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El perverso juego del Rey

El perverso juego del Rey

Autor: : Eliana-aaa
Género: Romance
Solo hizo falta una noche para que todo en mi vida se derrumbará. Él llegó a poner mi mundo de cabeza, a meterme en un mundo que me quebraría, a introducirme en un juego que acabaría con cualquier rastro de lo que era. Un juego en el que solo había un ganador, y no era yo.

Capítulo 1 0

¿No han escuchado la frase: "Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde"?

Pasamos mucho tiempo en nuestras vidas quejándonos de lo que tenemos, de lo que nos hace falta, de lo que nos rodea, de las oportunidades que perdimos, de lo que necesitamos, de lo que otras personas tienen y nosotros no.

Nos quejamos siempre de nuestra patética existencia deseando tener otra, queriendo tener el poder de cambiarla a mejor o peor, dependiendo de cada persona.

¿Por qué no hacerlo?, no es la vida la que define el sendero que debemos vivir, ese lo escogemos día a día tras cada decisión, tras cada respiración.

Es por eso que creo que esa frase está mal, creo que el verdadero significado de esa frase es: "Uno sabe lo que tiene pero nunca estará realmente satisfecho hasta que la vida nos lo quite".

Pero eso no es solo el problema, el problema es cuando la vida decide cobrarnos por habernos quejado de lo que ella nos brinda y dejamos pasar. El verdadero problema está en ese momento donde creemos que a vida nos deja de lado, nos olvida, nos patea y nos deja en el suelo sangrando esperando a que desistamos de seguir.

Y es justo en ese momento cuando nos alzamos, cuando tomando lo que nos queda de fuerza nos ponemos en pie, alzamos la cara y miramos a la vida con todo lo que tenemos diciéndole: "Aquí estoy, aquí sigo y no me voy a rendir. ¡ASÍ QUE MUESTRAME TODO LO QUE TIENES!".

Todas las personas llegamos a ese momento en donde por fin, luego de sufrir, llorar, patalear, exigir una cambio en nuestras vidas tomamos las riendas de nuestra existencia y es cuando la vida por fin te deja en paz.

Todos algún día lo tendremos, a lo mejor ya lo tuviste y, ¡Felicidades, eres un superviviente!

Pero si no lo has tenido, te aconsejo que escuches esta historia, porque Eira estaba a punto de tener su momento donde la vida la golpearía una vez tras otra, porque desde que era una niña la vida no había dejado de golpearla esperando a que reaccionará.

¿Sería muy tarde cuando por fin abra los ojos?, ¿Qué versión de ella misma quedará al final?

La vida no es nada más que un juego y, ella estaba a punto de entrar en uno peligroso que derrumbaría la máscara que ella delicadamente había levantado sobre ella misma.

Así que, señoras y señores. Bienvenidos al oscuro, peligroso, seductor y perverso juego del Rey.

~♚~

Bienvenidos a esta oscura historia.

Capítulo 2 1

No se puede vivir con la verdad en un mundo de mentirosos ~ Fabian Guthrie.

~♚~

Habían distintos tipos de molestia: una molestia contenida que se disfrazaba con una sonrisa hipócrita, una molestia que se notaba en la cara porque no podías dejar de mirar con fastidio eso que te generaba fastidio y, luego, estaba esa molestia helada y susurrante que se transformaba rápidamente en odio.

Así se veía mi madre.

Tenía una ceja encarnada en dirección a Amaia, sus manos apretaban con fuerza el rosario en la mano mientras que sus ojos de café claro miraban a mi amiga como si fuera la causa de todos sus problemas.

¿Cuál era el problema de la situación?

Amaia había planeado un viaje para celebrar que finalizamos el último semestre de nuestras respectivas carreras, había hablado con su padre que estuvo más que feliz en complacerá con un viaje a la ciudad de pecado, excesos y casinos: Las Vegas.

Mi madre, por otro lado, había pensado hacer una pequeña reunión con la familia Collins, la familia de Amaia y con un par de sus amigas de la iglesia con las que acostumbraba a quedar para, entre ellas, hablarse de cuál de sus hijos era el mejor.

Yo, solamente quería que se decidieran por alguna de las opciones para ir a visitar a mi padre, como todos los viernes.

-Le prometo que no haremos nada malo, señora Adams-suplicó Amaia en un vago intento de convencerla-. Usted sabe cómo es Eira, ella nunca haría nada que le falte el respeto a sus creencias.

¡Ah!, ese era el otro problema. A mamá nunca le había gustado la idea de que me alejara mucho de casa para no perder... la fe. Esa fe que me había levantado del suelo, que me había dado esperanzas y la tranquilidad necesaria para salir adelante.

No tenía ninguna intención de dejarla por ningún motivo: alcohol, drogas o sexo.

Ninguna de esas alternativas me atraía demasiado y solo pensar en ellas me llevaba a cosas que era mejor mantenerlas donde estaban. En el pasado.

Pero las palabras de Amaia no lograron calmar el enfado de mi madre que crecía cada vez más. Sus ojos castaños miraban a Amaia como si quisiera lograr someterla a su voluntad solo con la mirada, pero Amaia era incluso más terca que mi madre.

-Es demasiado tiempo, Amaia, lo siento pero no.

Su tono fue de completa convicción, pero yo sabía que Amaia no pararía hasta que mamá dijera el monosílabo que ella estaba esperando.

Yo nada más hacía acto de presencia, no me gustaba demasiado tener que decidir entre mi madre y mi única amiga. Amaia me brindaba espontaneidad, diversión, confianza y calidez; mamá me brindaba tranquilidad, control, rigidez y la paz que había buscado desde los 6 años. Las quería a ambas de diferentes maneras y sabía que ambas querían algo para mí: Mamá quería que tuviera una vida mejor, la tranquilidad y seguridad que ella no tuvo, un esposo y una familia. Amaia quería que tuviera una vida, me repetía hasta el cansancio que yo no hacía lo que yo quería, sino lo que mi madre quería para mí, que tenía que salir al mundo y descubrir que era lo que quería; y tenía toda la razón.

Escuche las súplicas y argumentos de Amaia, escuche las negativas y respuestas dudosas de mi madre que comenzaba a considerar la idea. No les ponía mucha atención en realidad, solo miraba el reloj en la pared del fondo, contando minuto tras minuto.

No tenía una mala vida: una casa cómoda, una familia amorosa, oportunidades para mi futuro, una buena amistad. Pero a veces... no sentía que estuviera viviendo nada, me sentía como en la parte aburrida de un libro, cuando no hay nada interesante que leer y comienzas a saltar los párrafos hasta que llega algo bueno.

Aunque estaba bien con eso, ¿Cómo no estarlo?, era ese cómodo aburrimiento el que daba tranquilidad a mi mente. Ya sabía yo que pasaba cuando pensaba demasiado.

Pasaron 15 minutos antes de que se pusieran de acuerdo y fue en ese momento cuando Amaia se tiró sobre mi madre para abrazarla.

-No se preocupe señora Adams, verá como todo sale bien.

Mamá aceptó el abrazo que Amaia le daba pero no se lo devolvió, mamá no daba abrazos nunca. Me dio una mirada de: "Hablaremos de esto después" antes de que Amaia me llevara a mi habitación con una enorme sonrisa de victoria.

Al entrar en mi pequeña habitación ella se tiro en mi cama como si fuera suya haciendo crujir las tablas.

-Deberías cambiar de cama-murmuró con un tono de satisfacción-, esta está a dos de mis caídas de romperse.

-Es que uno debería sentarse en ella, no tirarse como si pesará toneladas.

-¡Hey!-se sentó de golpe señalándome con su índice acusatoriamente-, entérate que estoy en mi peso ideal gracias al gimnasio.

Aún no entendía por qué había comenzado a ir al gimnasio, Amaia había sido la envidia de muchas desde que éramos niñas: el cabello rubio que siempre le obligaba a llevar su madre, sus ojos de un chocolate claro, los labios rosados y la piel perfecta, su cuerpo siempre había sido delgado pero con curvas en los lugares correctos. Muy diferente a mí, que fue la menos favorita de la genética, aunque también estaba bien con eso.

Me senté en la pequeña silla del escritorio que Amaia me había regalado cuando entramos en la universidad y revisé el borrador del discurso que tenía que dar para la ceremonia. Se me daba fatal hablar, pero, el decano de filosofía había adorado mis trabajos para una de sus materias y me había solicitado exclusivamente para esa tarea.

-¿Aún no terminas el discurso?

Pregunto Amaia con cierto tono de: "¿Para qué te esfuerzas si te va a quedar bien?". Mire la hoja llena de tachones y manchas.

-No, aún no está listo.

-Siempre tan perfeccionista-canturreo aburrida.

-¿Vas a ir hoy al gimnasio?-pregunté, sin apartar la vista de la hoja-, y deja el cuadro en su lugar Amaia.

-¿Cómo sabes que lo había tomado?-se quejó-, ¡Sí esta vez no hice ruido!

No lo había hecho, pero... había sentido que algo en mi habitación no estaba bien.

Con los años me había vuelto muy organizada con las cosas en mi habitación, a tal grado que, no podía dormir con tranquilidad si sabía que algo no estaba en su lugar.

-Solo lo sé-me giré en la silla-, ¿Vas o no?

