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El rol del asesino

El rol del asesino

Autor: : Mik Belmonte
Género: Romance
Un actor frustrado sueña con protagonizar una película de su padre, aclamado director de cine, con quien no tiene una buena relación. Su padre cede en darle un papel, pero no le da el protagónico, y él se promete a sí mismo hacer lo posible por encarnar el mejor personaje. El rol que le da su padre es justamente el antagonista del héroe: el asesino. Se entrena para lograrlo, da lo mejor de sí, y en el camino conoce a una sexy e inteligente detective que acecha sus pasos, quien al comienzo no logra vincularlo con los homicidios y se enredan en un amorío.

Capítulo 1 EL ENSAYO

Emil, de pie sobre el escenario, ensayaba las líneas de su personaje en el amplio teatro. Su voz se oía por todo el lugar, proyectándose hasta los palcos del fondo.

Caminaba, y sus pasos resonaban sobre el suelo de madera, y en sus ojos cerúleos se podía ver la emoción que le otorgaba al personaje que había construido.

Detrás de él, su profesora de teatro se acercó con el libreto en la mano. Se acomodó sus cabellos rizados y grises detrás de la oreja y esperó a que terminara su línea.

-Hasta ahí, Emil -dijo, levantando la mano-. Tu interpretación está muy bien, pero debes encarnarte más en el papel y hablar desde la emoción del personaje. No debes pensar como un actor. Recuerda eso. Para la clase que viene quiero ver mejoras, por favor.

La profesora comenzó a recoger las cosas del ensayo y Emil fue detrás de ella, ayudándola.

-Disculpe, profesora... Tiene razón.

-No hay necesidad de disculparse, Emil. Sólo muestra un cambio la semana que viene -contestó ella, bajando del escenario.

-De acuerdo.

Emil salió de allí y se dirigió a su coche, para regresar a su casa. Era sábado y ese día no trabajaba. Caminó hasta su vehículo y suspiró ante la visión de este: era pequeño y económico. Lo había conseguido de segunda mano y tenía una abolladura en una de sus puertas. Buscó las llaves en su bolsillo y abrió.

Se sentó en el asiento del conductor, puso en marcha el motor y encendió la radio. Cambió de estación, hasta sintonizar las noticias y aceleró. En la radio dieron el clima y hablaron de un robo, y luego un periodista habló de cine.

-Sin dudas, la noticia del día es lo que le está sucediendo al famoso director de cine Marco Rossi, que esta mañana fue acusado por una ex amante. La actriz en cuestión es Anastasia Taylor, quien lo acusa de violación y maltrato psicológico -relató uno de los periodistas.

Emil giró el volante en la intersección.

-Estaremos al tanto de lo que suceda -dijo el otro locutor-. En otras noticias...

Chasqueó la lengua, apagó la radio rápidamente, con el ceño fruncido y siguió conduciendo. Se detuvo frente a una gran edificación de puertas de vidrio y bajó del coche.

Caminó hacia las puertas, que se abrieron en cuanto él se acercó y atravesó el hall, blanco y luminoso. Emil atravesó el gentío atareado, bien vestido, que iba y venía por el lugar y pasó de largo el gran escritorio de mármol gris donde se leía "RECEPCIÓN", que combinaba con el color del suelo, donde una joven se hallaba sentada, hablando por teléfono. Ella lo saludó amablemente con un gesto de la mano y él hizo lo mismo.

Continuó caminando hasta llegar a los elevadores, e ingresó a uno de ellos. Oprimió el número cuatro en el panel y las puertas se cerraron. Se encontró sólo, rodeado de su imagen en los espejos del elevador y se observó. Lucía terrible. Llevaba la ropa que había usado para el ensayo y no se había detenido para cambiarse. Peinó un poco su cabello oscuro y acomodó su camisa.

El elevador se detuvo y las puertas se abrieron. Emil salió y se dirigió a la puerta de madera negra que tenía un letrero en el que se leía "Oscar Miller". Golpeó suavemente dos veces y luego abrió la puerta y entró a la oficina, cerrando la puerta detrás de él.

La oficina de Oscar era sumamente ordenada y prolija. Cuadros de diseño colgaban de las paredes y sobre su escritorio sus papeles estaban bien apilados y acomodados. Oscar estaba sentado en su silla de cuero negro y cuando lo vio se levantó, rodeó el escritorio y se acercó a él para abrazarlo.

-Hijo, ¿cómo te fue en tu clase de teatro? -le preguntó con una sonrisa en el rostro y apoyando una mano en el hombro de Emil.

Emil hizo una mueca de disgusto, levantando las cejas y los hombros al mismo tiempo.

-No te preocupes, nadie comprende nada, tú eres mi actor preferido -dijo Oscar, palmeando el hombro de Emil.

Emil se separó de Oscar, para sentarse en la silla frente al escritorio.

-Tío... Hace un momento escuchaba la radio y "la noticia del día" tiene que ver con Marco... ¿Qué está pasando? -consultó, disgustado.

Oscar se sentó frente a Emil en su silla de cuero y se acomodó.

-Sabes cómo es este ambiente, aquí todos buscan su minuto de fama. Esa chica quiso acostarse con tu padre. Pero luego vio que podía sacar provecho de la situación. Tú no te preocupes que nosotros tenemos todo bajo control. Nos encargaremos de esto.

Oscar alargó su mano por encima del escritorio para alcanzar la de Emil y le dio unas palmadas.

-Hoy se abre el casting para la nueva película de tu padre... ¿Qué te parece si te presentas? -sugirió Oscar.

