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El padre de mi alumna

El padre de mi alumna

Autor: : Miri Baustian
Género: Romance
Una simple pero bella docente se ve envuelta en un triángulo amoroso, en donde dos de los hombres más importantes del país, que siempre estuvieron enfrentados entre sí, se disputan su amor hasta que ella, por miedo, decide huir de ambos. Los celos y el odio que existen entre los dos poderosos Ceos se acrecienta al perderla. En el medio queda su pequeña alumna, que encuentra en la docente el consuelo por haber perdido a su madre.

Capítulo 1 La docente

Piero Lazio estaba esperando que lo atendiera la maestra de su hija, era inaudito, hacía 15 minutos que estaba allí.

A él no le sobraba tiempo.

Había ido a pedido de su esposa.

Sabía que era un tema importante y que en algún momento lo tendría que hablar, Fue cuando lo citaron del colegio, en realidad citaron a la madre, siempre suelen citar a las madres en lugar de los padres.

Ya había perdido la paciencia, Piero consideraba una falta de respeto hacerlo esperar.

Era solo la maestra de su hija y si lo citaban tenían que ser estrictos con el horario.

Por otro lado estaba preocupado por su pequeña.

Lo inevitable estaba cerca de suceder y en el colegio tenían que estar al tanto.

Era un tema que no podían dejar a cargo de la niñera.

Pero él era un hombre ocupado, estaba pensando que en cuanto apareciera la maestra, lo iba a escuchar y luego, recién tocarían el tema que tenía que informar.

No sabía que pretendía decirle la docente, pero seguramente no debía ser importante.

Luego de 20 minutos de espera y cuando se paró para decirle a alguién que lo atendiera inmediatamente, se abrió una puerta.

Apareció ante él una chica jovencita, que tenía a su hija en brazos, su niña estaba prendida a la docente como si fuera un pulpo, Camila no era tan pequeña, tenía 6 años, estaba por cumplir 7 años, por lo que la docente estaba haciendo un esfuerzo para sostenerla.

-Cami, acá está tu papá.

Le dijo Mora, con mucha dulzura, a la niña.

Piero, al ver a su hija, que sin ninguna duda estuvo llorando, se olvidó del reclamo que le pensaba hacer a la docente.

Camila pasó de los brazos de Mora a los de su padre.

Nuevamente rompió en llanto, el hombre no sabía cómo consolarla, él sabía lo que se venía y cuánto iba a sufrir su pequeña.

Luego de unos minutos en silencio y cuándo la niña se había calmado, otra vez quiso estar sobre la falda de Mora.

-Cami, tengo que hablar con tu papi sobre temas de adultos, mientras tanto, terminá el dibujo que te estaba quedando hermoso.

La niña sabía que tenía que obedecer, pero no quería dejar los brazos de Mora, con ella se encontraba a gusto, no sabía explicar la sensación de desasosiego que sentía, sobre todo cuando llegaba a su casa.

-Cami, anda, enseguida voy.

Miró a su padre, por si él decía lo contrario.

-Anda cielo.

Le indicó Piero.

Camila no tuvo más opción que volver a su aula.

-Perdón por la tardanza.

Comenzó a disculparse Mora, Piero ya no tuvo el valor de aprenderla porque tardó en atenderle, se dio cuenta que el retraso Fue a causa de su hija.

-¿Cómo está usted? Perdón, no me presenté soy Mora Duván, la docente a cargo del grado de su hija.

Ella le extendió la mano.

Piero le respondió.

Al sentir la suavidad de su mano, él se sintió confundido.

-Soy Piero Lazio.

-Un gusto, señor Piero.

Él la miró con profundidad, Mora era realmente hermosa, no era llamativa, apenas estaba maquillada y su guardapolvo evitaba ver la forma de su cuerpo, aunque se adivinaba delgado.

Llevaba el cabello atado en una colita tras la nuca, parecía una estudiante en su último año de secundaria, más que una docente a cargo de un grado.

Inspiraba tranquilidad o algo así, para sus alumnos, Piero pensó que era perfecta para el momento que estaba pasando Camila.

