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El regreso de la Ex Esposa

El regreso de la Ex Esposa

Autor: : A. N. Cruz
Género: Romance
El día que Ivanna supo que estaba embarazada, descubrió que su esposo también esperaba un hijo con otra mujer. Ivanna Robinson lo tenía todo; un matrimonio estable, una carrera profesional prometedora y el amor del hombre por el que había luchado incluso contra su propia familia política. Pero cuando por fin logró quedar embarazada, el destino le arrebató la felicidad de la manera más cruel. Su esposo había pedido un hijo... pero no a ella. Tomó la decisión más difícil de su vida: firmar un acuerdo de divorcio que la dejó sin nada, excepto el milagro que llevaba en su vientre. Se fue sin mirar atrás, con el corazón roto y una promesa silenciosa de jamás volver. Hasta ahora. Cuatro años han pasado cuando regresa a Boston, con una nueva vida, una nueva fuerza... y el secreto que cambiará todo. Shane Robinson ha ascendido, tiene poder, una prometida que lo presume en cada evento social... y un pasado que no ha podido enterrar. Ivanna ya no es la misma mujer que se marchó en silencio. Y Shane no está listo para descubrir lo que ella ha ocultado. Pero cuando el pasado, la verdad y el deseo se entrelazan, nada podrá detener lo inevitable. ¿Qué pasará cuando la ex esposa regrese con la única verdad que podría destruirlo... o salvarlo?

Capítulo 1 Estoy embarazada de tu esposo.

Ivanna Robinson

Miro al papel en mi mano y los ojos se me llenan de lágrimas. El nudo que he tenido en mi garganta los últimos dos años, se deshace y un sollozo sale de mí.

-¿Es esto real? -pregunto a mi amiga, todavía sin saber qué sentir con esta noticia.

Viena me observa igualmente emocionada. Toma mis manos entre las suyas y asiente, con una sonrisa de labios cerrados.

-Sí, Ivy, estás embarazada. Al fin lo lograron.

Me abrazo a mi amiga cuando la realidad me abruma. No es para menos, después de tanto tiempo intentando quedar embarazada, saber que al fin llevo conmigo al fruto de mi matrimonio, es cuando menos, emocionante.

-Ahora debo preparar una hermosa sorpresa para decírselo a Shane -suspiro entusiasmada, porque si alguien será más feliz que yo, ese sería mi esposo.

Viena asiente, de acuerdo conmigo.

-Te ayudaré. Shane lo merece.

Asiento y me levanto del banco donde ambas estábamos sentadas, en la parte exterior de la consulta ginecológica.

Guardo el sobre con la mejor noticia en mi bolso y cuando avanzamos por el pasillo, me encuentro con Abigail Allen. Una mueca de disgusto se forma en mi boca, pero intento disimular mi animadversión al ver que viene acompañada de mi suegra, como pasa más veces de las que me gustaría aceptar.

-Ivanna, querida, qué alegría verte. Hace tiempo que no nos vemos, ¿cómo estás? -comenta con una sonrisa tan radiante como tan falsa.

Y conforme con sus palabras dulces escondidas tras una alta dosis de cinismo, me sorprende ver que carga con una barriga que demuestra su embarazo. Por unos segundos me quedo en shock, pero no menciono nada.

Escucho la voz de mi suegra.

-No eres la única, Abbi querida. Mi nuera no solo se asegura de mantenerse alejada de mí, sino también de llevarse a mi hijo con ella -habla con ese tono hipócrita que siempre usa conmigo y me mira de arriba abajo como si fuera un insecto que le repugna-. ¿Qué haces aquí? ¿Al fin decidiste hacerte los estudios para demostrarle a Shane que contigo no tiene futuro?

Siento la bilis en mi garganta cuando ella menciona lo que ha sido mi punto débil por años. Gracias a ella, por sobre todas las cosas.

-¿Y Shane está de acuerdo con usted en ese sentido? Porque su hijo, para su consternación, está completamente enamorado de Ivanna. El veneno que le inyectan no funciona con él.

Es Viena la que habla y yo quiero pellizcarla para que se calle. No deseo un enfrentamiento, no hoy, cuando soy tan feliz y pronto podremos demostrar a esta mujer que siempre se ha equivocado conmigo.

