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El regreso de la heredera adorada

El regreso de la heredera adorada

Autor: : Davin Litin
Género: Moderno
Madisyn se quedó de piedra al descubrir que no era hija biológica de sus padres. Luego la verdadera hija de esa familia le tendió una trampa, haciendo que la echaran de casa y se convirtiera en el hazmerreír de todos. Creyendo que era hija de campesinos, Madisyn se sorprendió al descubrir que su verdadero padre era el hombre más rico de la ciudad y que sus hermanos eran figuras de renombre en sus respectivos campos. Todos la colmaron de amor, solo para enterarse de que Madisyn tenía un próspero negocio propio. "¡Deja de molestarme!", dijo su exnovio. "Mi corazón solo pertenece a Jenna". "¿Quién te crees que eres? ¿Mi mujer siente algo por ti?", reclamó un misterioso magnate.

Capítulo 1 Expulsada de la familia

"Madisyn, te hemos criado durante años y nunca nos imaginamos que fueras capaz de tanta crueldad. Ya no podemos soportar tu presencia en esta casa. Debes irte de inmediato", declaró la imponente mujer frente a Madisyn Chapman, con una mirada llena de desdén y una expresión fría y amarga; su elegante y delicado atuendo contrastaba bruscamente con la dureza de sus palabras.

Mientras tanto, una joven que se parecía bastante a esta señora estaba sentada en el sofá, abrazándose con fuerza sus rodillas vendadas. Con los ojos llorosos, ella intervino: "Mamá, por favor, fue un accidente. Perdí el equilibrio y me caí por las escaleras. Ella no tuvo nada que ver".

Hace apenas media hora, Jenna Chapman, la hija biológica de los Chapman, se había caído por las escaleras. En ese momento, Madisyn era la única que se encontraba en el piso superior, así que todos creían que la había empujado...

Ahora, las miradas que los Chapman le dirigían estaban llenas de veneno y disgusto, un marcado contraste con su actitud de hace una semana, cuando se mostraron renuentes a separarse de ella.

Madisyn miró al suelo, mientras en sus ojos brillaba un destello de ironía.

Hubo una época en la que ella fue hija única de los Chapman y aunque nunca disfrutó del favoritismo parental, no le faltaba nada: sus necesidades básicas siempre estaban cubiertas.

Sin embargo, todo cambió cuando Jeffry Chapman, a quien ella consideraba su padre, sufrió un grave accidente y necesitó una transfusión de sangre. Las pruebas y exámenes médicos subsecuentes revelaron una impactante verdad: ella no era su hija biológica. Tras esa revelación, el hombre utilizó su extensa red de contactos para encontrar a su verdadera hija, Jenna.

Como la familia Chapman era una de las de mayor renombre en Gemond, la noticia no tardó en difundirse rápidamente. Para manejar la narrativa pública y preservar su reputación, ellos declararon su compromiso inquebrantable con la chica a la que habían criado por años. Afirmaron que la seguirían tratando como su hija por un tiempo, antes de devolverla con su verdadera familia.

No obstante, a puertas cerradas, sus planes eran muy diferentes. Solo estaban esperando a que la atención pública se desviara para deshacerse discretamente de ella.

Los Chapman culparon a Madisyn por todos los años de dificultades que había pasado su verdadera hija. Por esa razón, cuando esta llegó, sacaron a la usurpadora de su habitación y la relegaron a vivir en un trastero. No conforme con eso, la obligaron a realizar tareas domésticas, dejando en claro que su estatus estaba muy por debajo que el de los sirvientes.

Sin embargo, Jenna todavía quería sacarla de la casa, así que puso en marcha varios planes en su contra. Y sus padres se hicieron de la vista gorda; de hecho, apenas podían disimular su desdén por la chica a la que por años consideraron su hija.

Esos episodios acabaron con el afecto y las ilusiones que Madisyn tenía sobre su antigua familia; además, alimentaron su resolución para confrontar las injusticias que se le habían impuesto. Cuando la tensión estaba a punto de alcanzar su punto máximo, dijo con seguridad: "Me iré, pero no antes de aclarar las cosas. Me niego a seguir llevando la carga de tus malas acciones, Jenna".

La compostura de la aludida vaciló. Bajo la intensa y helada mirada de su acusadora, su cuerpo tembló visiblemente.

