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El sabor de lo prohibido

El sabor de lo prohibido

Autor: : KarlaNesta
Género: Romance
Johanna Suárez, una mujer mexicana de espíritu libre y apasionado, conoció a Kim Ji-Sam, un hombre coreano reservado y misterioso, en un desfile de modas en Seúl. Desde el primer momento, hubo una conexión innegable entre ellos, una chispa que encendió un amor prohibido debido a sus diferencias culturales y las expectativas de sus familias. Johanna, con su cabello café y rizado, y ojos llenos de vida, era una mujer que irradiaba calidez y alegría. Sin importar su pasado. Provenía de una familia tradicional mexicana, donde la familia y la comunidad eran el centro de todo. En contraste, Kim Ji-Sam, con su porte elegante y mirada profunda, venía de una familia coreana estricta y conservadora, donde el honor y la disciplina eran fundamentales. Su mundo era uno de sobriedad y formalidad, donde las emociones se mantenían bajo control. A pesar de sus diferencias, Johanna y Ji-Sam se encontraron atraídos el uno al otro de una manera que no podían explicar.

Capítulo 1 Prologo

-Señorita Johanna Suárez, es usted encontrada culpable del homicidio del productor Vicent castillo -exclamó el señor juez-. Pero debido a que usted es menor de edad, será trasladada al correccional femenil de mujeres hasta cumplir la mayoría de edad. -Terminó el señor juez golpeando el escritorio con el martillo de madera.

-¡No! -un grito invade toda la sala y ese provenía de la madre de Vicent Castillo, que se sentía indignada por la sentencia que le habían dado a la mujer que asesino a su hijo-. ¡Esa mujer debería de ser condenada a la pena de muerte! -dijo la mujer de cabello castaño cubierto con algunas canas.

-¡Silencio en la sala! -dijo el juez con voz ronca-. Doy por finalizado este juicio -al terminar de hablar la gente se pone de pie.

Dos policías toman del brazo a la joven de quince años de cabello castaño, piel de color medio y de complexión delgada. Que tiene esposas en las muñecas y en los tobillos. Los hombres se llevan a la joven.

-¡Te juro que nunca te dejaré en paz, tú me quitaste a lo que más amaba y ahora me encargaré que nunca nadie más te vuelva a contratar! -habló la mujer con mucha maldad en su voz.

Johanna ignoró las amenazas de esa mujer, no le importaba lo que hicieran debido a que no se sentía para nada arrepentida de haberse defendido de los abusos de Vicent.

Mientras caminaban por los pasillos, ella tenía en su mente, cada recuerdo amargo que había ocasionado ese hombre y cómo ella había sido tan ingenua en caer en sus garras. Los tres salieron del lugar por una puerta trasera, llevándola hasta un auto brindado, metiéndola en su interior y entrando con ella sentándose a su lado.

El ronquido del motor se escuchó seguido del movimiento del vehículo. Ella sabía a donde la llevaban y no se sentía mal, entendía que debía de estar ahí.

Lo que se lamentaba es de haberle creído a ese hombre, todavía recordaba cómo fue que lo conoció: todo comenzó en una entrevista para un comercial de pasta dental. Johanna estaba en la fila esperando impaciente su turno, cuando le tocó dio todo de sí, al terminar le dijeron que era muy buena, pero que no buscaban a una chica con el cabello castaño y la rechazaron de inmediato.

Estaba triste y desanimada al escuchar que por una simple cosa la estaba rechazado, estaba por salir de las instalaciones cuando un hombre corriendo detrás de ella la detuvo.

-¿Johanna? -la llamo el hombre alto, fornido, bien vestido, cabello castaño claro y hermosos ojos avellana.

-Sí -respondió Johanna con lágrimas en los ojos.

-No llores linda, entiendo que este medio es bastante duro con las aprendices -dijo, sonriendo-, aunque la verdad para mí has estado asombrosa y quiero que trabajes para mí.

Johanna no se creía lo que escuchaba, dejo de sentirse triste porque un rayo de esperanza la iluminaba y por fin iba a lograr ser una famosa modelo.

Las puertas se abrieron, dejando que la luz volviera a entrar a la parte trasera del camión, opacando por un momento la vista de la castaña, hasta que sus ojos lograron acoplarse a la luz, pudo ver a un hombre armado y cubierto por completo del rostro.

