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El precio del deseo

El precio del deseo

Autor: : Deysi Juárez
Género: Romance
Cuando Hannah acepta conocer al nuevo esposo de su madre, descubre que es Mark, el hombre con quien tuvo una noche secreta y apasionada en el pasado. El deseo prohibido entre ellos renace, pero todo se complica cuando Ethan, el hijo mayor de Mark, aparece, despertando en Hannah nuevas emociones. Atrapada en un triángulo de deseos peligrosos y oscuros secretos, Hannah deberá enfrentar una red de manipulación y obsesión que amenaza con destruirla. En un juego mortal de pasiones prohibidas, deberá elegir entre escapar o rendirse al amor que podría ser su perdición.

Capítulo 1 Prólogo

Decidí que era el momento de dar un giro radical a mi vida tras romper con Liam, el idiota de mi exnovio. Me cansé de ser la ingenua que siempre da todo sin recibir nada. Ahora, más que nunca, quiero abrazar mi libertad, dejar de pensar en lo que los demás esperan de mí y empezar a hacer lo que realmente me plazca. Con mi amiga Vera, celebramos mi nueva soltería en un bar de moda cerca de la playa, disfrutando de la brisa marina en esta ciudad costera que he llegado a amar. Ha sido una larga y amarga etapa de mi vida, y esta es la despedida que merezco.

-Hoy es tu noche, Hanna -dice Vera con una sonrisa cómplice mientras pide otra ronda de tragos-. Hoy celebramos que dejaste atrás lo que no te hacía feliz, y que el futuro es todo tuyo.

Levanto mi copa y sonrío. Es una sonrisa ligera, un poco despreocupada, porque por primera vez en semanas me siento libre, libre de verdad. No es una libertad que depende de la compañía de otros, ni siquiera de la aprobación de nadie. Es mi libertad, la de elegir lo que quiero, cómo quiero, sin excusas ni remordimientos.

-Brindemos por eso -digo, y nuestras copas chocan con un sonido cristalino.

El bar está lleno, y la mezcla de risas, conversaciones y luces me envuelve como un abrazo cálido. Siento la arena en mis pies desde nuestra caminata por la playa al atardecer, y me doy cuenta de que no quiero dejar de sentir esta sensación de alivio, de que todo es posible. Respiro hondo, saboreando cada segundo de esta noche.

-No sé si es por estos tragos o qué, pero me siento viva, feliz -digo, con una risa que sale desde lo más profundo.

Vera se ríe, sincera, disfrutando el momento conmigo.

-Eso es porque estás dejando atrás la carga, Hanna. Estás siendo tú misma. Y hablando de dejar atrás, hay muchos hombres interesantes esta noche, ¿no crees? -dice, con una sonrisa pícara.

-No necesito de un hombre para disfrutar esta noche, pero... -miro alrededor, como tanteando el terreno-, no estaría mal un poco de diversión.

Vera levanta una ceja, divertida.

-Mira, te entiendo. Pero hazlo porque tú lo quieres, no porque él te hizo algo, ¿vale? -me dice con seriedad.

-Por supuesto. No se trata de Liam. Es sobre mí. Y, sí, podría hablar con alguien, ¿por qué no? Como ese hombre de la esquina. Parece interesante.

-Ese tipo parece mayor -comenta Vera, tratando de disimular una sonrisa.

-¿Y qué si lo es? Las canas no siempre significan vejez, a veces significan sabiduría -respondo, retadora.

Vera suelta una carcajada.

-Tú y tus metáforas... Pero sí, es atractivo.

-Exacto. Y hoy no voy a desperdiciar ni una sola oportunidad -le digo con firmeza.

Me levanto y camino hacia él, segura, sin titubeos. Sé lo que quiero. Cuando llego a su mesa, levanta la vista sorprendido, pero rápidamente sonríe. Nos presentamos y, en poco tiempo, estamos conversando animadamente. Hay una chispa de interés en sus ojos que me intriga, algo diferente de las conversaciones vacías que he tenido antes.

Mientras la noche avanza y las bebidas fluyen, la conversación se torna más íntima. Me siento atraída por su misterio, por su forma de mirarme directamente a los ojos, sin miedo. Mi mano roza la suya, y una corriente de excitación recorre mi piel.

-¿Siempre eres así de directa? -pregunta con una sonrisa divertida.

-Solo cuando sé lo que quiero -respondo, mirándolo con desafío.

-Y, ¿qué es lo que quieres esta noche, Hanna? -susurra, acercándose un poco más.