'¿Qué pasó con la chica que siempre era sumisa?', se preguntó, mientras un destello de maldad brillaba en sus pupilas.

'¡Maldita perra!'.

Ella era la heredera legítima de todos los bienes de la familia Chapman. En cambio, Madisyn no era más que una usurpadora que estuvo viviendo a sus costillas y disfrutando de sus lujos y comodidades.

En ese momento, tomó una decisión: tenía que expulsar a esa impostora de la familia.

"Madisyn, no tengo idea de lo que estás hablando. Desde que reclamé mi legítimo lugar, y nuestros padres me han dado el amor que me corresponde, he sentido tu inconformidad. Y a pesar de tus acciones, me he mantenido tolerante, pero hacerme esto a mis piernas... ¡¿Cómo pudiste?! Bailar es mi pasión, la expresión de mi alma. De haber sabido que querías tanto el puesto para la competencia nacional, me habría retirado de la competencia", declaró Jenna, con la voz teñida de confusión.

Su insinuación era clara: la había saboteado por celos.

La mirada de Phyllis Chapman, madre de la lastimada, se endureció al escuchar eso. Luego, habló en un tono lleno de desdén: "Hija, tú tienes un talento notable que Madisyn nunca podría igualar. Te ganaste tu lugar en la competencia nacional a pulso". Luego, se volvió a la otra y le dijo bruscamente: "¡Tú! ¡Empaca tus cosas y vete de inmediato!".

Parecía que la expresión usualmente sombría de Madisyn solo alimentaba su desprecio. En contraste, Jenna, siempre dócil y talentosa, brillaba intensamente a sus ojos. No tenía dudas de que era una verdadera Chapman.

En medio del drama que se desarrollaba, Jeffry finalmente rompió su silencio y habló con un tono de marcada decepción. "Madisyn, habíamos aceptado tenerte aquí hasta que el escrutinio público disminuyera, pero ante el terrible resentimiento que le tienes a nuestra hija, no nos dejas otra opción. Te devolveremos con tu verdadera familia hoy mismo".

En los ojos de Jenna brilló un destello de triunfo al escuchar que su padre hablaba de la inminente partida de la oportunista. En cambio, el rostro de la expulsada se mantuvo inescrutable mientras subía las escaleras para recoger sus pertenencias.

"¿Y si quiere llevarse todo?", preguntó después de un rato la hija de los Chapman, pues la prolongada estancia de la defenestrada en el piso de arriba la inquietó. Después de todo, cualquier cosa de valor que hubiera en esa casa le pertenecía a ella. No permitiría que una impostora se llevara parte de su riqueza.

Eventualmente, Madisyn reapareció. Bajaba las escaleras lentamente, con movimientos calmados y medidos. Cargaba una discreta bolsa negra. Durante su descenso, recorrió con su fría mirada la sala, lo que fue suficiente para que Jeffry se sintiera inquieto y desviara la mirada.

"¿Eso es todo lo que empacaste? ¿Qué llevas ahí? Muéstramelo", exigió Phyllis con sospecha; había fruncido el ceño al ver el raquítico equipaje.

En el acto, su esposo alzó la mano para detener su interrogatorio y dijo: "Déjala en paz". Estaba seguro de que solo se estaba llevando la tarjeta bancaria que le dio, en la que únicamente había cien mil dólares.

"Si tienes que revisarla, adelante", declaró la imperturbable Madisyn colocando, sin ápice de duda, su bolsa sobre la mesa.

Phyllis, incapaz de ocultar su desconfianza, no perdió la oportunidad de burlarse. "Tal vez te estás llevando algo valioso", murmuró, mientras abría el bolso. Sin embargo, adentro solo encontró un cuaderno, algunas semillas y un pequeño fajo de billetes, nada de los objetos de valor que tanto le habían preocupado.

Con el rostro rojo por la vergüenza debido a su falsa acusación, se enderezó y añadió con brusquedad: "Le pediré al chofer que te lleve a tu casa".

Jeffry, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros, metió la mano en su bolsillo y sacó una tarjeta. "Madisyn, cuando regreses, escucha a tus padres. Sí, son agricultores, pero... son buenas personas, gente sencilla. Deberías ayudarlos".

