En el opulento y poco iluminado cine privado, se transmitía en vivo la subasta de joyas más exclusiva.
La fuerte voz del subastador resonó en la sala. "Un millón a la una, un millón a las dos...".
Pero Alicia Bennett apenas escuchaba esas palabras, ya que toda su atención estaba centrada en el hombre debajo de ella.
La intensidad de sus embestidas la abrumó al punto de que tuvo que hundir los dientes en su hombro desesperadamente para evitar gemir.
El hombre solo gruñó en respuesta, sin detenerse ni disminuir la velocidad.
"Relájate, ¿sí?", dijo con voz ronca, mientras apretaba más su cintura, obligándole a su cuerpo que se doblegara a su voluntad.
La joven sabía que le dolía, así que poco a poco, aflojó la mandíbula y dejó de morderlo.
Justo cuando estaba por pedirle disculpas, él soltó una risa baja, casi burlona. "No te pedí que aflojaras el mordisco".
Alicia se quedó congelada y sus mejillas se ruborizaron.
La disculpa se le atascó en la garganta y fue reemplazada por una abrasadora vergüenza que volvió su piel carmesí.
Pero la intensidad entre ellos solo se hizo más feroz a medida que pasaba el tiempo. Sus cuerpos se enredaron en una batalla de pasión y descontrol.
El subastador dejó caer su mazo. "¡Vendido por diez millones! ¡Démosle un aplauso al señor Joshua Yates!".
Ese nombre impactó a Alicia como si fuera un rayo.
Su cuerpo se puso rígido, por lo que el hombre no pudo evitar notarlo. Sus movimientos se detuvieron mientras sus ojos entrecerrados de satisfacción observaban perezosamente la pantalla.
La cámara se acercó al rostro de Joshua Yates, por lo que cada detalle de sus conocidos rasgos se mostró con perfecta claridad.
"Joshua, el segundo hijo de la familia Yates... ¿Es un conocido tuyo?", preguntó, arrastrando las palabras. Sus labios se curvaron en una sonrisa maliciosa mientras mordisqueaba juguetonamente el lóbulo de la oreja de Alicia.
La mujer frunció más el ceño, ya que lo último que quería era discutir ese asunto.
"¿El chisme también forma parte de tus servicios?", espetó con irritación.
El hombre se rio por lo bajo, haciendo eco en el espacio.
¿Servicios?
Ni siquiera se molestó en negarlo. En cambio, agarró con más fuerza su cintura y se movió de manera más implacable. Su ritmo era caótico e indómito, como si quisiera desafiarla.
La habitación parecía latir con sus apasionados deseos. El ambiente rezumaba lujuria, y sus respiraciones entrecortadas se volvieron una sola. Los dos llegaron juntos al orgasmo sin aliento.
Cuando todo terminó, Alicia aprovechó que el hombre estaba en la ducha para escapar sigilosamente.
Sacó un fajo de billetes de su bolso y los puso en la silla. Avanzó lentamente hacia la puerta, tan silenciosa como un ratón, e hizo una mueca por el dolor que sentía en sus partes íntimas.
Cuando Caden Ward finalmente salió del baño, vio al instante la ordenada pila de billetes de dólares en la silla. Una mirada divertida se apoderó de sus ojos y una sonrisa burlona apareció en sus labios.
Tomó un cigarrillo, lo encendió lentamente y se hundió en la silla. Sus dedos jugaban con la colilla.
Después de un rato, Hank Ford, su asistente, irrumpió en la habitación con nerviosismo.
El leve e inconfundible olor a sexo seguía flotando en el ambiente, por lo que el cuero cabelludo del asistente se erizó de incomodidad. "Eh, discúlpeme, señor Ward. Estaba distraído. Deme un momento y la traeré de vuelta ahora mismo".
Acababan de regresar al país y habían tomado todas las precauciones. Pero aun así, una mujer había logrado burlar su seguridad.
Caden exhaló una corriente de humo con indiferencia.
"No es necesario. Yo... lo hice voluntariamente".
Hank abrió mucho los ojos.
Solo entonces, vio las tenues marcas rojas que decoraban el pecho de Caden.
