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El legado

El legado

Autor: : Rossetica
Género: Urban romance
En medio de la tempestad que supone para Colin haber perdido a su padre y quedarse solo al mando de un gran imperio millonario, es obligado a asumir las miserias de alguien más. A su vida llega, intempestivamente la única mujer de la que no puede librarse por mandato testamentario y moral. Pero...¿Que demonios significaba la chica para su padre? Y, ¿ Que será lo que empezará a significar para él?... Ella, de cabellos rojos que lo vuelven un demente, ojos tan verdes como los suyos, carácter impetuoso que no se deja dominar y unas ganas locas de perderse en él que no es capaz de disimular, son el ingrediente perfecto para explotar de amor en las condiciones menos apropiadas. ¿Serán ambos verdaderamente libres para amarse? ¿Será lícita esa pasión...? Descubre con esta explosiva novela, el placer de cumplir un legado.

Capítulo 1 prólogo

-Alhana, póntelo -ordena, Megan y no me muevo -¿Qué más da...? Es solo una noche. Déjate llevar, chica, vive un poco.

-No puedo arriesgar mi trabajo por algo así, Megan -me rehúso y ella resopla -.Ese hombre nunca va a fijarse en alguien como yo, y menos a dedicarme nada de su tiempo.

Mi amiga me vuelve a ofrecer el vestido de satén amarillo y pone los ojos en blanco cuando ve mi actitud negativa haciendo presencia en la situación.

-Necesitas el dinero, salir de la ciudad con tu madre y su empresa es perfecta para ofrecerte ese beca, Alhy, arriésgate. ¿Qué puedes perder?

<<¿La virginidad por ejemplo?>>

Trabajamos en un hotel de lujo para sobrevivir, y aunque no da para mucho, al menos paga los gastos y alguna que otra receta médica de mi madre.

Ahora estamos de congreso, algo que sucede una vez por año y uno de los asiduos al evento tiene en sus manos la posibilidad de facilitarme la vida sin saberlo.

Si el me diera un empleo en su empresa, algo así como de pasante y la posibilidad de obtener la beca que ofrecen, mi vida podría mejorar.

Sin embargo mi amiga me motiva a ponerme el vestido que dejó olvidado una cliente del hotel antes de irse, asistir a la cena de la noche como si fuera una chica más y no una vulgar camarera, (Todo eso esperando que nadie me reconozca), y luego acercarme a él para suplicar de manera sibilina, que me de un cupo en sus vacantes.

Pero él y yo, ya nos hemos visto antes y sé que es un play boy que sabe muy bien ganarse a una mujer y ponerme en riesgo, es peligroso teniendo en cuenta que a mis veintiún años, ningún hombre me ha tocado. No he tenido el tiempo ni la intención de hacerlo.

-Puedo perder el trabajo, Megan -cambio mi anterior idea -,si alguien me descubre.

-No lo harán. -Establece ella con convicción -Yo estaré al tanto de todo y es tu noche libre. Nadie lo sabrá y de paso disfrutas un poco de la vida que tanta hermosura se está perdiendo en esta austeridad en la que navegas, querida mía.

No puedo evitar reírme porque ella es única. Tiene mi edad, los ojos oscuros detrás de un rostro angelical y cabello oscuro, que aunque parezca ser más lanzada que yo, su corazón le pertenece a mi otro amigo ,Boris, al que no se atreve ni a mirar a los ojos.

La miro con ojitos convencidos y ella sonríe entendiendo que ese hombre sexy al que me voy a arriesgar a acercarme, es la única forma que veo de conseguir un poco de mis sueños y estoy entrando a cumplir con el plan que la muy pícara ha trazado para mí.

Así es como horas más tarde, estoy en plan cenicienta, infiltrada en una cena como una cliente más del hotel, bailando con un hombre que no me ha dejado exponer nada de lo que tenía preparado porque parece tan seducido por mí, como yo por él.

(...)

-¡Quédate esta noche conmigo!

Sus palabras son un susurro que me acaricia la piel del cuello.