-¿Vas a ver a tu padre o a acompañarme?-no me dejo responder, soltó un bufido de diversión-, déjalo, sé la respuesta. ¿Puedes creer que tu madre haya dicho que sí?

-No-admití-, aún creo que va a negarse en el último minuto.

-Pues ya es tarde para eso-hablo muy segura-, te llevo inconsciente si es necesario.

Solté una carcajada y negué, definitivamente Amaia no tenía remedio. Aunque en cuestiones de terquedad, mi madre y Amaia estaban a nivel.

Amaia espero a que me recogiera el cabello en una coleta antes de salir de la casa. La tarde en Terry estaba soleada y Amaia se encargó de disfrutar del sol mientras caminábamos.

-Deberíamos ir de compras-comentó emocionada-, no tengo ropa para llevar a Las Vegas.

-Tú armario es literalmente mi habitación, sí que tienes ropa.

-Además-continuó ignorándome-, deberías aprovechar para hacerte un cambio de look, sin ofender tienes un gusto terrible.

Mire el saco gris de lana que llevaba, era uno de los más lindos que tenía, generalmente usaba ropa ancha que no dejará entrever nada que resultará atractivo de ninguna manera porque no me gustaba. En cambio Amaia siempre usaba ropa que resaltaba su linda figura y siempre tenía una sonrisa en la cara que admiraba.

Ella pasaba por tanto y aun así se las ingeniaba para ser feliz.

-Se supone que la ropa debe gustarme a mí.

-No te ofendas linda-sonrió Amaia-, tu estilo hippie me encanta, pero vamos a ir a varias discotecas durante esos días ¿Podrías verte como una mujer joven solo por mí?

Puse los ojos en blanco y no respondí. Lo último que quería era ir por una discoteca, con un vestido y vigilando a Amaia que siempre se... enloquecía un poco con el alcohol.

Llegamos a la plaza y era aquí donde nuestros caminos se dividían, Amaia iría hacia la izquierda rumbo al gimnasio y yo hacía la derecha, rumbo a la iglesia.

Amaia soltó un suspiro de resignación cuando nos detuvimos.

-Dale saludos de mi parte-sonrió y beso mi mejilla-, nos vemos aquí en una hora.

-En una hora, Amaia-advertí-, si no llegas voy a sacarte del gimnasio.

-O siempre puedes ponerte a acompañarme en la rutina-me guiño un ojo-, aunque tú ya tienes un cuerpo de infarto.

Puse los ojos en blanco porque era mentira, Amaia siguió su camino y yo tomé el mío, caminando hacia la iglesia Señora del Rosario, era una iglesia algo pequeña pero que todos los sábados estaba llena.

La mayoría de personas en Terry eran católicas y asistían a la misa puntuales, mi madre entre ellas, quién nos había puesto en el camino de dios desde que yo tenía 7 años, desde entonces cada sábado a las 7 de la mañana estábamos en primera fila para tomar el sermón.

Al llegar a la iglesia, vi al hombre mayor de cabello canoso y un poco más bajo que yo que usaba anteojos que regaba las plantas de alrededor de la iglesia.

Me persigne antes de acercarme al padre Carlos.

-Buen día, padre.

-Buen día, Eira-me dio una sonrisa amable-, ¿Vas a ver a tu padre?

-Así es.

Casi todos sabían qué hacía yo aquí cada viernes, no era algo raro verme en este lugar. Metí las manos en los bolsillos del jean mientras el padre dejaba la jarra en la ventana de la iglesia para mirarme con amabilidad.

-Salúdalo de mi parte-asentí amablemente-. Me ha dicho tu madre que estás interesada en unirte al grupo de las hermanas de la castidad.

Sonreí aunque no me sentía con ganas para sonreír o seguir la conversación, pero tampoco tenía la disposición de irme porque, de una u otra manera terminaría hablando con él sobre eso, al fin de cuentas era el padre Carlos quien se encargaba de las pocas solicitudes a la hermandad.

-Aún lo estoy pensando.

-¿Qué te tiene indecisa, hija?, ¿Acaso será Austin Collins?

Esa no era del todo la razón, pero si una parte de ella. Si al final decidía irme por la opción de Austin, no podría unirme a las hermanas de la castidad porque me casaría con él y las hermanas de la castidad no podían tener ningún tipo de relación con nadie.

Uno cree que en pleno siglo XXI los padres dejan de arreglar los matrimonios de sus hijos, pero no es así, la madre de Austin esta tan ilusionada con esa opción como mamá.

Igual Austin no es una mala persona: es amable, dulce, resulta tierno, inteligente, centrado y parece tener muy buenas intenciones. Yo no estaba enamorada de Austin, pero, tampoco podría saberlo si no me daba la oportunidad de conocerlo.

-Así es, padre.

-Oh, no te apresures en tomar una decisión, hija. Dios sabrá guiarte para saber si lo mejor es unirte a sus servidores o llevar una vida familiar junto al buen muchacho Austin.

-Eso espero, padre.

-Entonces no te quito más tu tiempo. Ayer se limpiaron las lápidas y tuvimos especial cuidado con la de tu padre.

-Muchas gracias.

Le di una última sonrisa antes de pasar por su lado para caminar hacia el cementerio donde estaba enterrado Jonathan Adams, mi padre.

A veces..., me preguntaba cómo estaría ahora si él nunca se hubiera ido a esa misión, si se... hubiera quedado conmigo.

Me acerque a la lápida de mármol negro brillante que tenía su nombre en letra blanca junto a una frase corta: "Amado esposo, padre, hijo y soldado". Me senté en la tierra frente a la lápida y mire el mármol como si... fuera él.

-Hola, papá-le sonreí.

Siempre hablaba con él, no me importaba que la gente pensará que estuviera loca o que hablaba al vacío. No sabía si él me escuchaba o no, pero..., me ayudaba a liberarme.

-Aún no logro terminar el discurso para la graduación, no quiero hacerlo en realidad, pero a mamá le emociona la idea y ya sabes que yo no puedo decirle que no-suspire-. Pero eso está bien, ¿No?, los hijos tienen que esforzarse en hacer felices a sus padres y tú sabes que siempre me he esforzado en complacerla.

Me hacía feliz contarle cosas a él, aunque no me escuchará, era fácil imaginar que si estaba allí, sentado frente a mí escuchándome atentamente y sonriendo ante la mención de cualquier cosa.

-Emyli es una chica increíble-asegure mientras arrancaba pequeños pedazos de césped-, muy inteligente y amable, seguro estarías orgulloso de la chica que es, yo se lo repito cada que puedo.

Había dejado de llorar hace años por él, pero aun así lo extrañaba mucho aunque no lo recordaba del todo bien, aun sentía ese dolor en mi pecho de su ausencia y una... parte de mi esperaba que alguien llegará a decirme que había sido mentira lo de su muerte y que llegaría a protegernos por fin.

Pero sabía que eso no pasaría.

-Y mamá está bien-susurré-, ella te extraña también... a su modo, tú sabes cómo es ella-mire le mármol sintiendo esa presión en mi pecho-. Espero que tú también estés bien papá.

Alce la cabeza para ver el cielo despejado y azul, dejando que por un momento esa sensación de libertad y tranquilidad me llenará el cuerpo entero.

-Todas te extrañamos-susurre al cielo-muchísimo, papá, no se... porque te fuiste pero supongo que era lo que tenía que pasar-me abrace a mí misma-, pero no te preocupes, no dejaré que ninguna te olvide, fuiste un gran padre.

Baje la vista a la lápida y recosté mi frente en el frío mármol como si quisiera sentirlo cerca de nuevo, como si quisiera que de ella saliera él y me abrazará para hacerme sentir segura.

Ese era uno de los pocos recuerdos que tenía de papá, recordaba sus abrazos que me hacían sentir segura siempre, que me... alegraban el día.

Pero tenía que irme, a final de cuentas, no podía quedarme aquí para siempre. Tenía que terminar un discurso y comenzar la lista de pros y contras que me harían elegir una de las dos opciones que tenía para mi futuro.

-Deséame suerte esta semana, papá.

Me levante del suelo y me encamine de nuevo a la iglesia para volver a la plaza, tomaría un café mientras esperaba a que Amaia volviera del gimnasio para ir a casa.

Me tope de nuevo con el padre Carlos en la puerta de la iglesia, pero no estaba solo.

-Eira-me saludo Adriana Collins alegre-, que placer verte.

Me acerque a ellos con una, ya practicada, sonrisa amable y acepte el abrazo que la mujer de cabello negro me ofrecía.

Adriana Collins era la amiga más cercana de mi madre y, de hecho, había sido mi madrina de primera comunión y bautismo.

Lentamente me soltó y su hijo, Austin solamente me sonrió mientras sus mejillas se tornaban rojas como siempre que estábamos frente a frente.

-Igualmente-le sonreí a Adriana-, pero ya me iba.

-Oh, ¿Y a dónde vas?-preguntó curiosa.

Internamente quise tener a alguien que entrará por la puerta y dijera que alguna casa se estaba quemando para no tener que decirle a Adriana que iría a la cafetería a esperar a Amaia.

-A la cafetería.

Respondí al ver como el padre Carlos se retiraba con una sonrisa, Adriana sonrió alegremente y tomo a su hijo por el hombro para acércalo a ella.