-Estás loco, tío -dijo Emil, y pensó por un momento-. Quiero hacerte una pregunta, ¿por qué sigues siendo amigo de Marco? No eres como él.

-Mira, Emil, tu papá y yo nos conocemos hace mucho tiempo... Tu papá era otro tipo de persona en esa época en la que nos conocimos. Hoy en día tenemos una relación laboral. Cuando éramos jóvenes era un chico solitario, que había escapado de su casa... Ya sabes cómo fue, tu abuelo era alcohólico. Luego se fue convirtiendo en un tipo distinto, pero yo seguí igual y me quedé a su lado... No lo sé, la vida es complicada.

En ese momento se escuchó que alguien llamaba fuertemente a la puerta y entró Ana. Ana era una mujer en sus cincuentas, alta y delgada, muy atractiva, que intentaba seguir luciendo joven y había retocado más de una parte de su cuerpo con cirugía, usaba vestidos llamativos y ceñidos al cuerpo. Le gustaba la atención y nunca pasaba desapercibida.

-Mira quién ha aparecido por aquí -dijo Oscar-. Mi querida Anita, ¿cómo estás?

-Ay, ¿"Anita"? Anita no, ya sabes que es muy vulgar. Lola.

Ana rodeó el escritorio de Oscar y lo abrazó, estrechando todo su cuerpo contra el suyo. Luego miró de arriba abajo a Emil y él se levantó de su silla.

-No puedo creer lo grande que estás. Cada vez más parecido a tu padre. Qué bien que te queda ese corte de cabello, más descontracturado. Siempre lo habías usado super corto y definitivamente te favorece más como lo llevas ahora.

Emil estuvo a punto de irse cuando la oyó mencionar a su padre, pero Ana se acercó a él y le dio un fuerte besó en la mejilla y continuó hablando.

-Les tengo una buena noticia, queridos míos. Esta película va a ser todo un éxito. Ya estuve leyendo el libreto. Y para promocionarla nos vamos de viaje por todos lados con tu padre. ¿Qué les parece?

Emil suspiró y Oscar tomó gentilmente a Ana del brazo y comenzó a dirigirla hacia la puerta. Cuando pasó cerca de Emil le guiñó un ojo.

Oscar abrió la puerta, dejando pasar a Ana.

-Excelentes noticias, linda. Nos vemos pronto.

-Chau, chau -dijo ella, sonriendo.

Oscar cerró la puerta y suspiró.

-Sé que no es tu día laboral, pero te dejé trabajo. Te he dejado unos llamados que hacer y le dejé a tu madre una cosa para ti, porque no te había encontrado en tu oficina -dijo Oscar, dándole una palmada en la espalda a Emil.

Emil asintió con la cabeza y salió.

***

Marco estaba sentado en la silla de director junto a su equipo de casting y buscando al actor ideal para el papel protagónico. Era un hombre elegante, de cabello corto y oscuro y ojos claros, con su barba impecablemente cortada y su camisa bien planchada.

Frente a él, los jóvenes actores desfilaban dando lo mejor de sí. En ese momento, un joven de unos treinta años estaba audicionando con el libreto en la mano. Oscar entró y se sentó en la silla vacía al lado de Marco, y observó al muchacho con los brazos cruzados frente a su pecho.

-¿Cómo puedes pensar que un director como yo podría contratar a un tipo como tú para el protagónico? Actúas horrible, te quiero fuera de mi vista -gritó Marco, haciendo un gesto con la mano, echando al joven del plató.

El joven miró a Marco y se le llenaron los ojos de lágrimas. Agachó la cabeza y salió disparado en dirección a la puerta. Oscar suspiró.

-Esta generación no es talentosa. No como las de antes -dijo.

-WHISKEYYY -gritó Marco.

Un joven asistente se acercó corriendo hacia Marco con un vaso en la mano y una servilleta de papel debajo del vaso. Marco miró el vaso y luego levantó la mirada, observando fijamente al joven.

-No me he pasado toda una vida escribiendo y dirigiendo para que un imbécil como tú me trajera un whiskey sin hielo -le dijo-. Vete.

El joven corrió diligentemente a buscar hielo.

-No seas impaciente, hay muchos como estos -dijo Oscar-. Al fin y al cabo, son los novatos los que nos van a ahorrar dinero.

-¡Siguiente! -grito Marco, y miró a Oscar-. ¿Por qué has tardado tanto? Sabes que no puedo controlar estas cosas sin ti.

-Me he quedado hablando con tu hijo y se me hizo tarde.

Marco lo fulminó con la mirada, mientras el siguiente joven se paraba frente a ellos. Tenía buena presencia y era apuesto.

Marco abrió una cajita de madera y se prendió un habano.

-Te convendría no hacerme perder el tiempo, joven -le dijo, con el habano en la mano, soltando una bocanada de humo-. Actúa como si estuvieras matando a la mujer que más daño te haya hecho en la vida.

Capítulo 2 LA MADRE

Emil, sentado en su pequeña oficina, hablaba por teléfono y acomodaba los papeles desordenados sobre su escritorio.

-La reunión con la gente de marketing se realizará el jueves a las cinco de la tarde. Venga con todas sus propuestas -Emil hizo una pausa escuchando-. Si, hasta luego.

Colgó el teléfono y escribió en su laptop cuando su móvil comenzó a sonar. Miró la pantalla y atendió rápidamente.