Se acompañan de dos manos que giran en torno a mi cintura mientras bailamos en una pista atestada de personas que no reparan en la pasión que nos abruma a los dos en una zona oscura del elegante salón dónde bailamos y nos tentamos como... unos perfectos desconocidos.

-Por favor -él me súplica al oído mientras me mueve contra su pecho al compás de la música suave de un elegante saxofón -, dime que sí. Regálame esta noche. Necesito un poco más de tí. Deja que adore tu cuerpo solo por esta noche. ¡Entrégate a mí!

Me siento incapaz... incapaz de negarme.

Le deseo.

Me desea.

Nos deseamos como dementes y ninguno puede disimularlo. Tampoco queremos hacerlo.

Alzo la vista en busca de sus ojos y el impacto es brutal. Son tan verdes como los míos y su sonrisa cuando asiento, es un regalo de algún Dios que tuvo mucho arte en las manos cuando creó este hombre.

Me desarma y me encarcela en su mirada y su entrega a esta pasión. Me obliga a perderme en él.

Me gira en sus brazos con rapidez y delicadeza y el roce de sus manos en mi espalda desnuda es eléctrico, apabullante... me doblega. Me pone a sus pies y le veo a los míos. Me siento perdida en sus manos, cerca suyo y oliendo su aliento en mi boca.

Sonrio cuando noto que va a besarme y no soy capaz de estar lista para el impacto que sus labios suponen sobre los míos a mi pobre cuerpo, que no aguanta más de tanta seducción por un experto y hermoso espécimen de hombre.

En su habitación me desviste como si tocara una rosa frágil y el contacto de sus manos en mi piel me derrite. Me regala una sensación tan extraña de mágico poder y me siento reclamada y adorada por un extraño al que solo le estoy dando una noche para entregarle todo lo que hay en mí y que separe con sus ansias, mi cuerpo de mi mente y me lleve a otro sitio, lejos de lo que tengo en el mío. Me derrite por dentro y exploto hacia afuera en sensaciones por un simple tacto. Él es un maestro de la pasión y yo me muero de ganas de aprender más. Sin importar lo que pase. Quiero estar con él y que él, se entregue a mí. Solo por esta noche.

Me roza lentamente con los labios por toda la columna desnuda y los susurros de <> en mi oído, me enloquecen y gimo cuando la tela de mi vestido de satén amarillo cae al suelo y se enreda alrededor de mis tobillos dejándome sentirle detrás de mí, completamente vestido. Tocando mi piel con esmero y cuidado y dejando llamas de fuego allá donde acaricia.

Me carga como si fuera su esposa el día de la boda y me lleva a la cama, me deposita con cuidado, dejando besos a mis labios y cuando sus manos viriles sueltan los primeros botones de su camisa, no sé si aguantaré la presión que crece entre mis piernas cada vez que más y más piel va quedando a la vista.

-Dime tu nombre...

Él pide datos que no puedo darle. Y niego. Me arrodillo, me acerco al borde de la cama dónde se está devistiendo dolorosamente lento y le ayudo a deshacerse del resto obligándole a besarme. Hundo mis dedos en su pelo. Él gime. Yo jadeo y es cuando mi lengua se funde con la suya en un tórrido beso apasionado que siento apacigua a la fiera hambrienta de mis ganas y sus preguntas que no serán respondidas.

Lo que sucede después de ese beso, es demasiado increíble como para ser justa al describirlo.

Me hizo promesas sobre encontrarme que sabía que nunca podría cumplir, pero que apreciaba oírlas y soñar que podía haber sido. Adoró mi cuerpo como si fuera un templo al que le practica algún tipo de religión y fue dejando que su piel y la mía cumplieran lentamente sus propios deseos. Fue mágico y casi de fantasía, pero fue mío, fuí suya y nos amamos como si nunca más pudiésemos hacerlo y sobre todo, como si nunca antes hubiésemos amado a nadie de esa manera.

No se puede explicar la pasión que nos envolvía ni la velocidad a la que conectábamos nuestras almas, pero en ese momento... todo era perfecto porque éramos dos amantes incapaces de detener lo que sucedía, sin embargo cuando la pasión se extinguió, las cosas se tornaron distintas.

