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El latido de tu corazón

El latido de tu corazón

Autor: : Alexa Writer
Género: Romance
Romance, intriga, una pareja destinada a amarse y un enemigo que se empeñará en destruirlos y un hombre que jurará defenderla de todo. Nicole es una hermosa chica obligada a casarse por conveniencia, pero durante su luna de miel un fatídico accidente casi le cuesta la vida. Las manos que la sanan en un hospital quizás también puedan sanar su corazón, puede que haya esperanza para ella, después de todo, una oportunidad de ser feliz. El latido de tu corazón, un romance dulce y tierno, con el que todos soñamos, ven y conoce esta hermosa historia.

Capítulo 1 Sin recuerdos

La tomó por la larga cabellera apretándole la nuca con violencia, una violencia descomunal incluso para él con su forma de ser y acostumbrado a causar daño a quien fuera debido a sus negocios turbios, no era la primera vez que hacia algo así, de hecho era más bien casi costumbre.

A todo aquel que se le oponía, o simplemente se atravesaba en su camino, lo ponía en su sitio rapidito haciendo uso de los métodos más sangrientos y extremos que se podía inventar.

Esta vez fue la pobre chica indefensa e inocente la que llevó la peor parte, ella que había sido vendida como una vulgar mercancía de quinta a este patán que ahora le halaba el cabello y la zarandeaba sin piedad de uno a otro lado del yate.

Claro, esperó hasta estar a solas para ir por el paso número dos de plan, antes se había mostrado como todo un caballero a pesar de que la boda no era más que un negocio, pero la imagen que había dado era la mejor, eso sí, no se le podía negar al desgraciado que era un excelente actor, digno de un Óscar.

La lanzó contra la barra de licores y la cabeza de la muchacha rebotó como un balón de futbol cuando cayó de bruces al suelo. No tuvo tiempo ni de quejarse, cuando él arremetió de nuevo tomándola de un brazo mientras ella aturdida veía como un líquido rojo empapaba la cubierta blanco perla de la nave.

La arrastró con facilidad, un cuerpo tan delgado como el de ella era fácil de cargar por alguien musculoso y bien dotado como él, la levantó en vilo y la lanzó sin miramientos por la borda, totalmente convencido de que había perdido ya la vida.

El salitre le quemaba la garganta horriblemente y sentía que los pulmones se le llenaban de líquido, luchó con todas sus fuerzas para volver a la superficie, su cuerpo y la memoria muscular ayudaron y que sacara a medias la cabeza sobre el borde del agua, pero cuando abrió la boca para respirar una bocanada de aire el borde del casco de la nave la golpeó con fuerza dejándola en tinieblas absolutas y mortales.

No supo nada más... nada hasta que abrió los ojos de nuevo en la ambulancia.

*** *** ***

Escuchó a lo lejos el sonido de las sirenas, no estaba segura de lo que ocurría, pero sin lugar a dudas algo muy grave estaba sucediendo porque el barullo allá fuera era tumultuoso y ruidoso.

Intentó levantar la cabeza, pero la tenía sujeta a la camilla y un dolor punzante le impidió moverla aunque fuera un solo centímetro, era como si alguien le hubiera dejado caer sobre la cabeza un enorme peso, sentía que todo le daba vueltas y el sentido del equilibrio de seguro se había ido de paseo porque no podía sostener el peso de su cabeza firmemente en un solo lugar.

Abrió lentamente los ojos para ver lo que sucedía a su alrededor, su visión era borrosa y errática, las voces provenían de todas partes, voces desconocidas, agudas, bajas, masculinas, femeninas, y los motores de vehículos que iban y venían causándole aún más dolor al que ya reventaba sus oídos.

Incluso le pareció escuchar algo con las aspas de un helicóptero, pero no estaba segura de que lo fuera, o tal vez era el motor de una embarcación, quien sabe, lo único que sabía es que no tenía ni la más remota idea de cómo diablos estaba ahí, como había llegado a la parte trasera de una ambulancia sin poder mover el cuello y adolorida terriblemente.