Sin embargo, Aurora Robinson no mira a mi amiga con saña, como suele hacer. Sus ojos brillan con una malicia que me pone los pelos de punta.

-¿Eso crees? -le replica y me mira a mí nuevamente-. Entonces estarás al tanto de todo, ¿no?

Frunzo el ceño. No sé de qué habla, pero el movimiento repentino de Abigail no me pasa por alto.

-Aurora, no, por favor. Sabes lo que Shane me hizo prometer, no puedo traicionarlo de esta forma -pide con tono tan sumiso y preocupado que me deja con mal sabor de boca.

«¿Qué carajos está pasando?».

Estrecho los ojos en su dirección.

-¿Qué tienes tú que ver con mi esposo? Sabes bien que él no te da ni la hora...

La risa de Abigail, tan complaciente de repente, me advierte que lo que dirá, no me gustará.

-Eso es lo que te gustaría creer, ¿no? Para salvar tu matrimonio, lo entiendo. Yo también actuaría posesiva si no pudiera darle a mi hombre lo que tanto anhela. Pero en el fondo sabes que no puedes contener a un hombre tan fogoso, rudo e implacable como Shane, si a él se le mete algo en la cabeza, lo cumple. Y lamento decirte esto ahora, querida, pero de todas maneras pronto vas a saberlo todo. Estoy embarazada de tu esposo. Él me pidió que le diera a su heredero y aunque al principio fue difícil para mí decidirme, siempre hemos tenido una química única. No pude decirle que no.

-¿Qué acabas de decir? -pregunto, con la vista nublada de indignación y rabia, todavía sin dar crédito a lo que dice.

Doy un paso al frente y es Aurora la que se interpone entre Abigail y yo.

-No se te ocurra amenazar a Abigail, porque vas a enterarte de lo que soy capaz -amenaza, y por encima de su hombro, veo la expresión complacida de su pupila-. ¿Entiendes lo que pasa aquí? Shane tuvo que buscarse una amante porque la mujer que eligió no sirve siquiera para darle un hijo. ¿No te avergüenza? Y eres tan estúpida que todavía le exiges que se aleje de su familia, de la mujer que merece tener a su lado, solo para enterarte de esta humillante manera de que nunca serás suficiente para él, para la familia Robinson.

-Shane no me haría eso, están mintiendo. -Niego con la cabeza.

Ahora es el turno de Abigail de levantar una ceja.

-¿Por qué mentiría con algo que puedes verificar después? -se burla.

Yo le gruño y quito a Aurora del medio, para enfrentarla.

-Confío en Shane, sé que él no me haría esto. Ustedes llevan tanto tiempo queriendo separarnos que tienen que recurrir a estas bajezas para intentar lograr algo. Pero qué sepas, Abigail, no vas a lograr nada -le aseguro, porque el amor que Shane y yo tenemos es sincero, real, lo conozco demasiado para saber que él no sería capaz de hacer algo así-. ¿Crees que insinuarte ante él te suma puntos? Tú misma lo dijiste, él es implacable y cuando te dijo que te alejaras no era una recomendación. ¿Te sientes poderosa porque tienes el apoyo de Aurora? Shane mismo te puede decir que eso no hace ninguna diferencia. Pero solo eres una arribista que no sabe ya qué hacer para salirse con la suya, y esa palabra es demasiado decente para lo que creo de ti.

Abigail se pone roja de rabia y cuando menos me espero, me suelta una bofetada que me gira la cara. Pero a pesar del ardor instantáneo, no me quedo así y le cruzo la cara de vuelta, con un ruido sordo que resuena en todo el pasillo.

-Vuelve a tocarme, idiota -le grito. Aurora va a defender a Abigail, Viena se pone a mi lado-. Esta vez fuiste muy lejos y a diferencia de otras veces, que me he quedado callada, Shane va a saber lo que ustedes intentaron. Se caerán sus caretas y se van a arrepentir.

Abigail hace una mueca de dolor repentina y se dobla sobre sí misma con un quejido.

Aurora me mira con los ojos encendidos antes de ir con su tan querida pupila.

-¿Ves lo que provocas? Te dije que te vas a arrepentir, Shane no te va a perdonar esto, maldita.