...-¡Vístete y sal de aquí!

Me gruñó con ira al tiempo que se vestía y yo aferraba una sábana contra mi cuerpo desnudo viéndole sacar billetes de no sé ni cuantos dolares y soltarlos sobre las sábanas manchadas de mi virginal sangre.

-Debí suponer que eras como todas...¿ Cómo pude ser tan imbécil?

Parecía que hablaba más consigo mismo que conmigo y me sentí herida, y además muy furiosa.

Como pude salí de aquella cama y le encaré exigiendo...

-¿Quien te crees que eres para tratarme como a una prostituta contratada?

-Es evidente que tu intención de seducirme es para obtener dinero, pues ahí lo tienes. Te dejo tres mil dolares por tan buen servicio para una mujer inexperta...he oído que la virginidad es algo que se comercia mucho en estos días. Pero no esperes más de mí. Sal de aquí.

La alusión simplemente ha mis supuestas intenciones de vender algo tan importante como mi inocencia me lastimaron sobremanera y le abofeteé.

Se quedó mirándome cinco segundos de más y cuando el peso de mirada era demasiado para soportar, retrocedí y me puse el vestido por encima tratando de que no obsevara mi desnudez y tomando mi bolso dije...

-Eres peor de lo que pensé -abrí la puerta y desde allí concluí -. Espero no volver a verte en mi vida.

-Se te olvida el dinero, preciosa...

Su intención de humillarme seguía en él y volviendo a darme la vuelta murmuré:

-Tienes razón en parte de lo que dices-le concedo sin ánimos -, he venido aquí sabiendo que quería de tí, pero te aseguro que no era esto y puedes quedarte tu dinero. No lo necesito...Idiota arrogante.

Y ese día, justo luego de pronunciar esas palabras tuve la peor de las sensaciones y no conté con todo lo que estaba por venir, solo poco tiempo después.

Mi madre moriría dejándome un gran peso sobre los hombros y el hombre que tanto me humilló, se volvería el más complejo de los desafíos.

El legado estaba por hacerse presente en nuestras vidas y ninguno de los dos imaginaba cómo.

Capítulo 2 1

1

Dos semanas después...

-!Mamá, no estoy lista!-sollozo sobre sus piernas. La pena me consume.

Mis lágrimas queman mi rostro mientras observo a mi madre morirse.

¿Es que podría en algún momento estar lista para verla morir?

El cáncer no ha permitido que siga disfrutando de tenerla conmigo y es lacerante el dolor que me provoca.

Mientras pierdo a mi madre, aguantada a su mano arrugada por tantas sesiones de quimioterapia, soy consciente de lo sola que me quedo. De lo sola que mi madre siempre vivió por culpa de la ausencia de mi padre y de lo gris que puede ser la vida cuando no hay nadie que te acompañe y sea, esa medicina contra la crueldad del destino que a veces necesitamos para poder seguir.

Llevo tiempo tratando de trabajar el doble para poder pagar todo lo que se nos acumula entre facturas. Meses en los que intentaba buscar una solución para recuperar mis intenciones de seguir los estudios de administración de empresas pero es que sin dinero, llena de deudas, medicinas por comprar y nadie que nos ayude, es casi imposible de solventar la vida.

Siempre hemos estado solas, nunca conocí a nadie que perteneciera a la familia. Mi madre trabajó toda su vida para pagar mis cosas hasta que enfermó y los papeles se invirtieron. Ella no ha permitido que indague sobre la posibilidad de que algún familiar existiera, y/o, nos ayudara.

-No llores Alhana, escúchame que no tengo fuerzas cariño, siento dejarte así, pero...

Se le corta la voz, toce y yo me enderezo apoyando mis manos en la cama y le beso los dedos de una de las suyas y lloro, lenta pero consecutivamente porque el dolor no aguanta más dentro de mí y se impone a salir.