-Me acerqué al colegio para informarle de una situación familiar.

Dijo, sin que Mora le explicara para que lo había citado.

-Lo escucho, señor.

Ella era increíblemente suave, tal vez por eso tenía alumnos en el primer ciclo, el año anterior había hecho las prácticas con los alumnos de primer grado, ahora que estaba recién recibida y cómo los niños de primer grado se habían encariñado con ella, la directora del establecimiento, decidió ofrecerle el cargo para segundo grado.

Piero tomó aire, le costaba tener esa conversación con ella y no le gustaba contarle sus problemas a un extraño, pero consideraba que era indispensable que la docente lo supiera.

Su esposa se lo había pedido y él le prometió que se acercaría al colegio.

Miró a su alrededor, para cerciorarse que nadie estaría escuchando la conversación, aunque suponía que la docente lo hablaría con los directivos del establecimiento.

-El año pasado, mi esposa tuvo un inconveniente de salud y luego de algunos estudios, le diagnosticaron cáncer de útero, la operaron, le extirparon todo, pero el cáncer siguió avanzando, ella tiene metástasis y le queda poco tiempo...

Torpemente comenzó a explicar.

Era difícil para él seguir hablando.

Katherine no había sido su gran amor, pero la quería, era una excelente mujer y es la madre de su hija, el inminente desenlace era un golpe profundo para él y una pérdida inmensa para su hija.

Por eso es que creía que la docente tenía que estar al tanto.

Mora puso su mano sobre la de Piero.

Cuando éste la miró, la chica tenía los ojos llenos de lágrimas.

Él sintió que ella le tenía lástima, Fue una sensación muy incómoda, no estaba acostumbrado a inspirar lástima.

Él inspiraba respeto, miedo y hasta envidia de muchos, era poderoso, muchos lo acusaban de caza fortuna, pero nadie se atrevía a decírselo de frente.

Tampoco es que subió hasta la cima del poder aplastando cabezas.

Lo suyo Fue más fácil, estaba recién recibido de licenciado en economía, cuando comenzó a trabajar en las empresas Halland, era una firma muy poderosa, una de las más grandes del mercado.

Hacía menos de un mes que estaba trabajando allí, cuando entró a la oficina una mujer espectacular, castaña, de ojos marrones muy claritos, alta y con un cuerpo infartante, estaría cerca de los 30 años, tenía una clase muy pocas veces vista en una mujer, parecía que se llevaba el mundo por delante, a cada paso que ella daba parecía decir que era la dueña del lugar y también del aire que había allí.

En cuanto lo miró, él le guiñó un ojo y Piero se asombró cuándo ella le sonrió.

Era una mujer llamativa, distinta, Piero estaba anonadado, pero se paró para preguntarle que necesitaba.

Fue cuándo su jefe, con mucha seriedad, le indicó que era la presidenta de la compañía.

Piero volvió a sonreírle y Katherine quedó prendada de su sonrisa.

A la semana lo mandó a llamar, para preguntarle sobre unos documentos que ella sabía de memoria, él le informó sobre ellos.

Pasado un mes, luego de que ella lo llamara con cualquier excusa, terminaron teniendo sexo en la oficina de Katherine.

A los dos meses Piero era el gerente de finanzas y a los seis meses ya era gerente general.

Al año, Katherine le informó que estaba embarazada, ella tenía 30 años y él 24.

Se casaron teniendo en contra la opinión de los allegados de ella, porque con sus padres fallecidos, era la única heredera del gran imperio y pensaban que Piero era un caza fortunas, pero ella sabía que había hecho todo lo posible por conquistarlo y seducirlo.

La gran heredera era abogada y sabía perfectamente que Piero estaba deslumbrado por la obscena cantidad de dinero que ella tenía y por el lujo descomunal en que se movía, pero se había enamorado de él y lo iba a retener a cualquier costo.

Lo conocía muy bien, era un buen hombre, con la capacidad de acompañarla en su empresa, era decente, no la iba a estafar jamás, pero también tenía claro que no estaba enamorado de ella, al menos no como ella lo estaba de él.

