Tengo miedo. Ese es mi único pensamiento, temo fallar y decepcionarme a mi misma, al público y a mi dueña. Mis manos tiemblan debido a la angustia, soy consciente de la importancia que significa para mi esta presentación, porque puede cambiar mi vida. Mi dedicación al violín me trajo a Vlinder, el reino más grande de todos.
En cualquier momento comenzará la función y el duelo entre los que buscamos la libertad comenzará, jamás imagine que yo podía aspirar a obtener el indulto de la familia real, pero hoy estoy aquí comiéndome las uñas de ansiedad, mortificándome detrás del telón con cada pensamiento que cruza por mi mente porque si les agrada mi música tal vez podrán concederme mi libertad o quizás no.
- ¿Nerviosa?- A mi lado se situó la señora Marie, la mujer que me compro hace ocho años en una subasta, es estricta y muy cruel cuando se lo propone, quizás esas cualidades le ofrecieron lo que yo más anhelo en la vida, la libertad.
Ella también había nacido siendo esclava hasta que el rey de Vlinder le concedió el indulto real hace años atrás. Su marca de nacimiento fue eliminada de su brazo derecho solo por haber tocado para él una simple pieza de un solo de violín.
Su historia parecía simple y fácil, pero mi dueña aseguraba que había sido más caótica de lo que se escuchaba y así como ella, a mí también se me estaba ofreciendo una gran oportunidad. Gracias a su crueldad al instruirme en el violín, logre tener una técnica refinada a la hora de entonar una pieza, a mis dieciséis años ya gozaba de buena reputación tocando en fiestas privadas para la nobleza de otros reinos y a mis diecisiete mi nombre fue conocido entre las mejores familias acaudaladas de mi nación, pero esa pequeña fama me había costado horas de desvelo, dolor y sangre. Fueron seis años de aprendizaje arduo y dedicado, yo no sabía nada acerca del fino arte que emite un violín al ser fielmente ejecutado pero la señora Marie me obligó aprender para pagar mi deuda de compra, sin embargo, su método de enseñanza fue poco ortodoxo, doloroso y humillante pues el sonido de mi violín no era lo suficientemente sublime como para encantar su oído, pero de una u otra manera la señora Marie logró hacerme llegar hasta este lugar a pesar de que ella podría perder una gran mina de oro sí lo logro.
-Un poco- admití dejando escapar un suspiro- estaré bien una vez que comience.
-Eso espero- dijo severamente- Es la única oportunidad que tendrás en tu vida para ser libre, si fracasas...
-No lo haré, señora-me atreví a interrumpirle pese al castigo qué pudiera emplear por mi osadía.
Observé a través de una abertura del telón, el teatro era muchísimo más bello de los lugares elegantes qué ya había visto en otros reinos, las luces y los candeleros de cristal por encima del escenario lo hacía lucir espléndido pero las personas que poco a poco iban llenando la sala no parecían estar maravillados como yo lo estaba.
Al fijarme en el balcón qué había escuchado que la familia real ocuparía aún estaba vacío a pesar de faltar escasos minutos para la abertura, pero este evento no podía llevarse a cabo sin su presencia.
- Deberías asegurarte de que tengas las cuerdas bien afinadas-sugirió una voz infantil.
Al darme la vuelta vi a la pequeña Penny, nieta de la señora Marie, tenia puesto un hermoso vestido color salmón, su color favorito, aunque para molestarla yo decía que era un rosa pálido y no encontraba la diferencia entre los tonos de los colores, mis palabras siempre lograban hacerla enfadar y sus gestos me provocaban muchas carcajadas.
Había logrado escabullirse de la seguridad del teatro. Su agilidad para moverse en cualquier entorno era de admirarse pero podríamos tener muchos problemas si llegaban a descubrirla.
Solía ir a verme antes de cada presentación para darme ánimos, esta ocasión no era diferente pero fruncía el ceño levemente, ocasionando qué las pecas de su rostro se distinguíeran más que de costumbre, me encantaba ver como sus pequeños ojos verdes me miraban enfadados aunque realmente no lo estaba, ella era una niña muy feliz y rara vez se enfadaba de verdad. Lo que hacía con sus ojos eran solo gestos suplicantes con los que lograba chantajear a cualquiera.