-Hay muchas deudas, lo siento. Yo no sabía...-se detiene y sus ojos tan parecidos a los míos me miran a punto de apagarse -hay dos cartas que te hice hace unos meses para cuando llegara este momento, y previendo no tener el valor de hablar hasta el final,quería que tal vez pudieras entenderme allí y apelando a tu benevolencia, perdonar a tu madre que no sabía... pequeña yo, simplemente no supe. Dios, perdóname y dile a él que me perdone también.

-¡¿Mamá...?!!¿Mamita?!

Mis gritos al verla dormirse se hicieron cada vez más altos y los médicos vinieron a decirme, que mi madre ya no estaba, que no había nadie a quién llamar y que lo sentían.

Pero nadie más que yo podía sentirlo. Yo era la única, que en mi soledad, podía sentir el dolor por su muerte y ahora su ausencia.

Ni siquiera terminó de explicarme nada y me quedé sin entender lo que había dicho...

Al siguiente día ya estaba enterrando su cuerpo en un frío cementerio que me desgarraba el alma al mirar a mi alrededor y ver solamente a mi amiga Brinna, que me apretaba un hombro con cariño y apoyo, y a su hermano, el dueño del banco al que tendría que pedir un préstamo para pagar tantas deudas.

Megan tenía el turno de día en el hotel y haría el de noche también para justificar mi ausencia que a pesar de estar justificada por el luto, no me habían permitido la licencia.

Ellos eran mis únicos amigos y las únicas personas que habían ayudado con dinero, muy a mi pesar, a mi madre.

Yo, les iba devolviendo todo con mi trabajo pero si no fuera por ellos, mi madre habría muerto antes. Lloraba solo de recordar el color de su sonrisa que se fue apagando con las semanas.

Mi madre solo duró dos meses luego del diagnóstico. Fue fulminante. Un cáncer de páncreas en su fase más agresiva y terminal.

-Vamos Alhy, esta noche te quedas conmigo. No quiero que estés sola.-El brazo de mi amiga Brinna rodeó mis hombros y me llevaron mustia, de pena.

Me fuí de allí con ellos sin tener ni idea de lo que hacía. Me movía por inercia, y de todos modos no tenía mejor opción y tampoco me apetecía ir a mi casa, a estar sola y sin mamá.

Boris, el hermano de Brinna, se quedó con las dos y me pidió que aceptara dinero suyo, pero el banco no podría hacerme ese préstamo. Él era su gerente pero no podía saltarse las normas y yo no era ni soy una persona fiable para sostener créditos bancarios en regla.

Él se ofreció a pagar mis deudas, pero no podía aceptar algo así, era demasiado y ya le debía muchísimo.

Ahora tendría más tiempo y buscaría otro trabajo para ir liquidando todo poco a poco, pero aún así, no dejo de ser consciente que no sería suficiente.

Lo único que podía hacer, era hipotecar mi casa. La casa en la que nací y viví mis veintiún años con mi madre, y ahora, sería el medio para pagar por morirse. ¡Joder!

(...)

Al otro día, mientras Boris me llevaba a mi casa a buscar las escrituras para ir al banco y saldar mis deudas cuanto antes, me confesó que siempre estaría para ayudarme y que buscaría la manera de sacarme de la situación... como si yo no lo supiera.

-Buscaremos la mejor solución pero no voy a permitir que pierdas tu casa -promete tomando mi mano de mi regazo y dando un apretón fuerte.

-Te juro que creo que esto es una pesadilla de la que acabaré despertando -mi angustia y desazón es casi palpable. Estoy tan confundida que no logro ver nada en el horizonte de mi camino.

Sus ojos grises me observan comprensivos y me sonríe sin alegría mientras se le acentúa el hoyuelo en la mejilla. Es rubio, de un tono cenizo oscuro, muy guapo, alto y caballeroso. Todo lo que encierra un hombre guapo y sin embargo nunca le he visto con ojos de mujer.

Él es un hombre maravilloso al que me hubiese encantado amar, pero no se dió en su día y ahora no quiero volver a confundirlo así.

-No entiendo por qué no puedes venir a vivir a nuestra casa -comenta impidiendo que baje del auto tomándome una mano nuevamente -. Sería tan fácil para tí. Y podemos hacer un plan para que liquides todo sin perder nada. Déjame ayudarte.