Ella contempló la tarjeta que le ofrecían con sus hermosos ojos. No perdió la calma al responder suavemente: "Cada uno tiene que cumplir con su propio destino". Acto seguido, empujó la tarjeta hacia el hombre; luego añadió: "Sin embargo, antes de irme, las cosas se tienen que aclarar. Jenna, ¿cómo fue que te caíste por las escaleras? Esta es tu última oportunidad para decir la verdad".

A la aludida le hirvió la sangre, enfurecida por la serena compostura de esa impostora, pues parecía elevarla por encima de los demás, a pesar de sus humildes orígenes.

¡Madisyn no era de una familia rica! ¡Solo era la hija de unos agricultores!

"¿Qué estás insinuando? ¿Que me aventé por las escaleras? Mis piernas son mi vida; son esenciales para que pueda bailar. ¿Por qué querría lesionarlas?", soltó, poniéndose más emocionada con cada palabra que salía de su boca, hasta que comenzó a llorar dramáticamente y colapsó en los brazos de Phyllis.

Justo en ese momento, un jarrón salió volando por los aires, directamente hacia Jenna, interrumpiendo su espectáculo. Sorprendida, la joven se puso de pie de un salto.

El silencio se instaló en la habitación, mientras todos la veían con sorpresa, incluidos sus padres.

Su agilidad había sido sorprendente, ¡¿pero no había dicho que no podía levantarse debido a sus heridas?!

Capítulo 2 El hombre más rico de Gemond

Al darse cuenta de su error, Jenna se desplomó en el sofá, se agarró las piernas con dramatismo y comenzó a quejarse: "¡Ay, mis piernas! ¡Me duelen mucho!".

Jeffry, en vez de enojarse con ella por su evidente mentira, culpó a Madisyn: "Por favor, entiende que Jenna es aún muy joven. No le guardes rencor...".

"Por supuesto. De hecho, no le guardaría rencor a un perro si me mordiera. Después de todo, aprendió ese comportamiento de sus dueños, ¿no?", respondió la fastidiada joven, pues había escuchado esa excusa varias veces.

Hizo una última mueca, con la que cortó la tensión en el aire, se colocó su sencilla bolsa sobre el hombro y se dirigió hacia la puerta, con pasos firmes e inquebrantables. No le dedicó ni una sola mirada a la familia que dejaba atrás.

Por su parte, los Chapman se quedaron furiosos por sus palabras.

Afuera, el chofer esperaba, ajeno al tumulto que se había desatado en el interior de la casa de sus jefes. Desde el regreso de Jenna, el respeto que el personal le mostraba a Madisyn había disminuido considerablemente; por eso, el chofer no la saludó cuando la vio acercarse.

La chica ignoró la presencia del empleado y pasó de largo; su postura era impecable y su actitud de evidente resolución.

"Me pidieron que te lleve a tu destino", dijo el trabajador, quien se había apresurado a alcanzarla.

"No es necesario. A partir de este momento, no quiero tener nada que ver con la familia Chapman", respondió ella, en un tono gélido, girándose ligeramente para verlo.

Tras dejar en claro su postura, paró un taxi y le pidió al conductor que la llevara a la dirección que Jeffry le había enviado previamente a su celular.

Su destino era un pueblo humilde y en ruinas, que no compartía nada con la opulencia que alguna vez había conocido.

Al llegar, notó el mal estado de la casa de sus padres biológicos; además, en el aire flotaban unos sollozos que le desgarraron el corazón.

Apenas entró, vio a muchas personas, aunque había un contraste evidente entre ellas: por un lado se encontraba un hombre, vestido con un traje impecable y elegante, rodeado de guardaespaldas; justo enfrente de él había una pareja llorosa, ataviada con la sencilla ropa de los campesinos.

Mientras la recién llegada absorbía el surrealista cuadro, el hombre se giró: tenía los ojos enrojecidos y la mirada llena de incredulidad. Luego, corrió hacia ella con los brazos abiertos y, a pesar de su imponencia y altura, declaró con la voz quebrada: "¡Hija mía! ¡De verdad eres tú! ¡No puedo creer que realmente estés viva!".

Madisyn se quedó perpleja.

¿Quién era él y por qué actuaba así?