-¿Por qué no acompañas a Eira?-Adriana se giró a ver a su hijo con la misma mirada silenciosamente amenazante que conocía en mi madre-, yo tengo algo que hablar con el padre y luego iré al centro comercial por unas cosas.

-No es necesario-me apresure a decir-, yo esperó a Ama-

-No importa querida-me interrumpió Adriana-, es muy peligroso que una chica como tú ande sola por ahí-me miro con preocupación-, ¿Y si algo te pasara?, ni Austin ni yo nos perdonaríamos eso.

Pero ya había pasado...

Austin me ofreció una mirada que tenía grabada la palabra: "Lo siento". Me esforcé en sonreír amablemente mientras guardaba mis manos en mis bolsillos.

-Está bien, solo si Austin quiere no tengo ningún problema.

-Si quiero.

Respondió Austin mucho antes de que su madre terminara de girar la cabeza en su dirección.

Sonreí algo incomoda y me despedí de Adriana que le dio dinero a Austin para que me "invitará algo". Salí de la iglesia en compañía de uno de los chicos más lindos de Terry.

Austin Collins había sido el deseo de pasillo más repetido durante toda mi vida, siempre que iba pasando de un curso a otras, más chicas comenzaban a ponerle más atención y murmurar entre ellas que lo querían. A mí me daba igual. Pero más de una vez lo noté incomodo por los comentarios que recibía de parte de la población femenina.

Todo empeoró cuando comenzó a ganar popularidad en el equipo de fútbol de la preparatoria, eso solo hizo que todos comenzarán a hablar de él y lentamente tuvo que adaptarse a esa atención. Pero..., lo había conocido parte de mi vida, lo había visto cada fin de semana en mi casa y sabía que era la clase de chicos que preferían pasar desapercibidos aunque su físico los hiciera resaltar.

-Lamento lo... de antes.

Gire la cabeza para mirarlo en cuanto hablo con esa toda de culpa y vergüenza, sus mejillas se sonrojaron cuando me ofreció una sonrisa amable.

-No importa-le aseguré-, no es como si nunca hubiéramos ido por un café.

-No es eso-siguió susurrando casi con vergüenza-, mamá es algo... intensa al respecto.

-¿Intensa?

Nos acercamos a la plaza y vi a las personas pasar de un lado a otro para ir a donde fuera que iban, pero, alguien paso muy rápido a mi lado empujándome, haciendo que mi espalda terminará contra el cuerpo de Austin.

Me gire de inmediato y me aleje de su cuerpo, sentí por primera vez en presencia de Austin. Austin no me ponía nerviosa, a veces solo me incomodaba su incomodidad al estar cerca de mí.

El rostro de Austin estaba completamente rojo y sus manos apretadas en puños.

-Lo siento, yo no-

-No pasa nada-me interrumpió con delicadeza-, sé que no fue tu culpa.

Ahí, con las mejillas completamente rojas y sus ojos marrones mirándome fijamente, admití que Austin era atractivo. Su cabello castaño claro parecía dorado por la luz del sol, su mandíbula marcada y rostro perfilado lo hacían parecer maduro, su cuerpo era fuerte por el deporte que practicaba. Todo él era atractivo.

-Mejor, vamos a la cafetería.

Me gire y comencé a caminar más rápido tratando de ignorar la punzada que me apretó el pecho.

No importaba lo atractivo que fuera, lo amable que fuera y lo mucho que tratará de esforzarse porque fuéramos algo, porque yo sabía que no podía corresponderle como merecía.

Entre en la cafetería y me senté en una mesa que estaba al lado de la ventana desde la que podía ver a las personas pasando por la plaza, Austin se sentó frente a mí con las manos sobre la mesa con notable confusión.

Austin era fácil de leer, siempre lo había sido, su rostro siempre dejaba ver lo que pensaba y me era fácil comprenderlo.

-¿Pasa algo?-preguntó confundido luego de un rato-, ¿Dije algo que-

-No-lo interrumpí con la vista fija en la ventana-, no fuiste tú Austin.

No tardó en llegar un mesero y yo pedí un batido de vainilla, mientras que Austin ordenó un batido de chocolate y dos trozos de tarta de fresa.

-Espero no te moleste-susurró en cuanto se fue el mesero.

-Está bien-asegure.

Volvimos a quedar en silencio y..., por un momento me hubiera gustado ser esa niña de 6 años que obligaba al amigo de su mamá a jugar a las princesas.

Austin y yo habíamos sido buenos amigos hasta los seis años, siempre estábamos jugando y hablando, pero luego..., yo me había alejado de todos, aunque Austin seguía yendo a casa luego de la iglesia, yo ya no hablaba con él, no jugaba con él. Y con los años, cada vez era más incómodo y tenso el ambiente cuando estábamos solos.

-Mamá me dijo que darás el discurso de la graduación-comentó para romper el silencio.

Lo mire confundida, pero la respuesta llego sola: mamá le había dicho a Adriana. No me sorprendía, ella nunca perdía la oportunidad para decir las cosas buenas que hacía o me pasaban.

-Si-murmure algo incomoda-, aunque no está listo.

-Aún quedan un mes para la graduación, seguro ya lo tendrás listo para entonces-sonrió.

Mire al chico que había sido mi amigo hace años y vi tanta... seguridad y confianza en lo que decía que, me sorprendió y me confundió.

-¿Eso crees?

-Claro-sonrió amablemente-, recuerdo que siempre tenías los mejores trabajos en la preparatoria.

-Lo dices como si hubiera pasado hace mucho tiempo.

-Cuatro años son mucho tiempo.

Sonreí divertida ante el tono de exageración con el que había dicho aquello, Austin también sonrió abiertamente y vi un hoyuelo formarse en su mejilla izquierda.

El mesero llegó con lo que habíamos pedido y yo tome el batido bajo la mirada de Austin.

-Vi el juego pasado-comenté mientras movía el pitillo dentro del batido-, ahora entiendo el revuelo cada vez que juegan.

Amaia me había arrastrado al partido porque quería escapar de su madre y sabía que le sería difícil a su madre encontrarla entre toda la población estudiantil que se reunía a ver al equipo de la universidad jugar.

En los pasillos se decían lo buenos que era y que llevaban una larga temporada sin perder ningún partido.

-¿Enserio?

La sorpresa de Austin me pareció... tierna, al ver como sus cejas se habían alzado y sus ojos me miraban en busca de cualquier señal de una mentira.

-Si.

Me lleve el pitillo a la boca y deje que el dulce líquido entrará en mi boca. Me gustaba mucho este batido, lo tomaba desde... hacía muchos años.

-No te vi.

-No me quede todo el juego-le expliqué-, Emyli me avisó que tenía que pasar por ella a la preparatoria, así que me fui.

-Una lástima.

Su murmullo lleno de verdadera tristeza me hizo fruncir el ceño.

-¿Qué?-pregunté confundida.

-No haberte visto antes-susurró mientras sus mejillas se sonrojaban de nuevo-, me hubiera... gustado haberte visto entre la multitud.

-No me habrías visto entre tantas personas.

-Lo hubiera hecho.

Sus ojos me miraron con verdadera determinación y... me sentí de repente muy nerviosa de esa mirada, de la forma en la que había asegurado que me hubiera visto entre todas las personas y que le hubiera gustado verme.

¿Enserio le hubiera gustado verme?

No importaba si yo sabía que no podía sentir lo mismo.

Aparte la mirada y partí un trozo de la tarta con la cuchara para tener una excusa para no verlo o hablar. Pero Austin no apartó la mirada de mí mientras que yo masticaba.

-Tu madre nos invitó a tu graduación-mencionó con algo de seriedad-, quería preguntarte si está bien que vayamos.

No me sorprendía eso también, Austin había estado en todos los eventos en los que había participado porque mamá se aseguraba de que estuviera allí, como si eso fuera a asegurar que me enamorará de él.

-Ya los invitó ella-murmure-, se vería muy feo que yo retirará esa invitación.

Austin apretó los labios como... si estuviera conteniéndose o algo similar, en todos esos años no le había visto esa expresión, me desconcertó.

-No-aseguró con seriedad-, enserio quiero saber si nos quieres allí o no.

-Siempre han estado en todos los eventos a los que mamá los ha invitado-comencé a jugar con el pitillo-, ¿Por qué ahora importaría si quiero que estén o no?

-Porque a mí me importa-aseguró.

Y lo que hizo después me sorprendió aún más. Tomo mi mano, la que antes sostenía el pitillo con mucha delicadeza y atento a cualquier reacción de mi parte.

No sabía..., porque ese simple contacto, la calor que su piel dejaba sobre la mía me paralizo. No podía dejar de mirar la mano que cubría mi mano y se sentía como si su piel fuera eléctrica.

No... me gustaba en general el contacto, me resultaba demasiado extraño cuando no conocía a la persona que me tocaba, pero, Austin era... incluso delicado para algo tan simple como tomarme de la mano.

-Si te molesta puedo quitarla, yo no sé-

-No-aparté mi mirada de su mano para ver sus ojos castaños-, está bien.

Y se sentía bien, eso era todavía más raro. No es que eso hiciera que me pusiera nerviosa o que el estómago se me revolviera como en los libros, pero, si... se sentía agradable.