La cabeza de Hank empezó a dar vueltas. En todo el tiempo que lo conocía, nunca lo había visto acostarse con una mujer, ni siquiera había tenido una aventura de una noche.
Incluso había rumores de que sufría una enfermedad, y que por eso nunca había tenido sexo.
Pero ahora, esos rumores se evaporaron ante ese giro inesperado.
Antes de que Hank pudiera procesar todo, la profunda voz de Caden lo devolvió a la realidad. "Quiero que investigues la vida personal de Joshua. El informe debe estar en mi escritorio en media hora".
Esa noche, Alicia había entrado tambaleándose a su habitación, febril y desesperada.
Obviamente, la habían drogado.
Pero todos sus años de moderación y abstinencia se derrumbaron en cuanto la tomó en sus brazos.
Y entonces descubrió algo: Alicia era virgen.
Dos años de matrimonio con Joshua...
¿Y aun así, estaba intacta?
El recuerdo de la noche apasionada despertó algo en su interior. Sus labios se curvaron en una sonrisa de satisfacción.
Lo inesperado siempre lo intrigaba.
Pero mientras reflexionaba, una cosa le quedó muy clara: Alicia no sabía con quién había estado debido a los efectos de la droga.
Cuando la joven regresó a casa, la primera luz del amanecer se estaba filtrando por las ventanas.
Solo entonces se dio cuenta de cuánto tiempo había estado fuera. Rechinando los dientes con enojo, se detuvo en la puerta.
Incluso después de que ella estuviera al borde del colapso, él se negó a soltarla, como si no pudiera sentir el cansancio.
¿Quién se suponía que era el cliente?
Pero antes de que pudiera seguir pensando en eso, sonó su celular. Era una llamada de su mejor amiga, Monica Flynn.
"¡Alicia!", gritó ella desde el otro extremo de la línea. Sonaba bastante preocupada. "¿Cómo estás ahora?".
Alicia exhaló un profundo suspiro y se quitó los zapatos descuidadamente. "He estado mejor", susurró.
Desbordada de rabia, Monica espetó implacablemente: "¡Joshua es un pedazo de mierda! ¡Es tan repugnante! ¡Si no quiere seguir casado, debería armarse de valor y divorciarse de ti! ¿Qué clase de enfermo conspira contra su propia esposa?".
Alicia sintió el profundo dolor de la traición.
Ayer había sido su segundo aniversario de matrimonio. Joshua le había enviado un mensaje sugiriendo que lo celebraran. Alicia pensó que él había cambiado, así que se vistió elegantemente. Pero solo se encontró con una decepción y una bebida con droga que le hizo tener una noche de confusión y caos.
¿De verdad Joshua había planeado todo eso?
Tragándose su amargura, Alicia se obligó a subir lentamente las escaleras. "Está bien, Monica. Yo me encargaré de eso".
Siempre protectora, la aludida no estaba convencida. "¿Piensas tomar medidas? ¿Cómo piensas hacerlo? Solo dime y estaré ahí ahora mismo. ¡Me pondré mis tacones más afilados para patearlo en los huevos!".
Alicia no pudo evitar esbozar una pequeña y cansada sonrisa, pero su corazón todavía se sentía pesado.
De repente, la voz de Monica cambió y preguntó con curiosidad: "Bueno, cuéntame, ¿quién era ese chico con el que estabas anoche?".
Alicia se quedó congelada, con un mal presentimiento. "¿No contrataste a ese chico para mí?", preguntó inquieta.
"Sí, llamé a uno", dijo Monica con seriedad. "Pero nunca apareciste. Esta mañana me envió un mensaje diciendo que te esperó toda la noche y no fuiste. Entonces, ¿con quién estuviste?".
Alicia dejó de respirar cuando entendió lo que había pasado.
Estaba a punto de responder cuando la puerta de su dormitorio se abrió con un crujido.
Alicia alzó la mirada y sintió su corazón hundirse. Recién salido de la ducha, con una toalla enrollada alrededor de su cintura, estaba Joshua. Su cabello húmedo se le pegaba a la frente mientras la miraba fijamente.