Entre las piernas de Abigail comienza a salir sangre y yo me quedo congelada. Aurora, al verlo también, grita pidiendo ayuda y cuando se la llevan, se gira con ojos tormentosos y se lanza sobre mí. Me cubro lo más que puedo, porque no quiero golpear a la madre de mi esposo. Solo Viena se interpone entre las dos.

-Abigail lleva a mi nieto consigo, si lo pierde, te juro que lo pagarás. ¿Quieres confirmar que no estoy mintiendo y que Shane sí es el padre? Solo tienes que entrar a esa consulta y leer el documento que él firmó hace unos días. Cuando lo veas, vas a entender realmente lo poco que le importas a mi hijo. Vas a entender que perdiste contra mí desde el mismo inicio.

Se aleja de mí y yo me quedo mirando a la nada, temblando y sintiendo que todo es una pesadilla.

Viena está ante mí, pero yo no escucho nada. Me ayuda a sentarme y desaparece por unos segundos. Cuando regresa, su cara no me gusta nada.

Se arrodilla ante mí y con una expresión dividida entre la furia, la decepción y la tristeza, es suficiente para decirme lo que, en el fondo, ya estaba esperando confirmar.

-Lo siento, cariño. Shane confirmó ser el padre del hijo que espera Abigail, está en su historia clínica.

Capítulo 2 Acuerdo de divorcio.

Ivanna Robinson

Dos lágrimas caen de mis ojos y corren por mis mejillas. Solo dos. Siento mi pecho ardiendo, me falta el aire y siento que en cualquier momento me voy a desmayar.

Viena me sacó de la clínica, me dejó sentada en una cafetería al frente y regresó para saber de primera mano qué pasa con Abigail y su embarazo. Su hijo.

«El que espera con Shane, mi esposo», me recuerda el subconsciente, como si necesitara repetirlo demasiadas veces para poder creerlo.

Una realidad que no me atrevo a enfrentar, ni siquiera soy capaz de llamarlo para pedir una explicación, no ahora que todo iba a cambiar entre los dos, con nuestras vidas, con nuestro matrimonio.

Me abrazo a mi vientre todavía plano. Un sollozo sale de mí y cierro los ojos para no ver cuántos a mi alrededor me miran desvanecerme. Dos años enteros intentando quedar en estado, asistiendo a consultas de fertilidad, llorando a escondidas por no poder darle al hombre que amo lo que más desea. Noches enteras de mirarlo dormir sintiendo que algún día todo acabaría entre los dos, solo para despertar horas después y ver en sus ojos que me amaba por encima de todas las cosas.

Pero hoy mi mundo se destruyó. Todo quedó en el olvido. Mi peor pesadilla se hizo realidad.

Saco mi teléfono con dedos temblorosos. Busco el contacto de mi esposo y le doy al botón de llamada. Suena y suena, sin parar, hasta que se corta. Mi corazón duele, pero me digo que puede ser solo una casualidad. Que está ocupado.

Abro nuestro chat y al ver el último mensaje que me envió, mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas.

»Te amo tanto que no imagino una vida sin ti. Esta noche celebraremos nuestro aniversario, lo merecemos.

La nostalgia, ligada con el dolor y la tristeza, me absorben, porque ni siquiera es un aniversario en el sentido estricto de la palabra. Es solo un mes más de matrimonio. Dos años y dos meses. Eso tenemos de casados.

Mis dedos se quedan un segundo de más suspendidos sobre el teclado, antes de comenzar a escribir lo que será mi primera prueba.

»Amor, te tengo una sorpresa. ¿Dónde estás? No puedo esperar para ver tu reacción.

Mi corazón late tan fuerte que me tupe los oídos. Mis manos tiemblan mientras no dejo de mirar la pantalla. A esa confirmación de lectura que llega casi al instante.

Sin embargo, no hay respuesta por unos largos minutos. Hasta que levanto la mirada y veo un auto llegar a la clínica, un auto que conozco bien.

Mi teléfono suena en mis manos antes de ver salir al hombre que amo. Antes de verlo entrar a la clínica casi corriendo.

Con el alma destrozada bajo la mirada y leo su mensaje.

»Lo siento, Ivanna, ahora no puede ser. Estoy en medio de algo importante. Hoy no estoy para sorpresas.

Si antes pensaba que se me había roto el corazón, ahora sé que está hecho polvo. Completamente destruido.