-Hola, ma -dijo, y escuchó-. ¿Qué pasó? ¿que te caíste? ¿cómo sucedió? Espera, no llores, ¿cómo que haciendo jardinería? Estoy saliendo a verte, no te preocupes. No te muevas y quédate con la pierna hacia arriba.

Emil tomó su abrigo y salió rápidamente de su oficina. Condujo hacia la casa de su madre, aparcó el coche y cerró de un golpe la puerta. Abrió con su llave la puerta de entrada e ingresó. Caminó por la casa antigua, exageradamente decorada, y se dirigió a la habitación de su madre.

Su madre, Isabella, se encontraba recostada en su cama. Vestía una camisola negra que contrastaba con su piel demasiado blanca. Su pierna estaba excesivamente vendada. En la mesita de noche había un vaso lleno de agua y cajas de medicamentos.

-¿Qué pasó, ma? -preguntó Emil, preocupado.

Isabella se secó las lágrimas con un pañuelo de seda y Emil se recostó en el pecho de su madre. Ella lo abrazó y le acarició el cabello.

-Estaba regando mis petunias y me tropecé. Mi amor, no sabes el dolor que siento. Creo que me he fracturado el tobillo.

Emil abrazó a su madre y ella vio de reojo la caja floreada que se encontraba en el mueble frente a la cama. Continuó acariciando el cabello de su hijo.

-Ya está, ya está -dijo ella-. Ve a hacerme una tisana de hierbas, como tú sabes, hijo.

Emil, diligente, salió de la habitación a cumplir los caprichos de su madre. Isabella se levantó rápidamente de la cama y caminó pisando con ambos pies, sin ningún dolor en su pierna. Agarró la caja floreada y la guardó debajo de la cama. Se recostó nuevamente en la cama y puso un almohadón debajo de su pierna.

Minutos después volvió Emil, con una bandeja que posó sobre la cama. La bandeja tenía dos tazas de porcelana blanca y bombones envueltos en papel dorado. Se sentó en la cama y tomó una de las tazas que alcanzó a su madre.

-Toma, aquí tienes -dijo.

-Gracias, hijo.

-Debería llevarte a la urgencia.

-No, por favor hijo, sabes que detesto ir a esos lugares. Un poco de tu afecto y reposo y estaré bien.

Emil hizo una mueca, pero no dijo más nada al respecto.

-Hoy tío Oscar me pidió que me presentara al casting de la nueva película de Marco...

-Ah, cierto... Pasó por aquí y dejó algo para ti. Tenemos suerte de tener a Oscar, es un buen hombre.

-Estaba hablando con él, cuando nos interrumpió Ana...

Isabella dejó bruscamente su taza, derramando un poco de su contenido sobre la bandeja.

-¿Qué mierda hacía esa prostituta allí? -dijo enfurecida-. Esa clase de personas son las que no tienen consideración con nada ni nadie, arruinan vidas, proyectos, familias... No olvides lo que nos hizo esa mujer, no olvides lo que hizo esa zorra a nuestra familia.

Emil comenzó a inquietarse y apartó la bandeja de la cama, apoyándola sobre la mesa de luz, antes de que su madre derramara el contenido de ambas tazas sobre la cama.

-Por esa clase de mujeres pasan estas cosas. Es culpa de esa estúpida que tu padre me haya dejado -continuó Isabella, y se aclaró la garganta-. Bueno, cambiemos de tema, por favor, que me va a agarrar un ACV.

Isabella cerró los ojos y masajeó sus sienes.

-Si, mamá -dijo Emil.

-Tienes que presentarte en ese casting -enfatizó Isabella-. Tienes que hacerlo, bebé. Tienes que conseguir ese rol. Es una buena oportunidad para demostrarle a todo el mundo el gran artista que eres. Ve a buscar lo que dejó tu tío para ti.

Emil se levantó y bajó las escaleras, hacia el living. En la mesa pequeña había un sobre de papel madera con una nota que decía "Emil, aquí tienes algo para matar el tiempo.".

Abrió el sobre y tomó el libreto que contenía dentro. Era de la nueva película de su padre. Se sentó en el sofá y comenzó a leer. Lo cautivó enseguida.

***

Emil sirvió la comida en la mesa y llenó las copas de vino.

-¡Mamá! La cena está lista.

Isabella entró rengueando en el amplio living y se sentó frente a uno de los platos, repleto de comida. Tomó la copa y bebió un sorbo.

Cenaron en silencio y cuando terminaron de comer, Emil volvió a llenar sus copas.

-¿Le echaste un vistazo a lo que te había dejado Oscar? -preguntó su madre, tomando la copa.

-Si, lo he leído por completo.

-Tiene talento para escribir el hijo de puta, ¿verdad? -declaró.

Emil asintió con la cabeza y bebió un sorbo de su copa. Isabella se levantó, tomando su plato y Emil hizo un gesto con su mano y agitó la cabeza de un lado a otro frunciendo el ceño. Se levantó rápidamente y levantó los platos de la mesa para que su madre no lo hiciera, y los llevó a la cocina.

Regresó de la cocina, habiendo lavado todo e Isabella continuaba bebiendo. Se levantó con su copa en la mano, haciendo una mueca de dolor y besó la frente de su hijo.

-Buenas noches, mi amor -le dijo.

-Buenas noches, ma.

Isabella llenó su copa antes de retirarse a dormir y salió del living, rengueando. Emil levantó su copa y la botella de vino y fue a la cocina. Lavó y secó los platos. Cuando él estaba allí, mandaban al mayordomo a que se retirara temprano. Él adoraba cocinar para su madre.