Cuando se casaron, Piero pasó a ser el director adjunto, era el segundo al mando, después de ella.

Nació Camila y eran una familia feliz, él jamás faltaba por las noches, salvo algún viaje por negocios, Katherine sabía que todos esos viajes existían, pero también estaba al tanto de las indiscreciones que Piero tenía con otras mujeres, le dolía hasta el alma, pero prefería hacerse la ignorante y conservarlo a su lado.

Piero ocultaba todas las evidencias cada vez que estaba con otra mujer.

Así funcionaba el matrimonio de la gran heredera y el humilde licenciado de economía.

Las apariencias eran las de un matrimonio que se amaba y se respetaba.

Tal vez era así, porque Piero quería a su esposa, salvo que de vez en cuando caía en alguna tentación ajena a su matrimonio.

Aprendió a manejarse con mucho poder, no era déspota con sus empleados, que eran muchos, pero tampoco se comportaba como si fueran compañeros, siempre marcaba su lugar de jefe.

Con su esposa era cariñoso y respetuoso, siempre le daba su lugar, él jamás sedujo a alguna empleada.

Aparentaba ser un hombre frío, aunque en realidad no lo era.

Con su hija era demostrativo, la niña era la luz de los ojos de sus dos padres y Katherine lo sabía.

Piero miró la mano de la docente y ella, sonrojándose, la sacó, murmurando por lo bajo un suave perdón.

Él joven padre pensó que en otra situación le habría sonreído, por como intimidó a la chica solo con una mirada, sin embargo la miró serio.

-Lo siento mucho, señor.

Dijo la muchacha, se notaba que estaba muy apenada.

-Yo le pedí una entrevista, porque si bien el año pasado estaba haciendo las prácticas, estuve el segundo semestre con el grado que este año tengo a mi cargo y Camila era distinta, en este momento, aparte de ser retraída, llora por todo y en todo momento, a veces no tengo forma de calmarla, si no es teniéndola en mis brazos y ese no és el comportamiento de un niño de segundo grado, pero usted me dio la respuesta a su comportamiento.

-Le pido que le tenga paciencia, se vienen meses muy duros para ella.

-Por mi parte, le aseguro, que voy a estar pendiente de que al menos en la escuela, tenga cierta tranquilidad.

-Se lo agradezco, realmente no sabemos cuándo...

Piero no pudo seguir con la frase, pero Mora sabía las palabras que él no había dicho.

-Cuente conmigo para lo que necesite.

-Muchas gracias.

Él se sorprendió con sus propias palabras, desde hacía mucho que no le agradecía a nadie por nada.

Mora hizo una mueca que pretendió ser una sonrisa, pero estaba muy triste, apenas conocía a la señora, pero le tenía mucho cariño a Camila, sabía que todos sus alumnos eran iguales, pero sin saber la razón, sentía una debilidad por esa niña.

Finalmente Piero se despidió de la docente, lo hizo con un sabor amargo en su boca.

Capítulo 2 Empatía

Camila la estaba pasando mal y él no podía hacer absolutamente nada para que su hija esté mejor.

Su esposa se estaba muriendo y no había dinero que pudiera comprar su vida.

La vieron los mejores especialistas del mundo, incluso vinieron médicos de Suiza y hasta de Cuba, pero todos le decían lo mismo, todos coincidían en el diagnóstico.

Catherine estaba consciente de lo que tenía y del tiempo que le quedaba.

Él estaba dedicado completamente a ella, repartía su tiempo entre el trabajo y su familia.

Ya ni se iba por ahí, el poco tiempo que tenía de sobra, se lo dedicaba a su esposa y a su hija.

La gran heredera lo sabía y se lo agradecía con toda su alma.

Cuando se fue el padre de su alumna, Mora se dirigió hacia la dirección del colegio.

Le tenía que informar a la directora.

Apenas entró a la dirección, le contó con sus lágrimas corriendo por las mejillas, lo que sucedía en esa familia.