-¿Por qué me mientes? ¿Por qué hiciste esto? -susurro, sintiendo tanta decepción que duele.

Viena llega minutos después y su cara me dice todo. No hay buenas noticias.

Se sienta a mi lado, pálida y con manos temblorosas, bebe del agua que antes pedí y no toqué.

-Ivy, Abigail perdió al bebé. Shane estaba llegando cuando yo iba saliendo y lo vi abrazarla como si sintiera...como si fuera de verdad que ellos...que ellos son amantes.

La palabra amantes se siente como un látigo azotando mi espalda. Cierro mis ojos y me permito dejar salir mis emociones, mi dolor y frustración.

¿Cómo un día tan maravilloso se volvió tan tóxico?

-¿Qué harás? -me pregunta mi amiga.

La miro a los ojos sin saber qué decir. Me encojo de hombros, porque no tengo ningún plan.

-Estaré en la casa y allí lo voy a esperar. Si vino a la clínica, sabe que sé su secreto, tiene que darme la cara. El Shane que conozco no es un cobarde.

Viena me mira como si quisiera replicar eso. Casi veo los subtítulos en su cara.

«El Shane que conoces no existe».

-¿Le dirás sobre tu embarazo?

Niego con la cabeza.

-Voy a ver qué tiene para decir, todavía guardo la esperanza de que todo sea un malentendido. ¿Estúpida? Sí, lo soy. Pero me cuesta tirar por la ventana todo mi amor, mi devoción. Quiero escuchar sus motivos, quiero saber qué hacer cuando él me diga la verdad. Si termino acabando con mi matrimonio, que así sea. Y mi hijo, este que es un milagro, será solo mío.

-Ivy...

-Está decidido, Viena. Si Shane de verdad me engañó y le pidió un heredero a Abigail, no hay nada que hacer. Él decidió, yo solo actuaré en consecuencia.

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La casa está vacía, solitaria. Se siente fría.

Sé que Shane no estaría aquí, pero llegar sola se siente peor de lo que ya imaginaba.

¿Cómo ver ahora con los mismos ojos la casa donde éramos felices?

No es posible.

Dejo el bolso encima de la isla de la cocina y me preparo un vaso de agua. Lo bebo todo sin parar, tengo la garganta seca.

Me siento en el salón cuando creo que tengo fuerzas para moverme y allí espero. Con el teléfono en la mano, pasan dos horas, tres. Mi estómago ruge de hambre.

Lo llamo. Me cuesta demasiado buscar el nombre y ver la manera cariñosa en que guardo su contacto. Pero me mantengo fuerte, no puedo ser débil ahora. La llamada va a buzón y no me sorprende, pero otra pieza en mi interior se rompe.

Llaman a la puerta y el estridente sonido me sobresalta. Sé que no es Shane, porque él tiene llave y no creo que se vuelva una formalidad entre nosotros ahora.

Con lentitud me levanto y espero a que el mareo pase para avanzar hasta la puerta. Al abrir, me encuentro con el abogado de Shane, lleva un portafolios y su cara, a diferencia de otras veces, no cuenta con una expresión agradable.

-Señora Robinson, estoy aquí por orden de su esposo. ¿Puedo pasar?

Tengo la piel erizada, pero asiento. Sé que de esto no saldrá nada bueno.

Le dejo espacio para que entre y lo sigo hasta el salón, para verlo sentarse en el sofá y abrir su portafolios.

Me siento en la butaca a su lado, todavía sin entender nada.

-¿Me dirá qué sucede? -pregunto, cuando lo veo sacar y sacar papeles, además de una pluma de tinta fina.

Él levanta la mirada y me observa por encima de sus gafas, con expresión irritada. Asiente.

-Este es el acuerdo de divorcio, señora.

Si no estuviera sentada, me hubiera caído. Los oídos comienzan a pitarme y el pecho se me aprieta, se siente como si no pudiera respirar.

-¿Puede repetir eso?

Esto tiene que ser un error. Shane no puede hacerme esto. No así.

-Soy el abogado del señor Robinson y como su representante legal, le presento el acuerdo de divorcio. Por favor, lea y fírmelo.

Me extiende el documento y su agarre firme nada tiene que ver con el temblor de mi mano. Lo acepto con la boca seca y el palpitar de mi corazón en la garganta.