Subió las escaleras y se aseguró de que su madre durmiera cómodamente. La arropó y volvió a bajar.

Abrió la nevera y tomó el helado. Se recostó en el sofá, con las piernas sobre un almohadón e hizo un rato de zapping. Cuando se aburrió, guardó el helado, se puso su abrigo y salió por la puerta trasera, intentando hacer el menor ruido posible, para no despertar a su madre.

***

Isabella, recostada en su cama, abrió los ojos. Se quitó las mantas de encima de un tirón y se levantó. Se quitó la bata y debajo de ella estaba usando la misma ropa que llevaba en la cena. Se inclinó hacia su pierna y arrancó el vendaje. Entró a su vestidor y se colocó unas botas y tomó un abrigo.

Buscó la caja floreada que estaba debajo de la cama y bajó las escaleras colocándose el abrigo. Se metió rápidamente en el coche, arrojando la caja floreada en el asiento del acompañante, y oprimió el botón que abría el portón levadizo. Ajustó el espejo retrovisor y salió marcha atrás.

Condujo hacia la productora de Marco a una velocidad poco prudente. Aparcó desprolijamente el coche en la puerta y bajó. Cruzó con decisión la puerta vidriada y se dirigió al pasillo de la derecha. El guardia de seguridad la observó con los ojos bien abiertos, pues no era habitual que ella estuviera allí.

-Isabella... tanto tiempo -saludó, un poco desconcertado.

Isabella continuó caminando hasta alejarse del guardia, quien la seguía con la mirada, con las manos en su cinturón, de donde colgaba un walkie-talkie.

Subió por el elevador y llegó hasta la oficina con el cartel en letras sofisticadas donde se podía leer "Marco Rossi" en la puerta y la abrió.

***

Marco llevaba una camisa negra con los primeros tres botones desabrochados y levantó la vista cuando oyó la puerta abrirse. Estaba leyendo unos papeles con un whiskey en la mano, y su laptop permanecía abierta en su escritorio. Miró asombrado a Isabella y ella lo miró con el ceño fruncido, se quitó el abrigo y se sentó delante de él en la silla vacía frente al escritorio.

-¿Qué haces tú aquí? -preguntó Marco.

Abrió un cajón del escritorio y tomó una caja. Sacó un habano, lo encendió y comenzó a fumar. Isabella apoyó la caja floreada sobre el escritorio.

-A mi tampoco me hace mucha gracia verte la cara, así que cállate por un momento y escucha -dijo Isabella-. Vengo a exigir el rol principal de tu nueva película. A partir de hoy, ese rol tiene dueño.

-¿Qué? Eres una desquiciada. Esas cosas las decido yo. Lo sabes muy bien, querida.

-Me parece que no estás comprendiendo. Te estoy diciendo que el protagónico de tu película nueva es de nuestro hijo. ¿Necesitas que lo formule más claro? Pensé que lo tuyo eran las palabras, las imágenes. ¿Qué sucede, Marco? ¿Debo ser más gráfica?

Isabella abrió la caja y se la mostró a Marco. Marco miró burlonamente.

-No me asustas. ¿Qué tienes allí? ¿Tus píldoras? -dijo sonriendo.

-Sabes muy bien lo que hay aquí dentro. Aquí está el fin de tu carrera. Y estás loco si piensas que estos son los documentos originales. Esos están muy bien guardados y digitalizados. Todo este tiempo me he dedicado a recopilar y guardar todas estas pruebas en tu contra.

Isabella tomó algunos de los papeles que había dentro de la caja, moviéndolos dentro de ella.

-La denuncia de hace veinte años de aquella pobre actriz, ¿recuerdas? Jazmin. Intento de abuso y extorsión -tomó otro de los documentos, mientras continuaba hablando-... Las grabaciones de la productora con tu voz ofreciendo dinero por el libreto que plagiaste... fotos, grabaciones y testimonios de cuando me golpeaste esa nochecita... Y no sé si recuerdas aquella pobre chiquilla, Vera, la que internaste en un psiquiátrico, el cual estoy pagando yo: hoy se cumplen quince años de eso. ¡Ah! También tengo algunas cositas de los psicólogos y abogados sobre tu desempeño como padre... ¿quieres que comience a nombrar todo el mal que le has causado al pobre Emil?

-¡Detente, lunática! ¿Has guardado todo eso durante todo este tiempo? Sí que estás enferma...

Marco respiró profundamente y bebió un gran sorbo de su vaso de whiskey. Tomó una lapicera y de un cajón sacó una chequera y miró fijamente a Isabella.

-¿Cuánto dinero quieres? -preguntó.

Isabella cerró la caja floreada y se puso nuevamente su abrigo. Tomó la caja en sus manos y se levantó. Sonrió a Marcos y caminó hacia la puerta, abriéndola.

Marcos se levantó rápidamente de su silla y cerró la puerta con una de sus manos, sosteniéndola. Con su mano libre, tomó del brazo a Isabella. Isabella lo miró con desprecio y luego miró cómo sujetaba su brazo. Marco la acercó hacia él, mirándola con odio y murmuró en su oído.

-Emil me arruina mi película, y tienes que atenerte a las consecuencias... Tú eres la responsable de tu hijo.

Isabella sonrió y se soltó del agarre de Marco mirándolo con asco.

-Tú no conoces a MI hijo -respondió.

Giró y abrió la puerta, pero antes de irse volvió a enfrentarlo.