- ¿Qué ocurre Penny?
- ¡Nada!- dijo cruzando los brazos desviando la mirada a otro lado.
- Penny...
-No quiero que te den tu libertad- dijo entre sollozos envolviéndome entre sus pequeños brazos. Aferrándose a mí y arrugando mí vestido blanco-No quiero que te vayas.
-Pero pequeña, no llores, aun no salgo al escenario ¿Cómo puedes desear tal cosa? No estamos seguras que el rey disfrute del sonido de mi violin.
Me incline un poco para poder limpiar las lágrimas que aun brotaban de esos desconsolados ojos verdes. El afecto que Penny sentía por mi era como amor entre hermanas, ella no tenía más parientes que mi dueña debido que sus padres fueron hechos prisioneros cuando nació. Se los llevaron y los subastaron en Enid, por no haber contraído matrimonio antes de procrear, pero el enlace matrimonial es un privilegio que solo los adinerados pueden gozar.
La ley matrimonial está en vigor para evitar el nacimiento de mas niños esclavos, puesto que el numero de esclavos se incremento peligrosamente en los últimos años. Aunque es injusto separar familias de esa manera tan cruel.
-He escuchado a los demás músicos que también van a tocar. Tú eres la mejor de todos.
-Eso no es cierto-admití, yo también los había escuchado, eran fuertes rivales y pensar en eso me ponía más nerviosa.
-Tomen sus lugares, tenemos un minuto- dijo una asistente apresurada- La familia real está a punto de llegar.
-Debes irte Penny, antes de que alguien te vea por aquí-adverti angustiada de que alguien notará su presencia tras bastidores.
La pequeña asintió con la cabeza y se hecho a correr en cuanto tuvo la oportunidad, retiro la tapa de un acceso al aire acondicionado y se introdujo en ella, su cabello rojizo fue lo último que logre ver antes de que volviera a colocar la tapa en su lugar.
Al asegurarme de que nadie había visto a la pequeña, tome mi lugar en el escenario, el asiento número 35 en la segunda fila cerca del director de la orquesta.
Antes de tocar un solo de violín debía dar un concierto con 48 personas más, mi violín solo sería un sonido mezclado entre otros, durante dos piezas músicales que durarían aproximadamente hora y media, y al final tendría mi oportunidad de ser escuchada.
-El telón se abrirá y todos harán un reverencia ante su majestad, aplaudirán durante 15 segundos hasta que la familia real tome asiento- explico otro asistente mientras daba un último repaso al programa de la función.
Todos los miembros que componían la orquesta además de los tres invitados que tocarían esta noche para obtener su libertad, por supuesto incluyéndome, hicimos una reverencia grupal en cuanto el gran lienzo rojo se alzo. Había demasiadas luces como para admirar a la familia real, para todos los músicos era oscuridad.
Alce la vista al escuchar los aplausos que los presentes le dirigían al emperador, pero apesar de mi esfuerzo no pude verlo. La luz de su balcón no duro mucho y el director estaba listo para comenzar.
El concierto comenzó con una melodía enérgica, los dedos de los violinistas incluyendo los míos se movían con agilidad. Las cuerdas vibraban entre las yemas de mis dedos y la melodía se hacía cada vez más intensa cuando se unían los demás instrumentos. Aun me sentía nerviosa, pero como le había dicho a la señora Marie, tenía completa seguridad en mi talento y por supuesto le tenía confianza a mi violín. Su sonido era hermoso, poesía sin letra pero contaba una intensa historia, aunque solo los músicos podíamos entenderla al sentir su poder entre los dedos. Los instrumentos tenían voz, nosotros le dábamos esa voz y era lo más hermoso de tocar un instrumento.
La velada transcurría rápidamente entre aplausos sonoros entre cada pieza hasta que por fin tuvo lugar la primera oportunidad de libertad.
Un joven de piel bronceada, vestía de blanco como se supone deben vestir los invitados ajenos a la orquesta real. Iba acompañado de un violonchelo.
-Recibamos con un aplauso a Edmund Galallar quien interpretara el himno a la guerra- El público cuchicheo por unos segundos pero el joven no pareció tomarle importancia al criterio público. El único que interesaba era el del emperador.
