"Recuerdo.
Hace casi veintiún años.
Había visto a mi madre entrenar como loca los últimos cuatro años después del nacimiento de mi hermano Arne. La vi llorar, maldecir, sufrir, enojarse y gritar de frustración, diciendo que no era lo suficientemente fuerte y que no sería capaz de ganarle a esa bestia que venía por ella.
Vi a mis padres pelear infinidad de veces por esa misma razón. Mi padre era un fiel creyente de que el esfuerzo de mi madre daría frutos y que por fin podrían deshacerse de esa maldición que acosaba a mi familia desde hacía generaciones. Aunque mi madre era más lógica que él en todo sentido y sabía bien lo que iba a pasar esa noche. Sabía que ni todo el esfuerzo y el empeño que había puesto en esos últimos años harían que sobreviviera. Ella lo sabía, y yo también.
Ella era consciente de que todo dependía de mí ahora. Mi mamá me lo había dejado claro durante los últimos cuatro años.
Después de cenar, nuestra última cena familiar, caminamos hasta el campo donde aparecía ese lobo para la pelea. Me sentía realmente nerviosa, ya que una gran cantidad de manadas iba a presenciar el acto. Los murmullos eran demasiado ruidosos, así que simplemente miré a la mano derecha de mi padre, Dress, y al instante entendió mi expresión. Él era mi padrino, así que conocía a la perfección mis gestos, y con un rugido los calló a todos.
Dress tenía hasta ahora dos hijos mayores, Declan y Sonia, y su esposa estaba embarazada de un niño en ese momento. Dress y su esposa Dalia, la mejor amiga de mi mamá, solían bromear diciendo que Declan y yo seríamos compañeros en el futuro. Yo ponía cara de asco y les decía que prefería que me comiera el lobo del bosque.
Mis padres se abrazaron por un largo rato antes de que mi mamá cargara a mi hermano para decirle cuánto lo amaba y que, pasara lo que pasara, siempre estaría con él sin importar nada. Cuando fue mi turno, se arrodilló ante mí y colocó su collar en mi cuello. Ese collar de diamante rojo había pasado de generación en generación y ahora era mi momento de cargarlo y darle el cuidado que se merecía.
-Escúchame, mi amor, necesito que seas fuerte por mí, ¿sí? Tienes que ser fuerte y no quiero que le hagas caso a nadie. Haz lo que creas mejor y, si eso no les gusta a todos estos idiotas, recuérdales quién eres a golpes. Muéstrales que nadie puede meterse con la princesa y nuestra futura reina Alfa, ¿sí, mi amor?-
-Lo sé, mami. Voy a volverme tan fuerte que voy a matar a esa cosa de un golpe-
-Esa es mi niña preciosa. Te amo mucho, mi vida. ¿Lo sabes, verdad?-
-Lo sé, mami. Yo también te amo-
La abracé con fuerza, guardándome su olor y su calor en lo más profundo de mi ser. No quería que se alejara de mí, no quería soltarla, pero debía hacerlo.
Con mi corazón latiendo de tal manera que podia escucharlo en mis oídos la vi caminar hasta casi el centro del campo y no pude evitar avanzar algunos pasos hasta que mi padre me tomó del hombro para impedirlo. Le quité la mano con agresividad y me paré recta, mostrándole que era una niña grande y que sabía lo que estaba haciendo, aunque por dentro quería correr hacia ella para ayudarla.
Un rato después, una bruma parecida a la neblina comenzó a asomarse desde lo más profundo del bosque oscuro hasta que llegó al centro del campo. Sentí cómo mi corazón se aceleraba al ver algo levantarse con determinación mientras la niebla se dispersaba apenas un poco. Esa cosa era realmente enorme y aterradora, no solo por su monstruoso cuerpo, sino por sus ojos negros, más oscuros que el propio bosque.
La pelea no duró mucho, pero para mí pareció una eternidad. El lobo controló la pelea desde el principio y Dress tuvo que sostenerme para que no corriera hacia ella. Mi corazón se detuvo al ver cómo ese enorme lobo enterraba sus garras en el abdomen de mi mamá, provocando que escupiera sangre al instante. Lo vi sujetarla del cuello y comenzar a caminar hacia el bosque.
Me separé de Dress empujándolo con fuerza para correr tras él, pero no llegué muy lejos. Los nervios y la ira me hicieron tropezar y caer de rodillas, viendo cómo se alejaba cada vez más. Incapaz de contenerme, solté el grito más fuerte que pude, sintiendo cómo cada parte de mi cuerpo me pedía que lo matara.
El lobo se detuvo en seco y se giró para mirarme. Sus ojos negros se clavaron en los míos, helándome la sangre. Por un momento, me pareció verlo sonreír.
-Por favor, deja su cuerpo... ya la mataste, déjame su cuerpo... por favor -le pedí en un susurro-
«Gáname en la próxima pelea y te devolveré el cuerpo de tu madre».
Su voz resonó en mi cabeza antes de desaparecer en el bosque junto con la neblina.
Me quedé estática procesando lo que había ocurrido. Caí en cuenta de que se había llevado a mi mamá. Tenía que pararme e irme, como ella me había dicho. Tenía que entrenar. Ahora tenía una nueva motivación: no solo matarlo, sino hacerlo para recuperar su cuerpo.
Me levanté con todo el dolor del alma y caminé de regreso, viendo a mi padre de rodillas y a mi hermanito a su lado. Pasé junto a ellos ignorándolos, sabiendo que todas las miradas estaban sobre mí. Sabía lo que pensaban, pero mi mamá me había dicho que nada era más importante que terminar con esto de una vez.
Fin del recuerdo"
Una enorme maldición está puesta sobre mi cabeza desde mi nacimiento, la misma que ha afectado a mi familia por generaciones. Dicha maldición no es más que un salvaje lobo que sale cada veintinueve años para matar a la primogénita real.
Nadie sabe el porqué en realidad, ni han podido descifrarlo. Solo sabemos que, sin importar dónde te encuentres, morirás en tres minutos el último día de diciembre y al comienzo del nuevo año.
Cuando mi madre murió, el lobo apareció de entre los árboles del bosque oscuro a un minuto del último día de diciembre. Su pelea se mantuvo durante el minuto de transición y, para cuando el primer minuto del primer día del nuevo año se hizo presente, ese lobo atravesó su abdomen con sus garras. Veinte segundos antes de que ese minuto acabara, comenzó a volver al bosque llevándose consigo el cuerpo de mi madre, evitando que pudiéramos darle una digna sepultura, al igual que pasó con mi abuela y todas las anteriores primogénitas.
Su muerte devastó a todos los presentes, dejando destruida nuevamente a mi familia, la cual aún no superaba lo que pasó con mi abuela. Verla morir de esa forma, después de que entrenó por años, me desgarró el alma y el corazón, provocando que soltara un enorme y poderoso rugido, llamando así por primera vez la atención del lobo que arrastraba el cuerpo de mi madre. Aún recuerdo sus ojos fijos en los míos y, aunque solo duró unos leves segundos, parecieron una eternidad. Esos enormes y negros ojos me torturaron durante años; el simple recuerdo de ver morir a mi madre me causó noches enteras de pánico e insomnio, hasta el punto de no dormir.
El mismo día que mi madre murió fue el día que desaparecí de la vista del ojo público, generando un gran revuelo alrededor de mi familia. ¿Cómo era posible que la primogénita escapara después de la muerte de su madre? ¿Acaso era una niña cobarde? ¿Acaso no me importaba mi deber real para con la familia? Escuché infinidad de reclamos por parte de todos aquellos a los que solo les gustaba opinar al respecto.
A diferencia de lo que decían de mí, yo no había huido. Mi madre había arreglado antes de su muerte que un grupo de élite me entrenara desde el primer día hasta el último para cumplir con un simple objetivo: matar a esa cosa como fuera y romper esa maldición, si es que podía hacerlo.
Y así ha sido desde entonces. Me he ocultado de todos y de todo durante años, forzando mi cuerpo a los entrenamientos más crueles y aberrantes posibles. Había entrenado con cada persona fuerte de este mundo, en las condiciones más precarias, extremas y desafiantes posibles, para preparar tanto mi mente como mi cuerpo. Afronté mil y un infiernos para poder estar lista y cumplir mi objetivo. Me alejé de mi padre y de mi hermano, a pesar de que aún mantenía cierto contacto con ellos, pero solo el mínimo posible para evitar que mi identidad fuera descubierta.
Llevaba alrededor de cinco infernales años viviendo con la manada Beecham, llamada así por el Alfa Drees Beecham, uno de los mejores amigos de mi padre. Su esposa, Dalia, era la mejor amiga de mi madre. Ella y el alfa Drees eran los únicos que conocían mi verdadera identidad desde el primer día. Había elegido este lugar ya que era el más cercano al bosque oscuro y también al campo donde había muerto mi madre. Solía ir con Dalia a visitar su tumba día por medio para llevarle sus flores favoritas.
Ella y su esposo eran buenas personas, al igual que sus tres hijos menores, Sonia, Rhio y Khea. Aunque en toda familia siempre existe la oveja negra, y en este caso, para mi mala suerte, esa oveja negra era mi compañero: Declan Beecham. Un idiota prepotente de primera. No solo su comportamiento era asqueroso, sino también su trato hacia mí, generándome estrés, enojo y tristeza al mismo tiempo. A eso se sumaba que podía sentir sus emociones de una manera muy intensa, lo que me dificultaba a veces pensar con claridad cerca de él.
Me había pasado años esquivando la mirada del género opuesto por miedo a encontrar a mi compañero y que todo por lo que había luchado se fuera por un caño. Así que había tomado la decisión de jamás mirar a ningún hombre a los ojos. Al menos así fue hasta que, hace una semana más o menos, salí a caminar de noche para despejarme después de haber tenido un día de entrenamiento fuerte y cruel. Mientras caminaba, podía escuchar cómo se acercaban varios lobos, entre ellos Declan y su novia Gina, la loba más deseada y perfecta de la manada Beecham. Una completa idiota superficial a la que le quería arrancar la cabeza desde el día en que llegué a esta manada.
Sabía que iban a venir a molestarme, ya que eso habían hecho los últimos cinco años desde que me mudé a este lugar: me volví su muñeco de tortura. Obviamente podía defenderme y matarlos a todos, pero era preferible no hacerlo para no llamar la atención. Nadie podían saber quién era hasta la noche previa a la pelea con el lobo gris. No podía permitirme que interrumpieran mis entrenamientos ni que me dieran un trato diferente solo por ser la primogénita del Rey Alfa.
Esa noche, por un simple y estúpido error, mientras me usaban como saco de boxeo, miré accidentalmente a Declan a los ojos. Nuestra conexión fue instantánea, provocando en ambos un sinfín de emociones reprimidas y un deseo que nos forzamos a ocultar, ya que él debía seguir manteniendo la mentira de que no había encontrado a su compañera.
Por obvias razones, él jamás aceptaría que yo fuera su compañera, ya que a sus ojos solo era la gorda cocinera de su familia. Lo que él desconocía era que siempre llevaba puesto un traje especial, el cual pesaba alrededor de trescientos kilos, y que cada cierto tiempo aumentaba aún más para forzar a mi cuerpo a soportar una gran cantidad de peso y así regular mi respiración a la hora de una pelea.