-Ah, puedes quedártela -dijo, y arrojó la caja sobre el escritorio de Marco, que se abrió y los documentos que contenía se desparramaron y mezclaron con sus otros papeles-. De todas formas, tengo copias de todo.

Dio media vuelta y se marchó, dando un portazo. Marco gruñó, se acercó al escritorio y tiró todo lo que allí había al suelo. Tomó su vaso y bebió, mientras agarraba su móvil y llamaba.

-¿Qué sucede? -se escuchó la voz de Oscar del otro lado de la línea.

-Me acaba de hacer una visita en mi oficina la loca. Vino a extorsionarme para que le diera el rol protagónico de la película, ni más ni menos, que a Emil... Tiene muchas pruebas en mi contra y por lo visto está decidida a hundirme... no sé qué hacer... -dijo, pasándose una mano por el cabello.

-Tranquilo, cálmate. Piensa: en realidad, no es mala idea...

Marco se movía nerviosamente de un lado al otro de su oficina.

-¿Qué dices? -lo cortó tajante Marco, sentándose en su silla-. ¿Te has vuelto loco? Ya le he dado un puesto aquí sólo por lástima, ¿pretendes que dinamite mi propia película y le dé un protagónico? De todas maneras, no tengo opción, es eso o la cárcel. Tiene grabaciones de la extorsión con la productora de Luca. Cuando le dije...

-Bueno, detente -interrumpió Oscar-. No parece una mala idea que tu hijo actúe en una película tuya. Piensa en la prensa. Creo que ayudará a vender. Deberías darle una oportunidad.

-Emil es un inútil, nunca va a hacer lo que yo exijo, no es capaz de estar a la altura.

-Marco, que se presente al casting, como cualquier otro, y lo evalúas allí. Es un buen actor, confía en mí. Déjalo en mis manos y me encargaré de todo. Como siempre lo he hecho con Emil.

-Mi vida está en tus manos desde hace tiempo... -dijo Marco, resignado.

-Vete a descansar que es tarde. Piensa en esto como un camino hacia la buena prensa. Mañana a primera hora estaré encargándome de todo, no debes preocuparte. Isabella estará un poquito loca, pero por lo visto tiene muy en claro lo que quiere -Oscar suspiró-. Hasta mañana, descansa -dijo y colgó.

Marco tiró el móvil sobre su escritorio y observó el lío de papeles que había hecho Isabella. Apoyó los codos sobre su escritorio y dejó caer su cabeza sobre las manos, abatido. Resopló y luego de un momento se incorporó, para volver a servirse otro vaso de whiskey y fumar su habano.

Capítulo 3 EL ASESINO

Emil frenó ante la puerta de vidrio de la productora. Era de mañana y estaba nervioso. Había estado leyendo casi toda la noche el libreto que le había enviado Oscar, y sabía las líneas a la perfección. Tomó aire y lo retuvo en sus pulmones un momento. Lo soltó y cruzó la puerta.

Recorrió los pasillos hasta llegar a una sala grande, que tenía una de las hojas de la puerta doble abierta. En ese momento Oscar, asomó su cabeza por la puerta.

-Aquí estás. Ven conmigo -le dijo.

-¿Muy concurrido? -preguntó Emil, disimulando su nerviosismo.

-Unos cuantos, pero tú no tienes de qué preocuparte. Ha venido cada desastre que mejor ni mencionarlo. No sé dónde toman clases de actuación hoy en día.

-Si no fuese por tus sugerencias y buenas recomendaciones yo estaría peor que ellos hoy en día -declaró Emil.

Oscar caminó y Emil lo siguió hasta acercarse a un espacio iluminado por los reflectores. Un asistente le indicó a Emil por medio de gestos que se acercara. Emil pudo ver a su padre, Marco, sentado frente a ese espacio iluminado, mirando su móvil.

-Emil, ¿no? -preguntó el asistente.

Emil lo saludó con un apretón de manos.

-Si, mucho gusto -dijo él.

-Ven, pasa. Si quieres, puedes comenzar con la escena tres -le indicó.

Sólo le habían enviado unas pocas escenas pero se las había memorizado.

-Perfecto -dijo, y se aclaró la garganta.

Emil comenzó a recitar las primeras líneas del libreto. Marco continuaba con su vista fija en su móvil. Cuando Emil finalizó su parte, Oscar aplaudió a modo de felicitación.

-Muy bien, ven, Emil. Pasa por aquí -dijo Oscar.

Emil siguió a Oscar hacia afuera de la sala, por el pasillo, y allí se detuvieron.

-Te ha ido bien, sabías las líneas a la perfección, hasta los puntos y las comas. De memoria, digamos. Te felicito por tu persistencia. Ahora necesito que le pongas pasión. Metete en la piel del personaje, y vas a ver cómo todo fluye, déjate llevar.

-Gracias, tío. Eres muy amable. Voy a ensayar día y noche.

-Bien, tú puedes. Tengo que volver adentro, que todavía falta ver a dos chicos más para este y otro rol. Pero piensa que ya es tuyo.

Emil sonrió y saludó con un gesto de la mano a Oscar. Él entró nuevamente por la puerta doble y la cerró detrás de sí. Emil quedó solo por un momento en medio del pasillo y vio a Ana hablando con un hombre. Ana divisó a Emil e hizo un gesto de sorpresa.

-¡Emil! ¿Cómo te encuentras? Ven, ven -dijo, moviendo la mano para indicarle que se acercara.

Ana se acercó a él y lo arrastró tomándolo de la mano llevándolo hasta un rincón.