-Y también está bien si van a la graduación-murmure tomando con mi otra mano el pitillo-, somos amigos después de todo ¿No?

-Si.

Pero eso hizo que su alegría decayera un poco, alejo su mano y una parte de mí se sintió aliviada de que ya no sintiera su calor directamente en mi cuerpo, como si me hubieran dejado respirar luego de estarme ahogando por un rato.

Comimos en silencio y volví la vista a la ventana, donde las personas pasaban en concentrados en su vida o la persona que iba a su lado, entre ellas vi una cabellera rubia, pensé que era Amaia, pero se trataba de su madre que iba hablando alegremente con un hombre algo más mayor que ella.

Fruncí el ceño de desagrado hacia esa mujer y volví la vista al frente, donde veía de nuevo la incomodidad en el rostro de Austin, que jugaba con el vaso de cristal vacío en sus manos.

-¿Y qué vas a hacer cuando termines la carrera?-pregunte luego de un rato para no estar en silencio-, mamá me dijo que estabas por terminar la licenciatura en educación física.

Eso pareció emocionarlo, porque sonrió abiertamente.

-Pues, me ofrecieron un contrato para un equipo de fútbol profesional-murmuro emocionado-uno muy bueno.

-Que bien-sonreí honestamente-, seguro tu madre está muy emocionada.

-Esta histérica con eso-sonrió divertido-, no quiere que me vaya de aquí pero quiere que conozca el mundo y cumpla mis sueños.

Sonreí porque no sabía que decirle al respecto.

Ojalá pudiera tener esa oportunidad de alejarme de aquí y conocer el mundo, ver qué más puede ofrecerme el mundo. Pero no quería los riesgos que traía consigo otro lugar, no quería preocuparme nunca más por nada así que, era mejor quedarme aquí, en casa.

-¿Y tú?-preguntó curioso-, he escuchado por ahí que te ofrecieron un puesto en una compañía prestigiosa.

Y así había sido, pero tendría que mudarme, tenía que dejar a mi familia e ir a otra ciudad donde no tendría a nadie.

Amaia me había rogado que aceptará pero esa misma tarde negué el ofrecimiento y no le dije nada a mamá porque sabía que ella me quería cerca para cuidarme y yo no tenía intenciones de irme

-Si-murmure algo incomoda-, pero no era para mí.

-¿Por qué no?-se removió en la silla para mirarme con completa curiosidad-, escuche que muchas de tus compañeras querían ese puesto.

-Si, por eso lo rechace-me rasque la nuca incomoda-, no era lo mío.

-¿Y entonces que es lo tuyo?

Esa era una muy buena pregunta. Gire la cabeza para ver a la ventana y me sorprendió ver la plaza casi sola, eso solo pasaba cuando pasaban de las 5 de la tarde.

Saque mi celular del bolsillo trasero del jean y eran exactamente las 5:45 pm.

-No puede ser.

Me puse de pie al ver el montón de mensajes que tenía de Em, que, había salido cerca de hace una hora de la preparatoria.

-¿Qué pasa?

-Me tengo que ir.

Saque un billete de la funda del celular y lo deje sobre la mesa, Austin de inmediato me lo tendió.

-Deja yo pago y te acompaño.

-No es necesario, puedo pagar yo.

Austin no lo puso a discusión porque me puso el billete en la mano y dejo él el dinero sobre la mesa.

Salí mientras llamaba a Emyli, debía de estar furiosa porque la había olvidado.

¿Cómo era posible que hubieran pasado casi tres horas y no me hubiera dado cuenta?, no teníamos la conversación más interesante del mundo con Austin como para echarle la culpa a eso.

-Pensé que te habían secuestrado-se quejó Em apenas contesto.

-Lo siento, es que se me pasó el tiempo y no me di cuenta de la hora-me disculpe-, ¿Ya estás en casa?

-No-escuche que se reía divertida-, estoy en casa de Alice, ¿Vienes por mí?

-Estoy allá en cinco minutos-aseguré.

Austin caminaba a mi lado en silencio, con las manos en los bolsillos y la mirada sobre mí.

-¿Cinco minutos tuyos o cinco minutos de verdad?-se burló

-Es la primera vez que me tardó, no seas cruel-me defendí.

-Es la segunda vez este mes-me recordó-, ¿Recuerdas el viernes de la semana pasada?

-Tenía que hacerle un favor a mamá-me defendí de nuevo-, ya nos vemos.

-¡Tú no puedes ponerte de mal humor porque no fuiste a la que olvidaron!

Corté la llamada y guarde mi celular de nuevo en el bolsillo trasero del jean, metí mis manos en mis bolsillos y me dispuse a caminar en silencio al lado de Austin.

-Lamento haberte retrasado-se disculpó como si enserio fuera su culpa.

-No pasa nada-sonreí al camino porque sabía que me veía-, no fue tu culpa.

El resto de camino fue silencioso, llegue a la casa de Alice, la amiga de Emyli y toque la puerta para esperar a que saliera mi hermana. Austin espero unos pasos más atrás mientras que la puerta se abría y Emyli salía con su cabello castaño recogido en una trenza de lado y una sonrisa grande.

-Hola hermanita hermosa-saludo alegre-, ¿Sabías que te amo?

-¿Ahora qué hiciste?

La sonrisa de ángel y el tono dulce que ella había usado significaba que quería ayuda con algo, algo que no me gustaría.

-¡¿Por qué crees que hice algo?!-preguntó en exceso ofendida-, a lo mejor solo... ¡¿ESTAS SALIENDO CON AUSTIN?!

Estaba segura de que su grito lo había escuchado perfectamente cada persona en la cuadra, en especial el chico a unos pasos de nosotras. Sentí que todo mi rostro se ponía completamente rojo y mire a Emyli muy molesta.

-No, no estoy saliendo con él. Y seguiremos hablando en casa.

-Deberías salir con él-murmuro divertida pasando a mi lado-, se verían muy lindos juntos.

Entrecerré los ojos cuando, muy divertida y alegre tomo la mano de Austin para comenzar a hablar de su día mientras caminábamos de vuelta a casa.

Austin vivía a unas casas de las muestras así que no era un problema que nos acompañará, además de que Emyli no le había dado otra opción, a veces no parecía que tuviera 16.

Austin sonreía por compromiso a lo que decía Emyli cada vez que ella lo miraba y me parecía divertida la forma en la que casi me pedía ayuda con los ojos cada que mi hermana no lo miraba.

-Deja de molestarlo, Em-repetí por cuarta vez en 15 minutos.

-Yo no lo molesto-se defendió ella-, ¿Verdad que no, Austin hermoso?

Él no dijo nada y Em siguió hablándole de algo que no estaba escuchando porque iba tratando de hablar con Amaia, habíamos quedado de vernos en la plaza y no había pasado eso.

Ni siquiera me había escrito o llamado para avisarme que no iría a la plaza, ¿Acaso...?

-Tengo deberes que hacer-canturreo Emyli divertida-, te veo adentro hermanita hermosa.

Me sonrió angelicalmente y yo le mire todo el camino hasta el interior de la casa, respire profundo antes de mirar a Austin que sonreía divertido.

-Algo quiere, ¿Verdad?

Hasta él se había dado cuenta.

-Si-guarde mis manos en mis bolsillos-, gracias por haberme acompañado hoy, Austin.

-No tienes por qué darlas-murmuro sonrojándose, de nuevo-, mejor dicho gracias a ti por haberme dejado acompañarte.

Sonreí a modo de despedida y volví al interior de la casa, escuche los pasos de Austin alejándose así que entre a la casa donde Em me esperaba con los brazos cruzados.

-¿Qué fue esa despedida tan fea?-se quejó-, te aguanto toda la tarde y me aguanto a mí de camino a casa ¿Y no le diste ni un besito?

-Mi vida amorosa es lo último que debería preocuparte-me cruce de brazos-, ¿Qué paso hoy?

De repente su queja quedo en el olvido porque sonrió inocentemente mientras sacaba del interior de su saco del uniforme un papelito pequeño.

Lo tome con algo de desconfianza y mire lo que tenía escrito el papel: "Cordialmente invitada a la fiesta que se hará mañana en la noche en mi casa"

-¿Una fiesta?-la mire incrédula-, sabes que mamá no te dejará ir.

-No-alargó divertida-, pero si tú le dices que iras a recogerme si lo hara-junto rápidamente las manos frente a su cara-. Por fa, Eira, ayúdame esta vez y no te pediré nada el resto del año.

-Me dijiste lo mismo hace tres meses-le recordé.

-¡Pero esta vez es enserio!-me aseguró-, ¿Si?

Respire profundo porque sabía que no le diría que no a nada y, por eso ella se aprovechaba de eso para conseguir lo que quería. Asentí y ella me rodeo emocionada con sus brazos mientras me repetía lo buena hermana que era.

Pero me preocupaba Amaia, cada vez que ella... desaparecía por tanto tiempo era por algo malo, por algo que la destrozaba, por algo de lo que no podía escapar y la consumía lentamente.

Deje a Em en su cuarto para que hiciera sus deberes y entre en mi habitación dispuesta a llamar a Amaia hasta que atendiera, pero no fue necesario.