En fin, esa noche algo cambió en nosotros, pero más que nada en él. Dejó de atacarme, se volvió distante y jamás volvió a mirarme o a quedarse cerca de mí, ya que nuestras mentes estaban conectadas al punto de sentir lo que el otro sentía. Si se excitaba, como siempre lo hacía cerca de mí, yo podía sentirlo con una intensidad realmente desconocida para mí. Si se enojaba y yo me mantenía tranquila, él se anclaba a mi tranquilidad para no volverse más violento de lo habitual.
Aún seguía encantándole molestarme en ciertas ocasiones. Por ejemplo, cuando servía la cena o el almuerzo para su familia, apenas me veía comenzaba a fantasear con que me metiera debajo de la mesa justo frente a él y comenzara a chupar su miembro. Sus fantasías eran increíblemente intensas, provocando en mí una ola de deseo que a veces me era imposible reprimir del todo. Por más fuerte y calmada que me forzara a estar, no era nada fácil cuando eso pasaba.
Por otro lado, sus celos hacia mí se descontrolaban cuando otro lobo estaba cerca o hablaban conmigo. Simplemente se acercaba y me exigía que volviera a la cocina para prepararle algo de comer, ya que para eso me tenían de sirvienta y para eso sus padres me habían contratado.
Sé que una semana puede parecer poco tiempo, pero con alguien así como compañero era demasiado difícil para mí no querer quitarme el disfraz y mostrarle quién era en verdad, para después dejar que me marcara y me tomara como su compañera. Moría de ganas por tenerlo entre mis piernas, dándome el placer que me provocaba cada vez que estábamos cerca.
Por otra parte, me había pasado los últimos cinco años haciéndoles creer a todos en esta manada que era una pobre chica huérfana que había perdido a su madre en un accidente de auto provocado por un humano borracho que perdió el control de su camión, mientras que mi padre había desaparecido por completo de mi vida para buscar una nueva compañera. Nadie sabía que mi mamá y Dalia eran mejores amigas, por lo que habíamos usado esa realidad para decir que mi madre y ella lo eran y que había prometido cuidarme sin importar nada, haciéndose cargo de mí.
Nadie lo había cuestionado, ya que a nadie le interesaba una huérfana como yo. Era más interesante para ellos comentar los rumores que decían que la princesa desaparecida -en este caso yo- ya había tenido a su sexto hijo para dejar un buen linaje, porque se acercaba su hora de muerte. Era divertido, a veces, escuchar dichos rumores, y más cuando salían de la boca de mi hermano cada vez que lo veía, como ahora.
-Te lo juro, ya no sé cuántas veces he escuchado que tienes de seis a catorce hijos. Es realmente molesto no poder decirles que mi hermana es una de las guerreras más fuertes de nuestro mundo -se quejó, tomando una toalla para secarse el sudor después de que salimos del sauna-
Yo había peleado con los tres mejores monjes shaolin de descendencia lobuna. Si bien era sabido que estos monjes rechazaban la violencia, varios de ellos obedecían a mi padre y lo reconocían como el Rey Alfa, por lo que cuando él les pidió que me entrenaran, aceptaron al instante. Desde entonces, mi vida ha sido casi un infierno físico y mental.
-¿Me estás escuchando?-
-Sí, te estoy escuchando, pero no sé si te acabas de dar cuenta de que me dieron una verdadera paliza.-
-Le rompiste la pierna a ese pobre hombre.-
-Sí, pero después de que me apaleó-
Suspiró, revoleando los ojos, por lo que le lancé la toalla antes de entrar en la ducha.
-Papá quiere verte-
-También te escuché las primeras quince veces, hermano-
-No quiere esperar una semana y media para verte. Quiere pasar tiempo contigo, no quiere perder a su única hija-
-Me va a perder de todas formas si no gano esa pelea, o al menos si no le doy una buena pelea a esa mierda-
-No sabemos si es posible ganarle, hermana. Deja que papá te vea-
-Si viene a verme, su presencia va a alterar a todos y no quiero alborotos hasta la noche previa a la pelea-
-Puede verte en secreto-
-Puede llamarme cuando quiera, para eso tiene teléfono-
-No es lo mismo ver a tu hija frente a una cámara que abrazarla físicamente-
-Lo sé, Arne, lo sé. Pero aun así no quiero distracciones por ahora. Necesito estar concentrada de lleno en esto-
-¿Has encontrado a tu compañero?-
-¿Para qué quieres saber?-
-Tus óvulos-
Hace un año más o menos había tomado la decisión de que me sacaran algunos óvulos. Si moría, alguien más podría tener a mis descendientes para que la siguiente generación estuviera aún más entrenada que yo desde su nacimiento. Solo me faltaba encontrar al donador más fuerte, ya que en ese entonces no tenía compañero. Pero ahora que lo tenía, me cuestionaba seriamente elegirlo como donador. Declan ni siquiera se acercaba a ser el Alfa más fuerte; a pesar de que sus genes eran maravillosos, necesitaba buscar a alguien aún más fuerte.
-Voy a elegir al Alfa o al futuro Alfa más fuerte en unos días, después de que evalúe con detenimiento a todos los prospectos-
-Lo dices como si fuera algo tan... redundante-
-Y lo es, al menos para mí, hermano. No puedo perder mi valioso tiempo en cosas tan banales como esas, no cuando se me agota el tiempo. Apenas muera, los médicos tienen la orden de fecundar los diez óvulos en diferentes mujeres para que todos nazcan al mismo tiempo. Nadie más que el equipo designado por mí va a poder acercarse a ellos. Entrenarán desde el minuto uno hasta que llegue la hora.
-Por Dios, son mis sobrinos, no simples soldados-
-Para mí lo son. Tenemos que parar a la cosa que mató a mamá-
-Suenas demasiado insensible-
-La viste morir al igual que yo, Arne. ¿Y me dices insensible?-
-Lo siento, no debí...-
-Está bien, no te preocupes por eso ahora y déjame encargarme de mis propios asuntos. Mejor cuéntame qué tal está Paulina y el pequeño Peter-
-Ese mocoso es un desastre, es un terremoto hecho persona. Y mi Paulina está embarazada otra vez, así que estoy feliz-
-Envíales saludos de mi parte a ambos-
-Peter pregunta por ti todo el tiempo. Quiere pasar más tiempo con su tía favorita-
-Solo lo dices para tener una reunión familiar-
Sonrió antes de sacudir la cabeza, mojándome otra vez.
-Acabo de secarme, pendejo.
-Solo es agua-
-Solo es agua -imité, golpeando su hombro.
-Aun así, no respondiste-
-¿Qué cosa?-
-¿Encontraste a tu compañero?-
-No-
Si algo había aprendido hace años era a controlar mi pulso para evitar que las personas supieran que estaba mintiendo.
-Además, no hay necesidad de encontrarlo ahora. Solo sería romperle el corazón a ese pobre e infeliz tipo-
-Eso, en cierto modo, es verdad. ¿Pero no sientes curiosidad por conocerlo?-
Créeme, ya lo conozco.
-No, ni un poco-
Para cuando Dalia pasó por mí, suspiré aliviada al no tener que seguir aguantando el interrogatorio de mi hermano. Todos en la manada creían que me estaba sometiendo a un tratamiento psicológico por no poder superar la muerte de mi mamá y, en parte, era medianamente cierto, ya que entrenaba hasta el cansancio para vengar su muerte.
-¿Cómo te fue?-
-Me aumentaron el peso en el traje. Me siento una vaca-
-Pero no se ve tan grande, es más, diría que es más chico-
-Y lo es. Este traje compensa tamaño perdido con peso-
-¿Es posible hacer eso?-
-Con la tecnología de hoy en día, todo es posible-
-¿Te sientes bien?-
-La verdad es que no. Estoy cansada y quiero dormir, me siento agotada mentalmente -murmuré, apoyando el codo en el borde de la ventana y la cabeza en mi mano, sin dejar de mirar al frente-
-Es entendible. Te acercas a la recta final, mi niña. Tu mamá estaría muy orgullosa de ti-
-Eso espero. Llevo años esforzándome para demostrarle que soy capaz de vengarla-
-Y lo harás. Tienes la determinación y la valentía para afrontar lo que sea-
-Gracias-
-Deberías quedarte en casa a descansar esta noche. No es necesario que vayas a cocinar-
-Está bien, pero tu hijo va a ponerse histérico-
-No te preocupes por él, yo me haré cargo-
-No lo digo por eso... él es mi compañero -solté sin pensarlo, golpeándome mentalmente segundos después por abrir la boca-
Se estacionó al costado de la carretera y se giró para verme, anonadada.
-¿Qué?
-Es mi compañero -repetí con pesadez-. Hace una semana, cuando él y sus amigos me usaron como saco de boxeo, levanté la vista sin querer y nuestras miradas se cruzaron. No debí mirarlo, pero no pude evitarlo. Por eso está tan molesto conmigo últimamente. Si me ve ahora y nota que tengo el perfume de otro hombre en la ropa, se va a poner histérico-
-¿Mi... Declan? -preguntó, haciendo que girara la cabeza para verla. Estaba llorando-. Eso me hace tan feliz, mi niña -aseguró, tomándome del buzo para acercarme a ella y abrazarme con fuerza-. Yo sabía que íbamos a ser familia.
-No estaría tan segura, Dalia. Me queda una semana y media y he estado pensando seriamente en rechazarlo para que no sienta el enorme dolor que sintió mi papá cuando mi mamá murió-
Tardó unos segundos en comprender lo que significaba que Declan fuera mi compañero y lo que eso representaba para mí: un simple obstáculo en mi camino.
-Dalia, yo te quiero como a una madre, pero sabes muy bien que Declan no es digno de ser mi compañero, ni hablar de ser rey. No puede con la responsabilidad de ser el próximo alfa de su manada, mucho menos con lo que implica ser un rey. No puedo aceptarlo, ni siquiera como donante de esperma para los óvulos que voy a sacarme en unos días-
Volvió a su lugar y su mirada quedó perdida en el camino durante largos minutos.
-Sé que mi hijo es demasiado... difícil, pero no puedes rechazarlo así de fácil. Eso lo sumergiría en una depresión muy grande y no creo que sea capaz de sobrellevarlo.
-¿Recuerdas cómo quedó mi papá después de ver morir a su compañera, a su esposa y madre de sus hijos? -pregunté mirándola fijamente-. Siendo honesta, una simple depresión es mejor que pasarte años quebrado mental y emocionalmente como le pasó a él. Colapsó tantas veces que verlo así me rompía en pedazos. ¿Eso quieres para tu hijo?-
-No... -musitó casi sin voz-
Le tomó un buen rato entender que el rechazo era lo mejor, no solo para él, sino también para mí, ya que me desligaría de los sentimientos que tenía hacia Declan.
Al llegar, Declan estaba esperando afuera de su casa. Supuse que aguardaba a su madre, con quien mejor se llevaba. Apenas bajé, se acercó a mí y su expresión cambió por completo al sentir el perfume de mi hermano en mi ropa.