-He escuchado que te ibas a presentar al casting con grandes posibilidades de quedar seleccionado. Mis felicitaciones. ¿Qué te parece ir hoy por la noche por unas copas para celebrar?

-Muchas gracias, todavía no hay novedades al respecto, pero he quedado con mi madre...

-Ay, vamos, sólo un momento y luego puedes ir a casa de tu madre. Unas copas y prometo que te dejaré libre. ¿Te parece esta noche? Dame tu móvil -dijo, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones y tomando su móvil, sin esperar respuesta.

Comenzó a escribir y se lo devolvió.

-Listo. Aquí tienes -dijo-. He agendado mi número.

-Pero no tienes el mío -retrucó Emil.

-Claro que lo tengo, tontito. Me he hecho una llamada perdida -dijo Ana sonriendo.

Emil le devolvió la sonrisa.

-No prometo nada -dijo él.

Y comenzaron a caminar a lo largo del pasillo.

***

Oscar entró nuevamente a la sala, mientras otro de los jóvenes audicionaba para el protagónico.

-Son todos malísimos -se quejaba Marco por lo bajo -todavía falta seleccionar los papeles del padre, el asesino, y quién sabe cuántos otros más...

-Debe haber algún diamante en bruto en algún lugar. Paciencia -lo tranquilizó Oscar.

-No. Ya sé lo que voy a hacer. Dile a Emil que vuelva a presentarse. Hoy mismo, ahora, si todavía sigue aquí. Pero el reto será aún mayor pues lo necesitaré para el asesino. Para el protagónico ya sé a quién voy a convocar. Rostros nuevos ni mierda. Me quedo con lo seguro.

-Marco, ¿estás seguro?

-Claro, estoy cansado. Necesito que algo salga bien al menos.

Oscar se encogió de hombros y se levantó de su silla.

-De acuerdo, tú eres el visionario aquí. Nos costará un dineral más si piensas contratar alguna estrella. Enseguida regreso.

Oscar volvió a salir de la sala, apurado, en busca de Emil, rogando que todavía estuviera dentro de la productora para que Marco no se enfureciera aún más, mientras sacaba su móvil y marcaba su número.

***

El móvil vibró en el bolsillo de Emil mientras estaba subiendo a su coche, y pensó "esta maldita ya está llamándome y ni siquiera he llegado a casa". Cuando leyó en la pantalla que era Oscar, se relajó. Ana ponía sus nervios de punta. Deslizó el dedo sobre la pantalla para atender la llamada.

-Tío, ¿qué sucede?

-¿Ya te has ido? ¿Estás lejos? Te necesito aquí de nuevo.

-Estoy en la puerta. ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien?

-Mmm ¿cómo decirlo? Tu padre ha cambiado de opinión. Quiere que seas el asesino.

En ese momento Oscar apareció por la puerta principal y Emil lo vio. Ambos colgaron el móvil y Oscar se encogió de hombros. Emil se acercó a él y ambos volvieron a ingresar al edificio de la productora.

-Deberías presentarte ahora mismo con unas líneas del asesino -dijo Oscar-. ¿Sabes alguna? Sino improvísalas.

-De acuerdo -dijo Emil, caminando a su lado, de vuelta al plató.

Volvieron a ingresar allí, y en ese momento un joven de unos veinte años se estaba rebajando a las ridículas peticiones de Marco, que claramente eran para tomarle el pelo.

Oscar lo miró frunciendo el ceño y negando con la cabeza y Marco hizo un gesto con la mano, desestimando lo que Oscar le pedía, en mutuo entendimiento silencioso.

-Gracias joven -dijo Oscar-. Nos comunicaremos con usted de ser necesario. Puede retirarse por allí -indicó con una seña-. Ahora, ¿podríamos ver una vez más a Emil? Esta vez en el rol del asesino.

Oscar se sentó en la silla al lado de Marco y Emil tomó su lugar nuevamente frente a las personas que lo juzgarían por segunda vez en el día.

Improvisó una escena que se inventó en el momento, un poco sobre lo que recordaba del libreto y otro poco de alguna película que daría vueltas en su cabeza justo en ese momento.

Oscar lo observó atentamente y Marco tomó la misma actitud de antes, mirando su móvil, sólo que esta vez lo miró por el rabillo del ojo en algunas ocasiones.

Cuando hubo finalizado su actuación, Oscar se puso de pie y lo esperó.

-Ha sido mucho mejor esta improvisación que lo que has hecho de memoria. Sorprendente, Emil -lo felicitó.

-Gracias -dijo Emil, que se sentía ansioso, sin saber exactamente por qué.

***

En casa de Isabella, Emil subió las escaleras con una bandeja repleta de waffles con salsa de chocolate, y dos tazas de chocolate caliente. Manipuló la bandeja con cuidado para no derramar la bebida y entró en la habitación de su madre. Había preparado todo minuciosamente como a ambos les gustaba merendar cuando había algo que celebrar.

Isabella miraba televisión, aburrida, recostada en su cama.

-Hola, ma. Te he traído algo para compartir -dijo Emil, y se inclinó con cuidado para apoyar la bandeja sobre la mesa de luz.

-Gracias, mi amor -dijo Isabella, cambiando los canales, sin mirar aún a Emil-. Ven, siéntate -agregó, dando unas palmaditas al lugar junto a ella en la cama, para que se sentara allí.

Emil se acercó y se sentó, y luego acomodó la bandeja delante de Isabella, en su regazo. Ella lo miró.

-¿Debemos celebrar? ¿De verdad? ¿Has conseguido el papel? -preguntó, tomando una de las tazas.