-¿Por qué Shane no está aquí, dando la cara con esta...solicitud?

-El señor Robinson tiene mejores cosas que hacer. Este es solo un simple trámite.

Un golpe en el estómago dolería menos. Me acaba de dejar claro lo poco que le importo al hombre que amo, con quien pensaba tener una vida, una eternidad.

¿Qué tanto cambió? ¿En qué momento?

¿Todo fue siempre una mentira?

Abro el documento y empiezo a leer, pero a la primera página la cabeza me da vueltas y lo cierro una vez más.

-Esto tiene que ser una broma. Dos años de matrimonio y lo único que pretende darme con este acuerdo es mi...el anillo que le compré.

Me sale un sollozo al final. No puedo creerlo.

No es que me haya interesado alguna vez el dinero de Shane, pero, ¿dejarme en la calle sin dar siquiera una explicación de por qué hace esto? ¿Solo devolverme el anillo para el que tanto me costó reunir dinero?

«Es humillante».

Trago en seco y miro al hombre ante mí, que me entrega un sobre de cartón con lo que supongo que es el anillo dentro.

Lo tomo también con mano temblorosa.

Y por puro coraje alcanzo también la pluma, busco los espacios donde debo estampar mi firma y sin pensarlo, lo hago.

Cada uno de mis trazos es un pedazo de mi alma que dejo en manos de Shane. Es un adiós definitivo, de todo lo que pudimos tener, pero que ahora se arruinó.

Y es la despedida que él no tuvo los huevos de darme.

Capítulo 3 De regreso al infierno.

Ivanna Taylor (apellido de soltera)

4 años después...

Milo Prince es un idiota de los grandes. No le basta tenerme de un lado a otro todo el día, ahora también pretende que le organice sus fiestas y que haga el trabajo de todo un equipo de organización de eventos y hasta catering.

«Todo por un maldito bono».

-Ivanna, ¿revisaste lo que te dije con el valet parking? No quiero embotellamientos innecesarios cuando comiencen a llegar los invitados.

Ruedo los ojos mientras estoy de espaldas a él. Tomo una profunda inhalación y pongo mi mejor sonrisa falsa antes de girarme.

-Todo está listo, señor Prince. Se contrataron a dos empleados para que se encarguen de cada ala del parqueo y tienen especificaciones claras sobre los modelos de autos que van a asistir a este evento.

La sonrisa de Milo es de pura soberbia. Me guardo mi desagrado, porque no debe ver bien el que yo piense que es un ridículo. Es mi jefe, al fin y al cabo.

-Eso está bien. Mis invitados son de alto nivel, no esperan menos de mí. -Se gira y toma el decantador de whisky de su bar. Se sirve un vaso ancho con más líquido ambarino del que llevaría un trago normal y bebe un gran sorbo antes de insistir en sus tonterías-. ¿Todo lo demás?

-En orden y marchando, señor.

Él vuelve a asentir, da otro trago y me mira, de arriba abajo, antes de hacer una mueca.

-Supongo que vas a cambiarte de ropa, ¿no? Te pago bastantes bonos para que tengas un buen vestidor y siempre traes esos... -señala mis ropas con desagrado-, harapos.

Me digo que resoplar en su cara es una falta de respeto, por eso me muerdo la lengua antes de replicarle. Él sabe bien que así me ve siempre, y eso no cambiará. Aston se lo dejó claro.

-Lo siento, señor, pero no me gusta malgastar mi dinero y lo que tengo, cumple con las especificaciones de la empresa. Esta noche, estaré dentro con la organización, no será necesario llevar un atuendo llamativo cuando estaré entre platillos y dando órdenes.

Milo entrecierra sus ojos en mi dirección, ya casi lo veo enumerando las razones por las que tengo que cambiarme; la primera, que me veo horrible.

Pero eso yo lo sé, no hace falta que me lo diga.

-¿Al menos puedes quitarte esos lentes? -insiste. Se ve como si sufriera al pedirlo.

-Si lo hago se queda sin asistente, señor. -Escondo la sonrisa que decir eso me provoca.

