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El santo millonario

El santo millonario

Autor: : Yerimil Pérez
Género: Romance
Calculador, manipulador, millonario, seductor, obsesivo compulsivo a tal grado que lo ha vuelto un hombre bastante alejado del mundo exterior, no fiestas y por más que lo desee no quiere amigos pero le es imposible que su colega de travesura de la infancia deje de merodear por su oficina provocándole ataques de nervios por lo desordenado que suele ser. Donovan Bristol a sus treinta y un años de edad permanece siendo santo, ni besos, ni caricias, ningún tipo de contacto con mujer u hombre. Siempre enfocado en llevar a sus empleados al límite porque su empresa de importación de piezas automotriz debe ser la mejor en todo el mundo. Dayana Berlusconi es todo lo contrario al señor Bristol. Una mujer imperativa, despreocupada, promiscua, desbocada y con un carisma inigualable, Dayana llegara al señor Bristol como su nueva secretaria ejecutiva poniendo de cabeza su mundo, Donovan no podrá despedirla porque ella será su salvación cuando está a punto de perder lo que más ama: su empresa.

Capítulo 1 Sinopsis

Calculador, manipulador, millonario, seductor, obsesivo compulsivo a tal grado que lo ha vuelto un hombre bastante alejado del mundo exterior, no fiestas y por más que lo desee no quiere amigos pero le es imposible que su colega de travesura de la infancia deje de merodear por su oficina provocándole ataques de nervios por lo desordenado que suele ser.

Donovan Bristol a sus treinta y un años de edad permanece siendo santo, ni besos, ni caricias, ningún tipo de contacto con mujer u hombre. Siempre enfocado en llevar a sus empleados al límite porque su empresa de importación de piezas automotriz debe ser la mejor en todo el mundo.

Dayana Berlusconi es todo lo contrario al señor Bristol.

Una mujer imperativa, despreocupada, promiscua, desbocada y con un carisma inigualable, Dayana llegara al señor Bristol como su nueva secretaria ejecutiva poniendo de cabeza su mundo, Donovan no podrá despedirla porque ella será su salvación cuando está a punto de perder lo que más ama: su empresa.

''-Señor Bristol, le aseguro que su secreto no será revelado, no soy una cotilla si eso es lo que piensa, -comento cruzándome de brazos.

Curva sus cejas.

-Si no fuera cotilla, no me hubiera espiado, -enmudezco.

-¿Qué hará despedirme? -Frunce sus labios.

-Vuelva a su trabajo y olvide lo que sucedió, si lo comenta con alguien créame que jamás volverá a laboral en otro lado, -se gira y se va a su escritorio, ruedo mis ojos para irme a mi puesto de trabajo con las imágenes de mi jefe desnudo en mi cabeza.

«Su desnudez provocó que mi braga se humedeciera»''

Capítulo 2 Preludio

Hoy es un espectacular día para sorprender al señor Bristol llegando temprano, llevándole un café de su Starbucks favorito y un maravilloso trozo de tarta de fresa e incluso me he colocado una ropa refinada y de oficina, ya quiero ver su rostro cuando me vea. Es un mando de primera, sino fuera tan gruñón tuviera mini orgasmo cada vez que lo tengo cerca pero lástima que desde que abre su boca salgo de mis calenturas mentales.

-Buenos días Sam, -le doy una pequeña sonrisa al chico que abre las puertas del elevador.

-Dayana ¿Cuándo aceptaras mi invitación para salir? -«Maldición, esto me pasa por estar de coqueta»

-Ya sabes cómo son las políticas de la empresa -como siempre toca optar por la ley que siempre salva a uno de desgracia.

-Pero ya hasta...

-Cariño, disfrutamos y ya está, -murmuro. -La cuestión es que no se volverá a repetir, -con mi codo pulso el piso que me corresponde y le doy mi más hipócrita sonrisa la cual elimino cuando la puerta se cierra.

No entiendo a los hombres.

Muchos se sienten satisfechos de que este clara de que solo es una noche, pero hay otros que son insoportables. No me interesa tener una pareja que me ande poniendo los cuernos o que ande de manera obsesiva detrás de mí.

El timbre del elevador me anuncia la llega al piso donde trabajo, suspiro para mentalizarme para otro día al lado del sexi gruñón de mi jefe, analizo rápidamente mi rostro y cabello en el espejo del cajón metálico y todo está perfecto. Como mencione soy la primera en llegar, ya que el señor Bristol llega a las ocho, creo porque siempre llego a las nueve y lo encuentro aquí, camino hacia la puerta de su oficina y me detengo al escuchar un gemido masculino.

«Señor Bristol, nunca pensé que fuera tan promiscuo» pienso.