-Vivir sin remordimientos. Sentir que estoy tomando las riendas de mi vida -le digo, con una convicción que no admite dudas.

-Me gusta esa actitud -responde él, y hay algo en su voz, algo genuino que me hace sentir curiosidad por saber más de él.

Sé que esta noche podría ser solo eso, una noche. Pero también sé que no me arrepentiré. No porque busque una venganza, ni porque quiera llenar un vacío, sino porque he decidido que quiero vivir cada experiencia plenamente, con la conciencia de que cada decisión que tomo es mía, y solo mía.

-¿Qué te parece el destino? -pregunto, con una sonrisa ligera.

-Creo en las decisiones -responde, tomando mi mano con delicadeza-. Y creo que ambas hemos tomado la correcta esta noche.

Nos miramos, sabiendo que, pase lo que pase, hemos decidido vivir en el presente, sin miedo al mañana. Esta es mi vida, mi elección, y no hay nada más poderoso que eso.

-Eres un hombre muy atractivo y, para nada, aburrido. Estoy segura de que no estás solo, ¿verdad? -le digo con una sonrisa traviesa, jugando a ser despreocupada mientras mi mente analiza cada uno de sus gestos.

Mark se queda un momento en silencio, como midiendo sus palabras antes de responderme. Finalmente, me mira fijamente, con una mezcla de sinceridad y cierta provocación en sus ojos.

-No te equivocas. Estoy saliendo con alguien después del divorcio de mi esposa. -Sus palabras son directas, pero el tono de su voz lleva una carga de algo más, algo que me hace sentir curiosa.

Me río suavemente, con una mezcla de incredulidad y diversión.

-Eres el primer hombre que no niega estar con alguien para ligarse a otra mujer. O eres un caballero... o un idiota que se cree con suerte. -Me muerdo el labio con una chispa de travesura en los ojos, esperando ver cómo reacciona.

Mark sonríe, relajado pero serio al mismo tiempo.

-Soy un hombre que desea hacer las cosas bien. Me he equivocado antes, varias veces, y creo que he encontrado a la mujer indicada para convertirse en mi esposa. Sin embargo, en este momento, hay algo que me llena de dudas. Mi corazón grita descontrolado por tenerte a mi lado toda la vida y mi cabeza está luchando por no ceder al deseo carnal del momento. -Su voz baja, casi un susurro, se mezcla con la música de fondo.

-¿Te pongo muy nervioso? -le susurro, acercándome lo suficiente para que mi aliento roce su piel, sintiendo la electricidad en el aire entre los dos.

Mark respira profundo, con los ojos fijos en los míos.

-Más que eso, Hanna. Desde el instante en que cruzamos las miradas, sentí como una chispa que atravesó mi pecho y está creciendo a cada segundo... Y solo cesará un instante cuando te bese por primera vez. -Sus palabras son tan intensas que hacen que mi piel se erice.

Él toma la iniciativa y acerca sus labios a los míos, dejándome un beso tímido, pero lleno de promesas. No esperaba que fuera tan tierno, tan cuidadoso.

-¡Maldición! ¿Por qué tienes que ser tan perfecto? -susurro, apartándome ligeramente, sorprendida por mis propias palabras. Lo miro, sintiendo una mezcla de emociones contradictorias, pero luego decido seguir mis impulsos y me acerco de nuevo, esta vez tomando yo la iniciativa. Nuestros labios se encuentran en un beso largo y apasionado, único y especial.

Mark responde al beso con una intensidad que hace que mi corazón lata con fuerza descontrolada.

-Hace mucho que no siento esto por nadie -confiesa, con una sinceridad que parece tan real que hace que mi corazón se acelere aún más.

Me aparto un poco, aún sonriente, pero también cautelosa.

-Eres un mentiroso. Todos los hombres dicen lo mismo para llevarse a una mujer a la cama -le digo con una sonrisa burlona, pero hay una chispa de incertidumbre en mis ojos.

Mark se ríe suavemente, y su risa es cálida, genuina.

-No soy como todos -dice, acercándose más, rozando sus labios con los míos de nuevo, como si no pudiera evitarlo.

-¡Por favor! Confiesa. Quieres llevarme a la cama -le reto, divertida, disfrutando de este juego.

-No voy a negarlo, pero solo sucederá si tú lo deseas -me responde, mirándome con una mezcla de deseo y sinceridad que no puedo ignorar.

Levanto una ceja, retadora.

-¿Y si digo que no? -pregunto, disfrutando del poder que siento en esta situación.

Mark sonríe, con una mirada que refleja determinación.

-No haré nada... pero lucharé incansablemente para que suceda algún día.