En realidad, no uso lentes, no tengo problemas en la vista. Solo los llevo porque el mismo Aston Myers me recomendó que lo hiciera. Algo sobre su amigo odiando las ropas anchas y las gafas de pasta. Y como yo no quiero estar en el radar de un hombre que adora a cuanta mujer se le acerca, me ocupé de verme lo menos atractiva posible.

Me parece escuchar un resoplido de su parte, pero se gira y no lo confirmo. Se da otro trago y arregla su camisa, alistándose para recibir a los invitados.

-¿Llamaste a Marissa?

-Sí, debe estar por llegar -confirmo y me trago el ácido por tener que encargarme hasta de sus amantes.

«Pero qué se le va a hacer, me toca».

-Bien, ya puedes bajar y revisar que todo esté perfecto. Cuando hayan llegado unos cincuenta invitados, me envías un mensaje para entrar al salón.

Asiento a su orden y me giro, para largarme de su despacho. No puedo con su manera de ser, no lo soporto, pero tengo que resistir mientras tenga este trabajo. Me costó demasiado conseguirlo como para abandonar por algo tan sencillo como no aguantar a mi jefe.

Salgo de ese espacio reducido y me muevo por su mansión como si fuera mi casa, la conozco como la palma de mi mano. No es que lleve mucho aquí, Milo se trasladó a Boston hace solo una semana, pero me ha hecho trabajar tanto estos días que no hay manera en que no pueda caminar con los ojos cerrados por estos pasillos.

Y aunque me quejo del exceso de trabajo, al menos eso me ha mantenido ocupada y no he prestado demasiada atención al hecho de que estoy de regreso en la ciudad que vio mi peor versión, donde lo perdí todo.

Sacudo mi cabeza de pensamientos no bienvenidos y llega al piso inferior cargada de órdenes y revisiones de último minuto. Todo está como debe ser y a las ocho en punto de la noche, comienzan a llegar los invitados.

Desde mi posición en las cocinas tengo controlado el resto del evento. En las puertas no ha habido ningún inconveniente y en el aparcamiento tampoco. Me ocupé de que todo estuviera cubierto para poder ocuparme de la parte del catering, porque Milo es millonario, pero es un tacaño de primera, por lo que no quiso contratar a nadie más.

Cuando Marissa llega me toca salir de mi escondite para llevarla con su amante millonario. Al verme a su lado, un sentimiento de inferioridad quiere instalarse en mí, pero me recuerdo que no quiero verme bien. Ella luce hermosa con un vestido que seguro Milo sí aprobará.

-Buenas noches, Marissa. Bienvenida. ¿Me acompañas, por favor?

Soy educada y respetuosa porque es mi trabajo. Aunque no tengo motivos para odiarla, la verdad es que Marissa es otra de las tantas que pasan por la vida de Milo. No puedo siquiera decir que me cae bien, porque estaría mintiendo. Todas las que hasta ahora he conocido, sin excepción, son mujeres interesadas por su dinero y que hacen lo que sea por tener su atención una noche.

-¿Dónde está Milo? -pregunta con voz chillona detrás de mí.

-En su despacho, esperando por ti para salir.

-Aww, qué tierno. Tú puedes permitir la entrada de unos invitados fuera de la lista, ¿verdad?

Sin mirar hacia atrás, le respondo.

-Podría, pero solo con la aprobación del señor Prince.

-Oh, vamos, Ivanna. Milo no dirá nada, es una pareja que le conviene tener cerca, son muy influyentes y de los más ricos de la ciudad. No recibieron invitación, de seguro, porque no hiciste bien tu trabajo.

Me da ganas de reír lo que dice. Me importa un carajo lo que ella crea que hice bien o mal.

Avanzamos hasta el ascensor que lleva a los pisos superiores y presiono el botón para que las puertas se abran.

-Ese detalle sabrá analizarlo mi jefe, Marissa. -Extiendo mi mano para que entre al ascensor-. El señor Prince la espera.

Ella me mira como si quisiera decirme todo lo que tiene atorado, pero es solo frustración lo que siente por no poder darme órdenes. Pasa por mi lado taconeando y meneando sus caderas. Ya dentro me mira con la barbilla levantada y actitud soberbia.

-Shane Robinson debió ser el primero de esa lista. Y Milo lo sabrá.