-Creo que sí -dijo Emil con una sonrisa en el rostro.

-¿Crees? ¿Has hablado con tu padre? ¿Qué ha dicho?

-No exactamente. No he hablado con él. Oscar me ha felicitado. Ha quedado bastante satisfecho con mi actuación.

-Ah, perfecto hijito. El rol es tuyo entonces. Serás el héroe de la película -dijo Isabella tomando su taza.

-Pues... no necesariamente -replicó Emil.

-¿Cómo que no? ¿Te ha dicho que no? Déjame que ya lo llamo yo... -dijo, y dejó su taza, para comenzar a levantarse, cuando Emil la detuvo.

-Espera, deja que te cuente. Me ha hecho interpretar al héroe y luego al asesino. Creo que iré de asesino.

Isabella lo miró y alzó una ceja.

-No, está bien. Creo que es un buen comienzo. He improvisado en la audición y Oscar ha quedado muy conforme.

-Entonces el rol es tuyo, hijo. Eres muy bueno -dijo Isabella, tomando nuevamente la taza y bebiendo un sorbo.

Emil tomó un tenedor y cortó un trozo de waffle y se lo llevó a la boca.

-Sabes, hoy he visto a Ana...

Isabella levantó la mirada bruscamente hacia su hijo.

-Me ha invitado a tomar algo -concluyó Emil.

-¿Piensas verte con esa? ¿Crees que está bien verte con esa persona después de todo el daño que ha hecho a esta familia? -estalló Isabella, comenzando a llorar.

Dejó su taza en la bandeja y se cubrió el rostro con las manos. Emil acarició su espalda y se acercó a ella.

-Oye, sólo he aceptado para no sonar descortés. No te preocupes, ma. Tomaremos algo y listo.

-Cancela -dijo, afligida.

-De acuerdo, de acuerdo.

Isabella tomó un pañuelo y se secó el rostro, sorbiendo por la nariz. Tomó su tenedor y le dio el otro a Emil y comenzó a comer sus waffles.

***

El restaurante, poco iluminado, se encontraba lleno de gente. Detrás de las barras del bar, los barman desfilaban llenando copas de tragos exuberantes, decorándolos con rodajas de limón, naranja u olivas. Ana ya se encontraba sentada en una de las sillas altas, hablando alegremente con su barman mientras él llenaba su copa, gesticulando exageradamente, usando un vestido ceñido al cuerpo que dejaba ver gran parte de sus atributos. El hombre que estaba sentado en la silla de al lado también charlaba con ella.

Emil se acercó a ella, sin ser visto aún, y pudo ver cómo Ana apoyaba su mano en la pierna del hombre sentado a su lado y él le hacía un gesto con su cabeza, como sugiriendo que la acompañara. Ana asentía y se levantaba de su silla, tomando su cartera. Emil se acercó a la barra y finalmente Ana lo vio. El hombre ya se había retirado hacia los tocadores.

-¡Hola querido! Te estaba esperando -le dijo, e hizo un gesto al barman para que se acercara-. Sírvele un trago a mi amigo, por favor.

-Hola, Ana. ¿Cómo estás?

-Muy bien. Iré al tocador un momento, tú comienza con tu trago y si quieres adelántate y ordena algo para cenar. Ya regreso.

Ana se dirigió al tocador y Emil bebió unos sorbos de su trago. Luego de unos minutos. Ana regresó y se sentó a su lado. Dejó su cartera sobre la barra y miró a Emil.

-¿Cómo te encuentras hoy? ¿Qué te ha parecido lo que has podido leer del libreto de Marco? Una maravilla, ¿verdad?

-Sí, sí, interesante. ¿Qué quieres comer? Todavía no he ordenado. Te estaba esperando.

-Ah, eres todo un caballero. Tu padre es más bien... dominante. Le gusta tomar las decisiones. Creo que eres una mejor versión de él -dijo, peinando su cabello-. Eres apuesto y amable. Mmmm la cena... No lo sé, pide algo ligero para mí y lo que quieras para ti.

-De acuerdo -dijo Emil, levantando su mano para llamar al barman, quien se acercó a ellos-. Nos ubicaremos en una mesa, estamos listos para ordenar -dijo, dirigiéndose al barman, y tomando su copa.

-Muy bien, señor. Ya enviaré un mesero para que les acerque la carta -contestó el barman.

-Muchas gracias -dijo Emil, levantándose.

Ana también tomó su bebida, que todavía no había finalizado, y un mesero los acompañó a una mesa vacía, y les entregó la carta. Se sentaron, y antes de que el mesero se fuera, Emil le pidió que trajera una botella de vino.

Luego de ordenar la comida, charlaron amenamente y Emil pidió otra botella de vino. Ana propuso ordenar unos tragos.

-¿Qué te parece el gin tonic? -dijo Ana.

-Lo que tú digas, me estoy divirtiendo mucho -rio Emil.

-De acuerdo -dijo, levantando la mano para llamar al mesero.

El mesero continuó trayendo bebidas hasta que se aburrieron de estar allí.

-¿Quieres ir a otro lugar? -propuso Ana.

-¿A dónde quieres ir?

-Mmmm ¿qué te parece mi hotel? Mi habitación es amplia y cómoda, te mueres cuando ves la suite donde me alojo.

-De acuerdo, vamos -dijo, levantándose y ofreciendo una mano a Ana para ayudarla a que se levantara.

Se tambalearon un poco al caminar y rieron al atravesar la puerta del restaurante.