Intentaba respirar, pero cada vez que lo hacía el dolor era quemante, asfixiante como si tuviera fuego en vez de agua en los pulmones.

-Agua... -Pensó, agua... - ¿Será que me estaba ahogando?, pero ¿Dónde? -Meditó por un momento, pero recordó que era una buena nadadora, no podía haber estado en peligro de ahogarse, no por si sola, a menos que estuviera herida de alguna manera, o impedida para moverse en el agua.

Levantó la vista y vio colgando una bolsa de suero y en su brazo una aguja con tratamiento, de pronto se acercó al vehículo una chica uniformada de paramédico y Nicol trató de llamarla.

- ¡Hey... hey! -Nada, su voz parecía como metida en un recipiente, en algo que le impedía proyectar el sonido adecuadamente para lograr que la joven la escuchara, movió la pierna para llamar su atención y más vale que no lo hubiera hecho, el dolor pareció al de mil objetos corto punzantes enterrados en su delicada carne profundamente hasta el hueso.

- ¡Ahhhhhh! -Exclamó, esta vez pareció que si la escucharon porque la joven que había estado ahí hacía un segundo regresaba corriendo hasta ella y se subía a la parte trasera de la ambulancia para ver que la pasaba.

- ¿Le sucede algo?, Dígame, ¿Qué es lo que siente?

-Mi pierna... ¡Oh por Dios! No la soporto, ¿Puede decirme dónde estoy, y qué fue lo que me paso?

- ¿No lo recuerda?

-No, no lo recuerdo...

-Señorita... ¿Su nombre es?

-Si claro, mi nombre es... mi nombre... es... mi... - ¡Rayos!, no recordaba su nombre, ¿Cómo alguien puede olvidar su propio nombre?, ¡Eso es absurdo!, hizo un nuevo intento, pero sin lograr ningún resultado diferente del anterior -Mi nombre..., lo siento -Expresó al fin derrotada y asustada -No tengo idea de cuál es mi nombre...

-Tranquila, ahora debe descansar, eso suele suceder cuando hay traumatismos craneales como el que usted tiene, por ahora, relájese, voy a inmovilizar mejor esa pierna y en el hospital la recibirán para atenderla mejor, ¿Vale?

-Ok, gracias...

¿Vale?, era una expresión muy española, y también tenía acento español, ¿Dónde diablos estaba?

Alguien cerró las puertas del vehículo y comenzó a movilizarse, con cada movimiento fuerte y cada caída en un hoyo, Nicole sentía que todo le dolía, no sabría expresar con claridad qué cosa le dolía más, si los brazos o las piernas, y que decir del cuello y la espalda, los pulmones al respirar eran especialmente molestos, pero lo que en serio la preocupaba era no saber quién era, o donde había estado y con quien, era imperante saber esas cosas, ¿Cómo iban a notificar a sus familiares si ella no podía darles esa información?

-Señorita su nombre, por favor -Dijo en chico regordete que se sentó justo a su lado y comprobaba desde hacía rato que los fluidos que le administraban siguieran correctamente su curso desde la bolsita y el macro gotero rumbo a su sistema sanguíneo.

-Ella no lo recuerda... -Dijo en voz baja la chica sentada a su lado.

-Oh, lo siento, y ¿Hay alguna cosa que recuerde? -La otra paramédica lo miró con fastidio, no podía ser más imprudente.

-No, realmente no recuerdo nada.

- ¿Nada de nada, o nada de lo que le sucedió?

-Nada de nada -Respondió con tristeza.

-Creo que debes dejar ese trabajo al personal del hospital...

- ¡Pero debo llenar este reporte!

-Sí, pero estás alterando los nervios de la paciente, déjala ya, ellos se encargarán cuando esté más tranquila.

-Ese es tu problema, nunca quieres hacer completo el trabajo -Farfulló por lo bajo.

- ¿De qué hablas? Solo te pido que seas humano con ella, ¿Dónde tienes tus sentimientos? ¡Pareces un robot!