-No preguntes nada-susurró con la voz quebrada-, por favor.

Ella no necesitaba decir más para que corriera a su lado y la consolará en silencio, dejándola sacar por dentro todo el dolor y sufrimiento que tenía por dentro, que le quemaba el cuerpo entero y la hacía sentirse mal con ella misma.

Sentía cada lágrima que ella derramaba como mía, porque ella ya me había consolado antes a mí, porque ella ya había aguardado a que yo liberará todo lo que tenía por dentro así que lo justo era que yo hiciera lo mismo.

-No es tu culpa-susurré contra su cabello mientras ella se aferraba a mi ropa con fuerza en cada sollozo -, no eres tú la que hace eso Amaia, eso no te define.

Deje que sollozará contra mi pecho mientras que yo le acariciaba la espalda y trataba de consolarla. Sabía cómo se sentía, la entendía aunque no en toda la complejidad de su situación.

~♚~

Este es el primer capitulo y de corazón espero que les guste.

Próximo capítulo: viaje y primer encuentro.

Capítulo 3 2

La elección, no la casualidad, determina tu destino ~ Aristóteles.

~♚~

[5 Julio 2021]

La cabeza me palpitaba y miré a la causa de mis pocas horas de sueño a mi lado durmiendo tranquilamente. Me levanté de la cama y miré la hora en mi celular.

5:30 am.

Todavía faltaba casi una hora para tener que estar en el aeropuerto. Yo no iba a poder dormir demasiado pero no por eso iba a despertar a Amaia, por lo que salí de la habitación y entré a la cocina encontrando a mi hermana con una sonrisa dirigida a su celular.

-¿Es el chico de la fiesta?

Mi voz la asustó, ella se giró y me miró con el ceño fruncido por estar despierta o haberla atrapado mientras se escribía con ese chico. Al final ambas habíamos convencido a mamá de dejarla ir a la dichosa fiesta y, Emyli me había arrastrado a ese lugar para dejarme afuera, tampoco es que me muriera por estar en una fiesta.

Cuando llegó la hora en la que ambas debíamos volver a casa, tuve que entrar a buscarla a la casa llena de chicas y chicos ebrios y ansiosos. La encontré luego de una larga búsqueda en un rincón besándose con un chico que parecía bastante más mayor que ella.

Ella en cuanto me vio me sacó arrastrada y no me dijo nada al respecto.

-No-espetó ella de mala gana y giró la pantalla para que viera la conversación con su amiga-, mi felicidad no se reduce a un chico imbécil.

-Así que no te ha escrito.

Deduje por su tono frustrado, Emyli, que de inmediato se cruzó de brazos y apartó la mirada como si estuviera molesta conmigo, cosa que no era cierta.

-No-soltó un bufido-, ¿Por qué no me escribe?, creí que le gustaba.

No quería decirle a mi hermana, que una gran parte de chicos en esa edad solamente buscaban una cosa y dirían lo que fuera para conseguirla.

Debí haberle advertido, pero, Emyli quería experimentar las cosas por su cuenta y si ella quería equivocarse yo iba a dejarla.

-¿Y si le escribes tú?

-Yo no tengo porque escribirle-espetó ella como si fuera lo más obvio-, él fue el que me arrinconó en una esquina y me metió la lengua hasta la-

-No necesitas ser tan explícita-espeté asqueada logrando que riera-, creo que pasar tanto tiempo con Amaia no te está sentando bien.

Pase por su lado para llenar un vaso con agua. Emyli se encogió de hombros mientras me miraba beber de la deliciosa agua.

Siempre tenía la garganta seca al despertarme.

-¿Te emociona ir de viaje a la ciudad del pecado?

-Si mamá te escuchará decir eso seguro me ataría en el sótano-Emily rió mientras asentía dándome la razón-. No me emociona tanto, si me hace feliz poder alejarme unos días para decidir qué hacer con mi vida luego.

-¿Enserio quieres casarte con Austin?-preguntó con una mueca.

Emyli era bastante consciente de las opciones que mamá me había ofrecido, yo no estaba segura de ninguna de las dos, pero no me interesaba buscar una tercera. Mamá había pasado 15 años de mi vida buscando lo mejor para mí y yo le estaba inmensamente agradecida por quitarme ese peso a mí.

-Austin no es un mal chico.

-Eso no fue lo que pregunte-reprochó Emyli entrecerrando los ojos.

Una pregunta que había evitado hacer por mucho tiempo.

¿Enserio quería casarme con Austin?

Era una opción y, sonaba cruel mostrarlo como tal porque nadie en esta vida debía ser una opción. Pero Austin era la mía. No sabía si él conocía o no el plan de nuestras madres para unirnos, no sabía si a él también le tocaba elegir dos opciones en su vida.

A lo mejor sonará cruel.

Pero... Austin era una buena opción. Era amable, dulce y estaba segura de que tenía todas las cualidades para ser un buen esposo, me había dicho que se iría de Terry y, tal vez, si me fuera con él podría dejar atrás por fin todo... eso que no podía soltar tan fácil.

Aunque eso no respondía la pregunta: ¿Quería casarme con Austin?

-No estoy segura-respondí bajo la atenta mirada de mi hermana-, no sería una mala idea.

-Eira no sé qué es lo que crees que le debes a mamá, pero-

-¿Qué hacen, chicas?

La voz de Amaia le causó un susto de muerte a mi hermana que se cubrió la boca y miró a la puerta como si no se creyera que no era mamá la que estaba en la puerta frotándose los ojos con fuerza.

El cabello rubio de mi amiga estaba alborotado y aun así se veía linda. Yo en cambio siempre tenía que cepillarme el cabello para verme medianamente decente.

-¿Estaban hablando cosas sucias?

Mi amiga alzo la cabeza al ver que mi hermana y yo nos habíamos quedado muy en silencio. Amaia encarnó una ceja divertida y yo sacudí la cabeza.

Emyli estaba hablando de cosas sin sentido y no iba a darle importancia porque simplemente no la tenía.

-Claro-murmure con sarcasmo-, porque la cocina es el lugar perfecto para hablar de cosas sucias.

-¿Por qué no?-sonrió Amaia divertida-, si la situación se pone muy-bajo y subió sus cejas-candente, pueden echarse agua encima.

Le hice mala cara al mismo tiempo que Emyli reía ya relajada. Durante unos minutos Emyli pregunto por lo que llevaría Amaia al hotel donde nos quedaríamos y ella comenzó a parlotear sobre sus muchas maletas.

Mire a mi hermana y, aunque no quería darle importancia a sus palabras no podía dejar de pensar que a lo mejor... lo hacía todo por ella. Pero no, no podía ser por eso.

Mamá solamente había querido ayudarme para tener un mejor futuro del que tuvo ella, nada más.

Salimos de la cocina cuando mamá nos mandó a todas a la habitación para arreglarnos. Amaia no dejaba de decir lo feliz que estaba de poder salir de fiesta cada noche, de beberse todo lo que la cuenta de su padre le permitiera y de lucir sus vestidos más lindos.

Yo me puse algo cómodo pero ligero, hasta donde sabía en Las Vegas hacía mucho calor y no planeaba estar sudando todo el líquido que tenía mi cuerpo mientras salía a explorar los alrededores.

El padre de Amaia, el señor Magnus, nos llevó al aeropuerto mientras que Emyli y Amaia iban cantando a mi lado una canción seguro muy alegre que no me esforcé en escuchar.

Solo podía sentir la mirada de mamá fija en mi a través del retrovisor, estaba preocupada por mí, pero, me alegraba que se estuviera esforzando por dejarme ir al viaje como si solamente me fuera unas horas.

Sabía bien que luego de... eso, bueno, mamá había tratado de protegerme de todo lo que podía pasarme si me alejaba de casa, pero, estaba segura que no iba a pasarme nada malo. A final de cuentas, a veces el peligro está justo a tu lado y solamente lo notarás cuando sea demasiado tarde.

Al llegar al aeropuerto, el señor Magnus bajo las dos maletas llenas de ropa de su hija mientras la abrazaba fuertemente al igual que Emyli hacía conmigo.

-Te voy a extrañar-murmuro con su cara entre mi cuello-, muchísimo.

-Te traeré algo de recuerdo-asegure acariciando su cabello castaño-, ya verás que el tiempo pasa muy rápido.

-Ojalá-suspiro ruidosamente antes de susurrar en un tono confidencial:-. Voy a extrañar a mi cómplice.

Sonreí divertida.

Porque era mi deber como hermana mayor haberle dicho a mamá que Emyli... había hecho cosas que no podía en la fiesta, pero, Emyli debía vivir todo lo que pudiera y la apoyaría solamente cuando no fuera muy malo.

-Será mejor que no te acostumbres a ella-susurre de vuelta.

Emyli se apartó con una sonrisa y negó mientras secaba las lágrimas que se le habían escapado. Mamá me paso una mochila algo grande donde llevaba todo lo que yo necesitaba, antes de abrazarme con fuerza.

-Prometeme que vas a cuidarte-murmuró preocupada.

La rodeé con mis brazos sintiendo como su corazón latía acelerado contra mis manos.

-Voy a cuidarme-le aseguré-, cuida de ti también-pedí.