"¿Qué chico?", siseó amenazadoramente.
Alicia salió de su aturdimiento en cuanto se encontró con la mirada gélida de Joshua, su supuesto esposo.
El hombre tenía una expresión tan indiferente como siempre, como si estuviera mirando a una desconocida.
Lo único fuera de lugar era el mordisco en sus labios.
¿De verdad había besado a otra persona con tanta intensidad?
Estaba tan disgustada que tuvo que aguantar sus arcadas. Sus dedos apretaron su celular mientras terminaba la llamada con un suave suspiro. "Nada".
Sin esperar una respuesta, caminó adentro.
Joshua frunció el ceño y agarró su muñeca. "Alicia, ¿por qué tienes esta actitud?".
No parecía estar contento con ella, lo que era algo raro considerando lo poco que se molestaba en volver a casa.
Normalmente, ella lo habría recibido con los brazos abiertos y una mirada alegre en su cansado rostro, pero hoy parecía agotada, casi vacía.
No se resistió a su agarre y lo miró a los ojos con una calma que lo puso nervioso. "¿No he sido siempre así? He sido obediente y sensata, he cuidado de la casa para que esté en orden, para que estés cómodo y puedas dar lo mejor en el trabajo".
Una pequeña y amarga sonrisa se dibujó en sus labios. "¿No es eso lo que más te gusta de mí? Te facilito las cosas, ¿no? Te dejo tiempo para que se lo dediques... a alguien especial".
Los ojos de Joshua se oscurecieron ante esa acusación.
Quería negarlo, pero no le importó. ¿Por qué haría eso? Le soltó la mano y dijo bruscamente: "En realidad, por eso estoy aquí. Tenemos que hablar".
Alicia se frotó vigorosamente la muñeca, como si quisiera limpiarse donde la tocó.
"¿Finalmente piensas hacer pública tu relación con ella?".
El rostro de Joshua se contrajo al instante. "¿Qué sabes tú? ¿Le pediste a un detective privado que me persiguiera o algo así?", preguntó el hombre.
Alicia soltó una risa amarga. "¿Es necesario? Anoche no escatimaste en gastos para complacerla. Incluso un ciego podría darse cuenta de que estás loco por ella".
Joshua la miró fijamente, inquieto por su frialdad.
Era su misma voz y era la misma Alicia, pero había algo diferente... Por alguna razón, se sintió herido, como una espina que se clavaba en su corazón.
Tal vez se debía a la forma en que lo miraba ahora: sus antes cálidos y amorosos ojos ahora estaban completamente vacíos.
No había rabia ni dolor, solo...nada. Era un marcado contraste con la mujer que lo miraba como si él fuera su mundo entero.
No sabía por qué, pero verla así despertó algo en él, un descontento desconocido. Molesto por su propia reacción, Joshua decidió contraatacar con mayor dureza: "Está embarazada. Es un embarazo delicado, así que le compré algo para animarla".
Alicia apretó los puños.
¿Embarazada?
Todas las noches que ella se quedó despierta esperando su regreso, ¿él estuvo intentando formar una nueva familia con otra mujer?
Al verla estremecerse, Joshua sintió una ligera satisfacción. "No es que no quiera dormir contigo", dijo con condescendencia. "Eres tan simple que aburres. Ningún hombre quiere algo así".
Sus crueles palabras atravesaron a Alicia como una espada, pero aun así, logró mantener la compostura.
No es que evitara la intimidad, simplemente no solía tomar la iniciativa. ¿Eso la volvía tan indeseable? ¿Era un pecado no ser lo suficientemente seductora?
Alicia respiró profundamente para obligarse a mantener la calma.
"Está bien", murmuró. "Divorciémonos. Puedes darle el título que ella quiere".
El párpado de Joshua tembló involuntariamente.
Entrecerrando los ojos con sospecha, resopló: "¿Es este otro de tus juegos?".
Su voz se volvió más mordaz mientras hablaba con certeza: "Alicia, durante dos años has hecho de todo para llamar mi atención. ¿No te cansas? Porque yo estoy cansado".