-Ve a la cocina y prepárame algo, tengo hambre -ordenó, bajando el tono de voz mientras se acercaba, intentando intimidarme-. Ahora-
Era casi una cabeza y media más alto que yo, musculoso, de cabello castaño oscuro y ojos marrones claros. Su piel bronceada era tan hermosa que me resultaba imposible dejar de mirarlo. Podía sentir sus celos recorriéndome la cabeza y el cuerpo, así que intenté tranquilizarme para no mostrarme tan sumisa como solía ser frente a todos.
-No puedo. La señora Dalia me dio el día libre para que pudiera descansar-
Se acercó aún más, tomándome del cuello para luego olfatearme con descaro.
-Si tienes tiempo para ser una zorra, tienes tiempo para cocinarme-
-Yo no soy una zorra-
-¿Ya te oliste?-
-¿Y a ti en qué te afecta que huela a otro hombre, hijo? -intervino su madre-. Es bueno que intente salir con alguien. Después de todo, ya está en edad de tener pareja y de tener hijos-
Esa mujer a veces hablaba de más.
Los celos de Declan se intensificaron. Por un segundo quise tomar su cara y besarlo solo para demostrarle que era el único hombre en mi vida, pero me resistí al ver que su novia se acercaba.
-Mira, ahí viene tu novia, hijito. ¿Por qué no le pides a ella que te cocine? Después de todo, algo tendrá que empezar a hacer si quiere ser tu Luna.
Sonó como una burla cruel. Todos sabían que era inútil en todos los sentidos.
-Yo me voy -informé, soltándome de su agarre-. Vendré mañana temprano a prepararles el desayuno-
-Tómate el tiempo que necesites -dijo Dalia abrazándome-. Pero cuando vuelvas, cuéntame qué tal es ese chico-
-Lo haré-
Mientras más me alejaba, más tranquila me sentía... hasta que varios de sus amigos comenzaron a burlarse. Ya quería ver sus caras cuando supieran quién era realmente. Mi verdadera personalidad no tenía nada que ver con el papel de sumisa idiota que había construido para ellos.
Al entrar a casa solté el suspiro más largo de mi vida. Fui al baño a lavarme las manos; odiaba sentirlas sucias, ásperas o pegajosas. Vivía usando cremas hidratantes. Más tarde, mientras cocinaba y hablaba por mensaje con mis mejores amigas -y mi futura guardia real-, la puerta se abrió de golpe.
Declan entró como si fuera su casa. No lo había sentido llegar.
-¿Qué estás haciendo en mi casa?-
-Creí haberte ordenado que me cocinaras -dijo, mirando la olla-. Pasta. Hubiera preferido carne, pero sirve-
-No estoy entendiendo-
-¿Qué no entiendes?-
-¿Qué carajos haces acá y quién te dio derecho a entrar?-
En un movimiento rápido me tomó del cuello y me acorraló contra la mesada.
-¿De dónde sacaste tanta valentía para hablarme así, puerquita?-
Odiaba que oliera tan bien. Su deseo comenzó a desbordarse, poniéndome nerviosa.
-¿Olvidaste quién soy?-
-No es fácil olvidar quién eres, Declan -murmuré, sosteniéndole la mirada-
¿Cuándo vas a rechazarme? -pregunté casi en un suspiro, apoyando mi mano sobre la suya-
-¿Tan deseosa estás de que te rechace?
-¿No es lo que deberías hacer para concentrarte en tu novia?-
-¿Te molesta que la elija como Luna?-
-No-
Una ráfaga de curiosidad cruzó su mente... y la mía.
-Ella es perfecta para ti-
-¿Qué significa eso?-
-Que es fuerte y de buena familia. Sus padres ya deben estar preparando la boda-
Sonrió con burla.
-Es patético que hagas eso-
-¿Hacer qué?-
-Creer que con lástima voy a quedarme contigo-
-Yo no quiero que te quedes conmigo-
-Soy el próximo alfa de la manada Beecham. ¿Por qué no querrías quedarte conmigo?-
-Porque no estoy a tu nivel... -y tú no estás en el mío-. Además, la manada necesita una Luna fuerte, y yo no soy esa mujer-
-Suena a que quieres deshacerte de mí-
-¿Por qué no lo haría? Me humillaste durante cinco años tratándome como escoria solo por ser huérfana-
Mis palabras se cortaron cuando sus labios se posaron sobre los míos. Una paz desconocida me recorrió por completo. Era mi primer beso. A los veintinueve años. Sus labios eran suaves, pero el beso desesperado, necesitado. Me sostuvo el rostro y profundizó el contacto.
Minutos después se separó y se giró hacia la puerta. Su novia entró sin tocar.
-¿Qué haces en su casa?-
-Tenía hambre, pero su presencia me dio asco -dijo antes de ir y besarla-. Vamos, este lugar es repugnante-
Cuando se fueron, cerré con llave, puse las trabas y corrí las cortinas.
Esa noche casi no dormí. A las cuatro de la mañana salí a caminar. El peso del traje ya se hacía notar.
No esperaba encontrarme con los amigos de Declan, liderados por Gina. No estaban merodeando: me esperaban.
-Miren quién salió de su cueva -se burló Colín.
-Qué mejor forma de cerrar la noche -dijo Gina, empujándome contra un árbol-. ¿Qué hacías con mi novio en esa pocilga?-
-Él... me ordenó cocinarle -dije, temblando, no por miedo a ellos, sino a mí-
-¿No me mientes, verdad?-
-No... jamás-
-Oh, pobre puerquita...-
Me movió hacia ella para después estrellar mi cuerpo contra el árbol, provocando que tuviera que fingir que me había dolido. Lo que ellos no sabían era que apenas si sentía los golpes a través del traje, por lo que tenía que fingir sí o sí. Me arrojó al piso y comenzó a golpearme, dándome patadas en el abdomen una y otra vez, mientras yo debía fingir que lloraba, suplicando que pararan.
No contenta con eso, les ordenó que me golpearan aún más fuerte para mostrarme que era ella quien mandaba, ya que sería la siguiente Luna y la mujer de Declan, el próximo Alfa. Esta vez no tuvieron el mínimo de consideración hacia mí y comenzaron a golpearme, dándome patadas tanto en el cuerpo como en la cara. La acción desmedida de sus golpes me recordaba un poco a los que me daban al principio de mi entrenamiento, cuando tenía casi nueve años. En esa época aún tenía sensibilidad en el cuerpo y cada golpe me dolía como el primero, pero ahora era como si no me estuvieran haciendo nada, aunque de seguro la sangre que salía de mi nariz y de mis heridas decía lo contrario.
-¿¡Qué carajos están haciendo!?-
Podía reconocer la voz de Khea, la hermana menor de Declan. Al instante los golpes cesaron y sentí cómo se alejaban de mí.
-Solo nos estábamos divirtiendo -escuché decir a Gina-. No te enojes, cuñada. Si quieres, puedes unirte-
-¿Que no saben quién es su padre? -escuché preguntar a Sonia mientras sentía cómo alguien se arrodillaba a mi lado-
-Es solo una huérfana, Sonia, no seas dramática-
-Es la hija del primer ministro, la mano derecha del Rey Alfa. ¿Qué creen que les hará si se entera de lo que le hicieron?-
Podía escuchar cómo sus corazones se aceleraban y varios murmullos comenzaron a surgir.
-No seas mentirosa, cuñada. Todos en la manada saben que es huérfana.
-Eso es lo que le exigieron a mis padres que dijeran o, de lo contrario, serían ejecutados por alta traición. Ella debe convertirse en la mano derecha de la princesa cuando asuma en una semana y media. Lastimaron a la mano derecha de la princesa -explicó Sonia, mirándolos con desdén-
-¡Y ustedes, par de imbéciles, acaban de poner en peligro la vida de nuestros padres y a toda la manada! -les gritó Khea, arrodillándose a mi lado-. Más les vale que no vuelvan a tocarla o mis padres los van a matar -los advirtió antes de apartar los pelos de mi cara-. ¡Dios mío! Sonia, tenemos que llamar al médico.
-¡Oh, por Dios!-
-¿Qué... qué podemos hacer? -escuché preguntar a Víctor, otro de los mejores amigos del castaño-
-Más les vale que se larguen de nuestra vista ahora mismo -les gruñó la pequeña-.
-Llamaré al doctor para que venga de inmediato... Ella se ve realmente mal. Si algo le pasa, todos vamos a morir-
Unos minutos después escuché cómo todos salían corriendo, luego de que Sonia marcara el número del doctor. Me quedé esperando a que sus pasos estuvieran lo suficientemente lejos antes de sentarme y acomodarme más o menos el pelo.
-A ti te encanta que te peguen, ¿verdad?-
-¿Qué te digo? Es divertido que crean que soy débil-
-Esta vez te pasaste. Si vieras cómo te dejaron...-
-No pasa nada. Quiero ver la cara de esa estúpida en unos días-
-Sí que lo voy a gozar. ¿Puedes pararte?-
-Los monjes shaolin pegan doscientas veces más fuerte; golpearon como niños -aseguré, poniéndome de pie. Me acomodé el traje y comencé a caminar hacia la casa.
-Espera, no seas idiota. Tenemos que simular que te estamos cargando-
Me detuve y miré a la pequeña con una ceja levantada; me encantaba molestarla con mi estatus.
-Lo siento, lo siento. A veces se me olvida quién eres-
-Pendeja-
Si bien inicialmente solo sus padres lo sabían, en un descuido de Dalia las dos niñas se enteraron y desde entonces trataban de protegerme a toda costa, inventando que la mano derecha del Rey Alfa era mi papá. Lo que muchos -o nadie que no fuera cercano a la familia- sabían era que la mano derecha de mi padre era el Alfa de la manada Beecham, el padre de las niñas.
Cuando finalmente llegamos a mi casa, fui directamente al baño para quitarme el traje y darme una larga ducha de agua caliente, limpiando sobre todo cada rastro de sangre y suciedad de mi cabeza. Me tallé bien por todos lados y, cuando finalmente salí, me miré al espejo: nariz rota, labios partidos, un ojo morado y el otro con un pequeño derrame de sangre. Tenía ambas cejas partidas y un gran chichón en la frente del lado izquierdo. Al menos no me habían tirado ningún diente.
Al salir del baño, el médico del lugar estaba esperándome afuera con su equipo de primeros auxilios.
-Tu padre quemaría este lugar solo porque se atrevieron a tocarte-
-Vans, Vans, no me preocupan un montón de mocosos a esta altura-
-Esos mocosos te dejaron la cara como una pintura mal hecha. Dios, mira esa nariz-
-Ya la vi-
Me senté en la mesa y lo dejé acomodarme la nariz, ponerme todo tipo de cosas en la cara y hasta suturarme las cejas y la frente, ya que lo que me había salido no era un chichón, sino una pequeña bolsa llena de sangre que tuvo que drenar. Diría que fue asqueroso, pero he tenido cosas mucho peores: me he roto cada hueso del cuerpo -y lo digo literalmente- una y otra vez a lo largo de estos veinte años. También algún que otro órgano perforado, como para completar mis tragedias. Mi cuerpo estaba lleno de cicatrices, las cuales no se notaban porque siempre llevaba el traje y vestía ropa grande, evitando que se viera algo que no debían ver.