-¡Abajo! -ordenó un el hombre. Johanna, como buena niña, obedeció la petición de ese desconocido.

Bajo del camión sin protestar, seguido de los otros dos que ya estaban con ella y al estar frente a ese nuevo hombre la tomó de la muñeca jalándola hacia el interior de la enorme prisión.

Caminaron con calma por los fríos y oscuros pasillos. Hasta que se detuvieron en una pequeña habitación donde una mujer mayor maquillada exageradamente se encuentra frente a una computadora muy antigua.

-Señora Olmos -le llamó la atención uno de los hombres. La mujer aparta la vista del monitor mirando hacia nuestra dirección, sonríe satisfecha como si conociera a Johanna.

-Tú debes de ser la nueva -expresó la mujer muy sonriente.

Teclea algo en su computadora y se escucha el sonido de la impresora. La mujer toma la hoja que ha salido y se aproxima hasta ellos. Saliendo de la pequeña habitación y caminando a la siguiente, donde solo hay una cámara fotográfica y un cartel con rayas.

-¡Párate ahí! -uno de los hombres de atrás empuja a la castaña. Johanna se acerca al lugar donde la mujer mayor le está señalando con su huesudo dedo.

-Aquí linda -dijo la mujer. Johanna se para en la cruz-. Sujeta esto -la anciana le entra el cartel con el hombre de Johanna Suárez escrito en letras grandes y un número de serie.

La anciana con paso de caracol se acerca a la cámara colocándose detrás de ella. Toma la primera imagen.

-Sonríe mi niña, por lo menos debes de verte linda en la foto de tu ficha policial -propone la anciana, pero para Johanna no le ve importancia si se ve bien o mal-, está bien como elijas -se enoja la anciana-. Ahora de perfil derecho -ordena. Johanna obedece-. De perfil izquierdo. Perfecto.

Al terminar la sección de fotos, la mujer mayor toma el cartel de Johanna dejándolo en una mesa cercana y toma de las manos a la joven.

Llevándola consigo hasta otra habitación donde le entrega un par de mantas y un uniforme.

-Bienvenida linda -agrega la anciana. Johanna solo la ve con disgusto, pero no le contesta nada.

Uno de los policías toma a la joven jalándola hasta entrar al área donde se encuentran todos las reclusas. Caminan por el pasillo viendo desde el primer piso que la prisión está dividida en dos pisos, la superior y la inferior.

Johanna sigue de cercas a los hombres mientras que pasan por los pequeños cuartos, algunos desocupados, mientras en otros hay mujeres muy jóvenes un tanto violentas que al verla le lanzas besos o palabras obscenas hasta que llegan a uno de los cuartos donde ve que hay una mujer en su interior.

-Este será tu nuevo hogar, a las 7:00 de la mañana es el desayuno y a las 3:00 de la tarde es la comida procura estar puntual porque si no te toca comida ese no es nuestro problema -le informa el hombre-. De las 12:00 de medio día hasta las 2:30 de la tarde podrán salir al patio -sigue hablando-. Y de las 7 a las 8 podrán entrar a las regaderas, pero solo en ese horario. ¡Entendiste! -le grita.

-Sí, señor -confirma Johanna.

-Perfecto, pelos rojos será tu compañera durante tu instancia con nosotros, así que espero que te lleves bien con ella o no es nuestro problema -el hombre continúa contándole.

Mientras que el otro que venía detrás de ella le quita las cadenas de los tobillos y de las muñecas. Empujando a la castaña para que entre en su interior. Cerrando la puerta, dejándola sola con esa mujer de cabello corto.

-Hola, tú debes de ser Johanna Suárez, la modelo que mato al productor Vicent Castillo -habla la mujer.

-Sí -acepta la castaña.

-¿Y es verdad que dicen que lo mataste cortándole el cuello y que té quédate viendo como su alma salía poco a poco? -pregunta la mujer con un tono de voz muy macabro.

-Tal vez -Johanna usa el mismo tono que ella e intentando poner una mirada fría.

Por un momento ambas mujeres se quedan calladas en un duelo de miradas hasta que la mujer de cabello corto se pone de pie hasta quedar frente a Johanna. Ella tiembla en su interior, espera y que esta mujer no le vaya a hacer daño.