Tuvo que tomar un vaso de agua para tranquilizarse, porque no podía volver al aula en esas condiciones.

La directora le dijo que luego del horario de clases hablarían con más tranquilidad, para ver cómo podrían contener a la niña.

Se quedó pensando que la joven docente era demasiado sensible, por un lado estaba bien porque tenía mucha empatía con sus alumnos, pero por otro lado no podía desmoronarse así, tenía que ser más fuerte, para poder contener a sus alumnos.

Aunque sabía que eso, muchas veces, venía con la experiencia que daban los años.

Mora volvió al aula y encontró a Camila llorando desconsolada, la preceptora le había llamado la atención, porque un niño la molestó porque ella estaba llorando y la pequeña le pegó a su compañerito.

La docente sentó sobre su falda a la niña y la abrazó fuerte.

Sally, la preceptora, no encontró lógica cuando vio los ojos llenos de lágrimas de Mora, quién tuvo que hacer un esfuerzo para contener su propio llanto.

Cuando la calmó, habló con la clase, para que no se burlen entre ellos, y dijo, de pasada, que no había que usar la violencia física cuando a uno lo cargaban, que con avisarle a la maestra era suficiente.

Sin embargo el resto de la clase, Camila no se alejó de ella.

A la salida a la niña la retiró, como siempre su niñera, que venía a buscarla con un chofer.

En ese momento la docente se dio cuenta del poder adquisitivo que tenía la niña y su padre le recordó a su propio prometido, siempre se manejaba con chofer y guarda espalda.

El colegio tenía una cuota mensual alta, debía ser la más alta de la ciudad, las personas que mandaban a sus hijos a ese establecimiento eran poderosas y ricas, nunca lo había pensado así, sin embargo el tormento que estaba viviendo esa niña, no había dinero que lo podía solucionar.

Se dirigió a la dirección, lo hizo con la preceptora.

Mora volvió a decir todo lo que le comentó el padre de Camila, lo hizo con más detalles.

Sally comprendió la situación y tuvo la empatía suficiente para saber que tenía que contener y consolar a la niña, pero al tener más años como docente, manejaba un poco mejor la dolorosa situación.

Al llegar a su casa, Mora lo comentó con su familia, ella vivía con sus padres y su hermana dos años menor que ella.

Apenas pudo comer y no dejaba de llorar, pensando en su alumna.

-Calmate Mora, sos la persona que tenés que contener a la niña, a su madre no la conocés o si lo hacés, la viste una o dos veces.

-Tenés razón, pero sin saber porqué, es mi alumna preferida, de verdad, siempre le tuve un cariño especial, lo que me transmite esa criatura es único.

-Hija, no sé qué decirte.

Le dice su madre, haciéndose eco del sufrimiento de la alumna de su hija.

Parecía que los problemas solo le salpicaba a la clase baja y sin embargo la tragedia y la muerte era igual para todo el mundo.

Eso es irónico.

A Mora le hizo bien compartir con su familia sus sentimientos, porque sabía que con su novio no podría hacerlo, él ni siquiera estaba de acuerdo con que ella trabaje, claro que sí sería abogada, como él, la cuestión hubiese sido distinta.

Según él, su trabajo no era respetado, ella había perdido cuatro años estudiando algo que solo era para los mediocres, para él, ella era algo así como una sirvienta para hijos de gente que depositaban a los niños en el colegio, para sacarlos de encima.

Pese a que el colegio en donde ella trabajaba era uno de los más prestigiosos de la ciudad.

Sacudió la cabeza, no era el momento de pensar en Amadeo, su novio.

Él no era un hombre empático, era clasista, dominante y soberbio, sin embargo estaba enamorado de ella casi hasta la obsesión.

Se fue a duchar, tratando de relajarse y estudiando las distintas posibilidades de cómo ayudar a camila.

Cuando ya en su cama, cerró los ojos, sintió un estremecimiento al recordar la mirada fría y extraña de Piero.

Era usual las miradas soberbias de los padres de sus alumnos, creyéndose muy por arriba de una simple maestra de grado, en eso Mora le tenía que dar la razón a Amadeo, sin embargo no le gustaba reconocerlo, porque ella amaba la docencia.