Me alejo varios pasos para colocar lo que traje en mi escritorio y luego me acerco a la puerta nuevamente, muerta de la curiosidad abro despacio la puerta para echar una pequeña mirada hasta el escritorio donde sentado arriba de este está nada más y nada menos que el señor Bristol con su cabeza tirada hacia atrás mientras se masturba.

«Doble mierda»

No me lo puedo creer, Dios es tremendamente caliente, siento calor por todo mi cuerpo y me es inevitable no cruzar mis piernas ante semejante semental que es querido jefe gruñón.

-Joder, -como la muñeca del exorcista su mirada llega hasta la puerta haciendo contacto visual con mis ojos. Se muestra sorprendido y rápidamente baja del escritorio para subir su ropa interior y luego sus pantalones, me mira enfadado y camina hasta donde estoy.

-¿Qué carajo haces aquí? -Cuestiona enfurecido mientras me mira con su ceño fruncido «Oh no señor Bristol a mí no me hablara de esa manera»

-Primero que nada, espero no vuelva usted a dirigirse de esa manera hacia mí, -lo señalo mientras lo miro con mis ojos entrecerrado mientras que me mira sorprendido por mi insolencia al responderle. -Segundo este es mi lugar de trabajo...

-Pero usted se ha puesto a espiarme.

-Señor Bristol, le aseguro que su secreto no será revelado, no soy una cotilla si eso es lo que piensa, -comento cruzándome de brazos.

Curva sus cejas.

-Si no fuera cotilla, no me hubiera espiado, -enmudezco.

-¿Qué hará despedirme? -Frunce sus labios.

-Vuelva a su trabajo y olvide lo que sucedió, si lo comenta con alguien créame que jamás volverá a laboral en otro lado, -se gira y se va a su escritorio, ruedo mis ojos para irme a mi puesto de trabajo con las imágenes de mi jefe desnudo en mi cabeza.

«Su desnudez provocó que mi braga se humedeciera»

Capítulo 3 I

Donovan Bristol

-¿Puedes dejar de tocar mis libros? -Tamboreo con mis dedos ansioso mi escritorio mientras que Alexandro toca mis cosas dejándolas desordenadas, no sé en qué momento acepte que este sujeto venga a mi apartamento.

-Relájate, -ruedo mis ojos y me pongo de pie para quitarle el libro el cual coloco de nuevo en su lugar. -Me aburro cuando estoy aquí, -se tira al sofá y sube los pies sobre la mesa de cristal.

Un tic de nervio llega a mi ojo izquierdo.

-Alexandro ¿Qué haces en mi apartamento? -Picoteo con mi pie derecho el suelo alfombrado tratando de mantener la compostura.

-Solo quiero salir con mi mejor amigo a un bar, sacarlo a disfrutar una maravillosa noche con una chica... ¿Te van los hombres?

-No, no me van los hombres y tampoco quiero salir a un bar, -tomó asiento frente a este tratando de ver su siguiente movimiento.

-Dios, Donovan, siempre está aquí o en tu empresa, no tengo idea de que puedo hacer para que salgas un día conmigo ¿Desde lo que paso con...

-Por favor Alexandro, no lo menciones, -lo miro dolido mientras que este pasa una mano por su cabello, suspira y se pone de pie.

-Bien... Me marcho, pero recuerda que estoy aquí para cuando necesites hablar con alguien.

-Gracias, -es lo único que digo para luego acompañarlo hasta la puerta y despedirme de este.

Paso mi mano por mi rostro despejando por varios segundo mis tormentosos recuerdos, camino hasta la cocina donde me encargo de preparar mi cena y luego lavar los platos. Subo hasta mi habitación para entrar a mi baño y así poder darme una ducha rápida e ir hasta la cama, no sin antes tomarme una pastilla para conciliar el sueño por varias horas.

(...)

El insistente sonido de mi teléfono provoca que salga de mi sueño inducido por pastillas, soñoliento tanteo la pequeña mesa de noche hasta encontrar el aparato. Sin leer el identificador de llamada contesto:

-¿Quién?

-Señor Bristol, le tengo una muy mala noticia, -eso me hace pone alerta.

-¿Qué sucede?

-Su secretaria la señorita Thomson sufrió un accidente y está en coma.

«Pobre chica» pienso.

-Entiendo ¿su familia ya lo sabe?

-Están de camino, -asiento y luego recuerdo que no puede verme.

-Comprendo, manténgame informado y la señorita Thomson tiene un buen seguro otorgado por la empresa así que sus padres no tendrá que preocuparse por los gastos clínicos, -le comunico.

-Perfecto, lamento haberle llamado a esta hora, -me despido y cuelgo, suspiro mirando el techo ya que ahora tendré que buscar un reemplazo para Emily. Observo la pantalla de mi teléfono para ver la hora y ya son las cinco de la mañana, sé que no voy a volver a dormir sino tomó una de las pastillas y si lo hago despertare tarde, salgo de la cama y camino al baño para lavar mi rostro.