Se concentró en la pareja de agricultores, con los ojos llorosos, que tenía frente a ella. Tras unos segundos de vacilación, rompió el silencio con voz temblorosa: "Mamá, papá, ¿qué está pasando?".

"No somos tus verdaderos padres. Jenna es la hija legítima de los Chapman, pero tú... tú no eres una de nosotros. Nuestro bebé nació muerto", suspiró el campesino, con la voz cansada por el peso de las verdades no dichas.

Luego de una pausa, señaló al hombre bien vestido y añadió: "Él es tu verdadero padre".

Los ojos de la joven se dirigieron al desconocido, percatándose de las innegables similitudes en sus rasgos.

"Madisyn, cuando te vi por primera vez en el hospital, algo en ti me llamó la atención, aunque lo desestimé entonces", explicó el hombre del traje, con la voz ahogada por la emoción, mientras sacaba un documento de su maletín con la mano temblorosa. "Después de escuchar que los Chapman habían encontrado a su verdadera hija, no pude evitar preguntarme si lo que pasó hace años fue un error. Esta prueba de paternidad confirma mis sospechas: tú eres realmente mi hija".

Ella tomó el documento y leyó la irrefutable prueba.

De hecho, incluso sin esta, el parecido en sus facciones hablaba por sí mismo.

Esa revelación, ese nuevo giro en su ya compleja vida, la abrumó a tal grado que se quedó callada, mientras su cabeza se llenaba con cientos de ideas.

"Yo sé que tienes mucho que asimilar, pero te aseguro que todo lo que te digo es verdad. La noche en que naciste, hubo un trágico error en el hospital y, por culpa de la negligencia de una enfermera, la vida de tres familias se entrelazó sin que lo supieran. Lo que pasó fue lo siguiente: el bebé de esta pareja fue declarado muerto y nos lo dieron a mi esposa y a mí por error; tú terminaste con los Chapman, y Jenna acabó aquí", continuó el hombre.

"Tu madre y yo estábamos devastados. Pensamos que te habíamos perdido para siempre. No tienes idea de lo mal que la pasó ella. Te está esperando ansiosa en el hotel, feliz de que por fin podrá conocerte", añadió, mientras sus ojos se humedecían.

Conmovida por su sinceridad, Madisyn asintió lentamente, aunque su mirada se posó en la humilde pareja.

"Todo esto fue un accidente. Ellos también son víctimas de toda esta situación y, aunque no puedo revivir a su hijo, les ofreceré una compensación por su pérdida", prometió él, en tono suave.

"No necesitamos ninguna compensación; saber la verdad es suficiente para nosotros", respondió firmemente el campesino, agitando su mano con desdén para restarle importancia al asunto. Su tono dejaba entrever su cansancio y desilusión, pues desde que Jenna, la joven que su esposa y él habían criado como suya, se reunió con su familia biológica, su relación se había deteriorado considerablemente: ella había roto todo contacto con ellos.

"Lo mejor es que se vayan a casa. No es fácil que su familia se reencuentre, así que no pierdan su tiempo aquí", dijo, con una expresión mezcla de tristeza y desapego, mientras guiaba a Madisyn y al hombre de traje hacia la puerta.

La joven siguió a su padre biológico hasta el reluciente Rolls-Royce estacionado en la acera. La opulencia del vehículo contrastaba enormemente con la humilde casa de la que acababan de salir.

"Soy Glenn Johns, tu padre. De ahora en adelante, estoy aquí para ti; cualquier cosa que necesites, no dudes en pedírmela", se presentó él, con voz suave, pero firme.

Madisyn se dio cuenta de algo: Glenn Johns no era un millonario cualquiera, sino el CEO del Grupo Johns y, por ende, el hombre más rico en Gemond.

Poco a poco, fue asimilando las implicaciones de su nueva ascendencia y cuando esa pesada y profunda verdad se instaló en su cabeza y en su corazón, asintió lentamente.

El Hotel Alpenglow era el más lujoso de Gemond. Jenna, envuelta en un holgado vestido Chanel, encarnaba la elegancia, mientras entraba en el gran vestíbulo con sus padres.

La ocasión era trascendental. Phyllis acababa de enterarse de que Lynda Johns, vicepresidenta de la Asociación de Danza y jueza de la competencia nacional, estaba en la ciudad.