Estaba tentada a tomar un curso en una escuela estatal, de un barrio de bajos recursos, donde sin duda los padres respetarían más a los docentes de sus hijos, pero charlando con compañeras del profesorado, estas le dijeron que muchas veces los padres eran tan ignorantes que amenazaban a los docentes si estos no aprobaban a sus hijos, aunque los niños no respondan al aprendizaje y otra vez escuchaba en su cabeza la voz de Amadeo, diciéndole que era joven y tenía tiempo de estudiar otra carrera, que sea más importante.

A Mora le angustiaba mucho la manera de pensar de su novio, pero creía que con paciencia y amor, iba a lograr que él comprenda que a ella le gustaba ser docente, que le encantaba el contacto con los niños.

Aunque tenía que confesarse que también ella tenía dudas, a pesar de amar la docencia y que varias veces había revisado distintas carreras universitarias, para ver si alguna le podría interesar, a ella le encantaban los números y la licenciatura en economía le atraía bastante.

Esa carrera también le serviría para impartir clases en colegios secundarios.

No estaría mal estudiar, se propuso hablarlo con su familia, eran muy unidos y se consultaban todo.

En su hermana ella tenía a su compinche y se adoraban con el alma.

Mora era dos años mayor que Sofía, su hermana, físicamente eran parecidas, tenían la misma altura, ambas medían 1,65, eran delgadas, solo que Mora tenía el cabello de un rubio claro y lacio y Sofi, como solían llamarla, lo tenía con rulos y color castaño, aunque ella solía cambiarse el color, a veces lo llevaba violeta, llamando la atención de muchas personas.

Sofi estudiaba ciencias de la comunicación, es decir periodismo, lo hacía en la universidad pública y estaba fascinada con esa carrera.

Apoyaba a su hermana cuando decía que ser docente era un trabajo para pocas personas, porque era para formar a los adultos del mañana, sabía que siendo licenciada en economía o algo por el estilo, le iba a permitir vivir más holgadamente.

Aunque su futuro cuñado era millonario, entonces su hermana tendría que trabajar cómoda en lo que ella quisiera.

A Sofía no le terminaba de convencer como su cuñado trataba a su hermana, no es que la maltrataba, pero era un hombre dominante y no se lo podía contradecir, porque siempre surgía en él ese gesto despectivo que hacía sentir mal al otro.

Solo esperaba que su hermana fuera feliz, aunque ella dudaba que lo pudiera ser con Amadeo.

Cuándo Sofía intentó hablar con su hermana sobre el carácter de Amadeo, ella solo le dijo que era normal su carácter ya que las personas ricas solían pensar y ser así, pero que se quedara tranquila que él la adoraba y a ella siempre la trataba bien.

Eso era normal, nunca le había levantado la voz, que ella supiera, pero a Sofía había cosas que le molestaban y no podía explicarlas con claridad.

Mora era la dulzura y la bondad personificada y Sofi pensaba que su hermana se merecía a un príncipe azul, pero que este no tenía que ver con el dinero o la clase social, aunque para la mayoría de las personas, el dinero, la clase social y la estampa ya definían al príncipe azul y eso sí lo tenía que aceptar, su cuñado cumplía con esas tres premisas, porque atractivo también era, aunque no era el tipo de hombre que a ella le gustase.

A Sofía le gustaban los hombres más informales, más desfachatados, ella tenía 20 años y otra perspectiva de la vida.

Capítulo 3 La muerte de Katherine

Piero volvió a su casa y le contó a su esposa lo que habló con la docente de su hija, pero evitó decir la parte en que le confesó que a ella le quedaba poco tiempo de vida.

Era realmente compasivo con ella, aunque no estaba perdidamente enamorado, él no estaba seguro de poder amar de otra manera, por lo que para él, lo que sentía era amor.

También era consciente de que ella lo amaba mucho más profundamente a él.

-Ahora que estamos solos, quiero hablar sinceramente.