-¿Quieres que le cuente a tu...?-
-Ni te atrevas-
-Solo decía, no te enojes-
-No me enojo, solo no quiero que se entere-
-¿Ya tienes al candidato que va a fertilizar tus óvulos?-
-No, aún no, aunque es muy probable que sea Vincent Maddox-
-El futuro Alfa de Cielo Rojo... es una buena elección-
-Cuando terminé de trabajar hace rato revisé los pros y los contras de todos los candidatos y él fue el único que sobresalía.
-Son niños-
-Son guerreras y, como tal, tienen que aprender desde el día uno. Y si su ADN es fuerte, ellas también lo serán-
-Bien. Tendré todo organizado y listo a tus órdenes-
Cuando se fue, terminé de vestirme y acompañé a las niñas a su casa para luego preparar el desayuno a la familia del Alfa, ya que ese era mi trabajo: ser la cocinera oficial del Alfa de la manada, aunque solo era una tapadera para estar en la casa y que nadie me mirara demasiado. Cuanto más se acercaba la fecha, más se difundían entre las manadas las fotos familiares en las que aparecía con mi mamá, para recordarla y recordarme antes de que se cumpliera la fecha.
Las niñas me ayudaron a colocar la mesa y dejar todo listo para solo tener que servir el café, la leche caliente, los panqueques, el bacon -infaltables en esta familia-, los huevos y las salchichas. Solían desayunar en gran cantidad para arrancar bien el día.
Un rato después comencé a escuchar murmullos provenientes de la sala, así que me dispuse a servir todo en los platos y comenzar a llevarles el desayuno. Rara vez Declan se levantaba temprano para desayunar con su familia, pero desde que nos habíamos visto a los ojos se levantaba como un relojito solo para molestarme. Sin embargo, en el momento en que vi su cara supe que las ganas de hacerlo habían desaparecido por completo.
Les serví el desayuno a todos, quienes no dejaban de observarme horrorizados.
-¿Qué fue lo que te pasó? -preguntó horrorizada Dalia, prácticamente corriendo hacia mí para inspeccionarme la cara por completo después de salir de su trance-
-Los amigos...-
-Me caí -afirmé rápidamente, interrumpiendo a Khea, que estaba a punto de decir una estupidez-. Salí a caminar y me caí-
-¡Eso no es por una caída! -exclamó el Alfa, enojado, poniéndose de pie para venir a inspeccionarme-. Dime quién fue ahora mismo-
-Salí a caminar cerca de la cascada y no tomé dimensión de que las piedras estaban resbalosas. Me caí, solo eso-
Un brazo me jaló hacia atrás con fuerza, haciéndome retroceder hasta que me giraron. Los brillantes ojos rojos de Declan me recibieron.
-¿Quién te lastimó así? Y más te vale que me digas la verdad-
-Me caí -afirmé nuevamente, sintiendo cómo su enojo se clavaba en mi cabeza como una daga-
-¡Fue tu estúpida novia y tu séquito de idiotas! La atacaron cuando salió a caminar, le dieron una brutal paliza y, si Sonia y yo no hubiéramos intervenido, quién sabe qué le habrían hecho -le gritó su hermanita menor, aunque no tan pequeña: tenía diecisiete-. ¡Y tú no quedas exento, porque también es tu culpa que la atacaran! ¡Llevan años molestándola!-
El castaño la miró molesto. Me soltó, pero no sin antes darme una leve mirada antes de salir echando humo, dejándome sola con una familia muy enojada.
-Iré con él para evitar que haga una estupidez -informó Rhio, parándose de prisa para ir tras su hermano mayor-
Una vez que se fueron, solté un suspiro llevándome las manos a la cara, pero las quité rápidamente porque ya me había empezado a doler.
-Mierda -musité antes de sentarme-. ¿Por qué tenías que hablar? -le cuestioné a la pequeña-
-Ellos no pueden tratarte así, tú eres...-
-Una huérfana, Khea. Eso es lo que soy. Necesito que siga siendo así hasta la otra semana-
-No creo que llegues a la otra semana -intervino Drees, el Alfa-. Tu padre informó que vendrá este fin de semana. Dijo que ya no quiere esperar para verte-
-No puede ser... ¿Qué le costaba esperar un poco más? ¿Sabe el desastre que podría ser esto? Ya lo vivimos con mamá, todas esas manadas reunidas para verla morir. Aún recuerdo sus murmullos, no quiero eso cuando sea mi momento-
-Trataremos de controlar mejor la situación. En ese entonces las reglas eran otras, pudimos cambiarlas y ahora somos mejores. No volverá a pasar lo de esa vez, no de nuevo -aseguró, poniendo su mano en mi hombro-
-Si fallan, los voy a matar a todos -afirmé, parándome de la silla-. Necesito hablar con Vincent Maddox después de tu reunión-
-¿Con él? ¿Para qué?-
-Lo elegí como donador de esperma -le informé, alejándome de la familia-
-¿Y mi hijo?-
-Me apena decirlo, pero no es suficiente. Quiero perfección y él solo... es un palo en la rueda-
Caminaba de regreso a casa cuando vi pasar a Colin bañado en sangre y detrás de él a Victor en igualdad de condiciones. Al parecer sí que les habían dado una paliza. Obviamente no me iba a meter; necesitaba seguir manteniendo un bajo perfil, al menos hasta que llegara mi padre. ¿Por qué tenía que joder mi existencia así?
Miré la perilla de la puerta principal y vi que tenía sangre, así que me preparé para lo peor. Al abrirla, vi a Declan con la ropa desgarrada y cubierto en rasguños llenos de sangre. Su mirada se fijó en la mía por unos segundos antes de volver hacia la bacha.
-Tienes hasta mañana para armarte de fuerzas-
-¿Vas a rechazarme?-
-Sí -afirmó con determinación, arrancándose la remera para limpiarse la cara-. No puedo seguir preocupándome por una don nadie.
Yo sabía quién era, pero eso me dolió a un nivel que aún no reconocía.
-Puedes hacerlo ahora -le sugerí, acercándome a él-. No quiero esperar hasta mañana-
Respiró profundamente mientras se enderezaba. Se acercó hasta quedar frente a mí y sus manos sujetaron mis mejillas.
-Acepté casarme con Gina en una semana. Le pediré la bendición al Rey cuando venga-
Era lo mejor, pero yo no lo sentía así... y sé que él tampoco.
-Felicitaciones -musité casi sin voz, quitando sus manos de mi cara-. Terminemos con esto para que cada uno siga con su vida-
Había escuchado de boca de muchos lobos rechazados cuán fuerte era el dolor de ese momento. La mayoría coincidía en que era como si te rompieran todos los huesos al mismo tiempo mientras te cortaran el suministro de aire con una bolsa en la cabeza. Aun así, no me sentía lista para escucharlo.
-Lo siento -murmuró, inclinándose para besar mi frente-. En verdad lo siento-
-Solo espero que no te arrepientas más tarde-
-No lo haré-
Me aparté de él y esperé que dijera las palabras que volverían a destruirme el alma.
-Yo...-
Antes de que pudiera seguir, golpearon la puerta. Me alejé de inmediato para abrir y vi a su hermana; por su cara, sabía perfectamente lo que estaba pasando.
-Papá necesita que vayas ahora mismo. Llegaron Maddox y el príncipe Arne para la reunión y tienen hambre. Necesita que cocines para ellos.
-Sí, solo déjame tomar mi teléfono-
-Por cierto, Maddox probó tu desayuno y te quiere como su cocinera personal -añadió en un tono que a su hermano no le gustó en absoluto-. Además, el chico no es nada feo y como no tienes compañero, quizás logres algo con él-
-¿Vas a venderla como una puta, hermana?-
-¿Por qué te molesta? -le preguntó burlona, cruzándose de brazos y apoyándose en el marco de la puerta.
-Alguien de su categoría no saldría con una don nadie-
No pude evitar que un sonido parecido a una risa se escapara de mi boca al pasar por su lado. Él me tomó del brazo con fuerza para llamar mi atención.
-¿Crees que alguien así se fijaría en ti?-
-Te sorprenderías al saber la clase de hombres que morirían por estar conmigo-
-Sueñas demasiado para alguien de tu nivel-
Si supieras cuál es mi nivel, cerrarías la maldita boca y no volverías a hablarme de esa manera.
-Tengo que irme. No quiero llegar tarde o tu padre puede enojarse-
Sus ojos estaban fijos en los míos; podía sentir su deseo y su preocupación hacia mí.
-Quien los viera así diría que son compañeros-
-Jamás podría tener a alguien de su nivel como compañero -expresé soltándome-. No está a mi nivel-
Salí de mi casa dejando a los hermanos juntos, preguntándome por qué era tan bocafloja. Sabía que no debería haber dicho nada, pero ese hombre descontrolaba mi autocontrol.
Mientras caminaba hacia la casa del Alfa noté que ambos venían detrás de mí, pero decidí ignorarlos. Me preparaba mentalmente para ver a mi hermano, sabía que se pondría histérico al ver mi cara. Al entrar, lo primero que noté fue el olor a lirios. Amaba ese aroma porque me recordaba a mi mamá.
-Al fin llegaron, el señor Maddox quiere conocerte -habló Rhio, abordándome-. Quiere conocer a la cocinera y pedirte una comida especial para este almuerzo-
Asentí y dejé que me llevara hasta la oficina de su padre, donde podía percibir el olor a lirios y a menta por el perfume que usaba mi hermano. Golpeamos la puerta suavemente y Dalia nos la abrió para que pudiéramos pasar sin problemas, ya que detrás de mí seguían estando los dos hermanos.
La cara de mi hermano al verme se ensombreció por completo, por lo que lo miré fijo, tratando de que no se atreviera a decir nada o le iba a dar una paliza. Maddox, por otro lado, se veía igual que en su foto, aunque sí se destacaba su altura muchísimo más en persona.
-¿Así tratan a sus empleados, Beecham? -lo cuestionó mi hermano, viniendo hacia mí, olvidándose por completo de que no podía hablarme como si me conociera-. ¿Así tratan a la futura mano derecha de mi hermana?-
-Príncipe Arne, entiendo su preocupación y ya hemos tomado las medidas necesarias y los castigos correctos para los involucrados en esto. No es necesario hacer tanto alboroto al respecto-
Mi hermano lo iba a matar, no había duda de eso.
-Me imagino que los responsables fueron expulsados de la manada. No quiero repetirles lo que le pasaría a esta manada si mi hermana se entera de que lastimaron a su futura mano derecha, sin contar con que mi hermana está algo... volátil últimamente-
-¿Expulsarlos? -escuché preguntar a Declan detrás de mí, por lo que mi hermano clavó sus ojos en él, mirándolo interrogante-
-¿Crees que merecen un castigo más severo?- le replico mi hermano-
-¿No cree que expulsar a alguien por golpear a una simple don na...? -se aclaró la garganta al ver la mirada de su padre. Se colocó a mi lado antes de seguir hablando-. ¿No cree que sería demasiado?