No puedo evitar sonreír, impresionada por su honestidad. Me doy cuenta de que hay algo más en él, algo que no esperaba encontrar esta noche.

-¿Y qué pasará con la mujer que está contigo ahora? -pregunto, con una chispa de curiosidad y quizás algo de celos.

Mark suspira, como si estuviera considerando cada palabra antes de hablar.

-Estamos saliendo, pero no es nada formal. Los caminos suelen tener desvíos sin retorno -dice, con una voz calmada, pero hay un matiz de duda.

-Entonces, parece que tenemos un desvío esta noche -digo, acercándome un poco más, sintiendo la urgencia de la situación.

-¿Eso es un sí? -pregunta, mirándome con intensidad.

Sonrío, bajando la voz en un susurro.

-Es un sí, pero solo porque quiero que esta noche sea inolvidable -le respondo antes de besarlo de nuevo, más intensamente, dejándome llevar por el deseo que ambos compartimos en ese momento.

Nuestros cuerpos se acercan, y por un momento todo lo demás desaparece. Pero entonces, miro de reojo hacia donde debería estar Vera, y al ver el lugar vacío, entiendo que la noche aún guarda más sorpresas. Tomo una decisión en mi mente y me pongo de pie.

-Ya no quiero estar aquí -declaro, sintiendo una mezcla de emoción y expectativa.

Mark me sonríe, como si entendiera exactamente lo que estoy pensando.

-Conozco un lugar especial -responde, y hay algo en su voz que me invita a confiar.

-¿Tu cama? -pregunto, riendo un poco.

-Podría ser -me responde, con una sonrisa que me hace sentir una cálida oleada de emoción.

Salimos del bar y nos adentramos en la serenidad nocturna, caminando por la playa. El murmullo del mar nos acoge con su suave arrullo, y siento el brazo de Mark rodear mi cintura con firmeza y delicadeza.

Capítulo 2 Prólogo parte II

La brisa salada acaricia mi rostro mientras no detenemos frente al mar.

-Este lugar es especial para mí. Siempre he venido aquí cuando necesito pensar. No podía pensar en nadie más con quien quisiera estar aquí -Mark me mira profundamente a los ojos, mientras su mano acaricia suavemente mi mejilla.

-Tienes una manera muy especial de hacer que me sienta única -digo, inclinándome hacia él, a punto de rozar sus labios.

-Eso es porque lo eres -responde él, antes de cerrar la distancia entre nosotros y besarme profundamente.

El beso es lento y lleno de promesas, una danza de lenguas y susurros que nos envuelve en un mundo solo nuestro. Siento cómo mi cuerpo responde a cada caricia, a cada toque de Mark, dejándome llevar por la pasión del momento.

-No quiero que esta noche termine -murmuro contra sus labios.

-No tiene por qué terminar, Hanna- murmura buscando mis labios.

Así, con un beso ardiente y desesperado, inicia el fin de la razón. Sus manos, fuertes pero tiernas, empiezan a explorar mi piel, encontrando mi calor y suavidad. Respondo con un gemido ahogado, sintiendo la urgencia en cada uno de sus movimientos. Nos recostamos lentamente sobre la arena, dejando que nuestros cuerpos se entrelacen en una danza de deseo infinito.

Cada caricia y cada beso encienden una llama que nos consume por completo. Me aferro a Mark, sintiendo cada músculo tenso bajo mis dedos, mientras él recorre con avidez cada curva de mi cuerpo. Sus manos acarician la perfecta forma de mis pechos, provocando escalofríos de placer que no puedo reprimir. Mi cintura se arquea bajo el toque experto de Mark, haciendo que cada roce sea una mezcla de ternura y deseo.

El sonido del mar rompiendo en la orilla se mezcla con nuestros susurros y gemidos, eco de nuestra pasión desenfrenada. Con movimientos urgentes y ansiosos, comenzamos a despojarnos de nuestras prendas, dejando que caigan sobre la arena. Hasta que finalmente nos encontramos desnudos, con la luna y las estrellas como nuestros únicos testigos.

En ese momento culminante, el mundo se desvanece a nuestro alrededor, nos encontramos perdidos en un torbellino de deseo urgente y necesidad desesperada. Nuestros cuerpos se mueven al unísono, cada contacto enviando chispas de electricidad, cada susurro aumentando el anhelo hasta que no podemos contener más la explosión de nuestros sentimientos. Finalmente, agotados e invadidos por el alcohol y el temblor de esa experiencia prohibida, nueva y fantástica, nos quedamos dormidos sobre la arena. Mientras el eco de nuestra pasión se disipa con el suave arrullo del océano.