Al instante, la madre vio que tenía una oportunidad de oro: si lograba que su hija estuviera bajo la tutela de tan distinguida figura, prácticamente le estaría asegurando el campeonato.

Con eso en mente, hizo que su vástago se pusiera su mejor atuendo y la llevó al hotel.

Sin embargo, no se esperó que la recibiría una sorpresa.

Madisyn estaba de pie, al otro lado del vestíbulo. A pesar de su atuendo simple, una playera y un pantalón de mezclilla, la serena gracia que poseía hacía que todas las miradas se volcaran en ella. A su lado estaba un hombre trajeado, cuya presencia era impactante, aunque Phyllis no podía ver su rostro desde su posición.

"¿Madisyn? ¿Qué está haciendo aquí?", murmuró entre dientes la confundida y molesta mujer.

Capítulo 3 Su verdadera familia

"Seguramente se filtró la noticia de la llegada de la señorita Johns. Parece que Madisyn también está interesada en aprender de ella. Un momento, ¿y si la señorita Johns no está enterada de que la expulsamos de nuestra familia? ¡Parece que ambas terminaremos siendo sus alumnas!", dijo Jenna en voz baja, con la voz llena de curiosidad y fingiendo inocencia.

El rostro de Phyllis se ensombreció a causa de la preocupación, al escuchar a su hija. Aceleró el paso, con la clara intención de interceptar a Madisyn antes de que pudiera establecer conexiones influyentes. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarla, la chica se metió a la Sala de Esmeralda, la habitación más exclusiva y privada del hotel.

La mujer se quedó perpleja; ¿qué hacían allí?

Jenna la alcanzó, igual de sorprendida que ella, y le compartió sus impresiones: "Mamá, ese recinto no está abierto para cualquiera. Parece que Madisyn está mejor relacionada de lo que creíamos. Supongo que debe tener algunas amistades muy influyentes".

"¿Qué clase de amigos podría tener?", murmuró Phyllis amargamente.

Al instante, su mente se llenó de suposiciones desfavorables. ¿Acaso la joven había ascendido socialmente revolcándose con un viejo millonario? De ser así, la reputación de la familia Chapman se vería gravemente dañada. Ese y otros pensamientos similares la disgustaron profundamente, pero sabía que no tenía tiempo para darle vueltas al asunto. Con urgencia, sacó su celular y marcó el número de Lynda.

"Disculpa, estoy ocupada con un asunto urgente", respondió esta, de forma brusca y distante, antes de colgar.

Jenna cedió ante la desesperación. Su ánimo se desplomó, así que se cubrió el rostro con las manos. Ni así pudo evitar que las lágrimas se escurrieran por sus dedos.

Jeffry la rodeó con sus brazos, y le dijo con una voz suave y llena de seguridad: "No te preocupes, hija. Ya habrá otras oportunidades. Te prometo que encontraremos la manera de contactarte con ella".

Mientras tanto, Lynda colocó nuevamente su celular en el cojín que estaba a su lado. Su hermano Glenn había convocado a una reunión familiar urgente, pues después de mucho tiempo, había encontrado a su hija perdida.

"Madisyn debe haber pasado por muchas complicaciones en su vida", comentó Kristine Johns, quien estaba sentada elegantemente a su lado.

Sus rasgos eran llamativos, su maquillaje exquisito y el vestido que llevaba puesto, bastante lujoso. Y aunque proyectaba la imagen de una dama refinada, su expresión revelaba su profunda preocupación.

"Escuché que su antigua familia la trató bastante bien. Puede que no haya enfrentado las dificultades que imaginamos", respondió la reflexiva Lynda.

"Es crucial que le brindemos nuestro calor y apoyo", contestó la muchacha, llena de convicción.

Lynda le acarició afectuosamente la cabeza a su alumna, orgullosa de su buen carácter.

Kristine había sido adoptada por la familia Johns. Su disposición a aceptar a Madisyn resaltaba su espíritu generoso y amable. Quedaba claro que no le preocupaba que el regreso de la chica pusiera en peligro su posición.

En una esquina, Elaine Johns estaba sentada en silencio, con la mirada fija en la puerta. Se veía ansiosa y expectante.

Kristine captó su intensa mirada y se sintió ligeramente inquieta.