El sonido de su violonchelo era estruendoso y su melodía a pesar de ser una composición de carácter feroz quedaba muy bien con el sonido de su instrumento. Todo parecía ir bien hasta que una de sus cuerdas se reventó ocasionando que la composición cambiara de tono pero como todo un profesional continuo ejecutando la pieza musical aunque en diferente notas. El público no se inmuto ante la desgracia del joven y al finalizar le obsequiaron un frio aplauso, el joven hizo una reverencia y se retiro a su lugar una fila detrás de la mía.
-Por favor, reciban con un gran aplauso a la señorita Almira Brent quien interpretara la melodía conocida como primavera.
Almira era una joven de hermosa facciones, de cuerpo con buenas curvas. El público pareció tener una mejor opinión de Almira que de Edmund y cuando comenzó a tocar el piano,el público se impresiono al notar que llevaba a buen ritmo la melodía y su delicadeza en el piano era de asombrarse. Al terminar la pieza, los presentes la ovacionaron de inmediato arrojando flores de color blanco que significaban que ellos deseaban otorgarle la libertad. Pero por supuesto no era el público quien decidía.
-Querido público esta noche recibiremos a una violinista extraordinaria, que ha logrado conquistar los corazones de cientos a su paso por diferentes reinos. El reino de Vlinder la ha traído a ustedes para que disfruten no solo del sonido de su violín, por favor disfruten de tener a una belleza del reino de Enid. Con ustedes la señorita Annelie Rose
El público se puso de pie al escuchar tal presentación. Me honraba ser recibida de esa manera a pesar de mi situación. Esta noche no pensaba dejar a mi público decepcionado. Hice una reverencia y después dirigí la mirada hacia el balcón de la familia real, las luces que cegaban mi vista bajaron por un momento su intensidad, entonces por fin distingui a las personas que tenían todo poder sobre mí esta noche.
La melodía que había preparado era la canción de una leyenda que se refería al reino de Vlinder. Su nombre era Naikare.
El director de la orquesta hizo la señal para que los músicos se prepararan. Vi por última vez el balcón de la familia real antes de comenzar, suspire y mis dedos comenzaron a moverse por su cuenta. Mientras transcurría la melodía en mi mente solo podía imaginar la hermosa leyenda de amor que la habia inspirado, pasaban en mi cabeza las notas musicales que había aprendido de memoria desde hace tres semanas. En mi vida había tocado una melodía como esa, era tan suave pero a la vez melancólica y llena de amor, quería transmitir en la melodía los sentimientos que yo sentí al escucharla por primera vez.
Al terminar, derrame un par de lágrimas de emoción, el público hizo una gran aclamación, no dejaban de celebrar mi melodía, pero al mirar al levantar la mirada hacia el balcón real observé que la expresión del emperador no era la que yo esperaba, no tenía la misma sonrisa que la del público, parecía estar molesto, tal vez había echado a perder mi única oportunidad de ser libre.
Hice algunas reverencias agradeciendo a mi público sus aplausos, pero las lágrimas que ahora brotaban de mí y resbalaban por mis mejillas ya no eran de alegría sino de miedo. Miedo a seguir siendo esclava, pero solo tenía que esperar unos minutos más para averiguarlo. Debía ser paciente para confirmar mis sospechas.
-Por favor despidamos a la señorita Annelie Rose con un gran aplauso.
Di otra reverencia antes de retirarme del escenario, levante la vista nuevamente, pero esta vez ya no me observaba el emperador sino un joven a su lado que aplaudía energéticamente con una gran sonrisa, eso me dio fuerzas para retirarme sin sentir angustia al veredicto final, al menos alguien en el balcón real le había agradado mi forma de tocar el violín.
Al estar detrás del telón me eché a llorar, no obstante, la señora Marie se aproximó a mí, al principio el semblante de su arrugado rostro estaba inquebrantable, pero a medida que mi silencio se hacía largo, ella solo mostraba una sonrisa forzada además de darme unas palmaditas en la espalda.
-Al menos lo intentaste.
-Por favor no diga eso... yo sé que lo intente, pero a ellos no les gusto mi música.