-¡Ja, ja, ja! -suelta la carcajada y pasa su brazo por encima de sus hombros-. Me caes bien niña. Creo que seremos buenas amigas. Mi cama es la de arriba, así que te tocara dormir abajo -le aclaro la chica.

-Está bien, no tengo problema -acepto gustosa Johanna y es que para ella está bien dormir en esa parte-. ¿Las chicas de aquí como son? -indago para saber si debe de cuidarse.

-Malas, hace unas semanas me agarré a golpes con una de ellas por el hecho de tomar su asiento y así que te recomiendo que si no quieres problemas no las provoques -le advierte la chica y es que ella sabe que como son.

Johanna solo asiente y es que lo que menos quiere son problemas. Toma asiento en su cama y solo espera que su madre esté bien porque durante el juicio ella permaneció triste y seria al ver a su hija siendo condenada...

Capítulo 2 Realidad

<< -Te prometo Vicent que no estaba seduciendo al fotógrafo -Intento defenderse de las calumnias que está insinuando el hombre caucásico de ojos color avellana.

-¿¡Crees que estoy ciego!? -grito molesto, tomándola por el brazo y arrojándola contra el gabinete de cristal. El dolor se hace presente en su cuerpo ocasionado por los múltiples pinchazos y la sangre que mancha el piso>>

-¡Ah! -gritó exaltada porque siempre sueña con los maltratos de ese monstruo.

Intenta controlar su respiración tan agitada, haciendo sus ejercicios de relajación. Cuando logra controlar sus emociones y su acelerado corazón se pone a pensar en cómo han pasado ya 15 años desde la muerte de ese canalla y todavía la sigue atormentado esos terribles sucesos que sigue sintiéndose como si fuera ayer

Estira los brazos mirando las varias cicatrices poco visibles que compruebas esos momentos de abuso.

¡Toc! ¡Toc! Se escucha cómo alguien toca la puerta haciendo que se gire dejando de mirar sus brazos.

-Señora, Johanna -habla Alejandra, la sirvienta.

-Sí -respondió intentando que su voz se escuche lo más normal posible.

-El desayuno está listo, el chofer la espera para llevar a usted y a su hija -dijo de manera muy atenta y cordial.

-Gracias Alejandra dile al chofer que en un momento bajo -ordenó la mujer con la voz casi normal en su totalidad.

-Si señora -obedece la mujer. Escuchando sus pasos alejarse de la puerta de la alcoba de ella.

Se pone de pie sintiendo el frío piso de concreto, se da una ducha rápida y se cambia con un bello vestido color ámbar pegado a su cuerpo con unos zapatos del mismo color. Dejando su cabello largo, suelto, cayendo por sus hombros hasta llegar a sus pechos.

Baja las escaleras encontrándose en la sala con su sirvienta que trae una pequeña charola con un vaso con zumo de naranja. Ella lo toma bebiéndolo de un sorbo y es que ya se le ha hecho tarde.

-Gracias Ale -le agradece porque siempre se acuerda de ella trayéndola algo pequeño para que no sé vaya con el estómago vacío.

-De nada, señora -sonríe la mujer y es que desde que trabaja para la señora Suárez la trata de la mejor manera.

-¿Dónde está mi hija? -preguntó la mujer bien vestida, dejando el vaso de nuevo en el centro de la charola.

-La señorita Valeria ya está en el auto esperándola con el chofer -le informo con amabilidad.

-Gracias y para la cena prepara algo ligero, ya que solo cenaré yo, mi hija se irá el fin de semana con su abuela materna. También al rato vendrá uno de los choferes de la familia Castillo por las maletas de ella -le comunico para que ella esté al tanto.

-Si señora.

Johanna sale por la puerta principal subiendo al auto donde su hija adolescente de 16 años la espera. Al entrar al vehículo mira que ella ni le dirige, la mirada solo está completamente metida en su móvil.

-Buenos días, hija -le saludó con mucha amabilidad.

-Buenos días -saludó con un tono seco.

Ella deja salir un suspiro, pero decide no pelear y solo le hace una señal al chofer para que ponga en marcha el vehículo.

Durante todo el trayecto ninguna de las dos hablo, Johanna solo mira como su hija sonríe y hace gestos al estar tan metida en su teléfono. El chofer se detiene en la entrada de la lujosa escuela de su hija. Valeria baja sin siquiera despedirse y es que desde que la estúpida familia de Vicent pidió pasar tiempo con su nieta, solo ha empeorado su comportamiento y está segura que esas personas le están diciendo cosas malas sobre su madre.