Finalmente, la puerta se abrió, revelando primero al chofer, quien se hizo a un lado para dejar entrar a los recién llegados. La joven que entró era hermosa; sus rasgos exquisitos y su temple sereno replicaban de forma sorprendente los de Elaine, a tal grado que era innegable su parentesco. Kristine sintió un vacío inexplicable al verla.

En contraste, Elaine, incapaz de contener sus emociones por más tiempo, se lanzó hacia ella. "¡Mi hija!", exclamó mientras la abrazaba con fuerza y las lágrimas escurrían por sus mejillas.

La chica se quedó momentáneamente atónita por la intensa bienvenida y le dio unas suaves palmaditas a la mujer en la espalda. De repente, una nueva calidez se extendió en su interior. Por fin sabía qué se sentía tener una familia amorosa...

"Cariño, primero deja que Madisyn se siente", dijo Glenn con gentileza.

Mientras se acomodaban en el sofá, la madre se aferró a su hija, esforzándose por contenerse para que no se le quebrara la voz por culpa de las lágrimas: "Perdónanos por habernos tardado tanto en encontrarte. Debes haber sufrido tanto".

"Yo... No te preocupes. Estoy bien".

Las lágrimas de Elaine, cálidas y sinceras, goteaban sobre la mano de Madisyn, quien se sentía un poco desconcertada. Sin embargo, conmovida por la muestra de amor sincero, comentó para tranquilizarla: "No llores, mamá. Ahora estamos juntas".

La palabra "mamá" causó en Elaine una profunda alegría. "Sí, volviste. Y prometo arreglar todo", dijo con voz temblorosa.

Glenn observó el intercambio con una radiante sonrisa. Su entusiasmo era palpable mientras miraba a su retoño. La joven, sintiendo el peso de su mirada, volteó a verlo y musitó: "Ah... Papá".

"Estamos tan felices de que hayas vuelto a nuestro lado, mi Madisyn", soltó el sonriente hombre, con el semblante radiante, por la expresión de alegría pura que lo inundaba. "Déjame presentarte a nuestra familia. Esta es tu tía Lynda".

La susodicha la miró y le ofreció un leve asentimiento con la cabeza, en señal de reconocimiento; la chica le devolvió el gesto con una calidez educada.

Luego, intercambió formalidades con Kristine, quien le dijo con una sonrisa radiante. "No sabes cuánto tiempo llevo esperando para decir esto: ¡por fin tengo una hermana a la que puedo presumir!".

"Esta es Kristine. Perdió a sus padres cuando era muy joven y como tu papá y el suyo eran cercanos, la acogimos. Pero si eso te incomoda...", intervino Elaine, con un tono ligeramente dubitativo.

"Para nada", la interrumpió suavemente Madisyn, pues entendía la implicación.

"También tienes tres hermanos, aunque no están aquí ahora. ¡Nos aseguraremos de que los conozcas más tarde!", continuó la madre, cuyo rostro se había iluminado al notar el asentimiento de aceptación de su hija.

"Madisyn, seguramente pasaste unos años muy duros. Empecemos por intercambiar números", sugirió Glenn, sacando su celular.

"También pásame tu número", soltó Elaine con entusiasmo, siguiendo el ejemplo de su esposo.

La chica accedió y, apenas registró los números de sus padres, aparecieron en su celular dos notificaciones. Cada uno de sus progenitores le había enviado diez millones de dólares por Internet.

"Te mandé un poco de dinero para que lo gastes en lo que quieras. Si no es suficiente, siempre puedes pedirle más a papá", dijo el sonriente Gleen, con un tono lleno de una generosidad casual.

Su esposa no se quedó atrás y añadió: "Ya te compré algo de ropa. ¡Puedes probártela cuando lleguemos a casa!".

Esa avalancha de generosidad era desconocida para Madisyn, quien sintió que una calidez, que desconocía hasta ese momento, la envolvía.

En contraste, Kristine estaba inquieta y sorprendida. Glenn y Elaine acababan de transferir casualmente veinte millones de dólares a esa chica, una suma que eclipsaba su propia mesada mensual, que en honor a la verdad era relativamente modesta.

¿Acaso se mostraban tan generosos con Madisyn por ser su hija biológica, mientras que a ella la trataban diferente por ser adoptada?

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