Horas más tarde, el sol comienza a asomarse en el horizonte cuando despierto junto a Mark , envuelta en sus brazos, con la ropa a medio poner y el amargo sabor del arrepentimiento en los labios. Con la lucidez de la mañana y el alcohol desvaneciéndose de mis venas, noto que Mark es mayor, pero hay algo en él que me estremece.

-Buenos días, princesa -dice Mark con una sonrisa que parece iluminar la mañana, aunque su brillo apenas logra disipar la sombra en mis ojos.

La mañana se desliza silenciosa sobre el agua, mientras el sol asciende lentamente en el horizonte, pintando el cielo con tonos dorados.

-¿Usamos protección? -es lo primero que pregunto, buscando un anclaje en la realidad para evitar enfrentar el torbellino de emociones que me invade.

Él asiente, mostrando un pañuelo a su lado, donde yace un preservativo usado.

-¿Te estás quedando cerca? Puedo llevarte a casa.

-No -respondo con firmeza, despejando cualquier esperanza de un futuro encuentro-. Gracias, pero no. Tomaré un taxi. No me lo tomes a mal, Mark, pero lo que pasó entre nosotros fue lindo, no lo voy a negar, pero solo fue producto de la embriaguez y la necesidad que tenía de... llenar un vacío en mi corazón.

-Entiendo -murmura Mark, mirando hacia el horizonte-. Bueno, quizás volvamos a vernos.

A pesar de la sensación inexplicable que me provoca mirar a Mark, decido irme. Me visto con prisa, acomodando mi ropa mientras mi mente aún se tambalea por la intensidad de la noche. Mientras abrocho los botones y recojo mis cosas, se me escapa un suspiro, recordando el gran bulto entre sus piernas y el cuerpo perfecto que me hizo estremecer.

-No lo creo, estoy de paso por la ciudad. Que tengas suerte en la vida y aprovecha las segundas oportunidades que encuentres. Esa mujer es muy afortunada por haberte encontrado, Mark. En verdad, lo es. Sabes cómo satisfacer a una mujer y hacer cada momento inolvidable. Ufff... ¡Dios! Aún siento el temblor en mis piernas.

Me acomodo el cabello y lo miro una última vez.

-Hanna... nosotros...

-No digas nada. Lo disfruté mucho. Nunca nadie me había hecho sentir sensaciones tan deliciosas. Sé feliz.

Sin más palabras, me apresuro a alejarme, sin mirar atrás, dejando atrás la intensidad de una noche que ha marcado mi vida de manera irrepetible.

Capítulo 3 Capítuo 1

Dos años después

La brisa salada del mar envuelve la elegante mansión costera, donde la luz del sol baila sobre las olas y las palmeras susurran secretos al viento. Es un día radiante, perfecto para una celebración, pero para mí, la atmósfera festiva solo aumenta mi sensación de ansiedad. Llego tarde a la recepción de la boda, entrando en un escenario deslumbrante lleno de luces, risas y la ostentosa elegancia que solo un evento de alta sociedad puede ofrecer. Mis ojos se abren con asombro mientras observo la opulencia que me rodea, un contraste marcado con la sencillez de mi vida cotidiana.

-Te dije que llegaríamos tarde -se queja Vera, rompiendo el silencio incómodo.

-Para lo poco que me interesa ver a mi madre casarse con otro -respondo, con amargura en la voz.

-¿Entonces para qué vinimos? -pregunta Vera, buscando comprender mi postura.

Suspiro, deteniéndome para reflexionar sobre las palabras de Vera. Aunque me cuesta admitirlo, sé que hay algo de verdad en lo que dice.

-Tenía que hacerlo, soy su hija y papá insistió en que viniera.

-¿No crees que estás bastante grandecita para hacer berrinches? Tu madre tiene derecho a rehacer su vida. Si tu padre no quiere hacerlo, ya es cosa suya. ¿No lo crees? -continúa Vera, con un tono más suave.

Me detengo y miro a mi alrededor, dejando que las palabras de mi amiga resuenen en mi mente. Aunque me cuesta aceptarlo, sé que debo dejar de lado el resentimiento y apoyar la felicidad de mi madre.

-¿Por qué la vida es injusta? -pregunto, con la voz llena de dolor-. Ella sonríe feliz con otro, y mi padre pierde la vida en su trabajo. Él sí la amó de verdad, y ella demuestra que poco le importó su cariño.

Vera me mira con compasión, sintiendo la tristeza que emana de mí.