Cuando termino camino arrastrando mis pies hasta la cocina donde tomó un tazón, pico varias fresas y la echo en este para luego sacar una caja de cereal y también un yogurt. Es un desayuno un poco nutritivo, no soy amante del gimnasio y prefiero un McDonald's a un trozo de carne roja, extraño pero así soy, me como lo que prepare mientras miro las notificaciones donde tengo mensajes de mi madre diciendo que hay cosas importantes que discutir, ruedo los ojos, ya que lo único importante para ella es operarse y rellenarse los pómulos con Botox. Al terminar lavo el recipiente para ir hasta el balcón donde saco una colchoneta para poder hacer un poco de yoga antes de tomar una ducha.

El yoga es algo que decidí aprender para mantenerme calmado, y también para no aburrirme en casa. Cuando trabajas mucho necesita algo para relajarte, ya sea sexo, boxeo, manejar autos deportivos, etc. Cosas que creas que te satisfacen y llenan ese vacío que tienes por dentro. Al terminar mi rutina recojo y ordeno el lugar para regresar a mi habitación, camino al baño donde me desnudo y observo que ya debo llamar a Lucas para que arregle mi cabello y mi barba. Regularizo el agua a una más cálida y no tan fría para entrar debajo de la regadera, lavo mi cuerpo hasta sentirme limpio y luego salgo envolviendo una toalla en mi cadera, paso hasta el closet que de manera automática enciende las luces mostrándome la gran variedad de trajes que poseo de diferentes diseñadores importantes, me decidido por uno azul eléctrico y una corbata del mismo color mientras que la camisa la elijo blanca, miro los relojes de la marca Rolex que poseo y trato de decidir cual hace juego con mi vestimenta.

Después de un corto debate interno elijo uno oro blanco y un diseño azul en el interior de este, regalo de mi madre la cual tiene un buen gusto por las cosas caras y creo que esa fue su herencia genética hacia mí. Observo mis dos perfumes favoritos: CH Men Privé de Carolina Herrera y Acqua di Giò de Armani.

Son los que compro siempre y es porque me siento caracterizado con ellos, esta vez la decisión es fácil y tomó el de Armani, ya que el día está un poco gris. Rápidamente me visto con lo escogido para proceder a arreglar mi cabello, aplico gel y me peino todo hacia atrás, no es la gran cosa pero me gusta estar presentable, recojo lo que he dejado desorganizado y luego bajo hasta la sala donde tomó las llaves de mi Bugatti Divo negro, camino fuera del Penthuose hasta el ascensor para bajar al garaje subterráneo donde encuentro dos inquilinos discutiendo, ruedo los ojos, ya que no sé porque Alexandro decidió traer personas a vivir en la torre, apresuro el paso hasta mi auto y subo a este, coloco música clásica y es hora de iniciar una nueva jornada laboral en la que se incluye de primera mano: buscar una secretaria.

(...)

-Buenos días señor Bristol, -le echo una mirada a la desconocida que me azota con su perfume cuando salgo del ascensor de la empresa al llegar a mi piso aunque viéndola mejor su rostro me parece familiar.

-¿Y tú eres? -Cuestiono cuando me canso de hacer memoria para recordarla.

-Soy Esther, secretaria del señor Bianchini, -oh con razón se me es familiar.

-¿La que estaba haciendo el oral a Alexandro? -Su rostro se pone rojo y yo hago una mueca porque a veces suelo ser muy directo y poco sarcástico-¿Qué quiere Alexandro?

-Nada, me ha mandado para ayudarlo por lo de Diana, -murmura y asiento. -Tengo un listado con posible candidatas y candidatos para escoger su nueva secretaria ejecutiva, -con razón Alex no se ha deshecho de ella, es muy eficiente.

-Comprendo ¿ya tienen citas programadas? -Entro a mi oficina siendo seguido por ella, camino hasta mi sillón y abro mi computador.

-En su correo tiene todas las posible candidatas, me encargue de que sean eficiente y con un perfil de lo que supongo por su antigua secretaria está buscando.

-¿Cuánta son exactamente? -La miro con curiosidad.

-Antes eran doscientas aspirante pero reduje a lista a doce, espero no le moleste, -alzo mis cejas sorprendido.

-¿Doscientas?

-Si señor Bristol, no es por nada y me disculpa, pero ¿Quién en su puta vida no querría trabajar al lado del empresario más exitoso del continente americano? -Se nota muy eufórica al decir eso.

-Bien ¿Quién en es la primera en la lista? -Teclea en su iPad y señala mi computador donde sale el nombre de Rossetta Duran, toco el nombre y me sale su currículo en el cual destacan las lenguas que habla, espero y sea cierto.

-Iniciemos.

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