Piero siempre evitaba hablar del tema con ella, porque sabía que Katherine quería hablar de su enfermedad y del tiempo que le quedaba y realmente le dolía hasta la inmensidad lo que su esposa estaba viviendo.

-Amor, vas a ver como con el último tratamiento vas a ir mejorando.

-¡Basta! Ya sabemos los dos que no voy a mejorar, que estoy empeorando día a día y que no me queda de vida más que dos o tres meses y tenemos que hablar ahora.

Estaba dolido y hasta desconcertado porque ella era más fuerte que él.

-Piero, quiero hablar sinceramente y es necesario hacerlo.

-Te escucho, cielo.

-Te amo y fui inmensamente feliz a tu lado, también sufrí en silencio cada vez que...vos...tenías tus cosas fuera de nuestro hogar.

-Yo no...

-Siempre supe todo, debo decirte que sos cuidadoso y discreto y eso te lo agradezco, nunca expusiste nuestro matrimonio, solo te pido que sigas siendo cuidadoso, por nuestra hija...cuando tenga un reemplazo, necesito que te asegures que quiera a nuestra niña y veles por ella mucho más que hasta ahora.

-Katy, yo jamás...

-Piero, sos el hombre más atractivo que conocí, sos joven y apasionado, sé que vas a encontrar a otra mujer, te merecés encontrarla, solo espero que sea decente y no vaya detrás de nuestra fortuna.

-Amor...

-Cielo, escúchame, por favor.

Piero tenía un nudo en la garganta, se dio cuenta que él no era valiente, que tampoco era discreto cuando buscaba amores fáciles, solo para sentirse más hombre y querer buscar algo de libertad por ahí.

-Sos el dueño de la mitad del emporio y la otra mitad le queda a Camila, que va a poder hacer uso de ella cuándo cumpla 21 años, porque considero que a los 18 años, cuándo sea mayor de edad para casi todo, a lo mejor no tiene la madurez suficiente para hacerse cargo de semejante fortuna, sin embargo, sos el responsable total y absoluto de duplicar o quintuplicar o lo que sea, es decir para cuidar su fortuna, sé que lo vas a hacer bien, nunca quise hacer un contrato prenupcial, porque si me fallabas en eso, quería decir que nada valía la pena, y no lo hiciste, por eso sigo confiando en vos, como siempre, sos increíblemente inteligente, sos el hombre soñado, por eso te amo.

-Yo también te amo...perdón.

Dice Piero llorando como un niño y tal vez arrepentido por las infidelidades que le brindó a su mujer.

-Amor, siempre volviste a casa, siempre cenaste y dormiste conmigo y estoy segura que a ellas no las recordás, a lo mejor no sabés el nombre y sé cómo te impacté yo cuándo me conociste, porque vos me impactaste de igual manera.

-Te amo.

Le dijo Piero tratando de sonreír y de contener sus lágrimas.

-Me encantó la desfachatez que tuviste al sonreír con seducción aunque te dijeron que yo era la dueña de todo y eso no lo hiciste por mi fortuna sino por mi persona.

-Sos maravillosa, hermosa y única.

-Gracias por todo.

-Por favor, quiero de verdad, compartir miles de años más con vos, más allá de alguna que otra indiscreción, solo lo hice por idiota, porque de verdad te amo.

-Lo sé, amor, lo sé y sé cuánto amás a nuestra hija.

Él la besó con ternura, pero Katherine profundizó el beso, antes de que su marido llegara, ella había tomado una ración doble de la droga para evitar los dolores profundos que sentía, con toda la intención de poder tener relaciones sexuales con su hombre, con el amor de su vida.

Él dudó, por el estado de ella, pero supo que Katy lo necesitaba.

Terminaron haciendo el amor, fue distinto a cuando se conocieron y también lo fue a cuando ya estaban casados, hacía bastante que no tenían sexo, ella empeoraba día a día.

Tampoco él últimamente se iba por ahí, tenía demasiado dolor en su alma y en su corazón.