Todavía recuerda cuando fue a prisión y se enteró de que estaba embarazada, sentía que todo su mundo se venía abajo. No sabría que iba a hacer, pero gracias al apoyo de su madre pudo salir adelante y después de que naciera su hija, ella se hizo cargo de ella.

Johanna se lamentaba porque sabía que había quedado embarazada por hacerle caso a Vicent y dejar que tuvieran intimidad sin protección. Con la tonta excusa que el preservativo le incomodaba. Pero no mataría a un ser inocente por eso.

Era tan solo una niña en ese entonces, pero así afronto su temprana maternidad y la amiga que tuvo en la prisión fue un apoyo incondicional. Aunque lamentablemente ella falleció en un accidente en moto cuando salió del lugar.

Cuando Johanna terminó por fin su condena pudo pasar tiempo con su hija, durante el transcurso de unos años fueron felices hasta que Valeria cumplió los 6 años y los estúpidos padres de Vicent se enteraron de que tuvo una hija, la demandaron para quitársela.

Pero gracias a Dios y a todo lo divino, el juez se negó debido a que Johanna tuvo un buen comportamiento en la correccional. Sin embargo, decretó que todos los fines de semana la niña tenía que pasarlos con sus abuelos.

Y durante las vacaciones estaría una vez con ellos y una vez con su madre.

Y desde ahí todo fue en caída porque primero empezó con regalos ostentosos y después la ropa. Al final la escuela privada y ahora su mal comportamiento. Cada vez que intenta hablar con ella siempre le niega todo y solo le dice que no se meta con ella ni con sus abuelos porque son buenas personas.

Así que lo mejor es llevársela bien con ella, aunque la trate mal, ella sabe que tarde o temprano esa familia revelará sus verdaderas intenciones.

-Señora hemos llegado a la empresa -le comunico el hombre sacándola de su trance.

-Gracias Terry -ella baja del vehículo caminando directo a la pequeña empresa para la que trabaja como modelo.

Y es que si no fuera por su amiga Min una coreana que conoció después que salió de prisión y es que al salir de ese lugar todas las puertas que una vez se le habían abierto se cerraron por completo.

Su madre la motivó a ir a una escuela en Estados Unidos, donde los Castillo no tenían ninguna influencia y en ese lugar conoció a Park Min-Dea, que se convirtió en su mejor amiga.

Al terminar la escuela su amiga la invitó a trabajar con ella en una empresa de su padre y de ahí empezó como recepcionista y ahora es directora de marketing en la empresa.

Al caminar por los pasillos todas las personas la saludan con amabilidad y es que es el único sitio donde nadie la mira rara por el delito que cometió hace años. Todos piensan que es una asesina, pero ella sabe que lo que hizo fue en defensa propia. Así que siempre está en deuda con su mejor amiga.

Al llegar a su oficina y sentarse en su silla para empezar con sus deberes, la puerta se abre repentinamente. Johanna mira que la que acaba de entrar es su mejor amiga.

-Hola amiga, me alegra que por fin hayas llegado -dijo acercándose a su escritorio-. Estuve a punto de mandar a alguien por ti.

-Hola Min, pues me viste ayer, no sé qué haya pasado en este pequeño lapso de tiempo como para que sea tan emocionante. Espero que no sea nada relacionado con algún galán o un futuro novio -mencionó la mexicana y es que durante años su amiga a intentando que salga con alguien. Si bien le gusta salir a fiestas, andar en ambiente y cosas así. Pero ella está totalmente negada a salir, un hombre prefiere estar sola que mal acompañada.

Durante 15 años no ha necesitado de ningún hombre y ahora a sus 31 años no espera ningún varón a su lado.

-Ya lo sé, pero también sé que estás a días de tu cumpleaños número 32 y estaba pensando en tu regalo -expresó la chica de cabello pintado de rosa con alegría.

-Ay, no tus sorpresas me dan miedo -declaró la mujer de tono de piel color medio.

-Bah, así que prepara tus maletas porque nos iremos a Corea -añadió la chica entregándole un boleto de avión.

-¿Y a que voy a ir hasta el otro lado del mundo?

-Divertirte, además de que mi padre tendrá un desfile de modas y tengo que ir y prefiero ir acompaña de mi mejor amiga será menos estresante -le cuenta la verdadera razón.