Me negaba a recordar ese horrible año al igual que mamá, pero, ella sabía de lo que estaba hablando tanto como lo entendía yo.

-Todo estará bien-aseguró y me apretó con algo de fuerza-. Eira, prometeme que no harás nada malo.

-No lo haré.

No podía ofenderme porque lo pensará, después de todo, era mi madre y era su trabajo preocuparse siempre por mí.

-Te llamaré todos los días jovencita-advirtió separándose de mi para que pudiera ver sus ojos castaños llenos de preocupación-, más te vale contestarme.

-Lo haré mamá-aseguré con media sonrisa.

-Eso espero-asintió y beso mi frente-. Cuidate mucho hija, no hagas nada malo y disfruta pacíficamente-me recordó.

Asentí y antes de poder decir nada, Amaia me recordó que era hora de ir a la sala de espera porque estaba por comenzar la hora de abordar, así que me despedí de mamá, Emyli y el señor Magnus rápidamente antes de correr junto con Amaia que tiraba de mi brazo.

Pasamos las revisiones y pudimos entrar al avión que haría una escala en Denver, Colorado antes de llegar a nuestro destino.

Una vez nos sentamos, Amaia quedo a mi lado mientras que yo veía por la ventana hacia la pista y a un avión cercano, según mi amiga ver como despegaba el avión no le gustaba así que no lo veía.

-¿Vas a escuchar música conmigo?-preguntó Amaia desenredando sus auriculares.

-No-me dolía un poco la cabeza por no haber dormido bien-, está bien.

-Como quieras-murmuró ella mientras conectaba los auriculares-, pero es un viaje algo largo, así que cuando gustes toma uno y póntelo sin preguntar.

Asentí antes de volver la vista a la pista mientras escuchaba los motores del avión comenzar a encenderse al igual que la voz de una azafata que explicaba lo que debíamos hacer durante el vuelo y de que debíamos apagar los celulares en ciertos momentos del vuelo.

-Por cierto-murmuro Amaia cuando el avión comenzaba a avanzar por la pista muy lentamente-, papá me pidió que te entregará esto. Es para ti.

Me tendió una bolsita roja pequeña y la mire confundida mientras que ella con una sonrisa cerraba los ojos y se ponía ambos auriculares.

Tome la bolsa que contenía una delicada y delgada cadena de plata con una pequeña cruz. Era algo delicado pero hermoso que me hizo sonreír, el señor Magnus era muy amable.

Cuando volvieramos le agradecería el hermoso gesto.

Me puse la cadena y vi pasar el tiempo y el paisaje mientras que sobrevolábamos varias ciudades. Al llegar a Denver bajamos de nuevo al aeropuerto solamente por un par de minutos que Amaia aprovecho para ir al baño y yo para tomarme un café.

Volvimos a abordar el avión y Amaia no tardó en quedarse dormida luego de un rato y a mí me entraron muchas ganas de ir al baño. Trate de aguantar pero, cuando no pude más salí de la silla y me encamine bajo la mirada de todos al baño.

Camine hasta el fondo del avión y cuando iba a abrir la puerta esta no cedió así que me impulse para abrirla como si fuera el baño de la universidad pero entonces, la puerta se abrió y golpee el pecho de un hombre empujándolo de nuevo al interior del baño.

-Lo siento.

Lo mire verdaderamente apenada. Él usaba un traje negro que seguramente era muy caro y su cabello negro estaba perfectamente peinado. A pesar de haberme disculpado él me miró como si yo fuera lo peor que había en todo el avión y murmuró algo que seguramente era un insulto en un idioma muy extraño y paso por mi lado.

Aquello me indigno mucho porque me dolían las piernas de estar sentada y el cuello pero no por eso iba desquitándome con cualquiera que me chocará.

-A nadie le gusta tener que estar en un espacio reducido con un montón de desconocidos pero no por eso tiene que ser tan grosero-me quejé.

Seguramente me escuchó porque se detuvo de espaldas a mí, pero, yo no tenía ganas de entrar en una discusión con un desconocido así que entre en el baño e hice lo que había venido a hacer.

Salí del baño y volví a mi lugar sin ningún otro evento. Me senté y recosté mi cabeza en la silla mirando de reojo a la ventana.

-Disculpe, señorita.

Escuche una voz baja pero amable que me hizo voltear la mirada al pasillo donde había una azafata bastante mayor de cabello rubio.

-¿Si?-pregunte confundida.

No había pedido nada y estaba segura de que Amaia tampoco porque estaba profundamente dormida.

-Esto es para usted-me tendió una copa de vino.

Mire la copa y luego a la azafata como si de repente no se hubiera dado cuenta de su error.

-Lo siento-trate de explicarle-pero yo no he pedido nada.

-Lo sé-asintió la mujer amablemente-, se la han enviado.

-¿A mí?-pregunté aún más confundida-, ¿No es de casualidad para ella?-señalé a Amaia.

Casi siempre que acompañaba a Amaia a una fiesta o a cualquier lugar terminaban enviándole cosas como bebidas o comidas a ella. Cosa que mi amiga disfrutaba, claro. Pero a mí nadie me miraba estando al lado de Amaia, cosa que a mí me gustaba.

El hecho de que alguien me enviará algo era muy raro. Demasiado raro.

-Es usted la señorita que salió del baño. Uno de los pasajeros me dio la orden expresa de traerle esto a la persona que saliera del baño.

¿A mí?, todo esto era rarísimo.

Mire la copa que ella me ofrecía y, cuando iba a alzar la mano me llegó un pensamiento a la cabeza. ¿Y si la enviaba el hombre del baño?, no... podía ser él. Había sido de todo menos amable, como para enviarme algo luego de lo que dijo, fuera lo que fuera.

-Nosotras mismas nos encargamos de servir todo-comenzó a explicar la azafata al ver que no le decía nada-y le aseguro que nadie ha puesto nada en la copa.

-¿Sabe quién fue el hombre que le pidió que me trajera eso?

-La verdad es que no conozco su nombre-confesó-. Pero por lo que se es un empresario de renombre y-

-¿Sabe cómo se veía?

No quería una biografía, quería la descripción para saber si había sido él o... algún otro pasajero sin ningún otro propósito en la vida que enviarle a otros copas de vino.

-Es muy...-se sonrojó-atractivo. Cabello negro, ojos castaños, usaba un traje y-

-Vale-asentí, era él-. Gracias.

Ella me dio la copa con una sonrisa y se fue.

Mire la copa con duda. ¿Por qué me había enviado una copa con vino?, lo último que me hubiera esperado era este gesto luego de lo que había pasado. ¿Era acaso esta su forma de disculparse?

Bueno, lo último que quería era una enemistad con alguien que no conocía y que seguramente no volvería a ver. A lo mejor había tenido un día muy malo y fue por eso que habían pasado las cosas así.

Le di un corto trago y me sorprendió lo suave que era el líquido. Contuve una sonrisa al darme cuenta que en realidad me gustaba. Bueno, siendo así no era una mala forma de disculparse.

Cuando llevaba la mitad de la copa sentí a Amaia removerse a mi lado.

-¿Pediste vino?-preguntó confundida.

Amaia sabía que yo no bebía especialmente mucho. No me gustaba en general el sabor pero esto era... magníficamente diferente.

-Quería probar algo diferente-mentí omitiendo la parte de que alguien me la había enviado-. ¿Quieres?

Amaia abrió la boca con sorpresa antes de sonreír de lado y tomar la copa.

-Te descuido un momento y ya quieres entrar en el mundo del alcohol-canturreó divertida-. Esa es mi amiga.

Negué divertida mientras que Amaia se acababa todo lo que quedaba en la copa de un solo trago. SI me cruzaba con él al salir, me encargaría de hacerle saber que lo disculpaba.

-No voy a entrar en el mundo de nada-aseguré.

Amaia se burló de mi lo que quedó de vuelo y, cuando fue el momento de bajar me tomó de la mano emocionada antes de arrastrarme entre las personas hacia el taxi que según ella, ya estaba esperándonos.

Resultó ser así.

Nos subimos al taxi mientras que Amaia decía lo emocionada que estaba de los siguientes días y de lo mucho que íbamos a hacer. Al llegar a un hotel muy grande y lujoso, mientras nos registrábamos Amaia mostro su emoción por el lugar.

-¡Tienen una piscina!-gritó emocionada atrayendo la mirada de las personas a nuestro alrededor-, Eira tenemos que ir al menos una vez-suplicó.

-Claro-murmuré divertida-, pero yo no voy a entrar.

-Eres una aburrida-se quejó.

-¿Sabes lo sucias que son las piscinas?-sentí mi celular vibrar-. No puedes convencerme de eso porque no lo haré.

Vi el mensaje de mamá de que la llamará y aproveche que Amaia estaba recibiendo las llaves para alejarme de ella y hablar con mamá. La llame de inmediato y al tercer tono atendió.

-¡Hija!-se escuchaba aliviada-. ¿Qué tal el vuelo?, ¿Les paso algo?, ¿Alguien les dijo algo indebido?

Claro que su preocupación no me sorprendía, de hecho, me hacía sentir bien que ella se siguiera preocupando por mí.

-El vuelo estuvo bien-conteste a sus preguntas-. No nos pasó nada-exceptuando lo del baño del avión-, y, nadie nos ha dicho nada malo.