Sus palabras me conmueven pero es que de hacerlo, me sentiría como una aprovechada. Ya me han dado mucho apoyo. Ambos han saldado muchas de mis cuentas y mudarme con ellos sería demasiado.

Quizás tenga que vivir en el apartamento de megany compartir gastos, pero eso es distinto.

-No puedo hacerlo, Boris -mascullo tomando el tirador del coche para bajar -. Y los dos sabemos que tu madre me odia. Nunca les pondría en una situación así de violenta. Estaré bien. Ya lo verás.

Le agradecí, dejé un beso en su mejilla y cuando me bajé del coche, llenándome de valor para entrar a mi casa sin mi madre, dos hombres vestidos de negro en caros trajes me cortaron el paso.

Retrocedí un poco asustada y escuché a uno de ellos decir...

-¿Señorita: Alhana Mitchell? -espetó interrogante el más alto y serio.

El segundo hombre a su lado, más bajito y regordete le entregó algo que parece ser una fotografía que el primero observó asintiendo a la par que yo respondí más decidida.

-¡Sí, soy yo!¿Quiénes son ustedes?...

Las palabras quedaron en el aire y las respuestas nunca llegaron porque la única persona que no esperaba ver, y menos en aquella circunstancia, también se alzó delante de mí y su altura otra vez me sorprendió.

Sus ojos verdes como los recordaba de aquella noche dos semanas atrás, seguían la curva asombrada de los míos. Llevaba un traje a medida que se aferraba a sus poderosos brazos que recordaba dominando mi cuerpo y humillando después al soltar al viento el dinero y cuando habló, me tembló el corazón en el pecho.

-Entonces...¿¡Alhana!? -repuso pensativo. Finalmente sabedor de mi nombre.

Yo endurecé mi postura tratando de parecer valiente. No sabía que hacían en mi casa pero pensé que quizás me reclamaría algo más.

Él por su parte metió las manos en los bolsillos de su pantalón y abrió un poco las piernas mostrando una postura chulesca que me supo a arrogancia y poderío innecesario.

Nos miramos unos segundos y toda la sensación de electricidad entre los dos se volvió densa y cargada de celos y otros sentimientos cuando Boris apareció por detrás de mí y colocó su mano en mi cintura, me pegó a su costado y besando mi sien, preguntó en mi oído delante de los tres hombres :

-¿Pasa algo, cariño...?

Capítulo 3 2

2

No sabía lo que pasaba.

No entendía la actitud posesiva de Boris, ni la presencia de aquellos hombres en la puerta de mi casa.

Sin embargo, lo que no podía dejar de mirar y sentir, era la postura recta y dura de aquel hombre con el que había pasado la noche más increíble de mi vida, que luego se convirtió en la más deprimente.

Sin nombres ni despedidas, pero con mucho derroche de una pasión ensombrecida por sucesos tan inesperados como insultantes.

-¿Quiénes son ustedes?

El hermano de mi amiga se hace con el control de las preguntas y mientras, el moreno de ojos verdes como los míos me sigue observando y a ratos mira la mano de Boris en mi cintura.

Parece estar tan sorprendido como yo de estar frente a mi. Eso me crea un conflicto de teorías.

<<¿Si viene a reclamarme algo, debe saber quien soy?

O de lo contrario, a qué viene >>

-Colin Slatham, ellos son mi seguridad.

Su poderosa voz me hizo estremecer y le ofreció la mano a mi amigo, que le devolvió el saludo con educación y también se presentó.

-Mi nombre es Boris Moore y soy el novio y representante legal de la señorita, ¿Qué se le ofrece, señor Slatham?

Le miré con sorpresa y aunque quizás podía entender que estuviera tratando de protegerme debido a que no conocía a aquellos hombres al que yo si conocía muy bien, al menos a uno de ellos, no quería que se confundiera otra vez con nuestra relación.

Sin embargo, con todo lo que me había ayudado tampoco podía dejarlo en ridículo desmintiendo lo que había dicho.