-Que bien se escucha todos eso, pero tengo a mi hija, ¿dónde la dejaré? -busca la manera de librarse de ir a ese viaje y es que la conoce, sabe que no se quedará tranquila.

-Creo que me habías dicho que para el lunes ya salían de vacaciones y que por las órdenes del juez ella iba a pasar estas vacaciones con sus abuelos-hace una señal con el dedo apuntando hacia su amiga.

-No lo sé Min -intenta negarse.

-Ándale Johanna y no acepto un no por respuesta -dijo la coreana cruzándose de brazos para que su amiga entienda que lo dice de verdad...

Capítulo 3 Con sus abuelos

Al llegar del trabajo, como le había ordenado a su sirvienta estaba cenando sola, no le gustaba mucho esa sensación tan extraña, tan lúgubre, nunca le ha agradado estar sola y es que cada vez que está así siempre los terribles momentos del pasado se manifiestan.

Y hoy no es la excepción, su mente viaja a cuando ella siendo una niña aceptó irse a vivir con Vicent estaba alegre porque desde que estaba con él su carrera había mejorado era la chica del momento.

Pero cuando estuvo en esa jaula todo cambio, ella como buena chica le preparaba su comida; sin embargo, él siempre le decía que sabía mal o estaba fría, causando que en ocasiones cuando estaba muy caliente se la arrojara intentando quemarla.

Ella nunca entendía por qué la trataba así. Incluso después le prohibía ponerse ropa muy reveladora o muy ajustada porque siempre le gritaba que se la ponía para que todos la vieran. El día que ella se defendió recibió su primera cachetada.

Ella agita la cabeza intentando olvidar esos terribles recuerdos y al terminar de comer se fue hasta la sala de estar donde llamo a su hija.

Se escucha el contante sonido de llamada entrante, hasta que contesta su hija.

-Hola Johanna -respondió su hija con su típica voz fría y es que ella no la llama mamá desde hace años. Y prefiere llamarla por su nombre.

-Hola hija, ¿cómo te va? -preguntó Johanna para saber cómo es que la están tratando.

-Bien Johanna, mis abuelos me sacaron a cenar a uno de los restaurantes más prestigiosos de aquí de Jalisco -dijo su hija feliz su madre de inmediato noto ese rápido cambio de actitud en su voz, haciéndola sentir mal porque con ella es muy diferente.

-Me alegra saber que te esté divirtiendo, pero te llamaba para decirte que si no te molesta si me voy con mi amiga Min de vacaciones -le empezó a contar.

-¿A dónde irás? -indagó con mucha curiosidad.

-Iré a Corea del Sur -le contestó con cariño.

-Está bien Johanna, puedes irte, ya sabes que me quedaré con mis abuelos durante todas estas vacaciones -le recordó lo que ella ya sabía.

-Está bien -dijo-, ¿no te gustaría ir conmigo? -indagó para saber si su hija está interesada en saber por lo menos a donde va.

-No, prefiero quedarme con mis abuelos ellos si me compran lo que quiero y si voy contigo tú no lo harás -dijo, pero con un tono de voz despreocupado, el cual Johanna entendió perfectamente que su hija no la quiere.

-Mmm, ya veo, disfruta el tiempo con tus abuelos -mencionó Johanna con una voz triste.

-Claro, me traes un recuerdo -manifestó con tono despreocupado.

-Sí -se hace un silencio.

-Bye, Johanna -se despide la adolescente.

-Te am... -no termina la frase cuando escucha el sonido de llamada finalizada.

Separa el móvil de su oído y mira la pantalla que efectivamente ya no tiene la llamada. Solo se queda seria y triste de saber que su hija actúa de ese modo con ella.

Una lágrima baja por su mejilla, es que ella ama mucho a su hija y le duele demasiado eso. Todavía recuerda cuando su hija era una niña de seis años, lo amorosa y tierna. Cuando le tocaba ir con sus abuelos se negaba y hasta lloraba porque no la dejara ir. Cómo le gustaría volver en el tiempo y quedarse ahí con su hija para siempre.

-¡Señora! -la llama la sirvienta. Johanna se limpia rápidamente las lágrimas que han bajado por sus mejillas y se reincorpora rápidamente mirando hacia la mujer joven que está de pie en el umbral de la puerta.