A todas estas, Nicole escuchaba en silencio la diatriba de aquel par sin poder recordar nada que pudiera ayudarla a esclarecer quien era. Al llegar al hospital la sacaron de la ambulancia y corrieron con ella a través del pasillo de urgencias, en la puerta la recibieron un par de enfermeras y el médico de turno.

- ¿Nombre?

-Desconocido, paciente de unos 25 años, caucásica, víctima de un accidente en la costa, no se sabe realmente que le ocurrió, pudo caer de uno de los yates que está allí apostados, tiene múltiples traumatismos y uno muy fuerte en el cráneo, se le administró lo que indica el protocolo y se inmovilizó con collarín.

-Perfecto, ¿Eso es todo?

-Eso es todo, viene estable... ¡Ah!, sufre pérdida de memoria....

-Pedida de memoria... enfermera -Dijo el galeno dirigiéndose a la joven enfermera que tenía a un lado -Hágame el favor y me contacta con el doctor Patrick Lombardo.

- ¿El neurólogo doctor?

-Sí, él, y que sea rápido.

-Pero es la una de la mañana, ¿No sería mejor que la valorara cuando venga a su revista médica mañana?

-Si otro fuera el caso, sí, pero esta paciente tiene un traumatismo cráneo encefálico, es mejor que la valore pronto porque requiere cirugía, el tiempo en estos casos es primordial.

-Entonces voy a despertarlo, va a odiarme por esto.

-Tú no te inmutes, este es su trabajo y él lo sabe, todos aquí lo sabemos, ve...

Capítulo 2 Sin remordimientos

Claudio Arciniegas terminaba de apurar lo último que le quedaba en su copa de vino, se recostó a la baranda de la cubierta de la nave a disfrutar por unos minutos del aire y la tranquilidad que le trasmitía el agua en calma después del alboroto de los eventos de hacía un par de horas.

Era un hombre de sangre fría que no se inmutaba por nada, le daba igual una cosa que otra, no diferenciaba lo bueno de malo, o lo ético y moral de lo anti ético e inmoral, todo era lo mismo siempre y cuando fuera útil a sus fines personales, había sido siempre así, y en todo se portaba de la misma manera.

Observó el agua quieta y reposada, la misma que se la había tragado hacía un rato, esa tranquilidad que ahora tenía la superficie era la prueba de que la naturaleza misma era cómplice de actos que algunos llamarían réprobos, pero porque no sabía el poder de estos, y lo que podían lograr.

La gente era hipócrita, se llenaban la boca juzgando rápida y alegremente a todo el mundo sin darse cuenta de que todos tenían siempre un pequeño secreto, algo de que avergonzarse, algo que había hecho y no debieron, o que querían hacer y todavía no se atrevían, ¡Ah!, pero apuntaban con el dedo a quien se atrevía a aprovechar las circunstancias.

Así como los griegos, los que en la antigüedad homérica hacían lo que mejor les convenía, todo el mundo veía a Agamenón como un demonio por haber sacrificado a su hija Ifigenia a la mar para poder tener buen puerto en su viaje hacia Troya, pero ninguno de los hombres que regresaron ricos con él luego de que la ciudad cayó bajo el asedio recordó agradecerle los métodos usados para tener un buen viaje de ida y de regreso.

¡Hipócritas!, así él había sacrificado a su propia Ifigenia, vería pronto como su sacrificio lo llevaría a buen puerto económico.

Por cierto que eran las mismas aguas, las del Mediterráneo, que se fundían más allá con el Egeo, unas millas náuticas más allá, pero era la misma cosa, así que básicamente estaba llevando a cabo un plan similar del que los grandes habían cantado, y hecho poesía y contado historias, en fin, eso apoyaba su teoría de que no estaba mal, solo que cada quien debe buscar la forma de lograr lo que quiere, el medio solo es el fin.