-¿Crees que la mano derecha de la futura reina es una don nadie? -lo cuestionó Maddox, parándose frente a él para medirlo, aunque el castaño no le iba a dar la satisfacción de mostrarse débil-. Ni siquiera tú tienes su nivel -gruñó el pelinegro-
-¿Puedo decir algo? -pregunté tímida, mirando al pelinegro-
-Lo que tú quieras, preciosa-
Sonreí levemente y pude sentir los celos de Declan como si fueran los míos.
-Declan ya se encargó de defenderme como era debido, así que no hay ningún problema. Y sobre expulsar a los que me hicieron esto, no va a ser necesario, puesto que a partir de hoy y hasta el día de la reunión con el rey debo ir a ver a la princesa para ponerme al día con mis tareas-
-¿Irte? -cuestionó el castaño, girando un poco su cuerpo para verme.
-Es por eso que hemos venido principalmente: no solo a probar su comida, sino también a buscarla para que comience con su nuevo trabajo -informó mi hermano, tomándome del brazo para llevarme a un rincón y enseñarme su teléfono.
"Sé lo que mandaste a investigar y es una estupidez".
Tomé su teléfono y le respondí:
"Más te vale que cierres la boca o te voy a dar la paliza de tu vida, hermano. Y deja de pelear con el idiota de Declan o se va a dar cuenta".
-¿Por qué se tratan con tanta confianza? -preguntó el castaño, mirándonos seriamente. Podía sentir sus celos en el fondo de mi ser, aún más fuertes que antes-
-Tenemos el mismo terapeuta y solemos hablar mientras esperamos a que nos atiendan -le informó mi hermano con molestia-. Tu voz es realmente molesta, ¿no te lo han dicho? -lo cuestionó, cambiando de tema-
-Príncipe...-
-No quiero escucharte. Es más, vete. Esta no es una reunión en la que tengas voz y voto-
Él me miró por unos segundos y ya no solo sentía sus celos, sino también su enojo hacia mi hermano. Salió un instante después y, apenas cerró la puerta, golpee con fuerza el brazo de mi hermano, haciendo que tuviera que taparse la boca para no gritar. Mi cara cambió por completo, ensombreciéndose, y hasta mi postura cambió, enderezándome por completo mientras hacía señas de que Declan aún estaba cerca de la puerta.
-Esta semana será solo para que te adaptes y, en caso de que mi hermana muera, serás la nueva cocinera de Maddox-
-Bien-
-Espero que esté todo listo para la llegada de mi padre-
-Lo estará, príncipe, no se preocupe. ¿Su hermana desea algo especial?-
-Comida y un lugar tranquilo para descansar. Necesita estar en calma antes de la pelea-
-Lo tendrá, se lo aseguro-
Hablaron de algunas cosas más, pero honestamente me importaban un carajo, por lo que les hice señas de que me iba. Salí de la oficina y comencé a caminar hacia la cocina, encontrándome con Declan en el camino. Pasé por su lado sin prestarle atención, pero no le tomó mucho tiempo tomarme del brazo para que girara medio cuerpo y así lo viera a los ojos.
-¿Te vas a ir?-
-¿Y a ti qué te preocupa? ¿No te es beneficioso que me vaya? Después de todo, vas a casarte con tu novia-
-Necesito una cocinera-
-¿Tu esposa no sabe cocinar?-
-¿Desde cuándo me hablas con ese tono?-
-Oh, lo siento. ¿Te ofendí?-
-Cuida cómo me hablas, que no eres nadie.
-El que no es nadie eres tú, mocoso.
Maddox se acercaba a nosotros a paso lento, midiendo a Declan.
-Quítale la mano de encima a la mano derecha de la princesa o te rompo los brazos-
Se lo quedó mirando por unos segundos antes de soltarme, pero aun así no se movió de mi lado.
-Voy a ir a preparar la comida del mediodía.
-Deja que te acompañe, quiero conocerte un poco más -pidió Maddox, extendiendo su mano para que la tomara-. Señorita-
Se estaba pasando de pendejo. Tomé su mano con desconfianza y lo guié a la cocina. Al llegar, solté su mano y comencé a buscar todos los ingredientes para empezar a cocinar.
-Cuéntame algo sobre ti-
Lo miré de reojo para que no comenzara a hablar estupideces, ya que Declan seguía estando cerca de nosotros; es más, estaba sentado detrás de la isla, mirando cada uno de mis movimientos y escuchando atentamente todo lo que iba a decir.
-Vamos, no seas tímida-
-No sé qué tipo de cosas te interese saber-
-Por lo que huelo, aún no tienes compañero-
-Me rechazó-
-¿Te rechazó? -preguntó rápidamente, sorprendido-
-¿Por qué te sorprende tanto?-
-Es que no me imagino a alguien tan estúpido como para rechazar a una belleza como tú. ¿Te dolió? He oído que duele mucho. Yo jamás rechazaría a mi compañera, ¿Por qué lo haría? La he esperado toda la vida-
-No todos son como tú, Maddox. Hay algunos que valoran más el qué dirán, aunque no me preocupa mucho que me haya rechazado; al fin y al cabo ya sé cómo va a terminar mi vida, por lo que su rechazo no me afecta en nada. Además, tener un compañero no es para mí-
-No digas eso. Todos merecen tener a alguien que nos ame con locura, y más si es un compañero elegido por la Luna-
-Pues la Luna se equivocó conmigo y me dio al peor de todos-
Eso provocó la risa del pelinegro y el enojo en mi compañero.
-Dejemos de lado al imbécil que te rechazó y hablemos de nosotros un rato mientras te ayudo a cocinar-
-No es necesario que lo hagas-
-Insisto. Además, quiero conocer más a fondo a mi futura... cocinera real-
Hablar con él era realmente fácil, y más cuando se ponía a hacer bromas. Hablamos hasta que la comida estuvo lista y no solo me ayudó a cocinar, sino también a poner la mesa para todos, lo cual ponía más y más celoso a Declan, al punto de querer arrancarle el cuello de una mordida.
-Me imagino que te sentarás a mi lado para comer-
-Yo no como en la mesa con la familia-
Su cara de indignación me provocó una risa involuntaria. Tuve que taparme la boca para dejar de reír.
-Bueno, hoy te sentarás conmigo-
-Preferiría no hacerlo, debo ir a empacar para cuando debamos irnos-
-Entonces te acompaño y comemos juntos en tu casa-
-¿Por qué insistes tanto en comer con ella, Maddox? -lo cuestionó el castaño, cambiando el color de sus ojos mientras se ponía delante de él, dándome la espalda-. ¿No me digas que la quieres como tu amante? Sería asqueroso-
Su actitud de niño mocoso me había hartado, por lo que llevé mi mano cerca de su cuello y lo oprimí con algo de fuerza para desmayarlo por un largo rato y que así dejara de molestarme. Declan cayó en mis brazos y lo giré para levantarlo sobre mi hombro.
-¿Por qué hiciste eso? Podría haberle roto la cara-
-Me caes bien, Maddox, pero deja de hablar. No pedí reunirme contigo para que nos hiciéramos amigos, te busqué con un propósito-
-¿Él es tu compañero?-
-Sí, lo es, y es por eso que necesitaba desmayarlo ya no podía soportar su actitud de mocoso intocable. Podía sentir sus celos y su molestia hacia ti, me pone histérica su estupidez-
-Me imagino que debe ser agotador para ti estar fingiendo todo el tiempo. Llega a ser muy molesto, ¿no es así?-
-No tienes idea cuánto-
Una vez que dejé a Declan en su cama, les serví el almuerzo a toda la familia para después irme a recoger algunas de mis cosas, ya que me quedaría en el búnker, el cual habíamos disfrazado de clínica donde tenía mis consultas diarias con mi supuesta psicóloga. Si bien funcionaba como clínica para humanos, nadie sospechaba que debajo de toda esa enorme estructura había una base de operaciones con forma de garaje realmente enorme, donde había baños, saunas de diferentes tamaños, habitaciones y un centro de control de cámaras para vigilar a varias manadas problemáticas. Teníamos una armería enorme con diferentes tipos de armas de fuego y armas blancas, las cuales se usaban para entrenarme. No solo me defendía a puño limpio, sino que también fui entrenada para defenderme con cualquier tipo de arma, tanto antigua como nueva, con las cuales debía saber cómo armarlas y desarmarlas en segundos, incluso con los ojos vendados.
A pesar de que tenía planeado ganarle al lobo gris a puño limpio, tenía un plan de respaldo por si las cosas no salían como quería. Durante años entrené y capacité a un grupo de élite de diez personas, tanto hombres como mujeres, para que estuvieran listos para entrar en la bruma por si yo moría. Ellos tenían la orden de acabar con todo lo que estuviera del otro lado y buscar la manera de traer mi cuerpo y el de mi madre a como diera lugar, sin importar nada. Iban a ingresar con computadoras de última generación, armamento de gran calibre y cámaras con muchas baterías para grabar todo lo que hubiera del otro lado. Me había pasado años planificando hasta el último detalle para que no me faltara absolutamente nada y todo estuviera listo.
-¿Así que esta es tu casa? -escuché preguntar detrás de mí, por lo que me giré para ver a Maddox apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados-
-¿No deberías estar comiendo?-
-Yo vine a verte a ti, probar tu comida solo era un bonus para mí-
-Deberías estar comiendo. Necesito a alguien fuerte para que reine a mi lado, y si no comes como debes no me sirves-
-¿Para eso me necesitas?-
-¿Para qué más te querría?-
-Para fecundar tus óvulos-
-Eso es parte de reinar a mi lado, querido. Es parte del paquete-
-¿Estás segura de que no lo quieres de compañero, al idiota ese?-
-No puede controlar sus emociones ni poner a raya a esta manada; menos va a poder poner a raya a todo un reino-
-¿Qué te hace creer que soy mejor que él?-
-Yo investigo a muchos desde hace años, Maddox. No eres el único al que consideré para reinar a mi lado. Quiero ser honesta: no te elegí porque me gustaras o porque quisiera una relación de pareja. Quiero buenos genes para mi descendencia y tú los tienes, así que no hay más que eso. Si encuentras a tu compañera eres libre de irte, pero si lo haces perderás todo derecho sobre nuestros futuros hijos en caso de que aceptes este matrimonio. No podrás exigir absolutamente nada-
-Eso significa que solo me utilizarás para beneficio propio y del reino. Eso es cruel-
-Así es la monarquía-
-Tus padres se casaron por amor-
-Mis padres eran compañeros elegidos por la Luna. Mi padre era el más fuerte de la manada y mi madre tuvo suerte de que su compañero fuera un alfa de renombre-
-¿Y tu hermano? Él se casó con una humana-
-Mi hermano no es heredero directo. Es el segundo hijo, no tiene las responsabilidades que yo tengo como primogénita y guerrera más fuerte. Además, que se case con una humana es lo que menos importa; es una buena mujer que entiende nuestra forma de vivir y nuestras costumbres-
-Entonces, si encuentro a mi compañera puedo irme con ella, pero perdería mi derecho a todo, lo cual ocasionaría que en mi manada fuera un paria por separarme de la reina. Eso arruinaría mi estatus como alfa-
-Es mejor que la alternativa-
-¿Hay una alternativa a eso?-
-Matarte por traición, y a tu compañera si se sabe que ella sabía quién eras-
-¿Me matarías por eso?-
-Por eso te lo estoy advirtiendo ahora. Lo que pase después es problema tuyo, y si decides continuar con esto te convertirías en un problema mío, por lo que te mataría si eso arruina mi imagen como reina-
-¿Eso es lo único que te importa?-
-Me he esforzado por años en crear un reino bajo las sombras como para que un don nadie venga a intentar arruinar eso con pura cursilería de compañeros. Respeto a la Luna, pero más respeto a las personas que ponen sus vidas al servicio de mi futura corona como para decepcionarlos y dejarlos a su suerte-
-¿Eso quiere decir que para ti solo soy un don nadie con buenos genes?-
-Sí-
-Qué cruel, princesa-
-No estoy en este mundo para ser una persona amable, Maddox, y prefiero mil veces ser honesta que ser hipócrita y pintarte un mundo color rosa. No soy así, por lo que no necesitas esperar eso de mí-
-Siendo honesto, lo prefiero así. Hay demasiadas personas hipócritas en este mundo como para que una futura reina también lo sea-
-Te enviaré el contrato para que lo revises. Ahora déjame sola, por favor, tengo que terminar de ordenar todo y no me gusta que me molesten-
-Sí que tienes tu carácter, futura esposa-
-Limítate a llamarme por un apodo o alguna de esas mierdas. No me llames por mi nombre-
Una sonrisa descarada apareció en su cara y comenzó a acercarse a mí con un paso ligeramente amenazante.