Piero la hizo sentir deseada y amada, su esposa se lo agradeció, sabiendo que posiblemente esa sería la última vez que estarían juntos.

Lamentablemente no se equivocó.

Poco a poco se iba apagando su vida.

Solo le pedía a dios que su hija no se quedara desamparada, que Piero no caiga en brazos de alguna mujer déspota que le hiciera mal a su niña.

Sabía el atractivo que tenía su marido, las mujeres caían en sus brazos, ella misma lo había hecho y estaba desesperada por él.

Fueron pasando los días, entre recuerdos hermosos, Katherine siempre elegía guardar lo mejor de cada persona, mucho más de Piero que era todo para ella.

Tal vez él no la amó como ella hubiese querido, pero ella sabía cómo había forzado todas las situaciones para atraparlo, fue en lo único que estaba consciente de que usó su fortuna y su poder, aparte de su seducción, para inclinar la balanza siempre a su favor, él no era un hombre interesado, ni siquiera intentó sacar provecho de la situación, era ella quién le brindaba, en principio, más de lo que debía, solo para quebrar su voluntad de todas las maneras posibles y hasta se embarazó para tenerlo siempre a su lado, por eso se casaron.

Ella amaba a su hija, eso no lo dudaba nadie, lo que no sabían era que Katherine provocó ese embarazo, solo por retenerlo.

No es que Piero se hubiese ido de su lado, posiblemente no se hubiera ido, pero quiso asegurarse, fue cuando descubrió que la engañó por segunda vez, entonces puso toda la artillería y se embarazó.

No se arrepentía, tenía a una hija maravillosa y al marido ideal, al hombre por el que daba su vida, lástima que el destino a veces es cruel y la vida se le terminaba demasiado pronto.

Al menos la vivió plenamente y con seres maravillosos a su lado.

Los días algunas veces parecían que lo hacían vertiginosos y otras veces parecían más lentos que de costumbre.

Camila estaba más sensible que nunca y en el colegio apenas podían contenerla, sólo se tranquilizaba si estaba en brazos de Mora, tanto que varios niños lo comentaron en sus casas y algunos padres se acercaron a cuestionar la actitud de la docente que permitía más de lo normal.

La directora llamó a los padres a una reunión especial, exceptuando a lo padres de Camila.

La reunión la llevaron a cabo entre ella y Mora.

Les explicaron a los padres la situación de la alumna y por las dudas les hicieron firmar un documento en donde se les exigía total hermetismo y que no lo comentaran con sus hijos, porque a veces los niños sin ningún motivo son ponzoñosos, por supuesto que otras veces son más empáticos que los adultos.

Comprendieron la gravedad de la situación.

Era difícil para todos.

Días más tarde Camila no asistió a clases y al segundo día que eso sucedía, alguién del servicio doméstico, posiblemente el ama de llaves, les informó al colegio que la señora Katherine Halland, había fallecido.

Les comunicaron en donde se iba a llevar a cabo el velatorio de los restos mortales de dicha señora.

Mora, junto con la directora y la vicedirectora del establecimiento educativo, se acercaron a dicho lugar para dar su pésame.

Cuando llegaron se asombraron porque Camila estaba presente.

Estaba acompañada por una señora que parecía ser su niñera, pero Camila estaba sentada en las piernas de su padre.

Cuando la pequeña vio llegar a Mora, se paró y corrió a su lado, rompiendo en un llanto desconsolado.

La joven alzó a la criatura y lloró con ella.

Los directivos se acercaron a Piero para saludarlo.

Él ya se había parado, mirando la escena de su hija junto a su docente.

Mora intentó calmarse, cuando lo logró, a medias, pero al menos pudo contener sus lágrimas, saludó a Piero, quién no se había movido de su lado ya que ella tenía a la niña en sus brazos.

-Lo lamento mucho, señor.

Él no le contestó, ya que el nudo que tenía en su garganta le impidió hablar, no era solo el dolor de perder a su mujer, que no se merecía haber tenido ese final tan temprano, sino por la angustia que estaba viviendo su hija.

Mora se sentó y la niña no salió de sus brazos.

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