La noche había sido bastante intensa y estaba cansado, pero satisfecho, todo le estaba saliendo a la perfección, si lo hubiera planeado con más detenimiento no le hubiera salido tan bien, un matrimonio arreglado con una heredera siempre era un buen plan, pero si a eso se le sumaban circunstancias desafortunadas pues... era mucho mejor, de pronto comenzaba a tener un calorcito entre los pantaloncillos, la ocasión merecía un buen revolcón, ya bajaría hasta el camarote para desahogar lo que comenzaba a ser ya una necesidad que saciar.

Desde que estaba metido en los negocios "non santos" en los que multiplicaba su dinero estaba necesitando de negocios y empresas reales, no de maletín como algunas de las suyas, limpias con un blanco historial fiscal y bancario en donde poder lavar sus activos y claro, su suegro tenía las inversiones perfectas para tal fin.

Siendo este dueño de complejos hoteleros, su trabajo le permitía ciertas libertades para pasar dinero sucio por su negocio y blanquearlo a voluntad, solo que el viejo no estaba convencido de hacerlo, había intentado involucrarlo alguna vez, pero se había negado rotundamente, así que debió usar sus argucias para poder hacerle presión desde otro ángulo, las deudas que había contraído con él.

Claudio le aseguró el perdón de los millones que le había prestado para salvar de la quiebra el negocio turístico que se había ido a pique con el desplome económico post pandemia, y Marco de la Torre, que todo lo veía como un negocio, accedió al arreglo.

Claudio se lamió el vino pasando la lengua sobre sus labios húmedos y luego se limpió el borde con el lado de la mano, puso la copa sobre la encimera y bajó al camarote, no al suyo, sino al de huéspedes, abrió la puerta y se quitó la bata de seda que llevaba puesta sobre el bañador.

- ¿Ya está todo listo? -Preguntó la chica de cabellos largos, negros y mirada vivaz.

-Todo listo -Dijo llenándose la boca con una frutilla que estaba dispuesta sobre una bandeja decorada de frutas y chocolate líquido.

- ¿Te encargaste del... ASUNTO? -Hizo énfasis mientras se acomodaba en una pose sexi sobre la cama, dejando a la vista de Claudio sus dos pechos desnudos y perfectos.

-Me he encargado del asunto -Esbozando una sonrisa de satisfacción bastante parecida a una mueca y tomando un trozo que luego humedeció en el delicioso y dulce líquido -Ven acá -Ordenó al tiempo que ponía el trozo achocolatado dentro de la boca de la mujer y apretaba con la otra mano uno de sus pechos -Tengo la adrenalina a millón, necesito follar con ganas y desahogar este estado de ánimo, ¿Me comprendes?

-Te comprendo ahora ven aquí y te enseñaré lo que es follar de verdad.

Claudio se acostó largo a largo sobre la cama mientras la chica le sacaba los pantaloncillos y se acomodaba sobre él completamente desnuda, haciendo encajar su fisionomía sobre la del cuerpo del hombre excitado y rígido, dejándolo jugar con sus enormes pechos blancos mientras movía ágilmente las caderas para darle placer.

Pasó sus manos sobre el torso duro y esculpido de Claudio, que a sus 36 años se mantenía como un dios olímpico tan terrible como hermoso, y disfrutó con él de las sensaciones enviadas como rayos a través de toda su piel húmeda y sudorosa besándolo en las partes en donde podía encenderlo más de placer.

Él la giró bruscamente contra la cama y comenzó a besarla con furia, casi arrancándole los labios al tiempo que jugaba con su clítoris, enviándola derecho a la luna en una explosión de sensaciones indescriptibles a medida que su espalda se arqueaba por las vibraciones de su cuerpo.

Capítulo 3 ¿Dónde están mis recuerdos

Patrick Lombardo dormía profundamente cuando su móvil comenzó a sonar con insistencia, eran cerca de las tres y media de la madrugada y se sobresaltó con ruido que hacía el bendito aparato. Estiró el brazo para tomar el teléfono y contestar.

- ¿Aló? - Dijo todavía con el vivo sueño.

- ¿Hablo con el doctor Patrick Lombardo?

-Sí, con él habla, dígame.