Hizo una pausa para que ella sintiera su desdén. "Dices amarme mucho. ¿De verdad podrías alejarte de mí?".
Alicia no pudo evitar lanzar una risa amarga.
¿Amarlo? ¿Siquiera entendía lo que eso significaba?
Cuando el negocio de Joshua se derrumbó, y solo tuvo deudas y sueños destrozados, Alicia puso sus ahorros para rescatarlo de los escombros.
Por gratitud, o tal vez por obligación, Joshua se había casado con ella.
Durante dos largos años, ella fue la esposa obediente que lo apoyaba mientras se abría camino hacia el éxito.
¿Y qué había recibido a cambio? Fue abandonada como una reliquia inútil, mientras que otra mujer llevaba un hijo de él.
Su amor y su lealtad habían sido destrozados bajo sus pies. Sería una masoquista si seguía amando a ese hombre.
"Redacta el acuerdo de divorcio", declaró Alicia firmemente. "Aceptaré los términos que gustes".
Luego, se dio la vuelta y salió del lugar, dejando a Joshua solo en el pasillo.
El joven la miró enojado durante unos segundos, pero luego una sonrisa burlona tiró de sus labios.
Se había vuelto más intrigante.
Pero dudaba que fuera capaz de mantener esa máscara por mucho tiempo.
Joshua salió furioso de la casa y se dirigió al apartamento donde lo esperaba su amante, Lilliana Green.
"Bueno, eso fue rápido", bromeó ella con una ceja alzada cuando Joshua le contó que se iba a divorciar. "Parece que no fue tan difícil convencerla como decías".
Joshua la atrajo a sus brazos y sostuvo su cintura posesivamente. "Es astuta", murmuró con sospecha. "No sé si de verdad está aceptando el divorcio o solo está jugando conmigo".
Lilliana se sentó en su regazo y abrazó perezosamente su cuello. Su mirada ardía con seductora picardía. "Relájate, Joshua", ronroneó, rozando su oreja con sus labios. "Incluso si cambia de opinión, ya será demasiado tarde".
Joshua frunció el ceño. "¿Qué quieres decir?".
Los ojos de Lilliana se volvieron sombríos y sus labios se curvaron en una leve sonrisa.
No era tan tonta como para mostrar sus cartas en ese momento, así que le dio una excusa sencilla. "Durante estos años que llevan casados, ella ha vivido tranquilamente en las sombras, como una simple ama de casa apartada del mundo. ¿Se atrevería a decir algo si tomas una decisión?".
Joshua apretó los labios.
Durante esos dos años, Alicia había hecho todo por él, le había dado apoyo y consuelo.
Lo había amado intensamente, pero al fin y al cabo, ¿qué valor tenía el amor?
Contra todo pronóstico, Joshua se abrió camino hasta la cima y finalmente logró alcanzar el poder que tanto ansiaba.
Pero ese éxito no había sido fácil. No era el amor lo que aseguraba su posición, sino las alianzas con los poderosos.
El prestigio de la hija de la familia Green valía mucho más que el amor devoto de Alicia.
Mientras esos pensamientos llenaban su mente, Lilliana presionó sus labios rojos sobre los de él. "Joshua, felicitaciones por escapar de la rutina", murmuró con voz aterciopelada. "¿Lo celebramos?".
Joshua se quedó mirándola, pero de repente, el rostro indiferente de Alicia apareció ante sus ojos.
Desde que salió de casa, ella no lo había llamado ni una vez para preguntarle dónde estaba.
Antes, cuando él se enojaba, siempre lo llamaba con ansiedad.
Una inexplicable irritación surgió en su interior. Sin pensarlo, empujó a Lilliana para alejarla. "Solo tienes unas pocas semanas de embarazo", murmuró con voz ronca. "Debes tener cuidado".
Pero ella era astuta y no tardó en darse cuenta de que estaba distraído. "Joshua, ¿qué pasa?", preguntó suavemente. "¿No quieres divorciarte?".
"Por supuesto que quiero divorciarme de ella", respondió él al instante.