-No puedo creer que mi futura...-
-¿Alfa Vincent?-
"Cuando no tenía que aparecer ella para joder mi vida", pensé mientras volvía a mi postura de mujer sumisa.
Maddox respiró con pesadez antes de girarse para ver a Gina a los ojos. La chica no sabía dónde meterse después de la mirada que le dio el pelinegro.
-¿Y tú eres?-
-Mi nombre es Gina Richards y soy la novia de Declan, el futuro alfa de esta manada. Quería saber si necesitaba algo, ya que escuché que vino a una reunión con el Alfa, señor-
El tono que usó para decir la última palabra me dio asco, por lo que no pude evitar soltar una risa burlona, lo que provocó que tuviera que girar hacia otro lado para evitar su mirada de molestia.
-¿Y tú de qué demonios te estás riendo...? -su pregunta se cortó al mismo tiempo en el que Maddox la sujetaba con fuerza del cuello para estamparla contra la pared, haciendo que la mujer temblara por el miedo y el impacto de la agresividad del pelinegro-
-Vuelve a intentar insultarla y, por mi rey, será lo último que hagas en tu miserable y asquerosa vida -gruñó cerca de su cara mientras apretaba con fuerza su cuello, cortándole el suministro de aire. Un segundo después la arrojó fuera de la casa, mirándola con un claro desdén-. Sal de mi vista, no eres más que una simple perra vulgar-
Si hubiéramos estado los tres solos no hubiera sido tan humillante para ella, pero no era así en absoluto. Había una cantidad considerable de gente que volvía de sus entrenamientos, al igual que varias personas que estaban afuera de sus casas, ya que era pasado el mediodía. La cara de la mujer estaba roja de la vergüenza y la ira por tal humillación. Se levantó avergonzada y salió prácticamente corriendo hacia la casa principal; de seguro iría a buscar a Declan para que defendiera su honor, pero no iba a lograr mucho, ya que la llave que le hice lo iba a dejar inconsciente por un largo, largo rato.
-¿Todos son igual de idiotas en esta manada?-
-No todos, hay muchas buenas personas-
Para cuando terminé, nos preparé algo de comer porque él no había comido nada y no quería que se quedara con una mala impresión mía. Cuando terminamos de comer, Maddox acomodó mis cosas en su camioneta y, mientras esperábamos que mi hermano se subiera en la parte de atrás, veía cómo Declan miraba confundido la camioneta y, al verme, comenzó a caminar hacia nosotros, pero no logró nada, ya que el pelinegro comenzó a acelerar burlándose de él.
Mientras avanzábamos, podía sentir cómo los celos, la preocupación y el miedo se iban yendo de mi cuerpo, haciéndome entender que todo eso que sentía eran solo las emociones del castaño, algo que no iba a extrañar en absoluto esta semana.
Una semana después, Dalia y sus hijas, Sonia y Khea, pasaron temprano por mí para llevarme al gran banquete que harían por la llegada de mi padre, mi hermano y por mí, aunque no sabían que era por mí. También iría mi guardia real y todos a los que había contratado para llevar a cabo mi plan suicida mañana en la noche.
-¿Estás lista para revelar tu identidad?-
-Honestamente, preferiría no hacerlo y revelarla la última noche, pero mi padre al parecer tiene otros planes-
-¿Pudiste entrenar bien esta semana?-
-Sí, agregaron más peso a mi traje, así que me costó mucho, pero lo logré. Sentí lástima por lastimar tanto a esos monjes; ya no sé con quién luchar, no hay peleadores fuertes en este planeta-
-Ayer vi tu entrenamiento -comentó Khea en voz baja mientras miraba por la ventana-. Me dio miedo, tus ojos dan miedo cuando te enojas-
-No estaba enojada, Khea, estaba concentrada-
-Si así te pones cuando estás concentrada, no quiero imaginar cuando te enojes-
Sonreí sin ganas y seguí mirando por la ventana sin ganas de contestar nada. Hoy no tenía ganas de hablar, ya que estaba mal porque en casi dos días se iban a cumplir casi veintiún años de la muerte de mi mamá y, de solo pensar en que todos iban a darme el pésame, me ponía de los nervios.
-¿Estás lista para mañana?-
-No, en absoluto-
-Le vas a ganar, estoy segura de eso-
-No es eso para lo que no estoy lista, Dalia. No quiero que me hablen de mi mamá como si supieran lo que ella hubiera querido, porque sé perfectamente lo que ella quería, así que, si me hacen el favor de difundir que no me hablen de ella, se los agradecería muchísimo-
-Lo haré, no te preocupes-
-Gracias, y necesito otro favor-
-¿Cuál?-
-Mantén alejado a tu hijo de mí. No puedo rechazarlo todavía porque eso implicaría usar mi nombre completo y no puedo hacer eso hasta después de mostrarme públicamente-
-¿Estás realmente segura de eso?-
-Sí-
-Entiendo que quieras proteger sus sentimientos, pero...-
-No trato de protegerlo de nada, Dalia. Simplemente no es apto para estar a mi lado y punto, no hay más que eso-
Al parecer, lo que dije no le gustó nada, pero aun así no continuó con la conversación, lo cual agradecí, ya que no quería seguir justificando el no querer estar con su hijo. Puede que haya sonado muy cruel lo que dije, pero era la verdad: Declan no estaba listo ni siquiera para tener una relación y mucho menos para cargar con algo tan importante como ser un rey. Era más un niño jugando con el poder que su padre le estaba dando.
Una vez que llegamos, me dejaron en mi casa y, después de bajar todo, entré soltando un suspiro. Estaba cansada y lo único que quería hacer ahora era dormir antes de que Maddox viniera por mí. Si bien iba a ir disfrazada, mi hermano me llevaría la ropa que usé toda la semana; era más adecuada a mi cuerpo.
No tenía una cama en sí, ya que el peso del traje dañaría la madera, así que debía dejar el colchón en el piso para evitar accidentes. Una vez que me di una buena ducha, volví a colocarme el traje y me recosté un rato para descansar un poco.
No sé cuánto tiempo estuve dormida, pero podía sentir cómo alguien acariciaba mi cara y un sentimiento de culpa resonaba en el fondo de mi ser. Sabía que era Declan, por lo que abrí lentamente los ojos para encontrármelo recostado a mi lado, recargando su peso en su brazo izquierdo mientras acariciaba mi cara con su mano derecha.
-Deberías estar cocinando para el rey -murmuró sin dejar de tocarme y mirándome a los ojos-. Te ves linda dormida-
¿Acababa de decir algo lindo sobre mí? Algo estaba muy mal con él.
-Tu mamá dijo que podía descansar hasta que sea la hora del banquete-
-¿Pasaste mucho tiempo con él?-
-¿Con Maddox?-
-Sí-
-Un poco, aunque la princesa estuvo ahí todo el tiempo-
En eso no mentía.
-¿Cómo es ella?-
-Físicamente es fuerte y su cuerpo está lleno de cicatrices por sus entrenamientos. En personalidad puede ser algo cruel con sus palabras y ciertamente no le interesa caerle bien a la gente, pero es amable cuando la conoces; se preocupa por su pueblo aunque no la vean-
Podía sentir su curiosidad, así que no pude evitar sonreír.
-¿Por qué no tienes una cama?-
-Porque no podía permitírmelo y después solo me acostumbré a no tener una-
-Pudiste decirle a mi padre-
-Tu padre ya hizo demasiado por mí-
-Gina me contó lo que pasó en tu casa con ese idiota-
-¿Dijo que yo lo provoqué, verdad?-
-¿Tú qué crees?-
-No lo sé, pero yo estuve ahí y a Maddox no le gustó la manera que tuvo tu prometida para hablarme, así que... la educó de cierta manera.
-¿Te gustó eso?-
-¿Que alguien me defienda así? Sí-
Y ahí estaban otra vez sus celos; me irritaban.
-¿Así que te gustó que humillaran a mi prometida? Qué interesante, puerquita-
-Sí, me gustó que alguien me defendiera sin importarle el qué dirán, fue amable de su parte-
-Debería castigarte por eso-
-¿Vas a arriesgarte a que la princesa te arranque los brazos?-
-¿Eso hará?-
-Es lo mínimo que te va a hacer. Créeme que nadie me ha faltado el respeto desde que llegué a su lado por miedo a que los matara; te hará lo mismo si me ve lastimada.
-Físicamente no es la única manera de lastimarte, hay otras manera-
-¿Además de rechazarme?-
-Esa es la peor de todas, y más si es en público-
-¿Eso es lo que planeas? ¿Rechazarme en público para humillarme frente a las manadas que vendrán?-
-Es lo que te ganas por humillar a mi prometida-
-Tú la estás humillando estando aquí, a mi lado-
Sus ojos se abrieron por unos segundos antes de dejar de acariciarme e inclinarse hacia adelante para rozar sus labios con los míos.
-Solo estoy teniendo mi despedida de soltero antes de tiempo -susurró antes de delinear mi labio inferior con la punta de su lengua, haciendo que mi corazón se acelerara a un gran nivel-. Escucha eso... hice saltar a tu corazón-
-Puedo sentir lo mismo que tú, Declan, y puedo escuchar a tu corazón, así que puedes burlarte todo lo que quieras, pero el tuyo late de la misma forma que el mío -me burlé, alejando mi cara de él, pero no logré mucho, ya que me tomó de la mandíbula para acercar mi cara a la suya nuevamente-
-No te ordené que te alejaras-
-Fue decisión mía, así que suéltame-
-¿Ahora tú eres la que me va a dar órdenes?-
-Soy la mano derecha de la futura reina alfa, por lo que puedo ordenarte todo lo que quiera-
-Una semana y ya se te subió el poder a la cabeza, una puerquita con aires de superioridad, ¿quién lo diría?-
Puede que fingiera ser sumisa, pero lo iba a provocar tanto que se iba a quedar con las ganas por ser un grandísimo idiota.