Por otro lado, cuando levanto la mirada hacia Colin, me encanta su nombre por cierto, me observa indescifrable y de pronto, endureció todavía más su expresión y mirando de regreso a mi amigo dijo...

-La señorita es mayor de edad, y lo que me atañe con ella no pienso hablarlo con nadie más que con Alhana -dijo mi nombre con una pausa y me miró entonces,para luego proseguir -,nos conocemos lo suficiente como para que ella sepa que puede confiar en mí. Solo hablaré con ella, y les aseguro a ambos que es de suma importancia.

Mis cejas se acercaron en gesto de inquietud.

Había pensado que venía por cumplir con su primer interés de pagarme asquerosamente por lista supuestos servicios; pero su manera de llevar la situación distaba mucho de ser esa la razón.

Podía leerse entre líneas que no esperaba verme, y que ni siquiera sabía mi nombre, tema que quedó bastante claro por su asombro cuando lo escuchó de mis propios labios, lo que significaba que no me había buscado por motivos personales, sino por algo que la verdad no me interesaba más allá de lo que picaba en mi curiosidad.

Así que entonces, apunté borde...

-Ahora no tengo tiempo, señor Slatham -apretó la mandíbula cuando dije su apellido de forma fría -.Tengo un asunto de vital importancia que tratar y no puedo posponerlo. Deje su teléfono y le llamaré cuando tenga tiempo.

Traté inmediatamente de avanzar hasta mi casa, y su mano atrapó una de mis muñecas y otra vez me estremecí.

¡Cuerpo traicionero del demonio!

Él me rozaba y yo no sé en qué dimensión entraba que solo podía reaccionar de forma exagerada a su cuerpo. Era algo inexplicable pero evidente y no solo yo lo notaba.

-¡Suéltela!

Boris reaccionó enseguida, tratando de liberarme de su agarre y los dos enormes hombres que acompañaban a Colin lo tomaron de la chaqueta y le pusieron contra la pared.

Inmediatamente me ví siendo arrastrada hacia el cuerpo del que fue mi amante de una noche y me susurró al oído, mientras me aferraba a él presionando mi cintura...

-Es muy importante lo que tengo que decirte, Alhna por favor, no me obligues a llevarte a la fuerza. Ven conmigo, será solo un momento y ya luego te prometo que puedes irte donde quieras con... ese hombre.

A pesar de que no podía dejar de pensar en su maldita mirada sobre mí, esa barba incipiente perfectamente alineada a su mandíbula poderosa y perfilada con extrema exquisitez y los labios, Oh Dios, los labios que recordaba suaves y llenos contra los míos, sabía que detrás de mí estaba mi amigo siendo arrinconado por dos hombres que seguían ordenes de un tío que no se iría de allí sin hablar conmigo. No así de fácil.

Incluso yendo contra mis propias ideas y todo lo que tenía por hacer, concluí...

-De acuerdo. -Me salió como en un susurro.

Nos sostuvimos la mirada unos segundos más y cuando sus labios dejaron escapar un jadeo cercano a los míos, él mismo rompió el contacto dejándome un poco aturdida.

Su proximidad se me hacía un tanto necesaria y no podía entender el por qué. Era como una fuerza de la naturaleza. Algo dentro de mis venas le reconocía y daba miedo, mucho miedo cuando se mostraba en su total intensidad. Era como si los dos tuviésemos un vínculo indisoluble que no teníamos manera de justificar.

O eso creía yo, en ese momento.

-Suéltenlo.

La orden de Colin fue clara y sus hombres le obedecieron.

Mi amigo se ajustó el traje y metió los dedos en su pelo rubio oscuro para arreglar un poco el desaliño al que lo habían sometido y me buscó enseguida con sus ojos grises y preocupados. Era menos alto que Colin pero igual de impetuoso.

Solo que no me provocaba lo que aquel desconocido había conseguido en un solo encuentro previo a este.

-Dime que no vas a irte con él, por favor -mi amigo me apartó hacia una esquina y cuestionó temeroso.

-Iré en un rato a verte a tu oficina, ¿ vale? - le tomé el rostro entre mis manos para infundir calma a su nerviosa apariencia -luego te explico.