Las puertas se cierran, por suerte, y yo no quedo expuesta ante Marissa con lo que ese nombre me hace sentir. Escucharlo es como recibir una bofetada que no sé de dónde viene. Sabía a qué me estaba exponiendo cuando regresé a esta ciudad, pero me dije que Boston era demasiado grande y Milo, demasiado presumido como para codearse con quien sería su competencia. Me convencí de eso para asumir que debía venir si quería mantener mi trabajo.

Saber que Shane puede presentarse aquí, si Marissa logra convencer a Milo, hace que un nudo se me forme en la garganta, pero me digo que ya está superado, que no puede afectarme más de lo que me hizo hace cuatro años atrás.

Me alejo del ascensor y regreso a las cocinas, estoy sudando frío y necesito una pausa, necesito un trago.

Logro recomponerme poco a poco. Decido olvidar esas palabras que soltó Marissa, sobre todo la parte que me dio noticias sin quererlas.

...Una pareja que le conviene tener cerca...

No sé qué tan sano sería investigar ahora sobre esto. El impulso de hacer una rápida búsqueda de Google me llena, pero lo detengo. No puedo caer en eso. Llevo cuatro años sin saber nada de él, no empezaré esta noche.

Me concentro en mi trabajo, organizando todo desde las cocinas. Estoy sudando por el calor una hora después, cuando Milo me llama directamente.

-Ivanna, envié a alguien a las cocinas preguntando por ti. Atiéndela.

Su orden me hace resoplar, pero me digo que hago esto por un motivo de peso. Uno muy importante.

Salgo de donde estoy organizando las bandejas que van saliendo y cuando llego a la entrada de la cocina, ante mí se detiene la persona que menos quería ver esta noche.

Abigail Allen.

Se presenta con expresión tranquila, inocente, pero en cuanto sus ojos se posan en mí, que se da cuenta quién está frente a ella, la sorpresa recorre sus rasgos. Abre la boca queriendo decir algo, pero no le sale nada. Me mira de arriba abajo, detalla cada cosa en mí, desde mis lentes hasta mi ropa ancha y barata.

Una lenta sonrisa comienza a formarse en su boca. Y yo me preparo mentalmente para controlar mi boca y mis puños, antes de estampárselo en la cara.

-¿Quién hubiera dicho que aquí te escondías, como una rata de alcantarilla? -se burla, se cruza de brazos y me mira con superioridad.

-Allá quien tenga que esconderse, querida. Yo no soy una de esas -replico, sin ánimos de darle el gusto.

Levanta una ceja cuestionadora.

-¿Ah, no? Y entonces, ¿dónde has estado? Después de que huiste como la cobarde que eres y con las manos vacías, como merecías, no pensé que te atreverías a aparecer por aquí. Pero ya veo que sigues sin tomar buenas decisiones.

Ruedo los ojos, por supuesto que tiene que mencionar todo lo que sucedió y la manera en que Shane me exigió el divorcio sin compensación alguna.

-Para algunas mujeres es más importante la dignidad, Abigail. ¿Eres tú la persona que enviaron a la cocina? No puede haber intrusos en esta área...

Al ver que no reacciono a su veneno hace una mueca, pero insiste, ella no puede quedarse con las ganas de un enfrentamiento.

-De ser la orgullosa esposa del magnate millonario Shane Robinson, pasaste a camarera, ¿eso es lo que eres? -Me mira con un gesto de repugnancia-. No lo pareces, estás tan horrible que das pena. ¿Para qué regresaste, Ivanna? ¿Acaso pretendes presentarte con Shane y pasar otra vergüenza?

No me extrañan sus palabras, no esperaba menos que eso. Pero a pesar de su aparente seguridad, veo en ella esa inseguridad que siempre sentía cuando yo estaba cerca. Y me aprovecho de eso, porque el idiota me fue infiel con ella, sí, pero no permito que nadie me trate así sin defenderme.

-No te importa lo que soy, ni lo que hago aquí. ¿Presentarme con Shane?, ¿para qué querría yo eso? Puedes quedártelo, si tanto lo estás cuidando de mí.

-Pues que sepas que estamos comprometidos, como debió ser siempre -anuncia y, aunque me duele el corazón confirmarlo, no me toma por sorpresa.

A estas alturas, y después de cuatro años, saber que mi ex esposo está por casarse con quien fue su amante, no me toma desprevenida.

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