-Un idiota con aires de superioridad, ¿quién lo diría? -me burlé, quitando su mano con agresividad-. No puedes tocarme, el alfa Maddox prohibió que cualquier lobo me ponga una mano encima. Dice que soy su futura amante real para cuando la princesa no quiera tocarlo-
Eso no le gustó para nada, ya que con fuerza volvió a tomar mi mandíbula para estampar sus labios contra los míos mientras su mano se instalaba en mi nuca para profundizar el beso.
-Sobre mi puto cadáver te va a poner una mano encima -gruñó, inclinándose aún más sobre mi cuerpo, aunque no podía dejar que tocara más de la cuenta o se daría cuenta de mi traje-
-Él dijo que dormirá conmigo después de que hable con la princesa, dijo que tomará mi primera vez-
Un gruñido aún más fuerte salió de su garganta y su mano sujetó mi pelo con fuerza, haciendo que lo mirara a los ojos.
-Al único al que vas a darle tu virginidad es a mí. Yo soy tu compañero y tu macho, me perteneces, ¿me escuchaste? Eres mía, te guste o no te guste-
-No lo soy, porque vas a rechazarme en un par de horas, así que voy a ser una loba solitaria, lo que significa que, si Maddox quiere que sea su amante, es mi obligación serlo-
-No voy a rechazarte -aseguró firmemente, soltando mi pelo para llevar su mano hacia mi mejilla y acariciarla-. No puedo hacerlo, intenté decir las palabras una y mil veces, pero no pude hacerlo-
Lo siento, Declan, pero yo sí debo hacerlo, lo quiera o no.
-Vas a tener que hacerlo para poder casarte con tu prometida, no voy a meterme en eso-
-Ya veré cómo lo resuelvo-
Unos minutos después, mientras la intensidad de nuestros besos aumentaba, su hermana Sonia comenzó a golpear mi puerta, así que nos separamos de golpe, haciendo que ambos nos levantáramos de golpe, ocasionando que Declan se golpeara con mi mesita de luz, lo que provocó mi risa. Eso no le gustó, por lo que vino hacia mí molesto, pero lo tomé de su ropa y planté un beso en sus labios.
-¿Te dolió?-
-No -musitó casi en un suspiro mientras volvía a besarme-. No dejes que te toque, por favor-
-Lo intentaré-
Obviamente era una mentira, pero no quería que se sintiera mal, aunque moría por verlo arrastrarse como un animal herido.
Un largo rato más tarde ayudé a acomodar el salón y a hacer varias diligencias antes de que las manadas invitadas comenzaran a llegar. Mientras las acomodábamos en las diferentes residencias, mi hermano me avisó que faltaba poco para que llegaran, así que le avisé a Dress lo que mi hermano había dicho para que estuvieran listos.
Llegadas las ocho de la noche, todo el mundo estaba en el enorme salón esperando a que el rey y sus hijos hicieran su aparición. Al parecer, muchos estaban nerviosos porque ya no recordaban cómo se veía la princesa, aunque habían escuchado que se había vuelto cruel después de la muerte de su madre. Escuché toda clase de rumores, uno más idiota que el otro, aunque hubo uno que me dio gracia y fue que la princesa tenía pensado crear un harén para expandir su descendencia; era lo más estúpido que había escuchado nunca.
Cuando por fin la camioneta de mi padre se estacionó afuera, todos comenzaron a impacientarse, aunque dejé de prestarles atención cuando vi a Gina pegada a Declan como una garrapata, mientras el castaño la miraba con una sonrisa, una que en unos minutos iba a destrozar sin siquiera una pizca de remordimiento en mi sistema.
-¡Ahí vienen!-
Se escuchó a lo lejos, haciendo que fijara mi vista en la puerta. Yo estaba parada casi a cuatro personas de distancia de la alfombra roja que le habían puesto a mi padre, y tenía a la familia Beecham a solo unas cinco personas de distancia, por lo que iba a ver la cara de Declan en HD cuando me llamara mi padre. Dress y Dalia se acercaron para quedar a unos metros frente a la puerta para recibir a mi padre, el cual entró unos minutos después vestido con un traje completamente negro, al igual que sus zapatos. Su pelo estaba algo canoso, pero corto, al estilo George Clooney.
Mi papá, en sí, era alto; medía más o menos uno ochenta y tres u ochenta y cuatro. Él no se había vuelto a casar ni a salir con otras mujeres desde lo de mamá. Mi hermano entró cargando a su hijo y de la mano de su esposa Julieta, a quien se le notaba una hermosa pancita de embarazada a través de su vestido, que a pesar de ser suelto hacía que su pancita resaltara.
Mi padre se detuvo a la mitad del camino, completamente serio, antes de girar su cabeza hacia el sector en donde yo estaba. Supongo que ya era hora de mostrar lo que llevaba veinte años ocultando.
-Quítate ese estúpido disfraz, que quiero ver y abrazar a mi hija -dijo con firmeza, haciendo temblar a la gran mayoría. Era normal que cuando hablara la gente creyera que los estaba reprendiendo, pero esa era su voz y su actitud, una actitud que está implícita en mi ADN-
-¿No podías esperar un par de días más, anciano? -lo cuestioné, haciendo que todos a mi alrededor, incluyendo a Declan y Gina, se giraran a verme impactados-.Quería seguir jugando con estos idiotas un poco más-
-Cuida tu lenguaje, que eres una futura reina-
-Mi lenguaje no es lo que debería preocuparles a la gran mayoría en este lugar, sino mi venganza -aseguré con una sonrisa, abriéndome camino hasta llegar hacia ellos-
-Quítate ese disfraz para que pueda abrazarte como corresponde -me ordenó mi padre, colocando sus manos en los bolsillos de su pantalón-
-Si eso es lo que quieres -solté, encogiéndome de hombros, para después comenzar a quitarme la ropa-
Para cuando finalmente me quité el traje, lo arrojé frente a mi padre, lo cual produjo una gran sorpresa en todos al escuchar lo pesado que sonó el golpe contra el piso. Mi padre, para demostrar que solo había sido ruido, intentó levantarlo, pero no pude evitar reír al ver su esfuerzo.
-Vas a romperte la cadera, anciano-
-Demonios, ¿cuánto pesa esta cosa?-
-Padre, el lenguaje -lo reprendí, viendo a Gaia, la cual formaba parte de mi equipo suicida, traerme algo de ropa que no era lo que yo pedí-. ¿Qué carajos es eso?-
-Eso es mi culpa, me olvidé de ir por tu ropa-
-Debería romperte la cara por ser tan inepto, hermano-
-Cuñada, no arruines lo único que tiene bueno -me pidió mi cuñada, haciéndome reír y haciendo que mi hermano la mirara ofendido-
Una vez que me terminé de cambiar, lo cual consistía en un pantalón negro de jeans con una remera algo suelta de color blanca con la cara de Deadpool, una campera de cuero al estilo Negan de The Walking Dead y unas zapatillas deportivas negras -odiaba usar zapatos, así que agradecía que me trajeran estas zapatillas-
-¿Feliz? -le pregunté a mi padre, abriendo los brazos y esperando mi abrazo-.
-Cada día te pareces más a tu madre -murmuró con nostalgia mientras venía hacia mí para abrazarme. Lo abracé con fuerza, recordando que llevaba más de dos años sin abrazarlo-. Mi princesa-
-Hola, papi, te extrañé-
-Pudiste revelar tu identidad mucho antes para que pasáramos más tiempo juntos.
-Sabes que no podía hacerlo, incluso estando a dos días aún creo que es demasiado pronto mostrarles quién soy-
-Ordenaré que no te molesten-
-No importa, ahora puedo romperles la cara sin ningún tipo de problema-
Al separarme de él, besó mi frente repetidas veces antes de que yo pudiera ir a saludar a mi cuñada y a mi sobrino.
-¿No hay abrazo para mí?-
-A ti te vi toda la semana, así que no molestes-
-Qué pésima hermana mayor-
-¿Sí recuerdas lo que les hice a esos monjes, verdad?-
-¿Dije pésima? Quise decir excelente hermana mayor-
-Tía, ¿por qué tienes tantas cicatrices? -indagó mi sobrino de cuatro años en los brazos de su papá, mientras mi padre saludaba a sus amigos-.
-Porque me rompí cada hueso del cuerpo y me perforé varios órganos repetidas veces entrenando, así que por eso tengo el cuerpo lleno de cicatrices-
-¿No te duelen?-
-No, ya no duelen-
-Tu tía se rompió las dos piernas a los nueve años y desde entonces se ha lastimado de esa manera hasta cumplir los veinte -le contó mi hermano antes de ponerse a saludar a los invitados-
Me llevó un largo rato saludar a las manadas, pero al terminar de hacerlo por fin me senté al lado de mi padre para poder comer tranquila, aunque mi tranquilidad duró poco, ya que Maddox apareció para sentarse a mi lado e intentar sacarme conversación, hasta que vio que le estaba prestando más atención a la comida que a él, por lo que se dedicó a hablar con mi hermano y mi cuñada.
-Veo que cuidaron muy bien de mi hija -comentó mi padre cuando terminamos de comer, mientras su mano sostenía la mía con cariño-. Gracias por eso, no puedo expresar cuán agradecido estoy.
Ni tanto, si me daban tremendas palizas los mocosos de la manada.
-No tienes nada que agradecer, Marcos, somos familia-
-Hablando de familia, quiero saber si ya encontraste a tu compañero-
-Lo rechacé-
Mi padre me miró como si no hubiera entendido lo que le dije, así que me acomodé en mi asiento para verlo a los ojos.
-¿Qué hiciste qué?-
-Que lo rechacé, no era digno de ser mi compañero y mucho menos de ser rey-
-Hija, no puedes... eso es...-
-Es lo que debía hacerse, no solo por mi bien, sino también por el de él y nuestro reino. No puedo dejar que un mocoso como él reine a mi lado y mucho menos que nuestra gente dependa de él. Créeme, el reino no se pierde de nada -aseguré, tomando mi vaso y dando un rápido vistazo a Declan, quien me veía atónito-. Además, es lo mejor, ya que voy a poder pelear con ese lobo sin sentir las emociones de mi compañero, lo cual va a hacer que pueda concentrarme mejor.
-¿Dices que rechazar a tu compañero va a hacer que ganes esa pelea? -inquirió mi hermano, algo confuso-
-Es lo que dije-
-¿Crees que mamá murió por eso?-
-No, y no metas a mamá en esto, Arne. Su entrenamiento no fue el mismo que el mío y su objetivo no era el mismo que el mío-
-¿Y cuál es ese objetivo?-
-Matar a esa cosa-
Y eliminar lo que sea que haya detrás de esa niebla, aunque me cueste la vida, y traer el cuerpo de mi madre a como dé lugar.