Al llegar al hotel, Ana se adelantó y lo miró con complicidad.

-Me adelantaré y luego entras tú, así nadie nos ve entrar juntos. ¿De acuerdo? -dijo Ana-. Habitación 202 -agregó, guiñando un ojo.

-De acuerdo, apresúrate.

Ana caminó hacia el elevador y cuando las puertas se cerraron, Emil hizo lo mismo. Cuando llegó a la puerta de la habitación, golpeó y Ana abrió rápidamente. Emil entró y Ana lo besó en los labios. Emil comenzó a acariciar sus muslos, que asomaban por el corto vestido, y ella comenzó a desabotonarle la camisa.

***

Emil, vestía una pijama de ositos. Estaba de pie en el umbral de la puerta entreabierta de la habitación de sus padres, viendo como Marco tenía relaciones sexuales con Ana. Emil observó el cuadro colgado sobre la cabecera de la cama, mientras oía los jadeos de placer de Ana, susurrando el nombre de su padre. En la mesa de luz, un portarretratos con una fotografía familiar y otra de Emil en primer plano. Ana, revolcándose con Marco, golpeó la mesita de noche haciendo que la fotografía de Emil cayera al suelo y el vidrio del portarretratos se rompiera. Emil fijó la vista en los trozos de vidrio, mientras escuchaba los gemidos de Ana y los gruñidos de su padre.

***

Emil ayudó a Ana a quitarse el vestido, mientras oía en su cabeza la voz de su madre.

-¿Trajiste a esa zorra a nuestra casa? -preguntaba su madre, alterada, con la voz quebrada, casi en llanto.

-Cálmate, bebé -decía su padre.

Emil terminó de arrancarle el vestido a Ana, arrojándolo a la cama y la encaminó al baño de la habitación, mientras él mismo se desnudaba, dejando su ropa en el suelo. Entraron a la ducha, ya desnudos, y Ana abrió el grifo.

El agua corría mientras se besaban. El cabello de Ana se humedeció sobre sus pechos turgentes. Emil continuaba oyendo la voz de su madre en su cabeza.

-¿Cómo te atreves a volver a casa después de lo que nos has hecho?

Emil recorrió el cuerpo de Ana con ambas manos, mientras ella gemía.

-¿Qué haces con ella aquí? ¿Y frente a nuestro hijo? ¿De verdad? Ya no te importa nada.

Su excitación era evidente y Ana recorrió su dureza con una de sus manos. Emil tomó su rostro con ambas manos, sujetándola con intensidad mientras ella lo besaba, y dándose cuenta que la sujetaba cada vez más fuerte, ella quiso soltarse. Emil la golpeó contra el grifo fuertemente.

-Suéltame, hijo de puta -gritaba su madre, mientras su padre gruñía con odio.

Ana se desvaneció en brazos de Emil, y él la observó mientras la vida se escapaba de sus ojos. El agua corría desde el grifo hacia el suelo, mezclada con la sangre de Ana yéndose por el desagüe en forma de remolino. Su cuerpo sin vida de repente comenzó a pesar demasiado en sus brazos. Buscó el pulso en su cuello, pero no lo encontró. Observó el regadero de sangre provocado por el impacto en la cabeza. Colocó a Ana en el suelo de la ducha y se lavó frenéticamente las manos con la barra de jabón que había allí. Luego observó a Ana y limpió sus labios a conciencia, para que no hubiera rastros de su saliva en su boca y se lavó la cara para eliminar marcas de labial.

Agradeció haber dejado su ropa fuera del baño. Tomó una de las toallas impecablemente blancas y comenzó a repasar todas las superficies que pudo haber tocado. Fregó el lavabo y limpió las paredes.

-¡Oh hijos dignos de lástima! Venís a hablarme porque anheláis algo conocido y no ignorado por mí -recitó.

Salió del baño y acomodó los tacones de Ana junto a la cama.

-Sé bien que todos estáis sufriendo y, al sufrir, no hay ninguno de vosotros que padezca tanto como yo -recitó, compenetrado en el personaje, mientras se movía por la habitación-. En efecto, vuestro dolor llega sólo a cada uno en sí mismo y a ningún otro, mientras que mi ánimo se duele, al tiempo, por la ciudad y por mí y por ti.

Todavía desnudo, entró al baño y abrió nuevamente el grifo, para dejar corriendo el agua de la ducha. Limpió sus huellas del grifo con la misma toalla y la echó al suelo para ir limpiando con el pie descalzo.

-De modo que no me despertáis de un sueño en el que estuviera sumido, sino que estad seguros de que muchas lágrimas he derramado yo y muchos caminos he recorrido en el curso de mis pensamientos.

Tomó su ropa del suelo y se vistió.

-Todo se cumple con certeza. ¡Oh luz del día, que te vea ahora por última vez! ¡Yo que he resultado nacido de los que no debía, teniendo relaciones con los que no podía y habiendo dado muerte a quienes no tenía que hacerlo! -concluyó.

Abrió la puerta de la habitación y limpió el picaporte de ambos lados de la puerta con la toalla. Escondió la toalla dentro de su abrigo y caminó por el pasillo.

Condujo hasta la casa de su madre. Entró con sus llaves y subió las escaleras sigilosamente, mientras se quitaba el abrigo. Era entrada la madrugada e Isabella dormía plácidamente entre sus sábanas de seda. Se desvistió y tiró la ropa al suelo. Se metió en la cama sólo en ropa interior y abrazó a su madre. Cerró los ojos y enseguida se quedó dormido.

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