Camine abrazando mi violín sin mirar a la señora Marie a los ojos. Me sentía devastada no quería el consuelo de nadie, di todo mi talento en el escenario, ya no había nada que hacer.
Después de varios minutos olvidándome de todo a mí alrededor escuche mi nombre, la señora Marie solo sostuvo su pulgar en alto, era todo el ánimo que podía darme, camine de nuevo hasta el escenario con una sonrisa fingida y limpiando el resto de lágrimas e hice una reverencia ante el público que ovacionaba mi nombre.
Entonces el presentador dijo el nombre de Almira Brent y el público se emocionó con ella igual que lo hizo conmigo, aún no tenían definido a quien apoyar, puesto que las dos teníamos talento en lo que hacíamos, si perdía contra ella no me sentiría tan mal después de todo.
-Después de varios minutos esperando la decisión de su majestad, se ha hecho lo que él ha ordenado. Como ustedes saben este día, uno de estos tres talentosos artistas obtendrá la libertad absoluta. Se les entregará una pequeña caja de plata en la que podrán encontrar un obsequio de su Majestad, el emperador Jung. Una mariposa artesanal blanca, ese es el color de la libertad. Ahora por favor recibamos al último participante para por fin saber la decisión de su majestad.
Edmund, el joven que tuvo un pequeño error en su presentación. Se presentó ante el público resignado a perder, pero aún tenía las fuerza para mostrar una sonrisa sincera y detrás de él por fin llegaban las pequeñas cajas de plata que fueron situadas frente a cada uno de nosotros. El público guardó silencio.
-Edmund Galallar.
El joven asintió con una sonrisa y se apresuró a abrir la pequeña caja, la expresión de su rostro era seca, giro la caja, no había nada en ella. El público le aplaudió por última vez con gran emoción y gritaron su nombre para alentarlo.
-Almira Brent.
Almira hizo una reverencia ante el palco de la familia real con una gran sonrisa, confiada en que ella sería la ganadora, su gran belleza deslumbraba ante las luces del escenario, era imposible que mi talento le ganara a ese don de la naturaleza.
Abrió lentamente la pequeña caja plateada y en su rostro se reflejaba lo que había encontrado en ella. Metió la mano y la saco rápidamente para que el público observara su orgullo, sostenía mi más grande ilusión, la libertad. El público se puso de pie al percatarse que Almira había ganado la mariposa blanca. No tenía más remedio que conformarme con el veredicto, mi más grande anhelo de ser libre me lo habían arrebatado, pero al menos había luchado por ella.
-Annelie Rose.
Todos se quedaron en silencio. No había nada en mi caja, lo sabía, pero el presentador había pronunciado mi nombre a pesar de que ya había una ganadora.
No quería saber o más bien no quería ver el fondo de la caja. Me sentía derrotada y más que nada humillada, el triunfo de Almira solo había durado unos cuantos minutos porque el público se sentía intrigado a causa mía. Me acerqué a la caja, vi en ella un reflejo desfigurado de mi rostro y así me sentía, la abrí lentamente, el contenido era algo que no había mencionado la señora Marie y por supuesto mi sorpresa intrigo aún más al público.
Le di la vuelta lentamente a la caja y el público se sorprendió al ver lo mismo que yo, hacía unos cuantos segundos. Una mariposa azul y un sobre con el sello imperial. Todo el mundo comenzó a hablar en murmullos. Hasta que por fin alguien grito:
- ¡Es una invitación al palacio!
El presentador estaba a punto de hablar, pero el emperador se levantó de su asiento, el público al igual que todos los que aún estábamos en el escenario hicimos una reverencia. Él parecía molesto e indignado por lo que había pasado pero, ¿Por qué?
Se marchó y su familia hizo lo mismo dejando a todos impactados, nadie tenía idea de lo que eso significaba, pero ahora tenía una invitación al palacio y todos parecían mirarme con mucha atención hasta que escuche el susurro de la señora Marie, hice la reverencia hacia el público y me dirigí hacia ella.
En mi camino sentí sobre mi espalda la mirada de cientos de personas que se preguntaban entre ellas que había pasado.