Negó soltando un suspiro demasiado contenido y me abrazó bajo la mirada de los otros.

-No me gusta ese tío, Alhana -le miró por encima de mi hombro -. No tiene porqué irte a hablar nada con un desconocido.

-No es un desconocido, Boris -balbuceé soltándome del todo de su dominio -. Tengo algo que cerrar con él y aprovecharé esta oportunidad. Nos vemos más tarde.

-¿Seguro que le conoces? -inquirió arrugando el entrecejo.

-Sí, y Megan también. Si te quedas más tranquilo puedes llamarla y preguntarle por el cliente del congreso en el hotel. Ella sabe quien es a la perfección. Confía en mí. Estaré bien.

Asintió soltando un suspiro de resignación y me besó las dos manos antes de irse.

Le echó una última mirada a todos y subió al coche para cerrar la puertas de un fuerte golper y salir de allí derrapando.

Inspiré profundamente y cuando me dí la vuelta, le tenía pegado a mi espalda. Casi tropiezo con su boca.

Puse una mano en su pecho para apartarlo de mí y busqué a tientas las llaves de mi casa en el bolso.

-Vamos dentro.

-Preferiría que habláramos en mi auto.

-En mi casa o no lo hacemos, Señor Slatham -arqueó una ceja cuando entendió que no pensaba tutearle -.No voy a ir a ningún lado, tengo algo importante que hacer y esta es mi manera de seguir teniendo el control de mi día. Aquí o nada.

Subieron y bajaron de golpe los hombros dentro de su caro traje negro con corbata y camisa negra, parecía tan de luto como yo, y me siguió cuando le pasé por el costado para abrir la puerta de mi casa.

Cuando giré la llave en la cerradura, sentí una opresión en el pecho y creí empezar a llorar allí mismo, pero me contuve y empujé la puerta haciéndome a un lado para que él pasara.

Cada vez que me respiraba cerca, me daba taquicardia. Podría jurarlo. Era lo más intenso que había vivido jamás. Y sabía que él lo sentía también porque le notaba respirar agitado y en más de una ocasión reprimir jadeos.

Cerré la puerta y lo vi mirar mi casa, dando vueltas alrededor del salón. Era una casa bonita, y muy cuidada. Mamá siempre buscaba la manera de mantenerla y durante años fue nuestro templo y único bien. Ahora se sentía vacía y sola. Casi sin vida como estaba ella, pero no podía dejar que eso me afectara en este momento, necesitaba aclarar la visita de Colin y seguir con mi vida.

-Es una casa hermosa -dijo él con las manos en los bolsillos girando hacia mí.

-¡Gracias!

-¿No tienes hermanos, tu mamá... alguien más? -su pregunta me entristeció.

Tragué en seco y negué, reprimiendo las ganas de llorar. No quería seguir entregándole sentimientos a él. Ya bastante me había hecho desarrollar en una noche, no quería que se adueñara de cada fibra de lo más profundo de mí.

-Solo yo..., vas a decirme ya a qué has venido.

Me miró por unos segundos en silencio. Toda su mirada pasando por mi cuerpo, haciéndome sentir desnuda otra vez y en sus manos aquella noche con él entrando y saliendo de mi interior. Llevándose mis gritos en sus mordidas y mis suspiros en sus gemidos con mi nombre al viento.

-No sé como hacerlo. Yo...

Avanzó hasta mí y nos quedamos quietos. Sus manos tomaron las mías, las alzaron entee los dos y acariciaron mis dedos, nudillos y palma con una delicadeza que no esperaba.

-Mi padre ha muerto... -comenzó a decir y me sentí empática.

Lo dijo de una forma extraña y pensé que aunque no conocía al señor y no sabía hasta qué punto podría eso tener algo que ver con su visita, dije...

-Lo siento.

Nuevamente negó con su cabeza y parecía que sufría cada segundo que pasaba.

Lo siguiente que dijo estropeó todas y cada una de las fibras de mi ser y mi vida entera también.

-Te ha contemplado en su testamento y las cosas que ha dicho han dejado claro para mí, que al parecer somos hermanos...

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