesto que tenían mucho tiempo sin acción. El beso se hizo más intenso y las caricias menos tímidas y más atrevidas. El momento era chispeante y delicioso. De repente se oyeron sonidos en la puerta.
-¡Mami, ábreme! Tengo miedo -era su pequeña niña, siempre que veía una película de terror tenía pesadillas. Álex saltó de la cama y abrió la puerta, entonces cargó a la pequeña con delicadeza.
-¿Otra vez viendo películas de terror? Kathy no entiende que eres muy pequeña para ese tipo de películas -refunfuñó por la irresponsabilidad de la niñera. La niña se acurrucó en medio de ellos, impidiendo una noche de pasión que hacía mucho tiempo no tenían.
Ella no podía dejar de pensar en aquella noche. Sentada frente a su computador debía estar editando imágenes, pero en realidad estaba inmersa en sus pensamientos. De repente, alguien se le acercó. Era un joven colega, muy atractivo, por cierto, que no la dejaba de molestar. Ella no sabía si mirarlo como un hermano fastidioso o como un hombre que buscaba cualquier excusa para acercarse.
-Tu trabajo se ve muy interesante -él comentó con sarcasmo.
-Ah... ¡Dios! ¡¿Qué estoy haciendo?! -ella reaccionó a su desastre, mientras el reía a carcajadas-. Oye, tú, ¿qué es lo que quieres? -reclamó molesta. -¡Vaya que estás distraída! Oye, tengo hambre. Hoy estoy generoso... hasta podría invitarte a comer -ofreció alzando sus cejas
-No, gracias -respondió tajante.
-¿Qué? ¿Así nada más? Mi generosidad es algo de aprovechar -insistió.
-No quiero comer contigo. Además, no tengo apetito. Voy a terminar temprano para llegar a casa antes.
-Uff... ¡Cómo quieras! Después no digas que soy mezquino. Te invité y no quisiste. Anny hizo una mueca de "a mí qué me importa" y su compañero se marchó sin añadir nada más.
Ella miró el reloj y respiró profundo. Decidió no ir a almorzar y adelantar el trabajo, pues quería salir antes y llegar temprano para preparar una cena especial y terminar lo que antes habían empezado, fue así como terminó más temprano su trabajo. Fue al supermercado a buscar los ingredientes para aquella cena especial y llamó a su madre para dejar a la pequeña allá. Regresó a la casa, preparó la cena, decoró la mesa que estaba en la cocina y puso dos copas con un vino que había comprado sobre esta. Se apresuró a bañarse, se peinó el cabello y maquilló. Se puso un vestidito corto y sensual, de un rojo intenso y tela de seda que a él le encantaba; culminó su vestuario con una bata tipo kimono que le hacía juego. Puso música ambiente y prendió velas aromáticas, apagó las luces de toda la casa, pues quería sorprenderlo.
El plan era llevarlo a la cocina con los ojos vendados. Una hora más tarde la puerta se abrió. Ella saltó de la mesa con la venda en la mano, se apresuró a la sala, pero retrocedió antes de ser vista, dado que él no estaba solo. Se escondió detrás de una columna que conectaba la sala con la cocina para observar el panorama, al parecer él había llevado dos compañeros del trabajo a casa. Álex les ofreció de beber y caminó hacía la cocina. Ella corrió y se escondió abajo de la mesa que había preparado. Ya era muy tarde para evitar que él notara la sorpresa, pero estaba tan avergonzada que no quería que la viera a ella. Solo que no se percató de que sus pies sobresalían. Él se sorprendió al ver aquella mesa, se quedó un rato parado y quieto mirándola, luego se percató de sus pies. Se acercó. Ella creía que no sería vista, sin embargo, él levantó el mantel un poco, y sus miradas se encontraron. Anny casi grita del susto. Él le hizo seña de silencio poniendo sus dedos sobre los labios y le extendió la mano para ayudarle a salir. Se quedó mirándola por unos segundos, se veía radiante y sexy. Realmente se conmovió. No solo era la cena o el vestuario, sino también, la forma traviesa y extraña de ella comportarse. ¿Por qué esconderse debajo de la mesa? Él rio. Ella bajó el rostro llena de humillación.
-¿De qué te ríes? Me haces sentir más ridícula y tonta -él acarició su cabeza como si fuera una niña.
-Deja de hacer cosas raras y ve a vestirte. Tenemos visita.
...
«¡Cosas raras! ¿Qué no me esforcé mucho para sorprenderte? Llamas al romanticismo cosas raras», ella reclamaba en sus pensamientos mientras se cambiaba de ropa. Se dirigió a la sala molesta y tratando de disimular su decepción. La cena que sería para ellos dos, ahora se la estaban comiendo esos extraños. Por lo menos elogiaron su arduo trabajo. Ellos pasaron toda la noche hablando de negocios y ya sus ojos se estaban rindiendo. Él la miró, luego se acercó y le susurró:
-Si tienes sueño puedes irte a dormir. Esta visita se ha extendido más de lo que esperaba -su expresión fue de decepcionado, pero ella no le prestó atención, ya que creía que él lo había hecho a propósito.
-Está bien -Anny se despidió de la visita y se fue a dormir. Estaba tan enojada. Es como si el universo conspirara en su contra. ¿Será que por más que ella trate, ellos no volverán a ser como antes?