-Sí -responde y la mujer se da cuenta de que su jefa ha estado llorando. Y es que últimamente la señora Johanna se la pasa así.

-Ya acabe de limpiar, necesita algo más antes de que me vaya -mencionó la mujer mirándola con un poco de melancolía.

-No, puedes irte -la sirvienta se da la vuelta-. ¡Alejandra! -la llamo y ella voltea a verla de nuevo -. Me iré unas semanas de vacaciones, te pagaré para que vayas a trabajar con mi madre para que no te quedes sin trabajo -dijo Johanna y es que ya había pensado en Alejandra y no la dejaría sin trabajo.

-Gracias por pensar en mi señora y será un honor en ir a cuidar a la señora María -aceptó la mujer joven de cabello oscuro.

-Puedes retirarte -mencionó con una media sonrisa.

Alejandra no dice nada más y se retira. Pero no puede dejar de pensar en cómo su señora siempre está triste; sin embargo, entiende que todo es culpa de la señorita Valeria y es que desde que se va con sus abuelos solo regresa peor. Con mucho odio hacia su mamá que tanto la ama.

Ella está segura que ellos le han de decir que mato a su padre y cosas así. Solo espera que pronto la señorita Valeria se dé cuenta de que la estupenda madre que tiene.

Entre tanto, la adolescente de ojos claros, cabello café y piel blanca regresa a la mesa con sus abuelos.

-Ya volví -dijo la chica tomando su lugar que hace un instante ocupaba.

-¿Quién era mi niña? -curiosea la mujer mayor de con canas en el cabello.

-Era Johanna -responde la pregunta. La anciana al escuchar ese nombre aprieta la quijada de rabia.

-¿Qué quería? -indagó Inés con curiosidad porque quería saber que es lo que quería esa mujer.

-Nada importante -Valeria no quiere hablar de eso y es que odia cuando su abuela se la pasa interrogándola cada vez que su madre le llama.

La señora Castillo intentará seguir investigando que es lo que su nieta no le quiere decir, pero justo está por hablar cuando su esposo la interrumpe.

-Mi amor deja a la niña en paz, mejor disfrutemos de la cena y es que ya mande pedir el postre -mencionó el señor Anastasio. Valeria se emociona porque le encanta mucho la parte del postre-. Y es tu favorito mi niña, pastel de frutos rojos -declaró el hombre mayor.

-¡Sí! -grito frenéticamente la adolescente.

A Inés le molesta ese comportamiento de niña, está por regañarla cuando su esposo le da un golpe en la pierna para que no lo vaya a hacer y ella se detiene.

En ese momento llega el mesero dejando tres pedazos de pastel con muchos frutos. Valeria toma los cubiertos y antes de que el mesero pueda irse ella ya está llenando su boca de pan y fruta.

Ambos hombres mayores miran a su nieta con cierto disgusto y es que ellos han pertenecido a una familia de alta alcurnia durante muchos años. Todos y cada uno de sus integrantes tiene buenos modales en la mesa, pero su nieta todavía no logra entender ese punto. Así que durante estos dos meses que estará con ellos se pondrán manos a la obra para enseñarle.

Al finalizar la cena, los tres van en un auto clásico por las calles de Jalisco con rumbo hacia su lujosa casa que está en uno de los barrios más emblemáticos.

Al auto entra por la reja metálica de color oscuro, al detenerse en la puerta un sirviente bien vestido le abre la puerta bajando las personas de su interior. Valeria camina por el empedrado de la casa al lado de sus abuelos, entran a la casa de dos pisos llevando a su nieta a su habitación y ellos entran a la de ellos.

Dejando salir un fuerte suspiro de alivio y es que es muy difícil a su edad estar lidiando con esa niña. Si bien es hija de su querido y amado hijo. Pero es que la niña es el vivo retrato de su madre solo con los ojos y color de piel de Vicent.

Haciendo que eso le incomode porque odia mucho a esa mujer y si está soportando a Valeria es porque cuando sea mayor de edad hará que ella deje a su mamá y se vaya a vivir con ellos.

Para dejarla así sin nada y es que esa odiosa mujer no se merece nada que no sea la muerte. Aunque al tenerla con ellos no la dejara vivir en su casa, la mandara a un internado donde sea educada de la mejor manera porque esa mujer no lo ha hecho nada bien.

Y en su familia todos deben de tener modales y educación perfecta...

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