Liliana entrecerró los ojos mientras lo estudiaba. "Entonces, ¿por qué no te ves feliz?".
Joshua ofreció una excusa rápida. "La condición de mi padre ha empeorado", respondió con cierto distanciamiento. "No le queda mucho tiempo y Caden regresó anoche. Tal vez vino para reclamar su herencia, así que debo saber cómo manejarlo".
Lilliana parpadeó con desconcierto. "¿Caden? ¿El hijo del primer matrimonio de tu padre? Ni siquiera lleva el apellido Yates. ¿Qué derecho tiene para pelear contigo por la herencia?".
El rostro de Joshua se oscureció.
Era cierto, pero al fin y al cabo, seguía siendo el hijo de una rompe hogares.
En todos esos años, se había esforzado incansablemente no solo para alcanzar una posición en la familia Yates, sino para empujar a Caden a las sombras, el lugar donde pertenecía.
De una forma u otra, estaba decidido a ganar.
Mientras tanto, Alicia se despertó con las extremidades fatigadas. Ya había oscurecido, pero se sentía más cansada que antes.
Y era porque sus sueños giraban en torno a ese desconocido, aún sentía sus caricias en su piel.
No sabía si era el efecto persistente de la droga o si simplemente ese hombre era increíble en la cama.
Incluso ahora, que estaba completamente despierta, se sentía como si estuviera flotando en una nube, por lo que no pudo evitar sonrojarse.
Solo salió de su aturdimiento cuando su celular vibró con una llamada de Monica. "¿Hola?", saludó.
La otra joven era tan observadora que notó inmediatamente que algo no andaba bien con su amiga. "Te escuchas muy somnolienta. ¿Qué está pasando? ¿Arreglaste las cosas con ese idiota acostándote con él?".
Alicia se aclaró la garganta para deshacerse de su nerviosismo. "¡Por supuesto que no!".
Monica se echó a reír con picardía.
"Bueno, tengo los resultados de tu análisis de sangre. Se los pasé a un amigo mío que tiene buenos contactos. Está investigando quién compró esa droga".
Alicia se incorporó y su mente se agudizó. "Gracias, Monica. Lo aprecio mucho".
"Si de verdad quieres agradecerme, hazme un favor: deja de estar obsesionada con ese idiota. Y después del divorcio, solo concéntrate en tu carrera. Me lo debes".
Alicia se sintió conmovida y bajó la cabeza en silenciosa gratitud. "Lo sé, lo sé".
Ahora que lo pensaba, sus sentimientos por Joshua nunca habían sido de amor verdadero, ya que todo era porque se sentía en deuda, un sentido de obligación.
Las expectativas de su familia siempre habían pesado sobre ella, y en esa infancia solitaria y sofocada, fue Joshua quien estuvo a su lado.
Su compañía había alimentado un vago afecto que había confundido con el amor.
"Es una suerte que nunca me haya aferrado con fuerza al amor", murmuró. "Estos dos últimos años... solo los veré como una forma de devolverle su bondad".
Monica hizo una pausa para darle cierta consideración. Sabía mejor que nadie que, en algún momento, Joshua había amado a Alicia.
Pero el amor podía ser muy fugaz.
"Alicia, realmente espero que lo hayas olvidado para siempre", declaró con un suspiro de convicción.
Alicia sintió un dolor en el pecho. Sus ojos ardían mientras intentaba contener las ganas de llorar. Rápidamente presionó una mano sobre sus párpados, negándose a derramar lágrimas.
Fue entonces cuando se quedó congelada.
Miró fijamente su mano.
El anillo de bodas, algo que había conservado con tanto fervor, había desaparecido.
No lo había llevado durante todo un día y una noche, y ella ni siquiera se había dado cuenta.
Su corazón se sintió más ligero y el peso de todo lo que había estado cargando empezó a desvanecerse. "Sí, realmente lo he olvidado", susurró más para sí misma.
No pasó mucho tiempo para que Joshua se diera cuenta de la pérdida del anillo.
Había regresado para recoger algo cuando sus ojos se posaron en su mano. "¿Dónde está tu anillo de bodas?", preguntó con el ceño fruncido.