Penny brincaba, exaltada por todo el lugar, gritando a todo pulmón:
«Conocerás el palacio»
Yo tampoco podía creerlo, pero eso era cierto, al salir del teatro el presentador me busco y confirmo lo que se había dicho adentro, explicando que toda la información que necesitaba estaría dentro del sobre.
Debido a eso todos los miembros de la compañía de artes se habían reunido en el comedor del pequeño apartamento que la señora Marie había rentado mientras estábamos en el reino de Vlinder.
Como era de esperarse, la señora Marie me había arrebatado el sobre y la mariposa azul de las manos, sin duda alguna aquellos artefactos serían exhibidos en alguna de nuestras próximas presentaciones como símbolos de mi ardua labor aunque infructuoso. No tenía idea si ella me otorgaría su permiso para asistir al palacio, pues yo aún era una esclava de su propiedad y según la ley, yo debía acatar cualquier orden suya.
-No olviden-pronuncio después de varios segundos en silencio. Su tono de voz era severo como siempre, pero en esta ocasión había algo en su mirada y en su expresión facial que me advertían que no visitaría el palacio- que no somos más que una compañía ambulante, lo que hacemos es solo para ganar dinero, para sobrevivir. No somos virtuosos artistas, entiendan eso de una vez por todas, Annelie pudo presentarse en ese escenario gracias a mí, no a su talento, ella no es más que una simple esclava sin vocación al violín, esa fue la razón por la cual no obtuvo su libertad y si la han solicitado en el palacio, no es más que para arrebatárnosla. Recuerden que por sus presentaciones han tenido comida sobre la mesa, porque si fuera por ustedes, nos estuviéramos muriendo de hambre, no perderé una violinista más, a menos hasta que aprendan hacer un nuevo acto como los animales de circo que en realidad son.
-Si no quería que le quitaran su mina de oro, ¿Por qué lo hizo?-cuestiono Peter, él era el encargado de confeccionar los vestuarios para las presentaciones, y por supuesto no disponía de un acto sobre el escenario, pero posee un indudable talento en la costura a pesar de ser hombre. Él es como la mano derecha de la señora Marie y es el único que se atrevería a dirigirle la palabra de esa manera-¿Por qué envió la solicitud a este reino?
-Eso no es de tu incumbencia-le respondió en voz ronca-Annelie es legítima propiedad mía y yo decido qué hacer con ella. Y si no les gusta la idea pueden volver por donde llegaron como los esclavos que son.
Aquella amenaza tenía un gran efecto de terror entre todos, aquella mujer sabía que poner resistencia a una orden, significaba la muerte, lo único que tenía que hacer era llamar a un agente correctivo para ser enviados por la fuerza a una audiencia, qué por lo general a la mayoría de las personas que son enviadas a ese lugar, son declarados supresivos y la sentencia es la muerte o en el mejor de los casos ser subastado nuevamente en tu país de origen, sin embargo, Peter tenía cierta conexión con la señora Marie que le otorgaba ciertos beneficios y ella no se atrevería a llamar a un agente.
La explicación a todo eso había sucedido justo un mes antes de mi compra, el hijo de la señora Marie se había enamorado de la violinista de la compañía y ella le correspondió de la misma manera, ambos decidieron atreverse a realizar una práctica prohibida para los esclavos, sexo. La reproducción entre esclavos se castiga con la muerte y aunque el hijo de la señora Marie era un hombre libre de igual manera fue reprendido y juzgado por sus actos, antes de morir le hizo prometer a Peter, quien era entonces su mejor amigo, que se haría cargo de su pequeño bebe.
Peter por supuesto cumplió con su promesa, pues se convirtió en un padre para Penny y la Señora Marie, por amor a su hijo compro la libertad de la niña con un soborno excesivo a quien estaba encargado del caso de la pequeña en aquel entonces. Por las promesas del pasado y por el bien del futuro de Penny, la señora Marie debía encogerse de hombros ante las respuestas y cuestionamientos de Peter. No podía declararlo supresivo aunque fuera el anhelo más grande de su vida, pero los demás no éramos una excepción como él, jamás no atreveríamos a hablarle tan deliberadamente.