-Disculpe que lo despierte doctor, le llamo desde el hospital, acaba de llegar una paciente con traumatismo cráneo encefálico y el médico de turno en urgencias pidió que le llamara.

-Descríbame el cuadro clínico señorita.

- Paciente de unos 25 años, probablemente víctima de un accidente en la costa, el paramédico dijo que pudo caer de uno de los yates, tiene múltiples traumatismos y por supuesto el del cráneo, presenta pérdida de memoria, esa es la verdadera emergencia... parece...

-Oh, sí, deme 20 minutos y estoy allá -Colgando la llamada.

Se levantó con cuidado retirando el brazo de su novia que dormía a su lado, caminó hasta el baño y se dio una ducha de cinco minutos para sacarse el sueño y regresó para vestirse con el uniforme del hospital y suéter de algodón con mangas bajo la camisa para protegerse del frío, entraría a quirófano en un rato y de verdad detestaba el intenso frío del aire integral del lugar.

- Patrick no pensarás irte y dejarme sola -Dijo la joven a medio despertar -No es justo que siempre me estés dejando sola por ir a atender a gente que ni siquiera conoces -Protestó.

-Soy médico amor, no puedes pedirme que no salga a atender una emergencia, la vida de alguien está en riesgo, y yo me he pasado la vida estudiando para esto, yo decidí hacer esto toda mi vida, así que vete acostumbrando, porque cuando seas la señora Lombardo tendrás que estar consciente de ello.

-No seas malo conmigo mi cuchi... en serio, vas a tener que hacer algo con ese trabajo tuyo, ¿No puedes trabajar únicamente en el día y ya?

-No amor, no puedo, ya te lo he explicado un millón de veces, debo irme ya -Besando su frente -Nos vemos cuando regrese.

- ¿Y eso será como a las...?

-No sé, creo que voy a pasar de largo, tengo consultas en la mañana temprano, y esto que voy a atender ahora me llevará varias horas... -Suspirando.

- ¿Ves a lo que me refiero?, odio ese hospital, no me permite tenerte conmigo, te acaparan todo el tiempo.

-Paciencia -Dándole un tierno beso en los labios.

La chica lo tomó por la ropa y lo lanzó a la cama a traición jugándose con él.

-Si no fueras tan sexi y tan buen amante, ya te habría dejado por alguien que me diera el tiempo que necesito -Bromeó, o eso creyó él ella bromeaba.

-Sabes que te quiero -Llenándola de besos -Pero ya debo irme...

Tomó las llaves del auto y el móvil y salió disparado hacia el ascensor del edificio, al llegar abajo encendió el motor y puso en marcha el deportivo recién comprado que todavía mantenía el olor al cuero de los asientos, amaba el olor a cuero nuevo, respiró profundo y pisó el acelerador rumbo al hospital, llegó en lo que calculó, veinte minutos y corrió hacia la sala de urgencias.

-Doctor Lombardo, buenos días, por favor venga por aquí la paciente ha tenido complicaciones desde que lo llamé hace rato.

- ¿Complicaciones? ¿Cómo cuáles?

La enfermera lo dirigió hasta el ambiente en donde el médico de guardia y otra enfermera luchaban con los temblores del cuerpo de la paciente.

Lombardo entró rápidamente al ver desde fuera lo que sucedía.

- ¿Desde cuándo está presentando este cuadro de epilepsia?

-Desde hace solo unos minutos doctor, hemos tenido que ponerle varias paletas en la boca para evitar que se partiera los dientes, pero ya ve usted, las ha partido con la fuerza -Contestó el otro galeno.

- ¿Le hicieron una resonancia magnética?

-Todavía no doctor.

- ¿Algún otro estudio?

-No hemos tenido tiempo.

-Ok, se los haremos en el camino, prepárenla para cirugía y usted -Dijo señalando a una de las enfermeras -Tráigame un equipo portátil y usted -Señalando a la otra -Tome muestras de sangre y llévelas al laboratorio.

Patrick Lombardo puso a todo el mundo a correr, ese era su estilo, o la gente se movía con él o se movía, así de simple, además, era una emergencia real.