-No sabes cuánto me alivia escuchar esto-confesó-. ¿Dónde están ahora?

-Registrándonos en el hotel-mire a mí alrededor para ver a Amaia mirando su celular al lado del ascensor dándome espacio-. Es un lugar muy bonito.

Y lujoso.

-¿Si te está gustando?

-Es un lugar bonito-reiteré-. Pero no es mi ambiente-confesé escuchando la música que segur venía de la piscina-, es demasiado.

-Disfruta igual-casi parecía aliviada por mi respuesta-. ¿Ya saben que van a hacer después?

-Amaia dijo que iríamos a recorrer la ciudad-mentí, eso era lo que quería hacer yo.

-Si lo hacen ten mucho cuidado, es una ciudad muy peligrosa y-se interrumpió a ella misma-. ¡Los Collins están llegando!-gritó emocionada-. ¿Quieres que le diga algo a Austin de tu parte?

-¿Por qué iba a querer yo decirle algo?-pregunte confundida-, no somos tan amigos.

Lo que era cierto.

A lo mejor cuando niños habíamos sido muy cercanos, pero, ya no era así. No es como que me importará demasiado lo que Austin tuviera que decir respecto a esto. No era su opinión en esta situación la que quería conocer.

-Ya se lo digo yo-murmuró emocionada-. Ya tengo que irme cielito, cuidate mucho.

No me dejo decirle nada porque ella misma cortó la llamada.

Lo más seguro es que ella se inventará algo mejor de lo que yo podría decir para Austin. Suspire y guarde mi celular antes de acercarme a Amaia que estaba hablando con su padre, le pedí que le agradeciera por la cadena aunque lo haría yo luego.

Dejamos las maletas en la habitación y me recogí el cabello en una coleta antes de que ambas fuéramos a dar una vuelta por la ciudad solamente para caminar porque no vimos nada en realidad.

-Por la universidad se corría el rumor de que sales a escondidas con Austin, ¿Es verdad?

La mire esperando a que se echará a reir, pero Amaia me miraba fijamente sin ningún tipo de gracia y fruncí el ceño.

-No-dije como si fuera lo más ilógico del mundo-. ¿Dónde escuchaste eso?

-Por ahí dijeron que los vieron muy acaramelados en una cafetería-parecía dolida-. ¿Por qué no me lo has dicho?

-Porque no hay nada que contar-murmure confundida-. La única vez que he estado a solas con Austin fue el día que fui a visitar a papá que estaba esperándote en la cafetería. Cuando no llegaste él me acompañó a recoger a Emyli y no pasó nada.

Amaia me miro como si no creyera lo que estaba diciendo, pero a mí me parecía ilógico que se hubiera esparcido un rumor tan ridículo. Era sorprendente ver como las personas le daban otro sentido a las cosas.

-Pues él es un tonto-aseguró Amaia luego de un rato-. Si yo fuera hombre y te tuviera enfrente haría lo que fuera porque salieras conmigo.

-Claro-reí al respecto.

Fue con ello que dimos el tema por sentado. Volvimos al hotel y comimos en el hotel antes de volver a la habitación para que Amaia se alistará para ir a una discoteca que según ella, era la mejor de la ciudad.

A mí no me había feliz tener que estar rodeada de extraños y cuidando a mi amiga de un montón de aprovechados, pero, no tenía corazón para decirle que la dejaba ir sola.

Amaia se iba a poner un vestido muy lindo azul claro que le quedaba sobre la mitad del muslo, no era tan ajustado como la mitad de los vestidos que tenía y la hacía verse bien.

-¡Iré por algo de comer al restaurante!

Que siempre estaba abierto, según lo que dijo Amaia, ella me dijo que me esperaría en la habitación y yo salí con toda la intención de ir a por algo de azúcar.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron frente a mi cualquier impulso de ir abajo desapareció de mi sistema ante quien veía frente a mí.

Alce la mirada hacia el hombre esperando que fuera solo una horrible coincidencia, pero no era así. Era él y estaba frente a mí.

-Pero que agradable coincidencia.

Me ofreció media sonrisa amable, me hubiera gustado hacer algo más que verlo como si fuera un fantasma.

Era..., definitivamente la azafata había tenido razón. Él era atractivo. Parecía tener un par de años más que yo, pero parecía ser mucho más maduro. Sus facciones masculinas eran bastante atractivas.

Me había dicho a mí misma que iba a aceptar su gesto y agradecérselo si lo veía y ahora lo estaba haciendo.

-Gracias-murmure cuando él estiro la mano para que las puertas no se cerrarán-, por el vino.

-No se preocupe-aseguró con media sonrisa-, aunque supongo que no le gustó lo suficiente.

-¿Por qué lo dice?-pregunté confundida.

-Le dio la copa a su amiga-respondió con obviedad-, debió de disgustarle lo suficiente como para no beberlo solo por cortesía.

Sentí que el rostro se me calentaba. Eso no era lo que había pasado, pero, ¿Cómo sabía él que no me lo había bebido yo?

-No me disgusto-aseguré avergonzada-, es solo que no acostumbro a beber.

-Ya veo-murmuró con una sonrisa bastante linda-. Lamento haber entendido mal la situación, pero sobre todo lamento lo ocurrido en el avión.

Así que si era así como se disculpaba. Casi quise sonreír al adivinar la intención del gesto, pero, me sentía bastante nerviosa como para hacerlo.

Era... él quien me ponía nerviosa. Era un extraño muy atractivo, amable y que me hacía sentir un ambiente bastante... peligroso y abrumador.

-No pasa nada-murmuré rápidamente-, todos tenemos malos días.

-Pero como usted bien dijo, esa no es excusa para tratar mal a nadie-dio un paso acercándose-. Lamento mucho mi comportamiento.

Si alguien salía y nos veía iba a ver una escena que parecía ser mucho más íntima de lo que en realidad era. Él estaba en el marco del ascensor, con una mano contra la ranura de la puerta para que estas no se cerrarán y con la cabeza ligeramente ladeada. Y yo estaba completamente sonrojada como si fuera la primera vez que hablaba con un hombre.

¿Pero que me pasaba?, esta no era yo.

-Está bien-murmuré finalmente recuperando mi compostura-, acepto sus disculpas y espero que esta experiencia le sirva para el futuro.

-Le aseguro que así será.

Sus palabras, el tono que les había dado las hizo parecer mucho más intensas de lo que eran esas simples palabras.

Él era atractivo y lo sabía, parecía disfrutarlo pero no había venido aquí para ser el entretenimiento de, por lo que sabía, un empresario millonario de renombre.

-Que tenga buena noche, señor...

No sabía su nombre, tampoco es como que me interesará demasiado saber quién era el hombre frente a mí.

-Ryson Holstein-respondió él con una sonrisa más grande.

-Pues eso. Tenga buena noche, señor Holstein.

-Igualmente, señorita...

Oh, además de atractivo astuto. Estaba usando lo mismo que había dicho yo para que le dijera mi nombre.

Siempre podía solamente asentir e irme, pero, veía el reto que sus ojos ponían sobre mí, como si me retará a irme sin decirle mi nombre para mantener el misterio o lo divertido en esto.

Y, como ya había dicho no había venido solamente a ser el entretenimiento de un hombre. Venía a distraerme para tomar una decisión para mi vida.

-Tenga usted también buena noche, señorita Adams.

Asentí y me gire para volver a la habitación. Al final se me habían acabado las ganas de ir a por un postre y solamente quería mantener lejos a aquel hombre, que ahora sabía que estaba hospedado en el mismo hotel que yo.

Señor, sé que no debemos pedirte nada porque nos das lo que merecemos. ¿Pero podrías por favor mantener a ese hombre lejos de mí?

Me distraje cuando Amaia abrió la puerta con una sonrisa, ya enfundada en su lindo vestido y con un maquillaje ligero pero que resaltaba su belleza.

-Lista-me repasó con los ojos antes de hacer una mueca-. ¿Vas a ir así?

-Si-asentí.

No iba mal, llevaba una blusa gris que no era ni muy ajustada ni muy reveladora, un jean y unos tenis del mismo color de la blusa. Sencillo y ligero.

Amaia hizo una mueca pero al final opto sabiamente por no perder el tiempo pidiéndome que me cambiará de ropa para ir a la dichosa discoteca.

Llegamos a un lugar muy lleno, con música tan fuerte que me vibraba en los pies y que tenía un segundo piso destinado únicamente para quienes quisieran sentarse solo a beber.

Fue allí a donde subimos con Amaia, que, se encargó de pedir y pagar una botella de vodka. Estuvo 15 minutos conmigo mientras ella bebía sola porque yo no bebía en lo absoluto y luego bajo a bailar.

Mantuve mi vista en la pista de baile donde una cabellera rubia se movía al ritmo de una canción con alto contenido sexual.

Me serví una pequeña copa de vodka y me la pase rápido. Solamente estaría aquí hasta que Amaia se cansará y luego volvería al hotel para poder descansar.

Me sentía cansada por la caminata que habíamos hecho en la tarde.

Una a una las canciones fueron pasando y yo me sentía completamente aburrida aunque no quitaba la vista de Amaia que ahora se contoneaba contra un hombre mucho más robusto que ella y seguramente, mucho mayor.