-Mamá también quería lo mismo-
-Mamá quería protegernos y protegerme para que yo no tuviera que pelear, pero no lo logró, así que ahora me toca a mí-
-¿Crees que si mamá no me hubiera tenido hubiera podido concentrarse en su entrenamiento?-
La mesa se quedó completamente en silencio, esperando a que le respondiera a mi hermano, lo cual había provocado una gran tensión.
-¿Por qué intentas que todo gire en torno a ti, hermano? Mamá sabía muy bien lo que hacía y yo no voy a hablar por ella ni mucho menos opinar sobre ese tema, pero sí voy a decirte que mamá estaba feliz por tu nacimiento. Así que no comiences a decir estupideces, hazme el favor, Arne, porque lo que menos tengo ganas de hacer es soportar ese tipo de preguntas estúpidas a dos días de la pelea más importante de mi vida.
-Tu hermana tiene razón, no hay por qué hablar de estas cosas en este momento. Se supone que es una cena para estar juntos en familia antes de... de eso, así que por favor hablemos de otra cosa, ¿puede ser?-
-Eso me pasa por no pegarle de chiquito para que se le acomoden las ideas -comenté, tomando mi vaso para beber un poco de jugo, ya que había pedido que no me sirvieran alcohol porque quería entrenar más tarde con mi guardia real-
-Si rechazaste a tu compañero, ¿quién será el padre de tus hijos? -indagó mi padre, aún confuso, mientras me observaba de reojo-
-Vincent Maddox será mi esposo y el padre de mis hijos-
-¿Tú lo serás? -inquirió algo reacio, mirando al pelinegro-
-Sí, mi Rey, así lo quiere su hija-
-¿No es una decisión en conjunto?-
Maddox se quedó en silencio y tuve ganas de romperle la cara por hacerme quedar como una idiota delante de todos.
-Le ofrecí ser mi compañero y aceptó. Si quiere dar marcha atrás con el trato puede hacerlo sin represalias. Si lo hace, tendré que buscar a alguien más para cubrir ese puesto-
-¿Crees que ser Rey es solo un puesto?-
-Es un trabajo que conlleva mucha responsabilidad y que no muchos son dignos de llevar a cabo esa tarea, por eso busqué al mejor-
-Se supone que debes casarte por amor, hija. No es necesario que hagas eso-
-Lo es, porque si yo no puedo ganarle a esa cosa, las futuras generaciones deberán hacerlo y para eso necesito que tengan buenos genes y que sean fuerte-
-Si le ganas...-
-Si le gano es lo mismo. No quiero a un inútil a mi lado para gobernar y no pienso seguir discutiendo esto, así que hablen de otra cosa porque prefiero retirarme a seguir con esta conversación-
-No es para que te alteres, hermana, solo fue simple curiosidad-
-No me molesta la curiosidad, hermano. Lo que me molesta es que critiquen mi plan de vida sabiendo que es posible que muera en dos días-
-No vas a morir-
-Lo sé, pero aun así debo estar lista para todo, así que si me disculpan, ya me pusieron de mal humor con sus estupideces -dije, levantándome bajo la mirada atenta de todos en el salón-
-Aún no te dije que podías retirarte-
-No necesito tu permiso, padre-
Salí del salón sin prestarle atención a nadie y, sin pensarlo, caminé hasta la tumba de mi madre. No lo iba a admitir en voz alta, pero tenía miedo. Tenía miedo de no recuperar el cuerpo de mi madre y de fallar. No quería fallar.
-Dejaste a todos atónitos, incluso a tu padre -dijo Declan detrás de mí-. ¿Por qué no me lo dijiste?
-No eres nadie para decirte nada -gruñí, parándome con cuidado de no arruinar las flores que le habían dejado a mi madre-
-¿Puedo saber quiénes sabían?-
-¿Ahora preguntas si puedes? ¿No lo vas a exigir? -me burlé, girándome para verlo a los ojos. Sus emociones eran realmente abrumadoras, pero no lo suficiente como para no rechazarlo-. Tus padres, tus hermanos y el doctor de la manada-
-¿Por qué dejaste que creyera que eras nadie?-
-Por esto. Porque si lo hacía me iban a tratar diferente y no iba a poder vivir en paz-
-Debiste decírmelo. Si hubiera sabido...-
-¿Qué? ¿Te hubieras comportado como una persona decente? ¿No me hubieran maltratado de la forma en la que lo hicieron? No me hagas reír, Declan. Son unos niños idiotas a los que dejé hacer lo que quisieran para no tener que matarlos-
-Si me lo hubieras dicho habría podido...-
-¿Habrías podido hacer algo? No me hagas reír, querido. Puedes decir lo que quieras y mostrarte arrepentido de tus actos, pero de nada sirve eso ahora. Deberías haberlo hecho desde un principio. Tu deber como futuro Alfa era guiar, proteger y ayudar a todos en esta manada, y lo único que has hecho es usar el hecho de que eres el futuro Alfa para abusar de todos. ¿Crees en verdad que alguien así podría ser un buen Rey Alfa? ¿Crees por un segundo que voy a permitir que ese ejemplo de persona reine a mi lado? Eres más idiota de lo que creí, Declan-
-No voy a rechazarte y sé que m...-
-Lo harás o te voy a matar-
-No puedes-
-No tienes idea de lo que puedo hacer y de lo que no. Es mi vida la que está en juego-
Y el cuerpo de mi madre.
-Sé que me equivoqué y que la cagué. Llevo años cagándola y entiendo que estés enojada, pero...-
-No hay peros, Declan. Te voy a rechazar y se acabó. No tienes idea de lo que está en juego-
-Entonces dime qué es lo que está en juego además de tu vida. Puedo sentirte, ¿lo olvidas? Sé que ocultas algo más-
-No tienes por qué saberlo, así que di las palabras de una vez y terminemos con esto-
-No lo voy a hacer hasta que me digas todo-
-¡El cuerpo de mi madre! ¿Feliz?-
-¿El... cuerpo?-
Respiré hondo y me alejé de él para volver a ponerme frente a la tumba de mi mamá.
-Explícame, por favor-
-La noche en la que mi madre murió escuché la voz de ese lobo en mi cabeza después de pedirle que dejara su cuerpo para poder darle un funeral. Esa cosa dijo que si yo le ganaba en la pelea me devolvería su cuerpo, así que por favor... por favor tienes que rechazarme porque no puedo pensar en ti cuando me enfrente a él-
-¿Tu padre no lo sabe?-
-No. Nadie lo sabe además de ti, por lo que te pido que no le digas a nadie. Nadie puede enterarse de esto-
Se quedó en silencio por varios minutos antes de ponerse a mi lado y tomar mi mano para entrelazar nuestros dedos.
-Si hago esto y ganas, prométeme que me darás una oportunidad para compensar todo lo malo que te he hecho-
-Si haces esto por mí, te daré todas las oportunidades que quieras-
-Solo necesito una para compensar mis errores-
-Y la tendrás-
-¿Es necesario que lo haga ahora o podemos esperar un poco?-
-Debemos hacerlo ahora para que pueda acostumbrarme y pueda entrenar bien estos dos días-
-No quiero hacerlo-
-Por favor, solo serán un par de días-
-Bien, pero estaré a tu lado estos dos días, lo quieras o no-
-¿Y que todos sospechen que somos compañeros? Ni lo creas, querido-
Lo escuché soltar una pequeña risa antes de hacer que me girara hacia él para poder besarme.
-¿Y el idiota de Maddox?-
-Después de lo que hizo, le conviene no cruzarse en mi camino-
Lo vi sonreír antes de volver a tomar mis manos.
-¿Lista?-
Respiré hondo y comencé a asentir, permitiéndome ser frágil por primera vez en años.
-Yo, Brenda Juliette Montenegro, princesa y futura reina Alfa, te rechazo a ti, Declan Andrew Beecham, como mi compañero-
Al terminar de decir esas simples pero devastadoras palabras sentí un pinchazo justo en el corazón, provocando que comenzara a quedarme sin aire.
-Yo, Declan Andrew Beecham, futuro Alfa de la manada Beecham, te rechazo a ti, Brenda Juliette Montenegro, como mi compañera-
Un dolor agudo y punzante atravesó por completo mi cuerpo, de pies a cabeza, haciendo que ambos cayéramos al piso por el dolor y la angustia que nos provocó rechazarnos. Dolía como el demonio y la tristeza era aún más grande de lo que imaginaba, pero en el fondo podía sentir paz y algo de tranquilidad al ya no sentir sus emociones a flor de piel. ¿Estaba bien sentirse así? ¿Era normal o solo era yo?
-Mierda, esto duele -se quejó, sujetándose del pecho, por lo que me arrastré hacia él para pegar mi frente a la suya-. ¿Tú también sientes como si te punzara el corazón y no pudieras respirar correctamente?-
-Sí-
Estaba mintiendo. Sí, dolía, pero era más una tristeza profunda que un dolor físico profundo.
-Me cuesta respirar -aseguré, subiendo mis labios a su frente para besarlo antes de recostarme en el césped-. No volveré a rechazar a nadie después de esto -murmuré, viéndolo recostarse a mi lado. Una vez que se acomodó, me arrastré para recostarme en su pecho y oír su corazón-. Debes calmarte o va a darte un infarto-
-Te recuerdo que acabas de rechazarme-
-Lo sé, pero aun así debes hacerlo. Respira lento-
-Lo hago-
Coloqué mi mano en su pecho y recargué mi peso sobre mi brazo para poder verlo a los ojos.
-Gracias-
-Esto es solo hasta que ganes, así que no te hagas ilusiones, puerquita-
Solté una ligera risa mientras lo veía estirar su mano para tocar mi mejilla.
-¿Cuántos hijos vamos a tener?-
Eso me hizo reír mucho más, haciendo que él, en un rápido movimiento, me colocara de espaldas al piso mientras se colocaba entre mis piernas.
-No lo sé, ¿cuatro o cinco?-
-Son muy pocos-
-¿Los vas a tener tú o yo?-
-¿¡Qué carajos estás haciendo!?-
¿Por qué tenía que aparecer ella? Los dos miramos hacia nuestro costado para ver a Gina con las manos en sus caderas, mirándonos furiosa. Una gran satisfacción se adueñó de mi cuerpo.
-Estoy pasando el rato con mi compañera, así que si no te molesta, ¿Puedes dejarnos solos?-
Parecía que sus ojos iban a salirse de su cabeza, por lo que no pude evitar soltar una risa.
-Creo que será mejor que vuelva a casa. De seguro mi padre debe estar esperándome ahí para hablar-
-¿Tu... compañera? -indagó casi sin voz. Declan suspiró, algo irritado, y se levantó para ayudarme a pararme-
-Sí, querida. Declan es... oh bueno, era mi compañero, ya que acabo de rechazarlo -le expliqué, viendo cómo se ponía pálida mientras me acercaba para quedar a su lado-. Es todo tuyo, querida. No es digno para estar a mi lado, así que creo que puede ser digno para estar con una prostituta como tú. Que lo disfrutes-
Salí de ahí riéndome, dejándolos a los dos solos mientras discutían, o bueno, ella le reclamaba no haberle dicho que yo era su compañera.