-Enviar aquella solicitud era para que el reino de Vlinder le diera a la compañía el mejor reconocimiento y tuviéramos más audiencia en cualquier teatro en el que nos presentáramos-admitió con arrogancia-En ningún momento pensé que Annelie podría obtener su libertad y ahora saben que ese no era el fin de mis propósitos, pero nunca pensé que habría una mínima posibilidad de que alguien de la familia real de Vlinder le enviaría una invitación al palacio.
-¿No le permitirás asistir a pesar de ser una orden real?-Peter volvió a cuestionar con autoridad en su tono de voz.
-Es una invitación real-dijo la dueña-es decir que tiene la voluntad de aceptar o rechazar la invitación si así lo desea.
-¿Y le has preguntado qué es lo que desea?-volvió a insistir mientras lo demás simplemente observábamos su discusión.
-Es una esclava, no tiene voz-contesto bruscamente, recordándome mi lamentable posición en la vida-Yo soy su dueña y se hará lo que yo diga.
-Pero...-la tierna voz de Penny rompió el silencio que su abuela había creado-Yo quiero que vaya al palacio, quiero que me cuente como es un palacio.
Penny se acercó al hombro de su abuela y la miro con esa contemplación que siempre utiliza para chantajear a la gente, toda una maestra del engaño. Era una niña consentida por toda la compañía, no por ser la nieta de la dueña, sino por ser la única niña entre nosotros, sabíamos que pocos eran los niños que tenían el privilegio de hacer berrinches en nuestra actualidad y no queríamos que Penny se viera en la necesidad de ser callada y sumisa como cualquier esclavo. Ella era libre, tenía sus papeles en regla y su abuela también tenía la libertad, pero el único problema era que vivía entre nosotros, unos esclavos. Según la ley infantil ella debía tener una vida digna llena de privilegios como tener un hogar durable y permanente alejado de esclavos o de cualquier ambiente lleno de ellos, si un agente correctivo descubría la irregularidad de su forma de vida, podrían llevársela a un hogar adoptivo, no como una esclava, ella sería tratada con respeto, como a un ser libre, pero sería separada de nosotros.
-¡Cariño!-la expresión severa y gélida de la señora Marie cambio con la mirada de la pequeña-Pensé que no querías que Annelie se fuera de tu lado.
-No quiero que se vaya-aseguro-Pero quiero conocer el palacio de Vlinder y si Annelie es invitada, tal vez yo podría acompañarla.
La señora Marie meneo la cabeza varias veces, lo que pedía Penny era imposible, a pesar de ser invitada no podría llegar con una niña libre a mi lado y por supuesto aunque me lo permitieran, seguramente Penny vagaría por los pasillos buscando aventuras y si la perdía de vista seguramente su abuela me mataría.
-Hagamos un trato, ¿De acuerdo?-su abuela juntó sus pequeñas manos entre las suyas y la miró a los ojos- por ahora no puedes ir con ella.
-¿Por qué no?-se quejó Penny
-Déjame terminar-le reivindicó su abuela- Irá con la condición de traerte un obsequio del palacio ¿Eso esta bien para ti?
Penny asintió aunque no muy feliz y su abuela me miro fríamente con cierta presunción en su mirada. Mi dueña es una mujer déspota y desagradable, hipócrita cuando la situación lo amerita y nunca se muestra clemente a ningún esclavo; si no fuera por Peter y Penny, estoy segura de que nos tendría a todos en jaulas sin nada que comer y por esa razón agradecemos siempre su ayuda.
Con sus órdenes ya pronunciadas, saco de su bolsillo el sobre con el sello real ya abierto y lo dejó sobre la mesa.
-Annelie- pronunció mi dueña con cierto recelo en su tono de voz y su mirada-Ven aquí.
Asentí con acatamiento, pues no tenía otra salida, aunque en mi interior estaba completamente feliz con la insistencia de Peter y la solicitud de Penny.
-¿Que solicita mi señora?- consulte con la misma pregunta que siempre debíamos emitir cada vez que nos llamaba.
-Acata al pie de la letra lo que dice la carta y si cometes un solo error, estaré feliz de golpearte y corregirte enfrente de tus compañeros- amenazó satisfecha, alzó la vista hacia los demás y dio una última mirada de desdén antes de retirarse.