-Ahora no solo se aparece en mis pensamientos, señorita Adams-habló una voz muy cerca de mí-, ahora también se aparece en mi establecimiento.

Gire la cabeza confundida y lo vi allí. Solo con una camiseta blanca ligeramente abierta y la parte inferior de su traje. Se veía entre la camisa una cadena de oro.

-Señor Holstein-hable sobre la música, casi gritando.

Al parecer no podíamos tener siempre lo que queríamos porque, aquí estaba él ora vez, tomando lugar al otro lado de la mesa frente a mí.

-¿Disfruta del lugar?

Casi me pareció que la música bajaba un poco el volumen, como si él pudiera controlar todo lo que quisiera con tal de hacerse sentir. Pero era ridículo que solo por él bajaran un poco el volumen de la música.

-Mi amiga ya lo disfruta bastante por ambas-murmure.

Mire de nuevo a la pista y vi a Amaia compartir un beso con el mismo tipo con el que había estado bailando mientras que se alejaban de la pista de baile.

-Ya veo-murmuró él divertido-. ¿No le gusta este lugar?

-No es mi tipo de ambiente-confesé.

No tenía caso negar algo que seguro se me veía en la cara. No me gustaba estar en una fiesta, bar o discoteca, pero no me gustaba que Amaia estuviera sola. Ella, borracha o no, era capaz de no irse con cualquiera.

Terminaría volviendo.

-¿Y cuál sería su ambiente?, señorita Adams.

Volví la vista a la mesa y lo vi girar los vasos. Dejando el que yo había usado para él y el que había usado Amaia para mí, fruncí el ceño pero antes de decir nada él los lleno y se bebió el contenido del vaso de un trago.

-Uno con menos ruido y personas para comenzar-murmure de mala gana.

Y uno donde no hubiera tipos extraños y muy confiados bebiendo de lo que Amaia había comprado.

-Eso deja lugar para muchos lugares-alzo la vista para verme directamente-, señorita Adams.

No me gustaba la manera en la que pronunciaba eso último. Como si disfrutará la sensación de decirme así, decía cada silaba muy lentamente, como si no quisiera dejar de decirlo.

-¿Por qué esta aquí?

No tenía sentido, podía sentir todas las miradas de las chicas del piso sobre él, como si no se creyeran que hubiera elegido sentarse aquí donde una chica que parecía tener cara de todo menos de felicidad antes que con ellas.

Y la verdad es que yo tampoco lo entendía.

Pero él sonrió como si hubiera dicho la cosa más graciosa e ilógica del mundo. Puso su codo sobre la mesa y apoyo su cara sobre su puño, en un gesto que parecía seductor.

-Estoy aquí para protegerla-aseguró.

Eso fue lo más raro que hubiera podido escuchar justo en este momento.

-¿Protegerme?-pregunté confundida, como si hubiera escuchado mal. Él asintió ligeramente-. ¿Protegerme de qué?

-Un mujer tan atractiva como usted no debería estar sola en un lugar como este-aseguró casi serio-, cualquiera querría aprovechar la oportunidad de que este sola para usarla a su favor.

-Estoy segura que nadie me ha dirigido ni una sola mirada-aseguré con obviedad-, hay muchas cosas que mirar antes que a mí.

-Está en un terrible error-se inclinó un poco sobre la mesa como para darle más secretismo a lo que diría-. No se da una idea de cuantos hombres ya le han puesto el ojo encima.

En ese momento me salió una carcajada. Una muy graciosa carcajada ante la seguridad con la que había dicho eso.

Nadie me había mirado desde que había entrado, miraban a Amaia cuando estaba conmigo y cuando se fue todos pasaron a ignorarme como si fuera un adorno más.

-Ahora es usted el que se equivoca-aseguré.

Ryson entrecerró los ojos en mi dirección, como si quisiera descubrir la cura de la hambruna mundial en mi cara o algo similar. Me encogí de hombros y mire hacia la pista, Amaia estaba en una esquina casi teniendo sexo con aquel extraño.

-¿Quién le hizo creer que no era una mujer atractiva?-susurró para sí mismo, aunque lo escuche-. Señorita Adams-alzó la voz para que lo viera y de mala gana lo hice-, no se necesita usar un vestido corto o ajustado para llamar la atención, solo con eso ya lo hace.

-No creo que-

-Este establecimiento es mío-me interrumpió con firmeza-, por lo tanto se quiénes y que es lo que ordenan. Desde que se sentó ha recibido ya tres bebidas diferentes, solo que no le han llegado.

¿Alguien me ha enviado bebidas?, no tenía sentido y casi parecía una broma. Quise preguntar porque no me habían llegado si es que era verdad pero la respuesta llego sola. Si el establecimiento era de él, era por él que no me habían entregado nada.

¿Por qué?, ¿Desde hace cuánto que sabía que estaba aquí?

Nada de lo que él estaba diciendo tenía sentido, menos aun cuando no lo conocía de nada. ¿Por qué iba a interesarle?, no tenía sentido.

Mire a Ryson que se servía otra copa muy tranquilamente, luego otra y otra al pasar los minutos mientras que yo no decía nada.

No tenía sentido que estuviera aquí, en completo silencio con una completa desconocida cuando estaba segura que podía tener una plática o más que eso con cualquier chica del lugar.

Es que no tenía sentido, ¿Qué quería de mí?, fuera lo que fuera definitivamente no planeaba dárselo.

Para cuando volví la vista a la pista no había rastro de Amaia por ningún lado, mierda. ¿Ahora donde se había metido?, si la encontraba en uno de los baños iba a dejarla sola a su suerte el resto del viaje.

-¿Busca a su amiga?

Nuevamente su voz hizo que de mala gana volviera la vista a donde él estaba con su copa a medio camino de su boca.

-¿Por qué le interesa?-pregunté irritada porque Amaia desapareciera-, no creo que pueda ayudarme.

-El establecimiento es mío-me recordó-, si la busca puedo ayudarle a que mi equipo de seguridad la busque por usted.

-¿Cómo va a saber su equipo quien es mi amiga?

-Confié en mi señorita Adams-sonrió abiertamente viéndose bien en ese acto-. ¿Me permite ayudarla?

Entre buscarla yo y que alguien lo hiciera por mí, la última opción sonaba tentadora porque no tendría que pasearme entre la gente y revisar uno por uno los baños del lugar que debían ser varios.

-Si fuera tan amable.

Él hizo un movimiento con la mano que seguramente hizo que su equipo de seguridad fuera en la búsqueda de mi amiga.

Todo esto era muy raro. ¿Quién era ese hombre?, ¿Por qué me ayudaba?, ¿Por qué había decidido sentarse conmigo?, ¿Qué era lo que le interesaba tanto de mí?

Entre más lo pensaba, menos sentido tenía todo esto.

Al final, no pasaron ni dos minutos antes de que llegara un hombre alto que parecía moreno y muy robusto.

-La señorita ha dejado el establecimiento desde hace tiempo-informó con voz seria.

Me tomó un minuto procesar la información. Amaia se había ido, me había dejado aquí sola a mi suerte.

No, Amaia no era esa clase de persona no pudo haberme dejado sola, la había visto ebria hasta más no poder pero aun así volvía por mí.

Me levante de la mesa y corrí al baño, recorrí el piso con la mirada y baje entre las personas, empujando hasta los otros baños, nada. Revise de nuevo la pista y nada.

Maldije haber dejado mi celular en la habitación.

Amaia podría volver y, de ser así entonces ella tenía que encontrarme, ¿No?, no podía simplemente abandonarme.

Fui a la barra y pedí una margarita, pero cuando fui a pagarla dijeron que yo podía pedir todo lo que quisiera, no quise pensar en eso mientras esperaba repitiéndome una y otra vez que Amaia simplemente no podía haberme dejado.

Cuando bebí mi quinta margarita y sentí que me molestaba enserio salí de la discoteca.

No sabía exactamente donde estaba y donde quedaba el hotel, pero me daba igual, necesitaba salir de ese caluroso lugar.

-Señorita Adams-su voz divertida hizo que quisiera lanzarme debajo de un auto-, ¿Gusta que la lleve?

No tenía a donde más ir ni razón para negarme. Si bien no lo conocía no me había hecho nada ni me había insinuado nada fuera de lugar así que no me quedo de otra más que aceptar.

Subí en un auto muy lujoso, Ryson tuvo la decencia de ir en el asiento de enfrente y yo baje el auto para que el aire del exterior me diera en la cara para no molestarme.

Algo debió pasarle a Amaia para que se fuera así. Yo conocía a mi amiga y sabía que ella no me abandonaría sin razón, esperaba que estuviera en el hotel y nada malo le hubiera pasado.

No sabría qué hacer si no estaba en el hotel o no habría dejado una nota para mí.

Baje del auto en cuanto se detuvo y escuche que alguien me llamaba pero no me importaba otra cosa que no fuera encontrar a mi amiga. Tome el ascensor y me baje en el piso de nuestra habitación, al abrir la puerta lo primero que vi fue una mancha en la cama que me asustó.

Luego encendí la luz y vi que se trataba de Amaia y un sujeto que estaba durmiendo a su lado. Perfecto.

Al menos mi amiga estaba bien, pero, mañana desearía no estarlo.

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