Le preocupaba que hubiera un coágulo de sangre obstruyendo alguna sección importante del cerebro, la paciente era una mujer joven, había que hacer lo posible por minimizar los riesgos de que sufriera un daño mayor, de hecho, ya existían riesgos si habían comprobado los problemas de pérdida de memoria, pero haría lo posible en cirugía por ayudarla, hasta donde pudiera.

Llamó a dos enfermeros más y movilizó a la paciente luego de que la prepararan para llevarla al quirófano, se puso un traje desechable para entrar el pabellón se lavó se puso los guantes y adentro ya lo esperaba el equipo completo de profesionales que lo asistirían en la operación.

-Señoras y señores, muy atentos todos, la situación puede ser delicada -Anunció antes de ponerse manos a la obra.

La cirugía duró largo rato, tal como imaginó un coágulo, estaba haciendo presión en cierta área del cerebro, todo salió bien, la paciente se recuperaría con éxito, de eso estaba casi seguro, pero aún había otras cosas que tratar, salió de pabellón para dejar que el traumatólogo hiciera lo suyo con un par de huesos quebrados y la cadera dislocada, era mucho para la pobre chica, pero necesario.

Luego de haber salido y mientras se cambiaba llegó a su mente el rostro de la joven, era linda, realmente hermosa, era una lástima que una mujer así tuviera que pasar por un trance tan amargo, solo esperaba que se recuperara pronto y que todo estuviera mejor para ella.

Y ahí se quedó Nicole, en la mesa de operaciones, mientras los médicos seguían trabajando en su maltratado cuerpo, salió de cirugía un par de horas después, directo a observación y luego a recuperación, cuando despertó, estaba sola y adolorida, levantó la cabeza un poco, pero se sintió mareada y con unas náuseas terribles, era como si hubieran metido su cabeza dentro de un tambor y alguien lo golpeara con fuerza, era insoportable, llamó a la enfermera y le rogó que le diera algo para el dolor.

-Por favor, deme algo, cualquier cosa, no lo soporto...

-Señorita, ya se le administró el tratamiento que el médico indicó, no puedo ponérmele nada más, es peligroso.

-Búsquelo entonces, llámelo y dígale que no lo soporto, que venga y le diga que me puede administrar, se lo ruego...

La enfermera se retiró y volvió al cabo de una media hora con el doctor Lombardo a sus espaldas.

-Doctor, esta es la paciente que usted operó esta mañana, dice que necesita que se le ponga algo más fuerte para el dolor, le expliqué que no puedo hacerlo sin su consentimiento, pero ella insiste en hablar con usted.

-Buenas tardes, señorita...

-No recuerdo mi nombre...

-Ok, llamémosla María, ¿Le parece?

La joven asintió con la cabeza.

-Bueno, María, verá, ya se le ha dado una dosis muy alta de medicamentos, debe ser fuerte, usted tiene cara de ser valiente.

-No lo soy en realidad, no aguanto ese dolor, le ruego que haga algo para que se vaya.

Lombardo anotó algo en un trozo de papel sacado de su libretita de bolsillo y se lo dio a la enfermera.

-Por favor prepáreme esto, voy a ponérselo en el suero.

-Como usted diga doctor.

El galeno puso el medicamento en la bolsita del suero y se acercó para informarle a la paciente lo que acababa de hacer.

-Ya está, con esto seguramente dormirá hasta mañana, temprano vendré a verla para saber cómo va su evolución. Nicole sacó su blanca mano de debajo de la colcha y lo tomó por el brazo antes de que el hombre se fuera.

-Le ruego que no me deje, por favor, me siento sola, no sé quién soy, no tengo a nadie conmigo, quédese... al menos hasta que esto haga efecto y me duerma. A Patrick Lombardo le causó pena ver a la joven tan sola y en semejante estado, por lo que asintió con la mirada y se sentó justo a su lado, acarició su cabello con cuidado, era sedoso y suave, y tomó su mano hasta que se quedó dormida.

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