-¡Ay, Hanna! Ambas sabemos cómo fue la vida de casados de tus padres. Dejemos que el tiempo cure sus heridas y sean felices. Como hija, solo te queda apoyarla y amarla. Deja los rencores. Si viniste fue por eso. Porque en el fondo, tu corazón extraña a tu madre.

Asiento lentamente, reconociendo la sabiduría en las palabras de Vera.

-Extraño la imagen de la mujer que amaba a su familia, que se entregaba por su hogar y luchaba por hacernos reír. Desde que salí de casa, ella simplemente me cerró la puerta de su corazón. Me olvidó -confieso, con un nudo en la garganta.

-Una madre nunca olvida, quizás... -comienza Vera, pero la interrumpo.

-No la defiendas más, Vera. Por favor. Ya estamos aquí, busquémosla y regresemos al hotel.

-Pensé que te quedarías aquí -comenta Vera, sorprendida.

-¡Estás loca! Nunca podría estar bajo el mismo techo que otra familia. Supe que su nuevo esposo e hijo se mudaron hace poco.

-¿Quién te lo dijo? -pregunta Vera, intrigada.

-Aún tengo contactos en la familia -respondo, con tono de determinación.

Seguimos entrando en la casa. La sala está llena de invitados, todos elegantemente vestidos y sumidos en conversaciones animadas, pero para mí, aquellos rostros desconocidos son solo sombras en un mundo ajeno. No reconozco a nadie, excepto a unos pocos familiares distantes que apenas recuerdo de reuniones pasadas.

Mientras me muevo entre la multitud, buscando un resquicio de familiaridad en aquel mar de desconocidos, mi mente divaga en los recuerdos fragmentados que tengo de mi madre, junto a mi padre en esa casa. Sin prestar más atención a mis pensamientos, me abro paso hacia la mesa de bebidas, sintiendo el impulso de refugiarme en el reconfortante brillo del champán.

-¡Por dios santo! Siento que estoy en el paraíso -exclama Vera, mirando las bebidas y a los mozos que nos atienden-. Están hermosos, estos hombres. Espero que sean solteros -se muerde ligeramente el labio inferior, mirando a uno que parece corresponder su mirada.

-Si piensas ligarte a uno, por lo menos sé discreta -susurro-. No quiero que mi madre tenga excusas para recriminar algo.

-Despreocúpate, soy más discreta que tú para hacerlo. No hace falta recordarte que terminaste en la cama con aquel desconocido en la playa.

-Ni me lo recuerdes, siento que me tiemblan las piernas.

-¡Sí! Sé que fue inolvidable.

-Aún no he encontrado otro como él -sonrío, recordando aquella noche-. Pero eso es un secreto.

-¿Crees que algún día vuelvas a verlo?

-Para cuando eso suceda, ya será un hombre casado y entrado en años. Tenía novia, y los años quizás lo hagan más atractivo, pero yo prefiero mantener distancia con los hombres ajenos.

-Antes de que lancen el ramo, tienes que saludar a tu madre.

-No tengo apuro, Vera.

-Deja de decir tonterías y ven conmigo.

Con copas en mano, Vera me guía hacia el patio trasero. Siento las miradas de los invitados y no puedo evitar sentirme fuera de lugar.

-Fue un error haber venido. Tenemos que irnos -digo, con determinación.

-¡Amiga! Sé que nunca estarás lista para volver a verla, pero es tu madre. Déjame echar un vistazo. Tú espérame aquí, regreso rápido. No te vayas sin mí, ¿oíste? -insiste Vera, preocupada.

Asiento con resignación, comprendiendo que Vera tenía razón en parte.

-Está bien -acepto, aunque con reticencia.

Justo en ese momento, mientras estoy sumida en mis pensamientos y sorprendida por el lujoso escenario de la recepción, una voz conocida rompe el silencio a mi lado. Es Mark. Sin duda es él. ¿Cómo es posible que esté aquí?

-¡Hanna! -vuelve a decir, sorprendido, ahora, frente a mí.

Mi mirada se clava en él con incredulidad, mientras proceso la revelación.

-¡No puede ser posible! ¿Tú eres el nuevo esposo de mi madre? -suelto, dejando a Mark atónito con mi franqueza.

La sorpresa pinta el rostro de Mark mientras asimila mi conexión con Rebecca. Su mente se llena de preguntas no formuladas, de un pasado que ahora se entrelaza con su presente de una manera inesperada. Intenta decir algo, pero solo atina a mirarme fijamente, mientras traga en seco.

-El mundo es un pañuelo -dice al fin.

-¡Carajo! Sin duda lo es.

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